Advertencia: Naruto y sus personajes NO me pertenecen. Son obra exclusiva de Masashi Kishimoto.

Єη εl silεηciσ dε lα ησchε

Amaki Kimagawa

Capítulo cuarto

Recordando. ¿Y por qué nos hemos permitido llegar hasta aquí?

La temperatura había comenzado a decender peligrosamente en aquella extensión del bosque. La noche había caído hacia ya un par de horas, pero unos pocos no podían dormir.

Recostado a la sombra de un árbol, Sasuke parecía cavilar.

Ya no podía culpar a los nervios, había dejado tiempo atrás cualquier pensamiento concerniente al miedo… y mucho menos aún… la culpa. Porque la vida que había escogido vivir desde el día en que abandonó Konoha ya no tenía vuelta atrás.

Muchas veces sintió arañar, ahí dentro en algún resquicio de humanidad, aquellos remordimientos que a muchos no dejaban dormir.

Muchas veces se cuestionó, ¿sería capaz de culminar aquello, sin antes perder el alma en el camino?

Ahora estaba perfectamente seguro que NO. No había camino disponible para la venganza, que mantuviera rasgos de benevolencia en él.

¿Arrepentimiento?

No.

Las cosas eran tal cual debían ser…. Y mucho más sencillo si se abstenía de pensar en todo lo que perdió…

Muchas vidas se perdieron en el camino. Vidas inocentes. Seres de carne y hueso con el derecho a vivir, a crecer, a morir… naturalmente. Seres a quienes arrebató la vida por el simple hecho de ser un eslabón más en la tortuosa senda que se había autoimpuesto.

¿Justificación?

No la había.

Y él lo sabe.

Porque ya no es más que nadie. Porque no es siquiera mucho más humano que lo que fueron alguna vez los viles exterminadores de su clan. Porque aquello no es excusa, pero él la utiliza como tal.

Reclinó la cabeza aún más, hasta topar con la fría corteza del árbol que lo cobijaba. Cerró sus ojos, al mismo tiempo respirando la densa brisa que colmaba sus sentidos y acariciaba sus negros cabellos. Sus dedos se aferraban a la hierba seca fuertemente como queriendo reprimir cualquier pensamiento que le incomodase, aún a costa del dolor en sus coyunturas.

¿Por qué ahora ese atisbo de dudas? Si existía esa seguridad en cada fibra de su cuerpo, si tenía el conocimiento de la verdad, la única y auténtica verdad… entonces, ¿por qué recelaba de sus planes?

Su estómago rugió, recordándole que él también, después de todo, era humano. Pero no tenía deseos de caminar devuelta a ese sitio. No todavía. Había mucho aún que pensar.

El duro entrenamiento al que se había sometido le había convertido en un ser frugal. La capacidad para sostenerse durante días sin ingerir alimentos era asombrosa, casi tan increíble como la forma de negar sus sentimientos, de contrarrestar cualquier atisbo de debilidad, de refutar cualquier pensamiento desquiciante.

Sí, Orochimaru había sido un estupendo maestro.

Pero el alumno le había terminado sobrepasando.

Con determinación, casi con rudeza masajeó sus sienes concienzudamente. Deseoso por encontrar, lo que hasta ese momento, le parecía tremendamente esquivo, las razones por las que parecía dudar…

¿Sería acaso que…?

No. Debía sacar ese pensamiento de su mente.

Si ella era tan temeraria como para desoír sus recomendaciones a él le tenía sin cuidado.

Claro, claro…

De todos modos ya encontraría él la forma de hallarla mañana y ponerla bien lejos, aunque tuviese que atarle. Conocía, demasiado bien, su tozudez como para pretender que Sakura hubieses puesto en consideración sus advertencias. Era subestimarla demasiado.

¿Cuándo alguien le había puesto en tremenda disyuntiva?

¿Acaso alguna vez pensó en preocuparse de "ese" modo por alguien?

Por supuesto que aquello siempre había sido así. Antes de su marcha, durante cada misión siempre había actuado, inconscientemente, como un protector. Era lógico… eran un equipo.

