Capítulo 2
Sorpresas.

La noche había llegado y la gente estaba preparada para recibir al festejado. Entre la multitud se encontraban rostros conocidos: Bill y Fleur, Fred y Angelina, George y Alice, Percy y Penélope, quienes presumían sus anillos de bodas desde hacía un año, Draco y Pansy, Ginny, Luna, Seamus, Dean y Neville. Hermione se sentía orgullosa, pues este año, el salón estaba iluminado por los candiles que soltaban una brillante luz amarilla que parecía dorar todo el lugar, e incluso resaltaba las decoraciones color escarlata. Cuando faltaban cinco minutos para la hora acordada con Ron, esperó junto a la puerta y pidió que trataran de no hablar en voz alta. Finalmente escuchó el golpe en la puerta y avisó a todos. Bajó el reflejo de los candiles y se dirigió a la cocina por las copas que había preparado para Ron y Harry. Finalmente entraron y se dirigieron al salón. La sorpresa de Harry fue más bien el susto que le provocó la exclamación de los invitados, pues en el tiempo que pasaron fuera, en un lugar solo para hombres, Harry se había olvidado completamente de la fiesta.

Al acercarse a Ginny, la besó con ternura sujetando su barbilla. Ella no lo tocó, pues llevaba un aperitivo en la mano y una copa en la otra. Por otro lado, Ron se acercó a saludar a Draco y Pansy: el primero le dio un apretón de manos con cortesía, mientras que ella aprovechó la distracción de su novio para hacerle una caricia en el hombro. La miró con coquetería, deseando poder besarla y llevarla a la alacena de la cocina, pero sospecharían de su romance. Cuando Hermione se apareció en la habitación, Harry se acercó.

-No me lo esperaba- mintió. La abrazó para agradecerle.

-Nunca te lo esperas- dijo ella con sarcasmo, pero él no lo notó.

Se acercó a Ron, quien ya estaba entrado en una conversación con Draco y Pansy. Se puso a su lado y Ron la abrazó por la cintura. A pesar de estar con él, con alguien que la quería y apreciaba, que le agradecía hasta el más mínimo detalle que tuviera con él, que le daba su lugar, y que al final de todo, ella también quería, no dejaba de pensar el Remus: siempre lo había amado, desde la primera vez que lo vio en el expreso en camino a su tercer viaje al colegio, y no importaban las horas de placer que le diera Ron, siempre terminaba pensando en él. El sonido de un vaso estrellándose en el suelo la sacó de sus pensamientos: todos giraron hacia la chimenea, donde se encontraban Fred y Angelina. Ella miró a Hermione.

-Lo lamento… lo limpiaré- y tuvo el intento de sacar su varita.

-¿Lo lamentas?- Fred estaba enfadado. Hermione vio que Angelina sostenía una copa en su mano, por lo que dedujo que había sido el vaso de Fred el que se estrellara en el suelo hacía un momento- ¿qué es lo que lamentas?

-Fred, basta. No es el momento ni el lugar.- advirtió ella.

-No me hables de momento y lugar- el joven bajó el volumen de voz, sin embargo, dado que nadie más hablaba, el resto de los presentes pudieron escucharle-. Vienes y me dices esto y pretendes que me quede como un idiota mirando como de regocijas en él… pues estas muy equivocada.- La miró por un momento antes de girar sobre sus talones. Se marchó a la cocina. Angelina se quedó inmutada por un momento; cuando vio que todos la miraban, limpió los cristales que seguían en el suelo antes de acercarse a Hermione.

-Perdona esto… es que…

-Tranquila- le dijo ella al ver que su voz se quebraba.

-Será mejor que me valla- sin despedirse de nadie, y menos de algún miembro de la familia del pelirrojo, se marchó por la puerta principal.

Hermione se acercó a Alice, compañera, amiga y cómplice de Angelina desde el colegio. Al verla acercarse, Alice le hizo una seña de que no lo hiciera y le señaló las escaleras que daban a piso superior. Ambas se reunieron en el pasillo que daba a las habitaciones de Sirius y Remus.

-Escucha- le dijo Alice tras la pregunta de Hermione-, no quiero que nadie sepa que yo te lo dije, ¿bien?, no quiero tener problemas con Geroge.

-No te preocupes.

-Angelina y Oliver se vieron la semana pasada y… bueno, digamos que no fue un simple beso.

