yee!! sigo con vida!! y este fic tmb! (bueno, mas o menos xD)
se ke llevo MESES sin publicar algo pero...desgraciadamente tengo un bloqueo de escritor y mis bloqueos tienden a durar DEMASIADO como podran darse cuenta...xD y tmb tnego otras cosas ke hacer asi ke...no, no voy a abandonar esto, me esta gustando como esta kedando xD.
y a decir vdd, ya llevaba rato con este cap terminado pero x floja y x otra razon no lo habia subido pero ke mas da, aki esta y tmb hoy subire el cap 8.
Disclaimer: los personajes de sk y su historia no me pertenecen, sk es obra de Hiroyuki Takei
Cap. 7.- Y esta es tu vida…
Ya nada es igual, todo lo que alguna vez creíste que iba a ser, ya no lo es. Desde que saliste de tu casa las cosas cambiaron. Llegaste a Tokio creyendo que tu vida no sería la gran cosa, es más, ya te estabas preparando mentalmente para lo que la chica rubia te pudiera hacer.
Claro esto no te molestaba mucho pues sabías que mínimo, tu amigo, te iba a acompañar en ese dolor. Sí, eso era algo que ambos compartían: el tener a una mujer que los tuviera bajo su merced. Él tenía a su prometida y tú, a tu hermana. Y lo peor era que ambas eran menores que ustedes. Ah, hasta cierto punto algo bastante patético y divertido a la vez.
Sí, las cosas no serían muy diferentes de cuando te quedaste con ellos. Ya esperabas las palabras de ella hacia él diciéndole que no podías quedarte por su supuesta mala condición económica, que muy en el fondo sabías no era cierta, así que tú para no quedarte afuera, te ofrecerías a hacer los quehaceres de la casa para ayudarles un poco. Nada nuevo, pero tus planes no contemplaban lo que sucedería al llegar a Tokio.
Te bajaste del último camión que quiso llevarte y te encaminaste hacia la Pensión En , imaginando ya la expresión que pondrían sus habitantes al verte. Mas, el haberte encontrado a tu amigo en medio de la calle, sin moverse, te sacó de tus pensamientos ¿Qué demonios se encontraba haciendo él en aquel lugar, a ese hora y sin un abrigo? Así que lo llamas para averiguarlo.
Se voltea, te ve y notas alivio en su mirada. Te pregunta el por qué estas ahí, tu le contestas como si nada y luego le preguntas qué hace ahí. Lo ves frustrado. Nunca lo habías visto así y eso te preocupa, razón por la cual lo invitas a comer algo. Él acepta, te tranquilizas un poco.
Ya en el lugar él te empieza a contar todo lo que sucedió y la razón del porque estaba en la calle. Lo escuchas atentamente y miras su forma de reaccionar ante lo que te está contando. Cuando te termina de contar lo ves mal, en serio mal. Y tú, como buen amigo, le ofreces un lugar donde quedarse, después de todo traes algo de dinero encima.
Pasan esa noche en un hotel y acuerdan lo que harán de ahora en adelante, pues no lo piensas dejar solo. Y así fue como todo dio inicio para ti. Todos tus planes cambiaron ese día, todo lo que tenías contemplado que sucediera, se cayó. Ya no podías dar marcha atrás, le habías dicho algo a tu amigo y ahora lo llevarías acabo. ¡Pobre iluso! No sabes lo que te espera.
Los primeros días fueron los más pesados, los siguientes fueron relativamente fáciles hasta que lograste acostumbrarte a tu nuevo estilo de vida. Pasaron los días y todo iba "normal", a pesar de su rutina diaria, realmente no había muchas novedades, ni aún siendo mesero.
Pasó un mes y veías que tu amigo poco a poco iba siendo el mismo de antes, mas algo le faltaba, su mirada ya no brillaba igual. Respecto a esto, te formulaste algunas teorías y todas iban al mismo punto: ella. Hasta para ti era fácil darse cuenta que eso era lo que le molestaba.
Pasó otro mes y oh, sorpresa, ella reapareció, y lo mejor, en el mismo café donde tú y tu amigo trabajan. La viste entrar con aquel chico y de inmediato volteaste a ver a tu amigo. Viste celos en su mirada y lo tranquilizaste con algunas palabras. Él te miró y te agradeció y tú como buen amigo(ja, si como no) le pediste al jefe de meseros que lo enviara a él, precisamente, a atender esa mesa, donde ella se había sentado., claro, sin que tu amigo se diera cuenta.
