Capítulo 11.
Las luces parpadearon un par de veces hasta encenderse por completo. La sala de operaciones estaba abarrotada de gente, entre las enfermeras, las circulantes, la instrumentista, el anestesiólogo, los ayudantes y demás. El doctor Stein, el cirujano principal, ayudado por el Dr. Lacoste, intentaban desesperadamente salvar una vida que ya estaba condenada a terminar. En las salas de observación, más arriba, había muchos espectadores, otros cirujanos y médicos, entre ellos, mi padre. La entrada había sido vedada para los estudiantes de medicina y pasantes, quienes se morían de ganas de ver una cirugía como ésa, más que nada por tratarse de un deportista famoso que por lo complicado del procedimiento.
En una zona apartada del resto, Catrina y yo observábamos los intentos desesperados de los Dres. Lacoste y Stein por salvar la vida de Genzo Wakabayashi. Yo debía estar ahí abajo, como ayudante, o en su defecto junto a los médicos que observaban, pero no pude. No pude porque no podía dejar de llorar, por más que lo intentara. No estaba como histérica, llorando como heroína de telenovela, sino que simplemente las lágrimas fluían de mis ojos, aunque yo no hiciese ningún movimiento. De hecho, yo estaba parada junto al vidrio que me permitía observar la cirugía, sin moverme y casi sin respirar. Cuando Jean me vio en ese estado, prefirió ofrecerse él para ayudar al Dr. Stein en vez de mí.
Mi mente repasaba una y otra vez lo sucedido en la última hora. Desde que Genzo cayó inconsciente hasta que llegó la ayuda no pasaron más de 10 minutos, porque en cuanto mi padre colgó el teléfono yo me apresuré a llamarle al Dr. Stein, el cual estuvo ahí en cuestión de segundos, casi. Él revisó a Genzo de pies a cabeza, mientras escuchaba mi relato y le enumeraba los datos que había encontrado en mi propia exploración.
- Cefalea intensa y repentina, vómitos en proyectil, rigidez de nuca, dilatación pupilar y sin respuesta a la luz.- musité.- Tiene toda la pinta de ser una hemorragia subaracnoidea.
(N/A: Una hemorragia subaracnoidea es sangrado en las membranas que recubren el cerebro).
- Sí, eso parece.- musitó el Dr. Stein, echando luz con una lamparita en los ojos de Genzo.- ¿Pero por qué? ¿Habrá sido un aneurisma?
- Quizás.- admití, mordiéndome los labios y mirando de reojo a Catrina, quien seguía empuñando su guadaña de manera amenazadora. Mucho me temo que lo hacía a manera de advertencia.
- No sé cómo no se me ocurrió antes.- gruñó el Dr. Stein.- Debí haberlo pensado...
Hasta al mejor cocinero se le quemaba la sopa, pero ya qué. El Dr. Stein jamás iba a averiguar la causa hasta que fuese demasiado tarde, porque así estaba planeado. Tenía que ser.
- Llamaré cuanto antes al hospital.- dijo el hombre.- En cuanto llegue la ambulancia diles que lo trasladen hasta allá. Tendrán ya listo el aparato de resonancia y el quirófano.
Yo asentí de manera automática. La ambulancia no tardó en llegar y todos nos trasladamos hacia el hospital. Mientras avisaban a los técnicos de la resonancia magnética, enfermeras preparaban a Genzo para la cirugía; una de ellas batallaba mucho para encontrarle una vena y colocarle el suero, a pesar de que él por ser deportista tenía las venas bastante gruesas y visibles. Me desesperé por la lentitud y torpeza de la mujer y le arranqué de las manos el punzocat y se lo coloqué yo misma. Fue ahí cuando empecé a sentir que las lágrimas comenzaban a fluir de mis ojos, empañándolo todo, pero aun así coloqué la venoclisis de manera perfecta, no sin antes tomar muestras de sangre para los laboratorios prequirúrgicos de rigor. Sentí que Jean me miraba fijamente, pero no me dijo nada. El Dr. Stein apareció, ya con su traje de quirófano, y preguntó si entraría con él.
- Lo haré yo.- dijo Jean, antes de que yo pudiese contestar, cosa que le agradecí.
