2.-Aroma.

Olía a seguridad y confort. No puede explicarlo de otra forma. El sabor de aquella sublime fragancia envuelve por completo cada rincón de la habitación y cual ladrón, roba su entera atención.

De cierta forma le molesta que el causante de tal exquisitez no sea en absoluto una loción de diseñador -que puede adquirirse en el aparador de cualquier boutique-, sino de alguien. Que precisamente se trate del exclusivo perfume que despide él. Esa endemoniada esencia de naturaleza seductora que embriaga sus sentidos y le arrulla por las noches.

"…uhn"

Lo mira dormir a su lado, poco antes de jalar uno de esos negros mechones a manera de reproche. Maldición, volverse adicto al aroma del Madara es simplemente una locura.