Advertencia: Naruto y sus personajes NO me pertenecen. Son obra exclusiva de Masashi Kishimoto.
Єη εl silεηсiσ dε lα ηοchε
Amaki Kimagawa
Capítulo primero.
Presentimientos. Algo se avecina.
Naruto caminaba ensimismado por las calles de Konoha. Su rubio cabello, ahora un poco más largo en los costados, se movía apaciblemente al son del viento. La gente a su alrededor comenzaba a dirigirse hacia sus hogares. La hora de la noche había llegado.
A sus dieciocho años, el portador del zorro de las nueve colas, había crecido no solo en estatura y musculatura; con el tiempo había ganado una popularidad entre la población femenina, que constantemente lanzaba suspiros cuando el pasaba por su lado. Su tez ligeramente morena y, su ya mencionado anteriormente, blondo cabello despertaba simpatías entre las féminas de la Aldea Escondida entre las Hojas. Y él como todo hombre que se precie de tal, se dejaba querer. Sin ningún compromiso de por medio… por supuesto.
Apresuró el paso, el cielo nocturno le dio aviso de que pronto su local de comida favorito cerraría. Tomó aire fuertemente y echó a correr a todo lo que sus pies, adoloridos por el entrenamiento, le permitieron.
Llegó jadeante a la puerta de la casa de su compañera de equipo; golpeó bruscamente, olvidando el humor agrio que últimamente la progenitora de Sakura traía. Naruto había querido preguntarle a su amiga que sucedía en su hogar, si acaso estaba teniendo problemas, pero, considerando el fuerte carácter de la chica optó por lo más lógico, esperar que ella fuera quien le contara el asunto. Al pobre chico le tocaba recibir constantemente los golpes de desahogo de su compañera, y todo gracias a su impulsividad.
-¿Naruto?... pero ¿qué haces aquí?- La madre de Sakura frunció el seño claramente confusa por la presencia del Uzumaki a esas horas de la noche, en las puertas de su casa.
-Eh… yo, este… ¿está Sakura-chan en casa? - Pocas cosas intimidaban al chico zorro, pero una de ellas era claramente la poca paciencia de la mujer que tenía en frente.
-¿Sakura? Pero si ella me aseguró que iría a reunirse contigo a Ichiraku. ¿Es qué acaso aún no llega?
¡Oh Kami! ¿Qué le decía ahora? Su cerebro comenzó a trabajar a toda velocidad intentando encontrar una excusa para salvar a su amiga de lo que, posiblemente, sería un más que asegurado castigo.
-¡Oh sí! Lo había olvidado…, seguro que Sakura-chan está esperándome muuuy impaciente en el Ichiraku. Bueno, bueno mejor me voy yendo, porque si ella no me encuentra por allá de seguro me castiga, ja, usted la conoce.
El rubio puso alas en sus pies y arrancó antes de que la señora pudiese replicar.
Iba pensando por el camino que llevaba a su adorado puesto de ramen, analizando lo que había ocurrido recién. Sakura le había mentido a su madre, pero ¿por qué?, ¿dónde podría estar ahora?, ¿alguna cita quizás?
Este último pensamiento alarmó a Naruto mucho más que la posibilidad de un presunto secuestro, o algo parecido. Si bien es cierto que sus sentimientos por la pelirrosa habían evolucionado a unos de total hermandad, eso no quitaba su preocupación por la vida amorosa de su amiga. Él más que nadie había sido el causante del alejamiento por parte de los varones de Konoha. Se había encargado de dejarles en claro que ¡ninguno de esos imbéciles, vagos, comunes, buenos para nada! Era merecedor de una cita con su Sakura-chan. Era como un hermano mayor, ahuyentando cualquier intento por parte de esos desvergonzados.
Mientras él pudiera cuidaría de la virtud de la "inocente" Sakura-chan. Ahora buscaría a la chica para que le diera una muy buena explicación de sus ausencias. ¿Adonde iba durante algunos días de la semana?
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Shizune corría por los pasillos desesperada. Casi pierde el equilibrio de sus piernas por intentar correr aún más veloz, pero es que la Hokage había solicitado su presencia ¡otra vez!, y con el humor que traía por esos días, era mucho mejor para su integridad física y psíquica acudir con la mayor celeridad.
Golpeó la puerta de la oficina y al escuchar el murmullo de aprobación entró sin dilación.
-¿Me llamó Tsunade-sama?- respiró profundo tocándose los costados que aún le dolían por su agitada respiración.
Miró el rostro serio y preocupado de la Godaime y supo que aquella sería una muy larga noche.
-Así es Shizune, pero será mejor que te sientes. Esto nos tomará su tiempo.- Tsunade se inclinó hacia delante con los codos apoyados en el escritorio y el mentón reposando sobre sus manos, en aquella típica actitud que tomaba cada vez que algún asunto le inquietaba.
-Mira esto- le pasó a Shizune un pequeño papel, que hasta hace algunos momentos ella misma había estado analizando.
Shizune tomó el trozo de hoja y leyó claramente "Gran Lotería Nacional". Tentada estuvo la chica de reír, más lo descartó de plano al observar que la Hokage se lo tomaba demasiado en serio, para su gusto.