¿Y ahora? ¿Qué le justificaba?

La rabia que le producía no tener una respuesta clara para esto le sacaba de quicio.

Porque todo había comenzado, para él, como algo mucho más simple. La había encontrado sorpresivamente durante una de las tantas veces en que él y Taka habían allanado un pequeño poblado en busca de un sujeto estafador que había cometido el error de su vida al cruzarse con ellos. El trabajo más arduo se lo habían llevado los otros integrantes, porque él no podía darse el lujo de dejar que alguien le reconociera. Acarreaba a su espalda órdenes de apresamiento de diferentes aldeas, tanto así que eran muy pocos los lugares en los que podía gozar de algo de calma.

Flash Back

El viejo que le había estafado se retorcía aún en el suelo, intentaba retener con sus manos la sangre que se vertía incontenible desde la herida que le atravesaba el estómago. Con perverso regocijo retiró la espada lentamente, mirando a los ojos el cuerpo moribundo que yacía a su merced. Le pareció todo tan fácil, que hasta podía catalogarlo como aburrido. Nada había sido el reto que el creyó, tan simple como que les había sobreestimado. Patético, la forma en que dejaron que acabaran con sus vidas… Se convenció en que aquel era un motivo más para no conceder perdón… no lo merecían.

Limpio con parsimonia el filo ensangrentado de su Chokuto, volviendo a ponerla en su anterior lugar, tras su espalda. Tanteo el débil pulso del hombre solo para asegurarse de que tan solo le restaban segundos de vida.

-¿Algo más que agregar a nuestra agradable conversación Matsumoto? ¿Quizás algún último deseo que aún te pueda cumplir? – Le miró de refilón esperando un ruego de clemencia, pero Matsumoto no era estúpido, sabía muy bien que Sasuke solo buscaba provocarle…

-… la-lamento tan-tanto ver… que tus o-ojos se vean tan parecidos a- a los d-de él…- Miró el rostro de su asesino sabiendo que no tocaría su alma. El tampoco era un hombre inocente, pero aún así jamás le había arrebatado la vida a nadie. Conocía la historia del clan del muchacho frente si, sabía lo que había tenido que sufrir…pero también conocía al monstruo que había sido co-fundador de Konoha y posteriormente líder del clan Uchiha. Le había conocido desde las sombras y podía ver claramente el futuro del chico… un monstruo más… como el otro. Exhaló un último respiro viendo claramente ensombrecerse el rostro de Sasuke. Quizás, solo quizás aún había alguna oportunidad para él…

El poseedor del sharingan se removió inquieto tratando de no pensar en las palabras del viejo, no había conveniencia en devanarse los sesos intentado encontrarle la lógica, era un simple anciano que vanamente intentó conmoverle.

Si sus oídos no le engañaban juraría haber distinguido el suave acompasar de pasos desde el corredor, sus instintos que ya se habían puesto en alerta, se agudizaron aún más al tener constancia de que la persona caminaba hacia él. Rápidamente se quitó del campo de visión, quedando relegado en un rincón de la habitación.

Sakura se adelantó mirando fijamente el cuerpo de Matsumoto.

"Interesante" Lo último que habría esperado ver sería la silueta de su ex compañera de equipo. La miró a su antojo al percatarse de que la kunoichi ni siquiera había percibido una corriente de chakra paralela a la propia.

No pudo reprimir el flujo de fascinación que se había apoderado de él. Por supuesto que recordaba que su antigua compañera era guapa, pero ahora… ¿cómo alguien podía quedar indiferente?

Hace ya mucho que había dejado actuar sus hormonas. Habían gustos que podía permitirse, Karin había sido de gran ayuda, pero no es que significara gran cosa para él; ninguna lo era realmente. Él solo deseaba satisfacerse sin importarle cuanto tuviese que luchar por conseguir el objeto de su capricho y mucho menos cuanto tuviese que pagar. Era un hombre… con necesidades…

Se movió silenciosamente hasta situarse tras Sakura que aún miraba horrorizada el rostro deformado del cadáver. Sus labios se curvaron en una sarcástica sonrisa cuando la chica volteó y le miró con sus verdes ojos, asombrada y… ¿temerosa?

