Capítulo 6.
No estaba muy segura de lo que había pasado entre Genzo y Catrina, las cosas no tenían mucho sentido, aunque bueno, tampoco era para tanto, que simplemente Wakabayashi se había topado directamente con la Muerte. Yo a veces no entendía a Catrina, había días en las que no quería que nadie la viera, y días en las que se dejaba ver por determinadas personas, como era el caso de mi padre, que quién sabe por qué le agradó la idea de ponerme a su servicio. Como sea, había demasiadas cosas que me amartillaban la cabeza, dudas que tenía y que quería preguntarle a Catrina, así que sin pensarlo mucho decidí llamarla, usando la joya especial que ella me había dado para tal ocasión.
¿Qué sucede?.- Catrina me miró extrañada, pues raramente la mandaba yo llamar, a menos que hubiera algo muy urgente.
Tenía algunas preguntas qué hacerte.- dije yo.- Lo lamento, debes estar muy ocupada.
No en reliadad.- negó ella, encogiéndose de hombros.- Solo tengo a tres recién nacidos esperando por mí en la unidad de cuidados intensivos neonatales, pero supongo que puedo dejarlos un ratito más, unos minutos no le harán daño.
Gracias.- me recorrió un escalofrío.- Sé que te va a parecer estúpido, pero hay demasiadas cosas que no entiendo…
¿Sobre qué? ¿La vida, la muerte, por qué están todos en crisis?.- Catrina sonrió, placenteramente.- Ahhh, la tasa de suicidios se incrementa cuando hay depresión, por eso es que me encantan tanto. Me divierto de lo lindo hablándoles al oído a esos banqueros desesperados…
¿Podrías dejar de hacer esa clase de comentarios?.- pedí yo.- No me gusta escuchar tus técnicas.
Como gustes.- Catrina se recargó en un mullido sillón y cruzó sus delgadas manos.- ¿Qué es lo que te aqueja?
No entiendo la manera en cómo se están llevado las cosas.- comencé.- Es decir, no entiendo tu posición con respecto a Genzo Wakabayashi. O sea, se va a morir, ¿no? Pero a veces actúas como si solo estuvieses jugando con él, retrasando el momento de su muerte.
Eso es obvio.- Catrina se miró uno de sus dedos finos.- Tengo que hacerlo para que tú consigas ayudarlo a bien morir.
Lo sé, lo sé, es solo que a veces pienso que solo juegas con él, como si esperaras otro desenlace diferente al ya conocido.- repliquè.- ¿Qué es lo que en verdad te propones?
Al escuchar esto, Catrina dejó de sonreírme y se puso muy seria. No le gustaba que le cuestionara yo sobre sus planes.
Ya te dije, muchas veces por cierto, que no debes preguntarme esa clase de cosas.- dijo.- No te puedo decir más de lo que debes saber. ¿Sabes lo que pasaría si un humano se enterara de cosas que no debería?
Lo sé, lo sé.- dije yo.- Pero es que no entiendo, es como si estuviera desperdiciando mi trabajo.
O sea, que cuestionas mis decisiones.- dijo Catrina, algo molesta.
Para nada.- me estremecí; el frío de la habitación iba en aumento.- Es solo que… No sé, Catrina, me perturba trabajar con Wakabayashi, no es un hombre normal y no parece necesitar ayuda psicológica, al principio creí que sí pero… Ya me he dado cuenta que lo que quiere es simplemente sentirse en paz antes de morir, está tan dolido con su irremediable destino que por eso no desea que sus amigos lo consuelen, ni tampoco su familia. No creo que necesite un psicólogo, más bien, necesita algo así como…
¿Cariño? ¿Amor?.- completó Catrina.
Más o menos.- admití.- Alguien que lo ame y lo entretenga con placeres mundanos…
¿Ja! ¿Conoces a alguien que pueda ayudarle en eso?.- me cuestionó ella, con una risilla.
No capté de inmediato el significado oculto de sus palabras, y cuando lo hice, fingí no haberme dado cuenta. Yo soy psicóloga, médica, amiga pero no… Bueno, la prostitución no entra dentro de mis deberes. Además, de solo imaginarme una escena erótica con Genzo hacía que se me pusiera la piel de gallina.
Te quedaste callada.- me dijo Catrina.- ¿Qué fue lo que pensaste?
Nada.- mentí, sintiendo que me ruborizaba.- Catrina, nunca antes he hecho esto, pero quisiera pedirte que me sacaras cuanto antes de esto. Genzo no necesita más terapia, lo que le hace falta es una mujer.
