Bueno estamos acá con un nuevo capí n.n Ahora que he encontrado tres tomos de Shishunki Miman Okotowari creo que haré a Tama un poco más pervertido de lo planeado n.n Para quien no lo sepa este manga es justo el anterior a Fushigi Yuugi ¡y son la misma pareja! Por eso lo quería encontrar ^_^ además Tama (Manato) fue un delincuente ^_^ y Miaka (Asuka) tiene cara más de adulta ^_^ creo que a los que no les gusta Miaka por su actitud infantil del principio les gustaría mucho Asuka n.n

Este capítulo como verán es mucho más largo que el anterior, pero no puedo actualizar muy a menudo ^^ entre que tengo que encontrar ganas de ponerme a escribir (y ahora con la uni no tendré mucho tiempo), también tiene que ser revisado por mis dos redactores de confianza (Nico y Bonnie ^_^).

Y como siempre ya saben, Fushigi Yuugi no me pertenece que sino Tama sería solo para mí ¬¬ pero bue, ni modo T_T

---- cambios de escena

"" Pensamientos

[] Frases con las que no se muy bien como redactarlas mejor.

"Capítulo 2: El chico con el símbolo de raíz en la frente"

- Mmmmmmmmmm – fue lo único que pronunció la chica segundos antes de abrir lentamente sus dorados ojos. Cuando por fin los abrió, se sentó rápidamente sorprendida; se encontraba en una carreta llena de paja, que circulaba por un camino sin pavimentar y donde cuyo conductor, aparentemente, no se había percatado de su presencia. A su izquierda se levantaba un espeso bosque lleno de grandes árboles; a su derecha se veía una gran llanura.

- ¿Dónde estoy? – se pregunto la chica segundos antes de comenzar a recordar los eventos anteriores a la aparición, nuevamente, de aquella extraña luz roja.

- "Oh oh" empezó a preocuparse la joven "estoy encerrada dentro del libro. Pero no puedo volver" pensó mientras cerraba los ojos "me he peleado con mamá" a continuación abrió los ojos con decisión y se dijo para sí misma – me quedaré un rato aquí, total la otra vez Yui y yo volvimos a los pocos minutos así que no hay nada que temer.

De repente una imagen apareció en su cabeza: el extraño chico que las había salvado a Yui y a ella el día anterior y que en cuya frente tenía el símbolo de "raíz". En ese momento decidió ir a buscar a ese chico. – Después de todo no todos los días se ven chicos como él – dijo Miaka sintiendo, de repente, una corriente de alegría por todo el cuerpo – "pero dudo encontrarlo aquí" – pensó la joven al volver a ver a su alrededor. Por lo que decidió esperar a que la carreta se detuviera en alguna ciudad o pueblo.

Tuvo que esperar cerca de media hora para que ese deseo se convirtiera en realidad. Una vez cumplido, la adolescente bajo del vehículo y se dirigió hacia las escaleras, las cuales eran una de las entradas a la ciudad, no sin antes despedirse del conductor y agradecerle el viaje gratis. El conductor miro extrañado como la joven le daba las gracias por haberla llevado. ¿Llevado? ¿Cuándo? Si ni siquiera la conocía. Simplemente se encogió de brazos y siguió su camino hacia la siguiente ciudad, puesto que ese era su verdadero destino y no la Capital Imperial del Reino del Sur.

Desde el principio de la escalera se podía ver toda la ciudad y, al fondo, el Palacio Imperial. Toda la ciudad estaba abarrotada de gente que vestían desde las más humildes prendas echas con cáñamo hasta los trajes más elaborados diseñados exclusivamente con seda. Grandes y pequeños puestos ofrecían distintos productos y servicios… y personas que al no tener dinero suficiente para construir uno o que simplemente no lo necesitaban, llevaban sus mercancías colgadas en unos bols uno a cada lado de un palo que era llevado al hombro.

Parecía, además, que estaban en un festival puesto que se podían ver grandes elefantes que se levantaban sobre sus pies y estiraban la trompa, tigres con sus correspondientes domadores, algunos de ellos saltando aros con fuego, malabaristas, hombres escupe fuego… - Wow – fue todo lo que puedo decir la chica impresionada – Esto parece el montaje de una película – agrego entusiasmada segundos después.

Decidió recorrer la ciudad en busca del chico y, de paso, divertirse un poco ¿Por qué no? Quince minutos de infructuosa búsqueda pasaron antes de que decidiera preguntar a la gente.

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En un restaurante cerca de donde se encontraba la joven…

- No puedo creer que perdiera una semana para venir a la Capital solo por hacerle caso a esa pitonisa – decía un joven muy enojado – ¿Por qué el destino no tiene un cartelito con llamitas donde se pueda leer "soy tu destino"? Así me ahorraría trabajo – dijo mientras se colocaba las manos detrás de la cabeza.

Fue entonces cuando vio a un joven de cabellos castaños, también conocido como Seiya, era un conocido traficante de esclavo para quienes sabían del tema. Toda su atención se dirigía hacía su derecha por lo que el muchacho decidió mirar hacia ese lugar, sabiendo de antemano que tanta "atención" no podía acarrear nada bueno. Y acertó. En aquel lugar se encontraba la chica que había ayudado la semana pasada. Pasados unos segundos, Seiya comenzó a dirigirse hacia el lugar donde se encontraba la joven, con una sonrisa de triunfo, sin saber que alguien más se dirigía también a ese lugar para hacer que esa sonrisa desapareciera de su rostro.

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De vuelta con Miaka…

Poco tiempo después de comenzar a preguntar un joven de cabellos castaños se le acerco y le pregunto si esta sola y en caso afirmativo si querría ir con él a ver el festival. Antes de que la joven pudiera responder sintió como unos fuertes y cálidos brazos la rodeaban y una cara se posaba sobre uno de sus hombros; desde esta posición la muchacha puedo oler la dulce, pero a la vez fuerte fragancia del desconocido echo que provoco que la joven comenzara a ruborizarse.

- Aléjate de esta chica – dijo el joven desconocido, aunque no tanto dado que Miaka reconoció la voz enseguida.

- ¿Por qué si se puede saber? – contesto el chico a la defensiva – yo no estaba…

- No, pero estabas a punto – lo interrumpió el joven. Dicho esto se separo de Miaka y se acerco al chico y le dijo en voz muy baja para que solo el chico pudiera escucharle – Conozco tu trabajo, así que no me vengas con que no estás haciendo nada – cuando termino de decir esto agarro uno de los brazos del joven y comenzó a retorcerlo lo que provoco un grito por parte del chico y uno ahogado por parte de Miaka quien se tapo la boca con las manos – Vuelvo a verte intentando secuestrar a otra chica y te daré tu merecido, lo cual implica que no podrás moverte por lo que te queda de vida ¿entendido? – al no recibir la respuesta que buscaba sino una mirada asesina le aplico más fuerza, recibiendo esta vez la respuesta deseada.

- ¡¡¡Está bien, está bien, no volveré a hacerlo!!! – grito de dolor el joven y en cuanto se vio liberado del extraño individuo se alejo corriendo lo más rápido que pudo. Su carrera era vista atentamente por el chico de cabellos oscuros. Cuando por fin lo perdió de vista el joven suspiro con resignación y volteo a ver a la chica.

- Veo que hoy no estás con tu amiga – dijo con amabilidad, sin embargo, la siguiente frase la dijo con una voz llena de reproche – No deberías irte con cualquiera, no tienes ni idea de la tontería que estabas a punto de cometer.

- Pero si el solo quería invitarme a ver la ciudad – dijo inocentemente la chica aún sorprendida por lo que acababa de suceder.

El chico se acerco a la joven y la agarro de la cintura mientras la acercaba hacia él. La elevo unos centímetros del suelo y, a continuación, acercó sus labios al oído de la joven, provocando que la muchacha se sonrojara notoriamente. Entonces le susurro:

- El solo quería venderte como esclava, hay mucho de estos tipos por aquí, sobre todo ahora que estamos en festival y se aprovechan de las jóvenes inocentes como vos.

- Gracias – fue lo único que pudo decir Miaka al darse cuenta de lo que le habría podido pasar – Esta es la segunda vez que me ayudas contando lo sucedido ayer – dijo en un susurro.

- ¿Ayer? – pregunto el chico extrañado – Si eso paso la semana pasada.

Miaka no contesto. Si eso era verdad entonces el tiempo corría de forma distinta entre este mundo y el suyo. De repente, las tripas de la joven hicieron acto de presencia. Lo que ocasiono que la joven se sonrojara aún más, aunque, en este caso, por la vergüenza, y una pequeña risa por parte del chico.

- ¿Tienes hambre, eh? – pregunto el chico de forma burlona sabiendo muy bien la respuesta – Aunque la última vez no traías dinero, supongo que esta vez tampoco – agrego el joven. Miaka tan solo asintió.