Angelina había pasado las vacaciones que le otorgaron en un pueblo remoto de Francia, por lo que Fred no había podido verla. Al parecer, el que ella se involucrara con Oliver no le venía bien al autoestima: Fred y George habían conseguido un buen trabajo en el departamento de uso indebido de la magia en el ministerio y se habían retirado del negocio de bromas… o al menos dejaron los siete locales que abrieron encargados con gente de confianza, y Lee los administraba de una forma excelente. Cuando volvieron al salón, las cosas ya se habían relajado, incluso los Weasley y sus acompañantes ya entablaban una buena conversación entre ellos… sin Fred, claramente.

-Me preocupa- dijo Bill cuando Hermione llegó junto a Ron-, no creo que pueda aceptarlo.

-En los años que llevo como su gemelo te puedo decir que terminará bien.

-¿qué tan bien?- quiso saber Fleur, quien había perfeccionado su español.

-En la cama- todos giraron hacia Ginny: la pequeña e inocente Weasley hablando de solucionar problemas en la cama…- ¿qué?, ni que no supieran que siempre resuelven sus problemas teniendo sexo.

-En eso tiene razón- agregó Alice.

-Si tuviera un knut cada vez que esos dos terminan su relación y vuelven de ese modo, tendría suficiente dinero para comprar el ministerio- concluyó Ron causando que todos los presentes soltaran una gran risa.

-Me alegra que mi desgracia les alegre la vida, incluso a mi familia- Fred los miraba desde la entrada al salón. Los demás lo miraron con vergüenza, salvo George.

-Hermano… te conocemos demasiado bien, en especial yo… no puedes decir que mentimos.

Fred se quedó mirándolos por un momento. Luego salió por la puerta principal.

-Irá a casa- afirmó Alice, quien compartía un departamento con Angelina.

-Bien, entonces iremos a la mía- le insinuó George. Ella lo besó.

-¡Feliz Cumpleaños Harry!

Todos en la casa miraron hacia la puerta principal y vieron al autor de esas palabras: el legendario Sirius Black había regresado, acompañado de Remus Lupin. Sirius abrió los brazos invitando a Harry a abrazarlo, mientras que Remus esperaba pasar desapercibido por un momento.

-¡Sirius!- Harry corrió a sus brazos: el día que tanto había esperado, durante dos largos años, se cumplía en el momento menos esperado, lo que lo hacía aún más mágico. Sirius miró por sobre su hombro después de un momento y vio a Ginny, quien lo miraba asombrada, feliz, y cunfundida a la vez.

-y ahora, un abrazo para la que me ayudó a regresar- y de igual modo le abrió los brazos. Ella se aproximó rápidamente, aunque sin estar segura de querer hacerlo. Luego, ya en sus brazos, él le susurró al oído-. Gracias, no sé qué hubiera pasado conmigo de no ser por ti.

Ella se sonrojó: estaba en los brazos de Sirius, el lugar en donde deseaba quedarse el resto de su vida.

Esa era la gran mentira de Ginny, el secreto que tan profundamente guardaba: todos la creían virgen, y seguían la idea de que el amor de su vida había sido y seguiría siendo Harry. Tal vez fue así en un principio, pero con el paso del tiempo, y después de la batalla que había realizado en cuarto año en el ministerio, había abierto los ojos a Sirius, su héroe, y su gran amor platónico… o tal vez no tan platónico.

La reunió siguió después de ello. Todos estaban asombrados ante tal aparición por lo que pasaron el resto de la noche festejando brindando por Sirius y Ginny. Casi al terminar la noche, Draco se acercó a la pelirroja y le susurró algunas cosas al oído que no comunicó a nadie más. Cuando los invitados se fueron y solo quedaba Ginny además de los que vivían ahí, Remus fue directo a la cocina para ayudarle a Hermione… tal vez pudiera hablarle un poco.

-Me alegra estar de vuelta- dijo para romper el hielo.

-No tenías que haberte ido- Lo miró con reproche. Quería correr a sus brazos y besarlo, pero no quería parecer flexible con él. Remus solo la miró: casi olvidaba cuán hermosa era, el brillo de sus ojos cuando se enfadaba, la manera en que fruncía el ceño al reprochar, la forma de su cintura, sus caderas… No dijo nada, pues quería que ella se quedara ahí por siempre y admirarla. Con un simple movimiento de la varita, Hermione terminó de limpiar el lugar y se marchó sin volver a mirarle: el merodeador tuvo el intento de seguirle, pero supo que no le sería tan fácil recuperarla, al menos no esa noche.

