Fic de: Yatten Katsuya Kaiba

Idea original de: Yatten Katsuya Kaiba

Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no son míos… sino que pertenecen a Takehito Inoue y a sus respectivos socios… este es un trabajo hecho de fan para fans… sin fines de lucro…

Aviso: Esta Historia contiene género Yaoi… es decir relación Hombre x Hombre… si eres Homo fóbico / ca no sigas leyendo… no me haré responsable… estás avisado / a…

Dedicado: Todos los fic de Slam que escriba sobre esta pareja estarán dedicados en esencia a mi amiga de la infancia Anna Kyoyama.

Notas de Autor: Este fic lo escribo sola, sin la ayuda de Anna. No tiene nada que ver con el Fic la Misión, me demoraré más en actualizar, debido a que me meto en otro fic sin tener los otros listos, espero que este resulte más corto que La Misión. Tendrá los mismos personajes pero en otros papeles.

Nombre: Adicto a tus besos

Capítulo: El después de Vernos

-. Disculpe, déjeme ayudarle – aún no se daba cuenta de quién estaba frente suyo, así no aguantando más le haría saber.

-. Do'aho – oh… cuánto tiempo sin decirle así, aunque su voz había sonado mucho más cariñosa de lo que había previsto.

-. Kitsune…? – le preguntó al verle al fin, había palidecido, como si hubiese visto un fantasma – que… pero… que, cómo… que… - se estaba enredando solo, no pudo evitar dar una sonrisa que el pelirrojo nunca vio – Qué haces tu aquí?! – preguntó al fin en un semi grito.

-. Estudio aquí, do'aho – se sentía bien poder insultarlo de nuevo.

-. Y qué carrera? – esa pregunta le había tomado desprevenido, sí, algunas veces su pelirrojo podía ser un poco lento.

-. Traducción…

-. Pero tu no estabas en América?!

-. No puedo estar en dos lugares al mismo tiempo

-. Ah!! Has dicho más de cinco palabras!! Temblará, es el fin del mundo!!! – Kaede no pudo evitar rodar los ojos. En ese momento se escuchan las campanas que avisaban la hora – ah!! Estoy tarde y cerrarán el mercado – sacó la bicicleta roja, sí esa que le había llamado poderosamente la atención, refunfuñando algo de que le iban a retar – nos veremos, kitsune!! – sin más se largó.

-. Tenlo asegurado, Hanamichi, nos veremos. – con una sonrisa sacó su bici y se largó a su piso, sin ver que cierta pelinaranja había observado toda la escena.

-. Y ese quién es? – se preguntó antes de sonreír, sería muy divertido averiguar qué relación tenía con su amigo.

Hana se dirigió nervioso a hacer las compras. Cogió un poco de esto y otro poco de aquello, pastas, algunas frutas, carne, comida congelada. Fue a la sección de especies y tomó algunos, tenía la idea de preparar una rica cena, nada mejor que una cena deliciosa esperándote luego de haber ido al cementerio, prepararía la especialidad de su madre. Cuánto la extrañaba. Sacó un par de zumos y luego fue a la caja, cuando estaba a un turno de él recordó que necesitaba comprar con algunos enceres personales y salió de la fila. Al volver se dio cuenta que estaría mucho tiempo esperando.

Mientras esperaba comenzó a recordar todo lo que debía hacer esa semana, primero que todo empezar el bosquejo se su reportaje, quería que saliera en el periódico; luego contactaría con algunos amigos olvidados, quizás al Gori o a cuatro ojos! Con Miyagi no habría problema, ya que mantenían una buena comunicación. Mitsui sería un poco difícil, suspiró, lo mejor era no limitarse con los jugadores de su equipo, podría contactar con Hikoichi para poder llegar a los jugadores de Ryonan. Recordó que Fukuda, hace poco, lo había visto jugar en el equipo de la universidad. Bien, tardaría toda una semana en eso, confortar citas y acomodar su horario para lograr las entrevistas. También podría hablar de su propia experiencia en el baloncesto y quizás… Sonrió inconsciente al recordar la cara del kitsune… ahora que Rukawa estaba por la zona podría hablar con él, preguntarle sobre su experiencia en los Estados Unidos. Cuál era la gran diferencia…

Detuvo todo pensamiento para llevar su atención al recuerdo que tenía de Kaede. Alto, robusto, pálido con un ligero bronceado; lo comparó con la imagen que hace un par de horas había visto. Sin dudar estaba más alto, pero también más delgado, pálido, pero sin ese bronceado, sino era un pálido más… fúnebre. Sacudió la cabeza, seguramente eran ideas suyas, y ese sorprendente cambio era debido a la cantidad de tiempo que llevaban sin verse, al menos no cara a cara.