Quizás.- admitió ella.- Pero al menos que le consigas una novia, mucho me temo que no vas a poder salir de esto hasta que yo te lo diga. ¿Por qué quieres dejarlo ya?
Porque me recuerda demasiado a Elliot.- dije, sin pensarlo.- No soporto la cantidad de recuerdos que vienen a mi mente cada vez que estoy con Genzo. ¿Y ni siquiera lo conozco bien!
No era que Genzo se pareciera a mi novio muerto, Elliot y èl eran tan diferentes como el agua y el aceite, sino era más bien la clase de sentimientos que despertaban en mí cada vez que estábamos juntos. Me sentía libre, e inexplicablemente feliz, y cada día deseaba volver a ver a Wakabayashi aunque solo fuera por unos segundos, aunque solo fuera para pelearme con él. Era demasiado, no quería fijarme en alguien que tarde que temprano iba a morir, y que además se suponía que yo detestaba con todo mi ser. Era demasiado confuso, se suponía que no debía involucrarme sentimentalmente con nadie o las consecuencias serían desastrosas, y Catrina debía comprender mi situación, ¿o no?
Puedo comprenderlo.- me dijo ella, muy tranquila.- Pero es necesario que vayas haciéndote a la idea de que no puedes involucrarte con tus pacientes.
Por eso mismo es que preferiría dejarlo.- suspiré, sintiéndome aliviada.- Quizás podría…
No.- me interrumpió Catrina, otra vez muy seria.- Vas a continuar con esto, hasta que yo te lo diga. Sé que te dolió lo que sucedió con tu novio, pero no puedes vivir todo el tiempo en el pasado.
Pero…
Pero nada.- ella se puso de pie.- Así vamos a seguir hasta que sea la hora. Y si me disculpas…
No, por favor, espera.- pedí, algo desesperada.- Al menos respóndeme otra pregunta antes de irme.- Ya se había tocado el escabroso tema, habría que aprovechar.- Lo que pasó con… Bueno, con Elliot…
Me preguntaba cuándo me preguntarías sobre eso.- suspiró Catrina, sentándose nuevamente.- Y sabes que en cierto modo, no puedo responderte del todo…
"¿Del todo?".- dije.- Eso me suena a que podrías decirme una parte de tus razones…
Bien sabes que no son mis "razones".- replicó ella, algo molesta.- Simplemente, tengo una misión por cumplir, así funciona este ciclo y bien que te lo sabes. Tarde que temprano todos tendrán que decirle adiós a alguien, porque nada en esta vida es eterno y así funcionan las cosas. Y si lo que te preguntas es si me llevé a Elliot por algún motivo que tenga que ver con tu sufrimiento, la respuesta es no. Él tenía que morir ese día y a esa hora, así estaba escrito, Elliot no murió porque tuvieras que aprender una lección o porque tengas que sufrir un trágico destino por el hecho de que eres mi ahijada. Fue simplemente el círculo de la vida.
Me quedé callada un buen rato. No voy a negar que sí llegué a pensar que todo ese asunto trágico de la muerte de mi novio se debía a un oscuro designio que tenía que ver con el hecho de que la Muerte era mi madrina, pero ahora, al escuchar a Catrina ser tan sincera, hasta vergüenza me dio. Ni que fuera yo tan importante, simplemente era una persona normal, común y corriente, sin ningún destino trágico, únicamente con una importante misión y nada más, como muchas otras personas en el mundo, y así como ellas, iba a perder seres queridos, iba a sufrir y a llorar por alguien, pero se debía simplemente a que así funciona el mundo.
Supongo que todos nos debemos morir algún día.- musité, conteniendo las lágrimas.- Nada es eterno.
Dicen por ahí que todos deben sufrir la pérdida de un ser amado porque solo así se darán cuenta de cuánto los querían.- comentó Catrina, sonriendo de una manera en la que no la había visto hacer hamás, casi como con ternura.- En tu caso, te diste cuenta de eso más joven que la mayoría de las personas, aunque si lo ves desde mi punto de vista, no es tan malo como crees ya que al menos estás viva. Te recuerdo que de un principio no estabas destinada a vivir mucho tiempo.
Ése era otro tema que quería tratar con Catrina, pero después. Me interesaba saber por cuánto tiempo iba a ser válido el contrato que había hecho mi padre con la Muerte, pero después de todo pensé que no todo mundo sabe, sino es que nadie, el día en el que su contrato de vida terrenal expirará.
No te sigas atormentando más por eso.- me pidió mi madrina.- No vas a ganar nada, lo sabes tan bien como yo.
