Capítulo 12.

Me "desperté" en un cuarto completamente blanco, y no tardé en darme cuenta de que me encontraba completamente desnuda. Al parecer, el paso de almas al Más Allá no incluía la ropa. Y sin embargo, no sentí vergüenza alguna, porque en el sitio en donde estaba no había dolor, ni preocupaciones, ni tristeza, aunque tampoco alegría ni esperanza; simplemente, en ese lugar no había nada. Cero emociones. Era como si al fin pudiese poner la mente en blanco. Era algo irónico, aunque esperado, que para hacer esto, tuviera yo que estar muerta. Qué gracioso, la vida tiene sus puntos cómicos. Y diría que también la Muerte los tiene.

Catrina apareció a lo lejos, aunque me pareció que quizás siempre había estado ahí, luciendo un vestido blanco increíblemente bello, delicadamente bordado, realmente impresionante. Y curiosamente, a pesar de ir de blanco, su esencia de Muerte era casi palpable. Siempre he creído que el color de la Muerte es el blanco, no el negro, de ahí que los doctores nos vistamos de blanco, cosa que la mayoría de la gente no entiende, quizás solo, los mismos doctores, y no todos. Sea como fuere, solo una vez había visto a Catrina con ese vestido antes, aunque no recordaba dónde ni cuándo, pero estaba segura que ese vestido ya lo había visto antes, era tan hermoso que habría resultado imposible olvidarlo una vez que lo veías.

- ¿Así es como se siente morir?.- pregunté.

- No.- me negó Catrina.- No estás muerta.

- ¿Ah, no?.- me sorprendí.- ¿Entonces qué estoy?

- Estás en el Limbo.- me explicó.- La mayoría de los seres humanos creen que el Limbo es el sitio a donde van las almas que no van ni al Cielo ni al Infierno, o a donde acuden las almas que no fueron bautizadas en la Tierra, pero en realidad, es el punto intermedio entre la Vida y la Muerte.

- Y yo estoy aquí, porque… .- no encontré palabras.- ¿Por qué?

Catrina exhaló con fuerza, claramente frustrada. Casi podría decir que me miraba con muchísimo enojo, pero yo no entendía por bien. Ella había aceptado el intercambio de almas, una vez hecho, ella podría estar conforme, no sabía entonces qué era lo que le molestaba tanto.

- Hay algunos "detalles" que faltan por aclarar.- me respondió Catrina, con una tranquilidad en la voz que no traslucía su enojo.- Algunas cosas que me impiden hacer el paso hasta mi territorio. Por eso estás aquí, estamos aquí, por esos "detalles".

- ¿Algo grave?.- quise saber.

- No.- negó ella.- Pero no sé si pueda corregirlos.

- Antes que nada.- pedí.- ¿Podrías decirme si… eh…?

- ¿Si Genzo está vivo?.- completó Catrina, por mí.

- Sí, eh, eso, gracias.- me sonrojé, o eso creo, la verdad es que dudaba aun tener un cuerpo como tal.- No es que dude de ti pero… Ah, antes de marcharme definitivamente, quisiera irme con la seguridad de que él está bien…

- Sí, está vivo.- suspiró ella.- En cuanto toqué tu mano, hice el cambio. Tenía que hacerlo en ese instante o no habría otra oportunidad. Sabes que puedes confiar en mí, pero si así lo deseas, puedes verlo por ti misma.

Noté el énfasis que Catrina puso en "sabes que puedes confiar en mí", como si quisiera añadir algo más o resaltar algo obvio e importante, pero aparte de eso, no dijo otra cosa. Y yo, sinceramente, estaba más ansiosa por ver lo que había ocurrido después de que abandoné la Tierra, así que no dije nada tampoco, esperando que lo sea que fuese que incomodara a Catrina, no fuese nada serio. Ella me tomó nuevamente de la mano y de repente "aparecí" sobre el techo de la sala de operaciones. Me dio vergüenza en un principio porque yo seguía estando desnuda, pero luego recordé que nadie podía verme, así que qué más daba. Al parecer, al volver a la Tierra regresaron conmigo mis preocupaciones y emociones.