-. Siguiente! – escuchó la aguda voz de la cajera – Buenas tardes, eso es todo lo que llevará? – preguntó al momento que comenzaba a pasar las cosas por la máquina para escanear el código y ver el precio. Luego pagó todo y lo metió en bolsas – Gracias por preferir nuestros servicios – dijo la chica con una sonrisa muy fingida, para luego borrarla y decir con su aguda y monótona voz – Siguiente!

Amarró las bolsas en el manubrio de la bicicleta y se dirigió al piso que compartía con su amiga. Qué prepararía hoy? No se sentía con ganas de cocinar, a lo mejor quedaba algo de la cena del día anterior ¿Qué era? Ah, sí, la especialidad de Asuka, pastas, aunque, pensándolo mejor, prepararía alguna de esas sopas instantáneas que había comprado, había perdido la cuenta de hace cuánto estaban esas pastas.

Peladeó con energía, milagrosamente no se había dormido. El ir en bicicleta siempre le relajaba lográndole dormir, pero esta vez era tanta su euforia que sólo había logrado calmarle un poco.

Lo había visto… ¡lo había visto! Y lo mejor de todo le había hablado! Como en los viejos tiempos, Hanamichi no se había olvidado de él como temía, es más le recordaba muy bien como para decirle que había hablado más de cuatro palabras. Sonrió, es que cómo no hacerlo, estaba demasiado feliz. Sintió su corazón latir con agilidad a la vez que un calorcillo se le posaba en el pecho.

Llegó al edificio donde vivía, aparcó la bicicleta y corrió a su piso donde se dirigió sin más a su alcoba donde preparó todo para el siguiente día, tenía ganas de que ya empezara. Sí, lo sabía estaba actuando como quinceañera enamorada, pero después de tan malos tiempos era lo mejor que le pudo haber pasado, bueno lo mejor que le pudo haber pasado era que Hanamichi le besara, pero con un simple "Kitsune…" él se daba por satisfecho, aunque no sospechaba ni por un milímetro de las verdaderas razones por la cual Hana se acordaba de él.

Sintió la puerta cerrarse.

-. Rukawa, estás? – gritó Black desde la puerta.

-. En la alcoba! – respondió él.

-. Cómo estuvo tu día? – preguntó entrando a su pieza. Se sorprendió al verlo mirando al techo con una sonrisa ligera en su rostro – al parecer bueno. Dime, cuéntame!

-. Hm… - le miró y aumentó su sonrisa, estaba demasiado feliz.

-. Te… te lo encontraste? – el moreno asintió – Oh! Que bueno!! – le felicitó – y…? te vio, te dijo algo? – volvió a asentir – Pero cuéntame!!

-. Hm… - luego soltó una carcajada que no pudo acallar por más tiempo – no fue gran cosa…

-. Se… acordaba de ti, cierto?

-. Sí, se acordaba muy bien de mí…

-. No me digas que pelearon – interrumpió Black. El moreno negó.

-. Nos veremos, kitsune!!- esa voz, estaba más grave, más madura, más… ah…

-. Me dirás o me obligarás a usar un tirabuzón… - pero no recibió respuesta – Bien – dijo enfurruñado Black – te dejaré sin comer esos ricos pasteles de arroz que te gustan tanto – Rukawa dirigió su vista hacia él – y pensar que recorrí toda la ciudad buscando aquella tienda donde me decías que los preparaban tan bien… - suspiró – Bueno, espero que tengas una linda tarde.

-. Chocó conmigo – habló antes que el rubio saliera – más bien le hice chocar conmigo

-. Le hiciste? – se volvió a sentar en la cama donde se hallaba antes.

