*DISCLAIMER: Los personajes de la siguiente historia no son míos. Pertenecen a la creadora de todo este nuevo mundo de vampiros y lobos, Stephenie Meyer. Yo sólo he inventado una nueva aventura basándome en la trama correspondiente de los personajes de S. Meyer.

*Espero que disfruten de este capítulo :)


VENGANZA

Mientras me escabullía entre los árboles a la velocidad de la luz, estaba pensando en cómo pondría el rostro Edward al perder la apuesta. Teniendo que devolver el anillo de… compromiso – me estremecí ante la mención de esa palabra. Pensar en ello solo me traía malos recuerdos de mis padres-, Alice cancelando, o más bien, posponiéndolo todo… y una Bella feliz viviendo al lado del vampiro más hermoso del mundo. Sonreí mientras me imaginaba todo eso. Aspiré el aire fresco profundamente. Ya habían pasado cerca de 24 minutos desde que empecé a correr y no me sentía para nada cansada. Faltaba poco para llegar a casa.

Andaba dando pasos largos y uno que otro salto. Tarareaba mi nana en mi mente para tener algo en que pensar. ¿Cuánto tiempo habrá invertido Edward en componerla? La verdad es que nunca le había preguntado eso… y ahora me llamaba la atención. Para cuando terminé de cantarla por tercera vez, ya estaba a 4 minutos de la casa.

Era extraño, podría sentir su olor cerca de mí, seguro estaba corriendo más rápido para poder pasarme, pero no lo iba a lograr. Entonces, aumenté un poco la velocidad y me percaté de que alguien estaba sentado en la rama de un árbol que daba vista al río. Entrecerré los ojos para poder apreciar bien su figura y me quedé estupefacta.

-Oh…por…Dios… -dije casi sin voz- ¿Pero cómo…?

Ese alguien giró hacia mí y me sonrió. Era Edward.

-Vaya, sí que tardaste –dijo mientras se bajaba del árbol. Caminó hacia donde yo me encontraba y volvió a sonreír. Yo estaba helada, no podía articular ninguna palabra. ¿Yo había perdido?- ¿Te ocurre algo, Bella? – me preguntó preocupado.

-No…Digo, sí –dije alterada- ¿Cómo es que sucedió esto? Soy más rápida que tú.

-Eso ya lo sé -¿Es que quería volverme loca?- Tal vez… tomé otro camino –me dijo encogiéndose de hombros.

¿Edward hizo trampa? ¡Cómo deje pasar esto de largo! Era obvio que en su cerebro de más de un siglo de antigüedad iba a estar registrada otra ruta más corta, un atajo. Con razón estaba tan seguro. ¡Con razón que no pude sentir su olor!

-Hiciste trampa…

-No.

-Claro que sí –dije con los ojos entrecerrados-. ¡Tomaste un atajo! Eso es injusto.

-A decir verdad, Bella, tú nunca dijiste nada sobre no poder ir por otro lado cuando me retaste –me dijo sonriendo-. No diste ninguna regla.

De pronto, me di cuenta de que él tenía razón. ¿Cómo se me pudo pasar por alto algo así? Era de suponerse que Edward iba a analizar cada palabra que yo decía hasta encontrar algo que le iba a poder ayudar, en este caso: mi completa indiferencia ante las reglas del juego.

-Soy una tonta… -dije y caí al suelo escondiendo mi rostro en mis dos manos- Una completa tarada.

-Bella… -sentí sus dedos fríos intentando separar mi cabeza de mis manos, pero me resistí. Estaba molesta. Muy molesta. El haber perdido significaba que en 2 días me iba a… casar.

¿Por qué todo me iba mal?

Luego, Edward me atrajo hacia él envolviéndome con sus brazos y me colocó sobre su regazo.

-Bella...-no respondí- ¿Bella?

-¿Qué? –dije con la cabeza aún escondida.

-No te pongas así, no es el fin del mundo, amor –dijo tiernamente

-¿Ah no?.. Bueno casarse antes de los 20 años con un vampiro para tener un anillo de 100 kilos en mi dedo de la mano derecha por toda la eternidad y soportar pasar en medio de todos en la iglesia con un vestido blanco, maquillaje, zapatos taco aguja y un ramo de flores no es para nada bochornoso.

