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SIGUIENDO LA PISTA

La chimenea ardía en aquella habitación pintada de verde ocre, el mobiliario parecía muy antiguo, la mayoría debía pertenecer al siglo pasado, un chico de aproximadamente veinte años miraba por la ventana perdido en la lejanía, el sol del amanecer lo iluminaba haciéndolo parecer un ángel, su rostro era tan perfecto que fácilmente podría en verdad ser uno, el repentino sonido de la puerta llamo su atención sacándolo de su ensimismamiento.

― Señor… ― dijo un hombre viejo de tez cetrina mirándole desde el umbral de la puerta ― ¿Se le ofrece algo? ―

El chico no respondió y continúo observando la majestuosa vista del Danuvio sumido en sus pensamientos.

Otro sujeto apareció por la puerta e ingreso a la habitación indicándole al mayordomo que se marchara para quedarse solos.

― ¿Cómo has amanecido esta mañana Emmanuelle? ― cuestiono de inmediato al muchacho, esta vez el chico se volvió y miro al recién llegado.

Este iba ataviado en un elegante traje color negro que contrastaba con la blancura de su piel y con su dorado cabello el cual caía graciosamente sobre su frente cubriendo aquel par de ojos verdes. Aparentaba tener por lo menos treinta años, aunque la realidad es que aquel sujeto sobrepasaba los dos siglos de andar sobre esta tierra,

― ¿Es verdad que mi hermano se encuentra en Viena? ― lo cuestiono Emmanuelle sin responder a la pregunta que le había hecho.

― Si… Spartan llego hace un par de días, pero no se preocupe, no tiene ni la menor idea de donde encontrarnos ― dijo tratando de tranquilizarlo. Aunque en realidad eso no era precisamente lo que le preocupaba.

― Lorian… ¿Sabes porque Tea se ha enpeñado tanto en venir a Viena? ― lo cuestiono nuevamente.

El hombre negó con la cabeza.

― Lo ignoro… lo único que se es que le ha encomendado a Corslo una misión pero desconozco completamente de que se trate… ― señalo.

El chico permaneció en silencio unos segundos antes de volver a cuestionar a Lorian.

― ¿Han tenido problemas con… Spartan? ―

― No demasiados… intentamos ocuparnos de el pero fue mas listo y destruyo a uno de los nuestros, aunque por lo que tengo entendido quedo bastante mal después de aquello, no hemos tenido noticias de el desde entonces, no se preocupe, si vuelve a aparecer lo destruiremos antes de que pueda interponerse en nuestros planes… ― musito confiado.

Emmanuelle no pudo evitar sonreír al escuchar aquellas ultimas palabras.

― Has dicho muchas veces lo mismo Lorian y siempre terminas fallando… ― le recordó el chico.

― Esta vez será diferente… ― musito Lorian apretando los dientes molesto por aquel comentario.

― Recuerda que cada vez esta mas cerca de cumplirse la profecía… ― esta vez las palabras de Emmanuelle sonaron como una amenaza mas que como un simple comentario ― Tarde o temprano Spartan dará con nosotros si no se ocupan de una buena vez de el ― agrego.

― No es tan fácil… ese maldito tiene mas vidas que un gato ― se justifico conciente de las muchas veces que había fallado al tratar de eliminar al cazador.

Lorian trato de contenerse, odiaba que Emmanuelle lo tratara de aquella manera pero sabia que era mejor no importunarlo.

― Todos lo esperan en el salón principal… ― dijo recordando que Tea lo había enviado a buscarlo.

― Sabes que odio el protocolo… discúlpame con ellos y diles que no me siento bien ― indico el chico volviendo a la ventana.

― Tea insiste en que este presente… me pidió que le recordara que usted le prometió… ― puntualizo.