El jefe te miro confundido y tú muy divertido le dijiste que sólo lo hiciera, que podría ser que algo interesante pasara. Supones que el jefe vio tanta insistencia en tu mirada que prefirió no preguntar y hacer lo que le sugerías. Así viste como el chico se ponía pálido al escuchar que mesa sería la que atendería.
Pálido como estaba, el chico tomo las cartas y las dejó en la mesa donde se encontraba la chica. Lo viste decepcionarse cuando ella no lo peló, es más, ni se tomó la molestia de ver quien los estaba atendiendo. Y muy en tu interior te estabas muriendo de la risa. Y para peor, esta situación se repitió varias veces hasta que la chica se digno a mirar al que los estuvo atendiendo.
Cuando lo viste, te emocionaste. Pensaste que esa era la oportunidad de que todo se arreglara pero, te equivocaste. Sólo se miraron y no hicieron nada más. Cuando tu amigo regreso quisiste disculparte mas lo viste tan feliz que las ganas por molestarlo te ganaron, y no paraste de hacerlo en todo el día. Hubieras seguido en la noche, de no ser por los difíciles problemas aritméticos que les dejó ese día su profesor de matemáticas.
Ambos se encontraban tratando de resolverlos, mas, de plano, no lograbas entender nada. Te frustraste ante esto y, sin siquiera pensarlo, gritaste de desesperación, volteaste a tu izquierda y tu amigo ya no estaba ahí: de tan concentrado que estabas no te diste cuenta de cuando se fue. Te paras ya sin ninguna esperanza y te diriges hacia la recámara que compartes con tu amigo, sobra decir que es la única del departamento.
Al entrar, lo escuchas reír. Eso te molesta y le reclamas, él te calma diciéndote lo que tiene pensado hacer y de paso te hace una pregunta incómoda que quieres evadir y que por mala suerte te hace confirmar. ¡Vaya error de su parte! Cuando lo vuelves a ver, lo notas triste, melancólico. Te preocupas. Lo llamas, tratas de que te diga algo y todo lo que logras es que te corte.
Lo ves en sus ojos, no va a hablar más de lo que ya lo hizo, así que prefieres no insistir. Apagas la luz y ambos se meten en sus futones. Tardas en conciliar el sueño mas éste no te llega. Te encuentras demasiado preocupado por tu amigo como para poder dormir.
Sacudes tu cabeza, no puedes seguir así, tienes que dormir si es que lo quieres ayudar. Sabes que no será nada fácil, pero aun así lo quieres hacer. Él los ayudó muchas veces en el pasado y ahora es tu turno de regresarle ese favor, y esta es tu oportunidad.
Caes en un profundo sueño donde ves algunas imágenes un poco bizarras y una que otra un tanto inquietante, nada que no hayas soñado últimamente. Piensas en tantas cosas en tan poco tiempo, que las mezclas todas ellas en tus sueños, dando como resultado cosas medio extremas. Al principio te asustaste pero ya luego te acostumbraste. Hasta cierto punto te es divertido tener ese tipo de sueños.
Al día siguiente te despertaste un poco soñoliento, cosa sin importancia, y empezaste con la rutina del diario. Al llegar al trabajo, con ayuda de esa chica lograste terminar los deberes a medio hacer del día anterior. Bajo otras circunstancias te hubiera alegrado sobremanera que ella te ayudara, pero, tu amigo estaba primero que ella.
Poco a poco lo viste reponerse de nuevo. Por alguna extraña razón sientes que la separación ya no le duele tanto sin embargo podrías no estar en lo correcto. Eso te da miedo porque no sabes lo que podría llegar a hacer. Sólo confías en que no pierda su cordura y en que, algún día, por fin diga lo que en verdad siente. No lo piensas presionar, eso es algo que él tendrá que decir en su debido tiempo.
Los días seguían pasando y tú lo veías raro, a veces lo veías deprimido y otras lo veías como si nada hubiera pasado. Lo podías sentir, sus sentimientos eran un caos total y él ya no podría retenerlos por más tiempo, eso, sabías que sólo conduciría a una parte. Y cuando eso sucediera, tú debías de estar preparado. No sabías como ni cuando pasaría, sólo sabías que cuando ocurriera, él necesitaría de todo el apoyo que le pudieras brindar.
