Aclaración: Fushigi Yuugi no me pertenece ¬¬ porque si lo hiciera, hubiera hecho que Tama tuviera que estar sin remera tres veces mínimo por capítulo y desnudo mínimo una vez, también por capítulo, Miaka no tendría que ser virgen y estos dos se hubieran acostado mucho antes del tomo 18¬¬ como se puede comprobar no soy Yuu Watase xD por lo que si las escenas subidas de tono les molestan u ofenden, por favor no lean este fic ^^

En el último capítulo…

Kishuku no pudo evitar agachar la cabeza y lanzar un hondo suspiró. Verdaderamente esta chica no tenia remedio. Se acercó hacia su compañera de aventuras y la levanto delicadamente del suelo y la observó un momento antes de escuchar un: ejemm

El Emperador se acerco a ellos y desvió su mirada hacia Miaka.

- ¿Nos salvarás a todos, sacerdotisa de Suzaku? – fue lo único que le pregunto…

Capítulo 4: Las siete estrellas de Suzaku y el comienzo de los celos

- ¿Nos salvarás a todos, sacerdotisa de Suzaku? – fue lo único que se le ocurrió en ese momento para desviar la atención de los jóvenes y, en especial, la de Miaka. Después de todo ella era la sacerdotisa de Suzaku; la mujer con la que había soñado desde su más tierna infancia cuando le dijeron que, además de ser el futuro Emperador del país del Sur, era una estrella guardiana de su respectivo Dios. Para él, ella representaba esa esperanza de ser amado por quién es en realidad y no sólo por ser el amo y señor de esas tierras. No iba a permitir que destrozaran su sueño tan fácilmente… no sin luchar.

- ¿A quién se lo está preguntando, Kishuku? - preguntó la joven bastante desorientada y con grandes signos de interrogación en el rostro.

- A vos, Miaka. ¿A quién más sino? – le respondió el joven mientras se reía por lo bajo ante el despiste de la muchacha.

- ¿QUÉEEEEEEEEEEEEE? – gritó la joven a pleno pulmón, por lo que más de uno en la sala tuvo que taparse los oídos… si no lo hubieran echo lo más probable es que hubieran quedado sordos - ¡Yo no puedo ser ella! No tengo superpoderes ni nada de eso… nada que pueda ayudar a salvar este país – admitió un poco cabizcada.

- Eso es cierto – asintió el Seiryu – tus únicas cualidades son dormir y devorar todo lo que se te ponga por delante – dijo el joven guerrero en tono burlón.

- ¡Kishuku! – exclamó enojada la joven por las palabras del muchacho por lo que decidió darle pequeños golpecitos en el pecho mientras le decía "malo". Este acto no hizo más que hacer reír al joven. Sólo unos segundos pasaron hasta que Kishuku decidió detener "el juego" juntado ambas manos de la joven y jalándola hacía él. Ante este acto Miaka no pudo evitar sonrojarse y quedarse mirándolo a los ojos.

- Aunque no tengas poderes a simple vista, Miaka esa luz que desprendiste sólo puede pertenecer a una sacerdotisa. Y, en este caso, era roja como el color de Suzaku – habló de repente el Emperador con los puños ligeramente temblando. Apenas podía retener los celos que estaba sintiendo al ver "esa escenita". Jamás había sido un hombre violento, amaba la paz y la tranquilidad por sobre todas las cosas y por eso trabajaba incansablemente para poder llevar esas dos importantes cosas a su país… pero aquello era demasiado.

Ambos jóvenes se voltearon a ver al Emperador cuando este decidió hablar. Miaka intentaba comprender las palabras del amo y señor de ese país… y no entendía del todo como era posible que… ¡Espera un minuto! Gritó en su mente. "La historia es un encantamiento. Por ello, quién lea hasta el final obtendrá los mismos poderes que su protagonista: la capacidad de hacer realidad sus deseos. Debido a ello, en el momento en que se pase la página, la historia se hará realidad y comenzará" ¿No era eso lo que decía el libro? ¡¡¡LEER LA HISTORIA NO ERA OTRA COSA MÁS QUE CONVERTIRSE EN LA PROTAGONISTA!!! Cuando se dio cuenta de la gravedad de sus pensamientos no pudo evitar caer de rodillas mientras se llevaba las manos a la boca. Su cara era de total horror.

- Tal vez por esa expresión te hayas dado cuenta de que de algún modo lo que te he dicho es verdad – le dijo calmadamente el Emperador mientras se arrodillaba ante ella. Dirigió una de sus manos a la mejilla de la joven e hizo que los ojos de ellas se desviarán hacía los suyos y continuó diciendo – Tenés un deseo que hacer realidad no es así, ¿Miaka? Por eso estás en busca del poder de Suzaku: para que pueda concedértelo – la joven se quedo pensando en las palabras del Emperador. Si lo que decía es cierto podría ir al Jonan como tanto quería su madre. Estaba pensando en esta posibilidad cuando la penetrante voz de su compañero de aventuras habló:

- Si me permite una sugerencia su majestad le recomendaría que no anuncie que por fin la sacerdotisa de Suzaku ha hecho su aparición – Kishuku quería desviar la atención del Emperador sin llamar mucho la atención. No entendía que le estaba pasando; lo único que sabía es que la cercanía entre el amo y señor de este país y Miaka no le estaba gustando nada. ¿Y que mejor pretexto que diciendo alguna verdad? – Konan está lleno de espías. Si los de Kutou se enteran de que ha aparecido la salvadora de este país no dude por un solo momento de que harán hasta lo imposible por quitarla de en medio – dijo esto mientras se cruzaba de brazos y se recostaba en la pared más cercana.

Miaka se preocupó ante lo dicho por Kishuku. No podría creer que una persona tan amable como Hotohori pudiera llegar a tener enemigos. El joven Emperador, por otra parte, a pesar de que se encontraba realmente molesto por la interrupción del guerrero, tenía que admitir que lo que había dicho era verdad. Desde hacía muchos años Kutou había intentado invadir Konan, aunque, afortunadamente, jamás habían llegado a la guerra. No obstante, los últimos meses las relaciones entre ambos países se habían tornado complicadas. Si ahora anunciaran que sacerdotisa había hecho acto de presencia lo más probable es que los pocos acuerdos que todavía conservaban pudieran estar en peligro y buscarían con desesperación a su sacerdotisa para hacerse con el país. Y eso era algo que, mientras él estuviera con vida, jamás permitiría.

- Tiene razón en ese punto, estrella de Seiryu – el tono que uso Hotohori para hablar era frío como el hielo, pero eso no perturbó en ningún momento a su receptor – Lo mejor será no dar a conocer la existencia de Miaka por el momento. Y como tampoco queremos que ellos lo sepan usted permanecerá con nosotros durante una temporada – dijo esto mientras se levantaba del lado de Miaka y se acercaba peligrosamente hacía él. Lo siguiente que dijo lo hizo susurrando – Te estaré vigilando para impedir que le hagas daño a nuestra sacerdotisa.

El joven se sorprendió un poco, pero enseguida volvió a su rostro su característica sonrisa impertinente y le contesto:

- ¿Seguro que es por eso?

El joven gobernante iba a responder, pero, en ese mismo instante, uno de sus consejeros entró en ese momento para requerir la presencia del soberano urgentemente. Por lo que sólo pudo decirle: esto no se queda así. Y con una última mirada llena de amabilidad hacía Miaka se retiró. Kishuku no le quitó la mirada durante todo el trayecto. Si las miradas matarán… Y se quedó mirando fijamente hacía la puerta hasta que no notó como una pequeña mano se posaba en su hombro y una dulce voz pronunciaba su nombre. Giró su rostro y se encontró con esos ojos dorados que le estaban haciendo perder la cordura… y lo peor es que no sabía el porqué. Se sentía inseguro y frustrado y esos sentimientos no les gustaba nada. Necesitaba tomar algo de aire y pensar con claridad.

Salió de la habitación y camino en silencio por el largo pasillo. Miaka, que estaba desconcertada por los acontecimientos y por la actitud del joven, tomó la decisión de ver que era lo que le pasaba a su amigo. Fue corriendo tras él y, cuando lo alcanzó, hizo que se volteara a verla mientras mencionaba su nombre. Sin embargo, ni bien lo hizo el joven la agarró de la cintura y la subió a la pared. Enseguida notó como el rostro del joven se acercaba peligrosamente a su cuello y comenzaba a inhalar su perfume. Esta acción la dejo fuera de combate durante algunos segundos hasta que escucho su penetrante voz una vez más:

- ¿Te gusta el Emperador, Miaka? – le preguntó el joven tratando de sonar sereno, pero la muchacha podría sentir como su "estrella enemiga" estaba temblando de los pies a la cabeza. No entendía el porqué de esa pregunta.