-. Él iba caminando distraído, iba a buscar su bicicleta, pero yo lo divisé de lejos

-. Es que cuando ama, ve a la persona amada desde kilómetros

-. Hm… no interrumpas o dejo hasta acá

-. Tu te atreves a dejar hasta acá y, te juro, botaré los pastelitos de arroz – sabía que Black no era capaz de hacerlo, apreciaba mucho la comida, más que a su propia vida, pero estaba seguro que lo más probable era que le dejara sin probar ni uno, y él que había esperado tres años para poder degustar uno…

-. Comamos mientras te cuento…

-. Mm, tramposo… - se fue de la habitación, Rukawa escuchó el movimiento de los trastos y los pasos del médico dirigirse hacia la alcoba, nuevamente, pero esta vez con una bandeja con… ¡Pasteles de arroz! Le faltó tiempo para poder coger uno. – continúa…

-. Pues…

Hanamichi estaba feliz preparando la cena, estaba cantando una canción un poco extraña, no se oía por esos lados, pero le gustaba la melodía, y aunque el idioma fuese otro, no le dificultaba el tararearla. Esperaba que hirviese el agua para poder preparar la sopa, había tenido razón, las pastas ya estaban más que pasadas, era un milagro que ellos dos no se hubiesen enfermado del estómago. Sonrió, mañana le tocaría de nuevo a Asuka cocinar y sabiendo como era, la comida duraría, a lo menos, dos días.

-. La flojera es grande, y aunque me gusta la cocina, no estaría metida en ella todos los días – siempre le respondía eso cuando le comentaba el hecho.

-. A lo mejor a Satoshi le gusta que la mujer esté metida en la cocina todos los días – su amiga no había evitado sonrojarse, pero contraatacó ¿por qué era tan buena con las palabras?

-. Entonces no es la persona que yo pensaba y no se merece estar conmigo – dijo para luego irse a lavar los trastos. Irónico, no pudo evitar pensar Hana.

El burbujeo de la olla le daba a entender que el agua estaba lista para vaciar el sobre. Revolvía la cacerola cuando la puerta se abrió.

-. Qué rico olor! – dijo Asuka entrando directamente a la cocina. – qué cocinas¿sopa? – se acercó a Hana para ver detenidamente – y ¿las pastas?

-. Pasadas… tenían más de tres días, es un milagro que no nos hallásemos enfermado

-. Somos fuertes… - bostezó. Se sentó frente al mesón - ¿Cómo estuvo el almuerzo?

-. Mm bueno, mamá preguntó por ti

-. Mmm – apoyó su cabeza entre sus brazos – esa… señora es… un amor…

-. Eh!!! No te duermas!!!

-. No seas malo, Hanamichi – volvió a ocultar su rostro entre sus brazos, pero el pelirrojo le tomó del mentón y le observó detenidamente, ella odiaba cuando hacía eso, siempre sabía…

-. Has estado llorando… - afirmó él, después de unos segundos.

-. Nada fuera de lo normal, caminé mucho y me dolía la cadera, creo que las pastillas ya no hacen efecto

-. No me mientas! – Gritó él enojado – Sé que lloraste por lo que viste en el comedor, ese peliazul no merece tus lágrimas.

-. Deja eso, mamá ya me gritó cuando fui a sacar mi ración de comida a la tarde.

-. Mmm, pues me alegro, por que ya sabes "Camarón que se duerme…

-. Se lo lleva la corriente…" – sus ojos comenzaron a cerrarse. Hasta que un fuerte olor a sopa le llegó a su sensible nariz – comida…

-. Sí, sana y buena comida… - se sentó al frente de ella y estiró la mano – déjame verlo…

-. Hanamichi, no empecemos con lo mismo

-. Nada de Hanamichi, déjame verlo – comenzó a registrarle los bolsillos

-. Oye, detente!! – Pero el pelirrojo no le hacía caso – te lo paso si me dices quién era el chico pelinegro de hoy con el que chocaste – Hana detuvo su actuar y se sonrojó profundamente – y bien? – Sakuragi desvió la mirada hacia otro lugar.

-. Es él…

-. Él, quién él? – preguntó inocente, aunque ya sabía la respuesta.

-. No te hagas

-. No me hago, para eso está el baño – respondió sencillamente mientras tomaba una cucharada de su sopa.

-. Era él

-. Sigo sin entender…

-. Él!!! El kistune, ÉL!!!!!!!!

-. Ah… - chasqueó los dedos como si recién entendiera de quién hablase – él!

-. Sí…

-. Mmm…

-. Ya pásamelo…

-. Nop, por que no me has dicho aún quién es él!

-. Maldición, Asuka!!! No estoy para juegos, pásamelo quieres! – se levantó golpeando la mesa, su amiga tembló un poco. Hanamichi iba a reclamar otra vez, pero un pequeño frasco le dio de lleno en el rostro, cuando se recuperó del golpe escuchó el paso de su amiga y revisó el frasco, sólo quedaba… la mitad… - Asuka!!! – gritó, su amiga se detuvo – cuánto tomaste!!

