Fic de: Yatten Katsuya Kaiba
Idea original de: Yatten Katsuya Kaiba
Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no son míos… sino que pertenecen a Takehito Inoue y a sus respectivos socios… este es un trabajo hecho de fan para fans… sin fines de lucro…
Aviso: Esta Historia contiene género Yaoi… es decir relación Hombre x Hombre… si eres Homo fóbico / ca no sigas leyendo… no me haré responsable… estás avisado / a…
Dedicado: Todos los fic de Slam que escriba sobre esta pareja estarán dedicados en esencia a mi amiga de la infancia Anna Kyoyama.
Notas de Autor: Este fic lo escribo sola, sin la ayuda de Anna. No tiene nada que ver con el Fic la Misión, me demoraré más en actualizar, debido a que me meto en otro fic sin tener los otros listos, espero que este resulte más corto que La Misión. Tendrá los mismos personajes pero en otros papeles. UN CAP MAS LARGO PARA QUE PERDONEN LA DEMORA!!!
Nombre: Adicto a tus besos
Capítulo: 4 Paso uno la Llamada
Dos días habían pasado, dos! Y aún no lograba encontrar tiempo para buscar disimuladamente a su pelirrojo. Los estudios le tenían absorto, poco dormía, poco comía, pero esto último no le importaba mucho, lo que resentía eran las faltas de sueño. Tenía que colocarse al día con medio año de materia! Medio año!! Y los exámenes comenzaban en dos semanas! Había hecho de tripas corazón para poder hablarle a una de esas chiquillas que nada sabían de él y estaban coladitas por sus huesos, y pedirle el o los cuadernos de la materia del ramo, y así con los otros cinco, dio gracias que algunos de sus compañeros le prestaron los materiales. Además, tan sólo tenía una semana para ponerse al día, ya que a la siguiente comenzaría a entrenar en el equipo de baloncesto.
Escuchó su estómago rugir por falta de alimento, pero comer en estas circunstancias era perder el tiempo, aunque… un poco de comida no le haría mal, tal vez unos pastelitos de arroz, sí de esos que compraba Matt y que siempre le dejaba un par en un plato sobre su escritorio.
Sí, eso haría, iría al comedor, sacaría un par de pasteles de arroz y se los iría a comer afuera donde pudiese copiar la materia que le faltaba, pues no tenía dinero con qué pagar todas las fotocopias, a pesar que Black le había pasado su resto, no le había alcanzado, es que era mucha materia!
Comenzó a bajar los escalones que le conducirían al primer piso, él se encontraba en el tercero, en la biblioteca. Cuando iba ya por el segundo sintió sus piernas de gelatina, todo comenzaba a movérsele, poco a poco dejó de escuchar los ruidos de su alrededor y su vista comenzó a nublar. Caía, sabía que caía, daría de bruces con el suelo y nadie le detenía…
-. Kitsune!! – sintió cómo esos cálidos brazos le sujetaban y luego, todo oscuridad
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Hanamichi despertó al otro día de su encuentro con Rukawa con una bella sonrisa, pero, también, con un dolor de espalda y cabeza increíble. Se dirigió al baño y sacó una crema calmante para su espalda y una aspirina para su cabeza. Tomó una ducha y se fue a vestir. Cuando vio el reloj no se asustó, ese día tenía clases desde después del almuerzo, así a las diez treinta de la mañana aún era muy temprano.
Fue a la cocina y se preparó un té con leche y comió algunos dulces que había comprado el día anterior. Se encontraba solo. Asuka tenía clases temprano ese día, más temprano que cualquier otro día, si no recordaba mal, era a las siete cuarenta y cinco su primera clase.
Pensó en lo que haría este día. Se contactaría con Ryota para poder conseguir el número de Mitsui, aunque también podría hacerlo a través de Kogure, pero, pensándolo mejor, sería Ryota, además, así, tendría una buena excusa para ir a verle. Se acercó el teléfono y marcó el número que estaba anotado en una agenda al lado del aparato. Esperó a que contestara, o más bien, la grabadora, suponía que a esta hora, Ryota estaría trabajando y Ayako estudiando, pero fue su sorpresa al escuchar la voz de la chica al otro lado de la línea
-. Diga?