La escuchó susurrar su nombre entrecortadamente, enviándole al rostro calidos restos de su aliento, que él podía adivinar, debía ser la cosa más dulce que pudiese pobrar… "si tan solo pudiese acercarme un poco más".

Pero ella ya había retrocedido sujetándose vehemente de la mesa tras de si. Sakura le miraba confusa, quizás por la manera tan sugestiva en pronunciar su nombre, o quizás los nervios se habían hecho presa de ella, al percatarse de los ojos ávidos de Sasuke recorrer cada curvatura de su delicado cuerpo; delineando mentalmente el camino que recorrería su traviesa lengua, posándose en su blanco cuello hasta subir y apresar sus labios. Hacer de ellos lo que él quisiera.

Lo cierto es que el deseo ya había relegado al olvido cualquier atisbo de dudas en la mente del chico, solo una cosa importaba. Deseaba a la kunoichi… y la deseaba ahora… seguro que ella no pondría objeciones, ¿no estaba tan enamorada de él?

Sorprendido se percató del drástico cambio en la mirada de la joven que ahora lo observaba llena de frialdad, aparentando una calma que estaba lejos de sentir.

No ceso en su intento de acorralarla, se acercó aún más, incomodándola cuando le pregunto qué era lo que temía. Tentativamente había posado su mano alrededor del brazo de la kunoichi esperando esperanzado en que ella le permitiese adelantarse más. Por supuesto que la chica lo volvió a sorprender con su airada mirada y posteriormente lanzándole un discursillo acerca de lo increíble que le parecía su comportamiento, comparándolo con Itachi. ¿Qué sabría ella? Nada, la muchacha, como la mayoría de los habitantes de la aldea ignoraban lo verídico, les habían mostrado una fábula para que crecieran odiando sin razones… siempre ocultando.

Dejó pasar el comentario. Había cosas más importantes de momento. Tomándola desprevenida, cogió su rostro entre sus sucias manos, sin darle tregua, prometiéndole volverse a ver. De eso ya no había dudas, tarde o temprano ella… caería… Descaradamente se permitió atrapar su labio inferior mordiendo hasta ver aparecer el rastro de su tibia sangre. Acarició con su sedienta lengua el camino de sangre… no es que tuviese complejo de vampiro, pero su sangre era singularmente dulce…

Fin Flash Back

Curvó sus labios en una suave sonrisa al recordar aquel momento. No era uno de sus favoritos, por supuesto; tenía una lista bastante extensa de otros mucho mejores que ese, pero, claramente este había sido el detonante de los demás.

Sorpresivamente, desde ese entonces, Karin se había visto, misteriosamente, relegada al olvido, como también había olvidado sus constantes salidas nocturnas en busca de alguna aldea cercana que poseyera algún local de dudosa reputación, en el cual encontrar lo que buscaba.

Sí, desde ese momento se había visto inmerso en sus propias fantasías, en las cuales siempre hacia acto de presencia su pelirrosada tortura.

Omitió durante un tiempo aquel deseo, creyendo inconscientemente, que mermarían con el paso de los días. Por más que intentara satisfacerse con alguna otra chica, siempre terminaba ocurriendo lo mismo. Imaginado que quien estaba bajo su cuerpo caliente y sudoroso, era realmente ella; soportando tener que escuchar los agudos gemidos de mujeres que ya no le complacían, intentado recordar el tono inocente de la voz de ella; reclinando su cabeza sobre los hombros de la chica, imaginado que las cálidas y húmedas paredes que aprisionaban su miembro enviándole descargas que atravesaban su espina dorsal, eran realmente de "su" húmeda y estrecha cavidad… de ella, solo ella.

Había sido su tormento personal el permitir dejarse llevar tan lejos por los ardientes deseos que le acometían. Una imprudencia de su parte haber buscado la forma de volverla a encontrar, ¿qué rayos había estado pensando? Ahora podía medir las consecuencias de sus actos, por haber actuado intempestivamente permitiendo que ella derrumbara cada muralla que él había logrado erigir, metiéndose en sus pensamientos y preocupaciones más allá de lo sano.