― Ya te dije que me disculpes con todos… ―

Antes de que Emmanuel pudiera terminar de hablar apareció una chica por el umbral de la puerta, su cabello era negro y lo llevaba largo casi hasta la cintura, traía puesto un vestido largo que dejaba al descubierto sus hombros y parte de su espalda, aquella chica lucia como una verdadera princesa sacada de un cuento, pero no era solo por la ropa que llevaba puesta, la belleza de aquella chica hacia pensar que cualquier cosa que usara le vendría bien, su tez bronceada contrastaba con lo verde de sus ojos, con los cuales miraban a Emmanuel con cierto recelo.

― Esta vez no aceptare tus escuchas ― dijo poniéndose las manos en la cintura ― Además prometiste que esta vez nos acompañarías ― le recordó.

Emmanuelle la miro por un instante.

― Bajare en un momento… ― fue lo único que atino a decir, sin saber porque Tea tenia el don de convencerlo de hacer las cosas a pesar de no querer hacerlas.

Tea y Lorien salieron de la habitación dejando nuevamente solo al chico. Un instante después Emmanuel apareció en lo alto de la escalinata principal ataviado en un elegante smoking negro, todos los presentes se volvieron a mirarlo en cuanto comenzó a descender rumbo al salón principal.

Se dejo escuchar un quedo rumor de voces sorprendidas.

Rápidamente uno de los presentes se apresuro a llegar hasta el.

― ¡Que alegría que nos acompañes Emmanuelle! ― exclamo mientras estrechaba la mano del chico ― Permíteme que me presente… ― dijo el sujeto quien estaba acompañado por Tea.

― No es necesario… ― indico esta ― ¿Verdad Emmanuelle? ―

El chico miro por un instante a aquel sujeto, un hombre rechoncho y bajito que lo miraba con emoción disimulada.

― Lord Sammael… ― musito el chico ― Es un placer conocerle finalmente en persona ― lo saludo amablemente.

El hombre pareció sorprendido.

― ¡Valla! ― exclamo el sujeto ― Me habían comentado sobre las capacidades "especiales" de este muchacho pero por lo que veo se han quedado cortos… ― dijo sorprendido.

― Emmanuelle es un muchacho muy excepcional… ― indico Tea

Repentinamente una joven se acerco a ellos entusiasmada y sujeto a Lord Sammael por el brazo.

― ¿Es el? ― lo cuestiono entusiasmada mirando a Emmanuelle.

Tea le brindo una mirada agria a la recien llegada que no trato siquiera de disimular un poco.

― Permítame presentarle a mi hija… ― dijo Lord Sammael ― Ha estado muy emocionada desde que supo que usted vendría a Viena… se moría por conocerlo ― indico.

― Es un placer… ― dijo Emmanuel besando la mano de la chica quien no pudo evitar sonrojarse ante el gesto.

Tea lucia cada vez mas molesta y de inmediato busco la manera de llevarselo de ahí.

― Emmanuelle… ― dijo Tea llamando la atención del chico ― Acompáñame un segundo… ¿Nos permiten? ― dijo disculpándose.

Tea y Emmanuelle se alejaron un poco del grupo caminando entre la gran cantidad de invitados que habían asistido a aquel evento, la chica lo tomo del brazo y lo llevo hasta la terraza, una vez ahí le brindo la misma mirada de molestia que había puesto minutos antes cuando había ido a buscarlo a su habitación.

― Tus celos son infundados… ― dijo Emmanuel conciente del motivo de la molestia de la chica mientras observaba la ciudad de Viena a sus pies, la vista era espectacular desde aquel lugar.

― Tu eres mió Emmanuelle… y de nadie mas ― puntualizo.

― Eso es lo que te ha gustado creer todos estos años pero sabes que en realidad yo no pertenezco a nadie… ni a mi mismo… ―

La chica lo sujeto atrayendo su mirada hacia ella.

― Sabes que puedo destruiré si lo deseo… ― musito Emanuelle besando lentamente el costado derecho del cuello de la chcia.

― Pero no lo harás… ― musito Tea soltando un pequeño suspiro ― Me necesitas aunque te niegues a aceptarlo… ― indico segura.