-. Ayako? – preguntó tras salir de la sorpresa inicial
-. Hana? Tanto tiempo sin hablarnos!!! – exclamó ella, Sakuragi tuvo que alejar el teléfono para no quedar sordo. - ¿cómo estás¿Te está hiendo bien? y Asuka ¿cómo está ella?
-. Más o menos, parece que lloverá. Todo tranquilo, bien. – contestó en orden todas las preguntas de la chica – y tú, qué hay de nuevo…
-. Bien, aquí, disfrutando del día libre. Llamo a Ryota o da igual con quien hables?
-. Con Ryota, por favor – meditó un segundo – oye, por casualidad, no tienen el número de Mitsui?
-. Déjame buscarlo, por mientras habla con el chico – se sintieron algunos pasos y luego – Ryota!!!!! Hanamichi quiere hablar contigo!!!!!!!!!!!! – aunque alejó el aparato no pudo evitar quedar medio aturido.
-. Aló? Hanamichi?
-. Eerr… Hola, Ryota, cómo estas?
-. Bien, bien. Dime para qué me querías?
-. En la universidad nos mandaron un trabajo de hacer un reportaje, y quería entrevistarlos a todos para hacerlo¿puedes?
-. Mmm
-. Si está bien hecho, saldrá en el periódico
-. Esta bien! Cuándo?
-. El sábado?
-. A qué día estamos?
-. Miércoles, entonces…?
-. Claro, claro. El sábado entonces, en el Danny's?
-. Bien, a las doce, para que no madrugues
-. Eso, amigo mío, es madrugar. Nos vemos – se siente un cambio de aparato.
-. Hana, estas?
-. Sí, sí, Ayako
-. Está bien anota, él número es…
Hana salió con tranquilidad del departamento, no se le ocurrió preguntar, por qué era que ambos tenían el día libre, pero ya averiguaría el sábado. Había citado a los tres ese día, a las doce con Ryota y Ayako y a las cinco de la tarde con Mitsui, este no podía más temprano, así que lamentaba el no poder juntarse los cinco. Sí, cinco, por que él llevaría a Kogure y el pelirrojo mataría dos pájaros de un tiro.
Asuka salía del salón en el cual habían tenido clases recién. Odiaba a ese profesor, pero qué más, sólo lo soportaría medio año. Le dolía la cadera, suponía que el tiempo cambiaría dentro de unos días, ese extraño sol que brillaba en el cielo sería cambiado por unas nubes grises y, tal vez, una tormentosa lluvia.
Caminaba hacia la cafetería, donde se juntaría con Hana para comer algo, cuando divisó a lo lejos el amor de su amigo. Alto de cabello azabache desordenado y tes blanca, si ella no estuviese enamorada de aquel "infiel" peliazul, lo más probable, es que ahora estaría luchando por la atención de ese jugador. Iba caminando en su dirección leyendo algunos cuadernos que se notaban no eran suyos, aquellos dibujos en las tapas de estos estaban totalmente fuera de la personalidad del ojiazul, según las descripciones que su amigo le había dado de él.
Su curiosidad periodística saltó y ella quiso saber más de él, para ver si era o no buen partido para su Hanamichi. Puso una cara seria y se dirigió hacia él, cuando estuvo a su lado simplemente le saludó.
-. Buenos días, Rukawa – le dijo y siguió su camino, al chico esto le pareció extraño, pero sin importarle más siguió avanzando.
La pelinaranja lo decidió, averiguaría un poco de él para ayudar a su amigo. Así que sacó su celular y marcó el teléfono de una amiga suya que le ayudaría a conseguir información de él, mientras ella se ocupaba de su reportaje, todos por unos cuantos yenes.