Lo sé.- suspiré, enjugándome una lágrima.- Lamento si me puse… Bueno, algo sentimental.
Es normal.- me dijo ella, encogiéndose de hombros.- No sabes cuánta gente me pregunta el por qué me llevé a las personas que amaban. No sabes cuánto me gustaría responderles a veces.
Me sorprendió esta pequeña confesión, pero supongo que no debía inmiscuirme más. Catrina se estiró cuan larga era su versión de carne y hueso, que por cierto no era tan baja de estatura, se sacudió elegantemente el largo y brillante cabello negro y se fue, no sin antes sonreírme. No sé si la Muerte sea capaz de encariñarse con alguien, pero si podía, quería creer que lo había hecho conmigo, porque habría de mentir si dijera que yo no la amaba a ella.
Sea como fuere, el caso es que después de hablar con ella me sentí mucho mejor. Sin embargo, eso no quitaba el hecho de que Genzo Wakabayashi no fuese a morir pronto, ya que era parte de su destino el tener "los días contados", y aunque no quisiera admitirlo, me dolía pensar en ello. Me tenía que aguantar, por supuesto, ya que Catrina me había dicho claramente que no quería que renunciara. Así pues, hice de tripas corazón; si mi primer amor se moría, no era culpa mía, pero si me enamoraba de un moribundo sí que sería mi responsabilidad y entonces tendría que aguantarme…
Me sobresalté cuando escuché que tocaban a la puerta. No me di cuenta de que el tiempo había pasado volando, quizás se trataba del Dr. Stein o de Jean, quienes venían a jalarme de las orejas por no haber aparecido, así que fui a toda prisa a abrir la puerta y sí, efectivamente me topé con Jean Lacoste, pero no venía solo, sino acompañado de dos muchachos que no conocía: los dos eran aproximadamente de la edad de Genzo, ambos más o menos de mi estatura (mi trauma es que soy muy alta, mido casi 1.75 mts), uno de ellos de cabello negro peinado de una forma muy rara y curiosa, y el otro con cabellos castaños, peinado a la manera habitual, o sea, sin cortes raros o estrafalarios. Los dos jóvenes tenían rasgos orientales, y por lo poco que sabía de ellos, parecían ser amigos de Genzo. Ambos, sin embargo, me saludaron con una sonrisa y un apretón de manos, sin reverencias ni ninguna situación similar, probablemente porque ambos vivían ya en países occidentales y sabían que yo soy occidental. En fin.
Permíteme presentarte a Tsubasa Ozhora.- Jean señaló al chico de cabellos negros y peinado estrafalario.- Y a Taro Misaki.- esta vez Jean se dirigió al muchacho de cabellos castaños.- Ella es la doctora Lily Del Valle.
Mucho gusto.- sonrió Misaki.- Ya había tenido el gusto de hablar con usted por teléfono.
Somos amigos de Wakabayashi.- dijo Tsubasa.- Y si bien yo no la conocía, es un placer hacerlo.
Sonreí. Par de muchachos tan encantadores. Los invité a pasar y les ofrecí café, cosa que los tres aceptaron de inmediato. Me preguntaba a qué venían a buscarme, aunque me lo sospechaba. Si eran amigos de Genzo Wakabayashi, solo podían estar aquí por una cosa.
Solo queremos saber cómo está, y si se va a recuperar.- dijo Tsubasa, sin rodeos.
Y no hablamos solo del estado físico, claro está.- dijo Misaki.- Ya el doctor Lacoste nos ha dicho que la fractura que sufrió está en vías de recuperarse.
"Claro, porque la fractura no es el problema, sino el enorme aneurisma cerebral que tiene", pensé yo.
Entonces, supongo que lo que quieren saber es cómo está de salud mental.- dije, sin ambages.
Por supuesto.- asintió Tsubasa.
Pues mucho me temo decirles que su amigo está loco de remate.- contesté, campechanamente.- Como ha estado toda su vida.
Lily… .- dijo Jean, en tono de advertencia.
¿Qué sucede?.- repliqué.- Es cierto, y sus amigos deben saberlo, si es que en verdad son sus amigos.
Pues ella dice la razón.- Taro se rió de buena gana.- Genzo nunca ha tenido buena salud mental.
Pero no es para que lo digas.- gruñó Jean, frunciendo el entrecejo.- No es correcto, siendo que eres su doctora.
Por la forma en la que habla, yo creo que más bien es su amiga.- Tsubasa sonrió.- Solo un buen amigo de Wakabayashi hablaría de forma tan cariñosa al referirse a él.
