Capítulo 7.
Los días fueron pasando, y se convirtieron rápidamente en semanas, y yo no sabía cuánto tiempo le quedaba a Genzo. Al menos, había conseguido que se mantuviera en contacto más constante con Tsubasa Ozhora y Taro Misaki, e incluso, por voluntad propia, le llamó también a Hermann Kaltz, su mejor amigo en Alemania, y aun más sorprendente, recibió la visita del Káiser Karl Heinz Schneider, el goleador estrella alemán que era su tan afamado rival. La visita de éste último fue en verdad un tanto conmovedora, pues Schneider reconoció que nunca tendría ningún rival que se pareciera a Wakabayashi.
- En verdad, te voy a extrañar.- dijo Karl.- Los partidos sin ti no son los mismos.
- Eso dicen todos.- Wakabayashi sonrió.- Pero dentro de poco nadie me recordará.
- Sabes que no es cierto.- lo contradijo Karl.- Eres el mejor portero y siempre lo serás.
Wakabayashi se había sonreído por lo bajo, aunque todos lo notamos. Noté también que Schneider me señalaba y le preguntaba a Wakabayashi sobre mí, con señas. Éste simplemente se encogió de hombros.
- Es mi psicoterapeuta.- fue todo lo que dijo.- Y en cierta medida, mi doctora.
- Ya veo por qué a todos les gusta andarse haciendo locos por estas fechas.- Karl me miró de reojo.- No eres tan tonto ni gay como yo creía.
Genzo le dio un puñetazo en el hombro, a lo que Karl soltó una carcajada. Yo fingí no escucharlos, así como fingí que mi cara no se había puesto color cereza. En cuanto el alemán se hubo marchado, noté que ya eran dos los amigos de Wakabayashi que hacían comentarios sobre nosotros, o bueno, tres, si se podían considerar las miradas de complicidad. Al parecer, los amigos y rivales de Genzo creían que nosotros éramos pareja aunque eso no era cierto. Lo que sí quizás no podía negar era la inquietante atracción que había surgido entre nosotros.
- Sé que te va a sorprender, pero lo considero mi amigo.- dijo Genzo, de la nada.
- No tiene por qué sorprenderme.- repliqué.- A pesar de todo, es obvio que le agradas y que te tiene estima.
- Quizás.- musitó, pensativo.- Va a casarse con una buena amiga mía.
- ¿Una de ésas amigas que te has negado a ver por orgullo y terquedad?.- cuestioné suspirando.
Sí, había oído de la unión en cuestión, Karl Heinz Schneider iba a casarse con la hija del embajador de Francia en Alemania, Elieth Shanks una unión que había llamado mucho la atención de los medios. Lo que me sorprendió fue que Genzo conociera a la muchacha en cuestión.
- Es buena chica.- dijo Genzo.- Sabrá poner a Schneider en su lugar, que es lo más importante. Les va a ir bien.
- Claro.- asentí, mirando por la ventana.
Antes de la charla que había tenido con Catrina sobre mi no futuro trágico, el hablar de relaciones amorosas me lastimaba, pero ahora me sentía mucho más tranquila al respecto. Donde quiera que estuviese, Elliot desearía que yo tuviese una relación con alguien que me amara y a quien yo amara. Claro, que no creo que hubiese estado muy conforme de enterarse que yo me había enamorado de otro condenado a muerte. En fin, creo que divago, ni más ni menos. Genzo continuó hablando sobre su amiga y su rival (el de él, no el de ella), mientras encendía la televisión. De pronto, se quedó callado y me pregunté qué habría pasado.
- ¿Sucede algo?.- le pregunté, acercándome.- De repente enmudeciste.
Genzo, simplemente, señaló la pantalla de televisión, en donde presentaban imágenes de un impactante accidente ferroviario acontecido en España. Había sido una tragedia a gran escala, y las escenas eran impresionantes en verdad. Me mordí el labio inferior al recordar que Catrina me había avisado que se desaparecería un día o dos, ya que tenía mucho trabajo pendiente.
"Supongo que ese trabajo es éste", pensé, tratando de no ubicar mi mente en las miles de personas que habían resultado heridas.
- Debe ser espantoso morir así.- comentó Genzo, de pronto.
- A nadie le gustaría morir en un accidente.- comenté.