- ¿Por qué me preguntas eso, Kishuku? – le contesto la joven todavía atontada. ¿Cómo podía pensar bien mientras sentía sus labios en cuello? ¿Cómo podía hacerlo teniendo el fuerte y atlético cuerpo del chico contra el suyo? ¿Cómo no perder la cabeza ante la esencia del perfume del joven? ¡Y no nos olvidemos de esa voz tan grave y varonil que en ese mismo momento se tornaba más que irresistible! – Yo… apenas lo conozco – dijo cuando encontró por fin sentido a las palabras que resoban en su cabeza. Escuchó que el muchacho se reía por lo bajo.

- ¿De verdad que no te gusta? Es alto, fuerte y tiene dinero – pronunció la última palabra con cierta repugnancia mientras la veía a los ojos y se perdía en ellos. Su corazón latía apresuradamente cada vez que los admiraba: tanta inocencia y pureza lo volvía loco. Hacía tanto tiempo que no veía esas cualidades. Desde que estaba en Kutou sólo veía odios, conspiraciones, corrupciones. Sólo gracias a que Amiboshi estaba ahí había aceptado quedarse a regañadientes - ¿No me estás mintiendo, verdad? – insistió el joven con desesperación mientras Miaka se sujetaba con fuerza a su traje. Lentamente comenzó a bajos sus labios para besar los de ella… pero no pudo hacerlo porque:

- ¿Se puede saber que están haciendo en un lugar público como este? – habló de repente una voz muy femenina que hizo que ambos jóvenes se la quedaran mirando. La mujer era verdaderamente hermosa. Tenía el pelo violeta y muy largo y sus facciones eran muy suaves y dulces, además tenía un lunar en la mejilla izquierda. Vestía de forma exquisita, por lo que debía tratarse de una dama de alta clase o una de las concubinas del Emperador - ¿Y bien? Estoy esperando una explicación – volvió a insistir la misteriosa mujer mientras se cruzaba de brazos.

Miaka se sonrojó furiosamente ante la interrumpió de la aparecida, bajo de los brazos del joven y echó a correr. Kishuku no se movió y sólo la miró irse. Una vez que la perdió de vista encaró a la causante de la marcha de la muchacha con cara de pocos amigos. Estaba tan furioso que su símbolo comenzó a brillar de forma amenazadora. Si ella no hubiera llegado…

- Veo que eres esa estrella de Seiryu que tanto se anda rumoreando – comentó la mujer de repente - ¿Qué ibas a hacerle a esa pobre niña? – interpeló mientras una pequeña sonrisa aparecía en su rostro.

- Eso no te incumbe – le respondió de forma altiva mientras pasaba por su lado. Cuando se encontraba a un metro de ella, elevó el tono de voz y agregó – Ah, y por cierto "esa pobre niña" es la sacerdotisa de este país así que haría bien en no hablar a la ligera sobre ella – una vez dicho quiso continuar su camino, pero la voz de la mujer le paro.

- ¿Y entonces que hacía con ella en semejante postura? No es que fuera precisamente una muestra de respeto.

- Ella no es mi sacerdotisa y, por lo tanto, no le debo ninguno – dicho esto continuó nuevamente su camino.

La mujer se quedó pensativa. Si esa muchacha era verdaderamente la sacerdotisa venida de otro mundo a ella le concernía mucho más que a la mayoría de los habitantes de ese palacio.


Mientras tanto con Miaka…

Miaka siguió corriendo hasta que no pudo más y se detuvo a tomar aire. Enseguida, se apoyó sobre la pared y se deslizó suavemente sobre ella. ¿Por qué había huido? En primer lugar, estaba muy abochornada por la situación en la que los habían "atrapado" y en segundo, necesitaba analizar que era lo que le pasaba con Kishuku. ¿Qué tenía ese chico que hacía que su corazón latiese muy rápidamente con su sola presencia? No podía negar que el joven era increíblemente atractivo… pero no era eso lo que en verdad le atraía de él. Lo más le volvía loca era esa sonrisa llena de ternura y alegra y esos ojos que inspiraban confianza y protección. Esos ojos que cada vez que la miraban parecía que se estuvieran dirigiendo justo hacía su corazón.

Pero había algo que la tenía desconcertada… ¿por qué estaba Kishuku tan molesto? Podría ser que él… - pero no pudo terminar de concluir sus cavilaciones cuando una voz dulce, amable y sorprendida la distrajo:

- ¿Qué haces acá, Miaka?

- ¡Señor Emperador! – exclamó la muchacha al mismo tiempo que se ponía de pie sobresaltada.

- Llamamé Hotohori – dijo el hombre – Emperador es demasiado formal – una vez termino de decir esto sonrió. Pero la sonrisa se borró de su rostro al hacer la siguiente pregunta - ¿Y dónde esta el joven que te acompañaba?

- Esto… - tartamudeo la muchacha mientras jugaba con sus manos y se sonrojaba. El joven soberano sintió de repente la necesidad de calentarse con ese rubor, pero justo cuando levantó su mano para hacer esa labor un consejero que acaba de llegar lo desconcentró.

- Bueno, Miaka. Parece ser que el día de hoy se requiere por completo de mi presencia. Y como puede que no nos veamos en algunas horas te diré donde está tu habitación – comentó Hohotori suspirando. Y continuó diciendo - ¿Ves el pasillo que esta a mi izquierda? – pregunto mientras señala el lugar correspondiente. Segundos después, obtenía un gesto afirmativo por parte de la joven – Tenés que seguirlo hasta el final del todo. Una vez ahí doblas a la izquierda. – prosiguió el soberano – La primera puerta que encontrarás es tu cuarto. La segunda es la de tu compañero. Supongo que no querrás alejarte mucho de él – dijo la última frase con cierto fastidio, no obstante, paso desapercibido por la joven. Se había quedado pensando en la última frase dicha por su acompañante, no por el tono. Esto hizo que se ruborizará más todavía y se dirigiera hacía el pasillo que le habían indicado mientras se despedía rápidamente del joven.

Varios minutos más tarde una voz muy suave y dulce distrajo la atención de Su Majestad:

- Disculpe la intromisión Su Alteza, ¿pero ha visto pasar a la sacerdotisa de Suzaku?

- ¿Cómo es que sabe de su existencia… señorita? – le preguntó Hohotori al mismo tiempo que se daba vuelta y encaraba a la recién llegada.

- Un joven muy apuesto me lo ha comentado cuando… los interrumpí – le respondió la mujer – Sólo quería saber si la muchacha se encontraba bien – continuo.

- ¿Por qué no habría de estarlo? – interpeló esta vez clavando sus ojos en la mujer de cabellos violeta. Se encontraba un poco nervioso aunque no quisiera admitirlo.

-Oh, es que los interrumpí. Creo que estaban a punto de besarse y lo eche a perder – cuando termino de decir esto lanzó un fingido suspiro. Hotohori se había quedado sin habla. Algo que no paso desapercibido para la recién llegada que maldecía en su interior a la "salvadora del país". Sin embargo, el joven Emperador logró componerse enseguida y decir:

- Muchas gracias por su preocupación. Se lo haré saber a la sacerdotisa. ¿Y su nombre es…? – le preguntó.

- Oh, simplemente llamemé Kourin, Su Majestad – le respondió con una dulce sonrisa.


En el mundo real…

-¿Dónde demonios se habrá metido esta niña? – preguntó un muy cansado Keisuku que hacía horas que no paraba de correr en busca de su hermana.


En el cuarto de Miaka…

Gracias a las instrucciones de Hotohori no había tenido ningún problema en dar con su nueva habitación. El cuarto era lugar realmente espacioso con toda clase de lujos. En cualquier otro momento se hubiera puesto a saltar encima de la cama o mirar cada rincón del lugar… pero en esos momentos estaba echa un mar de dudas. Se quitó su camisa marrón y se dejo la blanca que llevada debajo de esa y también se sacó la pollera para sentirse más cómodo al tener más libertad de movimiento. Una vez hecho esto, se dirigió a la cama y se recostó, agarró una almohada y la atrajo contra sí. Ahora no era sólo Miaka Yuuki… sino la sacerdotisa de Suzaku, completamente sola y sin saber cómo poder volver a su hogar. Momentos después sacó de uno de sus bolsillos su cartera. En ella se encontraba una foto de Yui y sus otras dos amigas.

