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Hadita castaña
Descendieron hasta la orilla. Era una parte de los terrenos que Hermione nunca había visto, estaba muy cerca de Hogwarts y ni siquiera se había percatado de eso. Había cerca un río que abastecía el Lago Negro y la orilla estaba llena de árboles enormes y llenos de hojas, de ahí era de donde salían las hadas. Eran millones de lucecitas de colores que se acercaron cuando Harry ayudó a Hermione a bajar de la escoba.
-Ten cuidado, Hermione. –Le dijo Harry al notar que la chica no se fijaba en donde ponía los pies, y se adentraba temblando entre los árboles. – ¿Hermione?
Los ojos de Hermione se iluminaron cuando encontró detrás de los árboles un poblado pequeñito. Sobre las ramas de los árboles colgaban flores y hojas brillantes, las cuales formaban capullos a manera de casitas para las criaturas. Caminó y una filita de hadas la rodeó, subieron volando por sus pies, dando vueltas hasta su cabeza, donde terminaron por tomar su cabello, llenándola de luz.
Pronto deshicieron la hilera y desaparecieron entre sus iguales. Hermione, la cual miraba hacia arriba encantada, descubrió al hada esmeralda que se había acercado hace un minuto. Ésta bajo y toco la nariz de la chica, produciendo una sonrisa en Hermione, luego voló alrededor de su cabeza y como Hermione la seguía, el hada se perdió tras la espalda de un chico conocido, enviando la vista de la chica hacia él.
Harry estaba recostado sobre su brazo en un tronco frente a Hermione. La miraba fascinado con una sonrisa en su boca. Aún no podía creer como había durado tanto tiempo sin contarle nada. Debía decirlo ya o sino estallaría de tener eso guardado por tanto tiempo, pero no se animaba… Hermione lo miraba sonriente y se acercaba caminando despacio, no quería perderse ni un detalle de aquel espectáculo.
-¿Te gusta? –Le preguntó Harry al ver a su amiga tan emocionada –Es tu regalo.
-Claro q-que me gusta Harry, -le dijo volviendo a temblar. La brisa de los árboles era fría y constante, pero por alguna extraña razón los dos sentían esa brisa, el frío en sus cuerpos, pero no les importaba –gracias. Espera… m-mi regalo, ¿esto? ¿Por qué?
-Mira, eh… -"vamos eres un Gryffindor, puedes hacerlo" pensaba Harry para sus adentros, había llegado la hora de decirlo todo, pero era tan difícil, ¿y si ella no lo amaba? ¿Y si no lo quería más que como a un amigo? –ven, quiero enseñarte algo.
Tomó la mano de Hermione y se acercó a uno de los troncos caídos.
Adentro había un par de hadas diferentes, la que Hermione había visto esmeralda había cambiado enormemente. Sus alas habían crecido, su ropa se había vuelto como la de un principito elegante, estaba con un hada vestida con un largo traje celeste y blanco, su cabello arreglado en un diminuto moño castaño. Los dos brillaban mucho y se movían discretamente, hasta que el hada había saltado sobre su acompañante, contenta y emocionada… le dio un beso cariñoso y los dos salieron volando, topándose con los chicos. ¡Vaya! ¡Como se parecían a ellos!
-Parecen d-de azúcar, -dijo Hermione sabiendo que era un comentario algo tonto, miró a Harry y se ruborizó - ¿no lo crees?
-Hermione, tengo que decirte algo.
-D-dime, -le dijo mirando a la nueva pareja de hadas sentarse en un par de hojas sobre ellos - ¿ahora si vamos a hablar?
-Si… pues no de lo que tú crees. Es que llevo años pensando esto y no sé cómo decirlo.
-Vamos Harry, sabes q-que puedes confiar en mí, ¿no? –Harry no dijo nada, dándole a Hermione una respuesta equivocada. Se levantó de donde se habían sentado y se fue a mirar las casitas de las hadas. –Si no confías en mí, ¿para qué me enseñas esto?