-No sabía que esa era tu idea del matrimonio –dijo algo desganado. Parecía que lo que había dicho lo puso triste. Levanté mi cabeza para comprobarlo. Edward estaba mirando hacia otra dirección. Puse mi mano en su hombro.

-Perdóname, no quería hacerte sentir de esa manera –de inmediato, él volteó su rostro hacia mí, mirándome a los ojos.

-¿Entonces por qué no quieres casarte conmigo?

-No lo sé… -desvié mi mirada hacia otro lado y tomé su mano.

-¿Cómo que no lo sabes? –me dijo entrecerrando los ojos.

-Es que… no quiero que piensen que hago esto por capricho. No es muy común casarse a los 18 acá, ¿sabes?

-Ah, es por eso…

-¿Eh?

-Por lo que la gente diga o piense de ti.

-Pues, creo que sí… y tengo algo de miedo –pronuncié la última palabra casi sin voz.

-¿Miedo de qué?

-De lo que piensen mis papás.

No me respondió. Se quedó pensando por unos minutos. Mientras él meditaba, yo dibujaba trazos en la palma de su mano. Sólo quedaban 2 días para ser su esposa. ¿Por qué la mayoría de mujeres se alegra cuando les proponen matrimonio? Para mí no era más que firmar un papel y usar anillos.

-¿En realidad nos tenemos que casar este viernes? –le pregunté.

-Un trato es un trato, Bella –dijo esto y giró su cabeza hacia mí. Nuestros ojos se encontraron nuevamente-. No sé qué es lo que pasa por esa cabecita tuya, pero yo quiero que seas mía para siempre, ¿no lo entiendes? Te amo más de lo que alguien podría amar a alguien, Bella.

-Claro que lo entiendo y sé que me amas. Yo también te amo y te voy a amar por toda la eternidad, pero el matrimonio no es algo que estaba en mi lista.

-Pues será momento para que lo agregues –me susurró en el oído sacando algo de su bolsillo. Era el anillo de compromiso. Oro puro. Muy brillante a pesar de que no había salido el Sol- Le perteneció a mi madre. Mi padre se lo dio en un momento igual a este.

-Es… muy lindo, Edward –le dije

-Y ahora será tuyo, amor –me respondió. Acto seguido se paró, dejándome de pie en el suelo. Luego, se arrodilló y tomó mi mano.

-Oh diablos… Edward no tien… -intenté reclamarle pero me calló.

-Shh Bella. Si me voy a casar contigo, entonces tiene que ser de la manera tradicional.

-Pero solo tenías que poner el anillo en mi dedo. ¿Qué tanto te costaba hacer eso?

Me ignoró completamente para proseguir con su proposición.

-Isabella Swan, juro que te amaré por siempre y para siempre, hasta que se acaben nuestras vidas, ya sea en 100, 200, 500, 1000 o un millón de años. ¿Me aceptarías como tu esposo para estar juntos por toda la eternidad? –me dijo mirándome directamente a los ojos con el anillo en su mano a punto de ponerlo en mi dedo. Lo dijo tan tiernamente que era imposible decirle 'No'. Además, él me amaba y yo a él, ¿por qué arruinarle un evento tan importante como este?

-Pues… -dije dejándolo un poco con la intriga- claro que sí –y colocó el anillo en su lugar- Te amo –dije esto y se puso de pie. Me abrazó fuertemente y yo acerqué mi rostro al suyo para poder besarle, fue uno de los besos que tanto me gustaban. Tierno y apasionado.

-Gracias –dijo sonriente- pensé que…tal vez ibas a decir no –dijo y se rió.

-¿Cómo pudiste creer eso? –dije frunciendo el ceño

-No lo sé –me respondió con la mirada perdida- Por miedo.

-Pues, sí tengo miedo. Pero… -sostuve su rostro en mis manos y le miré a los ojos- si esto te hace feliz, entonces me caso contigo cuando quieras.

-Estoy siendo muy egoísta… -desvió la mirada.

-Edward… yo he sido egoísta muchas veces más que tú. Es tu turno ahora.

-Eso suena a venganza –rió y se relajó un poco.

-Llámalo como quieras –dije rodando los ojos.

-Bueno, viernes entonces –me miró de nuevo y yo suspiré. Estiré mi mano para apreciar el gran anillo de oro que llevaba en mi dedo.