En seguida, se puso a pensar en varias escenas y poniendo distintas caras con forme las imaginaba; la primera de ellas se imaginaba como los noticieros comentaban sobre su desaparición haciendo que Miaka se extrañara; en la segunda escena se encontraban su hermano y su madre mientras esta última hablaba con un cámara llorando al mismo tiempo que le contaba que por su culpa se había ido de casa haciendo que Miaka se preocupara; la tercera se desarrollaba unos meses después de las dos escenas anteriores y podía verse un altar con su foto enfrente de la cual se encontraban Yui y sus compañeras de clase. De repente la joven habló y dijo llorando:

- Se suponía que tendríamos que haber ido al mismo instituto juntas.

Esto fue más de lo que Miaka podía soportar más y comenzó a gritar furiosamente:

- ¡Esperen a que me haya muerto! - se calmó unos minutos y se llevó una mano cerca de sus labios y siguió pensando con cara de auténtica tragedia y unas pequeñas lágrimas en los ojos: ¿Cómo haré para arreglármelas con la ropa interior?

Fue entonces, en medio de su angustia mental, cuando dos fuertes brazos la estrecharon con dulzura y la guiaron hacía un fuerte torso. Enseguida, mordisquearon gentilmente su oreja haciendo que un calor ya conocido volvió era a aparecer. Y no solo el calor… sino los temblores que no pasaron inadvertidos para el joven a quien empezaba a formársele una sonrisa en el rostro.

- Por fin te atrapé, pequeña – dicho esto lamió el lóbulo de su oreja – No sabía donde te habías ido así que empecé a buscarte gracias a la fuerza vital que cada uno tenemos. Pero antes de llegar acá, una joven sirvienta me aviso de que la habitación de al lado será mi recamara, por eso no dije y la acompañé. Porque sentía que… - dijo mientras colocaba su mano en medio de su cuello e iba bajando lentamente provocando que Miaka creyera que en cualquier momento se le pararía el corazón – estabas cerca –cuando dijo eso ya había llegado su dedo cerca de la zona íntima de la zona. Entonces fue cuando vio la foto de Yui que se le había caído a Miaka cuando él la abrazó. E, increíblemente sorprendido pregunto:

- ¿Esa no es tu amiga? ¿Qué hace en ese papel? ¿Se ha metido dentro de él? – Al oír decir las palabras "amiga" "metido" y "papel" Miaka no pudo contenerse y se volvió hacía el joven, enterró su cabeza en su cuello y comenzó a llorar. Alarmado, Kishuku le pregunto que le pasaba. Quería saber que había causado que su pequeña comenzara a llorar. Pero no se dio cuenta de que había pensado "su pequeña".

- Ese "papel" se llama foto. Es un invento de mi mundo y sirve para recordar momentos que no quieres olvidar – dijo suavemente mientras se aferraba con más brío a la camisa del joven.

- Me encuentro en un país complemente desconocido sin nadie – le respondió entre lágrimas – Un día me encuentro preparándome para los exámenes de acceso al instituto, peleó con mamá y de repente me encuentro en un mundo que no conozco. Un mundo donde de la noche a la mañana, me convierto en la "salvadora el país". No tengo ni a mis amigas ni a mi familia y tampoco se cuando voy a volver – una vez terminó de dar su explicación se aferró más al joven. Permanecieron unos segundos así mientras el muchacho le acariciaba dulcemente los cabellos y con voz muy suave le dijo:

- No estás sola Mi-chan. Me tenés a mí. Haré de hermano mayor durante un tiempo completamente gratis algún tiempo. ¿Qué te parece? – le propuso el joven. Aunque todavía no sabía porque cuando pronunció "hermano mayor" su tono se volvió apagado… "Será que extraño mucho a mi familia. Sí, eso debe ser" pensó el Kishuku mientras abrazaba a Miaka con más fuerza. Sin embargo la joven rió bajito entre lágrima.

- ¿No me vas a cobrar? ¿El amante del dinero no me pedirá nada? – preguntó aparentando consternación.

- Sí – le contestó el muchacho lanzando un suspiro fingiendo que su acto le suponía un gran sacrificio. Miaka volvió a reír por lo bajo. Entonces Kishuku alzó su rostro delicadamente con una mano y la miró a los ojos, pudiendo ver con toda claridad las lágrimas de la muchacha – No llores más, Miaka. Te ves mucho más bonita cuando sonreís - le dijo dulcemente mientras secaba con la yema de sus dedos las lágrimas que se encontraban en la mejilla de la joven. Miaka cerró los ojos un segundo y los volvió a abrió haciendo que las pequeñas lágrimas que quedaban alrededor de sus ojos cayeran y rodaran por sus mejillas; Kishuku las beso una a una hasta que desaparecieron.

¿Cómo había podido ser tan tonta y pensar que se encontraba completamente sola? Pensó la joven mientras sentía los labios del guerrero en su rostro mientras secaba sus lágrimas. Una vez echo esto, Kishuku los recostó a ambos y la atrajo fuertemente contra sí. Ahora no sólo no sabía como volver a casa… sino que también se estaba enamorando perdidamente de un personaje de un libro misterioso

¿Cuánto tiempo permanecieron abrazos? Ni ellos mismo lo saben, seguramente habrán pasado horas aunque para ellos no fueran más que unos minutos. Era tan agradable estar en los brazos del otro…

- Si tantas ganas tenés de volver será mejor que le pidas ayuda a Su Majestad – habló de repente el joven tratando de sonar alegre - Suzaku puede conceder hasta tres deseos, con lo cual podés pedirle que te devuelva a tu mundo. Pero para eso tenés que invocarlo reuniendo a las 7 estrellas de Suzaku. El Emperador tendrá el pergamino sagrado donde te dará pista de cómo encontrar a los guardianes. También, aparece detallado como se ha de llevar a cabo el ritual para invocar a la deidad.

- ¿Cómo sabes todo eso Kishuku? – le pregunto la joven perpleja.

- Porque nosotros también tenemos la misma leyenda - le respondió el joven burlonamente.

- Sí, tenés razón – respondió con voz baja. Lentamente, y como si de un gran esfuerzo se tratara, la joven se separó del muchacho quién la miró en silencio y sin decir una palabra. Después se levantó de la cama y se dirigió hasta la ropa que se encontraba en el suelo y se la volvió a poner.

- ¿Me acompañarás a ver a Su Majestad, Kishuku? – le pregunto dulcemente mientras jugaba con sus dedos debido al nerviosismo.

Kishuku se levantó y se dirigió hasta la muchacha. La abrazó tiernamente por detrás y deposito un beso en su cabeza, instantes después le dije: Claro que sí, tontita. No voy a dejarte sola – una vez dicho esto sonrió ampliamente. "Además tampoco voy a permitir que te quedes sola con el Emperador, a saber lo que te haría" pensó el joven para sin con rabia. Dicho esto, ambos jóvenes se dirigieron hacía los aposentos del Amo y Señor del País del Sur.


En la recamara de Su Majestad.

Cuando los muchachos entraron en la habitación del Emperador lo encontraron leyendo con atención un largo pergamino rojo muy antiguo.

- ¿Podemos pasar Su Majestad? – pregunto alegremente Miaka mientras entraba al lugar.

- ¿Miaka? – interpeló el joven rompiendo su concentración – Claro que puedes pa… - le dijo sonriendo el joven hasta que vio a la estrella de Seiryu entrar también.

- Espero que la entrada no me este vedada – dijo el joven sonando inocente para no alarmar a Miaka pero mirando al soberano no con muy buenos ojos.

- Por supuesto que puede hacerlo, joven – contesto amablemente… aunque sus ojos no mostraban esos sentimientos. Interiormente el joven Emperador sabía que ambos se habían declarado la guerra por los sentimientos de la muchacha de forma implícita. Miaka no tenía que saber sobre esto… al menos de momento.

- ¿En qué puedo servirte, Miaka? - pregunto cortésmente desviando su atención hacía la sacerdotisa.

- Me gustaría saber como puedo hacer para obtener el poder de Suzaku - preguntó Miaka.

- ¡Qué casualidad! Justamente estaba leyendo el "Universo de los Cuatro Dioses" – replicó serenamente el joven.

"El Universo de los Cuatro Dioses"… ese era el nombre del libro en el cual había quedado atrapada, pensó Miaka.

