*DISCLAIMER: Los personajes de la siguiente historia no son míos. Pertenecen a la creadora de todo este nuevo mundo de vampiros y lobos, Stephenie Meyer. Yo sólo he inventado una nueva aventura basándome en la trama correspondiente de los personajes de S. Meyer.

*Disculpen por demorarme en subir el siguienta capítulo, he estado ocupada por exámenes, trabajos, etc. del colegio :X En fin, ojalá que les guste.

Sara.


PRIVACÍA

¿Por qué tuve que ser transformada? Qué mala suerte tengo, ahora toda mi familia está en peligro.

Seth herido. Los licántropos con sed de venganza. Yo el punto de origen de todo este asunto, guau. ¿Qué más puedo pedir?

-Homerun! –dijo Emmett mientras veía la televisión.

-Ja! Te lo dije –replicó Seth. Al parecer ya estaba bien del todo. Solo que aún tenía algunos huesos fracturados.

-Suerte de principiante.

-Soy lo que quieras, menos un principiante, viejo.

Emmett y Seth seguían discutiendo sobre el partido de béisbol entre dos equipos que ni siquiera sabía que existían y apostando, mientras que yo estaba apoyada contra la ventana meditando. Aún estaba preocupada. ¿Qué pasará cuando lleguen los lobos? No quiero ni saberlo…

-¿Sucede algo, amor? –dijo aquella voz aterciopelada que siempre me hacía olvidar de todos mis problemas internos. Giré y puse mis brazos alrededor de su cintura. Me sentía protegida, como si fuera una niñita abrazando a su peluche favorito por miedo.

-No…-dije algo confusa- bueno en realidad sí, pero…

-¿Pero? –me respondió con su cabeza apoyada en la mía.

-No lo sé. –suspiré profundamente.

-Cuéntame lo que te pasa, Bella –me dijo tomando mi rostro en sus manos mirándome a los ojos- no quiero que te pongas así o peor aún, que te deprimas por algo que no tiene importancia.

-¿Que no tiene importancia?...¡¿Que no tiene importancia?! –protesté apartándome de él- ¿Qué diablos te pasa por esa cabeza tuya Edward?

Los demás centraron su vista en nosotros, nos miraban sorprendidos

-Calma, cariño –me dijo tomándome en sus brazos –. Mejor vayamos a otro lugar más privado.

-Lo que sea… -hice una mueca

Dije esto y ya estábamos en su cuarto, ni habían pasado 3 segundos de mi existencia. Su habitación… ¡Vaya privacía!

-Si a esto lo llamas privado… -puse los ojos en blanco.

-En realidad, sí. Ellos nunca vendrán, saben que necesitamos hablar de algunas cosas.

-Algunas es poco…

-Exacto –respondió y me dejó parada en el piso –ahora vuelvo.

Edward se dirigió a su armario. Yo me quedé quieta. ¿Qué querrá ahora? Me pregunté.

Como aún no volvía, empecé a dar vueltas alrededor del cuarto, mirando cosas, CDs, fotos y de pronto vi un libro que me llamó la atención. Estaba fuera del estante. Era algo viejo y tenía un poco de polvo encima. Lo limpié y leí el título.

-'Mitos y verdades de los licántropos: Orígenes y características' –dije en voz baja, pero Edward logró escucharme.

-¿Bella? ¿Qué haces? –me preguntó y se colocó en mi lado. Levanté la vista y fruncí el ceño.

-Veo que no soy la única que está preocupada sobre esto, ¿a que no? –le dije poniendo el libro a la altura de su cabeza para que lo pudiese ver.

-No es nada, Bella. –replicó quitándome el libro.

-¿Desde cuándo tan interesado en historias de lobos tú? –lo miré extrañada.

-No sé, quise investigar un poco –dijo algo avergonzado, cabizbajo- ¿acaso está mal?

-Umm, creo que no… a cualquiera le puede despertar esa curiosidad de la noche a la mañana – le dije sarcásticamente.

-Bella…

-Olvídalo. –rodeé los ojos

-Ya te dije que no es nada –insistió y me tomó las manos- No nos va a pasar nada, estoy aquí contigo y siempre lo estaré. Te protegeré durante toda la eternidad, sea lo que sea, ¿comprendes?

-Sí… Sí. Claro que sí.

-¿Qué te pasa ahora?