Haciendo de su vida un caos.

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Se permitió recostar en el mullido colchón. Tal vez esta sería la última vez que dormiría en su habitación. Era incorrecto pensar tan negativamente, pero es que las circunstancias, definitivamente, no eran las mejores.

Afortunadamente el malestar que había sentido ya no le importunaba, solo tenía enormes ganas de dormir, pero ¿cómo dormir con los nervios a flor de piel? ¿Acaso alguien en toda la aldea podía conciliar el sueño? Lo dudaba…

Sakura pensó en Naruto, a quien quizás no volvería a ver. Se había marchado por órdenes de Tsunade, ¿dónde estaría?, ¿por qué no pudo decirle? Sabía el motivo por el cual la Hokage deseaba ansiosamente alejar al rubio de la aldea, y era consiente de que era lo mejor.

Si las predicciones y conjeturas eran correctas, su amigo corría demasiado riesgo y ella misma haría hasta lo imposible por impedir que Akatsuki le hiciese daño.

Pocas cosas la mantenían serena últimamente, y ese estado de constante agitación le había hecho, muchas veces, plantearse, nuevamente, los sucesos, permitiéndole repasar una y otra vez los acontecimientos que se le habían presentado.

Aunque el miedo persistía y la culpabilidad le atenazaba los nervios constantemente, no por ello desistía de cuanto había ocurrido. No acostumbraba ser una cobarde y no era el caso comenzar ahora. Ya se guardaría cualquier inquietud para más adelante.

Por el momento lo importante y más necesario era salvaguardar la seguridad de la aldea. Sabía, o más que nada, presentía que lo que sucediese mañana marcaría un antes y un después para la vida de todos. Más no por eso debía, necesariamente, observarse todo tan negativamente.

Konoha había enfrentado ya muchas veces situaciones como esta, y siempre supo continuar, salir adelante. Sakura tenía plena conciencia de la perseverancia de sus compañeros, y eso le daba cierta seguridad que aún así no le satisfacía del todo.

Le habría gustado compartir sus dudas con Naruto. ¡Cuan injusto era que se hubiese marchado sin siquiera despedirse! La resolución que la chica había tomado de hablar con su mejor amigo, había quedado en solo eso, simples ganas, nada más.

¿Y si sus dudas fuesen ciertas?

Eran ciertas… y ese era el problema.

La realidad por fin le había tocado de un modo, en el que ella no podría dejar pasar sus culpas.

¡Y Naruto tan tonto y crédulo! Nunca quiso creer cuando ella le dijo quien había sido el causante de tantas muertes, tiempo atrás, en aquella aldea entre las colinas. Lo atribuyó todo, absolutamente todo, a sus nervios, reprochándole a la kunoichi que pudiese pensar que Sasuke hiciese algo así. Por que aún sabiendo el rubio que su ex compañero era parte activa de Akatsuki, se negaba a admitir su presencia en asuntos tan crueles. Según Naruto, Sasuke debía tener sus razones para aquella alianza, razones ajenas a cualquier acto de maldad.

¡Cuánta inocencia!

Sakura que amaba a Sasuke, jamás se permitió concebir esas esperanzas. Ella era conciente de quien era y no le retrataba diferente. La vida le había enseñado que las ilusiones eran vanas. Las fantasías no se sostienen con el tiempo.

¿Cómo ella podía amar a un monstruo? ¿Cómo aún sabiendo sus defectos había acudido una y otra vez, solo con la intención de encontrarlo esperando por ella?

El amor era una escusa patética que nadie perdonaría, porque cuando sus amigos lo supieran le juzgarían sin mediar siquiera, una explicación.

Perfecto. Otra vez se permitía ahogarse en los malos pensamientos. No, hoy no.

Se puso de pie lentamente, observando de frente, la imagen que reflejaba el espejo. Se peinó los cabellos con parsimonia, cogiéndolos en una coleta. Acomodó sus vestimentas de mañana al pie de la cama.

