*DISCLAIMER: Los personajes de la siguiente historia no son míos. Pertenecen a la creadora de todo este nuevo mundo de vampiros y lobos, Stephenie Meyer. Yo sólo he inventado una nueva aventura basándome en la trama correspondiente de los personajes de S. Meyer.
*Espero que disfruten de este capítulo :) Dejen reviews si es posible! GRACIAS!
Sara.
PD: Disculpen si el capítulo es algo largo jaja (: Voy a tratar de seguir escribiendo para poder subir los capítulos siguientes. Adios ;)
*Antes de comenzar: Las palabras en CURSIVA son FLASHBACKS de Bella.
TRAICIÓN
Estaba merodeando por los alrededores del bosque, ya era la hora.
Me dirigí al lugar donde Edward me había dicho que iba a estar hace 3 días, antes de irse a Volterra para solucionar un problema con los Volturis, no me dijo de qué trataba…es más, no quería ni saberlo. Lo extrañaba tanto… necesitaba de su aroma para poder seguir viviendo. ¿Y si le pasó algo malo?... No, en ese caso, Alice me hubiera avisado, a menos que no haya querido hacerme sentir mal. Seguro debía estar perfectamente. Ya eran las 5 de la tarde con dieciséis minutos y aún no aparecía. Habrá sido porque Alice me dijo que aparecería a las 5 y media. Estaba muy ansiosa por su llegada. Necesitaba abrazarlo. Me senté en una roca y cerré los ojos mientras lo esperaba. Mientras meditaba sentí un olor medio extraño. Abrí los ojos y desde los adentros del bosque, salieron 3 lobos gigantes, supuse que eran los licántropos de La Push. Si mi vista no me fallaba- en realidad ahora nunca me fallaba, ya que podía ver todo con claridad- eran Embry, Quil y Paul.
Intenté ser cortés y los saludé, pero al parecer les molestó algo que les hizo gruñir.
En ese momento, recordé que ahora ya no era aquella humana con la que solían pasar el rato durante esas noches en la playa de La Push alrededor de la fogata a la luz de la luna… sino que era un vampiro…lo olvidé por completo, algo extraño en el comportamiento vampírico, que ellos no sabían sobre mi transformación y deseé poder regresar en el tiempo para no haberme encontrado con ellos.
-Eh… chicos esto no es lo que parece… se lo puedo explicar todo si quieren. Edward no tuvo la culpa de nada. Ni él ni los Cullen- obviamente no se lo iban a creer pero quería que obviaran el tratado para no iniciar la tercera guerra mundial.
-Calla Bella...- dijo alguien cuya voz me sonó muy familiar. Era Jacob. MI Jacob.
-¡Jacob!– dije sorprendida
-Y yo que pensé que los chupasangres iban a respetar el tratado con los quileutes.
-¡No Jake! Te equivocas. Ellos no tenían la intención de…- intenté defenderlos pero fui interrumpida por un aullido tan fuerte que tuve que taparme los oídos.
-Tranquilízate Embry, aún no vamos a actuar... tenemos que discutirlo con Sam… él nos dirá que hacer- dijo cabizbajo.
-¡Jake, no es lo que tú crees! ¡Si no me transformaban no estaría aquí, hablando contigo!- dije para intentar hacerlo entrar en razón pero me ignoró y se dio vuelta, dándome la espalda.
-Vámonos muchachos. Lo siento Bella…
-Jac… -intenté hacer que me escuchara… pero ya se habían ido.