Cuando Hanamichi entró en la cafetería se encontró a Asuka hablando con una de las estudiantes de Ciencias Políticas que le había ayudado a cambiar la situación de la cocina. Ren, recordaba que se llamaba, y era muy buena en lo relacionado con la información, ella y otro de sus compañeros eran los que se habían encargado de averiguar ciertas cosas que le dieron la ventaja frente al tribunal del consejo. Por lo que sabía, y la experiencia que tenía, cuando ambas estaban tramando algo, eran problemas para alguien.
-. Buenas, Sakuragi – saludó la pelinegra Ren antes de irse
-. Buenas – contestó Hana antes de sentarse con su amiga – a quién le causarás problemas ahora?
-. Nada, son sólo algunos datos que le pedí para mi reportaje, ya sabes, datos políticos. No tengo tiempo para todo.
-. Ajám… - Hana le miró no creyéndoselo del todo – Qué hay de almuerzo?
-. Estofado. Legalmente es lo único que queda, pero ve con mamá, ella te guardó un poco de puré de patatas con carne, y de postre flan de chocolate, para ti de vainilla.
-. Vainilla…!!! Que delicia!! – Hana se apresuró a ir a buscar su ración.
-. Rukawa, Hana, Rukawa es a quien me toca averiguar – contestó al aire cuando Hana estaba haciendo la cola.
Estaban a punto de terminar almorzar cuando llegó Yohei con Haruko.
-. Creo que estoy viendo fantasmas, amigo – ambos levantaron su vista para fijarlas en la de Yohei.
-. A qué te refieres?
-. Acabamos de ver a Rukawa pasar por nuestro lado! – Habló Haruko, tomando asiento al lado de Hana - ¿no te parece increíble?
-. Pues… - Hana se debatía entre decirles o no, su encuentro con el kitsune el día anterior.
-. ¿Quién es Rukawa? – preguntó Asuka, adivinando la problemática de Sakuragi, Haruko fue la que contestó
-. Nadie importante – luego se volvió hacia su amigo -, oye qué crees que estará haciendo acá?
-. Pues si está en la universidad, es por qué está estudia acá, a qué más puede venir un muchacho de nuestra edad a una universidad.
-. no sabes así que…
-. Guarde silencio? – habló Hanamichi quien vio fríamente hacia la novia de su amigo – tenemos clases, así que si nos disculpan… - ambos estudiantes de periodismo se levantaron, despidieron de mamá y salieron de la cafetería.
-. No debiste hablarle así, Haruko
-. Es que no la aguanto!
Cuando terminaron las clases respectivas, los dos se juntaron en los jardines de la facultad de periodismo
-. Qué harás ahora?
-. Iré al gimnasio de baloncesto e intentaré encontrar a Fukuda
-. Fukuda?
-. Jugador de un equipo adverso – Asuka entendió – para el reportaje
-. Ya veo, yo igual iré a recoger algunos datos para mi reportaje, nos encontramos para cenar o cada uno por su lado
-. Te espero a cenar
-. Vale, nos vemos entonces – ambos se fueron en direcciones contrarias.
Hanamichi caminó hasta el gimnasio en un intento de hablar con Fukuda, su antiguo rival en el baloncesto. Hace un par de meses él había ido, junto con Asuka, a un partido de la universidad contra un equipo de otro estado, ahí había divisado a Fukuda jugando en la misma posición que en la de la preparatoria, se notaba que había avanzado mucho, mucho más que él. Sonrió con tristeza, pues él no había avanzado mucho desde su accidente y la muerte de su madre.
Ambos se habían quedado hasta que toda la gente de las gradas se habían ido, era mucho más cómodo para Asuka salir después para que no le apurasen. En la puerta del gimnasio les había estado esperando Fukuda, pero Asuka no lo vio
-. Te gané, Sakuragi – le había dicho antes de partir, dejando a un Hanamichi cocinándose a fuego lento.
Ahora, irónicamente, tenía que ir dónde él para pedirle ayuda para hacer su trabajo, aunque si lo pensaba, si lograba contactar a Sendoh, Akagi, Hanagata y Rukawa, Fukuda no sería tan necesario…
Sí, eso haría, si Fukuda no estaba no era necesario buscarlo más, sólo le daría una oportunidad a ese… ese… bueno a él. Entró en el gimnasio y preguntó por él, para su suerte no estaba, así que Hanamichi inmediatamente lo borró de su lista de entrevistados.
