Odio cazar de noche – protestó Saphira disimulando un bostezo cuando Eragon comenzó a recoger el improvisado campamento y a cargarlo todo en las alforjas atadas a la silla de la dragona

No tenemos más remedio, Saphira, de día es mas probable que alguien te vea, y entonces los soldados del imperio sabrían exactamente nuestra posición – respondió Eragon-. Necesitamos el factor sorpresa.

La dragona emitió un gruñido en señal de disconformidad, y el Jinete le acarició la pata trasera con suavidad y cariño y la dragona se tranquilizó un poco.

Eragon notó una presencia tras ellos y se volvió, colocando una mano en la empuñadura de Brisingr, aún sabiendo que no sería necesario desenfundarla, pues los elfos no habrían dejado llegar tan lejos a alguien que representara una amenaza. Cuando se volvió se tranquilizó al ver a Arya, ya ataviada con ropas de guerra, que se ceñían a su cuerpo, dejando entrever sus formas.

- Saludos Asesina de Sombra –dijo Eragon tras llevarse una mano a los labios, como dictaba la costumbre de los elfos.

La elfa hizo una mueca de desagrado al oír el título que le daba Eragon. Durante los días que sucedieron a la batalla de Feinster se había corrido la noticia de la hazaña de Arya y esta había tenido que soportar, para disgusto suyo, muchas preguntas al respecto, y un reconocimiento por parte de los vardenos que ella no deseaba, si bien sabía que podría haber sido mucho peor si no hubiese llegado a ser una elfa, ya que a pesar de haber luchado juntos, os vardenos los consideraban distantes y altivos.

-Nasuada quiere vernos, Eragon –se limitó a contestar la elfa, dejando pasar la broma del muchacho.

Jinete y dragona se apresuraron en seguir a Arya por el campamento para reunirse con Nasuada, en la improvisada tienda roja que habían levantado, y que hacía las veces de cuartel general. Dos miembros de los Halcones de la Noche, la guardia personal de Nasuada, les cerraron el paso, mientras un tercero informaba a la líder de los vardenos de la llegada de los tres visitantes.

Esta vez, Saphira tuvo que quedarse fuera, pues con la marcha no habían tenido tiempo de disponer nada para que ésta pudiese entrar en la tienda.

Nasuada se encontraba con Jörmundur, y otros miembros del consejo, quienes revisaban mapas y otros documentos que Eragon no identificó, hablando muy deprisa y bajo, aunque el Jinete no tuvo ningún problema en oír cada una de sus palabras gracias a los cambios que los dragones habían realizado en su cuerpo durante el Agaetí Blödhren. Cuando ambos entraron en la tienda, y tras una orden de Nasuada, se apresuraron a recogerlo todo y salieron de la tienda, dedicándoles unas breves palabras a Eragon y Arya, y soltando algún gemido cuando, una vez fuera, se encontraban con la presencia de Saphira.

Entonces Nasuada se levantó. Como Arya, llevaba ropa masculina, que hacía que estuviera mas cómoda durante el viaje y lista para el combate, a pesar de que sus fuerzas nos estaban del todo restauradas.

-Gracias por venir, Eragon y Arya –dijo la líder de los vardenos-. Quería informaros de que hace unas horas han legado los informes de los espías que tenemos dentro de la ciudad de Belatona. Según dices, las noticias del asedio de la ciudad de Feinster ya han llegado, de modo que nos están esperando.

-¿Atacaremos de noche, de todas formas? –preguntó Eragon, preocupado por haber perdido el factor sorpresa.

Nasuada suspiró, y el muchacho pudo ver las ojeras que aparecían en su rostro, fruto de horas de trabajo sin descanso.

-Si, aún así creemos que es cuando menos se esperarán el ataque.

-Pero asediamos Feinster cuando cayó la noche, al igual que hicieron los elfos en Gil'ead –apuntó Arya-. ¿No sería más probable que esperasen el ataque a esa misma hora?