Lo seguiste observando esperando ese momento, no lo deseabas, pero era inevitable y un día, ocurrió. Cuando se levantaron, lo viste triste, deprimido, y ya por experiencia sabías que esos días era mejor no decirle nada, que se recuperara él solo. No obstante, ese día, sería diferente a los demás.
Al llegar al trabajo, las cosas iban como de costumbre, saludaron a sus compañeros, marcaron su hora de llegada y tomaron las primeras órdenes de su turno. Continuaron así por un rato, bueno, casi todo el turno, pero poco antes de terminar ocurrió lo que desencadenaría su desgracia.
Se encontraba atendiendo la mesa de unas cuantas chicas, amigas entre sí, que habían ido a disfrutar de un rato de charla y de las delicias que el lugar ofrecía. Nada especial., eso pensaste tú en un inicio, pero, después notaste que una de ellas no le quitaba la mirada de encima a tu amigo. Observaste la escena por un tiempo, y notaste que no sólo ella se encontraba mirando a uno de los meseros, en este caso, tu amigo, si no que sus amigas miraban de vez en cuando a uno que otro de tus compañeros e inclusive a ti.
Te incomodaste, ya que sabías lo que eso significaba mas no te preocupaste mucho, al fin y al cabo, la política del lugar establecía que las o los clientes no podían tener un acercamiento directo con las meseras o los meseros sin la aprobación del jefe. Y eso sabías, era increíblemente difícil, por no decir casi imposible. Te tranquilizas y descartas por completo la idea que cruzó por tu mente hasta hace unos instantes pero se te olvida que últimamente la suerte no esta de su parte..
Sigues trabajando como si nada sucediera, es más, decides ya no prestarle atención a aquellas chicas ¡grave error! Si lo hubieras hecho hubieras podido impedir lo que se llevaría a cabo. Por esa decisión no notaste que una de las chicas, la que tanto veía a tu amigo, ya no estaba en su lugar, y lo notaste demasiado tarde.
Mientras atendías una orden desviaste tu mirada a la puerta de la cocina, donde viste a tu amigo y a la chica. Te paralizaste, lo que temías estaba ocurriendo. Decidiste acercarte sin que lo notaran, y aun si lo hubieran hecho tenías la excusa de la orden. Cuando estuviste lo suficientemente cerca alcanzaste a escuchar lo que la chica le decía a tu amigo. Con cada palabra tu corazón palpitaba con furor y tu respiración se detenía a momentos.
Volteas a vera tu amigo suponiendo que habría tristeza en su mirar, mas lo que viste no era tristeza. Lo que su mirar expresaba te conmocionó al punto de asustarte. Su rostro no expresaba emoción alguna, era como si no pudiera sentir nada. Y con esa misma expresión le dijo algo, que no alcanzaste a escuchar, a la chica. E inmediatamente supiste que la estaba rechazando gracias a la expresión que ésta ponía.
El hecho de que la hubiera rechazado no te preocupaba. Te preocupaba más el hecho de que mientras lo hacia, su semblante no cambiará. Lo viste fijamente y el miedo se apoderó de ti; miraba hacia la nada con una expresión perdida. Sus ojos carecían de brillo alguno, parecían muertos, e incluso en su postura mostraba la falta del deseo por vivir.
Te angustias al verlo así. No sabes qué es lo que está pasando por su cabeza. No sabes si está triste, melancólico, indiferente, deprimido, simplemente no sabes. No logras hallar su estado emocional y temes que si lo intentas, puedas empeorar las cosas en lugar de mejorarlas.
En esa indecisión escuchas que le llaman; tiene que atender una nueva mesa, lo que te recuerda el pedido que dejaste pendiente. Lo miras caminar hacia la mesa que le fue asignada. No sabes si seguir preocupado o si tranquilizarte un poco, sólo sabes que al menos el trabajo lo mantendrá distraído por un rato hasta que lleguen al colegio.
Lo que retó del turno, pasó como siempre: sin novedades. Seguiste atendiendo mesas como siempre, aunque hoy te tocó atender más de las que acostumbrabas a atender en una jornada cualquiera. De ahí en fuera, todo seguía como siempre.