Asuka se desocupó mucho antes de lo que tenía pensado, así que decidió entrar un poco más en ese mundo lleno de drogas, ya era tiempo que comenzara con su verdadero trabajo.
Eran ya como las ocho de la noche cuando llegó al otro lado de la universidad, la facultad de Ingeniería, según sus datos, en el jardín de los de Ejecución en Informática, que daba la casualidad de ser el edificio más alejado de todos, era donde se producía el intercambio, nadie llegaba allá sin haberse presentado primero a los "socios" conocidos por ser los que elegían a la "gente nueva". Eran expertos, se fijaban en todo, ropa, personalidad, donde vivían, enfermedades, todo. Para conocerlos debía, por obligación, si era mujer, pasar al baño de estas en el tercer piso del edificio. Durante esos días había hecho contacto con una de ellas, tenía hasta el martes para presentarse, pero ella prefería hacerlo este día.
Avanzó con decisión hasta el lugar, le faltaba recorrer sólo medio pasillo cuando una mano la interrumpió.
-. ¿Se te perdió algo, Juudai?
-. Sat… Yamaguchi, eso es algo que no te incumbe – ambos se miraban a los ojos.
-. No has escuchado que es peligroso pasear por acá a estas hora? – comenzó a arrastrarla en la dirección contraria a la que ella avanzaba.
-. Lo que yo haga, no te interesa – intentó zafarse de su agarre, tenía un tiempo limitado para presentarse y se le estaba agotando. En una de esas Satoshi le quitó el bastón a la vez que le soltaba – pásamelo
-. Estás libre, puedes irte
-. Que me lo devuelvas! – la campana sonó anunciando las nueve de la noche, ya era tarde, aunque pudiera quitarle el bastón tendría que correr para llegar lo cual le causaría dolor y con dolor no podría pensar con claridad haciéndole, tal vez, aceptar cualquier tontería de trato. – Está bien, me marcho – pasó por el lado del peliazul tratando de ocultar su cojera.
-. Toma creo que te hará falta – le ofreció el bastón cuando estaba seguro que la chica no iría camino al baño. Pero, para su contradicción Asuka sólo le miró y siguió caminando. - ¿no lo quieres? - Pero ella siguió caminando – serás testaruda, bien, puedes irte. – ella ni se detuvo, simplemente siguió caminando.
Cuando llegó a su casa pasaban de la media noche, sin bastón caminaba mucho más lento, además que el dolor era insoportable, pero ella molesta se le olvidó tomarse el medicamento. Encontró la mesa puesta y un plato de sopa recalentada. Tomo asiento y comió un plato de sopa recalentada, era ¡Un plato de sopa recalentada! O sea, qué más podía ella pedir.
Hana despertó con la alarma, odiaba despertar así, le gustaba abrir los ojos cuando ya no sentía más sueño, o cuando los rayos de sol tocaban su rostro. Pero no así! Hoy tendría clases toda la mañana, se desocuparía dos horas después del almuerzo e iría a buscar al kitsune a ver si quería cooperarle. Lo bueno era que si se distraía tendría los apuntes de Asuka, pues ella estaba en todas esas clases.
-. Floja!! Despierta!! – Le gritó desde la puerta – ya es tarde y va a llover, no podemos usar la bicicleta
-. Quien te dijo… - salió bostezando – que no podríamos usarla…
-. Mm mírame… - le pidió Hana – qué pasó anoche, llegaste tarde, te esperé hasta las once, pero no llegaste
-. Tuve un problema respecto al reportaje – sintió una aspiración en su espalda, lo sabía mala elección de las palabras…
-. Problemas! Alguien te hizo algo? Alguno de esos… drogadictos se atrevió a tocarte!! Porque si es así, no dudes en decírmelo, por que voy y les saco la…
-. YA!! Hanamichi, no, nadie se atrevió a tocarme, no había nadie de ese círculo involucrado. – se sirvió un vaso de leche y la dejó en el mesón mientras Hana hacía unas tostadas – me encontré con Satoshi…
-. Que? Perdón, dilo más fuerte
-. Que me encontré con Satoshi! – Sakuragi le miró con detención – no fue nada, me detuvo en uno de los pasillos
-. Y por qué haría eso? – le siguió observando.