El sueño le había cogido desprevenida, no creía que fuese capaz de soportar otro instante en pie, así que sin siquiera importarle el hecho de aún permanecer con ropas de calle, se lanzó otra vez contra la cama, acomodándose precariamente. Estiró su brazo hasta encontrar la lamparita que reposaba sobre la mesa de noche, apagándola. La luz de la luna iluminaba la habitación y de repente se sintió tan confortable, que olvidó cualquier pensamiento, dejando que el sopor le venciera…

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Tenía serias dudas acerca de lo que planeaba. Las cosas no habían salido tan sencillas como él creyó.

Después de sus reflexiones a la sombra del árbol, se había puesto de pie con claras intenciones de volver a entrar a la cueva. Suigetsu había aparecido repetidas veces, lanzándole una mirada provista de preocupación. Le estaban esperando, Él era el líder de esos tres, que parecían no hacer nada bien si él no les vigilaba.

Se rindió a lo inevitable, caminó unos pasos sin saber muy bien si era aquello lo que deseaba hacer. Bien sabía él que no… lo que realmente quería no estaba ahí…

Su ánimo pareció decaer aún más, comenzaba a hartarse de esas miradas de sus subordinados, llenas de reproches y pena, como si ellos pudiesen adivinar lo que ocurría en su cabeza.

Se detuvo frente a la entrada. En el interior reposaban los integrantes de Taka. Karin ordenaba, sentada en una esquina, su colección de perfumes, seguramente preguntándose cual de todos llamaría más la atención. Juugo, apoyado en la pared, miraba concienzudamente sus manos, ajeno a sus otros compañeros. Su semblante se notaba preocupado. Suigetsu sonreía de medio lado, lanzando constantemente indirectas a su compañera, su enorme espada reposaba sobre sus piernas cruzadas.

Ninguno se había percatado de Sasuke. Su rostro, hasta entonces inmutable, se llenó de una rara resolución. Echó a andar, deshaciendo el camino anterior y comenzó a correr desesperado, sintiendo el peso de la decisión que había tomado.

Él era una monstruo, mucho más que eso, era un demonio. Había dejado correr mucha sangre. Había cometido actos que jamás pensó. Mucha gente murió por su culpa… y él no tenía salvación, pero, ¡por Kami que él no quería que algo le ocurriese a ella! A ella no… por favor.

Sus errores y pecados eran muchos, pero Sakura no tenía por que pagar por ello.

Ya no había vuelta atrás. Lo de mañana seguía en pie. Y él sabía muy bien que ella jamás saldría de esa aldea por voluntad propia.

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Y aquí estaba ahora, observando desde las sombras de un árbol, la habitación a oscuras. Las cortinas corridas le permitían observarla a su antojo. Se veía tan hermosa durmiendo plácidamente.

¡Que descuidada! ¿Cómo se le podía ocurrir dormir con la ventana abierta? Bueno, una ventaja para él. Ya era hora que alguien le pusiese las cosas un poco más sencillas. No había sido nada fácil infiltrarse en Konoha sin ser detectado por la seguridad, pero, nada que él no pudiera solucionar.

Con un certero salto posó sus pies en el balcón. Se internó en la habitación silenciosamente. Habría querido hacer esto más rápido, alzarla en sus brazos y llevarla rápidamente lo más lejos posible, sin siquiera darle la oportunidad de gritar. Más no pudo hacerlo.

Se sentó a su lado, cogiendo entre sus dedos un mechón de su rosado cabello, que había escapado de su coleta. Su piel era tan suave. Parecía tan tranquila, tan apacible, que casi le remordía la conciencia estar ahí, a su lado, invadiendo su privacidad como un maldito psicópata.

Decidiendo que ya era mucho de sensibilidad e intentando apresurar sus planes, encendió la lámpara, cuya luz dio de lleno en los ojos de la kunoichi, quien parpadeó algo confundida por unos segundos, intentado acostumbrar la vista a la semioscuridad.

-¡Tú! Sasuke pe-pero… ¿qué diablos…? ¿Cómo tú…?