-¿Está bromeando verdad? ¿Sugiere que por haber ganado otra vez la Lotería algo ocurrirá? Me parece que no está siendo muy realista con todo esto, es un simple juego, nada más. Y pensándolo mejor debería estar agradecida de el premio, si me permite recordarle sus deudas hoy por hoy no son las más beneficio…
-Detente ahí Shizune. Sabría lo que dirías. ¿Te has olvidado acaso de aquella vez en que ocurrió algo semejante, y luego tuvimos que enfrentar a Akatsuki?
-¿Se refiere al secuestro del Kazekage-sama? Bien puede ser una mera casualidad. No creo que debamos alarmarnos por tan poco. Imagine lo que sería sembrar el temor en la población civil sin tener plena seguridad de que realmente nos enfrentamos a una situación complicada.
Más Tsunade no prestaba atención alguna a lo que su mano derecha le decía en aquellos momentos. Se había puesto de pie con parsimonia y miraba por el ventanal la noche caer. No había gran concurrencia de gente a esas horas; debían haber ido a sus hogares, a descansar, tal como ella querría, pero sabía que no podía. La seguridad de su aldea estaba por delante, otras cosas la preocupaban más que su nula oportunidad de dormir. Ya encontraría tiempo en otra ocasión.
-¿Haz visto a Sakura, Shizune? Me preocupa ¿sabes? Sé de muy buena fuente que últimamente ha estado perdida por las noches. Kakashi me lo comentó, al parecer quiso prestarle su ayuda por si algo le ocurría, y ella insiste en callar. Creo que debería hablar seriamente con ella, no es correcto lo que está haciendo.
-Sí, algo había escuchado, Tsunade-sama, pero como ella siempre asiste al hospital y a sus entrenamientos no vi el motivo por el cual inquietarme demasiado. Además usted sabe que a Sakura le agrada mucho alejarse a veces de la aldea simplemente para entrenar en soledad, ya lo ha hecho en muchas ocasiones.
-Sí, es cierto…
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Sakura se cuestionaba muy seriamente haber acudido, y ya no era solo por los remordimientos que aún prevalecían en su inquieta y atribulada mente. Ahora ¿qué debía hacer? ¿Sentarse a su lado ahí en la hierba húmeda observando poca cosa y haciendo como si nada pasara?
Estaba claro que el chico poseía algún trastorno de bipolaridad, por la forma bastante brusca en que oscilaban sus cambios anímicos. Hace unos momentos la había recibido con un ardiente beso que casi le quita la respiración, habían comenzado a dejarse llevar por sus caricias nuevamente, ansiosos de sentirse.
Habían hecho el amor numerosas veces sobre ese suelo mojado en otras ocasiones. En aquel mismo lugar se habían descubierto mutuamente, y ahora Sasuke la había detenido fríamente cuando ella intentó quitarle sus vestimentas.
¿Debería acaso preguntarle, otra vez, que ocurría? ¿Habrían cambiado los sentimientos del chico y era justamente por aquello que la había alejado de si? ¿Pero es que acaso Sasuke alguna vez habría sentido por ella algún sentimiento que no fuera solo deseo? Porque él siempre parecía distante y a ella parecía no importarle, como si la atracción física pudiese ser suficiente. ¿Aquello le bastaba a ella? ¿Se conformaba con tan poco? Al parecer si…
Caminó hacia Sasuke. Se sentó a su lado sobre el frío suelo y reclinó la cabeza sobre los hombros del chico. Él la miró curioso, levantando una ceja. Posó un brazo sobre la espalda de Sakura y acarició lentamente sus cabellos rosados. Sabía con certeza que ella aún mostrándose dócil estaba molesta y confusa; pero es que habían cosas que él no podía explicarle… porque el muchacho tampoco las comprendía.
Un solo pensamiento rondaba la mente del poseedor del sharingan en esos momentos, una inquietud que no le había dejado conciliar el sueño últimamente; su vida sería mucho más sencilla si no se hubiese vuelto a encontrar con su molesta ex compañera de equipo.
Sus objetivos habían estado tan claros hasta entonces. Luego de haber descubierto la inocencia de su hermano y haber sufrido por su muerte. Su alianza con Akatsuki y la posterior incorporación de él y Taka en dicha organización le había traído cierta seguridad. Solo era cuestión de tiempo. Atrapar y obtener los nueve demonios.
No quería pensar en las consecuencias porque era poco probable que sobreviviera. La vida que le quedara serviría solamente para sus motivos más secretos. Destruiría el sitio en que mataron sus sueños y toda oportunidad que él tuvo de crecer como una persona normal. No le dieron opciones, entonces él acabaría con la seguridad y la paz que otros sí podían disfrutar. Le habían hecho vivir con la amargura de no poseer una familia.
¡Tuvo que presenciar el exterminio de todo su clan por el egoísmo de una aldea que ahora mostraba indiferencia!
NO, no habría piedad. Ellos no la habían tenido con el indefenso niño que fue un día, ¿por qué él sí debía mostrar lástima por la población que habitaba su ex hogar?