-. Iré a tomar una ducha, sacaste tus cosas de esta, mira que no quiero terminar con el cabello rojo, otra vez
-. Jajaja no lo niegues te veías bien – Rió Hana al recordar ese hecho
-. No me hace ni una gracia
-. Y tu bastón?
-. Con Satoshi…
-. Qué? Le dejaste una prenda a lo tipo dama antigua?
-. No me tientes Hanamichi, mira que sin bastón igual puedo pegarte – Hana solo comenzó a reírse en el pasillo – idiota – comentó Asuka antes de largar la ducha una suave sonrisa.
Ambos comenzaron a caminar hacia la universidad bastante abrigados, sus lesiones nunca mentían, así que cuando dolía así, era por que el tiempo cambiaría y debían preocuparse.
En la puerta de la facultad estaba Satoshi esperando a Asuka para entregarle el bastón, aunque le esperaba ver llegar con Hanamichi, no se imaginó que esta venía cargada en la espalda de él.
-. Días, Satoshi – saludó con energía al chico
-. Días, Sakuragi. Juudai creo que esto es tuyo – sin más le entregó el objeto y se largó camino a su facultad.
-. Me debes el almuerzo – habló la chica.
-. No te debo nada. Esos, eran celos – Hana tenía mucha razón.
-. No puedes comprobar
-. Tampoco tú
-. Empate entonces? – ambos acordaron empate.
Estaban en clases y Hana no se pudo concentrar en estas, había estado pensando en cómo acercarse al kitsune para pedirle ayuda, tal vez si lo abordaba en un pasillo y le retara a un Uno a Uno, no, él no estaba en las mismas condiciones que el moreno y su orgullo no estaba dispuesto a ser dañado, tal vez sí…
Pasaron las clases y llegó el almuerzo, el pelirrojo tenía que ir a la biblioteca por unos libros que le había pedido su compañera de piso, algo sobre ciencias políticas o algo así, argh! Se le acaba de olvidar el libro… tendría que regresar y preguntárselo de nuevo. Estaba por comenzar a bajar cuando lo vio arriba de la escalera, bajando pausadamente, no se veía bien, estaba mucho más ojeroso que su primer reencuentro. Lo vio caer, nadie le detenía ¡Nadie hacía nada! Corrió para poder llegar hasta él y evitar que se diera de bruces contra el suelo y sufriera algún daño.
-. Kitsune! – atinó a gritar. Sintió el cuerpo inerte de Rukawa entre sus brazos antes de sentir que el caía por culpa del impacto – mejor yo que él – pensó antes de chocar estrepitosamente contra el suelo – auch! – exclamó. Abrió los ojos que había cerrado por inercia y vio el rostro del kitsune muy cerca del suyo. Intentó despertarlo, pero nada hacía efecto, así que, tomando en cuenta la cantidad de gente que comenzaba a rodearles y el gran sonrojo que tenía en su rostro, decidió tomar su cosas y cargar al kitsune hasta la enfermería que estaba a unos cuantos edificios, sabía que había una por facultad, pero precisamente esta no la tenía – bueno – pensó – no me molestaría tener al chico que amo en mi espalda y cargarlo – así lo hizo, en un movimiento por acomodar el cuerpo de Kaede, el rostro de este quedó muy cerca de su cuello logrando que la respiración del moreno de diese de lleno en la suave y sensible piel del pelirrojo. Tomando autocontrol de quién-sabe-dónde caminó feliz mente hasta la enfermería acompañado de una boba sonrisa.