No. Nada marchaba bien últimamente. Primero, mi alma gemela no estaba aquí conmigo para poder resolver este problema, para ayudarme…Segundo, había decepcionado a Jacob, mi mejor amigo. ¿Por qué no fui capaz de contarle todo antes de que se enterara por su cuenta? Sabía que algo así iba a suceder dentro de poco, estaba segura. Fui una tonta. Ahora, los licántropos ya sabían sobre mi transformación e iban en marcha a Sam, para soltarlo todo. Como desearía haberles dicho todo, haberlos parado para que me escucharan, pero nada ocurrió como yo deseé... sin embargo, no sabían la razón por la cual los Cullen tuvieron que convertirme aún lo recuerdo todo clara y detalladamente…
-¡Para ya! ¡La estas lastimando! – gritó Edward desde el otro lado del campo siendo atacado por Laurent y el nuevo compañero de Victoria- Aghh!
Él era más fuerte que ambos... pero dos contra uno no era una buena idea que digamos.
Mientras él intentaba salir de los brazos de aquellos vampiros nómadas… yo estaba peleando con Victoria…en realidad, tratando de sobrevivir.
-¿Crees que eres fuerte? ¡JA! Asquerosa humana... deberías morir… ahora mismo –dijo mientras me arañaba los brazos hasta crear heridas profundas.
-Aaaaaagh! ¡Déjame en paz Victoria! ¡Yo no hice nada!- dije con un grito ahogado.
-¡No! ¡Bella!- escuché a Edward tratando de escapar de Laurent.
-Este será tu fin Isabella Swan- dijo Victoria, hundiendo sus dientes en mi cuello.
Me estremecí ante esto. Luego me golpeó contra una roca, dejándome moribunda en el suelo desangrando...
Podía escuchar la voz de mi ángel mientras dormía en aquel sueño profundo del cual no me podía despertar. Me quemaba todo el cuerpo. Mi cabeza ardía en llamas, quería levantarme pero no pude. Pasaron 3 días en el que estuve en ese infierno. La quemazón iba disminuyendo poco a poco al paso del tiempo.
-¿Bella? ¿Bella, mi amor estás bien? – escuché una voz aterciopelada llamándome. Intenté responder pero no podía, aún me dolía todo y tenía miedo.
-Déjala Edward, va a estar bien.- dijo una voz familiar, si no me equivocaba, era la voz de Alice.
-No. Me voy a quedar con ella hasta que se despierte.
-Vámonos chicos. Edward necesita tiempo a solas – dijo alguien. Parecía la voz de Carlisle.
Uno, dos. Uno, dos. Escuché varios pasos acompasados por lo que supuse que todos los vampiros habían abandonado la habitación. Ahora solo estábamos Edward y yo, aún sumergida en sueños. Sólo escuchaba el palpitar de mi corazón. Pum pum, pum pum… pero de pronto, dejó de latir. Sentí a Edward dar un grito de sorpresa. De pronto, corrió hacia la cama sobre la cuál reposaba.
-¿Bella, ya despertaste? Por favor, dime algo…
Aun no podía abrir los ojos ni articular ninguna palabra…todavía tenia algo miedo. ¿Qué es lo que había ocurrido? ¿Acaso estaba muerta? ¿Era un sueño?
-¿Qué sucede? – preguntó Alice
-Su corazón… ya no emite ningún sonido.
-Hmmm…eso significa que ya está a punto de terminar - dijo Carlisle- No hay de qué preocuparse.
-Sí -dijo Edward dando un suspiro-. Ya lo sé.
Pasaron cincuenta y ocho mil seiscientos veinte segundos antes de que acabara el fuego en mi interior. Finalmente, abrí los ojos.
-¡BELLA! Oh Bella...- dijo Edward abrazándome fuertemente- ¿Cómo te sientes?
Yo estaba confundida… pero veía todo con claridad. Las facciones de Edward eran más finas de lo que pensaba, era más que solamente hermoso.
-Umm, algo grogui... pero estoy feliz de estar aquí contigo- dije y le devolví el abrazo.
-Será mejor que los dejemos solos- susurró Alice, reconocí su voz con claridad.
-Gracias Alice- le dije algo cansada.
-No hay de qué Bella- me respondió guiñándome un ojo-. Supongo que… hablaremos más tarde.
-Por supuesto.