-Deberías alejarte de Konoha.
Sakura le miró perpleja. Era la segunda vez que él le dirigía la palabra en todas las horas que llevaban ahí, y lo hacía para lanzar esa frase que ella no podía desentrañar.
-¿A… a qué te refieres?- Se alejó suavemente de su lado para poder mirarle a los ojos, más fue imposible, él chico parecía inmerso en sus pensamientos.
-¿Por qué debería alejarme de la aldea? ¿Qué intentas decirme? ¿Ocurrirá algo?
Por primera vez él enfrentó su mirada, pero no le sonrió burlonamente como solía hacer, más bien su rostro expresaba ¿pena?
-Explícame Sasuke, dime ¡te exijo que me digas por qué debo alejarme de Konoha!, ¿Es sobre Akatsuki verdad?
-….
-¡Por Kami! ¿Por qué tienes que comportarte de este modo? ¿No eras tú quien decía que había tardado? ¿Para qué mierda esperabas que viniera si cuando estoy acá no dices nada?
No quería llorar ¡no delante de él!, pero era imposible evitarlo. Las lágrimas se escapaban inconscientemente de sus ojos y pestañear seguidamente no le ayudaba. Le exasperaba aún más ver el rostro de su querido Sasuke-kun, inmutable. Lo que ella decía no le afectaba. La miraba fijo y aún así parecía que no estuvieses presente, ¿qué estaría divagando ahora?
De pronto le acometió una ansiedad enorme por correr de vuelta hacia Konoha. ¡Tenía que hablar con Naruto! ¿Y si querían hacerle daño? No, no y no. Ella no lo permitiría.
Pero por otro lado, ¿qué tonterías estaba pensando ella? ¿Por qué Sasuke querría perjudicar a Naruto? No tenía motivos… era su amigo ¿cierto?
-Hay cosas que no comprenderías. Y es mejor así, créeme. Deberías alejarte de esa aldea. No me pidas que te diga algo más ¿entendido?
Sakura bajó el rostro sonriendo tristemente. Sasuke seguía siendo el mismo ser patéticamente egoísta y frío que mostraba autoridad delante de otros. ¿Cómo que ella no comprendería? Era obvio que para él Sakura seguía siendo la misma niña indefensa de doce años. Parecía que le estuviese dando órdenes, como si ella no fuese lo suficientemente inteligente como para afrontar cualquier situación.
Todo este tiempo compartiendo juntos y él aún creyendo que ella no merecía confianza.
-Si no tienes nada más que decir, me voy.- Se giró esperando que él siquiera la detuviese para despedirse… pero nada.
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Cansado y agotado llegó a la entrada de una guarida perfectamente escondida bajo las rocas que rodeaban un río. Entró con pasos débiles, como si cargara a sus espaldas un peso insoportable.
La primera en verlo llegar fue una chica, de más o menos su misma edad, de cabello rojo fuerte, que se lanzó a sus brazos al momento en que él se hizo visible por las tímidas luces que lanzaban las llamas de un fuego casi extinto en un rincón.
-¡Sasuke-kun! Kami que bueno que llegaste, estaba esperándote para cenar, pensé que quizás querrías que luego te acompa…
-¡Suéltame! ¿Entendiste?, ¡no quiero que te vuelvas a acercar a mí!
La chica lo miró decepcionada, más luego cambió de expresión al recordar el mensaje que debía darle al muchacho.
-Uchiha-sama desea que acudas a su oficina, ha dicho que es importante.
-Hmp…
Caminó el largo pasillo que lo separaba del lugar al que debía presentarse. Ni siquiera hizo el amago de tocar. Entró a pasos firmes, sin titubear.
-… Sasuke-chan, que esquivo te haz vuelto últimamente… ¿debo suponer que tienes asuntos más importantes que tratar?- El hombre que había hablado se encontraba reclinado sobre un sofá, portaba una máscara naranja bastante curiosa, con un agujero que dejaba apreciar un leve resplandor rojizo brillando.
-Hmp.
-Ya que al parecer no te agradan las bromas, tendré que hablar claramente. ¿Estás consciente de lo que haces? ¿Haz pensado que puedo pasar de ti cuando yo quiera? No eres indispensable ¿sabes?
-¿A sí? ¿Tú te crees semejante mentira?
-…
-Ya veo…
-¿Sabes cuales son tus indicaciones cierto?
-Hmp.
- Bien, puedes retirarte. Espera mi aviso, probablemente saldremos dentro de dos días a más tardar. ¿Estás ansioso Sasuke-chan? Suena cursi lo sé, pero ¡vaya! Tu sueño está a punto de volverse realidad.
El chico no respondió. Se limitó a asentir con la cabeza y salió inmediatamente de la habitación.
Aunque pensándolo mejor, Madara tenía toda la razón, ya no habría más espera, Konoha no esperaba ningún ataque, no estaban preparados. La inútil de la Hokage seguramente estaría estas horas embriagándose con sake, cosa que a él le convenía bastante.
Se dirigió con trémulos a su habitación. Cerró con llave y cayó a la cama sin siquiera quitarse la ropa. Ya mañana sería un nuevo día…
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BYE