Cuando la enfermera salió los dejó solo, Rukawa aún no despertaba, así que Hanamichi aprovechó esa situación. Con delicadeza acarició los negros cabellos del ex jugador número once de shohoku. Eran tan suaves, cómo él se imaginaba que sería, su piel nívea eran tan delicada y cálida, nunca pensó que la piel del zorro fuese cálida. Estaba por acariciar sus labios cuando Kaede despertó.
Rukawa había sentido cada una de las caricias que Hana le había proporcionado, aquellas le habían traído de vuelta a la realidad, pero el moreno sólo pensaba que eran producto de su imaginación y anhelo.
-. Hola kitsune – saludó Hana al ver esos ojos azules nuevamente
-. Do'aho… - examinó el lugar, pero no lo reconoció - ¿dónde estoy?
-. En la enfermería, te desmayaste cuando bajabas la escalera – comentó el pelirrojo observando cada una de las acciones del moreno – deberías cuidarte, este desmayo, según la enfermera, es por baja de azúcar. ¿No te estás alimentando bien?
¿Qué¿Era posible eso? Su pelirrojo estaba preocupado por él, oh! Algún Dios debió haberlo escuchado, es que, no lo podía creer. Si por desmayarse tenía como resultado a un monito pelirrojo tomándole atención, él con gusto se desmayaría un par de veces más, sólo para caer en sus brazos.
-. Te estoy hablando, kitsune! Uno que se preocupa por ti y tu
-. Ah… este, he estado ocupado.
-. Haciendo qué, exactamente. Si es por el baloncesto te digo al tiro que no vale la pena
-. Por las clases. Do'aho, no podrías hablar menos – llevó una de sus manos hasta su cabeza, el dolor le estaba matando.
-. Lo siento – sin querer Hana había hecho un puchero y Rukawa encontraba esa pose una de las más sexy que hubiese visto en él, si por él fuera lo besaría en ese mismo instante, pero no. – has estado dormido dos horas. ¿tienes clases ahora? – El moreno negó – bien, entonces levántate, iremos a comer algo, la enfermera dijo que podías salir en cuanto despertaras, pero para asegurarnos que no te caerás puedes afirmarte en mi – dijo ocultado todo su nerviosismo – ahora si la hice bien! – pensó molesto – cómo me aguanto ahora!?
-. ¿Dónde iremos?
-. Donde mamá, ella generalmente guarda una porción bastante grande de comida para nosotros, estoy seguro que puede darnos algo extra hoy. – pasó uno de los brazos del moreno por encima de sus hombros, para gusto de ambos, y se encaminaron hacia la cafetería.
-. ¿nosotros?
-. A unos chicos y mi por haberla ayudado en algunos asuntos – terminó explicando Hana. Rukawa solo asintió.
-. Muchacho!!! – Saludó la mujer – y traes al chico nuevo, se ve algo pálido ¿está bien?
-. Sí, está…
-. No me mientas, Hana. Lo que ustedes necesitan es una buena porción de comida – Hana sólo sonrió – a ver, a ver, y las bandejas? – Sakuragi dispuso de ellas, mamá sirvió una gran porción de arroz con vegetales y carne blanca. – Asuka vino preguntando por ti – dijo ella mientras servía
-. Ha de estar preocupada
-. Nah! Lo suponía, dijo que andabas raro desde la mañana, que algo ibas a hacer hoy – Hana se sonrojo y miró disimuladamente a su compañero – Me contó lo que sucedió ayer
-. Qué te dijo? – volvió toda su atención a ella – espero que más de lo que mi me dijo – Rukawa no perdía detalle en la conversación ¿Quién sería Asuka?
-. Algo sobre un bastón y… sienten ese olor? – ambos negaron – ih!!! Se me quema la carne, nos vemos muchacho, que te mejores, cariño.- mamá entró a la cocina toda apresurada.
-. Eh… jejeje – no pude evitar reír debido a los nervios - ¿dónde te quiere sentar? – el moreno sólo hincó los hombros. Así que Hana lo guió a una mesa.
Empezaron a comer en completo silencio, Hana no se atrevía a hablar, no quería causarle un dolor más fuerte a su zorrito, no se lo perdonaría, pero el no hablar no significaba que no lo pudiera observar, Rukawa era tan… guapo.