- Está bien.- fue todo cuanto dijo el Dr. Stein.
Afuera de la pequeña sala de exploración se encontraban amontonados cientos de estudiantes y pasantes que tenían la curiosidad de ver si en verdad el gran Genzo Wakabayashi se encontraba ahí, víctima de la ruptura de un aneurisma. Los escuchaba cuchichear y reírse, como si eso se tratara de una fiesta, cosa que me enfureció.
- ¿Quieren callarse ya?.- grité.- ¡Tenemos a un paciente grave, que puede morir en cualquier instante! ¡No es esto una fiesta ni una conferencia de prensa! ¡Largo todos de aquí o me aseguraré de que los reprueben en el año!
La mayoría de los estudiantes me miraron atónitos y se marcharon cuanto antes, avergonzados. Hubo uno o dos, sin embargo, que se disculparon y preguntaron si podían ayudar en algo.
- Claro.- casi le aventé a uno de ellos los tubos de cristal con la sangre de Genzo.- Llévenselos a laboratorio, pidan los estudios de rutina y soliciten cruce para varios paquetes globulares. Su grupo de sangre es O (+).
El estudiante que tomó las muestras asintió, al tiempo que su compañera se apresuró en llenar todas las solicitudes necesarias. Yo me di la vuelta y regresé a la sala de exploración, en donde ya estaban trasladando a Genzo a una camilla para llevarlo a la resonancia. Me apresuré a tomar la solicitud de la misma y lo acompañé, pues quería ver con mis propios ojos que en realidad ese tan terrible momento había llegado.
- ¿Qué es lo que esperas no encontrar?.- me preguntó Catrina, al oído, mientras los técnicos acomodaban a Genzo dentro del aparato de resonancia.- Ya sabes que "eso" se encuentra ahí...
Traté de ignorarla, cosa que me fue imposible, porque sabía muy bien que ella tenía razón. El aparato de resonancia comenzó a funcionar y lentamente fueron apareciendo las imágenes en las pantallas, aquellas imágenes que comprobaban que, efectivamente había una hemorragia subaracnoidea, ocasionada por la ruptura de un aneurisma, una dilatación de la pared de una arteria que yo ya sabía que se encontraba ahí, pero aun así el verla directamente me provocó una impresión muy grande, tanto que casi me vomito yo también. Esto, curiosamente, me hizo recordar que habían transcurrido casi 45 minutos desde que Genzo había perdido el conocimiento.
- ¿Se siente bien, doctora?.- me preguntó uno de los técnicos, preocupado.
- Llévenlo al quirófano de inmediato.- ordené.- Que alguien por favor se lleve después las imágenes impresas, no puedo separarme del paciente.
Uno de los técnicos se ofreció a llevar la resonancia al quirófano para que la viera el Dr. Stein, mientras yo acompañaba a Genzo al quirófano, junto con los dos camilleros. Sin embargo, tuvimos que detenernos antes de entrar al quirófano ya que de repente, Genzo dejó de respirar. Estuve a punto de derrumbarme cuando noté que Catrina no se encontraba presente. Mi mente no lo pensó dos veces y me apresuré a meterle a Genzo un tubo en la tráquea que me permitiera mandarle aire a sus pulmones, haciendo el trabajo que éstos debieron haber hecho solos. Cuando llegué al quirófano, con Genzo entubado y yo insuflando aire hacia sus pulmones, el Dr. Stein en persona corrió a ayudarme y sentí como todo el personal entero se enfocó en nosotros. El anestesiólogo se apresuró a comprobar que el tubo estuviese correctamente colocado y lo conectó a la máquina de anestesia, que se encargaría de realizar el trabajo que yo estaba haciendo manualmente. De ahí, me hice hacia atrás para que pudieran acomodar a Wakabayashi en la mesa y terminaran de prepararlo. Fue ahí cuando aproveché para fugarme al lugar más apartado del quirófano, desde donde podría ver todo sin ser observada.
- No debiste intubarlo.- comentó Catrina, sobre mi hombro.- No servirá de nada.
- No te vi ahí.- dije.- De haberlo hecho, no lo habría intubado.
- ¿Lo hubieras dejado morir?.- preguntó Catrina, tomando su forma humana.