-En ese caso, nos vemos luego- se rió-. Bien, vámonos. No tenemos nada qué hacer aquí- dijo esto y empujó a todos fuera de la habitación de Edward y cerró la puerta.
Volví la cabeza hacia donde él se encontraba y sus ojos de color topacio, brillantes como la luz del Sol, se encontraron con los míos.
-No estoy soñando, ¿o sí? – dije sonriendo.
- Claro que no- me aseguró con esa sonrisa que no se comparaba a la de ninguna otra persona del mundo entero, y acercó su cabeza a la mía-. Te extrañé tanto.
-Yo también, más de lo que no te puedes imaginar.
Luego, deslizó sus finos labios desde mi oreja hasta mi mandíbula, aspirando una gran bocanada de aire, para percibir mi aroma, que ahora era diferente.
-Supongo que ya no huelo tan bien como antes.
-Nada de eso- me dijo tomando aún más aire-. Para mí aún hueles igual y hasta mejor, a pesar de ya no tener esa deliciosa sangre corriendo por tus venas.
-¿En serio? Pensé que ya no te iba a gustar luego de…transformarme.
-No seas tonta. Lo eres todo para mí- me dijo tomando mi rostro en sus manos-. Y lo sabes.
-Sí. Lo sé- sonreí y el se rió.
Acto seguido, puso su cabeza en mi hombro izquierdo, respirando profundamente. Bajé la mía para que mis labios se encontraran con los suyos y poder besarle. Él se percató de lo que estaba tramando, y me besó. Esta vez no fue uno de esos besos que me daba antes de ser vampiro, sino que fue apasionado. Pude sentir cuánto se había aguantado cuando era humana. ¡Pobre de él! Era por mi propia seguridad por la que nunca antes me había besado así. Cómo no me había dado cuenta. Ahora que ya no me podía hacer daño, le devolví el beso con más fuerza, crucé mis brazos alrededor de su cuello acariciando su cabello cobrizo. Ahora que no necesitaba de oxígeno, podíamos pasar horas y horas así.
-Ay, ten cuidado Bella- dijo encogiéndose de hombros- Recuerda que ahora eres un poco más fuerte que yo.
-Ups, lo olvidé. Perdóname.
-No hay problema. – me dijo con esa sonrisa reluciente y deslumbrante.
-Es solo que… necesitaba de esto hace tanto tiempo…
-Si... te entiendo. Yo también me 'moria' por hacer eso. Aunque en este caso no sería morir porque ya estoy muerto.
-Ja ja, ESTAMOS muertos.
-Si… da lo mismo- dijo riéndose
-Gracias.
-¿Por?
-Por estar conmigo todo el tiempo que estuve dormida o adormecida…-la verdad es que no sabía todo lo que me había ocurrido…y tampoco quería saberlo.
-Bella…tú sabes que no puedo estar sin ti. Eres la razón de mi existencia -me dijo mirándome a los ojos-. No podía dejarte sola en ese estado en el que te encontrabas.
-Supongo que ahora tú lo serás para mí. En realidad, ya lo eras antes de ser…- no pude mencionar aquella palabra.
- ¿Vampiro?- enarcó una ceja. Me estremecí al escucharlo.
-Si. Un vampiro- suspiré ante la mención de esa palabra. Ahora me sentía incómoda al pronunciarla-. ¿Y… qué pasará con Charlie, Reneé y los demás?...
-No te preocupes por eso ahora Bella. Ellos van a estar bien. Ya veremos qué hacer.
-Está bien- dije con la cabeza gacha, algo triste y preocupada.
-Te amo Bella- dijo Edward tomando mis manos en una de las suyas, su otra mano sujetó mi mandíbula y me miró directamente a los ojos-. Ahora tú eres mi vida.
-Tu también -dije sonriendo-. Bueno ahora que somos… ehm… vampiros, ¿quieres hacer algo?