-Hermione, no –le dijo cayendo en la cuenta que había metido la pata con su silencio –no es eso. Sí confío en ti, solo es que…
La brisa constante no le permitió al chico seguir con sus palabras. En realidad a Hermione le propició un estornudo. Llevaba muy poco tiempo mojada y era de madrugada, su cabello aún chorreaba agua y su pijama tras de ser fresca, estaba empapada.
-¿Ves? Ahí va o-otra vez ese silencio, Harry. N-no quiero presionarte y… sé q-que es difícil para ti p-por lo que estás pasando, p-pero entonces, ¿cómo pretendes su-superar esto sin tus amigos? Muchas veces te lo he… dicho, tienes a alguien que te apoya, y-yo. Soy tu amiga.
-No. – Negó Harry con la cabeza. Era bueno tener amigos, pero esa palabra no encajaba con Hermione. –No te quiero de amiga.
Los ojos miel de Hermione se llenaron de agua. Las hadas sobre sus cabezas bajaron y trataron de consolarla dándole un poco de brillo en polvo sobre sus rizos, pero éste desaparecía al llegar a sus hombros. La chica se llevó las manos a la boca y frunció el seño, otro estornudo la envolvió y cuando lo finalizó dio media vuelta, decidida a irse de ahí.
-¿Y ahora que hice? –Preguntó Harry vanamente a las hadas. La que llevaba un vestido le señaló enojada el trayecto que había caminado la chica, obligándolo a ir por ella.
La encontró sentada a orillas del río con la misma hilera de haditas rodeándola, cuando se acercó y se sentó junto a ella, estaba helada, sino se abrigaba pronto pescaría un resfriado. Harry pasó una mano por sus hombros y la chica se la quitó de inmediato. Harry suspiró.
-Lo siento, no quise decir eso.
-A veces eres un i-idiota, Harry. –Le dijo mirando la luna sobre el agua –Bueno, en realidad siempre l-lo eres conmigo.
-Lo sé. –Hermione lo miró y negó con la cabeza. Se quitó las lágrimas de su mejilla antes que Harry pudiera preguntar por qué las tenía, pero para eso era ya tarde. -¿Estás llorando?
-No… ¡Pues claro que sí! –Dijo dándose la vuelta aún sentada y con más lágrimas en sus ojos. Lo que había dicho era cierto y el chico lo demostraba en ese preciso momento. ¿Es que era tan ciego como para no ver lo que hacía?
-¿Por qué? –Preguntó. Luego se dio cuenta que lo único que había dicho desde que se había sentado junto a ella eran estupideces, lo confirmó con una risa sarcástica por parte de Hermione. –Lo siento… soy un idiota de verdad.
-Sí. L-lo eres.
-¿Y no has pensado por qué soy así contigo? –Preguntó dejando atrás el miedo que tenía. La pareja de hadas llamaba precisada a las haditas sobre Hermione, pero éstas no hacían caso y se sentaron en una piedra cercana a la chica, la cual sonrió ante el gesto pero aquella pregunta la envolvió por completo.
-No… quizás p-porque de verdad me odias.
-No. –Dijo decidido –Porque no sé cómo actuar cuando estás cerca. Si digo algo te enojas y si no digo nada también.
-¡Harry! ¡Si me crees t-tan difícil, entonces d-dime q-que nuestra amistad s-se terminó y punto final! –Dijo poniéndose de pie y con más lágrimas bajar de sus hermosos ojos miel. Harry sonrió abiertamente y se puso de pie también, esto a Hermione le produjo más lágrimas. -¡Dímelo! ¡Dime q-que m-me odias y que…!
Por fin la voz de la castaña se apagó. Quizás fue de las emociones que sentía en ese momento, de sus lágrimas caer sobre sus ojos y de las sonrisas de la pareja de hadas que se acercaba despacio. Si… quizás fue de eso o… del beso que Harry le había dado para que sin decir nada comprendiera lo que en realidad trataba de decir desde hace mucho.