-Sí. Viernes.

-De acuerdo.

-Pero, solo tenemos 2 días para planear todo. ¿Cómo es que... –intenté preguntarle pero me interrumpió.

-Ya está todo planeado, Bella.

-¿Ah? –dije frunciendo el ceño

-Si. Hace como 1 semana atrás –sonrió. Yo me quedé pensativa y me acordé de cierta personita que estaba metida en todo.

-Alice… -dije poniendo los ojos en blanco.

-Exacto.

-Genial… -suspiré haciendo una mueca. Edward acercó su rostro al mío y puso su cabeza en mi hombro- y… ¿a dónde vamos a ir de luna de miel?

-Aún no lo sé. Y aunque lo supiera, no te lo habría dicho.

-O sea que la novia no puede enterarse de nada, ¿ni siquiera de su viaje?

-No. Nada.

-Esto cada vez se pone mejor ¿sabes? –le dije sarcásticamente. Él se rió.

-Te amo –me susurró en el oído.

-Yo también –me volteé para mirarlo. Su rostro estaba a la altura del mío. Le sonreí y él se acercó para besarme. Deslizó sus manos desde la punta de mis dedos hasta la base de mi cuello. Sentí su la punta de su lengua rozar con mis labios lentamente. Luego, me tomó de la cintura y me puso encima de él, descansando sobre su pecho. Sentí sus manos acariciando mi espalda, hasta que se toparon con la parte inferior de mi camiseta. Pude percibir sus dedos fríos levantándola, deslizándose por mi piel. De pronto, se alejó de mí bruscamente dejándome sobre su regazo.

-¿Qué sucede? –lo miré extrañada.

-¿No hueles nada? –dijo con los ojos entrecerrados. Miraba a todos lados. Le hice caso y aspiré un poco de aire. Era un olor insoportable.

-Oh

Edward seguía como loco mirando a todas vez podíamos sentir ese olor más cerca. Pude escuchar pisadas.

-¿C-crees que sean e-ellos? – le pregunté preocupada.

-Tal vez. Lo más probable es que sí –me dijo mirándome a los ojos.

-No… -dije alterada.

-No te preocupes, no estás sola.

Luego, nos pusimos de pie. Edward me abrazó e intentó calmarme. Pero no podía, no si lo ponía en peligro por mi culpa. De repente, pudimos ver a alguien acercándose a nosotros, en realidad no era un humano, sino un… lobo, uno de los licántropos.

-Aunque sea no vinieron todos, por lo que veo –dijo Edward silenciosamente.

No le respondí. Tenía mi mirada fija en aquél lobo para poder saber quien era. Su color de pelaje era algo marrón, del color de la arena.

-Es Seth…- le susurré a Edward. Pues sí, era Seth. Estaba caminando muy despacio, parecía herido o algo por el estilo.

-Me pregunto por qué habrá venido solo.

-No lo sé. Es raro que el se separe de los demás –aún manteníamos nuestras miradas fijas en Seth, estaba muy cansado y se estaba tambaleando. Pasaron cerca de 2 minutos y cayó rendido al suelo del bosque.

Edward y yo corrimos hacia él rápidamente. Apenas lo vimos notamos que estaba sangrando. Mi garganta me ardió en esos momentos.

-No respires, Bella –me ordenó Edward -. Seth, ¿me oyes?

-Q-que t-t-al vi-e-ej-jo. H-hola B-bella –dijo y en seguida empezó a toser. Sus patas traseras estaban fracturadas, tenía mordidas en sus orejas, en todo el lomo y en la cola. Había sangre por todos lados.

-¿Qué es lo que te pasó? ¿Dónde están los demás? –le preguntó Edward

-V-vine so-lo… me e-esca-p-pé, p-pero no r-resul-t-tó como yo q-q-uer-ría

-¿Cómo que te escapaste? ¿Qué es lo que ha sucedido? –dijo mi prometido preocupado.

-S-sí. Me f-fui p-para d-decirles q-q-que dent-tro de p-poco v-van a ven-nir –dijo agonizando.

-¿Van a venir? ¿Quiénes?

-T-tod-dos…

-¿Pero por qué?

-P-por venganza –dijo esa última palabra claramente y dejó de respirar.