- No.- negué.
- Por eso es que no me aparecí.- repuso ella.- Conozco bien a los médicos.
No dije más nada, porque frente a mí, en un área casi sin médicos, vi entrar a Taro Misaki, a Tsubasa Ozhora y a Karl Heinz Schneider, quien venía en compañía de una chica rubia de cabello rizado. De no haber estado en esa situación, me habría reído al ver ese grupo tan peculiar, o incluso me habría enojado y les habría exigido que salieran de allí ya que no eran personal autorizado, pero en ese momento lo único que quería era que todo acabara ya.
- No deberían estar ahí.- comentó Catrina, mirando al recién llegado grupo, leyéndome el pensamiento.
- Para lo que me importa.- dije.
- Me lo supongo.- suspiró ella.- No vas a ganar nada con tu actitud.
- Tampoco ganaré nada con otra.- repliqué, sin dejar de derramar lágrimas.
¿Qué más podía hacer? Nada. Yo veía el rostro del Dr. Stein, más que ver sus manos, y veía preocupación en ellos. El Dr. Stein, el gran neurocirujano, de los mejores del planeta, el que nunca sudaba ni se preocupaba, estaba ahora muerto de la preocupación. Podía verlo, y ese rostro expresaba un dolor que solo aparecía en un determinado momento: cuando uno de sus pacientes se estaba muriendo. Jean reflejaba exactamente la misma preocupación que él, puesto que si el cirujano principal no podía hacer gran cosa, el ayudante tampoco.
- Deberías irte.- me dijo Catrina, algo preocupada.- Está por ocurrir y no creo que puedas resistirlo.
- No quiero irme.- respondí, testarudamente.- Me quedaré aquí hasta que se muera.
En ese momento pensé que debía estar ahí abajo, sosteniendo la mano de Genzo, para que no se encontrara solo al momento de morir, pero mis pies no se movieron de su sitio. Había algo, no sabía qué, que no me permitía moverme de mi lugar, así que me quedé contemplando la sala de operaciones que se encontraba a mis pies, aun cuando mi mente me gritaba que debía estar abajo. Creo que Catrina tuvo algo que ver con el hecho de que no me pudiera mover, aun cuando ella acababa de decirme que lo mejor sería que me marchara (vaya contradicción), todavía no me explico el por qué ella hizo esto, pero de no haberlo hecho yo no podría haber hecho lo que hice después...
- Está bajando la presión.- dijo entonces el anestesiólogo- Consigan más sangre de su grupo.
- Suerte que es O (+).- murmuró una enfermera.
No sabía por qué podía escuchar perfectamente las conversaciones que se daban en quirófano, y no solo ahí, sino también en salas vecinas e incluso hasta la sala de espera. Eran voces que se unían para pedirme que hiciera algo por Genzo. En alguna parte escuché a Daisuke Wakabayashi sufrir por su nieto y rogar que se salvara, ofreciendo su vida a cambio. Akira Wakabayashi murmuraba en voz baja una plegaria casi silenciosa. Junto a ellos, los amigos de Genzo, Tsubasa Ozhora, Taro Misaki, Hermann Kaltz e incluso algunos compañeros de selección, rogaban y preguntaban qué podían hacer para ayudar a Genzo, y la respuesta a cada uno de ellos era siempre la misma: nada, más que esperar. Y rezar, quizás, pero yo sabía bien que eso no funcionaría.
- Tiene que haber algo que podamos hacer.- fue algo que Karl Heinz Schneider, Hermann Kaltz y Tsubasa Ozhora, los 3 mejores amigos de Genzo, dijeron casi al mismo tiempo.
Y era lo mismo que yo pensaba, pero desgraciadamente, no había nada por hacer. O quizás...