- No me refiero tanto a eso.- negó.- Más bien hablaba de… Bueno… De morir así de repente, sin poder haber hablado con la gente que quieres…
Se quedó callado, y me pregunté si en ese momento le había caído el veinte de lo que él había estado haciendo. Quizás el ver a tanta gente muerta tan repentinamente, después de que solo estaban ocupándose de sus asuntos, sin poder despedirse de quienes amaban, lo hizo reflexionar sobre su propio estado. Se quedó un buen rato mirando las noticias, lamentándose por los muertos que nunca conoció.
- Es el segundo accidente grande que ha habido en las últimas semanas.- comentó Genzo, después de un rato.- Primero el terremoto en Irán, después, esto.
- Sí.- fue todo lo que dije.
- Me pregunto si….- Genzo bajó la voz hasta convertirla en solo un susurro.- Si eso no será una señal de que el fin está cerca…
Oh, no, esperaba que no estuviera hablando de profecías ni de cosas de ésas, aunque más bien hablaba de su propio destino. Claro está, Catrina no participó en todos esos hechos para darle un mensaje a Genzo Wakabayashi, pero sí pudo hacer que los accidentes causaran mayor impacto en él que en una persona que no está a punto de morir. Dicen que los próximos a morir sienten su muerte, y casi nadie sabe (bueno, nada más yo lo sé) que esto se debe a que Catrina comienza a mandar señales desde antes, para darles oportunidad a las personas de arreglar sus asuntos. Desgraciadamente, son pocas las personas que se dan cuenta de esto. Yo fingí no saber de qué hablaba él, no porque no pudiera decirle nada, sino porque cada vez era más dolorosamente difícil el aceptar la realidad, y es que a últimas fechas Genzo se quejaba cada vez más de dolor de cabeza, el cual era tan intenso que llegaba a despertarlo a media noche. Esto nunca era una buena señal, y era que su aneurisma comenzaba a hacer ruido; muy probablemente Genzo no le había contado a nadie sobre esto, porque de ser así Jean o el Dr. Stein se habrían preocupado y le habrían hecho estudios que hubiesen revelado su bomba de tiempo. Aún así, no hubiera servido de nada porque su aneurisma era inoperable, únicamente le hubiese añadido más drama a lo que Wakabayashi ya estaba viviendo.
- A veces creo que alucino.- comentó Genzo, de pronto.- Vaya, que se me pegó esa frase tuya.
- ¿Por qué alucinas?.- cuestioné.- ¿Por qué te ha tocado ver muchas desgracias? Hay otros tantos millones de personas que también han visto eso.
- Lo sé, por eso te digo que alucino.- Genzo optó por cambiar el canal a uno deportivo.- Creo que tu locoterapia comienza a surtir efecto en mí.
- No es locoterapia.- protesté.- Funciona, lo acabas de decir.
- No te emociones tanto.- negó.- Simplemente digo que creo que hay varias cosas que debo hacer en mi vida.
- ¿Cómo qué?.- quise saber, con aparente desinterés.
- Como hablar con Mikami.- respondió él.- Él… Bueno, creo que se merece más. Ha hecho mucho por mí, me entrenó y me educó, por no decir que me enseñó muchas cosas, no solo del fútbol, también para mí. Mikami es más una figura paterna para mí que mi propio padre.
- Lo sé.- suspiré. Había leído lo suficiente sobre Genzo como saber este dato.
También, por supuesto, estaban los verdaderos padres de Genzo, quienes a pesar de que no eran muy unidos a él, era obvio que se seguían preocupando. Después de todo, no dejaba de ser su hijo.
- Ayer me habló mi abuelo.- soltó Genzo, de pronto.- Me dijo que en algún momento tengo que encarar a Mikami, aunque solo sea para agradecerle lo que ha hecho por mí.
El abuelo paterno de Genzo, Daisuke también había estado llamando insistentemente a su nieto. Lo que habría de enterarme después era que Genzo sí le había respondido sus llamadas, no solo una, y había mantenido contacto constante con él. Al parecer, Daisuke era de las pocas personas que podían convencer a Genzo de cualquier cosa, saltaba a la vista con el hecho de que éste quisiera hablar con Mikami.
- ¿Y qué piensas?.- pregunté.- ¿Lo harás?