-Shhh ¿quieres guardar silencio un momento por favor?- posó sus dedos en los temblorosos labios de la muchacha logrando que callara momentáneamente.

-Vendrás conmigo.- prosiguió calmadamente.

-¿Qué? Espera, espera, tú no puedes…

-Creí que te había dicho que guardaras silencio.

La chica se puso instantáneamente en pie, cruzando sus brazos, esperando.

-Imaginé que no me prestarías atención. Sakura, no es conveniente que permanezcas aquí, ¿no lo entiendes? Eres inteligente, por lo tanto no veo la necesidad de contarte exactamente cuales son los riesgos que corres ¿cierto? Y como veo que harás nada por tu bienestar… no me queda otra opción.

Antes de que la pelirrosa pudiese replicar, la cargó sobre sus hombros saliendo de la habitación.

Sakura no había tenido tiempo para reaccionar, cuando quiso discutir e intentar deshacerse de sus brazos ya había alcanzado demasiada velocidad. No había opción a réplica.

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Sakura observaba huraña, mientras Sasuke encendía una fogata. Lo único que había podido entender del discurso, que minutos antes le había dado el chico, era que no podría siquiera intentar encontrar la forma de salir de allí. Aunque lo intentara, no había manera de destruir aquellas paredes. Él ya se encargaría de sacarla de allí, o en el caso contrario, en que no pudiese venir él personalmente, encontraría el modo de enviar a alguien.

Le sorprendió el tono sombrío con el que daba, casi por hecho, su nula posibilidad de sobrevivir.

Una razón más para intentar escapar, en cuanto Sasuke se largara de ahí.

No dejaría a sus compañeros combatir solo. Si alguien salía herido, ella quería estar presente y hacer todo lo que pudiese por salvarle… pero además no quería que algo le sucediese a Sasuke. Era un pensamiento egoísta, lo sabía.

Se inclinó un poco más, acomodándose cerca del fuego. La noche había caído hacia ya horas y la madrugada estaba cargada de una brisa fría.

Subió la vista, hasta posar sus ojos en el chico, que removía inquieto la tierra del suelo con sus pies. Parado, dándole la espalda, se notaba tenso, nervioso, como cada vez que estaban cerca.

No, no y no, lo mejor era no pensar en cada vez que le tenía cerca. Sin siquiera poder evitarlo un escalofrío le recorrió el cuerpo, sin saber si esta vez se debía al frío.

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Sabía que ella lo estaba observando, no quería voltear y darse cuenta nuevamente lo estúpido que podía llegar a ser en su presencia. Ya era bastante con preocuparse de semejante modo por esta criatura.

Pero el frío también le estaba venciendo, y sin poder contenerse volteó encontrándose de frente con aquellos enormes ojos verdes que le escrutaban con curiosidad. Sin evitarlo observó sus labios, su suave boca entreabierta. ¡Kami, no podía estar ocurriéndole esto otra vez!

Sabiendo que no había vuelta atrás caminó hasta su lado, obligándola a ponerse de pie, acercó su rostro tanto como fuese posible. Atrapó entre sus dientes su labio inferior, mordiéndolo suavemente, jugando con él. La pelirrosa le echó los brazos al cuello invitándole a besarla. Volvió a observar sus labios entre abiertos, viendo directamente su lengua, ¡kami, como le gustaba aquella lengua!

Incapaz de resistir un segundo más cubrió con sus ansiosos labios la boca de Sakura, tan suave, tan adictiva, tan caliente… Sus lenguas se rozaban, acariciaban inconteniblemente.

Pudo percibir como sus pezones endurecidos se marcaban a través de su delgada blusa. Gruñó en la boca abierta de Sakura, presionando su pelvis junto a la suya, logrando que ella percibiera su dura erección.

Enterró su cara en el cuello de la kunoichi dejando que esta deslizara sus manos a través de su camisa, rompiendo los botones.

Cogió con una de sus manos un erecto pezón, presionándolo, retorciéndolo, logrando que la chica se arqueara contra él.