Por su lado, Kaede comía concentrado en lo que hacía, era extraño no sentir la voz de del pelirrojo alardeando de todo, especialmente no sacándole en cara aquella debilidad. Se había sentido tan cómodo afirmado en el cuerpo bronceado de su pelirrojo, le gustaría abrazarlo, besarlo, hacerlo suyo, pero temía que alguna de sus acciones provocara el rechazo. A pesar de saber que Hanamichi le estaba mirando, pues sentía su mirada sobre él, no se atrevía a verlo directamente a los ojos y encontrar algún tipo de sentimiento que él no se esperaba.
-. Mm… - Hanamichi estaba dudando entre decirle o no lo que tenía planeado, pero dudaba que el moreno le quisiera ayudar, pues nunca habían sido amigos, entonces, cómo empezar. Cuando ya tenía todo pensado, palabra por palabra. Fue interrumpido por la llegada de un alumno.
-. Sakuragi? – preguntó el muchacho, el pelirrojo asintió – el profesor Yoshiro te mandó a llamar, algo sobre un trabajo extra
-. En serio?! – preguntó emocionado el monito, Kaede sólo era un simple observador .
-. En serio… - Sakuragi no evitó dar una exclamación de felicidad.
-. Disculpa, Rukawa, pero debo ir – tomó sus cosas y antes de irse agregó – espero te mejores ¡Cuídate!
Rukawa, le había llamado Rukawa y sonaba tan bien salido de sus labios. Terminó de comer y se dirigió a buscar su bicicleta, habían valido esos dos días de espera, sí que la habían valido. Aunque ahora tenía muchas dudas que esperaba algún día fuesen respondidas.
En la tarde Hanamichi estaba esperando la cena que Asuka estaba preparando, mientras conversaban de temas diversos.
-. Y te cayó desde el cielo?
-. No te burles!!! – exclamó el monito tan rojo como su cabello – estaba mal, se veía pálido y débil.
-. Deberías invitarlo a salir
-. Estas loca?!!!!
-. Mi padre me enseñó cuando era chica, que existían unos cuantos pasos para que la otra persona te acepte – Hana le tomó atención – primero, llamarle por teléfono
-. Pero yo…
-. Segundo la cita, ya sea desayuno, almuerzo o cena. Tercero el paseo, después puedes ir inventando pasos
-. Bien tendré que conseguirme el teléfono – Asuka sonrió.
-. He hecho ese trabajo por ti, me conseguí su número de casa, puedes llamarle – de uno de sus bolsillos sacó un papel con algo anotado en él – Sería tan amable de ti llamarle para saber cómo se encuentra – habló desde la puerta de la cocina dirigiéndose a su alcoba dejando sólo al monito pelirrojo.
Hana se debatía entre llamarlo y no, si llamaba siempre estaba la oportunidad de entablar una buena conversación y la posibilidad de quedar para algún día, sino se quedaría con la duda… qué difícil… Cogió el papel y observó. Caminó en dirección al teléfono y volvió a dudar. Tomó el auricular y uno a uno con lentitud fue marcando los números. Marcó, estaba marcando, una vez… dos… tres… cuatro… estaba por colgar cuando escuchó la voz agitada de alguien al otro lado de la línea
-. Aló?
CONTINUARÁ
Capítulo dedicado a mi perrita Pinky que hoy, martes 11 de diciembre del 2007 falleció a las 21.31 por razones desconocidas. Te damos gracias, Pinky, por estos diez años que compartiste con nosotros.
Nunca te olvidaremos, llegaste sola y temerosa a una casa grande; hoy te has marchado acompañada y contenta.
Pinky 18 de Febrero de 1997 – 11 de Diciembre de 2007
GRACIAS A TODOS POR SUS REVIEWS!!!!
INICIADO: Martes 11 de Diciembre del 2007, 16.57
FINALIZADO: Miércoles 12 de Diciembre del 2007, 16.57 (coincidencia XDDD)