Durante ese tiempo estuviste observando a tu amigo a ratos y notaste que sus labios esbozaban una sonrisa que sabías era falsa; sus ojos seguían sin expresar emoción alguna. Si la estaba esbozando era por simple imagen del café y por costumbre. Pues desde que lo conoces, siempre hubo una sonrisa en su rostro y hasta hora no conoces la razón exacta del por qué siempre esta sonriendo, tienes ideas del por qué lo hace, pero nada confirmado.
Terminan su turno sin contratiempo alguno y corren de vuelta al departamento para cambiarse a sus ropas escolares. Salen corriendo y como siempre llegan unos cuantos minutos antes de su primera clase por lo que no te da tiempo de hablar con él. Pero, ya lo harás en algún descanso, claro, si la suerte se pone de tu parte.
Pasan las horas y estás en tu última clase del día y por increíble que parezca, no encontraste un solo momento para ver a tu amiga. Es más desde que iniciaron las clases no has visto ni sus luces. Siempre que ibas a verlo algo se cruzaba en tu camino. Si no tenías que hacer esto tenías que hacer aquello y si no te entretenían con preguntas estúpidas. Parecía ser que entre más te esmerabas por ver a tu amigo, más te lo negaban así que al final terminas resignándote de verlo. Ya lo harás a la salida si algo no te lo impide.
Suena la campana de fin de clases y antes si quiera de que el profesor termine su clase, empiezas a guardar tus cosas en tu mochila sin fijarte en lo que hechas para dentro. El profesor se despide y deja el aula donde te encuentras. Estás dispuesto a seguir su ejemplo antes de que uno de tus compañeros te detenga sólo para preguntarte acerca de algo de lo que no tienes las más mínima idea: la tarea. Como puedes te lo quitas de encima y sales corriendo del salón.
Sigues corriendo por el pasillo esperanzado de encontrar a tu amigo mas no lo encuentras. Recorres medio edificio e incluso el pasillo donde sabes está el aula donde toma su última clase y no lo encuentras. Te diriges a la entrada principal del edificio; tampoco está ahí. Sales al patio y no lo ves. Llegas a la conclusión de que a lo mejor tu amigo ya se fue hacia el departamento.
Suspiras. Si sí es así, tendrás que alcanzarlo y si no, tendrás que esperarlo. Irías a buscarlo si estuvieras 100 seguro de que él ya se fue pero como no lo sabes, optas por esperarlo. Sigues caminando. La situación te frustra y la solución por la que has optado no te tranquiliza en lo absoluto y sin embargo es todo lo que puedes hacer.
Te detienes a la mitad del patio debido al presentimiento de que olvidas algo. Tratas de recordar qué es pero tus esfuerzos son en vano; sigues sin recordad nada. Te desesperas al ver la inutilidad de tus esfuerzos. Ten enfadas y prefieres continuar con tu camino, ya luego te acordarás de eso que estás olvidando. Si es algo relacionado con la tarea, ya te las arreglarás mañana y si no, pues, ya verás que haces.
Tan metido estás en tus pensamientos que no notas que tu amigo se acerca justo detrás de ti. Te das cuenta de esto hasta que él te llama. Reaccionas al instante al escuchar tu nombre y te volteas rápidamente. Lo ves parado como a medo metro delante de ti y lo notas raro. Sus ojos seguían sin expresar emoción alguna pero su expresión intentaba ocultar el hecho de que su fortaleza lo abandonaba. No sabes que decirle, las palabras no te fluyen y tu cerebro pareciera que dejaba de trabajar.
Abres la boca esperando que algún sonido salga de ella mas antes de que eso pase, es tu amigo el que habla. Te dice que quiere pasar al parque antes de ir al departamento, que necesita pensar. Lo miras entre asombrado y extrañado y como por arte de magia empiezas a hablar. Le dices que lo comprendes, aunque en el fondo sabes que eso no sea cierto puesto que sólo te puedes dar una idea de cómo se ha de sentir tu amigo. Y le das a entender que tiene todo tu apoyo. Él te mira, esboza una leve sonrisa, te da las gracias y continúa con su camino.
Lo ves marchar al tiempo de que un terrible sentido de impotencia llena tu ser. "Apoyar", eso es todo lo que puedes hacer por tu amigo en una situación como esta. Te sientes un inútil y te empiezas a cuestionar si estás haciendo lo correcto o no. Te preguntas si tomaste la mejor decisión el día que encontraste a tu amigo parado en medio de la calle sin saber que rumbo tomar. ¿Acaso no hubiera sido más pertinente haberlo llevado a su casa en lugar de arrastrarlo a la vida que ahora llevaban?