- Este libro de profecías fue entregado a Su Majestad Tai Ju (el primer Emperador de mi dinastía) de la mano de Tai Yi-Jun. Aquí se explica como el cielo está divido en cuatro "regiones cardinales". La parte norte corresponde al Dios Genbu, la oeste al Dios Byakko, la oeste al Dios de la Guerra, Seiryu y, por último, la del sur corresponde al Dios del Amor, Suzaku. Los nombres de las constelaciones pertenecientes a la última deidad son: Tamahome, Hotohori, Nuriko, Tasuki, Chichiri, Chiriko y Mitsukake – le informó. Enseguida, dejo al descubierto la parte derecha de su cuello; podía verse un símbolo de color rojo brillar fuertemente – Yo soy una de las estrellas. Mi nombre es Hotohori.

Miaka se quedó muda. Kishuku, por otra parte, se lo esperaba… casi siempre alguna constelación guardiana nacía en la Familia Imperial, como era el caso de Genbu y Byakko… sin embargo, nadie en la Familia Real de Kutuo había sido elegido.

- Según dice acá tenés que conseguir reunir a los 7 guardianes por tu propia cuenta, sino, no podrás obtener los deseos – le comentó muy contento Hotohori.

La cabeza de Miaka daba vueltas. A menos que consiguiera reunir las 7 estrellas de Suzaku no podría volver a casa. Y para colmo tenía que hacerlo en menos de 3 meses que era cuando tenía que rendir sus exámenes de ingreso. Enseguida, se puso a buscar en la habitación mientras gritaba que salieran las estrellas de su escondite. Kishuku no pudo evitar soltar una carcajada al ver las tonterías que hacía la joven. Al oír la risa del joven Miaka se enojo un poco y fue hasta donde se encontraba el muchacho y comenzó a darle pequeños golpecitos en el pecho.

- Si no reúno rápidamente a las estrellas en menos de 3 meses no podré llegar para los exámenes. ¡¡¡Esto es grave!!! – le informó la muchacha. Kishuku ya no se ría. Si Miaka conseguía invocar al Dios ella pediría volver a su mundo y jamás podría verla. Aunque siempre quedaba poder secues… ¿Pero en qué demonios estaba pensando?

- No te preocupes, Miaka – dijo el joven mientras sujetaba sus manos – El pergamino que tiene Su Majestad en las manos tiene claves para ayudarte a encontrar a las constelaciones.

- Así es – corroboró Hotohori – La segunda estrella esta designada bajo los caracteres de Gong y Wu, es decir, palacio y fuerza. Por lo tanto, no debe de estar muy lejos. Convocaré a los mejores guerreros – informó. Enseguida, hizo sonar una pequeña campana que tenía cerca de él. Segundos después de tocarla, apareció uno de los consejeros de la corte quien se inclino con respeto antes los presentes.

- Por favor, llama a los mejores guerreros del Palacio a la entrada del mismo – pidió amablemente Hotohori. Sin embargo, el hombre se tensó.

- Lamento no poder cumplir sus deseos Majestad. Algunos de los mejores hombres del Palacio se encuentran en estos momentos en varios rincones del país. Tardaría algunos días en reunirlos a todos – le expuso.

- Está bien mande un mensaje para hacerlos retornar y manden a alguien para que los sustituya – suspiró el Emperador – Puedes retirarte.

- Muchas gracias, su Excelencia – respondió el hombre mientras hacía una gran reverencia antes de marcharse.

- Nosotros también nos retiramos – habló Kishuku, poco después de retirarse el consejo – ha sido un día muy largo y creo que Miaka esta agotada – dijo al ver como la muchacha poco a poco cerraba sus ojos debido al cansancio acumulado a lo largo del día.

- Está bien – dijo al ver que el joven no mentía. Además ya estaba oscureciendo de todas formas.

- Con su permiso entonces – dijo el joven momentos antes de inclinarse y salir de la habitación.

- Hasta mañana, Hotohori – dijo Miaka alegremente mientras se despedía. El Emperador le deseo buenas noches.


En la habitación de Miaka…

- Uf, que día más agotador – dijo el joven mientras se echaba en la cama. Acto seguido comenzó a quitarse la ropa.

- Pe… ¿Pero que estás haciendo? – gritó escandalizada la joven cuando Kishuku ya se había desabrochado por completo la camisa y dejaba al descubierto su atlético y bronceado pecho. Miaka no pudo evitar echar un buen vistazo a esos bien definidos músculos y cuando se dio cuenta de lo que hacía se sonrojo por completo y se giró; el muchacho le dirigió una sonrisa felina.

- Sólo quiero bañarme y eso no se puede hacer con la ropa puesta, ¿verdad? – le dijo inocentemente.

- Si querés bañarte podés hacerlo tranquilamente en tu cuarto – le replicó la joven mientras se volvía a sonrojar con más fuerza al recordar lo sexy que se veía el joven la noche anterior cuando se había metido en la bañera con ella. Todavía podía recordar con claridad las pequeñas gotitas que caían sobre su rostro, su cuello y como se perdían dentro de su camisa.

- Muy bien. Iré a bañarme a mi cuarto y le pediré ayuda a alguna joven. Estoy seguro que alguna querrá hacerme compañía - le respondió un poco enojado mientras salía de la habitación apenas dándole tiempo a Miaka que se girará para intentar detenerlo. Con un hondo suspiro la joven se dirigió al baño.

Después de haber transcurrido poco más de una hora, la joven se dirigió a su cama. Las lámparas estaban apagadas por lo que no noto un gran bulto en su cama. Cuando lo descubrió ya era tarde; unos poderosos brazos la habían atrapado y una fuerte mano sujetaba su boca para que no pudiera gritar. Estuvo apunto de morder esa mano hasta que una voz muy conocida le dijo:

- A menos que me prometas que no vas a gritas no retiraré mi mano

Al oír esa inconfundible voz se tranquilizó de inmediato. El muchacho dejo de taparle la boca al saber que la muchacha no escaparía.

- ¿Qué haces acá, Kishuku? – le preguntó Miaka con el corazón en la mano. Estaba muy contenta de saber que el muchacho no la odiaba; se había temido lo peor cuando el joven salió de la habitación – Pensé que ya no volverías – se sinceró. Kishuku sonrió.

- Te dije que haría de hermanito mayor, ¿no es así? Simplemente volví para cumplir mi promesa. Suelo dormir con mis hermanos – le comentó con una sonrisa. Dicho esto se abrazó a la joven y lentamente se quedó dormido. Miaka, por su parte, también estaba muy cansada pero quería admirar durante unos minutos el dulce rostro del joven. Lentamente, llevó uno de sus dedos a los labios del joven y tiernamente los fue acariciando. "Si tan sólo… no nos hubieran interrumpido hace algunas horas ¿De verdad me habrías besado, Kishku?" se preguntó la joven mientras comenzaba a sonrojar. Con este pensamiento en mente por fin se quedó dormida en los brazos del hombre que la hacían sentir que nada malo podría pasarle.


La semana que el consejero de su Majestad había predicho para poder reunir a los mejores hombres de todo el País había llegado a su fin. Miaka, Kishuku y su Majestad se encontraban en una de las zonas más amplia del Palacio que estaba al aire libre enfrente de un gran número de soldados que según el consejero no encontraría mejores hombres que ellos.

- ¿Quién de todos ustedes tiene un carácter de color rojo en alguna parte de su cuerpo? – preguntó muy contenta Miaka. ¡¡¡Si conseguía reunir a los 6 guerreros que faltaban en menos de 3 meses podría hacer los exámenes!!! Sin embargo, su entusiasmo no duró mucho tiempo al ver como los guerreros la miraban como si fuera de otro mundo… aunque técnicamente lo era.

Al ver esto la estrella de Seiryu no pudo evitar reír un poco.

- Miaka, la marca no va a aparecer así porque sí – le dijo riendo un poco todavía. La joven lo miró un poco enojada por burlarse de ella mientras se cruzaba los brazos. Sin embargo, para el joven esa carita de enojada le resultaba verdaderamente tierna. Esa chica se estaba metiendo dentro de su mente con una facilidad increíble… esa dulzura, inocencia y alegría que la muchacha despedía por cada poro de su cuerpo sabía que serían su perdición. – Tal vez ni siquiera sepan que lo tienen – continuó diciendo el joven mientras daba bajaba los escalones y se ponía enfrente de los soldados. Enseguida, tomo una posición de combate y concluyó diciendo: Tal vez haga falta una pequeña ayudita para salga a la luz – y dicho esto sonrió traviesamente de costado. Sonrisa que provocó que la sacerdotisa se sonrojara y desviará su rostro para no delatarse. No obstante, su comportamiento no paso totalmente desapercibido…

Kishuku miró a los soldados con insolencia y comenzó a moverse con agilidad y elegancia entre ellos. El resultado de la batalla fue la victoria del joven que parecía no haberle afectado para nada el combate; y por otra, se encontraban los soldados malheridos, lanzas y escudos rotos o partidos completamente.