- Quizás lo haga.- asintió.- Si una persona en quien confías te dice que hagas algo, por algo será. Pero si dos personas te lo dicen, es necesario que lo hagas.
- ¿Y quién más te lo ha sugerido?.- yo estaba distraída.
- Pues tú, ¿quién más?.- contestó él, como si fuera lo más evidente del mundo.
- ¿Yo?.- obviamente, me sorprendí.- ¿O sea que confías en mí?
- ¿Por qué no habría de hacerlo?.- Genzo se encogió de hombros.- Me tomó tiempo darme cuenta de que en realidad lo único que quieres hacer es ayudarme.
Ahí sí que me sentí fatal. Claro que lo quería ayudar, pero también sentía que le estaba ocultando algo, y por supuesto que era verdad. Normalmente, luego de un tiempo de estar con mis pacientes, ellos me agradecen por mi ayuda y me ofrecen su confianza, y yo habitualmente se los agradezco, pero en esta ocasión me sentí mal cuando Genzo me dijo esto. Y es que él no era un paciente como los demás… Era casi como si lo estuviera engañando, y en cierto modo, así era.
- Te dejé sin palabras, ¿cierto?.- continuó él, con una media sonrisa, que era tan característica en él.- No te lo esperabas.
- Realmente, no.- acepté.- Pero gracias… Supongo.
- Te lo digo en serio.- insistió Genzo.- Gracias por preocuparte tanto.
No quise responderle que, al final de cuentas, ése era mi trabajo, así que me quedé callada. No era lo que quería decir, y de todos modos, lo que realmente quería decir no lo podía decir, así de sencillo. Igual, cualquier cosa que pudiera decir estaba de más.
Así pues, como Genzo lo comentó, se puso en contacto con Tatsuo Mikami. El entrenador al principio se mostró feliz y entusiasmado de que su otrora pupilo se pusiera al fin en contacto con él, pero cuando supo que su decisión de retirarse iba en serio, la felicidad desapareció casi por completo. Mikami no comprendía cómo era posible que ningún médico pudiese hacer algo por la lesión de Genzo, con lo avanzada que estaba la tecnología, e insistía en que el joven portero fuese a revisarse a Japón, quizás allá encontraría a alguien que pudiese cambiar su sombrío diagnóstico. Catrina se puso a observarlos, de manera que me enteré de todo lo que hablaron.
- Mikami, sabes que el mejor médico en estas cuestiones es el Dr. Stein.- contradijo Genzo, con una temible lógica.- Si él no pudo ayudarme, nadie en Japón lo hará. Además, cuento con una segunda y una tercera opinión, la del Dr. Lacoste y la de la Dra. Del Valle, y los tres piensan que no hay solución a mi problema.
Yo me sorprendí, obviamente, cuando me enteré de esto, ya que yo no había dado ninguna opinión sobre la condición física de Genzo, claro, sabía que estaba mal, pero no di un diagnóstico como tal.
- Eres la ahijada de la Muerte, es de esperarse que tus diagnósticos sean más acertados que los de ningún otro.- comentó Catrina, mordaz.
- Bueno, sí, pero a mí nadie me preguntó mi opinión.- repliqué. Y era cierto.- Cuando acudieron a mí, Jean y el Dr. Stein ya habían dado su diagnóstico final junto con la sentencia de muerte para la carrera de Genzo.
Catrina se encogió de hombros y continuó con su historia. Mikami sabía que el argumento de Genzo pesaba más que ningún otro, pero aun así se resistía a darse por vencido.
- Eres el mejor portero que ha existido jamás.- comentó Mikami.- Es una injusticia que tengas que terminar tu carrera así, solo por un accidente.
- Lo sé.- suspiró Genzo.- Pero no me queda más que aceptarlo. Y resignarme. Y creo que, a resumidas cuentas, he hecho ya ambas cosas, solo quería hablar con usted para… Bueno, creo que no le di nunca las gracias por haber dedicado tanto tiempo de su vida a entrenarme. Usted me hizo el mejor.
- No tienes nada qué agradecer.- negó Mikami.- Hice lo mejor que pude con un alumno que desde el principio demostró tener talento. Lo único que lamento es no haber tenido yo el talento suficiente para continuar entrenándote, hijo.