Al salir de la cocina se encontró con Ron. Pensando en que tal vez Remus los estuviera mirando, lo besó colgada de su cuello como lo hacía solo en privado antes de terminar juntos. Aquello encendió a Ron, pero ella siguió su camino hasta la habitación, no sin dejar implícita una invitación en ese beso. Miró a Ginny y Harry, quienes se quedaron sorprendidos; luego la siguió.

-Son unos locos- dijo Sirius desde la chimenea dejando los polvos Flu en su lugar habitual. Ginny prefirió no mirarlo.- Bueno, ha sido un viaje largo, así que iré a dormir. Gracias de nuevo- abrazó a Ginny provocando en ella un estremecimiento que hacía mucho no sentía.

-Nos alegra que volvieras- agregó Harry al despedirse de él. Luego, el recién llegado subió a su antigua habitación, que estaba reluciente de limpio gracias a Hermione. Por primera vez en muchos años, pudo dormir tranquilo, y soñó con la mujer de sus ojos.

Cuando estuvieron solos en el salón, Ginny trató de no pensar en lo nerviosa que la había dejado Sirius. Quería subir tras él, y besarlo como alguna vez lo había hecho, estar junto a él el resto de su vida… Harry la miró. Al parecer había notado su actitud, por lo que se acercó y la besó tiernamente. La sensación que le había dejado Sirius y el pensar que esa podría ser la noche en la que se cumpliera su sueño de conocer a Harry en lo más íntimo, le hiso intensificar el beso. Harry se sorprendió ante tal reacción, sin embargo, la sujetó por la cadera y la atrajo hacia sí… ella lo apartó.

-Aquí no…- le dijo. Harry pensó que era una invitación a salir de Grimmauld Place e ir a su departamento, pero no era así. Ginny se dirigió a las escaleras de la casa y subió con decisión sujetando la mano del joven.

Subieron hasta el segundo piso, donde estaban la habitación de Harry y entraron en ella. Al cerrar la puerta, Ginny lo besó apasionadamente, acariciando la parte trasera de su cabeza y se estremeció al sentir el cabello de Harry entre sus dedos. Él la apoyó contra la pared y mientras la besaba juntaba su cuerpo a las caderas de la joven: era el momento en el que le robaría la inocencia a la hermana de su mejor amigo, y no planeaba detenerse; la había estado deseando desde hacía más de cuatro años y finalmente la tendría para él solo; no más mujeres, no más noches de descarga, nadie más pasaría por su cama… solo Ginny.

Cuando comenzaba a desabrocharle la camisa, Ginny pensó en cuantas veces lo había hecho con anterioridad, esperado hacerle aparentar que era el primer hombre en su vida, pero estaba tan necesitada de él que olvidó por un momento entrar en su papel. Harry le frotó los pechos como si nunca antes hubiera tenido sexo, pero debía significar algo más: quería que esa vez fuera prefecta, pues haría el amor con la niña de sus ojos, corazón y vida.

Ginny le besó el torso desnudo hasta que estuvo hincada en la duela. Lo miró desde abajo y comenzó a quitarle el cinturón. Antes de que le desabrochara el pantalón, Harry la sostuvo por los hombros y le ayudó a ponerse en pie. La besó en la boca nuevamente mientras le desabrochaba la blusa. Ella levantó una de sus piernas y lo rodeó con ella atrayéndolo hacia sí. Le acarició la pierna por debajo de la falda hasta que pudo sentir las pataletas. Dudó por un momento seguir con ello, así que se apartó y se sentó en la cama. Ginny lo miró.

-¿Qué ocurre?- trató de no mirarla, pues caería nuevamente.

-Es solo que… no creo que debamos hacerlo.

-¿no lo deseas?

Fue entonces cuando la miró: su blusa estaba abierta y podía verle el abdomen blanco que le incitaba a seguir, pero no dijo nada. Poco a poco, Ginny se acercó hasta él y lo besó. Cuando se levantó, él se abrazó a su cintura y comenzó a besarle el cuerpo mientras le quitaba en sostén. Eso la prendió más de lo que esperaba: su punto de debilidad siempre había sido el ombligo, y solo una persona en el mundo lo sabía… aunque ahora eran dos. Le quitó la falda y las pantaletas antes de tumbarla en la cama. La acarició por todas partes, incluso entró sus dedos en ella y miró su rostro para verla disfrutar. Ella sabía lo que buscaba, pero quería probarlo.