- ¿De que nos sirve esa demostración de fuerza y velocidad, joven? – dijo el Emperador un poco aburrido y molesto al mismo tiempo. Aburrido porque para él eso no era más que una actuación de demostración de habilidades que tantas veces había tenido que presenciar y molesto puesto que Miaka no había apartado sus ojos del joven un solo momento desde que el combate empezó.

Kishuku giró su rostro hacía Su Majestad y volviendo a sonreír de costado le respondió mientras cruzaba sus brazos:

- Para dos cosas su Eminencia. La primera para demostrar que quién haya sido elegido por el Dios Suzaku para ser la estrella que buscamos no se encuentra en estos hombre y la segunda y más importante – ahora su rostro se había vuelvo completamente serio sin un atisbo de su anterior actitud burlona – es que si Kutou llega a atacar no están preparados para hacerles frente ni en sueños.

Ante las palabras dichas por el joven, Hotohori se enderezó y le dirigió una mirada glacial.

- ¿Por qué habría que haber una guerra? – le preguntó completamente serio.

- Vos sabéis muy bien porqué – fue toda la respuesta que el Emperador recibió pero que sin embargo entendió perfectamente.

- Bueno parece ser que es mi turno de ver quién es nuestra siguiente estrella – dijo Miaka de repente de forma alegra para cortar un poco la tensión que se había formado entre los jóvenes.

- Ah, ¿sí? ¿Y que pensás hacer? – le interpeló burlonamente Kishuku.

- Ya verás – le contestó sonriendo mientras bajaba y se colocaba a su lado. En esos momentos algunos soldados se habían levantado tambaleándose.

- Más te vale no hacer ninguna tontería – gruñó apenas audiblemente el joven.

- Muy bien, caballeros. Quiero que me ataquen – les ordenó la muchacha mientras hacía como que no había escuchado al joven guerrero. Los soldados se quedaron mirándola nuevamente como si fuera una extraterrestre.

- No podemos hacer una cosa semejante, sacerdotisa – objetaron varios de ellos. Ante la negativa de los hombres la joven suspiró largamente. Pero enseguida, su rostro se ilumino con una sonrisa traviesa que hizo temer a Kishuku por la seguridad de la muchacha.

- Eso es porque todos ustedes no son más que unos niños en vez de unos hombres – gritó Miaka. Todos se la quedaron mirando con los ojos bien abiertos. Kishuku, por su parte, suspiraba hondamente… su presentimiento se había hecho realidad. Pero no tuvo mucho tiempo de pensar en eso cuando volvió a escuchar a la muchacha gritar – No son más que unos cobardes que no se atreven a atacarme porque piensan que no podrán vencerme. Esas armaduras y armas no son más que de mentiras y no sirven para nada. O tal vez son de verdad pero como los usan ustedes no son más que unos juguetitos. Después de todo, todos ustedes no son más que unos rollitos de primaveras, idiotas, mamarrachos, que no saben… - pero no pudo terminar lo que estaba diciendo cuando vio como los hombres temblaban y verdaderamente enojados se volvieron a verla.

- ¿Quién te crees que eres para insultar de esa manera a soldados de élite? – gritaron amenazadoramente tomando sus armas dispuestos a acabar con la vida de la joven sacerdotisa. Por suerte, Miaka lograba esquivar los ataques. Salió corriendo hacía una de las pequeñas estructuras en forma de casa. Segundos después de llegar ahí los soldados lanzaron varias vasijas bien pesadas hacía las columnas de la estructura. Fue entonces cuando Kishuku los mando a volar de una patada por tratar de herir a una mujer… pero por sobre todas las cosas por tratar de herirla a ella. No había actuado antes porque pensaba que ya se les pasaría… pero nada más lejos de la realidad.

- ¡Miaka, ten cuidado! – le aviso con angustia el joven Emperador justo cuando las columnas no aguantaba más el peso de la estructura. Instantes después la estructura caía sobre su propio peso.


En esos momentos en el "Mundo Real"…

- Yui ¿Qué te vas a comprar? – le preguntó interesada una compañera de clases.

- Un libro de matemáticas. Nah, es mentira me compraré un manga – contestó riendo la rubia.

- Joo. ¡Qué suerte tiene Yui de ser tan lista! ¡Seguro que podrá entrar al Instituto Jonan sin problemas! – exclamó otra chica con un poco de envidia. Entre risas las muchachas se dirigieron hacía el mostrador para pagar.

- Serán 390 yenes, por favor – le indicó el dependiente. Pero cuando iba a pagar una de sus amigas dijo:

- Yui tienes sangre en la falda – le informó bastante asustada. La chica dirigió sus ojos a su pierna y efectivamente pudo ver como tenía manchado con sangre gran parte de la zona derecha.

-¿Cómo es posible? – preguntó consternada la joven.


De vuelta en Konan…

"Creo que me he lastimado la pierna" pensó Miaka. "Pero al menos sigo viva". Pocos segundos después, abrió lentamente los ojos y se encontró con Kishuku. Cuando lo vio recordó como sintió que alguien la empujaba; había sido él. El muchacho estaba aguantando el peso de la estructura sobre su espalda y su rostro reflejaba el gran esfuerzo que estaba realizando para impedir que las piedras hicieran daño a Miaka.

- Kishuku detente, por favor. Si sigues así morirás – le aviso angustia la adolescente.

- No me importa – le contesto el guerrero, que, instantes después, dirigía su mirada hacía la joven – Prometí cuidarte pasara lo que pasara y pienso cumplir esa promesa a como de lugar.

Al oír estas palabras proviniendo del joven, Miaka no pudo evitar sentir como su corazón empezaba a latir con fuerza. La voz de Kishuku era ronca pero increíblemente sexy incluso en un momento como ese, por su rostro vagan pequeñas gotitas de sudor debido al esfuerzo que estaba realizando por impedir que las piedras los aplastaran, su rostro sonrosado… todas esas pequeñas cosas hacían que la sacerdotisa se olvidara del peligro en el que ambos jóvenes se encontraban y sólo pusiera atención a Kishuku.

- Por favor Kishuku, detente – le rogó con voz suave mientras sostenía entre sus manos el cansado rostro del muchacho.

- Incluso si la vida se me va en ello no dejaré que nada te pase – le respondió con vehemencia. Kishuku no podía permitir que esa muchacha, que poco a poco se estaba adueñando de su corazón sin saberlo pudiera recibir ningún daño. Sus palabras se clavaron fuertemente en el corazón de la joven que sentía como éste latía más de prisa, si eso era posible.

Mientras tanto, el Emperador trataba de sacar las rocas con las manos pero pesaban demasiado. De repente una voz muy femenina y dulce preguntó por detrás de su espalda:

- ¿Quieren que les ayude? – efectivamente se trataba de la concubina que había interrumpido a Miaka y Kishuku una semana atrás. Sin esperar respuesta alguna, se encaminó hacía los escombros y empezó a sacar las rocas del lugar una a una como si se tratan de meros trozos de trapos viejos – Vaya eres una chica con suerte – volvió a hablar cuando levantaba la última roca y dejaba al descubierto a los muchachos. Algunas sirvientas se acercaron para ayudar a Miaka y Kishuku a salir del sitio donde se encontraban.

- Has protegido muy bien a la sacerdotisa joven guerrero. Le estamos muy agradecidos – expresó el Emperador muy emocionado. A pesar de que Kishuku fuera una de las estrellas enemigas no había dudado en arriesgarse y salvarla. De momento, podía confiar en el joven la protección de la sacerdotisa.

- ¿Están bien ustedes dos? – preguntó una doncella que se había acercado a curar a Miaka.

- No muy bien la verdad – respondió el muchacho mientras se llevaba una mano a la cabeza.

- Por supuesto que no estás bien. Podrías haber muerto por tratar de salvarme – le recriminó bastante enojada.

- Yo hago lo que quiero Miaka. Ya sabía yo que tu idea nos iba a traer problemas – le respondió con un poco de fastidio. De repente, Kishuku se acercó a Miaka y la tomó en brazos y se dirigió hacía dentro del Palacio. Pero antes de que pudiera abandonar el lugar Su Majestad le interpeló:

- ¿Se puede saber porque te llevas a Miaka? – Hotohori intentó que su tono de voz no desvelara mucho su malestar.