― Soy el Enviado… ― le recordó Emmanuelle ― No necesito de nadie… ― indico este alejándose de ella.

La chica soltó una pequeña risilla al escuchar aquello último.

― Aun no eres nada… no hasta que se cumpla el plazo que marca la profecía… ― le recordó ― hasta entonces no eres mas que un muchacho que puede hacer algunos trucos… yo en cambio soy un demonio… uno muy poderoso capaz de destruirte si no cumples con todos y cada uno de mis caprichos… ― lo amenazo acariciando su rostro con el dorso de la mano.

Emmanuel la miro frunciendo el seño.

― Hazlo entonces… ― la animo.

La chica soltó esta vez una carcajada.

― Sabes que no seria capaz de hacerte ningún daño… ― dijo recargándose sobre su pecho abrazándolo por la cintura ― Mi mision es protegerte hasta que cumplas con tu destino y destruyas a toda la inútil raza humana, entonces podremos vivir juntos hasta la eternidad… ―

Emmanuelle se separo de ella y avanzo hacia la orilla, el viento frió acaricio su rostro.

― Aun cabe la posibilidad de que los perdone… ― dijo mirando la ciudad pensando en la gente que inconciente de su próximo juicio continuaba sus vidas normalmente.

― No lo harás… los destruirás… acabaras con ellos para poner fin a sus pecados… ―

La mirada de Tea brillo de un rojo escarlata como el mismo fuego del infierno.

― Lo haré… los destruiré… ― repitió Emmanuel mientras su mirada se tornaba maligna y llena de odio.

La repentina llegada de Lorian pareció sacar a Emmanuel del trance en el que parecía haber caído.

― Señorita Tea… Corslo y los otros han llegado… ― anuncio.

― ¿Lo consiguieron? ― pregunto la chica al escuchar aquello.

Lorian movió la cabeza afirmativamente.

La mirada de Tea se lleno de emoción.

― ¡Excelente! ― exclamo tomando a Emmanuel por el brazo jalándolo nuevamente al interior del gran Salón.

― ¿De que estas hablando? ― pregunto el chico sin comprender el motivo de la emoción de la Tea.

― Ya lo veras… ― dijo esta conduciéndolo por los pasillos hacia una pequeña sala de estar.

Una vez que llegaron los tres sujetos que estaba esperándolos ahí hicieron una exagerada reverencia.

― ¿La tienen? ― pregunto Tea en cuanto Lorian cerró la puerta.

Corslo le solicito a uno de sus acompañantes le entregara la bolsa de terciopelo que traía colgada en el hombro y de inmediato se la entrego a Tea.

La chica corrió la cuerda que cerraba el bolso y extrajo de ella lo que parecía ser una antigua lanza.

― ¿Es…? ― el rostro de Emmanuelle se lleno de incredulidad.

― La lanza de Longino… ― exclamo Lorian sonriendo maliciosamente.

Tea continuaba mirando extasiada aquel objeto.

― Ahora nada ni nadie podrá detenerte ― dijo mirando a Emmanuelle visiblemente emocionada ― Cumplirás con tu destino y nada ni nadie podrá impedirlo… ― indico triunfal.

El chico se acerco y le quito la lanza de las manos.

― ¡No! ― exclamo Tea consiente del daño que aquel objeto podía causarle a Emmanuele.

Para sorpresa de todos no sucedió nada.

― Despreocúpate… ― la tranquilizo el chico ― Al parecer tus esbirrios se han equivocado ― indico ― esta no es la verdadera… es solo una copia barata… ― indico.

La alegría de Tea desapareció inmediatamente.

― ¡Son unos inbeciles! ― exclamo envuelta en cólera recriminando a Corslo y a sus acompañantes.

La mirada de Tea fulguraba de la misma manera en que minutos antes lo habían hecho en la terraza, los rostros de Cosrlo y los otros mostraba visible miedo.