Ya no sabes qué hacer. No sabes si seguir con este juego o terminarlo de una buena vez obligando a tu amigo a enfrentar la causa de sus problemas. Si haces eso puede que todo se resuelva o que empeore. No tienes ni la más remota idea de cómo reaccionaría él al encontrarse nuevamente con ella. Y además no sabes donde pueda estar ella. Puede que siga en la pensión puede que no. Es más puede que ya ni siquiera este en Tokio.
¡Vaya dilema en el que te encuentras! Sea cual sea la decisión que tomes las cosas no mejorarán en absoluto. Lo sabes, lo mejor es no hacer nada por el momento. Algo dentro de ti te dice que hagas o no hagas nada, las cosas se pondrán aun más difíciles lo que te lleva a pensar en el encuentro que tuviste con tu amigo hace unos minutos.
La expresión de sus ojos y rostro eran incomprensibles. ¿Cómo era posible que sus ojos siguieran sin reflejar emoción alguna mientras que su rostro expresaba que ya no podía aguantar más? Todo lo que sabes es que no lo debes de seguir e irónicamente tampoco sabes por qué no lo debes de seguir.
¡Arg! Entre más piensas las cosas más complicada se tornan éstas y eso te está empezando a fastidiar. Después de todo pensar demasiado no es algo que hagas comúnmente así que mejor decides dejar de hacerlo e irte ya al departamento para preparar la cena que por cierto, no sabes que harás.
En el camino pasas por un supermercado y sin hacerte muchas preguntas entras en él. Recorres los pasillos de alimentos tomando cosas al azar. Al llegar a la caja ves todo lo que agarraste y no tienes ni la más remota idea de si los vas a utilizar o no pero aun así las compras. Llegando al departamento dejas las bolsas de la compra en la cocina y saliendo de ahí, avientas tu mochila a algún lado. Ya luego la buscarás. Por ahora necesitas de una buena ducha.
Te despojas de tus ropas antes de entrar al baño, agarras una toalla, la dejas cerca de la regadera, cierras de un portazo y enciendes la regadera. Te metes al chorro de agua que sale copiosamente de ésta sin importarte si el agua está fría o caliente. Todo lo que quieres es sentir el suave golpetear de las gotas contra tu cuerpo.
Intentas relajarte aunque sea tan sólo un poco. Presientes que la tormenta se desatará en cuanto tu amigo llegue a casa y prefieres estar relajado para cuando eso suceda. Te terminas de duchar en unos cuantos minutos. Cierras las llaves del agua y te quedas ahí parado sin hacer nada. Hay algo que te está molestando sobremanera y no estás muy seguro de que es. Tienes una vaga idea pero no estás seguro de que eso sea lo que te molesta.
Dejas escapar un pesado suspiro. Te sientes cansado y hasta cierto punto fastidiado. Ya has vivido demasiadas emociones desde que llegaste a Tokio y ahora sólo quieres olvidarte de todo. Pero por más que lo desees, eso no va a pasar. Te prometiste a ti mismo que ayudarías a tu amigo sin importar qué y lo piensas llevar acabo sin importar lo cansado o fastidiado que estés.
Sales del baño envuelto en la toalla que previamente habías dejado cerca de la regadera. Te diriges al cuarto y te pones algo cómodo. Te diriges a la cocina aún con el dilema de que es lo que vas a cocinar y después de pensarlo unos minutos decides que es lo que harás y empiezas a preparar la cena sin muchos ánimos.
Terminas al poco rato y te sientas a esperar a que tu amigo llegue. En lo que esperas no pruebas bocado alguno, no tienes hambre. Cosa extraña en ti considerando de lo mucho que gustas del comer no obstante, no te sientes con los ánimos suficientes como para comer. Durante tu tiempo de espera te pierdes en tus pensamientos y tu percepción del tiempo se vuelve nula. Lo que te parece un rato pequeño en realidad son horas y horas. Y cuando menos te das cuenta la primera estrella ya ha aparecido en el obscuro cielo y tu amigo aún no llega.