Todo sucedió en un brevísimo lapso de tiempo, aunque a mí me parecieron horas. Fue la sensación más rara del mundo, el estar flotando en el quirófano, consciente de todo lo que sucedía a mi alrededor, así como de que yo no era más un ser corpóreo de ese mundo. Abajo, mientras yo me desvanecía en uno de los miradores, el corazón de Genzo había vuelto a latir, lentamente, dentro de su cuerpo inerte; el Dr. Stein había conseguido encontrar el sitio de la hemorragia dentro del cerebro que había dejado de funcionar, y la había cauterizado con tal precisión que sin dudarlo ese caso sería llevado ante la ciencia como un "milagro médico", sin saber que detrás de ese milagro había un sacrificio, y me pregunté cuántos milagros no tendrían el mismo trasfondo. El anestesiólogo no despegaba los ojos del monitor que vigilaba los signos vitales de Genzo, sin poder creer que el joven realmente estuviera punto de salir de ésa.

- No puede ser cierto.- escuché que murmuró.- Estaba dado por muerto.

- Los milagros existen.- farfulló el Dr. Stein.

El color ceniciento, casi de muerte, que Genzo había tenido hasta entonces desapareció dejando un color sonrosado increíblemente normal. Las enfermeras comentaban y murmuraban entre sí, y más de una rezaba en voz baja. Sentí, así mismo, la mirada sorprendida de todos y aliviada de algunos de los médicos que observaban desde arriba. Pude ver de reojo a mi padre, quien miraba con preocupación hacia el sitio en donde mi cuerpo se había desvanecido, y tuve que desviar la mirada. Aun no estaba lista y no quería enfrentarme con eso…

Desvié mi mirada hacia el sitio en donde Schneider y la chica rubia habían irrumpido, pero ya no se encontraban ahí; muy probablemente los habían sacado los guardias de seguridad del hospital, aunque tampoco importaba ya. Muy pronto, ellos y el resto de los amigos de Wakabayashi se enterarían de que él sería catalogado como milagro médico y que viviría para contarlo.

Los médicos se veían aun preocupados, pero yo había alcanzado a ver un atisbo de esperanza en los ojos del Dr. Stein, y es que por primera vez en la cirugía, él parecía tener el control. No necesitaba ver que el monitor que vigilaba los signos vitales de Genzo marcaba que su ritmo cardiaco y su presión arterial subían, ni tampoco necesitaba escuchar a Jean decir que la hemorragia estaba contenida para saber que Genzo se salvaría. Había dado mi vida a cambio de eso, así tenía que ser.

- ¿Estás conforme?.- me preguntó Catrina.

- Lo estoy.- asentí.- Estoy lista para partir.

- Aun no.- negó ella, terminantemente.- Hay aun muchas cosas por aclarar primero.

Claro, había olvidado lo de los dichosos "detalles pendientes". ¿Qué eran esos detalles que al parecer complicaban todo? ¿Y serían éstos los causantes de la molestia de Catrina? No pregunté más, básicamente, porque no tuve tiempo, pues ella me tomó de nuevo de la mano y regresamos al cuarto blanco de donde habíamos partido. Yo quería decirle que tenía ganas de ver cuando Genzo abriera los ojos, pero no me atreví. Era obvio que Catrina estaba muy enojada, sus ojos negros me lo decían. Así pues, esperé a que ella hablara primero, no había mucho que yo pudiera decir, aunque Catrina pensara lo contrario.

- ¿Hay algo que quieras decirme, Lily?.- preguntó ella, muy seria, como si me leyera el pensamiento.

- Aparte de darte las gracias, mis más infinitas gracias, no.- negué.- Y quizás, más bien, querría pedirte, eh, si será posible que me puedas dar algo de ropa…

Seguía sintiéndome incómoda, cosa que no entendía. Catrina me había hablado de lo que era estar en el Más Allá, y entre otras cosas me confesó que no sentías ninguna emoción humana ahí: ni dolor, ni tristeza, ni vergüenza, y vergüenza era lo que yo sentía; cierto había sido que al despertar ahí, yo no había sentido vergüenza, pero al ir a la Tierra me regresó ese sentimiento y no se fue cuando volví al limbo. Catrina me fulminó con la mirada, pero hizo un movimiento con su mano y una pequeña túnica me cubrió el cuerpo. No era la gran cosa, pero me cubría lo necesario y como que no era hora de ponerse a pensar en la moda.