A mi mente vino el cuento de los hermanos Grimm, "El Ahijado de la Muerte". En esa historia, el joven médico había burlado dos veces a la Muerte y había salvado dos vidas, aunque la última de ellas a cambio de su propia vida. Por supuesto, los hermanos Grimm tenían un peculiar sentido de la vida, quizás más realista, y no hicieron que el médico intentase pedirle a la muerte que salvase a su amada princesa a cambio de su vida, algo muy altruista que supuestamente las personas enamoradas hacen, sino que el médico deseaba que ambos siguieran con vida para él poder disfrutar del reino y de la princesa, como futuro rey. No lo culpo, a más de uno le hubiese gustado hacer lo mismo, aunque el resultado no varió, tanto como si ofrecía su vida a cambio como que si no, el médico murió por haber desafiado a la mismísima Muerte. Muchas veces llegué a pensar en si en el final estaba escondida alguna especie de moraleja, o algún otro tipo de mensaje, quizás una posible solución... No, no podía ser, se trataba de solo un cuento de hadas con un triste final, no una posible solución al desastroso final que se avecinaba...
¿O sí?
Mi padre hizo lo posible por salvarme, incluso ofrecer su propia vida, aunque solo terminó haciendo un pacto con Catrina. Si a él le habían aceptado su petición, ¿por qué habrían de negarme la mía?
- ¿Catrina?.- aventuré, con un hilo de voz.
- ¿Qué sucede?.- me preguntó ella, mirándome.
- T-tengo una pregunta... .- dije, tartamudeando. Tragué saliva y continué.- En el cuento de los hermanos Grimm...
- ¿Sí? ¿Qué hay con eso?.- a Catrina no le gustaba que yo mencionase esa historia en particular.
- Al final, cuando el médico muere, lo hace en una gruta en donde se encontraban las lámparas que correspondían a las vidas de los seres humanos.- aventuré, tratando de controlar el temblor de mi voz.- Y el médico, al ver que la suya estaba por extinguirse, pidió a la Muerte que encendiera otra para mantener viva la llama.
- Así es.- asintió Catrina, algo molesta.- ¿Qué hay con eso?
- ¿Eso se puede?.- pregunté.- Es decir, ¿las vidas son como lámparas de aceite? ¿Uno puede prolongar la vida de una con la mecha o el combustible de otra?
- Las vidas no son exactamente como lámparas de aceite, pero creo entender a qué te refieres.- me respondió ella, muy despacio.- No se puede "alimentar" una vida con otra, como los hermanos Grimm lo dieron a entender (y por algo no me gusta este cuento, distorsiona demasiado las cosas), pero sí puede salvarse una vida, ofreciendo a cambio otra alma.
- ¿Cómo es eso?.- me sorprendió su respuesta.
- Cuando un alma está destinada a volver al sitio de donde salió (porque a ese lugar vas cuando mueres, sin dudarlo), esa alma y solo esa alma debe regresar el momento indicado a la hora indicada. Sin embargo, en circunstancias excepcionales, en lugar del alma destinada a marcharse puede entrar el alma de otra persona diferente.
- ¿Y cuáles son esas "circunstancias excepcionales"?.- pregunté, esperanzada.
Catrina me miró fijamente, con sus ojos fríos clavados en mí. "Oh, no, no te atrevas", parecía querer decirme. Pero yo estaba decidida a hacer lo que fuera para evitar que Genzo muriera. Lo que fuera.
- Esas circunstancias excepcionales solo se dan cuando yo estoy de acuerdo.- respondió ella, al fin, apretando tanto los labios que éstos formaron una línea.- Depende del deseo de supervivencia de la otra persona y del deseo de sacrificio del alma que desea hacer el intercambio.
- Y si se reunieran estas tres condiciones... ¿Podría hacerse un intercambio de almas?.- insistí. Ya comenzaba a vislumbrar una luz de esperanza.- ¿Si hubiese alguien dispuesto a intercambiar su lugar con otra persona para salvarle la vida, lo aceptarías?
- No es tan fácil como parece.- me contradijo Catrina.- El alma a intercambiar tiene que cumplir ciertos requisitos, como el que posea la misma aura que la que tiene el alma que está por dejar este mundo; tiene que haber además una conexión especial y muy poderosa entre esas dos almas.
- ¿Y cómo saber si uno tiene un aura igual al de otra persona?.- suspiré, sin querer darme por vencida.
- ¿Qué es lo que quieres exactamente, Lily?.- me cortó Catrina en seco.- Mejor dímelo de una vez y déjate de andar con sutilezas.