― Nosotros solo hemos cumplido con sus ordenes... no sabíamos… ― dijo tratando de explicarse.

― ¡No hay pero que valga! ― exclamo Tea sin hacer caso a las excusas.

Todo objeto en la habitación comenzó a temblar producto de la ira de la chica.

― Tranquilízate Tea… ― le solicito Emmanuelle.

La chica hizo caso omiso de sus palabrasl.

La mirada de Emmanuelle se torno seria consiente de que Tea no se detendría a menos que hiciera algo.

― ¡He dicho que te tranquilices! ― repitió esta vez con voz fuerte y profunda, Tea salio despedida por una energía invisible que emano directamente de Emmanuel impactándola contra uno de los muros de la habitación.

Todo volvió a la normalidad nuevamente, Tea miraba a Emmanuel desconcertada.

― Ustedes tres… ¡Márchense! ― indico Lorian ayudando a Tea a incorporarse.

Corslo y los otros dos salieron de la habitación sin chistar.

― ¿A eso hemos venido a Viena? ― Los cuestiono el chico al darse cuenta de las verdaderas intenciones que los habían llevado a aquel sitio.

Tea miro a Emmanuele sorprendida de lo que acababa de suceder.

― Por lo que veo empiezan a emerger tus poderes… ― dijo la chica mirando a Emmnuelle como si fuera la primera ves que lo viera.

― Eso se debe a que se acerca la fecha… ― índico Lorian.

Emmanuel aun sostenía la falsa lanza en su mano.

― ¿Creyeron que seria tan fácil conseguir la verdadera? ― indico lanzadole a Lorian aquel objeto.

― Pasamos meses investigando… ― se justifico este ― se suponia que era la verdadera ― agrego.

― La verdadera esta protegida… resguardada donde nadie puede tener acceso a ella… ― indico Emmanuelle.

La mirada de Tea se lleno de incredulidad.

― ¿Tu sabes donde se encuentra? ― Lo cuestiono sorprendida.

― Yo lo se todo… ― indico el chico haciendo énfasis en la ultima palabra mirándolos a ambos con cierto recelo.

― ¡Entonces dímelo! ― Le exigió la chica ― Estas conciente de lo peligroso que seria que cayera en malas manos… ― le indico ― Sabes lo que es capaz de hacer… sabes que es la única manera de…

―…de matarme ― dijo Emmanuelle terminando la frase.

Lorian pareció sorprendido de escuchar aquello.

― ¡Eso es imposible! ― exclamo ― Nada ni nadie puede destruir al enviado… ― dijo como si el mismo tratara de convencerse de aquello ― No existe poder alguno capaz en esta tierra ― agrego.

Emmanuel movió la cabeza negativamente.

― …un centurión romano traspasa el costado de aquel hombre en la cruz con su lanza para asegurarse de que está muerto, la leyenda bautiza a ese personaje como Longino y el arma paso a ser venerada… ― cito Emmanuelle ― La lanza ha pasado de mano en mano desde entonces ― continuo ― Existen tradiciones distintas sobre los avatares de la pica, que se pierden desde los orígenes del cristianismo, con el paso de los años aparecieron tantas "lanzas santas" como esa ― dijo señalando la que Lorian sostenía entre sus manos ― las suficientes para armar una legión, sin embargo, la verdadera se moldeó en torno al año 800 y la blandió Carlomagno, quien la recibió en Roma como regalo del Papa, a partir de finales del siglo XIII comienza a ser identificada como la lanza de Longino, y el papa Gregorio IX autentifica que era la misma lanza que había atravesado el costado de Cristo ― indico.

Lorian se quedo perplejo.

― Entonces… ¿Es posible? ― pregunto desconcertado ― ¿Existe un arma capaz de matarte? ¿De matar al enviado? ―

― Todos tenemos un lado débil Lorian… se podría decir que el mió es esa lanza… ― apunto Emmanuelle sin demostrar ningún tipo de preocupación al respecto.