¿Cariñosa? ¿Dijo "cariñosa"? ¿Acaso era una broma? ¡Ja! ¡Si había intentado sonar lo más despreocupada posible! Intenté no ruborizarme, pero creo que no pude evitarlo. Me serví más café, aun cuando sabía que después iba a darme un ataque de hiperactividad.
Nos da gusto escuchar que Wakabayashi se encuentra no tan mal.- continuó Tsubasa.- Temíamos que por su cabeza rondaran los peores pensamientos. Para todos fue una sorpresa el que decidiera retirarse del sóccer…
Sin duda alguna.- suspiró Taro.- No tienen una idea de cuánto nos hubiera gustado estar con él y apoyarlo en ese momento tan difícil.
Sin duda alguna, en verdad, pero qué se le iba a hacer. Genzo es tan terco como una mula.
¿Entonces usted cree que dentro de poco aceptará hablar con nosotros?.- me cuestionó Tsubasa.- Sabemos que Genzo es muy, muy orgulloso, por eso mismo no ha querido hablar con nosotros. Sin embargo, no puede esconderse toda la vida.
Claro que no, eso es muy egoísta de su parte.- continuó Taro, enojado.- Somos sus amigos, tenemos derecho a estar con él en los buenos y malos momentos.
Vaya que Genzo tenía suerte de tener amigos como este par. Y sin embargo, el muy tarado no se daba cuenta de eso. A veces, me daban ganas de zarandearlo, porque podía llegar a ser muy, muy ciego. No se daba cuenta que había gente que lo quería sinceramente, incluyéndome…
Quisiera decirles que hemos hecho avances importantes con él, pero desgraciadamente, no puedo hacerlo.- dije, sin cuidarme de escoger bien mis palabras.- Lo he intentado todo, pero en verdad que él tiene una barrera muy fuerte, casi imposible de penetrar.
Lily… .- Jean me miró de esa manera en la que las madres miran a un hijo que las avergüenza.
Espera, que es cierto.- lo corté.- Tengo que ser sincera: he hecho todo lo posible para que ganarme su confianza, pero no lo consigo.
Uhm.- Tsubasa meditó un rato.- No es fácil que una mujer se gane la confianza de Wakabayashi. No es por ofensa a su sexo, ni por machismo, simplemente que él no se lleva bien con el sexo opuesto.
Eso ya lo averigüé.- suspiré.- Por eso quisiera saber cómo conseguir que confíe en mí.
Tal vez tenga que cambiar de táctica.- me dijo Misaki, muy serio.
En ese momento todos nos callamos porque volvieron a tocar a la puerta y al abrir, descubrimos a Genzo Wakabayashi, menos gruñón que en días previos. El joven se veía en verdad feliz de ver a sus amigos, aunque pretendía no demostrarlo, cosa que no logró. Tsubasa y Misaki lo recibieron con mucho gusto, los tres amigos se dieron las manos, palmadas en la espalda, intercambiaron saludos y demás situaciones dadas entre los amigos. Después de un rato, le ofrecí a Genzo un té, ya que no me parecía muy correcto que tomara café, debido a su problema. Él me miró raro y rechazó mi oferta, diciendo que iba a tomarse una enorme taza de buen café.
No creo que sea muy prudente.- dije.- Debes cuidar tu salud.
No creo que una taza de café me afecte.- dijo Genzo, tercamente.
Haz lo que se te pegue la gana.- gruñí.- Después de todo, yo no soy tu médico, solo tu psicóloga.
Solo soy tu psicóloga.- él me remedó, con voz chillona.- Sí, claro, ahora resulta que también te preocupa mi salud.
Se supone que debe preocuparme todo.- repliqué.- Piensa lo que quieras.
Jean carraspeó, como para recordarnos que no estábamos a solas. Genzo dejó el café, y yo me dispuse a prepararle el té. Noté que Tsubasa y Misaki sonreían divertidos e intercambiaron miradas entre sí. Yo volví a sentir que mi rostro adquiría una tonalidad escarlata, pero me aguanté. Eso me pasa por dejarme llevar por mis sentimientos. En cuanto el té estuvo listo, se lo serví a Genzo, quien ya estaba charlando con sus amigos, pero aun así se levantó a ayudarme a llevar más azúcar, crema y leche a la pequeña mesita de café. Los cinco entonces nos pusimos a conversar, Tsubasa y Taro le reclamaron a su amigo por haber cortado comunicación con ellos, mientras que Genzo se defendía lo mejor que podía de los ataques sutiles de sus amigos, quienes sí se veían en verdad dolidos por el hecho. Genzo tenía muy buenos amigos, pero el tonto no se daba cuenta de eso.