- Bueno, por esta vez te invito a comer, tómalo como una compensación por lo que ha pasado hoy y por la forma tan abrupta en la que me fui la semana pasada. Pero no te vayas acostumbrando – dijo el chico en tono burlón – Además me gustaría saber porque estas aquí sin tu amiga. Por lo que, de momento, me haré cargo de ti.

Miaka quería agradecerle el ofrecimiento, más, sin embargo, su estomago fue más rápido que sus labios. Esta vez si estallo en carcajadas el muchacho, lo cual provoco que soltara a Miaka para poder reírse a gusto. Por su parte Miaka creía que nunca había deseado tanto que la tierra se la tragara como en ese momento.

Minutos después del pequeño accidente, ambos jóvenes se dirigieron a uno de los restaurantes cercanos el cual era regentado por un viejo amigo del joven.

Cuando Miaka entro al recinto descubrió que era un lugar ricamente decorado (sin llegar al lujo extremo) y bastante espacioso, pero aún así tenías la sensación de estar como en un segundo hogar. Los jóvenes se dirigieron al final del recinto y cuando ni bien se sentaron las tripas de Miaka volvieron a hacer acto de presencia. La muchacha ya no sabía en donde esconderse mientras que el chico simplemente sonrió, se apoyo en la silla y se giro hacia el mostrador donde grito:

- Masato ven un momento, por favor – se giro hacia Miaka y agrego sonriendo de costado y con tono burlón – que sino dentro de poco tendremos que ir a un funeral - Lo cual se gano un asentimiento por parte del amigo mientras se reía por lo bajo, y unos pequeños golpes por parte de Miaka, quien se había levantado de su silla y dirigido hacia él, con toda la cara roja. Después de unos momentos, el muchacho atrapo las manos de la joven mientras la jalaba hacia él y la sentaba sobre sus piernas. Esta cercanía hacia que el corazón de la joven latiera con fuerza.

- ¿Sabes que te ves muy bonita mientras te sonrojas? – le susurro el joven al oído.

Pero antes de que pudiera contestar el dueño del local se había acercado a la pareja.

- Vaya, vaya Kishuku, no sabía que tuvieras novia – le dijo con tono burlón – que guardadito te lo tenías, además es muy mona – agrego su amigo mientras le daba unos golpecitos en la espalda.

Miaka no podía evitar volver a sonrojarse "¿Es que hoy es el día de hagan sonrojar a Miaka lo máximo posible o que?" empezaba a pensar la muchacha con un poco de molestia.

- No lo es – suspiro Kishuku, ¿Por qué su amigo siempre tenía que mal interpretar todo? Ya se parecía a Amiboshi. Bueno no, Amiboshi era peor. – Es simplemente una chica que ayude a salir de una situación peligrosa – agrego Kishuku mientras miraba para otro lado, él no tenía tiempo para enamorarse y tener novia, no hasta que su familia estuviera bien.

Este comentario hizo que de repente Miaka se sintiera triste sin saber porque.

- Jajá jajá no es mi culpa que atraigas a las mujeres Kishuku, a más de uno nos gustaría tener esa habilidad – dijo comenzando a reír, pero paro enseguida al ver la mirada que le echo su joven amigo. Si el joven hubiera sido un basilisco su amigo habría pasado a mejor vida.

- Mira, ve y tráenos un poco de todo así la señorita prueba un poco de comida de la región, que por lo que parece no es de aquí – dijo Kishuku una vez que se calmo. Aunque las palabras "por lo que parece no es de aquí" revoloteaban en su cabeza sin saber porqué, se dio cuenta que antes no había reparado en ese detalle. "Va… no puede ser".

Masato por fin se retiro.

- Ufff... – suspiro Kishuku mientras se estiraba – Masato es una muy buena persona, pero puede ser llegar a ser muy pesado – dijo Kishuku y agrego sonriendo de lado – sobre todo cuando las palabras "novia" y "Kishuku" están en una misma frase.

- No hay problema – le dijo Miaka.

- Me alegro – dijo el chico con una cálida sonrisa ante lo cual la muchacha no podía dejar de sentir mariposas en el estomago – Pero bueno mientras lo esperamos cuéntame por que estas aquí, la última vez que te vi estabas en el desierto con una amiga y hay muchos pueblos entre el desierto y la capital de Konan. Me sorprende que estés tan lejos de tu casa – Comento Kishuku dando por sentado que la joven viviría cerca del desierto la encontró la primera vez. Después de todo, muy poca gente tenía el privilegio de salir de sus aldeas.

- Ante la mención de la palabra "casa" el semblante de la joven se ensombreció, haciendo que el chico se preguntara si había sido buena idea hablar sobre ello.

- Me he peleado con mi madre y no sé donde estoy – dijo un poco triste.

- ¿Cómo que no sabes donde estás? – pregunto el chico asombrado – Estás en la capital del país del sur, Eiyoh, cuyo Dios protector es Suzaku – dijo el muchacho como si fuera lo más obvio del mundo.

Nuevamente, y por tercera vez en dos días, ante la mencion de la palabra "Suzaku" no pudo evitar imaginar a un gran fénix rojo.

- Mi hermano me dijo algo de eso – dijo Miaka – algo con cuatro dioses y estrellas.

- Entonces conoces la leyenda de las sacerdotisas – dijo el joven dando por entendido que la joven conocía la leyenda. ¿Quién en los cuatro países no la conocía?

- ¿Qué leyenda? – pregunto confundida la chica.

Kishuku miro incrédulo a la joven. Todos conocían la leyenda, si bien es cierto que casi la mayoría de los habitantes de Konan y Seiryu ignoraban que dos Dioses habían sido invocados no por ello ignoraban su contenido.*

- Bueno, se dice que una chica vendrá de otro mundo cuando el país atraviese por una crisis que este a punto de llevarlo a su ruina. Reunirá a las siete estrellas de Suzaku y salvará al país de la destrucción – le contó el chico.

- ¿Pero eso no es cierto, verdad? – pregunto Miaka.

- En este mundo existen cuatro dioses: Genbu, la tortuga con dos serpientes como cola; Byakko, el tigre blanco; Seiryu el dragón azul; y finalmente Suzaku el fénix rojo. – le informo el joven.

Ahora entendía la muchacha porque cada vez que se mencionaba la palabra "Suzaku" veía a un gran fénix. No, espera. ¿Cómo podía ella saber que Suzaku era un fénix si esta era la primera vez que le decían que ese nombre correspondía con ese animal?

– Los dos primeros ya han sido invocados, faltan los otros dos por invocar – siguió diciendo el joven. A continuación agarro una de las manos de la joven y la acerco a su frente que justo en ese momento comenzó a brillar – y, en cuanto a tu pregunta de si es verdad o no la leyenda ¿Este símbolo te parece que es una ilusión? –le pregunto. Para enseguida agregar – Esta marca me convierte en una de las estrellas de Seiryu del país del oeste.

Miaka solo notaba la calidez que desprendía aquella marca, pero le daba la sensación que al muchacho no le gustaba mucho ser parte de las estrellas.

- Gracias por decírmelo – dijo Miaka mientras retiraba su mano lentamente de la frente del joven, muy a su pesar.

- Ahora lo que me sorprende es verte aquí tan lejos de donde te vi por primera vez – dijo el chico.

No sabía que decir. Si lo que decía el joven era cierto, entonces estaba en problemas. Ella era, después de todo, una chica venida de otro mundo. Y ahora que lo pensaba, el prólogo del libro decía que se convertirán en realidad los deseos de la joven que reuniera las estrellas de Suzaku ¿podría ser que en realidad "leer el libro" era ¡ser la protagonista del mismo!? Si eso era verdad ¿Qué haría ahora?

- Pues no sé como llegue aquí – dijo por fin Miaka después de unos minutos de silencio. Coloco sus manos en la mesa y apoyo su cabeza sobre ellas – de pronto una luz rojo apareció y lo siguiente que recuerdo es que estaba en encima de una carreta – y enseguida pensó: "Diría que una luz me absorbió dentro de un libro, pero eso es menos creíble, además, no he mentido del todo, dado que una luz provoco que yo estuviera aquí".

Ante esto el chico no pudo evitar abrir los ojos de la impresión. ¿Podría tratarse esta chica de la sacerdotisa de Suzaku? Ella dijo que la había salvado dos veces, una vez ayer y otra hoy. Pero eso era imposible porque la primera vez fue la semana pasada, además tenía ropas muy extrañas, no sabía en donde se encontraba, ni que esta ciudad era la capital del Imperio y ahora lo de la luz. Si en verdad era la chica elegida por la deidad del sur lo mejor sería llevarla al Palacio, aunque sería difícil entrar siendo el una estrella del país enemigo – ante este pensamiento suspiro – hubiera sido mejor nacer como estrella de Suzaku, en vez de Seiryu. Por la única razón que aguantaba estar en el Palacio era debido a Amiboshi, de no haber sido así se hubiera quedado en casa y cuando apareciera la sacerdotisa de Seiryu que le avisaran, de esta manera no tendría que aguantar ni a Nakago, ni a su Emperador y muchísimo menos a un determinado grupo de concubinas.

