4.-Armario.

—Sólo una vez.—pidió el azabache atrapándolo entre sus brazos.

Deidara se ruborizó violentamente. De acuerdo, ya sabía que Madara no tardaría en realizar –o tratar de realizar- sus pervertidas fantasías, pero no imaginó que le pediría permiso. ¿Era idiota? La respuesta era obvia, ¡por supuesto que no! Maldición, no iban a tener sexo en el armario.

Pudo pasar varios minutos pensando en que el Uchiha era en verdad tan bastardo como para proponerle eso, de no ser porque el aludido en cuestión ahora lamía con jodida sensualidad su cuello, complicándole pensar o siquiera protestar.

—Sólo una vez.—repitió, desplazando una de sus manos hacia abajo… Deidara jadeó con fuerza.

—B-bastardo perver… tido, uhn.

Sonrió, oculto entre la erótica curvatura del cuello y hombro. La próxima vez tomaría en cuenta cuan difícil le resultaba moverse una vez comenzaba a trabajar en su rubio.