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Dos cielos… O tal vez tres
Hermone se ruborizó a la hora que Harry colocó sus brazos alrededor de ella. No estaba congelado como ella lo estaba hace rato, eso solo le hizo pensar a la castaña que efectivamente estaba en el sofá de la Sala Común, cubierto con su capa. ¡Idiota! Solo a ella se le ocurría hacerle caso a Harry de salir al otro lado del Lago… ¿en qué estaba pensando? ¡Oh, sí! En él… En sus ojos… esos hermosos ojos color esmeralda, su sonrisa, su valentía…
Pronto los pensamientos de Hermione se esfumaron cuando empezaron a caminar y ella recordó el destino por el cual Harry estaba marcado. Qué difícil sería estar en su posición ahora, ella no podría, toda esa carga que debía de sentir su mejor amigo en esos momentos sería una muerte segura para ella… Por eso es que lo ayudaba, porque de cierta forma lo entendía… ¿o era por otra cosa?, tal vez sí… Lo quería, bueno era su mejor amigo, pero no lo quería de esa forma, sino de una manera diferente, ella lo…
-¿Hermione? –Preguntó Harry haciendo que la chica pegara un saltito, siendo extraída de sus pensamientos por la voz que más le gustaba -¿En qué piensas? Estas muy callada…
-¿Yo? –Preguntó apresurándose por recordar la pregunta que le había hecho Harry –En nada.
-¿Segura? –Preguntó Harry acercándose un poco a la oreja de la chica -¿Estás segura que no pensabas en nada? ¿En nadie?
-No… digo sí, estoy segura. ¿Por qué me preguntas eso?
-Porque no has hablado para interrogarme. ¿Quieres saber a dónde te llevo? -Preguntó el chico guiando a Hermione a salir por la puerta que se alzaba ante ellos, antes de fijarse bien por si veían a la gata de Filch, o al mismo conserje acompañado de Umbriedge.
-No. –Dijo riéndose y volviéndose a mirar a Harry, sorpresivamente él estaba muy cerca. –No me digas.
-No lo voy a hacer, pero vamos a durar un rato en llegar…
-¿Un rato? ¡Harry no podemos durar mucho! Si Umbriedge nos descubre nos castigará como ya lo ha hecho contigo, por cierto, ¿Cómo sigue tu mano? –Le preguntó mirando la mano vendada de Harry a su derecha, sosteniendo la capa –No hagas que te castiguen de nuevo, mejor regresemos.
-No, de ninguna manera, -Le dijo Harry a la castaña que se detenía antes de doblar una esquina –no nos vamos a devolver Hermione, es una sorpresa que te…
Harry no pudo seguir hablando porque la mano de su amiga estaba sobre su boca. Las rondas no solo las hacían los prefectos ese año, sino que también Umbriedge. Y ella era la que estaba hablando con la armadura del otro pasillo, ya no podían salir por ahí.
-¿De dónde vienes? –Le preguntó la profesora a la armadura que se había sentado en un banquito, cansada de escuchar al sapo que tenía delante –Responde armadura.
La armadura señaló el otro pasillo, como si estuviera señalando a los chicos escondidos tras la esquina. La profesora la mandó a su lugar. Dobló la esquina para seguir con sus rondas, justamente al pasillo donde Harry y Hermione se escondían pegados a la pared.
-¿Hay alguien aquí? –Preguntó al escuchar el roce de la capa en la pared -¡Salgan ahora mismo!
-Tenemos que salir ya Hermione, -le susurró Harry al oído –vamos, corre.
-¿Y si nos escucha? –Mordió su labio inferior y comprendió que lo haría, se armaron de valor y corrieron hacia a fuera… Corrieron sin importar que la capa se resbalara y por poco la dejaran perdida. Harry estalló en carcajadas nerviosas.
Tanto Harry como Hermione llegaron, uno después del otro a los jardines, estaban agitados y muertos de la risa, si Umbriedge los había visto, ahora sí estaban en problemas.
-¿Tú crees que nos haya visto? –Preguntó Harry a Hermione, pero ésta preparaba la escoba y lo llamaba precisada -¿Qué haces?
-Pues claro que nos vio Harry, –le dijo sonriente mirándolo aún con la respiración entrecortada –ahora ven que pronto saldrán a buscarnos.