- En todo caso no nos hemos presentado, como oíste mi nombre es Kishuku, Kishuku Sou – dijo esto último mientras besaba la mano de Miaka, y acto seguido el guiñaba un ojo. El sonrojo en esta ocasión superaba a todos los anteriores. "Definitivamente seguiré haciéndote sonrojar niña" pensaba el joven muy divertido.

- Me… me… llamo Miaka Yuuki – logro decir por fin. "Ahora pensará que no puedo hablar" pensó la joven, sin embargo, al chico, toda esta situación le hacía mucha gracia.

- Mmm..... En ese caso te llamaré Mi-chan – dijo el joven mientras acercaba su rostro a la joven y a continuación comenzó a acariciar el rostro de la joven con uno de sus pulgares – ¿te parece bien?

Pero antes de que la joven pudiera protestar, Masato se acerco a ellos con la comida y la sirvió. Sin embargo, antes de que el joven pudiera probarla, ésta desapareció de la mesa a la velocidad de la luz gracias a la joven. Ambos hombres se quedaron mirando con una gota en la cabeza por lo ocurrido. Por lo que Masato le pidió a uno de los camareros más cercanos a la mesa que trajera más. Kishuku puso inmediatamente un escudo protector alredor de la comida ni bien se la trajeron.

- Esta vez como yo – dijo riendo el chico al ver la cara de desilusión en la joven al darse cuenta que el escudo no era comestible.

Cuando por fin termino de comer, el chico se dirigió al mostrador donde se encontraba Masato.

- Jefe, te tendré que pagar la próxima semana – dijo suspirando y agrego – no me esperaba que esta chica comiera tanto.

Su amigo, por el contrario, sonrió y le dijo: No te preocupes Kishuku, esta vez es gratis, te debo más favores de los que puedo recordar.

- Pero aun así – dijo Kishuku, si bien era cierto que no le gustaba gastar (¡Lo odiaba con toda su alma!), también era cierto que no le gustaba estar en deuda con nadie.

- Además, es bueno conocer a la chica que por fin te robo el corazón y no digas que no porque no tratas a todas las chicas así – cuando termino de decir esto el hombre comenzó a reír muy fuerte, pero de repente paro al ver la mirada que le lanzaba su joven amigo – Tendrías que pensar un poco más en vos Kishuku. Tenés 17 años, edad más que suficiente para encontrar a una buena chica y casarte – dijo muy serio el hombre.

"De acuerdo" pensó Kishuku "no se quién es peor, si mi padre o Masato. Porque Amiboshi les sigue ganando y con diferencia". Así que se fue a donde se encontraba Miaka para decirle que se iban. Cuando salieron del establecimiento, Miaka vio un pequeño oso blanco en uno de los puestos de enfrente, por lo que se dirigió prácticamente volando hacia él. Al ir tan rápido choco contra una mujer y cayo en una mala postura. Intento levantarse para ayudar a la muchacha y pedirle disculpas por lo ocurrido, pero no pudo hacerlo por el dolor que sintió en su tobillo izquierdo, lo cual hizo que volviera a agacharse. Kishuku se acerco a Miaka para ver como se encontraba la chica después de semejante golpe. Cuando se acerco a la chica vio como ella tenía lágrimas en los ojos y se masajeada uno de sus tobillos. La muchacha que fue atropellada por Miaka se fue, no quería que la culparan por la herida de la chica cuando fue ésta la causante de la caída.

- Miaka, ¿te torciste el tobillo? – pregunto un muy preocupado Kishuku.

- No lo sé, pero me duele mucho – dijo la muchacha.

- Tonta, no debiste salir corriendo así – dijo resignado el chico, al mismo tiempo que alzaba a la chica cuidadosamente en sus brazos. Este hecho provoco que la joven se olvidara momentáneamente del dolor y su atención se enfocara en el fuerte y bien moldeado pecho del joven.

- Lo siento mucho – dijo Miaka muy apenada mientras bajaba la cabeza.

- No te preocupes, ahora mismo te llevaré a que te curen – dijo el chico muy tiernamente – así que será mejor que te agarres fuerte – agrego el joven, no es que hiciera falta en realidad, pero le gustaba sentir la calidez de la joven.

- Lamento causarte tantos problemas – dijo la joven apenada mientras rodeaba el cuello del joven.

- No te pongas así – le dijo con una sonrisa tratando de animarla – dije que me ocuparía de ti, ¿no? Eso es lo que estoy haciendo – agrego el chico, aunque una parte de él se alegraba de poder llevarla en brazos – y por lo que veo no se te puede dejar sola un sólo segundo sin que te metas en problemas – dijo en tono burlón. Ganándose de esta manera, nuevamente, unos pequeños golpes por parte de la joven.

Cuando llegaron a la casa del doctor, Miaka fue quién tuvo que golpear la puerta, no porque Kishuku no pudiera hacerlo, sino porque quería sentir a la joven el máximo tiempo posible. Aunque no sabía bien porqué, pero era la primera vez que le sucedía. "Tal vez al ser tan inocente me recuerde a Yuiren*" pensó el joven "sí, eso deber ser". Y con este pensamiento en mente ambos jóvenes se adentraron en el lugar.

- Buenos días señor Takemura, veo que no tiene a nadie en la consulta ¡Qué suerte! –dijo feliz el chico.

Aunque el lugar no fuera tan grande como el restaurante al que acababan de ir, no significaba que no se pudiera recorrer el establecimiento con soltura. A unos pocos centímetros de la puerta en la parte derecha, se encontraba una cama mientras que en la parte izquierda tenía dos estanterías llenas de medicinas y hierbas. Al final de la clínica se podía ver una cortina que conducía hacía la casa del doctor. El señor Takemura se encontraba de espaldas a los jóvenes puesto que en ese mismo momento se encontraba ordenando algunas hierbas.

- No es bueno que desees que no tenga cl… - "clientes" habría sido la palabra que hubiera pronunciado el hombre, pero al voltear su mirada hacía la entrada y ver a Kishuku entendió porqué lo había dicho.

- Oh, ¿la nueva conquista de la semana, casanova? – pregunto de forma pícara el doctor – aunque hay que admitir que la niña es muy mona y parece muy inocente así que no te pases con ella ¿eh? Y si tienes planeado hacerlo Masato te puede dar la dirección de un buen amigo que te haría un buen descuento – dijo esto último riendo bien fuerte. Lo cual logro que Miaka se sonrojara profundamente y que Kishuku moviera la cabeza de un lado a otro.

- Doc, deja de decir tonterías y ven a revisar a la chica - dijo el joven mientras giraba sus ojos.

- Bueno Kishuku, tienes que admitir que es normal verte rodeado de chicas, o ver como te lanzan miradas, pero lo que me extraña es que por fin te hayas decidido a hacerle caso a una de ellas. Y tú pequeña ¿eres hechicera? – pregunto el hombre mientras desviaba su atención a la muchacha que era llevada en brazos por el guerrero - Sin duda alguna es lo más probable, porque para que Kishuku le preste atención a una chica tiene que estar bajo los efectos de un potente conjuro – agrego riendo nuevamente. Ante esto Kishuku ya tuvo demasiado, por lo que enfoco su atención en una silla a la cual le envió parte de su ki, haciendo que esta se elevara y empezara a pegar, no muy fuerte, al dueño del local.

- ¿Vas a curar a la chica o a seguir diciendo tonterías? – pregunto el joven. Miaka reía por lo bajo. Kishuku le envió una mirada que podría ser interpretada como: "¿Vos también?", lo que provoco que la joven dejara de reír para comenzar a silbar mientras apartada su mirada de los ojos esmeraldas del joven.

- Está bien, está bien, atenderé a la chica – grito el hombre logrando de esta manera poner fin terminara su martirio personal.

Kishuku avanzo hasta la cama y deposito a la joven con extremo cuidado en ella. Giro la cabeza para hablar con el hombre – No te pases de listo que eres un viejo verde.

- No lo soy, además, aprecio el lugar en el cual está mi cabeza – le respondió ofendido.

- Vamos a ver que tienes pequeña – dijo el médico dirigiéndose a la joven - ¿Te duele mucho? – le pregunto a la muchacha.

- Ahora no tanto porque Kishuku me dio unos masajes – respondió un poco sonrojada mientras evitaba la mirada del hombre y del joven.