-El ataque ya esta previsto para esta noche –contestó Nasuada con voz irritada-. Todos los planes están organizados, los solados a punto de partir, ¿y vienes ahora, a última hora, a decirme que retrasemos todos los planes por un ligero contratiempo? –terminó casi gritado.

Arya contrajo una expresión temible, molesta sin duda por el tono de voz que Nasuada utilizó con ella. Eragon se separó un paso de la elfa y le envió una imagen mental de lo que estaba sucediendo a Saphira.

Nasuada no ha sido muy simpática con Arya…y la verdad es que lo que ha dicho la elfa tiene mucho sentido. Ojalá Nasuada pudiera verlo en lugar de dejarse llevar por la impaciencia –contestó Saphira.

Es una mujer inteligente, pero estos duros días han sido una dura prueba para ella. Está agotada, entiendo perfectamente que esté irascible.

Está sujeta a las emociones humanas. Vosotros, los orejas redondas sois demasiados sensibles a ellas, lo que os hace débiles. Por eso los dragones somos las criaturas más poderosas.

Yo ya no tengo las orejas redondas…pero entiendo lo que quieres decir.

Saphira iba a contestar, pero en ese momento se desató una batalla verbal entre ambas mujeres.

-Si es así, Nasuada, a ver si eres capaz de mirar por el bien de los vardenos en lugar de moverte por impulsos.

-¿Por impulsos? Desde que asumí el liderazgo de los vardenos todo lo que he hecho, cada paso que he dado, ha sido estudiado cautelosamente. No vengas ahora a acusarme de moverme por impulsos, Arya, porque si estamos aquí ahora es por todo lo que he conseguido hasta ahora.

Saphira, no muy lejos de allí, asistía divertida a la escena que se estaba desarrollando, a partir de lo que veía en la mente de Eragon.

-Y sin embargo, ahora pretendes condenarlos a todos, exponiéndoles a un ataque para el que nos están esperando. Para eso, llévalos ante todos desarmados ante Galbatorix.

-Si llegamos a Belatona a plena luz del día nos verán kilómetros antes de que lleguemos y les daremos tiempo a organizarse. Nos están esperando, si, pero eso no significa que esta no sea la mejor estrategia.

-Nasuada, es imposible llegar a las puertas de la ciudad sin ser vistos, tanto de día como de noche, por eso tenemos que aprovecharnos de las estrategias que más nos convengan

Poco a poco ambas mujeres parecían dejar de notar donde se encontraban o de que tenían más público con ellas, y comenzaron a subir el tono de voz. Eragon querían intervenir, pero no sabía como hacerlo, ya que se sentía increíblemente pequeño en compañía de esas dos mujeres, que le estaban descubriendo una nueva faceta de su personalidad. La escena parecía tan inquietante como curiosa, y el muchacho solo podía verse como un espectador pasivo. Fue Saphira quien tomó las riendas de la situación, con un gran rugido en frente de la tienda, que hizo temblar todas las paredes. Cuando se aseguró de que todos le prestaban atención proyectó sus pensamientos en la mente de los reunidos dentro del pabellón.

Por favor, señoras, seguro que hay un modo más civilizado de arreglar este conflicto que gritando. Si seguís así, terminareis diciéndole a Galbatorix por donde y cuando vais a atacar.

-Saphira tiene razón –concedió Arya al cabo de un minuto, haciendo gala de la famosa cortesía de los elfos-. Te pido perdón Nasuada por haber perdido los nervios, y también si me he extralimitado, ya que no me corresponde a mí dirigir el ejercito vardeno.

Nasuada respondió con la misma cortesía, pero Eragon observó que, si bien ambas mujeres habían recompuesto sus expresiones, seguían tensas por lo que cuando le preguntaron por su opinión al respecto, Eragon pegó un respingo, lo que provocó que la dragona soltara una risita que sólo el pudo oír.