Harry sonrió para sus adentros y tomó la escoba. No había pensado en tener que sujetar a la chica tan cerca suyo… ¡Vaya que suertudo que era! Subió a la escoba e hizo que Hermione se acercara, ahora si ambos estaban nerviosos, no porque los descubrieran sino por lo que estaba ocurriendo. Hermione se sentó frente a Harry, de medio lado y se aferró a la escoba como si esta ya hubiera despegado del suelo, pero no se aferró tanto a la escoba como a Harry, pues puso una de sus manos alrededor de su cuello y lo miró apenada.
-¿Tenemos que ir volando? –Preguntó sintiendo las vibraciones de la escoba. Estaba aterrada.
-Tú lo que tienes miedo es de ir conmigo, -le dijo –si quieres nos devolvemos.
-No Harry, no digas tonterías. ¿Cómo piensas que voy a tener miedo de volar con el mejor jugador de Quidditch?
Harry sonrió a la castaña con una de esas sonrisas que la derretían desde siempre, solo que hace solo dos años se había dado cuenta de lo que sentía, miró sus ojos esmeralda, ansiosa de descubrir qué pasaba por la mente del chico en esos momentos, pero tal vez fue por los nervios de haber dicho aquello, o incluso la emoción de volar, que no pudo descifrar nada.
La escoba se elevó y Hermione sintió un vacío en el estómago. No le gustaba estar volando, menos a escondidas de los profesores y yendo hacia el Bosque Prohibido… Pero el simple hecho de estar con Harry la tranquilizó, no sin antes acercarse más a él y éste, sabiendo lo que le aterraba volar sonrió y puso su cabeza sobre la de ella, dejándola resguardada en su pecho.
-¡Que corazón más acelerado tienes! –Le dijo escuchando los latidos del corazón de Harry.
-Está nervioso, –le dijo… tal vez en doble sentido –de estar aquí.
-¿Porqué? –Le preguntó Hermione levantando un poco la cabeza.
La pregunta tomó a Harry desprevenido, pero como ya iban adentrándose en el lago, le dio a Hermione uno de sus recuerdos más lindos. Cuando estaba algo molesto, salía a volar por los alrededores, y desde ahí arriba se podían ver muchas cosas… Muchas cosas.
-Mira, –le dijo señalando al suelo –mira abajo.
-No lo haré Harry. –Le dijo Hermione, quién llevaba sus ojos cerrados. -¿Qué hay?
-Mira abajo. –Le dijo de nuevo.
-No, mejor apresúrate. ¿Es muy largo donde vamos?
-Hermione, que mires abajo, -le dijo éste deteniendo la escoba y descendiendo un poco –mira, por favor.
La chica abrió lentamente los ojos. La luna estaba llena y se alzaba sobre las copas de los árboles dando una iluminación preciosa. Una ráfaga de aire los golpeaba constantemente, y estaba helado, así que volvió a cerrar los ojos, negando con la cabeza.
Harry, quién se dio cuenta de eso, levantó la cabeza de Hermione y la hizo mirar al Lago…
-¿Ahora lo ves? –Preguntó Harry a Hermione sonriendo, pues la cara de asombro y perplejidad que tenía su amiga le hizo gracia. No tardó en morderse el labio inferior… Ese gesto que tanto le gustaba.
-Es… vaya Harry, ¡Es precioso! –Sonrió y se animó a moverse para mirar mejor.
El Lago Negro se había convertido en cielo. Sus aguas tranquilas reflejaban las estrellas una por una, cada movimiento y cada ráfaga de aire que movía el agua lo hacía con el cielo. Era una imagen que ella nunca en su vida había visto. El más hermoso panorama que nunca vio, y eso le agradaba… Pues era la primera vez que lo apreciaba, y junto a Harry.
-¡Hay dos cielos! –Le dijo asombrada. Había escuchado que eso pasaba, pero nunca lo había visto -¡Harry, que lindo!
-Yo estoy viendo tres. –Le dijo mirando a Hermione. Cuánto había cambiado, ella ya no era la chica aburrida y de pelo enmarañado que había conocido… Ahora era diferente, había cambiado muchísimo y eso a él le encantaba. Dejó de mirarla cuando sintió la mirada de Hermione sobre él. ¿Qué había dicho?
-¿Tres? –Preguntó mirándolo y gracias a lo oscuro que estaba, no vio que Harry se había puesto nervioso. –Yo solo veo dos Harry.
-¿Tres? ¿Dije tres?
-Sí.
-Ah… bueno, pues en realidad veo tres, -le dijo sonriéndole y asegurándose de que ella entendiera su intención. Ella se sonrojó y sonriendo negó con la cabeza, volvió a la posición de antes, mientras Harry emprendía de nuevo el vuelo –y uno es más lindo que los otros dos.