Hermione en un principio pareció asustada, no esperaba eso de Harry. Su respiración se tornó acelerada, y entrecortada. Harry por su parte estaba emocionado y contento, por fin había logrado expresarle todo lo que sentía y se puso más feliz a sentir los labios fríos y delicados de la castaña sobre los suyos, presionándolos y correspondiéndole en un segundo.
-Hermione… yo no te quiero como amiga, me gustaría que…
-Cállate Harry, no lo estropees. –Hermione volvió a besar a Harry pero esta vez sin asustarse y con más sentimiento. Su corazón se expandía feliz, palpitó más rápido cuando Hermione sintió las manos fuertes de Harry sobre su cintura, elevándola en el aire y acercándola más a él. Harry… bueno pues no hay palabras para describir lo que sentía, por un lado estaba contento y por el otro sumamente enamorado, de esa chica, de la chica que siempre había amado y no se había dado cuenta en el preciso momento… ahora que la tenía ahí, tan cerca suyo y correspondiendo su beso una y otra vez era sumamente dichoso y ni el maniático de Voldemort ni la loca de Umbriedge podría arrebatarle esa felicidad.
-Perdón por no haberlo dicho antes… es que no sabía cómo lo ibas a tomar.
-Hay Harry, ¿cómo se te pudo ocurrir que lo iba a tomar mal? –Preguntó mientras el chico la ponía de nuevo en el suelo. –Siempre me has gustado, siempre.
-Y tú. –Le dijo sonriendo mientras las hadas se sumaban a la alegría y los envolvían de pies a cabeza.
La pareja de hadas dijo adiós a las demás y se acercó a la pareja. El hada esmeralda se deshizo en polvo del mismo color y cayó sobre Harry, llenando su cuerpo y evolucionando su magia. El hada de vestido hizo lo mismo con Hermione, y en un polvo miel recorrió a la chica y se introdujo en su nueva dueña.
-¿Qué pasó? –Preguntó Harry mirando cómo Hermione cerraba los ojos y los volvía a abrir con ese mismo brillo de "azúcar" en su mirada. Sus ojos miel lo enamoraron aún más, eso sí, si eso era posible, y la besó una vez más sin obtener respuesta.
Pasaron lo que quedaba de la noche ahí, así. Harry tenía a Hermione entre sus brazos mirando el amanecer entre él y su capa. Habían llegado a la conclusión de que la pareja de hadas ahora vivía en ellos y sea como sea había aumentado más el cómo se querían.
-Ya es tarde Hermione, ¿nos vamos? –Preguntó deseoso de escuchar un "no" como respuesta.
-Si… aunque no quiero. –Dijo coqueta sonriéndole a Harry mientras las haditas terminaban de esconderse entre las hojas de los árboles. –Gracias por la noche, fue la mejor de mi vida.
-De nada. -Dijo levantándose y con un ademán de manos inconsciente la escoba vino hasta él tan rápido como tardó en bajar la mano. Hermione sonrió y miró a las hadas acercarse.
Una de ellas les explicó por señas que eso ellas también lo hacían, pues atrajo una gota de agua del río y la dejó caer sobre la escoba. Entendieron por fin que su interior había cambiado y que su magia también lo había hecho. Se despidieron de las hadas que quedaban y se montaron en la escoba. Partieron.
El camino había sido más largo de noche, o al menos eso les había parecido, porque en cuanto llegaron a los terrenos del castillo, apenas habían pasado unos veinte minutos, la mitad de los que habían pensado que duraron en ir hasta ahí. Ron los esperaba en un banquito cerca de lago. ¡Habían durado demasiado!
-¿Dónde has estado? –Preguntó brincándose el banco y llegando hasta ellos. Nadie todavía estaba despierto pues estaban a mediados del amanecer y la noche todavía estaba presente. –Harry, Umbriegde entró esta madrugada a la Sala Común y nos hizo bajar a todos. Los descubrió.