-Tenemos toda la eternidad para hacer lo que quieras. Pero podríamos…- dijo inclinándose hacia mi con esos ojos dorados los cuales me derretían cada vez más. Ahora podía verlos con más profundidad. Edward era el ser más hermoso de todo el planeta, universo, galaxia, lo que sea. Mientras me sumergía en mis pensamientos, sentí sus labios en mi hombro, deslizándose hacia mi cuello hasta llegar a la punta de mi nariz.
-¡Edward Cullen! ¿Estás intentando seducirme?
- No creo que seducir sea el término adecuado -dijo riéndose-. Creo que 'pasar un tiempo romántico a solas con tu novia vampiro luego de haber estado 3 días sin hablarle' suena mejor.
-¿Sólo hablarle? –le dije poniendo los ojos en blanco- Hmm…
-Sabes a lo que me refiero, Bella.
-Creo que 'seducir' sigue dándole mayor sentido a lo que dije. Al menos más sentido de lo que tú dijiste.
-A veces lo que tú dices no tiene sentido, ¿sabes?- me susurró en el oído. Luego se alejó para reírse.
-¿Ah sí?... Será que soy la reina de lo absurdo- le respondí haciendo una mueca.
-No- dijo firmemente mirándome a los ojos.
-¿Entonces que soy?
-Creo que eres…-dijo mientras acercaba su boca a mi oreja- la vampira más sexy de todos los tiempos- susurró. Si hubiera podido sonrojarme lo habría hecho, pero ya no era humana.
-Oh… ¿en serio?
-¿Qué?- me preguntó con intriga- ¿No estás de acuerdo?
- La verdad es que no. ¿Qué hay de Rosalie? ¿No era ella la más hermosa de todo el mundo? – enarqué una ceja al decir esto.
-Rosalie no es nada a comparación tuya…- me susurró nuevamente con una voz aterciopelada y tierna. Lo miré sorprendida.- nunca lo fue, ni lo será.
-Esto tengo que decírselo- le dije tratando de sonar algo vengativa-. Se va a morir cuando escuche esto.
Me levanté de la cama rápidamente. Me dirigí a la puerta pero Edward se paró frente a mí bloqueando mi paso.
-¿A dónde crees que vas Isabella Marie Swan?- entrecerró los ojos.
Enarqué una ceja.
-¿Desde cuándo me llamas Isabella?- dije retándole
-Desde hoy. ¿Te molesta?- dijo y se cruzó de brazos- Si sales de esta habitación te juro que te llamaré Isabella por toda la eternidad.
Fruncí el ceño. No soportaba que alguien me llamara Isabella. Suspiré.
-¡No! Está bien… me quedo. ¿Pero qué tiene que le diga a Rose lo que dijiste?
-No es eso, si quieres se lo dices después.
-Entonces… ¿por qué no quieres que vaya ahorita?- dije confundida.
-Porque te quiero a mi lado, pasaron 72 horas sin que pudiera hablarte y ¿ahora quieres separarte de mí?- me susurró al oído. Luego descendió sus labios hasta la base de mi cuello...
-Edward… no me iba a ir, solo iba a bajar las escaleras, decir 6 palabras y luego volver. Pero si no quieres que me vaya. Está bien, me quedo- dije mirándole a los ojos con su cabeza en mis manos- No te voy a dejar nunca…te amo, ¿entiendes?
-Si. Claro que entiendo.
Dijo eso y acercó sus labios a los míos, yo me puse en puntas para poder besarle, poniendo mis brazos alrededor de su cuello. Estaba intentando no dejarme llevar por mis hormonas para no herirle. Luego, me sostuvo en sus brazos - ya no los sentía tan helados como antes- y me llevó a la cama, donde había estado dormida por un poco más de 3 días, él encima de mí aún besándome en los labios. Todo esto me hacía sentir mareada, pero me gustaba. Después, se desabotonó la camisa y me besó mientras deslizaba una de sus manos por mi cuerpo. Perdí la noción del tiempo mientras sucedía todo esto. Algo que sí sabía es que no quería que acabara nunca…
-Había deseado tanto este momento… –dije recostada encima de él, con mi cabeza en su pecho musculoso.