Por fin, tras varios minutos de debate, y una vez que se unieron capitanes de diversos factores del ejército, llegaron a la conclusión de que el momento idóneo para un ataque sería antes del amanecer, ya que los guardias de la ciudad estaría cansados después de toda una noche, los soldados durmiendo, y la oscuridad de la noche aún les cubriría.

Eragon y Arya se despidieron en cuanto terminó la reunión y salieron juntos de la tienda mientras los demás capitanes, entre los que se incluía Roran, seguían discutiendo de estrategias y coordinando el ataque.

-¿Qué te ha pasado ahí dentro? –preguntó Arya una vez que se habían alejado lo suficiente de la tienda como para evitar ser oídos.

-No se a que te refieres.

-Lo sabes perfectamente, Eragon

El muchacho sonrió condescendientemente. No quería volver a enfadar a la elfa.

-Nada, es solo que cuando dos mujeres se enfadan, pueden llegar a dar más miedo que todos los enemigos del Imperio juntos –rió el muchacho

Se acercaron hasta donde Saphira había tenido que aterrizar, ya que se le hacía cada vez más difícil el andar entre las tiendas del campamento, con todos esos mensajeros llevando recados de una parte a otra del campamento con el cambio de planes. La dragona se inclinó hacia delante, permitiendo a Eragon trepar por su pata, colocándose en la silla que él mismo había instalado antes. Sin embargo, no se movió mientras Eragon terminaba de atarse las correas, y continuó mirando a Arya

Arya Svit-kona, me sentiría muy honrada si quisieras acompañarnos a Eragon y a mí en un pequeño vuelo.

Arya no pudo evitar una expresión de sorpresa antes de componerse y apresurarse a contesta: El honor sería todo mío, Saphira Bjartskular- hizo una reverencia y subió por la pata delantera de la dragona, colocándose detrás de Eragon.

El muchacho, aunque estaba algo molesto ante la perspectiva de ser acompañad por alguien mientras se relajaba con Saphira, a pesar de que ese alguien era Arya trató de que esto no se le notase en la voz cuando dijo: -Vuela bajo, Saphira, hasta que nos hayamos alejado lo suficiente.

La dragona soltó un gruñido corto, y batió las alas fuertemente para despegar. Al principio siguió las instrucciones de Eragon, pero las poderosas alas de la dragona eran capaces de recorrer grandes distancias en poco tiempo, y al cabo de no mucho tiempo ante ellos se abría una vasta extensión de tierra desprovista de caminos desde los cuales pudiesen ser vistos. Saphira, entonces ascendió en el aire, feliz de poder volar bajo el sol, sintiéndose libre, y contagiando esa felicidad a sus ocupantes, divirtiéndoles con una serie de piruetas aéreas dignas de admiración.

Arya comenzó a reír despreocupadamente, olvidándose de los problemas del día, y de la batalla que pronto tendrían que afrontar, con una risa cristalina y melódica, que borró rápidamente los celos que Eragon había sentido anteriormente. El muchacho comenzó a reír también y miró por encima de su hombro para contemplar los ojos de la elfa que estaba tan cerca suya, cuando ocurrió.

Eragon

Saphira cayó un par de metros en el aire, y Arya se agarró con fuerza a la cintura del Jinete. Entonces comenzó a reír de nuevo.

-Saphira, me has asustado…por un momento pensaba que…-entonces vio que la expresión de Eragon había cambiado y el muchacho se había puesto tenso-. ¿Qué ocurre Eragon?

El chico tardó unos segundos en contestar.

-Glaedr intenta comunicarse con nosotros.

Saphira bajó lentamente, trazando círculos hasta apoyar sus patas raseras en el duro suelo. Eragon se apresuró a desatar las correas que mantenían a elfa y Jinete atados a la silla en cuanto la dragona se estabilizó, y corrió a buscar en las alforjas de Saphira la bolsa de piel en la que se encontraba el eldunarí de Glaedr el cual, si bien no brillaba tanto como el día en que su maestro se lo entregó, al menos había saldo del habitual encierro al que los tenía acostumbrados

Maestro aquí estamos-contestó Eragon con urgencia, temiendo que el eldunarí que contenía el alma de Glaedr volviera a apagarse.