- ¿A sí? – fue todo lo que pudo pronunciar mientras comenzaba a sonreír de forma maliciosa y sus ojos empezaron a brillar antes de que sintiera nuevamente la silla muy cerca de su cabeza – Bueno en realidad no es nada grave, así que te prepararé un poco de aceite y luego te masajearé en la parte dañada, sin embargo, no debes hacer mucho esfuerzo por lo que… - se giro para mirar a Kishuku (la silla había vuelto a su lugar), y agrego en tono pícaro – tendrás que hacer el esfuerzo de volver a llevar a tu novia a cuestas.

"¿Novia?" pensó con tristeza Miaka. No puedo ser su novia, no es más que el personaje de un libro, además tengo que volver a casa, pero no sé como. Despertó de su ensimismamiento cuando sintió algo frío en su tobillo mientras unas manos arrugadas le daban un masaje.

- Lo siento, pero esto te va a doler un poco pero es necesario – dijo el hombre.

- Está bien, después de todo fue mi culpa por ser tan imprudente – respondió la chica – oh – dijo cuando sintió como unos fuertes y cálidos brazos la abrazaban por detrás, haciendo que su corazón latiera rápidamente.

- Lo más probable es que necesites reposar al menos un día, dado que el doc dijo que no era grave, así que volveremos a lo de Masato a comer y que nos de la dirección del hostal de su amigo – le dijo mientras le susurraba en el oído para que así el hombre no pudiera oírle.

- Cuando hayas terminado de hacer sonrojar a tu novia me dices y así te digo que es lo que tienes que hacer para que su tobillo mejore – dijo el hombre una vez termino de masajear la zona dañada.

Cuando termino el masaje se dirigió a una de sus estanterías en busca del aceite para la joven. Kishuku se levanto de su lugar y se dirigió hacia donde se encontraba el señor Takemura.

- Tenés que darle este aceite – dijo el doctor y agrego susurrando al joven – y Kishuku… cuídala bien, no ha dormido lo suficiente últimamente y ha estado sujeta a mucho estrés, por lo que podría enfermar en cualquier momento - termino diciendo el hombre.

- ¿Cómo sabes eso doc? – pregunto el joven, preocupado y sorprendido al mismo tiempo.

- Sabes que estudie en un monasterio budista, digamos que uno aprende cosas interesantes en ese lugar – dijo simplemente el hombre.

Kishuku simplemente asintió. Y pago al hombre lo que le debía, por suerte para él no era mucho. Después de esto se dirigió devuelta hacia la cama y con mucho cuidado volvió a cargarla en sus brazos para así salir del recinto y dirigirse al restaurante de su amigo. Pero cuando llevo a la puerta se giro.

- Muchas gracias doc - dijo Kishuku

- Muchas gracias señor – dijo Miaka inclinando un poco la cabeza.

- De nada parejita – dijo gritando antes de esconderse dentro de la parte trasera del negocio.

Kishuku daba el asunto por perdido así que después de un largo suspiro, dio media vuelta para dirigirse nuevamente al restaurante. Durante el corto trayecto Miaka permaneció callada, lamentándose haber sido tan torpe, dado que sino hubiese estado tan distraída ahora mismo podrían estar disfrutando del festival.

- No te preocupes Miaka - le susurro de repente al oído Kishuku.

- ¿Cómo? – pregunto ella.

- Hasta mañana hay festival, dado que se celebra el 4 año del reinado del Emperador y será mañana cuando pase con su carroza, así que si te portas bien y no haces esfuerzos disfrutarás del festival – le comento el joven a la vez que le guiñaba un ojo intuyendo cual podría ser el problema por el cual la chica estuviera tan callada y triste.

- ¿De verdad? – dijo con los ojos iluminados de alegría. El chico simplemente asintió mientras sonreía y se perdía en aquellos ojos dorados – ¡¡¡Bien!!! – grito Miaka mientras reía momentos antes de abrazar fuertemente al joven por el cuello.

- Me alegro que vuelvas a sonreír, te ves mucho más bonita así – le dijo sensualmente en el oído provocando que la joven se sonrojara nuevamente.

Cuando llegaron al restaurante esta vez se encontraba con más gente ya que estaba a punto de anochecer. Se dirigieron a la mesa en la que habían comido con anterioridad. Esa mesa estaba reservada para Kishuku. Nunca en su vida el joven se había alegrado tanto de tener ese sitio siempre disponible. Cuando llegaron a su destino, el joven movió una de las sillas con ayuda de ki y coloco cuidadosamente a Miaka en ella.

- Ahora vuelvo – le dijo a la joven mientras guiñaba el ojo. Miaka ya perdió la cuenta de cuantas veces se había sonrojado ese día. Tampoco es que pudiera evitarlo. No podía negar el hecho que Kishuku fuera un chico muy atractivo, atento y dulce. No le extrañaría que fuera verdad que muchas chicas estuvieran locas por él.

El joven se dirigió hacia el propietario del lugar.

- Masato, necesito pedirte un favor – le dijo Kishuku a su amigo, que justamente en ese momento estaba detrás del mostrador.

- ¿Un favor, eh? – pregunto sonriendo maliciosamente - ¿No tendrá nada que ver con algo pequeño, pelinegro y ojos dorados, verdad? – al terminar lo dicho sonrió a un más.

- Algo así – dijo respondió mientras hacia girar sus ojos. Ya se imaginaba que su amigo comenzaría a molestarlo otra vez, pero necesitaba estar seguro de que Miaka a no le pasaría nada, sobre todo ahora que tenía el pie lesionado.

- ¿De qué se trata rompecorazones? – dijo el hombre mientras se echaba para adelante. Kishuku tuvo que recordarse a sí mismo que tenía que pedirle un favor, de no haber sido así la silla más cercana a él hubiera volado hasta la cabeza de Masato. Mas a su pesar, tan sólo respiro hondo y le pregunto:

- ¿Podrías llevar comida para Miaka? - le pregunto.

- Así que ese es el nombre de la joven que te robo el corazón ¿eh? – dijo esto sin haber quitado nunca su maliciosa sonrisa.

"Favor, favor, favor, favor" eran las únicas palabras que tenía que recordar una y otra vez para no romper nada del lugar.

- Miaka se lastimo el tobillo y no puede andar, por lo que necesita reposo así que iremos a dormir al hostal que regenta tu amigo. Pero antes necesito comprarle ropa para dormir, no tiene más que lo puesto y creo que no se sentiría muy cómoda – dijo tratando de sonar sereno.

- ¡Qué buen muchacho sos! – dijo aún sonriendo – así es como las chicas te adoran. Ya sé tu secreto. Aunque hay que admitir que la imagen de caballero en armadura brillante te queda muy bien Kishuku – y cuando termino de decir esto, comenzó a reír a carcajadas. Kishuku agarro la silla más cercaba, que afortunadamente estaba vacía, y golpeo con ella a su amigo.

- DEJA DE DECIR TONTERIAS Y ESCUCHAMÉ – grito Kishuku. Y cuando se hubo calmado un poco continuo diciendo - Necesito que cuides de Miaka mientras yo no estoy, no quiero dejarla sola y mucho menos ahora que no puede caminar. Por lo tanto, hace el favor y coopera – cuando termino de decir esto soltó un resoplido.

- ¿Y por qué no la llevas a la cabaña que tu amigo y vos tienen? – pregunto un poco adolorido el hombre – con lo poco que te gusta gastar el dinero – dijo sonriendo – Además quien dice que no… Aut. – no puedo terminar de decir la frase, dado que, nuevamente, Kishuku le había pegado con la silla.

- YA DEJA DE DECIR TONTERÍAS – grito nuevamente el joven – Además, me cuesta mucho conseguirlo – se defendió el joven una vez se hubo calmado un poco. "No lo creo" pensó Masato adolorido "vos sacas dinero de hasta debajo de las piedras" – En cuanto a la idea de ir a la cabaña llevaría un par de horas llegar hasta allí y creo que Miaka lo que necesita es descansar pronto.

- Pues yo que vos iba pensando en esa opción – dijo seriamente su amigo – recordá que estamos en festival y las posadas son lo primero en llenarse.

Mierdaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, ¿Cómo se le había podido olvidar ese detalle? No le quedaría más remedio que dormir en la cabaña que Amiboshi y él poseían. Nunca se había alegrado tanto de tener esa cabaña que no podía vender gracias a Nakago, su General, como en ese momento.

- Tenés razón – suspiro el muchacho derrotado – Háceme el favor de cuidarla mientras no este, no tardaré mucho – dijo el joven. Acto seguido se dirigió a la mesa que estaba Miaka para decirle que iba a hacer unas compras. La muchacha asintió sonriendo.

- Masato me la cuidas – grito Kishuku mientras se diría a la puerta.

- No te preocupes, compañero, nadie tocará a tu chica – fue lo que respondió el hombre segundos antes de agacharse. Instantes después, se escuchaba el sonido de una silla estrellándose contra la pared. Miaka ya no podía aguantar la risa. Era muy divertido ver como peleaban.