Te empiezas a preocupar y temes que algo le haya podido suceder. Te levantas y te diriges a tu habitación para agarrar una chamarra. Saldrás a buscarlo. No obstante te detienes al escuchar la puerta principal abrirse y a tu amigo diciendo que ha llegado. Tiras la chamarra y sales a recibirlo. Algo en él ha cambiado.
Mientras lo miras le dices que si tiene hambre la cena ya está lista. En lo primero que te fijas es en sus ojos y en la tristeza que éstos expresan. Ya después te das cuenta de lo sucio que está su uniforme y en la herida que muestra su puño y no lo dejas comer hasta que no hayas curado esa herida. Al terminar le sirves de cenar y te sientas frente a él.
En lo que come te empieza a decir como se ha sentido desde el día que se salió de la pensión hasta el día de hoy. Te cuenta todo, desde sus pensamientos hasta sus sentimientos y acciones. Lo escuchas atentamente sorprendido por lo que estás escuchando y sólo lo interrumpes para aclarar ciertas dudas que te van asaltando en el momento. Y cuando por fin termina de comer te pide tu ayuda diciendo que quiere cambiar, que quiere ser más abierto.
Suspiras y lo miras. Ves sinceridad en sus ojos. Te paras de la mesa y te diriges a la cocina, preparas un poco de té para ambos y tomas algunas galletas para acompañarlo. Él te reclama por que no le has dirigido la palabra desde que te pidiera tu ayuda. Lo miras con dureza y te sientas a la mesa de nuevo. Le pasas su taza de té, tomas un sorbo de la tuya y comienzas a hablar.
Le dices lo que piensas acerca de él, lo callas en una ocasión y luego le das tu punto de vista acerca de sus acciones. Le dices que siempre puso primero a sus amigos antes que él mismo y que fue por eso que se olvidó de buscar lo que para él era le felicidad. Entiendes que sus amigos y su prometida lo eran todo para él y como tales, él haría todo lo posible por hacerlos felices aún a costa de su propio bienestar. Y ese hecho fue el que lo llevo a donde ahora estaban. Le dices que ya no se debe de guardar las cosas para él mismo, que es mejor que las comparta.
Al final le terminas por decir que piense las cosas un poco antes de levantarte de la mesa y retirarte a l habitación. Al parecer él no se da cuenta de eso pues está reflexionando lo que le dijiste. Sacas tu futón y lo acomodas para después tirarte en él. Te acomodas y en pocos minutos caes profundamente dormido, tanto así que no te das cuenta de cuando entra tu amigo a la habitación.
A las pocas horas te despiertas al sentir una fuerte presencia llenar el cuarto donde estás. Es una presencia que conoces y que conoces muy bien. Te levantas abruptamente y volteas a ver a todas partes. ¿Por qué sentiste su presencia justo aquí y justo ahora? Y lo más importante es que no lo encuentras, no hay rastro alguno que diga que él estuvo ahí. Sientes el rápido palpitar de tu corazón y tu respiración se incrementa. Eso no te pasaba desde la pelea en el continente Mu.
Pero así como sentiste la presencia de ese sujeto la dejaste de sentir. Y por fin te das cuenta de que no eres el único que se ha despertado; Yoh también se ha levantado. Lo ves con la mirada gacha e instintivamente te acercas a él. Le preguntas si está bien. No te responde. Le vuelves a preguntar. Sigue callado. Lo observas fijamente y aun en la obscuridad logras ver que un par de lágrimas caen en su futón. Algo esta mal, muy mal ya que sabes que él no es de los que lloran con facilidad.
Lo vuelves a llamar y esta vez te responde, pero su respuesta te deja completamente paralizado. "Horo Horo, yo…debería de haber muerto ese día". Eso fue lo que te dijo. De inmediato sabes a que día se refiere y vuelves a sentir la presentencia del otro sujeto por un breve momento. Ya no sabes que está pasando y te preguntas ¿qué rayos es lo que va a pasar?
Fin del capítulo 7.
ojojojojo!! Ahora el turno fue de Horo Horo!! pero...x ke rayos cambie de prota?? pues muy fácil, es ke, simple y sencillamente habrá partes donde necesitare de este chico para ke vean a Yoh desde otra perspectiva y como podrán ver...no es muy buena...pero esto es el preludio para algo mayor jejejeje
pero bueno por ahora la historia se kedara en ese momento ojojojo
ya ke es hora de conocer la otra parte 0
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