- Usted fue el mejor, sin dudarlo.- corrigió Genzo.- No hubiera llegado tan lejos sin usted. Gracias.
Mikami no dijo ya nada, entre conmovido y triste, y abrazó a Genzo con el cariño que podría tener un padre por su hijo. Wakabayashi, quien no estaba acostumbrado a esta clase de demostraciones, correspondió lo mejor que pudo al gesto.
- Eres como el hijo que nunca tuve.- confesó Mikami, después.- Y eso me recuerda, algo que he querido decirte desde hace mucho tiempo, hijo: No esperes demasiado para experimentar todos los sentimientos para los cuales está hecho el ser humano.
- ¿A qué se refiere?.- Genzo no comprendía.
- A que los hombres estamos incompletos cuando no podemos experimentar todos aquellos sentimientos para los cuales estamos hechos, hijo.- contestó Mikami.- No solo el gozo de una victoria, el dolor de una derrota y el enojo de un empate, sino también la pasión desbordada que causa el amor.
- Uhm.- Genzo entendió más o menos por dónde iba el asunto.
- Mírame en este espejo y aprende, hijo.- dijo Mikami, señalándose.- No me casé, no me enamoré, nunca tuve hijos, no experimenté jamás esa alegría y ahora para mí es ya demasiado tarde. No permitas que a ti te pase lo mismo, busca a alguien con quien compartir tus triunfos, ahora que eres joven. Busca una chica linda, enamórate, no te digo que te cases o no, eso ya es cosa tuya, pero sí te aconsejo que ames. No te vayas de este mundo sin conocer este sentimiento a fondo.
Quiso Genzo replicar, decir que sí, sí había amado y mucho, que conocía ese sentimiento, pero se quedó callado al darse cuenta de que nada de eso era cierto. Sí, había tenido algunas novias, unas cuantas sus amantes, pero de ahí a amar… Eso era otro cantar.
- Lo tomaré en cuenta.- fue todo cuanto Genzo dijo.- Ojalá me alcance el tiempo…
- No se trata de perder el tiempo, sino todo lo contrario.- lo reconvino Mikami.- Muchas veces lo que buscamos está justo frente a nosotros.
Quizás era un mensaje oculto, quizás no. El caso era que Genzo no quería hablar más del asunto, así que invitó a Mikami a comer para hablar sobre las nuevas promesas del fútbol. Ahí Genzo aprovechó la oportunidad para pedirle a Mikami que entrenara a la generación que venía detrás de él, al portero que tenía más posibilidades de destacar entre los demás, aparte de él. Mikami lo prometió, siendo el nuevo pupilo elegido el joven portero mitad japonés mitad holandés Koji Jefferson Sakai, un joven con muchísimo talento y un estilo elegante y diferente, alguien quien en verdad prometía mucho. Los dos ex porteros de la selección japonesa pasaron el resto de la tarde hablando de glorias pasadas y las promesas futuras, profesando ambos una empatía y cariño mutuos que se confirmaba con el paso del tiempo.
- Pues bien.- finalizó Catrina.- Ya solo le queda hablar con sus padres y tu trabajo estará concluido.
- ¿Tan pronto?.- no podía hacerme a la idea.- ¿Estás segura?
Catrina me volteó a ver como quien mira a alguien que ha dado una respuesta idiota. Yo ya ni quise replicar ni tratar de defenderme, de alguna forma quería evitar lo inevitable, aunque eso era imposible, por algo era inevitable.
- Me lo has preguntando tantas veces que ya no sé si eres tonta o te haces.- Catrina se escuchaba fastidiada.- Ya no quiero oír ni una palabra más sobre el tema. Consigue que Wakabayashi hable con sus padres.
- Como digas.- suspiré, derrotada.- No creo que me cueste mucho trabajo.
Tocaron a mi puerta; me levanté a abrir y me sorprendí al ver a Tatsuo Mikami ahí, o al menos me supuse que se trataba de él ya que en realidad no lo conocía. Sin embargo, había visto fotos y Genzo me había hablado lo suficiente para reconocerlo, aun sin conocerlo (vaya frase más rara).
- ¿Doctora Del Valle?.- dijo.- Soy Tatsuo Mikami, antiguo entrenador de Genzo. Quisiera hablar con usted, si es posible.