-Oh, no… -Soltó Hermione mirando a Ron y llevándose una mano a su pecho. –Harry, ¿y ahora qué hacemos? –Meditó un momento y sonrió despreocupada, abrazó a Ron y besó a Harry. –No importa, igual es mejor tenerte a conservar una placa de prefecta.
-¿Qué demonios le has hecho a Hermione? ¡La cambiaste Harry! –Gritó Ron mientras una gata salía de las puertas más cercanas del catillo con dos personas a sus espaldas.
-Toma, –le dijo Harry a Ron dándole la escoba y exigiéndole que se cubriera con la capa de invisibilidad –estaremos bien.
-¡Señor Potter! –Gritó una furiosa Umbriedge saliendo de las tinieblas del castillo con paso decidido. Atrás suyo estaba Filch, quién acariciaba a su gata por la buena cacería.
Hermione tomó la mano de Harry y la presionó con fuerza. Si Umbriegde los castigaba, que era lo más probable, no lo dejaría solo. Además había sido su mejor noche, madrugada y amanecer, ¿Qué más podía pedirle?
-¿Si? –Preguntó presionando también la mano de su novia -¿Qué pasa?
-¡Sale a altas horas de la noche! Usted no tiene vergüenza. –Cuando estuvo lo suficientemente cerca para ver a Hermione de pie junto a él, y con su pijama, se alarmó aún más.
-Profesora, podemos explicarlo… -dijo Hermione antes de que los ojos de la profesora se salieran de órbita – verá…
-¡Cállese señorita Granger! ¡Ustedes fueron los de esta madrugada! Dígame, ¿Qué hacían usted y Harry Potter solos a esas horas? –Preguntaba mientras Filch se acercaba tras ella -¡No puedo creer que una señorita se preste para esas cosas! ¡Salir a altas horas de la noche con un chico, y en esas fachas!
-¡Cálmese profesora! –Gritó Harry mientras Hermione enojada empezaba a respirar entrecortadamente -¡Cállese!
-¡Castigados! ¡Los dos estarán castigados dos meses, a partir de mañana! Sin derecho a reclamos. Debí saber desde el primer momento que este colegio permitía cosas ilegales para el Ministerio. ¡Dos jóvenes saliendo de su torre hacia el bosque! ¡De verdad que ustedes no tienen la mínima de moral!
Harry miraba a Hermione y se sorprendió, a pesar de la situación no estaba tan aterrada como pensó que estaría. Lo miró en seguida y le sonrió, tranquilizándolo.
-En cuanto a usted señorita Granger, el simple acto de osadía y falta de sentido común… la hacen carecer de la oportunidad de tener su placa de prefecta, de manejar a sus compañeros de menor edad y de guiarlos. ¡Deme su placa! ¡Ahora!
Tanto Harry como Filch, Umbriedge y el invisible Ron, se asustaron cuando la placa de Hermione apareció en la mano de su dueña con destellos miel. La mano de Hermione se extendió hasta la de Umbriedge y le entregó la placa, luego tomó la de su novio y juntos subieron la escalera, para un grito alarmado de la profesora y un ceño fruncido del conserje.
Si había que enfrentar un castigo lo harían juntos, al fin y al cabo estarían juntos de ahora en adelante. Sonriendo llegaron hasta el segundo piso, donde Ron pidió explicaciones, y mientras Harry se las daba y el pelirrojo les felicitaba, destellos miel y esmeralda abrieron la puerta de enfrente.
-Pasa, -le dijo Harry a su castaña dándose cuenta de lo que había sucedido –hadita. –Hermione sonrió y lo besó, Ron puso los ojos en blanco y paso antes que ellos, los cuales se quedaron en la puerta un rato… y si alguna vez dudaron en creer en las hadas… ¡Ahora creían! Es más, eran parte de ellas.