-Yo también- me susurró y beso mi cabello.
-¿Crees que algún día nos aburramos de esto?
-No lo sé…si me aburro de ti, entonces buscaremos otras cosas más interesantes que hacer, ¿no crees? – dijo soltando una risa.
-Ja ja muy chistoso.
-Era una broma. Nunca me aburriría de ti, cariño- me dijo con esa voz tierna y dulce que siempre lograba su objetivo… persuadirme.
-Gracias. Eso era lo que necesitaba escuchar. Yo tampoco me voy a cansar de ti. Nunca.
-No hay de que. Ya sabes que te quiero.
-Si.- dije y le besé en los labios. Él me devolvió el beso, me levanté para seguir besándole, pero ya era de día. Había muchas cosas que hacer. Así que ahí termino aquella experiencia maravillosa que había ansiado tanto.
Edward se levantó de la cama, se vistió y me puso en sus brazos.
-¿No crees que es hora de hablar con los demás?- dijo sonriendo- Alice se debe estar muriendo de curiosidad por saber cómo te sientes.
-Oh, cierto. Vamos.
Me soltó de sus brazos y me colocó en el suelo de pie para poder vestirme. Luego, salimos de la habitación para reunirme con mi nueva familia…
¿Qué se supone que tengo que hacer ahora que Jacob sabe mi secreto? ¿Debía huir? Estoy en serios problemas. Una vez que Sam y la manada se enteren sobre mi situación actual, me odiarán por romper el tratado con los quileutes. Pero, ¿cómo Jacob se había percatado de que me habían transformado? Es decir, qué hacían en el bosque, ¿acaso sabían que iba a estar ahí?, tal vez esperaban a otra persona…pero ¿a quién?
Recordé, en esos momentos, que los licántropos de La Push nunca venían a Forks y menos al bosque. Alguien les había informado sobre la 'traición' de los Cullen. Debía averiguarlo.
De pronto, escuché la voz de alguien a pocos metros de distancia llamándome. Fue fácil para mí reconocerla. Era él, había vuelto.
-¿Bella? ¡Oh, Bella! – dijo Edward dirigiéndose rápidamente hacia mí.
- Bienvenido de vuelta Edward – le respondí, corriendo hacia él para poder abrazarlo-. Te extrañé tanto.
- Yo también mi amor – me susurró en la oreja – No sabes cuánto necesitaba de ti. Creo que el sentir tu olor me calma un poco – dijo mientras inspiraba el aire que nos rodeaba profundamente.
- A mí también me pone mejor que tú estés conmigo. – le respondí, abrazándole aún más fuerte que antes.
Él inclinó su cabeza y tomó mi rostro en sus manos, sentí su nariz deslizándose por mi cuello hasta mis mejillas y luego moví mi cabeza para poder besarle. Edward me besó dulce y tiernamente. Tuve cuidado de no herirle. Había extrañado tanto esto…deseé que no acabara pero luego me acordé del asunto que tenía que ser resuelto lo antes posible, así que fui yo la que paró el beso esta vez.
-¿Sucede algo? – dijo sorprendido.
-Ehm, sí… Es algo muy grave.
-¿Qué pasa? No me digas que mis hermanos te hicieron algo, te juro que…
-No, no. Tiene que ver con Jacob…
-¿Jacob? ¿Acaso te volvió a besar? Ese perro me las va a pagar…
-¡Edward, para!
-Entonces, ¿que es lo que tienes?
-Lo que pasa es que…- tomé gran cantidad de aire para pronunciar las otras palabras - los licántropos ya saben sobre mi transformación.
-¿C-como? ¿Cuándo paso esto? – dijo con los ojos abiertos de la sorpresa.