- Por culpa de está irresponsable casi me quedo sin espalda. Ella es la culpa, ella lo paga. Así que ahora le toca curarme – y antes de que le diera tiempo al soberano para replicar se alejó.

Hotohori dio un largo suspiró y volvió su rostro hacía los escombros. Junto a ellos se encontraba la joven que hacía unos días había encontrado en el pasillo cuando le había dicho que Miaka y Kishuku estaban haciendo algo.

- ¿Te llamas Kourin, no es verdad? – le pregunto amablemente.

La mujer asintió levemente con la cabeza. Acto seguido llevó una de sus manos hacía el cuello de su traje y lo bajo un poco dejando al descubierto un símbolo rojo – Aunque también se me conoce con el nombre de Nuriko – habló la mujer.

Al ver el carácter el Emperador no pudo evitar soltar un suspiro de alivio. Habían encontrado a la segunda estrella de Suzaku.


Mientras tanto con Miaka y Kishuku…

El joven guerrero caminaba sin decir una palabra y sin apartar los ojos de su camino. Miaka lo notaba muy tenso, signo inequívoco de lo molesto que estaba. Por eso no se atrevió a decir una palabra. Poco antes de llegar a su destino se encontraron con una joven sirvienta a la cual Kishuku le pidió que le consiguiera un poco de agua y varias vendas. Cuando llegaron al cuarto de Miaka, la joven dejo las cosas en una mesita que se encontraba cerca de la cama y sin decir una palabra salió de la habitación. Kishuku sentó a Miaka con cuidado y comenzó a lavarle la herida.

- Te dije que no hicieras ninguna tontería – le recriminó de repente el muchacho justo cuando terminaba de colocarle la venda.

- Lo siento – le respondió en voz baja.

- Como bien dije antes, es tu culpa que me encuentre en el estado en el que estoy. Así que serás la encargada de curarme – y dicho esto se echó en la cama boca abajo – En mi mochila encontrarás unos frascos de color azul y verde. Con ellos me curarás las pequeñas heridas que tengo y me darás un masaje para que se me calme el dolor – le indicó.

Miaka tan sólo suspiro y se dirigió hacía la mochila como el joven le había ordenado. Tampoco es que pudiera quejarse dado a que si no fuera por su culpa ellos no estarían así y si no fuera por el joven ella ahora mismo estaría muerta. Lo mínimo que podía hacer era curarle las heridas. Con los frascos en las manos volvió sobre sus pasos para dirigirse hacía la cama. Cuando volvió, el joven se levanto lentamente y se quitó enseguida la camisa negra de su traje y la lanzó al suelo. Luego se volvió a tumbar.

- ¿Vas a quedarte todo el día mirando o me vas a curar? – le preguntó Kishuku burlonamente.

- Ya… ya voy – le replicó tartamudeando. Eso hizo que el joven riera por lo bajo. ¿Cómo poder evitar no sentirse nerviosa ante semejante hombre? Todavía recordaba con claridad como se veía cuando ambos se encontraban atrapados entre las rocas y si a eso le sumamos que había presenciado como el joven se quitaba la camisa era del todo normal que se encontrara en el estado de nerviosismo en el que se encontraba. Ver el pecho completamente al descubierto del joven no era, para su desgracia, un espectáculo que podía ver todos los días. Y si a eso le agregamos que instantes después tendría que recorrer con sus delicadas manos esa piel morena bañada por el sol, esos increíbles músculos que estaban al descubierto para su deleite era de más comprensible que se encontrara completamente sonrojada y mordiéndose a penas los labios para no soltar ningún sonido que pudiera delatar sus verdaderos pensamientos.

Con cuidado subió a la cama y se sentó en la cola de Kishuku mientras apoyaba sus manos en la espalda. "Incluso su trasero está duro" pensó suspirando la chica "Si tan sólo hubiera conocido chicos así en mi mundo seguro que mi existencia hubiera sido más llevadera"

- El frasco verde es para curar heridas pequeñas y el azul es para dar masajes. Así que primero tendrás que usar el verde – habló el joven interrumpiendo los pensamientos de la muchacha. Miaka quedó un momento atontada pero como no quería que el joven supiera que era lo que verdaderamente pensaba se puso manos a la obra. Sin embargo, Kishuku pudo observar por el rabillo del ojo que la joven se encontraba completamente ruborizada. Sonriendo para sí mismo se acomodó mejor en la cama para poder disfrutar con más deleite de cada minuto de esa sesión de masajes.

Miaka agarró el frasco verde y lo abrió. Se colocó una pequeña parte del contenido en las manos y lo fue aplicando con cuidado en las partes donde el joven tenía heridas abiertas. Al sentir el tacto de la crema fría el joven no puedo evitar soltar un suspiro de dolor.

- Tené más cuidado. Ay mi pobre espalda – se lamentaba el muchacho.

- Si me hubieras hecho caso esto no estaría pasando – intentó defenderse la joven.

- SI VOS me hubieras hecho caso esto NO estaría pasando – le recordó Kishuku. Miaka ya no sabía que decir en su defensa.

Miaka dejó pasar varios minutos para que la crema se secara y pudiera aplicar la otra para hacer el masaje. Una vez transcurrido el tiempo, puso en sus manos un poco de la crema del frasco azul. Antes de de comenzar con la "sesión" respiró hondamente una vez más y pidió interiormente perdón a todos los Dioses por profanar ese cuerpo del Adonis que se encontraba debajo suyo. Con manos temblorosas comenzó a masajear los hombros del muchacho teniendo cuidado de no hacerlo muy fuerte; Kishuku, por su parte, se encontraba en el cielo.

El joven guerrero de Seiryu tenía que hacer grandes esfuerzo para no soltar ninguno de los gemidos de placer que luchaban desesperadamente por salir de sus labios. El simple contacto de las manos de la joven con su piel era lo único que necesitaba para que su sangre comenzara a hervir y todos sus sentidos se intensificarán al máximo. Ahora mismo ya no quedaba ningún atisbo del dolor que momentos antes estaba sintiendo… ahora sólo tenía atención para esas pequeñas manos que vagaban por toda su espalda.

Miaka no se encontraba mejor que Kishuku, ella también necesitaba hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no echarse sobre el joven y comenzar a lamer todo su cuerpo o restregarse contra él. Quería memorizar cada parte del cuerpo que estaba tocando y, por eso, tardaba tanto tiempo en cada zona; quería disfrutar todo lo que pudiera de ello puesto que tenía la absoluta certeza de que esto no se repetiría nunca más.

Para desgracia de la sacerdotisa, paso más de una hora y las manos le dolían y como no terminara pronto Kishuku podría sospechar lo que verdaderamente pasaba por su cabeza. Segundos después de que estos pensamientos cruzaran su mente Miaka paro de hacer su cometido y se sentó en la cama.

- Bueno, Kishuku. Ya he cumplido mi parte como compensación por mi imprudencia – comentó la joven tratando de sonar indiferente. Pero lo cierto es que ya extrañaba el calor que desprendía el joven. Intentó levantarse de la cama pero algo se lo impidió…

- No, Miaka – le susurró de repente el joven de forma increíblemente sensual mientras la atrapaba en un fiero abrazo por detrás de la espalda haciendo que la mente de la chica dejara de funcionar completamente y el corazón casi se le saliera del pecho – Esto que has hecho es sólo lo mínimo que podías hacer. Ahora mismo te diré cual es mi verdadera recompensa por haberte salvado – susurró, nuevamente, pero esta vez, de forma lenta y pausada como si estuviera saboreando cada palabra o, más, bien como si estuviera disfrutando de antemano lo que poco segundos después ocurriría.

- ¿A…A qué te referís? – le preguntó temblando completamente. Miaka no sabía bien si era por el hecho de lo que podría decirle o debido a la posición en la que se encontraban.

- A esto, pequeña. A esto – y dicho esto dirigió sus labios al cuello de la joven y comenzó a darle pequeños besos mientras su mano izquierda se dirigía hacía la intimidad de la joven y la otra se encaminaba hacía el pecho de la doncella y empezaba a acariciarlo con urgencia - ¿Qué es esto, Miaka? – le interrogó cuando la mano que se había metido en la falda de la joven se encontró con una tela muy suave que cubría la intimidad de la joven.

- Es una cosa de mi mundo que se llama braga o ropa interior – le contesto la joven suspirando mientras echaba su cabeza atrás por culpa de las dulces sensaciones que le hacía sentir.