- Kishuku, reparalá – le grito el hombre.

El joven no dijo nada y volvió a enfocar su ki en la silla. Juntando de esta manera todos los pedacitos que quedaba de ella y unirlas para formar nuevamente el mueble. Acto seguido reanudo su camino hacia a la puerta del establecimiento. Mientras todos los que se encontraban comiendo en el lugar tenían el tenedor cerca de la boca sin finalizar el acto de llevarse ese trozo de comida a la boca; una joven pelinegra hacía grandes esfuerzos por no romper a reír a carcajadas nuevamente.

Cuando por fin el joven volvió de hacer todas sus compras serían como las 8 de la noche. Después de comer (gracias a un escudo que puso alrededor de Miaka), despedirse del dueño y obtener la dirección del amigo se hicieron las 8 y media. Cuando llegaron al lugar vieron como había un precioso cartel que decía "Lleno".

- ¿Qué haremos ahora Kishuku? – pregunto Miaka mientras apoyaba su cabeza en el hombro del joven e, inconscientemente, comenzaba a respirar el dulce aroma procedente del joven.

- Pues no queda más remedio que ir a la cabaña que mi mejor amigo y yo tenemos – dijo con resignación. Rezando, implorando, rogando a los 4 dioses del mundo que Amiboshi no estuviera ahí. Masato era un gatito inocente comparado con Amiboshi en ciertos temas – pero tardaremos como 3 o 4 horas en llegar ya que tengo que llevarte en brazos y eso nos retrasará un poco – agrego el pelinegro. Enseguida sintió la camisa un poco mojada, por lo que volteo el rostro hacia la joven y pregunto - ¿Miaka?

- Snif snif. Lamento ser una molesta, lo único que he hecho ha sido causarte problemas y yo…. – no pudo seguir su frase puesto que Kishuku había colocado uno de sus dedos índice sobre sus labios. Se sentó en uno de los bancos de alrededor y le dijo a Miaka:

- Esto lo hago porque quiero ¿de acuerdo? Tomaló como una compensación por lo frío que fui con vos y con tu amiga la primera vez que las conocí. Además hoy cuando te encontré estabas a punto de terminar muy mal y tampoco podía dejarte sola – a continuación removió con uno de sus pulgares las lágrimas que quedaban en los ojos de la joven, haciendo que ella se sonrojara – Sin contar que me caes muy bien, eres muy tierna y alegre, y lo que más me hace falta en estos momentos es reírme un poco. Así que no te preocupes que no eres ninguna molesta – cuando termino de decir esto abrazo a la chica para demostrar que no mentía. Ella, por su parte, devolvió el abrazo no pudiendo creer como un personaje de un libro pudiera ser tan cálido. "Pero es que no puedo evitar sentirme tan bien cuando estoy junto a él" pensó la joven.

Unos minutos después el chico se separo un poco de la joven.

- Será mejor que partamos, hay mucho camino por delante y está comenzando a refrescar. Así que trata de descansar un poco si querés – dijo el chico.

- Gracias – dijo Miaka mientras se abrazaba fuertemente al chico para no caer mientras él saltaba de árbol en árbol, para de esta manera llegar más rápido a su meta.

Poco antes de la media noche los jóvenes llegaron al lugar tan ansiado. La cabaña era bastante espaciosa con un gran comedor donde había una chimenea. Llegaron a la habitación principal que estaba ricamente amueblada con una puerta a la derecha, pero lo que hizo sonrojar fuertemente a la joven fue la gran cama matrimonial. El joven noto el sonrojo de la joven, por lo que divertido le susurro al oído de forma muy sensual mientras le mordisqueaba el lóbulo de su oreja: ¿Quieres saber cuán suave es? Por lo que se gano unos cuantos golpes en el pecho por parte de Miaka mientras le gritaba pervertido. El joven simplemente sonrió y la sentó en la cama.

- Hogar, dulce hogar. Bueno, en realidad no es mi casa, sino algo así como una segunda casa que nos dieron a Amiboshi y a mí. Lo malo de este lugar es que no puedo venderlo – dijo esto último con profunda tristeza mientras se apoyaba una mano en la pared y agachaba la un poco la cabeza, al mismo tiempo que removía unas lágrimas imaginarias.

- Veo que te gusta mucho el dinero – comento Miaka al ver algunos tarros con monedas dentro y su anterior actitud.

- Sí – dijo mientras se le iluminaban los ojos al ver su preciado tesoro – las cuento cada noche – dijo riendo esta vez como un maniático. Pero enseguida paro y agrego – La puerta que está en la derecha conduce al baño, así que te ayudaré a bañarte y luego me baño yo.

Ante lo dicho por el joven, Miaka volvió a sonrojarse por lo que dijo mientras movía las manos colocándolas enfrente de ella – no… no hace falta… de verdad.

- Oh, ya veo, lo que querés es que nos bañemos juntos – dijo el chico feliz mientras la alzaba y se diría hacia el cuarto de baño con una gran sonrisa.

- NO QUISE DECIR ESO – grito la joven completamente roja.

- Ya lo sé – le susurro Kishuku - pero no sé si te acordas que tenés un pie malo y que no podés apoyar tu peso en él si querés que mañana vayamos al festival.

- Pero… - dijo todavía insegura.

- Hacemos una cosa, te preparo el agua y luego te meto, me voy y te cambias tranquilamente. Cuando terminés te enrollas en la toalla y te vengo a buscar, aunque me voy a mojar todo pero ni modo – dijo en tono burlón.

- Me… me parece bien – dijo Miaka toda colorada, en parte por lo embarazoso que sería y en parte porque no podía evitar que en su mente se formará una imagen del joven todo mojado. Enterró su rostro en el cuello de Kishuku para que no se diera cuenta de su cara roja, porque si la viera seguro que comenzaría con algún comentario suyo.

- No te preocupes, sé lo que se siente cuando no te dejan intimidad mientras te bañas o relajas – dijo suavemente Kishuku.

- ¿De verdad? – le pregunto sorprendida la joven.

- Sí, yo vivo en el Palacio de Kutou, el País del Oeste, y digamos que hay un cierto grupo de concubinas que no me dejan en paz ni de noche ni de día – suspiro profundamente al recordar a esas 5 muchachas. Dicho esto abrió la puerta que conectaba al baño – gracias a eso tengo bastante experiencia con el cuerpo femenino, por lo que si veo algo prometo no abalanzarme como un lobo feroz – dijo guiñando un ojo. Acto seguido se acerco a su oído y muy sensualmente le susurro - Por ahora - Haciendo que el corazón de la joven latiera velozmente.

Miaka iba a replicar el comentario, pero al ver el cuarto de baño solo pudo soltar un "wow". El baño estaba hecho completamente de mármol, estaba tan limpio y brillante que una parte de vos decía que era un crimen tan siquiera tocar un azulejo. Kishuku se dirigió a una de las butacas que había en el lugar y deposito en ella a su acompañante, después, se dirigió hacia la bañera donde comenzó a llenarla de agua y burbujas.

Cerca de donde estaba Miaka había una toalla, así que se le ocurrió ir cambiándose mientras aprovechaba que Kishuku estaba ocupado preparando el baño. Justo cuando termino de cambiarse el joven volteo para decirle que el agua esta listaba, y se sorprendió de ver a la joven con solo una toalla puesta.

- Veo que ya estás lista, ¿pero no era que te daba vergüenza de que te viera como Dios te trajo al mundo? – dijo divertido al ver a la chica cubierta únicamente por una pequeña toalla que apenas podía esconder sus encantos – aunque he de admitir que te ves muy bien así. No veo porque habías tanto escándalo – dijo en tono burlón mientras recorría su cuerpo con la mirada para hacerla enojar.

- Hentai – grito Miaka, y seguidamente, le lanzo una de las botellas aromáticas que había cerca; objeto que el joven esquivo moviendo un poco la cabeza.

- Todavía no te has sacado los lazos del pelo – observó el joven mientras se acercaba a la joven y comenzaba a deshacer lentamente los moños, haciendo que ella se sonrojara – de verdad eres bonita Miaka, sobre todo con el pelo suelo – Kishuku le susurro en el oído – Y ahora vamos al agua – le dijo y, a continuación, comenzó a elevarla con la intención de llevarla a la bañera.

- Espera – dijo Miaka mientras se apartaba de él al mal interpretar su intención.

Ante esto Kishuku se enojo por lo que la abrazo por la espalda; un brazo rodeaba su cintura y el otro se encontraba alrededor de su pecho. Ante esto la joven se quedo completamente paralizada, al mismo tiempo que sentía como su corazón latía cada vez más rápido. Segundos después escucho:

- Si quisiera algo contigo ya lo habría echo, aunque creo que no, dado que estás lastimada y no pienso tomar ventaja de eso. Aunque creemé más de una te odiaría con toda su alma ahora mismo.