Le acarició la espalda delicadamente hasta que llegó nuevamente a los pantalones, y esa vez, él no se resistió: se pusieron en pie nuevamente mientras ella terminaba de desnudarle. El momento no le permitió seguir con él, pues la tumbó en la cama nuevamente para besarle los pechos. Lo condujo hasta dentro de ella y comenzó un vaivén con sus caderas para incitarle más. Fue cuando Harry se dio cuenta de que no era su primera vez… que tenía casi la misma experiencia que él.

No dejó pasar el momento, pues estaba demasiado excitado para desperdiciar la oportunidad, así que terminó y la hizo terminar. Durmieron el resto de la noche, pensando en que tal vez ambos hubieran cumplido las expectativas del otro… ya no era amor lo que sentían, si no compromiso.

En la habitación del otro lado del corredor, Hermione y Ron disfrutaban el uno del otro en el suelo de duela. Él casi siempre estaba abajo, ya que disfrutaba ver el rebote de los pechos de la chica mientras traba de hacerle terminar: la expresión de placer que tenía cada vez que lo hacían así le recordaba al romance arriesgado que tenía con Pansy, y por ello procuraba concentrarse en los pechos de Hermione. Ella estaba demasiado dispersa: se estaba forzando a disfrutar el momento, por lo que no le fue posible concluir, lo que ocasionó que él tomara el control de la situación.

Hermione entendió que él quería hacerle pasar una gran noche, y que debía dejar de tratar de olvidar a Remus mientras estaba en los brazos de Ron, alguien que en verdad quería estar con ella. Dejó que él la besara, la tocara, la hiciera disfrutar… cuando lo había hecho con Remus, fue para hacer que él la disfrutara, por lo que siempre buscaba que Ron lo hiciera, pero en ese momento entendió que la única manera de olvidarse del merodeador estando con Ron era hacerlo diferente, cambiar los hábitos, y dejarse de cosas que le hicieran recordar.

Del otro lado de la ciudad, Alice y George caminaban por la calle mientras jugueteaban por encima de la ropa, lo que siempre hacían antes de entrar en alguno de sus departamentos. Estaban seguros de que Fred estaría con Angelina en el lugar de ellas, por lo que se encontraban en el vecindario del gemelo esperando el momento de cruzar la puerta de su habitación y dejarse de esa clase de juegos. George no podía esperar: cada vez que detenían el paso para besarse, buscaba la forma de entrar por su falda y hacerla suya en ese momento, pero cuando ella adivinaba sus intenciones, seguía caminando; también quería terminar, pues estaba demasiado excitada, pero no quería perder el estilo de esa manera. Al llegar al departamento del chico, ella se quitó la chaqueta dejando ver su escotada blusa: él pudo ver la forma de sus pechos e incluso podía divisar el pezón antes de seguir besándola. Silenciosamente, como siempre lo hacían, se besaron y acariciaron mientras daban pequeños tropezones hacia la estancia. Él comenzó a levantarle la falda para poder acariciarla por todas partes, sin embargo, cuando la tumbó en el sofá, había alguien más ahí.

-¿siempre hacen eso?, que descaro, ¿no pueden esperarse hasta llegar a la habitación?- Fred estaba indignado. Se había quedado dormido mientras leía un ejemplar del diario de la semana anterior, y se despertó por que la novia de su hermano le cayó encima. No debe de ser bonito despertar de esa manera.

-Perdona, no sabíamos que estabas aquí.- trató de justificarse su hermano. Ella estaba tratando de acomodarse la ropa que había terminado de manera desastrosa… y solo pensaba en salir de ahí.

-Aquí vivo- se puso en pie y se dirigió a su habitación-. Creo que Ron no volverá a comprar el ministerio- azotó la puerta.

-Tiene un mal genio- agregó Alice-. Será mejor que me valla- lo besó candentemente. No quería hacerlo sabiendo que en la habitación de alado estaba Fred añorando tener a Angelina a su lado, pero debía calmar un poco su ansiedad. Finalmente, utilizó la red Flu para regresar a casa, y menuda sorpresa que se encontró al llegar.

Espero que les haya gustado y que sigan la historia, ya que cada capítulo se pone mejor. Deje RR, please. Mis mejores deseos, con cariño.

Kiss Kiss