- Como te dije antes.- continuó Catrina.- No puedo pasarte al Más Allá porque hay ciertos detalles que no me permiten hacerlo, y quiero hablar contigo de esos detalles.

- Dime.- no sé por qué razón las piernas me temblaron, o bueno, eso sentí, aunque se supone que ya no tenía un cuerpo físico que me pudiera fallar en esos momentos.

- No puedo pasarte al otro lado, ¿sabes por qué?.- me dijo Catrina, molesta.- Porque no puedo pasar dos almas cuando solo debería pasar una. No es justo y se rompería el equilibrio.

- ¿Dos almas?.- no comprendía.- ¿Cómo que dos almas? Se supone que la de Genzo se queda de este lado, ése era el trato.

- No hablo de esa alma.- replicó ella, enojada.- Hablo de la tuya y de la que guardas en tu interior.

- ¿Cómo?.- eso me dejó perpleja, pero nada comparado con lo que Catrina estaba por decirme.

Catrina suspiró, evaluándome de pies a cabeza, tratando de encontrar algo que ocultara, pero la verdad era que yo sabía menos que ella. Una vez que se convenció de que no mentía, soltó la bomba que me estaba reservando.

- Estás embarazada.- dijo.

Me quedé sin poder articular palabra. ¿Qué? No, no podía ser. ¿Embarazada? Era una broma, ¿no? Pero Catrina estaba seria, muy seria, y yo sabía que no bromeaba.

- Por la cara que pusiste, me queda muy en claro de que tú tampoco lo sabías.- poco a poco, el enojo fue desapareciendo de su voz.- Pensé que me habías querido engañar, estaba muy molesta por eso.

- ¿Engañarte, por qué?.- pregunté.- No sabía que estaba, o que estoy, no sé que estoy, embarazada. No tenía ni idea, lo juro, ¿por qué habría de ocultarte eso? ¿Y cómo habría yo de utilizarlo en tu contra? No entiendo nada…

- Eso me queda claro ahora.- suspiró ella.- Pero de primera intención, sí creí que habías utilizado lo de tu embarazo como método de salvación…

- Sigo sin entender.- entre la perplejidad de saber que iba a ser madre, mi cerebro o lo que fuera que aun tuviese, no terminaba de carburar.- ¿Cómo puede haberme salvado eso?

- De verdad que no lo entiendes.- Catrina me habló con una mezcla de fastidio y asombro, como una maestra que no entiende por qué su alumno no comprende que dos más dos son cuatro.- No puedo llevarme a dos almas en vez de solo a una. El trato era un intercambio justo, un alma a cambio de otra, y llevarme dos a cambio de dejar a una no es correcto, ni tampoco justo, y si hay algo que siempre he sido, es ser justa. Esa nueva vida que viene en camino, esa nueva alma, no puede existir sin ti, por lo que no puedo llevarte al Más Allá mientras esa nueva vida esté destinada a llegar.

- ¿Y lo está?.- pregunté, con un hilillo de voz.

- Lo está.- suspiró Catrina.- Frida (la Vida) me lo ha dicho. Fue ella también quien me dijo lo de tu embarazo, cuando yo ya estaba a punto de llevarte conmigo. Fue eso lo que más me molestó, que llegara ella a interrumpirme y a decirme algo que tú debiste haberme dicho desde el comienzo. Sin embargo, al ver tu mirada de sorpresa, la expresión de tu cara al saber que estabas embarazada, supe que no mentías y que tú tampoco lo sabías. Y no podías haberme engañado de no haberlo sabido previamente.

- Entiendo que estés molesta.- tartamudeé.- Pero te juro que yo… No lo sabía…

- Pensé que lo habías hecho a propósito.- replicó ella.- Después de todo, hace poco que vimos Destino Final en la televisión.

- ¿Qué tiene que ver esa película ahora?.- yo entendía cada vez menos.

- ¿Qué aun no te das cuenta, Lily?.- Catrina me miró con melancolía.- Todas las leyendas, todas las películas, todos los cuentos, tienen un fundamento real.