- Yo… yo no soy como esas chicas – dijo Miaka un poco molesta porque la compara con otras o tal vez es que estuviera un poco celosa de las chicas que pasaban tanto tiempo con Kishuku.

- Y no tenés idea de lo que me alegro – le dijo Kishuku a la vez que la abrazaba con más fuerte. Miaka creía que en cualquier momento se le saldría el corazón del pecho de lo rápido que éste latía, mientras una sensación de calidez le recorría todo el cuerpo al mismo tiempo que hacía que su sangre se encendiera. Muy en el fondo sabía que deseaba permanecer así para siempre, pero también sabía que eso no era posible y que en cualquier momento esta bella sensación debía terminar. Sin que ella lo supiera, los pensamientos del joven no se distanciaban mucho de los de ella – y ahora, el bebé debe bañarse así le pongo el aceite, nos cambiamos y recuperamos fuerza para un gran día – dijo feliz el chico.

Entro en el agua y deposito a Miaka en el segundo escalón. Luego le dejo cerca de ella todos los accesorios que podría llegar a necesitar. Seguidamente se dirigió a la puerta y le dijo a la joven que si hacia falta algo que lo llamará al igual que cuando haya terminado de bañarse, para después bañarse él. Mientras tanto se encargaría de calentar la casa y de preparar la comida.

Aprovechando que se encontraba bañándose decidió lavar su uniforme, total podría pedir una camisa ¿no? Aunque ante este pensamiento comenzó a sonrojarse profundamente, para acto seguir empezar a agitar su cabeza de un lado a otro tratando de quitar esos pensamientos tan inapropiados de su cabeza. "Si al final la pervertida seré yo" pensó la joven. Aunque no podía evitar volver a sonrojarse al recordar como se veía el joven momentos antes cuando había entrado junto con ella a la bañera, sin embargo, éste no era nada comparado con el que sintió cuando recordó el abrazo del joven. Echaba de menos aquella calidez, no es que hiciera frío en el cuarto de baño, pero simple y sencillamente no era lo mismo.

Cuando Miaka por fin terminó se encontró con que no podía alcanzar la toalla que le había dejado el chico para secarse, pero antes que llamarlo prefirió hacer un último esfuerzo por alcanzarla por lo cual se vio forzada a sacar un poco más de la mitad de su cuerpo del agua. Pero desafortunadamente sus intentos fueron en vano, decidió entonces llamar al joven para avisarle que había terminado; pero antes de poder hacerlo se percato de que Kishuku la observaba recostado en el marco de la puerta con los brazos cruzados sobre el pecho y los tobillos cruzados, quien solo sonrío al ver la cara de susto de la chica, puesto que ella no se había percatado de que era observada. El joven había decidido entrar debido a que se encontraba preocupado por la tardanza de la joven. Pero antes de poder decir pronunciar el nombre de la muchacha para saber si se encontraba bien, se encontró con un agradable espectáculo. Cuando Miaka fue conciente de lo que estaba sucediendo le grito furiosa:

- ¿Acaso no tenés nada mejor que hacer que estar espiándome? – pregunto al mismo tiempo que intentaba cubrir su desnudez; algo que no pudo conseguir por completo.

- ¿Algo mejor que hacer que ver a una joven hermosa y desnuda tomar un baño? hm No, creo que no – contesto con un tono burlón y una sonrisa maliciosa para dar énfasis a su respuesta. Pero sin darle tiempo a Miaka de reaccionar el joven entro al baño, tomo la toalla y la coloco alrededor de la chica.

- ¿Por qué me envuelves con la toalla antes de sacarme de la bañera, ahora la toalla esta toda mojada? – pregunto inocentemente mientras movía su cabeza un poco a su izquierda.

- Pensé que no querías que te viera desnuda – dijo en tono burlón, por lo que se gano que su cabello estuviera todo mojado. Kishuku no dijo nada y agarro a Miaka y la subió a una de las esquinas de la bañera. Separo las piernas de la muchacha y se coloco en medio a la vez que se acercaba a su oído y lo mordisqueaba. Miaka cerró los ojos y ladeo su cabeza un poco hacia la derecha al notar como una descarga eléctrica la recorría de arriba a bajo e, inconscientemente, dejo escapar un pequeño suspiro. Kishuku no pudo evitar que una pequeña sonrisa apareciera en sus labios al ver la reacción de la joven. Se detuvo unos segundos para aspirar el perfume de la chica mientras sentía como unas gotitas caían sobre su cuello.

- Si no te controlas empezaremos a hacer cosas malas y hay que admitir que la situación es ideal – dijo maliciosamente a la vez que sonreía de lado – tengo a una chica preciosa cubierta únicamente con una toalla – agrego antes de tumbar lentamente a Miaka teniendo cuidado de no tocar la zona dañada. Apoyo uno de sus brazos cerca de la cara de Miaka mientras que con la otra acariciaba su rostro. Miaka sintió como su corazón se desbocaba y no pudo evitar sonrojarse con fiereza debido a la acción realizada por el joven – así que si querés que durmamos algo esta noche, te aconsejo que te portes como una buena chica – dijo esto mientras delineaba con su pulgar los labios de la joven al mismo tiempo que los veía hinoptizado. Kishuku sabía que si esto continuaba podría ocurrir algo de lo que podría arrepentirse. Y no quería que eso sucediera. Miaka, por otra parte, simplemente asintió; perdido toda capacidad de pensar y hablar, tan solo sentía como esa ola de calor que sintió minutos antes volvía con fuerza – Eres muy bonita ¿lo sabías?, sobre todo cuando te sonrojas, además me encanta como te ves con el pelo suelto. Por eso de ahora en adelante te haré sonrojar lo más posible, Mi-chan. Pero por ahora nos vamos así podes cambiarte o agarrarás un resfriado. – Cuando termino de decir esto, se levanto y alzo a la chica en brazos y se dirigió a la habitación. Y deposito a la chica en la cama cerca de donde estaba su ropa de dormir y le entrego una toalla seca.

- Cuando termines me avisas mientras tanto iré a preparar la comida – dijo Kishuku mientras se dirigía a la puerta. Y sin esperar respuesta la abrió y la cerró una vez hubo pasado por ella. Pocos segundos después Kishuku se deslizaba lentamente sobre la puerta pensando en que tenía que controlarse. No entendía que le pasaba, jamás se había interesado en las mujeres porque no tenía tiempo. Sin embargo, esa muchacha le caía muy bien, era una de las pocas chicas que no se lanzaba sobre él como si su cuerpo fuera la última cena. Y sobre todo era muy inocente por lo que no podía dejarla sola; esa niña tenía una gran facilidad para meterse en problemas.

Varios minutos después Kishuku se dirigió al cuarto con una gran bandeja de comida. Al ver como le quedaba el pijama a Miaka sonrió. El pijama consistía en una camisa y un pantalón blanco con dibujos de osos. Se acerco a la joven con la bandeja, la cual afortunadamente tenía un escudo de protección; y menos mal, ya que a Miaka le comenzaban a brillan los ojos, y esa luz no representaba nada bueno para la comida.

-Aquí tienes, Mi-chan – le dijo mientras le pasaba un plato a la joven cuyo contenido desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Creando un escudo alrededor de Miaka empezó a comer tranquilo, mientras reía interiormente al verla poner cara de puchero puesto que este escudo, al igual que los anteriores, no era comestible.

Cuando la comida hubo terminado (por lo menos para Kishuku, porque para Miaka había terminado casi al mismo tiempo de empezar) colocaron todos los utensilios en el suelo y Kishuku dijo mientras guiñaba un ojo.

– Bueno espero que la prenda de dormir te haya gustado.

- Gracias, la verdad es que es cómodo – dijo Miaka sonriendo – además los ositos son muy lindos – agregó sonriendo aún más mientras se abrazaba al pijama.

- Eso vos dale, seguí abrasando más a esos osos – dijo pretendiendo estar ofendido mientras cruzaba los brazos en frente de su pecho – Si seguís abrazando tanto a esos ositos me voy a poner celoso – dijo en tono burlón. Pero una parte de él sabía que no lo decía en broma.

Ante lo dicho por el joven Miaka solo puso parpadear. Pocos segundos después se abalanzó sobre el joven y le dio un gran abrazo. El joven tan sólo sonrió y le devolvió el gesto. Varios minutos pasaron antes de que los jóvenes se separaran. Kishuku comenzó a recoger los platos y se los llevo a la cocina. Una vez hubo lavado y ordenado todo volvió al cuarto para bañarse. Cuando hubo terminado se cambio y volvió a la habitación. Se acerco a la cama donde se encontraba Miaka.

- Bueno Miaka, ahora voy a ponerte el aceite y nos acostamos – dijo sonriendo.