-Lo siento, Edward. Soy una tonta por no esconderme…lo olvidé por completo. – si hubiera podido llorar en ese momento, lo hubiera hecho, pero estaba 'seca' por dentro.
-Bella… tú no tuviste la culpa de nada. No seas boba. – me dijo con esa voz que siempre me persuadía.
Luego, me tomó en sus brazos y nos sentamos en una roca. Me miró a los ojos y me sonrió. ¡Cuánto había extrañado esa sonrisa tan hermosa! Lo miré extrañada. ¿Por qué sonreía? ¿Había hecho algo que le causó gracia?
-¿P-p-por qué estás feliz? ¿No deberías estar preocupado? – le pregunté dubitativa.
-No estoy feliz.
-¿Eh? ¿Acaso intentas volverme loca?
- No.
-Genial- hice una mueca.
-Estoy intentando hacerte sonreír, pero veo que no funciona.
-¿A qué te refieres?
-Me he dado cuenta de que sonríes cuando yo sonrío-dijo riéndose-¿o me equivoco? No es muy complicado de entender.
-Obvio que entiendo, tonto-dije con poniendo los ojos en blanco-. Y no, no te equivocas; pero, no sé, no tengo ganas de reír en este momento.
-Mmm, claro. ¿Y bien…?
-¿Qué?- dije enarcando una ceja
-Dime cómo sucedió lo que me acabas de contar Bella…
-Ah, claro lo había olvidado…
-Estás muy olvidadiza últimamente…-dijo frunciendo el ceño- algo raro en alguien como nosotros. Me pregunto si…
-Lo sé- le dije interrumpiéndole-. Tampoco entiendo eso.
-Bueno, después hablaremos de ello. Ahora dime, ¿Qué fue lo que pasó?
Le conté a Edward todo lo que sucedió mientras estuve en el bosque, sobre los licántropos, la supuesta traición y mi teoría. Se quedó callado por unos minutos y yo observé el cielo. Era una mañana nublada como siempre. Parecía que iba a llover, la verdad es que no me sorprendería si pasara eso.
-Entonces, ¿dices que los quileutes saben sobre tu transformación porque Jacob y los demás te vieron en el bosque, y que ahora se van a vengar por romper el tratado? Y sospechas que alguien les dijo de que eras vampiro, ¿para vengarse también?
-Exacto.
-Mmm, bueno casi todo tiene sentido-dijo algo vacilante.
-¿Casi?
-Sí. ¿por qué alguien querría vengarse de nosotros? – me respondió pensativo.
-No lo sé. Eso es lo que estaba pensando. ¿Tienen enemigos escondidos en alguna parte?- dije en tono de broma.
-No. A menos que animales como los pumas y osos pardos hayan hecho un pacto para matarnos- dijo riéndose.
-Tal vez se pueden comunicar con los lobos, ya sabes… telepatía animal- dije encogiéndome de hombros.
-¿Resulta que ahora los animales también tienen poderes?
-Quien sabe…-dije sonriendo-de repente existe la hormiga atómica pero está escondida por miedo a unos vampiros 'vegetarianos'. Me pregunto quiénes la habrán asustado…- le dije sarcásticamente.
-¿Drácula y sus secuaces?
-Sí. Claro- respondí rodeando los ojos.
-Logré hacerte reír un poco, ¿viste? – dijo en tono triunfante, alzando ambas cejas.
-Parece que ganaste esta batalla, Edward Cullen- le respondí con los ojos entrecerrados.
-Yo siempre gano, Isabella Marie Swan futura señora Cullen- dijo sonriendo.
-Seguro que sí. Hmm, esto me huele a algo… ¿quieres apostar?
-Depende. Si es algo irracional entonces no…
-Nada irracional.
-De acuerdo.
Me detuve a pensar unos pocos segundos para elegir un buen reto. Luego se me ocurrió uno bueno, al cual no se negaría y aceptaría. Si no hubiera sido una muda mental, tal vez ya hubiera leído mis pensamientos y mis planes siniestros. Le debo muchas a mi mente.