-Veo que no me entiendes Edward… -puse los ojos en blanco- Estamos a un paso de ser aplastados por una banda de hombres lobo y tú con tus cursilerías.

-No son cursilerías, Bella… Es la verdad –me respondió. Yo estaba furiosa.

-¡Ay, ya cállate Edward! Mejor no digas nada

-Pero, ¿por qué el miedo? –dijo y me abrazó- Ya te dije que estoy aquí para cuidarte. Nada nos va a suceder.

-Ya lo sé. –apoyé mi cabeza en su pecho de mármol- Pero no es solo lo que nos pueda o va a pasar a nosotros, sino lo que les pueda pasar a… -no pude terminar la frase.

-A… Jacob?

-Sí. A Jacob y a todos los lobos. –dije con desgano.

-Mi amor, sé que estás preocupada, pero si estamos todos no creo que se desate la tercera guerra mundial.

-¿De qué hablas? –fruncí el ceño

-Bella, nosotros nunca dañaríamos a los que tú amas. Ni aunque fueran nuestros peores enemigos –me dijo tiernamente mirándome directamente a los ojos- Nunca en mi vida te haría daño. A pesar de que ya lo hice…-puso cara de sufrimiento- pero no lo voy a volver a hacer. No cometeré los mismos errores estúpidos. Porque eso es lo que son… estúpidos.

-Pero, ¿acaso ellos no nos pueden atacar?

-No lo sé, no te aseguro nada.

-Son capaces de matarnos. Nos doblan en número.

-Sí. Ya sé eso.

-¿Y qué pasará cuando nos encontremos con ellos? ¿Crees que quieran hablar sobre este horrible malentendido?

-Tal vez, debemos encontrar la manera de hacer que nos escuchen. Aún no sé cómo. Pero, de repente Seth nos pueda ayudar en algo.

-¿Qué? ¿Vamos a arriesgar la vida de Seth por las nuestras? –le grité- ¡Estás loco!

-Tranquilízate, Bella. No vamos a sacrificar, por así decirlo, a Seth. Lo que trataba de decirte es que él podría hablar con ellos para calmar la situación.

-Pero, Seth se escapó de la banda. Lo más probable es que ellos lo quieran matar también. Por traicionarlos –le dije seriamente- ¿No lo crees?

-Sí. Por eso estaba leyendo ese libro –señaló el libro que había encontrado antes- Tiene las características del comportamiento de los licántropos. Y. según lo que he leído, no creo que sean capaces de matar a alguien de su propia raza.

-Eso espero…. No quiero que nadie vuelva a salir lastimado por mi culpa, Edward –dije mirando al suelo.

-Nadie va a salir lastimado, Bella –se acercó a mí y tomó mi rostro en sus manos perfectas.

-¿Prometido? –lo miré a los ojos.

-Te lo prometo –sonrió y rozó mis labios con los suyos apasionadamente. Era tan tierno y cariñoso cuando besaba, por eso y por muchas cosas imposibles de nombrar, Edward era perfecto.

-Gracias –le dije mientras él deslizaba sus suaves dedos por mi rostro-. Te amo.

-Yo también, mi amor –me respondió dulcemente y nuestros labios volvieron a unirse -. ¡Ah! Y no creas que todo esto de los lobos me ha hecho olvidar de lo que tenemos pendiente.

-¿Qué cosa? –le pregunté confundida.

-No te hagas la tonta, Bella.

-En serio, no te entiendo, Edward. ¿De qué me hablas?

Tomó mi mano derecha y me mostró que llevaba puesta esa sortija de oro con un diamante.

-Genial, siempre malogrando el momento perfecto –hice una mueca. Edward se rió y acercó sus labios a mi oído.

-Nuestro matrimonio, Bella –me susurró- ¿Qué esperabas? Sólo nos quedan 2 días. Recuérdalo.

-Claro que sí. No pienso hacerte pasar el ridículo dejándote plantado en el oh-tan-grandioso-altar…-hice una pausa larga- o tal vez sí –enarqué una ceja.

-Eres de lo peor –se volvió a reir.

-Ya me lo habían dicho, no creas que eres el primero en hacerlo –entrecerré los ojos.

-Ja ja, mi prometida es una vampiro amenazante. Eso es sexy

-No tan sexy como tú –rodée los ojos. Edward no paraba de mostrar esa sonrisa deslumbrante en su rostro.

-2 días más y serás oficialmente mía –me susurró en el oído y luego me besó.