Capítulo cinco. Otro día
Simba y Bhati no podían creer lo que les había pasado; era como si todo hubiera sido un mal sueño, uno causado por comer mucha carne de gacela.
Ambos leones caminaron en silencio a la cueva donde estaban todas las leonas dormidas.
El pequeño Kopa era el único que estaba despierto entre las patas de su madre. Simba se acerco hacia su amada Nala.
El bebé león dio unos pequeños ronroneos cuando los bigotes de Simba le picaron sus mejillas.
Bhati se había quedado en la entrada de la cueva.
Muchas gracias por todo, su majestad- dijo el león
¿Por qué lo dices?- preguntó Simba alejándose un poco de su cachorro.
Bueno, no pertenezco a su manada- dijo Bhati
Vamos, después de esto eres parte de nosotros- Simba se colocó al lado de Bhati y le puso su fuerte pata en el hombro a su amigo.
No tengo palabras- dijo Bhati agradeciendo el hecho de pertenecer a una nueva manada.
Vamos, es hora de dormir- dijo Simba.
Bhati estaba a punto de entrar cuando una leona que parecía dormida dio un gruñido de advertencia.
Silencio, Zira- dijo Simba- es mi amigo- después dirigiéndose a Bhati- tenía mucho tiempo que no tenía un amigo que fuera león.
Bhati se rio de la ocurrencia, ya le habían dicho que el rey Simba tenía como mejores amigos a un jabalí y una suricata.
Zira gruño una vez más mientras su pequeño Nuka se acomodaba entre sus patas...
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La Nada había abandonado una vez más las tierras de África; en otra parte, en otro lugar, en una tierra que todas las criaturas evitan lo más que puedan algo malo estaba pasando.
En la cima de la montaña Bauld donde las criaturas de la noche juegan con las almas de los condenados una reunión se estaba llevando a cabo.
Mientras los pequeños demonios de colores bailaban al ritmo de tambores y discos estridentes una dama de verde piel y traje negro con morado acariciaba las plumas azabaches de su cuervo.
De pronto entre los berridos de las demoníacas criaturas el aullido de un lobo se dejo escuchar, al momento una figura de humo negro se dejo ver entre las luces de los fuegos fatuos.
Llegas tarde, emisario- dijo la dama.
Su malignidad- dijo la Nada tomando forma de un lobo negro- sólo he tardado lo que el amo ha mandado.
¿Y el león?- preguntó la mujer.
Bruja Maléfica- dijo la Nada- el amo dijo que dejara la escencia de la maldad en las tierras de los leones después de la caída del tío usurpador...
¿Y lo has hecho?- preguntó la bruja.
Ya estaba ahí- dijo el lobo- solamente tuve que confirmarlo...
¿Y quién es?- preguntó Maléfica
Una leona... de nombre Zira- dijo el lobo.
El silencio que siguió fue horrible, todos los demonios de tamaño pequeño dejaron de bailar, los fuegos fatuos parecieron dejar de brillar y una enorme sombra, el enorme demonio amo de todas infernales criaturas se hizo presente.
Los ojos brillantes de Chernabog parecían más atemorizantes que otras noches.
Maléfica hizo una caravana.
El amo está complácido- dijo regresando a acariciar a su cuervo.
La Nada aulló una vez más, Chernabog desplegó las alas con maligna magnificencia, todos los demonios pequeños volvieron a su danza infernal...