Yo la miré fijamente a los ojos; claro que ella sabía lo que yo estaba pensando, eso era demasiado claro y obvio. Por un segundo, el tiempo se detuvo mientras Catrina y yo nos mirábamos fijamente a los ojos. Éstos eran de color violeta ese día, un color que Catrina solía utilizar cuando se encontraba más accesible y de un humor más pacífico, contrario a cuando sus ojos eran negros, señal clara de que su humor de Muerte se encontraba en el punto más alto.
- Dime de una vez qué deseas.- dijo Catrina, usando la voz que debió usar con mi padre cuando le pidió que no me matara.
- Quiero que me permitas tomar el lugar de Genzo.- pedí, con voz firme.- Que me lleves a mí en lugar de a él.
- Sabes que no te puedo llevar a ti.- replicó Catrina.- Hice un pacto con tu padre.
- Un pacto que ya expiró.- repliqué, sin inmutarme.- Cuando cumplí los 25 años, papá habló conmigo. Él me dijo que el contrato que hiciste con él expiraba al cumplir yo los 25 años, así que ya no tengo ese obstáculo. Tú le prometiste a mi padre que yo viviría, más no le prometiste que yo tendría una vida larga. Además, dado que yo estaba destinada a morir y tú cambiaste mi destino, yo pienso que no todo está decidido aún.
- Aún no sabes si tu alma es compatible con la de Genzo Wakabayashi.- replicó Catrina, sin retroceder.
- ¿Y no lo soy?.- cuestioné.- Cierto es que no tenemos muchas cosas en común, pero somos muy parecidos en muchas cosas, en los sentimientos que van más allá de la razón, tenemos la misma fuerza de voluntad y creo que eso me hace pensar que estamos hechos de la misma aura.
- ¿Y es que acaso entre sus almas hay una conexión lo suficientemente poderosa para resistir el intercambio?.- me preguntó Catrina, cruzándose de brazos.
- Tú tan bien como yo sabes que sí la hay.- afirmé.- Siempre la hubo, desde el primer momento en que nos conocimos. Dame la oportunidad de tomar su lugar. Deja por favor que él viva.
Catrina siguió evaluándome con la mirada. Debajo de nosotras, algo se movió y rompió momentáneamente el hechizo. Fue cuando pude ver, con gran horror y desesperación, que Genzo había caído en paro y que los médicos intentaban desesperadamente reanimarlo, mientras el Dr. Stein y Jean intentaban controlar la hemorragia que tenía en el cerebro. No me quedaba mucho tiempo, eso lo sabía, tenía que darme prisa, pero mientras Catrina siguiera con su mirada fija en mí, sabía que Genzo no moriría, aun cuando ya tenía un pie en su tumba.
- Mi padre ofreció su vida en un principio para salvarme.- insistí, sin dejar que me temblara la voz.- Y tú rechazaste esa oferta porque tenías una mejor. En este caso, sé que no tienes una oferta mejor por hacerme, pero no importa, porque esta vez soy yo la que tiene algo mejor que ofrecer. Yo estaba condenada a morir, y el dejarme con vida sin intercambiar un alma desequilibró las cosas. Si dejas que mi alma vaya al lugar a donde debió ir hace más de 26 años, podrás cerrar el ciclo. Deja que tome el lugar de Genzo.
- ¿Todo esto es porque lo amas?.- me preguntó Catrina, con una mirada mucho más amable.
- Sí, lo amo.- asentí, sin titubear.- Y por eso estoy dispuesta a dar mi vida a cambio de la suya.
Abajo, el Dr. Stein luchaba por salvar una vida condenada a perderse. No sería él quien salvase a Genzo; sería yo. Catrina continuaba mirándome fijamente, mientras yo trataba de no perder el control ante lo que sucedía en el quirófano.
Está perdiendo demasiada sangre, no puedo contener la hemorragia...
- Por favor.- supliqué.- He pagado mi deuda contigo. Permíteme que cierre el ciclo que comenzó con mi nacimiento.
Pásenle otra dosis de adrenalina, consigan bicarbonato y quizás un poco de dopamina...
- Cada minuto sin oxígeno a su cerebro es vital y muy, muy valioso.- dije, recordando mis cursos de reanimación cardiopulmonar y mi vasto entrenamiento.- Mientras más lo piensas, más riesgo hay de que Genzo quede con una lesión cerebral.