Me quedé callada. Catrina siempre me había dicho que todas las historias sobre la Muerte eran solo eso, historias, pero en esos momentos me daba cuenta de que ella lo afirmaba todo el tiempo para que yo no lo creyera y no tratara de engañarla… Como ya lo habían intentado hacer otros humanos antes…

- ¿Significa eso que ya has pasado por esto antes, madrina?.- pregunté, sin poder contenerme.

- Cada siglo, desde hace ya muchísimo tiempo, he elegido a una persona de este mundo para que sea mi ahijada.- suspiró Catrina, y de repente se mostró muy cansada.- Una persona que me mantenga en contacto con la realidad y me haga recordar por qué hago lo que hago. El pasar tantos milenios haciendo lo mismo puede hacer que llegues a un punto en el que dudes de tu propia existencia. Es por eso que trato con seres humanos, cara a cara, para recordarme a mí misma, más que a ellos, que no soy su enemiga, sino solo parte del proceso natural de la vida. Cada siglo, elijo a alguien y de alguna u otra manera consigo que me hagan su madrina, con uno u otro truco, y quizás, por engañar yo al principio a las personas, al final éstas terminan por engañarme a mí. Bien dicen que todo lo que haces se te devuelve, ¿no es así? Esto es cierto a todos los niveles y ni siquiera yo consigo escaparme del Karma Universal…

- Supongo que no.- suspiré.- Pero aun así, no hay nadie más justo que tú.

- Gracias.- Catrina sonrió aunque no desapareció su expresión melancólica.- Tú fuiste un caso diferente. Después del último ahijado que tuve, me dije a mi misma que tenía que dejar de hacerlo, porque me estaba volviendo adicta a pasar mi tiempo con los seres humanos, y Aimeé me advirtió que eso, a la larga, me llevaría a encariñarme con ellos, algo que ni ella misma podría evitar que sucediera. Sin embargo, cuando estaba ya por llevarte, te tenía ya en mis brazos y estaba a punto de cruzar la barrera, tu padre se acercó a hablar conmigo. Y no pude negarme a su petición.

Fue en ese momento en que recordé dónde había visto el vestido blanco de Catrina, aunque parecía imposible. Como recién nacida, a punto de morir, siendo llevada en brazos por una hermosa mujer de cabellos negros, ojos color violeta y resplandeciente vestido blanco… ¿Cómo podría yo, sin embargo, poder acordarme de eso? Mi cerebro de bebé no estaba aun lo suficientemente desarrollado para tener memoria a tan largo plazo.

- Sí, era yo.- Catrina pareció leerme el pensamiento.- Pero quizás en el fondo siempre supe que no iba a llevarte. Ya que te gusta hablar tanto del destino, quizás el tuyo no era morir ese día… Ni tampoco hoy…

- Te juro que jamás quise engañarte.- musité.- No tenía ni idea de que estaba embarazada. Yo solo quería…

- Tú solo querías salvar a tu amor, no engañarme.- Catrina me interrumpió, mirándome amorosamente y colocando sus manos en mis sienes.- Eso fue lo que me dijo Aimeé. Y yo le creo a ella, tanto como te creo a ti.

Si hubiera podido, segurito que habría llorado, pero sin cuerpo físico, el alma no puede llorar, así que simplemente agaché la cabeza y cerré los ojos, esperando. Catrina me abrazó entonces, de la forma más cálida posible, como no había podido hacerla antes, y después me soltó.

- Es mejor que te vayas ya.- dijo ella, sonriendo.- Frida comenzará a protestar porque el nuevo bebé no puede sobrevivir por mucho tiempo si el corazón de su madre no sigue latiendo por él.

- ¿Pero cuánto tiempo llevamos aquí?.- no era muy consciente del tiempo.

- El Tiempo no importa cuando se trata de la Muerte.- contestó Catrina.- No te preocupes por eso, en realidad será como si tan solo hubiesen pasado algunos minutos.

Una luz brillante me señaló la entrada a un túnel muy oscuro, el Retorno a la Vida. Era obvio que tendría que cruzarlo sola, pero aun así no quería aun decirle adiós a Catrina. Después de todo, era mi madrina, y sí, la amaba.

- ¿Ya no volveré a verte más?.- quise saber.