Solo queremos ayudarte, no hay nada de malo en eso.- dijo Tsubasa.- Somos tus amigos, no tus enemigos.
No tienes por qué sentirte avergonzado o derrotado.- dijo Misaki.- Diste la cara a los medios y saliste con la frente en alto, no tienes por qué esconderte.
No lo hago.- negó Genzo.- Simplemente… Es difícil para mí aceptar el hecho de que no jugaré más. De que no volveré a pisar el campo de mis sueños, que no volveré a dar todo de mí por aquello que me apasiona… Es difícil en verdad…
Todos nos quedamos callados, creo que porque todos sentimos compasión en el interior. Sin querer. Quizás de forma instintiva, le toqué levemente la mano a Genzo, dándole a entender que estaba con él. Él me miró brevemente, un intercambio de miradas que duró apenas unos cuantos segundos, pero en sus ojos se dibujó el agradecimiento. Yo sonreí levemente, y me dediqué a rellenar las tazas de nuestros visitantes, y por segunda ocasión noté que Tsubasa y Misaki intercambiaban miradas de complicidad y me sentí algo irritada. Era como ser adolescente, estar en una secundaria y soportar que todos tus compañeros de salón hablaran de ti a tus espaldas.
Lo comprendo.- dijo Taro, tras un rato.- Cuando yo me lesioné la pierna en la primaria, pensé que nunca iba a volver a jugar, y lo mismo me pasó cuando me atropellaron por salvar a mi hermana, allá en el mundial juvenil. Es difícil aceptar que no volverás a hacer lo que tanto amas.
Yo también puedo entenderlo.- añadió Tsubasa.- Pero eso no justifica que te separes de la gente que quieres.
Genzo sonrió, al igual que sus amigos. Vaya, al menos se había logrado un cambio, y yo que creía que mis esfuerzos estaban siendo en vano. Bueno, que me estaba adjudicando demasiado crédito, igual y fue la influencia de sus amigos y no la mía la que hizo a Genzo abrirse. Sea como sea, después de un rato, Jean dijo que tenía que irse, y Tsubasa y Misaki lo imitaron. Genzo dijo que se quedaría a ayudarme a limpiar y sus dos amigos intercambiaron miradas entre sí por tercera vez. Yo suspiré y me dispuse a escuchar a Genzo quejarse, pero antes de eso, Misaki me pidió que le ayudara con una pequeña lesión que tenía. Me sorprendí, porque para eso podrían ser mucho más útiles el Dr. Stein o el propio Jean, pero no me negué. Misaki se entretuvo en la sala, mientras Genzo iba a la cocina y Tsubasa y Jean salían, y me dispuse a revisar su tobillo. La lesión era pequeña, no ameritaba más que un vendaje por unos días y un antiinflamatorio, algo que cualquier deportista hubiese podido descubrir por sí solo. Sin embargo, ya era de esperarse que eso solo era un pretexto, así que Taro no soltó mucho en soltar lo que pensaba.
Si me permites decirlo, creo que estás acercándote a Genzo de manera equivocada.- me dijo Taro.- Él te escucha, pero no como psicóloga.
Entonces, bonito trabajo el que hago.- gruñí.
No lo quise decir de esa manera, no te lo tomes a mal.- continuó él.- Los vimos durante todo este tiempo, y tengo que decirte que él no había actuado así con ninguna mujer. Él te escucha, eso es evidente, pero no de la forma en la que crees.
No te entiendo.- dije, perpleja.
No seas tan ciega.- me reconvino Misaki.- Es más que obvio, hasta nosotros nos dimos cuenta. Abre los ojos. Genzo te escucha, y mucho. Es más, yo diría que te presta demasiada atención.
En ese momento, Wakabayashi llegó a nosotros y Taro se calló. Yo no quise ponerme a cavilar en sus reflexiones, lo que él opinara no era asunto mío.
Notas:
La Catrina fue creada para hacer una representación metafórica de la clase social alta de México antes de la revolución mexicana. Ya posteriormente se hizo el símbolo oficial de la Muerte para celebrar el 2 de noviembre, que en México se conmemora el día de Muertos. La Catrina habitualmente se representa como una mujer que se encuentra "en los puros huesos" y ricamente ataviada con ropas de mujer propias de la época de la revolución mexicana, allá por 1910. Fue el ver esta representación tan mexicana de la Muerte lo que me dio la idea de usar "Catrina" como su nombre "humano" en este fic.