La recostó lentamente sobre la tierra removida y húmeda, aún pellizcando sus pezones logrando arrancar dulces y acompasados gemidos de sus tentadores y abultados labios.

Batalló con sus pantalones, intentando liberar su fuerte y caliente erección.

Sakura por su parte intentaba ayudarle a quitarse su propia vestimenta, desesperada por sentir su piel. Con parsimonia el chico consiguió abrir el cierre de su camiseta, inclinó su cabeza reposándola entre los pechos de Sakura. Su lengua trazaba círculos alrededor de sus adoloridos pezones, bajando hasta posarse en su ombligo.

Sakura gimió suavemente cuando Sasuke colocó ambas manos sobre la parte posterior de sus piernas, subiendo, acariciando su trasero. Sabía exactamente como besarla, como tocarla. Bajó aún más su cabeza, retirando de paso, las vestimentas restantes del tembloroso y húmedo cuerpo de la kunoichi.

La pelirrosa creyó explotar de placer cuando sintió su lengua acariciar su más sensible intimidad, presionando una y otra vez, marcando círculos, volviendo entrar húmeda. Los cabellos de Sasuke le causaban cosquillas en sus sensibilizados muslos. Atrapó su desordenada cabellera, enredando sus dedos, jadeando incontrolablemente…

Sasuke se detuvo al momento de sentir sus paredes contraerse, observando su sonrojado rostro y bebiendo su humedad. Su lengua volvió a trazar un camino de vuelta hasta su ombligo, subiendo a encontrarse con su boca. Atrapó sus labios en un salvaje beso, nuevamente, bebiendo sus gemidos, jugando con su esquiva lengua.

Sakura deslizó su mano hacia abajo, envolviendo con ella el miembro del muchacho que exhaló un profundo suspiro de placer, cerrando sus ojos. La pequeña mano de la pelirrosa acariciaba la palpitante erección, rozando despacio la punta ya húmeda., siguiendo lentamente, subiendo sus dedos a lo largo de toda la extensión, notando tenso y tembloroso el cuerpo de Sasuke, cuya respiración agitada acariciaba su cuello y lóbulo.

El chico la detuvo con un gruñido, posesionando sus brazos sobre su cabeza. Sakura alzó sus caderas ansiosamente, rozando y friccionando sus sexos. La penetró lentamente, gruñendo al notar que le costaba un poco avanzar dentro de su cuerpo. Su calidez y estrechez lo envolvían completamente, sacándolo de quicio.

La obligó a enredar sus blancas y largas piernas alrededor de su cintura. Se hundió profundamente, levantando sus caderas para poder seguir su ritmo. Sakura se aferró con frenesí a su espalda, enterrando sus uñas. La fricción era deliciosa…

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Seis Anbus y cuatro jounnins componían la comitiva, que en esos momentos acompañaba a Uzumaki Naruto y Hiuuga Hinata hacia el territorio comprendido entre el protectorado de Sunagakure.

El rubio había guardado silencio durante todo el largo trayecto, mostrándose especialmente esquivo, ante la mención de cualquier asunto referente a su persona. Miraba, de vez en cuando, a la chica junto a sí, que no paraba de lanzarle tímidas miradas, viéndose incapaz de comenzar una conversación, dado el arisco carácter que parecía portar el chico zorro.

Naruto no quería realmente comportarse de modo tan hosco con Hinata, la chica era especialmente atenta y dulce con él; por lo tanto su obligación era actuar medianamente amable, aunque aquello, especialmente hoy, le costase.

No entendía por que diablos Tsunade le había conminado tan intempestivamente a marchar sin siquiera permitirle despedirse de Sakura-chan. Conocía tan bien a su amiga, que sabía con certeza que en cuanto volviera a verle, la chica le daría una tunda…

El reloj ya marcaba las cinco de la madrugada, sus ojos cansados distinguieron lejanas luces. Se detuvo apuntando con su mano, mirando apresurado los rostros de los demás. Al parecer no había errado… ya se encontraban a las puertas de la aldea escondida entre la arena…


Como siempre: gracias por darse un tiempo y leer...

Bye...