― Aun no me respondes ― indico Tea ― ¿Sabes donde se encuentra la verdadera? ― lo cuestiono nuevamente.

Emmanuelle movió la cabeza afirmativamente.

― En 1354 el Papa Inocencio VI estableció oficialmente su veneración nombrándola "la Lanza de la Pasión", un instrumento en el sufrimiento de Jesús en la cruz, fue entonces que se le aplicó al arma un remate de oro en el que se lle: "Lancea et Clavvs Domini" ―

― La lanza y clavo del Señor ― agrego Tea consiente del significado de aquella frase en latín.

― Como podrán darse cuenta la que han traído carece de dicho rasgo ― puntualizo.

Tea se acerco a Emmanuelle.

― ¿Dónde esta la verdadera? ― pregunto la chica por tercera vez.

― Antes dime… ¿Para que quieres apoderarte de ella? ― dijo el chico devolviéndole la pregunta.

― Por tu seguridad… ― respondió la chica sin titubear ― ya te lo dije, si cae en las manos equivocadas podría significar nuestro fin… tu fin ― puntualizo.

― ¿Y que me asegura que no harás tu lo mismo? ― la cuestiono el chico mirándola con frialdad.

Tea pareció ofendida.

― Sabes que yo nunca me atrevería a hacerte daño… ― indico.

― Aun así… la lanza esta más segura donde se encuentra ahora… en realidad considero que ha sido un gran error de tu parte haber tratado de apoderarte de ella… ―

Tea miro a Emmanuelle sin comprender.

― Cuando nuestros enemigos se enteren de tu interés por la Lanza de Longino se preguntaran el motivo y si investigan un poco podrán atar cabos y sabrán lo poderosa que puede llegar a ser… ― apunto el chico mirándola.

La chica pareció darse cuenta del error que había cometido.

― Entonces ahora mas que nunca hay que apoderarnos de ella… si descubren su secreto no tardaran en querer utilizarla contra nosotros… ¡Dime donde esta ahora mismo! ― exclamo visiblemente preocupada.

― La verdadera lanza de Longino se conserva en la cámara del Tesoro del Palacio Imperial, aquí mismo en Viena, junto a la lanza, están la corona del Sacro Imperio Romano Germánico y la espada de Carlomagno… ― indico el chico.

El rostro de Lorian demostró preocupación al escuchar aquello.

― Será prácticamente imposible que alguien logre llegar hasta ella ― apunto consiente de lo que significaría intentar robarla del Palacio Imperial.

― Aun así debemos y tenemos que conseguirla ― apunto Tea convencida.

― Lo único que conseguías es llamar la atención de Spartan… ― apunto Emmanuelle.

Tea lo miro sorprendida de que supiera que Spartan se encontraba en Viena.

― ¿Se lo has dicho? ― recrimino Tea a Lorian conciente de que había sido el único que pudo haberle revelado aquello.

― El ya lo sabia… ― puntualizo este defendiéndose de aquella acusación.

― Comienzo a ver más allá de todo y de todos Tea… mas alla de lo que te imaginas ― dijo mirándola con cierto recelo.

― ¿Entonces sabes lo que sucederá? ―

El chico movió la cabeza afirmativamente.

― ¿Y? ― Tea lo miro expectante.

― Nada esta escrito… así es el destino de caprichoso ― dijo este encaminándose hacia la puerta.

Emmanuelle salio de la habitación dejando solos a Tea y a Lorian quienes parecían bastante inquietos por las palabras del muchacho.

― ¿Crees que nos traicione? ― pregunto Lorian preocupado.

― No se lo permitiré… antes soy capas de destruirlo con mis propias manos… ― respondió esta en tono amenazante ― Tenemos que conseguir a toda costa la Lanza de Longino… solo por si acaso ― agrego.

― Me encargare de traérsela personalmente… ― apunto este.

Tea hizo una señal a Lorian para que la dejara sola. Este abandono de inmediato la habitación.