- Lo harás.- asintió ella.- Pero ya no de la forma en cómo lo hacíamos antes. Creo que está de más decirte que tu trabajo conmigo se terminó ya. Me verás, pero solo muy de vez en cuando.

- Te extrañaré.- dije, siendo sincera.- Pero sé que algún día volveré a verte.

- Y te estaré esperando.- sonrió Catrina.- Para mí, será solo como esperar lo que dura un suspiro.

Me di la vuelta y eché a andar hacia el Túnel, aunque antes de entrar en él me vino un pensamiento a la mente.

- ¿Entonces, el cuento de los hermanos Grimm también es cierto?.- quise saber.

- Como te dije antes, todo, absolutamente todo lo que se cuenta sobre mí, tiene su fundamento basado en la realidad.- contestó.- Que la gente los distorsione como cuentos de hadas para hacer más llevadera mis historias ya es otra cosa.

La sonrisa final de Catrina era una extraña mezcla de burla y orgullo.

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Cuando uno se desmaya, sueña con cosas extrañas. O al menos, eso fue lo que yo pensé cuando abrí los ojos. Era más fácil creer que todo había sido un sueño que algo que en verdad pasó. Quizás sí fue un sueño. Quizás no. Quizás todo fue un invento de mi imaginación, un escape a la pesadilla que estaba viviendo. Sea como fuere, al abrir los ojos me sentía como si hubiera nacido de nuevo. Mi corazón latía más fuerte que nunca en mi pecho, podía sentirlo, y mis pensamientos jamás habían sido más claros. Respiré profundo, comprobando la capacidad de mis pulmones a lo máximo, sintiendo hasta el más mínimo detalle en cada trozo de mi piel. La luz del sol se colaba por las ventanas, y me sorprendió muchísimo darme cuenta de que aun era de día.

- Ya despertaste.- me dijo Jean, sonriendo, aliviado.- Ya nos estábamos preocupando.

- ¿Qué pasó?.- no quería saber qué me había pasado a mí, sino lo que ellos habían creído que pasó conmigo.

- Te desmayaste.- dijo Jean, simplemente.- Tu padre te encontró y llamó a un par de camilleros para traerte a urgencias. Yo llegué en cuanto salimos de la cirugía, quería saber cómo estabas.

- Pues ahora ya mucho mejor, gracias.- sonreí.

- Supongo que era de esperarse.- Jean se encogió de hombros.- Con el estrés, y en tu actual estado…

Supe a qué se refería con eso. No era una novedad para mí que dentro del protocolo del hospital se incluía realizar una prueba de embarazo a toda mujer joven que se desmayaba de repente.

- ¿Mi padre lo sabe?.- pregunté.

- No.- negó Jean.- Supuse también que no querrías que él se enterara, no mientras el padre de ese bebé está en terapia intensiva y no puedas hablar con él para darle la noticia.

- Bien pensado.- suspiré y me apoyé en la almohada.- Te debo una.

- No hay de qué.- sonrió él, al fin.- Y supongo que nosotros te debemos una a ti. Creo que ya lo inferiste con lo que acabo de decir, Wakabayashi salió con vida de la cirugía. El que lo intubaras le salvó la vida.

- Vaya manera de querer levantarme la moral.- me reí.- Los dos sabemos que quienes lo salvaron fueron el Dr. Stein y tú.

Mentira. A Genzo lo había salvado el bebé que llevaba en el vientre, así como también me había salvado a mí… Jean y yo nos quedamos callados, conscientes del hecho de que se había obrado algo muy parecido a un milagro.

- A tu padre le diste un buen susto.- comentó Jean, luego de un rato.- Él jura y perjura que no te podía encontrar el pulso.

- Quizás fueron los nervios.- mentí.

- Quizás. Sea como sea, se calmó cuando te estabilizamos, aunque aun está nervioso por conocer tu estado de salud.- replicó Jean.

- Hablaré con él, pero primero quiero saber… ¿Cómo está Genzo?.- pregunté, sin poder contenerme.

- Pues en terapia intensiva, como ya te comenté.- contestó Jean.- Muy delicado, pero sus signos vitales son estables. El electroencefalograma es favorecedor, aunque tendremos que esperar a que despierte antes de cantar victoria.

Yo asentí con la cabeza, pero bien sabía que ya podíamos respirar tranquilos.