- ¿Te gusta mucho el negro, verdad? – dijo Miaka sonrojada mientras apartaba la mirada del joven. Efectivamente el joven vestía una camisa toda negra con un gran dragón blanco y unos pantalones del mismo color, sin embargo, en ellos estaban dibujadas unas garras de dragón.

- ¿Me queda bien no es así? – le pregunto el joven muy sensualmente mientras se acercaba muy despacio a Miaka y la tumbaba lentamente en la cama – ¿sos muy vergonzosa o es la primera vez que se te acerca un chico? – dijo en tono burlón.

Miaka, que se había enojado por el comentario, agarró uno de los almohadones cercanos, al mismo tiempo que se incorporaba levemente, y empezó a pegarle suavemente con él al joven. Kishuku comenzó a reír a carcajadas, hasta que paro y agarro a Miaka, tiro del almohadón, la tumbó nuevamente en la cama y le susurro mientras volvía a quitarle los moños:

- ¿Qué parte de portarse como una niña buena no entendiste? – a continuación le labio la oreja – ¿el buena?, además recorda que no debes moverte tanto.

- Pues vos tendrías que dejar de decir esa clase de comentarios – dijo toda roja mientras apartaba la mirada de sus ojos esmeraldas y cerrando los ojos agrego – que vos te hayas besado o acostado con todas las chicas del país no significa que yo… - no pudo decir más al sentir unos labios en su cuello.

- ¿Estás celosa, eh? – dijo sonriendo ampliamente de forma maliciosa – no te preocupes, no he besado a nadie – dijo guiñándole un ojo de forma picara – aún – esto último se lo susurro.

- A… a mi no me importa – dijo tratando de sonar segura, pero en el fondo quisiera admitirlo o no, se alegraba.

- Además no tengo tiempo, para enamorarme necesito juntar mucho dinero – le dijo.

Al escuchar esto Miaka abrió los ojos y le miro fijamente. Coloco una de sus manos en la mejilla del joven y comenzó a acariciarlo lentamente para enseguida preguntar:

- ¿Porqué es tan importante para vos el dinero, Kishuku?

- Eso es asunto mío – le contesto el joven mientras colocaba una de sus manos sobre la de la joven – pero si te preocupa que te venda para sacar dinero, no te preocupes antes te compro yo – le dijo maliciosamente. Era verdad, antes que cualquier viejo verde la tocara prefería ser el quién lo hiciera – Y ahora princesa, a curar ese tobillo – le informo. La joven solo asintió, aún confundida por el torbellino de emociones que se desataba en su interior.

Kishuku se separo lentamente de la joven y se dirigió hacia la gran mochila que había traído y saco el aceite. Se dirigió nuevamente hacia la cama, y empezó a aplicarle un suave masaje en la zona adolorida a la joven. No se dijeron nada en los minutos que duro el ritual; cada uno estaba sumido en sus propios pensamientos.

- Bueno esto ya esta – dijo contento el chico – ahora lo que toca es dormir, y no me vengas con que me baje de la cama porque tiene espacio para 5 personas. Además estoy muy cansado y mañana nos espera un día agotador. Y hay que agregar que como estamos en diciembre hará frío y solo tenemos esta gran manta. Como hace mucho tiempo que Amiboshi y yo no venimos, no me acordaba que faltaba o no – dijo esto mientras le daba la espalda a Miaka y se entregaba a los brazos de Morfeo – Buenas noches.

Miaka se quedo pensativa unos instantes. Después ella también se acomodo en la cama para dormir y abrazo a Kishuku por la espalda. El chico se sorprendió por la acción, sin embargo, dio media vuelta y le devolvió el gesto. Lo cual hizo que Miaka se sonrojara y hundiera su cabeza en el pecho del joven.

- Dijiste que haría frío – dijo en voz baja tratando de excusar su comportamiento.

- No te preocupes si sé porque lo estás haciendo – le respondió en una voz muy dulce – lo haces para que después en la noche cuando este completamente indefenso puedas abusar de mí todo lo que quieras – dijo en tono dramático mientras se secaba unas lágrimas imaginarias.

Miaka simplemente no podía creer lo que oía. Por lo que agarro su almohada y empezó a pegarle con ella. Kishuku simplemente reía. Segundos después agarra a Miaka por las muñecas y la tumbó. Apoyando una mano cerca de la cara de la joven para no aplastarla con su peso, mientras que la otra sostenía sus manos y las colocaba detrás de su cabeza.

- Miaka es hora de dormir – le regaño como se le regaña a un niño de 5 años. Ante esto la muchacha puso cara de puchero."Seiryu que tierna que se ve así" pensó el joven – mañana no habrá Dios que nos despierte si no dormimos algo. Así que… - dijo mientras dejaba libres las manos de la joven y la daba vuelta mientras la abrazaba, pudiendo sentir el joven la espalda de la chica tocando su pecho - A dormir bebé –dijo esto último mientras tapaba a ambos.

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Al día siguiente…

Era unos minutos antes del mediodía cuando Miaka empezó a abrir sus ojos. Fue entonces cuando fue consciente de que unos fuertes brazos la abrazaban. Casi soltó un grito de sorpresa, cuando recordó todo lo sucedido el día anterior. Pensaba que todo lo ocurrido el día anterior no era más que un sueño, pero el joven junto a ella le demostraba que era real.

Levanto lentamente la cabeza deseando encontrar nuevamente esos ojos esmeraldas que tanto la atraían, sin embargo, su anhelo no se cumplió. Parecía que el chico seguía durmiendo, por lo que aprovecho la ocasión para acariciar dulcemente la mejilla del muchacho. Para acto seguido enterar su cabeza en el cuello del joven y aspirar su aroma. Se sentía muy segura dentro de esos brazos, aún no podía creer como un personaje de un libro pudiera llegar a ser tan cálido.

- ¿Piensas estar toda la mañana acariciándome? – escucho de repente como una voz le susurraba muy sensualmente en el oído. Inmediatamente sintió como su espalda tocaba el colchón y una mano acariciaba su rostro – si al final tenía razón y te querías aprovechar de mí – dijo esto Kishuku maliciosamente mientras mordisqueaba tiernamente el lóbulo de su oreja.

- Esto… esto no es lo que parece – tartamudeo Miaka mientras sentía como su corazón latía a mil por hora – es… es solo que no me puedo creer que este aquí. Pensé que todo era un sueño y que estaría en mi casa. Ni siquiera sé como volver – dijo con tristeza mientras volteaba su cara a un lado.

Ante esta reacción el joven se quería patear así mismo.

- Perdona Miaka, pero no se como podrías volver. Pero de eso nos preocuparemos mañana. Hoy es el último día del festival y hay que aprovecharlo, así que nos ocuparemos del tema "casa" mañana ¿te parece? – dijo el joven tratando de animarla.

Al escuchar la palabra festival, su rostro se ilumino y salto sobre Kishuku haciendo que el joven cayera de espaladas sobre la cama.

- SIIIIIIIIIIIIIIIII¡¡¡¡FESTIVALLLLLLLLLLLLLLLL!!!– grito la joven muy contenta - me encantan los festivales – dijo en voz baja al ver el resultado de su ímpetu. Pero antes de que pudiera agregar algo más el estómago de la joven hizo acto de presencia. Enseguida, el estómago del chico también hizo acto de presencia, como si hubiera escuchado el lamento de su compañero y quisiera unirse a él; después de todo, dos estómagos son mejor que uno PARA llamar la atención.

- Jajaja parece ser que nuestros estómagos se entienden de maravilla –dijo el joven riendo. Miaka simplemente sonrió – Bueno voy a preparar la comida, mientras tanto si quieres podes bañarte, la ropa ya estará seca. Intenta levantarte, pero no te presiones mucho – le dijo esto último dulcemente. Después de comprobar que la joven podía mantenerse en pie sin temor a que pudiera caerse, se dirigió a la cocina a preparar de comer a los leones que tenían ambos por estómago.

Cuando regreso de la cocina Miaka todavía no había regresado, así que se acerco a su armario para decidir que ponerse. La verdad no había mucho que elegir. "La próxima semana tengo que traer más ropa", pensó con resignación mientras escogía una camisa blanca y unos pantalones azules; ambas prendas eran de seda. Cuando cerraba la puerta del mueble, otra se abría para revelar a una Miaka ya cambiada. Por lo que ambos jóvenes se dirigieron a la mesa que se encontraba cerca de la cama para empezar a comer (Kishuku ya había puesto la barrera para evitar que Miaka le comiera también su parte, no sabía porque, bueno sí sabia, pero algo le decía que Miaka todavía no había aprendido que una barrera mágica no era comestible).