Eragon…Saphira…-continuó Glaedr, con una voz muy apagada. Junto con la conciencia del dragón a Eragon le llegaron imágenes de la batalla de Gil'ead, así como una gran cantidad de dolor, con lo que se le hizo un nudo en la garganta-. Oromis esta…

Lo sabemos, Maestro- se apresuró a contestar Saphira, ya que no creía que el dragón pudiese poner esa palabra en su mente aún-. Pudimos verlo todo.

Sabéis entonces que ahora me corresponde a mí terminar la formación de ambos, como Oromis hubiese querido. Sin embargo este no es el momento, y por lo que puedo ver a través de vuestras mentes, tampoco el lugar. De momento, quiero saber todo lo que ocurrió durante el asedio de Feinster.

Entonces Saphira comenzó a enviarle las imágenes de lo que había ocurrido durante la batalla de Feinster, que tan lejana parecía ya, lo que hacía que Eragon se sintiese apartado, porque le costaba seguir esa particular forma de comunicación que utilizaban los dragones, a pesar de que él mismo la había utilizado con Saphira, pero no de una forma tan libre, y sin apoyarse con las palabras.

Cuando Glaedr vio que tanto Eragon como Saphira habían perdido el control de sus cuerpos a causa de los pensamientos que el eldunarí había proyectado en ellos, no tardó en preocuparse.

Podría ser peligroso que esto volviera a suceder en ocasiones posteriores. A partir de ahora, en cada batalla deberemos tener las mentes conectadas para evitar que ninguna intrusión pueda desconcentraros, al menos siempre que sea posible, y así también podréis usar libremente la fuerza que reside dentro del corazón de corazones- dijo el dragón. Tras una breve pausa añadió-: Saphira, a partir de ahora quiero que seas la criatura más ágil y peligrosa del cielo, la más veloz y que tu fuego sea el más temible. Sigue practicado tus ejercicios siempre que puedas. Así serás capaz de batir a Espina, y vengarás la muerte de mi cuerpo…así como la de Oromis.

Sin embargo, antes incluso de que Saphira pudiese responder, el eldunarí volvió a su brillo apagado y tanto Jinete como dragona sintieron que la conciencia de su maestro se separaba de las suyas. El muchacho se sintió aliviado al dejar de sentir emociones que pensaba, no podría soportar más. Se dio cuenta entonces de que había estado llorando, y se apresuró a secarse las lágrimas.

Arya, que había permanecido apartada esperando, para concederles un poco de intimidad, se acercó y le apoyó una mano a Eragon en el hombro, y dedicó a la dragona una triste sonrisa.

Sin decir una sola palabra, volvieron a montar de nuevo en la silla y, lentamente, se acercaron al campamento. Mientras volaban, Eragon notó que la elfa se acercaba más a él, y notó su aliento al lado de su cabeza, lo que provocó que se le pusieran los pelos de la nuca de punta.

-¿Estás bien?-preguntó ella.

El muchacho se limitó a asentir con la cabeza, no muy seguro de cómo respondería su voz. Arya no se apartó.

-Eragon –dijo al cabo de unos minutos-. ¿Te ha molestado que viniera con vosotros? No parecías demasiado contento cuando Saphira me invitó.

-Al principio si –reconoció el muchacho, contento por el cambio de tema-. La verdad es que, aunque Saphira ha volado con otras personas, nunca lo había hecho en un vuelo por placer. Sin embargo, entiendo perfectamente porqué Saphira quiere que vengas, y yo me alegro de que seas tú la que nos acompañe. Después de todo lo que hemos pasado, todo lo que te has arriesgado por nosotros…-Eragon no sabía como seguir-. Me alegro de que estés aquí.

Arya bajó la barbilla lentamente, y se separó de él solo un poco. A lo lejos, el improvisado campamento de los vardenos se acercaba lentamente, mientras el sol, imperturbable, se elevaba en el cielo.