-¿Crees que puedas llegar más rápido a casa que yo?- dije enarcando una ceja.
-¿Crees que me vas a ganar?-dijo burlándose-. Ja ja, estás loca.
-¿Por qué no probar mis talentos vampíricos de neófito?- me encogí de hombros- ¿O es que no quieres apostar porque sabes que vas a perder?
-¿De que hablas?
-¡Oh, ya veo!... ¡Edward Cullen tiene miedo!- dije en voz alta retándole.
-Está bien. Apostemos. Ya verás que te voy a ganar- dijo haciendo una mueca.
-Eso piensas...- puse los ojos en blanco- Ya verás tú.
-Y bien, ¿qué es lo que quieres apostar?
-Si yo gano…- dije mientras pensaba en algo, tenía que ser una propuesta buena-. OH- Recordé que en una semana y 3 días iba a estar vestida de blanco al lado de Edward en aquella situación que tanto detestaba-. Guau, faltan sólo 10 dias…
-9 días con 5 horas y 42 minutos para ser exactos- dijo mirando su reloj.
-Entonces… -lo miré a los ojos para tratar de ponerlo algo nervioso- si yo gano… tendrás que devolver todas esas cosas porque pospondremos el casamiento-le dije con una mirada amenazadora.
-Hmm…- le tomó menos de un minuto responder firmemente y seguro de sí mismo- Acepto.
Fruncí el ceño y un extraño sentimiento invadió mi ser. Remordimiento tal vez. ¿Es que algo iba mal en su cabeza de casi 108 años? ¿Me iba a dejar salirme con la mía después de todo? ¿Por qué estaba seguro de que iba a ganar la apuesta? Es decir, los neófitos somos mucho mejores que los vampiros de millones de años luz. ¿Acaso se había arrepentido de ser mi esposo? ¿O quería hacer todo lo posible por hacerme feliz y dejar de lado el matrimonio para no sentirme mal?
-¿Bella? – pronunció mi nombre cariñosamente-. ¿Te ocurre algo?
-No…nada. Sólo me preguntaba el porqué de tu seguridad -hice una pausa-. Se supone que soy mejor que tú en muchos aspectos en este momento.
-Debes primero ver algo para creerlo, ¿no crees?
-Ah, claro. Ahora me vienes con refranes.
-Ver para creer, Bella.
-Esta bien, hagamos esto de una vez-rodeé los ojos-. Ya sabes, si gano tendrás que organizar tu agenda otra vez.
-Y si yo gano, nos casaremos el viernes por la tarde- viernes…hoy estamos miércoles eso me dejaba 2 días para… ¿de qué me preocupo? Era obvio que le iba a ganar… así que no había problema, era imposible que perdiera-. ¿Te parece?
-Sí.
-En ese caso, la mejor de las suertes para ti, mi amor - me dijo tomando mi rostro en sus manos apoyando sus labios en los míos. Le devolví el beso tiernamente y luego me detuvo para poder empezar la carrera- ¿Lista?
-Pues, claro que sí. Ah y suerte también eh- le dije guiñándole el ojo. Ambos nos reímos.
-Gracias- sonrió y se colocó en posición para correr-. En sus marcas…
-Listos- dije rápidamente. Estaba apurada. No veía la hora de ver su cara luego de haber perdido. Él se rió y, en menos de medio segundo, pronunció la última palabra…
-¡FUERA!
Y empezamos a correr. No sabía a qué velocidad iba, la verdad es que ni me importaba…120 km/h…180…lo único que debía hacer era ganarle.
No lo veía por ningún lado. Tal vez se había quedado atrás. No podía desconcentrarme, así que corrí en medio del bosque como un guepardo escabulléndose entre los árboles a una velocidad indefinida hasta llegar a mi destino, la casa de los Cullen.
Y bien, ¿qué opinan? :O