Cuando ambos jóvenes terminaron – más bien Kishuku, porque Miaka ya había terminado pocos segundos después de haberse sentado en la silla – Kishuku se dirigió al baño para bañarse, mientras Miaka exploraba la "cabaña-mansión". La había denominado así no por su gran tamaño (mucho menor que una verdadera mansión), sino por lo ricamente decorada que esta. Cuando Kishuku termino de cambiarse serían como las 1 de la tarde. Por eso cuando llegaron a la capital eran como las 4, si bien era cierto que Miaka ya podía caminar era mas rápido la opción por la cual habían venido.

El restaurante de Masato a estas horas estaba completamente lleno (se notaba que estaban en carnaval) excepto por una mesa – siempre dejaba una libre para su joven amigo -. Lo cual siempre era una suerte para el joven, pero sobre todo hoy que al igual que el día anterior, se encontraba con una "deboradora de comida en potencia".

Después de comer salieron al exterior del recinto para disfrutar del último día del festival. Exactamente como el anterior día, el lugar estaba lleno de malabaristas, hombres flamas, elefantes gigantes, elegantes leones con sus entrenadores. Todos estos espectáculos hacían que Miaka sonriera como una niña de 5 ante el árbol de navidad. La joven llevaba a Kishuku de un lado a otro siempre con una gran sonrisa, el joven simplemente se dejaba llevar y disfrutar de esta manera al menos un día de descanso.

Estuvieron mirando toda clase de puestos. En uno de los puestos de ropa a los que se acercaron Kishuku le compro un vestido blanco. En el de enfrente había un pequeño oso blanco del cual Miaka se enamoro y se dirigió allí a toda velocidad. Al notar esto Kishuku también se acerco al puesto y le pregunto al feriante que había que hacer para conseguir el oso. El hombre le respondió que tenía que conseguir juntar los 10 peces dorados en el platito redondo sin que se rompiera el papel con el que tenía que atraparlos. El joven acepto y logro conseguir su objetivo. Después de todo ya había venido a otros festivales.

Kishuku sonreía al ver a Miaka, quién verdaderamente parecía una niña de 5 años cuando recibió el osito. Fue entonces cuando vieron la carroza Imperial.

- Ojala pudiera tener alguna gema, eso sí que lo podría vender a buen precio – dijo de repente el joven con aire soñador.

- Entonces yo te los traeré – dijo Miaka contenta mientras le daba el osito a Kishuku y se alejaba hacia la carroza – después de todo te debo mucho – volteo su cabeza mientras sonreía a Kishuku. El joven simplemente veía atónito como la muchacha se había creído su broma.

- Señor emperador ¿podría darme tres joyas, por favor? – pregunto Miaka una vez estuvo al lado de la carroza Imperial mientras extendía sus brazos hacia la ubicación del amo y señor de ese País – es que le debo muchos favores a un amigo – dijo sonriendo, pero ni bien termino de decir esto tropezó con una piedra, por lo que para evitar caer y dañarse otra vez el tobillo, agarro lo primero que vio; una de las telas con que estaba decorada la carroza, sin embargo, al no ser muy resistentes, enseguida se rompieron haciendo que la joven cayera al suelo. "Al menos esta vez no me he dañado el pie" pensó Miaka un poco magullada por la caída.

- Están intentando atacar al Emperador – Grito uno de los guardias y acto seguido arremetió contra Miaka para poder matarla por intentar cometer un acto imperdonable.

Pero antes de que sucediera eso, unas bolas de humo aparecieron nublando la vista del soldado. Ese fue el momento que aprovecho Kishuku para salvar a Miaka de una muerte segura.

- ¡No me lo puedo creer, niña! – le dijo muy enojado el joven – por poco y te matan. No puedo dejarte sola ni un minuto sin que te metas en problemas – dijo esto último suspirando.

- Lo siento – dijo Miaka muy apenada – solo quería conseguir 3 gemas para pagarte por todo lo que habías echo y ahora te debo una más.

- Bien ya que insistes tanto, tomaré algo a cambio – cuando termino de decir esto bajo sus labios a la frente de la joven, donde le dio un cálido beso.

Miaka, al igual que el día anterior en la bañera, no razonaba, solo sentía como una ola de calor recorría cada parte de su cuerpo. Pocos segundos después de que finalizará el beso, la joven empezó a emitir una luz roja, la cual hacia que la joven fuera desapareciendo poco a poco hasta desaparecer por completo de aquel mundo.

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En la biblioteca Nacional…

Miaka apareció al lado del libro, el cual se encontraba abierto, en la sala prohibida al público.

- ¿Eh? – se pregunto Miaka – He conseguido volver – dijo feliz. Sin embargo, su semblante cambio al instante al recordar a Kishuku. "Él me ha ayudado mucho y todavía no he podido pagarle, al menos me gustaría decirle adiós" pensó la joven.

Como si el libro entendiera el deseo de la joven, nuevamente apareció la luz roja que la había llevado y traído.

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De vuelta en Konan….

Cuando abrió los ojos otra vez se encontró en los fuertes brazos del joven.

- Así que puede que… - fue todo lo que pudo decir el chico, al comprobar que Miaka decía la verdad con respecto a la luz. Si su suposición era cierta, entonces esta era la chica que estaba esperando desde hacía muchos años, pero también supondría un peligro para Kutou y conociendo el país como lo conocía no tardarían en enviar asesinos para encargarse de la joven. Por este motivo debía llevarla inmediatamente al Palacio, la apreciaba mucho como para dejar que la mataran.

Mientras estos pensamientos atormentaban al joven guerrero, otro joven que se encontraba en la carroza Imperial tenía similares suposiciones en su mente. Por ello ordeno a uno de sus guardias que encarcelaran a los jóvenes.

De inmediato, Miaka y Kishuku se vieron rodeados de lanzas. Miaka estaba asustada por lo que pudiera pasar. Sin embargo, Kishuku en parte se alegraba, de esta forma serían llevados directamente al Palacio, aunque terminarán ambos en los calabozos. Aún así era más fácil que plantarse en la puerta del Palacio y decir que había encontrado, probablemente, a la salvadora del País, a la sacerdotisa de Suzaku.

Bueno si han llegado hasta acá los felicito n.n Espero que les haya gustado el capi ^^ como vimos este capi se trata de que "te lleven en brazos" ahora falta el otro capi – que será un poco más corto o bastante, todavía no lo tengo claro – que se trata de "curar" n.n

Espero que les haya gustado la escena en el baño ^^ si quieren puedo hacer un one shot lemon sobre esa escena xD me hubiera gustado que lo hicieran, pero necesito que se guarden las ganas para más delante ¬¬ sobre todo Kishuku xD bueno no digo más que arruino la sorpresa ^^ Bueno parece que a Kishuku no le importa gastar el dinero ^^ "eso es lo que parece" se los aseguro =)

Muchas gracias también a Riku-chan por haberme ayudado con la escena del baño^^

Si quieren odiar a Miaka por la escena del baño, háganlo ^^ yo ya lo hago xD

Bueno como siempre ya saben ^^ comentarios, preguntas (solo responderé si algo no quedo claro de los capis, pero no adelantare materia ^^), sugerencias ya saben cual es el botón ^-^

Ahora paso a agradecer rewiews:

Bonnie: Me alegro que te guste la historia n.n después de todo te estás leyendo fushigi para ayudarme a escribir xD

The-MaxX: Me alegro que te guste. Y no te preocupes ya habrás más echhi. Y si querés el capí lemon ya sabes un rewiew diciendo que lo querés xD

Caro: Por fin actualice ^^ a ver si te gusta este capi más que el anterior ^^

MermaidTachi: Me alegro que te guste y espero que te guste el nuevo tama ^^ porque yo estoy que lo violaba xD pero eso no es nada bueno ^^

Adam Spencer: Me alegro que te guste ^_^ vos también escribís de lujo te lo digo en serio =) a ver cuando escribís el capi dos =)

ItsukiUzumi: Nico xD eso te paso por dejarlo pasar mucho tiempo xD a ver si llegas temprano esta vez xD Y en cuanto a mas echhi si habra mas xD Y ya sabes si queres el one shot un rewiew pidiendolo.

Rian Kyou: Aca un nuevo capi^^ espero que siga gustando al igual que el nuevo Tama xD

esoterix185: Me alegro que te guste ^^ espero que pronto puedas conseguir un traductor asi te paso mas fics sobre esta pareja =)

Koharu-Visual-Uchiha: Si ya somos dos las que estamos babiando por este Tama xD y si, Miaka tiene una suerte que no se lo cree ni ella. Y te aseguro que la odiaras aun mas xD

ShojoStyle: Si es que Tama esta para violarlo, si es lo que digo siempre xD ME alegro que te guste el nuevo Tama ^_^

x-LlOVe: muchas gracias por agregarlo a favoritos xD

klismen: ME alegra que te guste como escribo porque la verdad soy un desastre xD

Y a los fantasmas que leen y no dejan rewiews también espero que les guste xD pero como no dejan rewiews no lo sé xD