- Qué cosas más extrañas tienen en tu mundo – le comentó al mismo tiempo que cambiaba la zona derecha de su cuello por la izquierda y dejaba pequeños besos en su nuevo "lugar de ataque". Poco después, comenzó a lamer esa zona. Su mano izquierda seguía jugando con el clítoris de la joven a través de esa "extraña tela". Además, a veces acariciaba toda la intimidad de arriba abajo y de cuando en cuando metía uno de sus dedos hacía el interior haciendo que Miaka se arqueara más y más contra el muchacho y suspirara sin cesar.

Cuando Kishuku ya no pudo aguantar más la tentación de probar esa tersa piel con su lengua; giró a la chica y la colocó boca arriba sobre la cama. Concentró parte de su ki en el cuerpo de la joven para impedir de esta forma que pudiera moverse y así tenerla a su completa disposición. Fue en ese momento que Miaka recuperó algo de lucidez y con grandes dificultades para hablar le pregunto:

- ¿Por qué estás haciendo esto, Kishuku?

- ¿Todavía no te das cuenta? Es parte de mi recompensa por haberte ayudado antes. En concreto, a partir de este momento te tocaré cuantas veces quiera y donde quiera. Y esto no es más que los intereses – le informó con un brillo especial en los ojos que le hizo comprender a Miaka que el joven guerrero de Seiryu hablaba muy enserio. Sin embargo, en vez de gritar a los cuatro vientos quién se ha creído que es, su cuerpo reaccionó excitándose aún más; sus pezones se volvieron más duros aún de lo que estaban y su vagina más húmeda. Su cuerpo se había entregado completamente a las "amenazas" del joven, impaciente porque la advertencia se hiciera realidad.

- No… puedes hacer eso – dijo Miaka en un último intento de mantener la poca cordura que le quedaba. En sólo unos minutos su cuerpo había tomado el control absoluto de sus acciones, pero su mente aún quería hacer un último esfuerzo.

- Eso es lo que vos pensás – arremetió el joven mientras sonreía de costado dándole un aspecto increíblemente atractivo y peligrosoal mismo tiempo. Enseguida, se dirigió peligrosamente al cuello de la muchacha que comenzó a lamerlo lenta y delicadamente. Poco tiempo después, le daba pequeños mordiscos en el mismo mientras su mano izquierda vaga hasta encontrarse nuevamente con la intimidad de la joven. Tiró levemente de la ropa interior de la joven hacía arriba haciendo que la prenda se convirtiera en una línea recta que presionaba el clítoris de la joven haciendo que Miaka lanzara un fuerte gemido y, si hubiera podido, se hubiera arqueado completamente.

- Ya no puedo ser tu hermano mayor – le susurró lenta y melodiosamente. Segundos después, alzó su mano libre y concentrando un poco de su ki en ella lo lanzó hacía la muchacha; la ropa de Miaka quedó hecha prácticamente trizas. Antes de que la muchacha pudiera replicar nada tapó su boca con la mano derecha mientras la otra acariciaba con avidez las piernas de la joven y sus labios volvían a atacar su cuello, pero, esta vez, su lado derecho – Creo que nunca podría haberlo sido– dicho esto mordisqueó el lóbulo de su oreja y después lamió por completo su oído. Ese gesto, hizo temblar con más violencia a la joven que trataba desesperadamente de buscar una salida a su dulce tormento, pero encontrándose como estaba, atada a la cama por los poderes del joven, no podría hacer mucho y su cuerpo no hacía más que poner en evidencia que cada roce, cada gesto, cada beso o caricia le hacían perder más y más la cordura.

Kishuku sentía como por sus venas ya no corría sangre sino lava. Que lo carcomía y corroía por dentro y que en cualquier momento iba a explotar; en realidad, ya percibía como su parte más sensible estaba dura desde hace un buen rato… pero por mucho que quisiera sabía que no debía sobrepasar un límite… aunque la otra parte quisiera otra cosa… Con estos pensamientos y sentimientos en mente sus labios emprendieron un viaje hacía el sur de la fisonomía de la joven hasta llegar al valle de los senos de la misma donde, durante varios minutos, lamió toda esa superficie una y otra vez. Seguidamente, comenzó a lamer uno de los pezones con la punta de la lengua y con una de sus manos libres torturaba al otro. Pocos minutos después, acariciaba con sus manos los pechos de la joven mientras tiraba de cuando en cuando sus pezones.

Miaka no podía aguantar tanto placer, por lo que gemía sin parar. Todas y cada una de las noches que habían pasado desde el "posible beso" había soñado inconscientemente con el joven. Pero sus sueños no se basaban simple y llanamente en tenerlo cerca y hablar con él; la verdad es que hablan muy poco y hacían mucho. Por este motivo, se levantaba todos los días con las sabanas pegadas de sudor. ¡Todo lo que había estado anhelando durante todo la semana por fin iba a tener su compensación! ¿Cómo podía entonces no entregarse a las demandas del joven? ¿Cómo podría decir que no a aquellas manos celestiales que la estaban haciendo sentir más viva que nunca?¡SI INCLUSO SE ESTABA EXCITANDO MIENTRAS LE DABA EL MASAJE A KISHUKU!

Varios minutos pasó atormentando el pecho de la joven hasta decidió que todavía tenía trabajo más al sur. Siguió bajando por el plano vientre de la joven sacerdotisa mientras dejaba a su paso pequeños besos que quemaban la piel de la muchacha. Kishuku se incorporó un momento y con una de sus manos separó los labios vaginales de la joven dejan al descubierto lo húmeda que se hallaba.

- Por favor, no mires Kishuku – le suplicó con una voz apenas audible y profundamente sonrojada.

- Pero mira como estás, Miaka. No puedo dejarte así – le contesto sonriendo maliciosamente poco antes de dirigir sus labios hacía la intimidad de la joven. Una vez allí, la miró con detenimiento durante unos segundos antes de comenzar a lamerla. Cuando la joven sintió los hambrientos labios del joven succionar su vagina sintió como un rayo la atravesaba por completo obligándola a arquearse completamente y lanzar un sonoro gemido. Kishuku había disminuido su poder sobre la joven un poco para darle más libertad de movimiento. El joven Seiryu estaba concentrado en beber una a una las gotas del rocío personal de la muchacha. Mientras hacía esto acariciaba los muslos de la muchacha y, de cuando en cuando, su vientre. Después de conseguir que la muchacha se viniera varias veces volvió a incorporarse.

- Kishuku – fue todo lo que se escapo de sus sonrosados labios. Parecía que le costaba respirar.

- Ya te dije cuales serán los intereses… pero todavía no te he dicho cual es el capital – le interrumpió el joven – Este es el capital – dijo el muchacho poco antes de introducir un dedo dentro de la vagina de la joven antes tocar algo que le impedía seguir. Al hacer esto, hizo que los ojos de la joven se abrieran por completo y un pequeño dolor apareciera donde hasta entonces no había habido más lugar que para el más puro placer

– Ahora ya sabes lo que quiero, Miaka – habló nuevamente mirándola fijamente a los ojos tomándose algunos minutos para perderse en ellos. De pronto, sacó su dedo de la intimidad de la joven y colocó su mano en la cama muy cerca del cuerpo de la joven; la otra, la elevó y, volviendo a canalizar parte de su ki en su mano, lanzó su fuerza espiritual hacía la joven; ahora el pelo de la muchacha se encontraba suelto.

- Creo que no me cansaré de decirlo mientras viva; te ves hermosa con el pelo suelto, Miaka – susurró el joven mientras observaba embelezado el rostro de Miaka. La joven sintió los labios resecos por todo el calor que estaba sintiendo por lo que decidió humedecérselos. Y, enseguida, se los mordió débilmente. Kishuku no aguantaba más las ganas de que fuera su lengua y no la de Miaka quien paseara libremente por los labios de la joven sacerdotisa. Con este propósito en mente, Kishuku acarició tiernamente el pelo de la joven durante unos segundos antes de sujetar con delicadeza su rostro. Inmediatamente, se fue acercando despacio hasta el rostro de la joven mientras Miaka cerraba lentamente sus ojos. Pero, cuando sólo unos pocos centímetros los separaban oyeron un fuerte golpe en la puerta y la voz encolerizada del Emperador ordenando que abrieran la puerta.

Ambos jóvenes se detuvieron en el momento sorprendidos. Kishuku bajó de la cama con cara de pocos amigos y antes de dirigirse a la puerta liberó a Miaka por completo de su prisión y reconstruyó la ropa que había deshecho y su pelo volvía a estar recogido, de esta manera nadie podría sospechar nada sobre lo que había ocurrido hasta hace escasos segundos... pero el corazón de la sacerdotisa y el rubor en su rostro se negaban a colaborar.