-. 2 –suspiró el pelirrojo -, 3, 5, 10… no sé, perdí la cuenta… - sus párpados luchaban para poder cerrarse, caminó tranquila hasta su alcoba y cerró suave la puerta…

En ese momento Hanamichi se dio cuenta de cuánto le había afectado la escenita que había montado el peliazul Satoshi. Generalmente, en el día, Asuka tomaba dos pastillas de Vicodin (1) cuando se ponía nerviosa, eran tres, cuando algo le molestaba olvidaba tomárselas, cuando algo le hacía sufrir se convertían en caramelos. Así que él había tomado la costumbre de revisar el frasquito cada vez que algo le hacía salir de la tranquila rutina desde ese día en que había encontrado a su compañera inconsciente en el sofá y que después había estado tres días internada en la clínica.

-. Asuka…- le habló a la puerta de la alcoba de la chica.

-. Vete a la mierda un rato, Sakuragi… - siempre obtenía una respuesta parecida después de sus discusiones.

-. Kaede Rukawa, así se llama, el kitsune es Rukawa… - se dirigió a la cocina y dejó al lado de la puerta el plato de sopa de su amiga y llevó el suyo a su pieza.

Pasaba de la media noche y él acababa de despertar con un sobresalto, había soñado con el día que se enteró que madre estaba muerta, se dio vuelta y allí a los pies de su cama estaba una sombra que intentaba retener los sollozos.

-. Gracias… - escuchó la voz débil, él se puso de pie y la abrazó como tantas veces ella hacía con él cuando había tenido un pésimo día. Ella le respondió y le dio rienda suelta a sus lágrimas. Sí, le había afectado mucho.

Dos días habían pasado, dos! Y aún no lograba encontrar tiempo para buscar disimuladamente a su pelirrojo. Los estudios le tenían absorto, poco dormía, poco comía, pero esto último no le importaba mucho, lo que resentía eran las faltas de sueño. Tenía que colocarse al día con medio año de materia! Medio año!! Y los exámenes comenzaban en dos semanas! Había hecho de tripas corazón para poder hablarle a una de esas chiquillas que nada sabían de él y estaban coladitas por sus huesos, y pedirle el o los cuadernos de la materia del ramo, y así con los otros cinco, dio gracias que algunos de sus compañeros le prestaron los materiales. Además, tan sólo tenía una semana para ponerse al día, ya que a la siguiente comenzaría a entrenar en el equipo de baloncesto.

Escuchó su estómago rugir por falta de alimento, pero comer en estas circunstancias era perder el tiempo, aunque… un poco de comida no le haría mal, tal vez unos pastelitos de arroz, sí de esos que compraba Matt y que siempre le dejaba un par en un plato sobre su escritorio.

Sí, eso haría, iría al comedor, sacaría un par de pasteles de arroz y se los iría a comer afuera donde pudiese copiar la materia que le faltaba, pues no tenía dinero con qué pagar todas las fotocopias, a pesar que Black le había pasado su resto, no le había alcanzado, es que era mucha materia!

Comenzó a bajar los escalones que le conducirían al primer piso, él se encontraba en el tercero, en la biblioteca. Cuando iba ya por el segundo sintió sus piernas de gelatina, todo comenzaba a movérsele, poco a poco dejó de escuchar los ruidos de su alrededor y su vista comenzó a nublar. Caía, sabía que caía, daría de bruces con el suelo y nadie le detenía…

-. Kitsune!! – sintió cómo esos cálidos brazos le sujetaban y luego, todo oscuridad.

CONTINUARA

1: sip, lo sé, es muy Dr House, pero no se me ocurría otra cosa, aparte que lo encontré una buena forma para que detecten el humor de Asuka…

y? como les caen estos personajes?

Lo de Rukawa es exactamente lo que le pasó a mi hrna hoy, íbamos bajando de la biblioteca cuando se mareó y casi se desmaya, pero como todos en esa universidad saben de medicina dejé que se hicieran cargo, de algo que sirvan jis! XDDD

ANNA MANDA REVIEW O NO SUBO OTRO CAP Y NO SABES QUE LE PASO A RUKAWA

INICIADO: Martes 20 de Noviembre del 2007, 20.07

FINALIZADO: Miércoles 21 de noviembre del 2007, 22.56