- Por supuesto.- acepté.- Es un placer conocerlo en persona. Solo permítame que despida a mi madrina y en un momento estaré con…
Me callé a mitad de la frase, porque Catrina ya no estaba ahí. Otro de sus trucos, esfumarse como si nada. A veces me preguntaba si no eran alucinaciones mías el que ella estuviera ahí, charlando conmigo tranquilamente. Mikami me miró con gesto interrogante, por lo que opté por encogerme de hombros.
- Disculpe, a mi madrina no le agrada mucho el contacto con la gente.- vil mentira.- Por eso a veces prefiere retirarse a descansar…
- Está bien, no quiero incomodar, puedo regresar después.- dijo Mikami.
- No será necesario.- negué.- Mejor hablamos ahora que después. Disculpe a mi madrina, es solo que no se siente del todo bien.
Otra mentira, pero qué más daba. Mikami negó mi invitación a pasar y tomar café (a estas alturas ya me sentía yo como un servicio de cafetería gratis. Tome un café y llévese gratis una consulta psicológica), diciendo que no quería demorarse mucho, pues su vuelo salía en pocas horas.
- Esto no se detiene, ya sabe.- dijo Mikami, refiriéndose a su trabajo como directivo de fútbol, o eso me supuse.- Solo quiero pedirle que cuide de Genzo como lo ha hecho hasta hora.
- ¿Qué yo cuide de Genzo?.- comenzaba a fastidiarme de eso.- ¿Por qué creen que yo quiero hacer algo así? ¿Me vieron casa de la madre Teresa de Calcuta? ¡Estoy harta!
Mikami me miró sin comprender, obviamente, como si yo me hubiese vuelto loca de repente, y probablemente fue lo que pasó. Pero yo ya estaba harta de todo y de todos, me hartaba que me trataran como si yo fuera la niñera de Genzo Wakabayashi y no lo era. Solo era una simple mujer, doctora y psicóloga, y ya. En cuanto Genzo muriera yo saldría de la vida de todos los que lo conocían y pronto no sería recordada más que como "una de las doctoras que atendió a Genzo antes de morir" y punto.
- Escuche, yo no sé por qué vienen todos a pedirme esto, pero no está bien.- dije, tratando de conservar la serenidad, mejor dicho, de recobrarla.- Yo no puedo hacerme cargo de él, ni de nadie más. Solo trato de cumplir con mi trabajo, y cuando éste se encuentre terminado, yo me iré. De su vida, por supuesto, ya que yo vivo aquí.
Mikami me miró fijamente por algunos momentos. Dado que él usaba lentes oscuros, no conseguía adivinar si me miraba fijamente o no, pero me supuse que sí. Después de un rato, él sonrió, para mi sorpresa, y se recargó contra el marco de la puerta.
- Creo que todos más de una vez nos hemos preguntado por qué Genzo nunca se ha enamorado.- dijo Mikami, sorprendiéndome aun más.- Creo que es porque ninguno de nosotros piensa demasiado en eso, no con la frecuencia con la que la fisiología humana lo exige.
Me reí, no pude evitarlo. ¿Qué podía saber un hombre como él de fisiología humana?
- El caso es.- continuó.- Que mirando en retrospectiva, Genzo no se enamoró nunca porque no se le presentó realmente la oportunidad. Quiero decir, hubo una que otra mujer, pero aun cuando él no se tomó las cosas demasiado en serio, yo sabía que en el fondo esas relaciones no estaban destinadas a funcionar. Ellas no eran las indicadas para él, se hubiese fastidiado demasiado rápido.
- No entiendo a dónde quiere llegar.- y era sincera. No entendía ni pizca.
- A que Genzo había dejado vacía e inconclusa la última pieza del rompecabezas de su existencia porque no había llegado la persona adecuada.- continuó Mikami.- Pero creo que esa persona ya llegó a su vida. Por eso te pido que cuides de él.
Otro más que se hacía conclusiones falsas y precipitadas, tal vez por ser precipitadas eran falsas. Qué más daba, no tenía humor para aclaraciones. Lo que Mikami pensaba sobre Genzo y sobre mí resultaba más que obvio.
- Eso era todo, debo retirarme.- dijo Mikami, sin dejar de sonreírme.- Gracias, doctora Del Valle.
No sabía qué responder, así que no lo hice.