El joven guerrero trató de serenarse un poco antes de abrir la puerta. Quería molerlo a palos, pero si lo hacía podría matarlo y junto a él se perdería la forma de convocar al Dios del Sur. Cuando abrió la puerta se encontró con el rostro furioso del Emperador.

- ¿Qué le has hecho a Miaka? – siseó el Soberano mirándolo fijamente a los ojos. El joven, en vez de asustarse, le dirigió una sonrisa de costado y le dijo:

- No le he hecho nada que ella no quisiera – y dicho esto se dirigió hacía la salida. Hotohori estuvo a punto de seguirlo hasta que vio a Miaka en la cama completamente sonrojada. Se dirigió corriendo para estar a su lado y saber que no le había pasa nada. Mientras tanto, la joven estrella de Seiryu salía del cuarto y apoya en la pared. Dio un pequeño puñetazo a la pared. "Si tan solo no hubieras aparecido, ahora mismo estaría saboreando esos labios que desde hace semanas lo estaban volviendo loco" pensó el joven con furia mientras veía como trataba de hacer hablar a Miaka, pero la joven no le respondía… seguía en su propio mundo… un mundo donde volvía a revivir una y otra vez lo que hacía unos minutos había vivido.


Pufff... lo que me ha costado este capí^^ pero bue me alegro de por fin haberlo terminado^^ este capí es más o menos para celebrar que vuelvo a tener Internet^^ Ahora comenzaré a escribir el one shot lemon de San Valentín y volver a escribir el fic que tenía en mente de Sailor Moon^^ Espero que este capí les haya gustado y que no me intenten matar por la interrupción xD Ahora pasaré a agradecer los rewiews del capitulo 3:

Juli: Intento que salga bien^^ pero como odio escribir pues no se nunca si me quedan bien o no… especialmente las escenas lemons^^

Raily_and_Ray: Si *_* no te preocupes que habrán muchas más escenas como la que acabas de ver tanto en el del Tama Seiryu como en el Tama diablo^^

ShojoStyleSip^^ todas amamos al tama dulce pero todavía más si le damos un to que pervertido^^ es que Tama está para hacerle más de un favor de todas las formas *_*

scorpi_1991 ok no te preocupes^^ seguro que te gustarán bastante más que el capí uno =)

miaka7tamahome: de nada cielo^^ pero a ver cuando lo terminas así lo leo y te ayudo porque tengo ganas de leer ciertas escenas*_*

SAYU: Me alegro que te guste y eso contando que no ves fushigi^^ Si Tama es un experto lanzador de sillas xD ya verás como en próximos capítulos su puntería será de alucine xD y si Miaka seguirá siendo un inocentona unos capítulos más xD

Yeni: Y no sabes hasta donde llega esa imaginación *_* ains si tan sólo supiera dibujar bien a Tama y Miaka xD

kika_chan Bueno acá ves lo que pasa con estos tres^^ Haré que Tama salga sin camisa en muchos capítulos promise!!!

Mary^^ Sip notaste estupendamente^^ habrá celos muchos celosa ya verás^^ Espero que te haya gustado este capí también^^ Lo del rewiew… bue es la única manera que tenemos los autores de saber si nuestros fics gustan… porque de momento no podemos leer el pensamiento (o yo por lo menos xD)

TormentaFuriosa Me alegra mucho que te guste^^ sobre todo que se te venga a la mente la voz de los personajes y demás… eso es muy difícil de conseguir por lo menos eso es lo que creo^^ espero que este capí no te haya decepcionado^^

Rikuchan22: Ains no sabes lo feliz me que haces diciéndome eso con lo mal que se me da redactar u.u pero si trato de tener varias ideas^^sobre todo las interesantes *_*

Dark_yuki: Si paca sigo escribiendo sobre el hermoso Tama^^ Y como se puede apreciar en tu comentario del one shot lemon te gusto mucho^^ Si es que el Tama pervert rules^^

aerithsephy: Si eso es cierto junto con riku fuiste de las primeras ^_^

Koharu-Visual-Uchiha: A ver si es verdad que me pasas el dibujo porque no te veo eh?xD Y prepárate para más escenas como esa *_*

Arizza: Es que cielo no llegaste a enviarme un comentario sorry u.u

Adam Spencer: me alegro^^ sobre todo porque sos otro de los que no ven fushigi xD

Y ahora los rewiews del one shot lemon del capí 2^^ "Perdiendo la cordura entre tus brazos"

Criskeleton: Vamos Cris^^ admitilo^^ te encanta Tama así^^ pero pensa que es Kakashi o Kurorin quien te hace todas esas cosas^^ ya verás como cambias de idea =)

Dark_yuki: Ya creo que Tama quedo más pervert que nunca *_* No te preocupes¬¬ a mí no me hacía falta escenas como esta para odiarla ^^ si es que no se puede tener tanta suerte en esta vida y conocer a semejante hombre .

Mari^^: Me alegra que te haya gustado^^ creo que eras vos a quien no le gustaba el sexo no? Me alegro que te gusten mis historias^^

kika_chan: Cierto xD dark yuki me dijo que no les pasaría el borrador y las haría sufrir^^ me alegro que les haya gustado =) y también que me haya quedado tan explícito como yo quería que quedara =)

Nayesakura: A vos lo que te gustaría es que Kakashi fuera así de fogoso con vos^^ igual que Cris^^ Este capí es largo así que no se pueden quejar xD

Jeanne: si… aca todas están sonrojadas o les falta aire^^ al final no soy tan inútil como creía haciendo fics lemons^^

Rikuchan22: Sí^^ y gran parte de que me haya salido bien es gracias a que vos me bancaste muchísimo ^^ gracias^^ ¿Qué puedo decir? *_* Trato de traspasar al papel al máximo cuanto me imagino en cada escena que pienso^^ me alegra saber que de momento lo estoy consiguiendo con muchos dolores de cabeza, pero consiguiendo^^ Aunque sí… esto va más para hentai que para lemon pero como no está esa categoría pues ni modo xD Y gracias, al fin se acostaron en tu fic^^ ¡YA ERA HORA!

Yuuka: No, no xD Miaka jamás le será infiel a Tama en algún fic mío o de serlo tendría UNA MUY BUENA EXPLICACIÓN. Es solo que como en este fic Tama es una estrella de Seiryu no podía llamarle Tamahome… así que decidí usar su nombre real en la versión japonesa que es la más fácil ( o por lo menos para mí) de recordar y escribir^^

TormentaFuriosa: Me alegra que se haya entendido lo que quise decir^^ Porque siempre se me ha hecho muy difícil el poder expresarme y en este tipos de escenas necesitas más que nunca toda tu habilidad… después de todo yo me imagino la escena muy bien… pero pasarlo al papel cuesta Y prepárense que creo que todos los Tamas que haga serán de ese estilo xD.

yuukidarkangel: Te soy sincera… a mi me llega a decir eso Tama y te aseguro que no duermo en varios días ¿Quién necesita dormir teniendo a semejante hombre en la cama? Si es que Miaka es tonta xD… bueno en este fic le quite un poco la tontería jijiji

Caroli: me alegra que te gustara Caro^^ sobre todo porque vos no ves ningún anime o lees manga. Me alegra mucho que no te hayas quedado dormida mientras leías =)

Kyon-cito: jejeje xD Me alegro que te guste^^ sobre todo porque te vengo jodiendo mucho y estás lleno de laburo^^ Si la parte de la pared es una de mis favoritas para que negarlo^^

francisco-isra: me alegra mucho que te haya gustado^^ espero que el resto de fic te lleguen a gustar =)

Ady92: Nah... ya eras una pervertida^^ lo único que yo hago es demostrartelo^^ ya que no vas a hacer este tipo de cosas con Lantis y Hikaru por lo menos lo ves con otra pareja^^ Pobreta xD siempre estas necesitando o un baño de agua fría o dejar de leer porque sino te da algo… soy mala jijiji

Raily_and_Ray: Si xD Entonces me quedo justo como quería xD MAS FUERTE QUE EL DEL CHOCOLATE!!!! Y cuando Tama y Miaka lo hagan en el "You are…" me tiene que quedar más fuerte aún xD Tranqui no sos un intrusa xD si yo te contará las escenas que me imagino… ejem xD

Mayu_yui: ¿A quién no le gustaría que un Tama la sedujera de esa manera? *_* Yo desde luego me ofrezco voluntaria^^ Me alegra que te guste porque la verdad nunca sé si lo hago bien en los lemons o no.

yumiko_vero; Me alegro que te guste el comienzo^^ ya verás como esto se pone más y más interesante^^