La saturación de oxígeno está cayendo...
- Por favor.- supliqué.- Por favor.
No podía salvar a mi príncipe engañando a Catrina, eso perfectamente bien que lo sabía. Sin embargo, podría salvarlo limpiamente. Nunca más volvería a verlo, pero al menos él estaría vivo y feliz. Qué cliché tan más idiota...
- ¿Por qué los humanos reniegan siempre de su destino?.- Catrina me hizo la misma pregunta que casi 27 años atrás le había hecho a mi padre.
- Porque amamos y sentimos.- suspiré.
- De acuerdo.- al fin, tras lo que me parecieron horas, Catrina aceptó mi oferta.- Te permitiré que tomes el lugar de Genzo Wakabayashi. Solo espero que estés bien segura de eso, porque una vez hecho el cambio, no podrás regresar.
- Está bien.- asentí, cerrando los ojos para evitar llorar del alivio y del agradecimiento.- No perdamos más tiempo, por favor.
Hay que darle una descarga... Carguen a 300 joules...
La vida de Genzo se estaba escapando, pero ya no tenía miedo: Catrina había aceptado el cambio. Solo era cuestión de tiempo.
- ¿No quieres despedirte antes de irte?.- me preguntó Catrina, con seriedad.
- No hay tiempo.- negué.- Además, no sería capaz de explicarle a nadie el por qué hago esto. Es más complicado de lo que parece.
"Perdóname, papá", pensé. "Perdóname, mamá. Perdónenme Lara y Leonardo. Hasta aquí llegó mi momento. Solo quisiera que supieran que muero siendo feliz...".
- ¿Estás lista?.- me preguntó Catrina, tendiéndome la mano.
- Lista.- asentí, después de mirarlo a través del cristal. A pesar de la herida en la cabeza, seguía siendo un hombre apuesto. Y carismático. Encontraría a alguien que lo hiciera feliz, de eso estaba segura.
- Bien.- Catrina acercó más su mano a mí.- Toma mi mano, y todo terminará pronto, al menos para ti. Pero te doy mi promesa de que cumpliré mi palabra.
- ¿Dolerá?.- pregunté de forma infantil, sin poder evitarlo.
- No realmente.- negó ella.- Aunque no sabría decirte, yo nunca he pasado por eso.
Suspiré. Dicen que una persona a punto de morir, recuerda su vida, y eso fue precisamente lo que hice. Frente a mis ojos pasaron imágenes extraídas directamente de mi memoria, tantos recuerdos que sería imposible hacer un resumen justo de ellos, así como escenas de los pacientes que había ayudado a bien morir, pero las imágenes que más me impactaron fueron la de mis últimos días con Genzo Wakabayashi en esta tierra.
Todos tenemos un destino por cumplir. Y no hay manera de que puedas escapar a él.
Di un paso al frente y tomé la mano de Catrina. En ese preciso momento, el corazón de Genzo Wakabayashi volvió a latir, muy débilmente. Y el mío, estaba a punto de detenerse para siempre.
Esperaba sentir algo más fuerte, no sé, una especie de ráfaga violenta, un remolino en espiral, una caída en descenso al pozo de la Muerte, pero nada de eso ocurrió. Lo último que alcancé a pensar al tocar a Catrina era que ella tenía la mano excepcionalmente tibia. De ahí, sentí un fuerte tirón que me hizo levantar los pies del suelo.
Y después de ahí, nada. Solo una inmensa blancura que lo envolvía todo a mi alrededor.
Notas:
Creo que el próximo capítulo es el final. Hice un dibujo de Catrina, por cierto, tal y como me imagino que salió en este fic, creo que lo subiré a mi cuenta del DA, aunque no sé cuándo.
El concepto de dar un alma a cambio de otra fue algo que ya utilicé en mis fics "Alas Guerreras: En busca de un Futuro distinto" y "Alas Guerreras 2: La Hija de la Luz". Y si no me creen, vayan y lean esos fics antes de salirme con cualquier babosada, aquí mismo los encuentran. Ese concepto ha salido en muchas obras, como Sailor Moon y Destino Final, y la verdad no recuerdo de cuál de todas lo tomé como referencia.