La recuperación de Genzo fue lenta, pero exitosa, y tal como había pensado, su caso fue llevado ante la crema y nata de la Sociedad Científica como un auténtico gran logro del Dr. Stein, considerado como uno de los mejores neurocirujanos del mundo. Y si creen que por eso él se volvió altanero, se equivocan. El Dr. Stein continuó con sus trabajos de investigación como siempre, atribuyendo el éxito de su tan famosa cirugía a la suerte y al apoyo de algún ángel guardián, aunque esto último no lo dice ante sus colegas.

Sea como fuere, Genzo fue recuperándose poco a poco, siempre guiado por su espíritu combativo y su tenacidad, cualidades que siempre lo han caracterizado. Creo que él fue el más sorprendido de despertar en una cama de terapia intensiva, con un tubo en la garganta y mil electrodos conectados en todo el cuerpo. Todos temíamos que hubiese quedado con una especie de daño cerebral (el trato con Catrina no incluía el hecho de que Genzo quedase bien, únicamente que sobreviviría), por lo que nos reímos, bastante aliviados, el día en el que al fin le retiraron el tubo de la garganta y Genzo preguntó con una voz muy ronca:

- ¿Cuándo demonios me van a dar de alta?

"Testarudo como toda la vida", pensé, pero tanto mejor. Esa tenacidad iba a necesitarla mucho a partir de ese momento.

En cuanto pudo volver a respirar por sí solo, Genzo recuperó de inmediato su buen humor y su espíritu combativo. Yo nunca lo había visto así, por lo que me sorprendió, pero todos sus amigos me decían que era algo habitual en él. A pesar de tener el cráneo pelado y una cicatriz enorme, todo el tiempo sonreía y cautivaba tanto a pasantes como a enfermeras, ya que él tenía un carisma muy difícil de resistir. Una tarde, mientras estaba acomodándole las almohadas, Genzo me miró muy serio.

- Tengo que confesar que presentí que no despertaría.- me confesó él.- Cuando empezó a dolerme la cabeza, lo último que alcancé a pensar fue en que no volvería a verte.

- Lástima que no fue así.- bromeé. No quería recordar ese doloroso momento.

- No digas bromas, que yo hablo en serio.- replicó Genzo.- Fue en ese momento cuando me di cuenta de que perdí el tiempo intentando odiarte, cuando es mucho más fácil estar enamorado de ti

- Eso suena demasiado cursi para ti.- me sonrojé, mirando a la almohada que tenía entre las manos como si fuese la cosa más interesante del planeta.- No hables más, no te debes esforzar.

- No quieras evadir el tema.- negó Genzo.- ¿Por qué te cuesta tanto admitir que te amo y que quiero que estés conmigo?

- Es que quizás es porque… .- titubeé.- Porque no te he contado todo lo que deberías saber…

No quería decirle aun que estaba embarazada, pero dado que él insistía en hablar de "nosotros", tenía yo que hablarle del hijo que ambos habíamos procreado y que venía en camino. En ese entonces, tenía pocos meses de embarazo, así que no se me notaba aún, pero las náuseas y los vómitos matutinos ya estaban comenzando a presentarse.

- ¿Qué sucede?.- Genzo se puso muy serio, más aun.- ¿Vas a volver con tu padre a México?

- No… .- negué, sin mirarlo.- No he hablado con él aun, pero dudo que todavía pretenda llevarme de regreso.

- ¿Entonces?.- insistió él.- ¿Hay alguien más, entonces?

- Sí… .- musité.- Sí hay alguien más…

- Ya veo… .- su decepción fue casi palpable.

- … Alguien que llegará dentro de unos, ah, no sé, creo que siete meses… .- continué, respirando profundo.

- ¿Cómo?.- Genzo me miró, perplejo.

- Estoy embarazada.- solté de golpe todo el aire que tenía.

Mentiría si dijera que Genzo saltó de la alegría. Es más, ni siquiera sé bien cuál fue su primer pensamiento después de saber eso. Él se puso muy serio, y se me quedó mirando fijamente.

- Embarazada, vaya.- comentó, luego de un muy buen rato.- Bueno, al menos te hubiera dejado un gran regalo en caso de haberme muerto.

- ¡No me causa gracia!.- lo golpeé con la muy interesante almohada mientras él se reía a carcajadas, una risa que era más de gozo inmenso que de otra cosa.

Yo continué dando almohadazos, hasta que Genzo aprovechó y me tomó entre sus brazos con una fuerza que no creí que aun tuviera, y me besó largamente en los labios. Cuando nos separamos, yo me había quedado sin aliento.

- Uno nunca sabe de qué maneras va a trabajar el destino.- fue todo cuanto él me dijo.- Cásate conmigo.

- No quiero que lo hagas solo por el bebé… .-comencé a decir, pero él no me dejó terminar.

- ¿Cuándo lo vas a entender.- me preguntó Genzo, acariciándome el cabello.- Te amé desde el primer momento en que te vi. Desde ahí supe que tú ibas a ser mía algún día, para siempre.

Quizás él sabía más del destino que yo misma.

Genzo entró al programa de rehabilitación en cuanto fue dado de alta del hospital. Su recuperación llamó la atención de la comunidad científica por mucho tiempo, lo suficiente para que él olvidara que por un buen tiempo no iba a poder dedicarse al fútbol. Karl Heinz Schneider, y la chica rubia que lo acompañó el día de la cirugía y quien resultó ser su novia, Elieth Shanks, le dijeron que no desperdiciara su talento y que se dedicara a entrenar a otras futuras promesas; Genzo dijo simplemente que lo pensaría, aunque en ese momento su mente estaba enfocada en otras cosas, o sea, recuperarse y nuestro futuro bebé. Yo entré a trabajar con Jean y con el Dr. Stein, de nuevo, pero en esta ocasión en el área de rehabilitación física, para poder ayudar a mi esposo, mientras nacía el bebé. Para mí, todos estos cambios habían ocurrido demasiado rápido, pero no me quejaba, pues daba gracias cada día por poder estar viva y disfrutar del momento.

Catrina me visitaba de vez en cuando, aunque no podía hacerlo muy seguido ni tampoco quedarse mucho tiempo, porque no es bueno que a una embarazada la ronde la Muerte, no le hace bien al bebé. Invariablemente, cada vez que Catrina me visitaba, a mí se me subía la presión arterial o disminuía el ritmo cardiaco del bebé, pero nunca llegó a mayores; sin embargo, para mí Catrina seguía siendo mi madrina y me daba mucho gusto verla, aunque solo fuesen unos cuantos minutos. Ella no solo me había dado una nueva vida, también me había enseñado a valorarla.

- Toda una ironía.- me dijo Catrina, cuando lo supo.

Genzo nunca me preguntó qué había sido de mi madrina, y por supuesto, dejó de tener la capacidad de poder verla. Sé que él sabe que hay varias cosas que no encajan en nuestra historia y en mi pasado, pero nunca me hace ninguna pregunta. Supongo que Genzo ha de creer que al final de cuentas, nada de eso importa ahora.

No hace mucho, compré un libro de cuentos de los hermanos Grimm para nuestro futuro hijo, y al hojear el libro, encontré la historia de "El Ahijado de la Muerte", y me pregunté si, algún día, también mi historia sería tomada como un cuento de hadas o una leyenda.

Pero eso tampoco importa. Lo realmente importante, es que Genzo vive, y yo también.

Fin.

Notas:

Duré más de un año en acabar esta historia, y eso se debe a que actualmente tengo más responsabilidades de las que tenía antes. No importa, lo bueno es que terminé, más vale tarde que nunca. Esta historia está basada en el cuento de los hermanos Grimm, "El Ahijado de la Muerte" con algunos detalles tomados de la trama de "Destino Final", y se me ocurrió escribirla una tarde al estar formada para entrar a la feria de Xalapa en el 2008. Elieth está de testigo fiel de este hecho, jeje xD.

No sé si de verdad alguien siguió esta historia, pero si es que lo hizo, se lo agradezco. Gracias a todas las personas que me han dejado reviews y me han enviado mails, ya sean buenos o malos, y disculpen por no responder, pero hace mucho que dejé de hacerlo por cuestiones laborales y personales. Va a haber un epílogo, pero no sé cuando, espero que pronto.

Cada vez es más difícil encontrar finales a mis historias. Eso me pasa por escribir como desquiciada…