8.-Capricho.
No le importa si tiene sentido o no lo que está haciendo, aunque tampoco se ha parado a reflexionar lo que hace, pero lo dicho, no le importa. Sabe lo que quiere y eso es lo que cuenta. Y lo que quiere tiene un par de azules ojos, cabello rubio, tendencias terroristas, amor por el arte… y un cuerpo que grita por ser ultrajado. Él desea a Deidara por sobre todas las cosas.
Le encanta observar sus expresiones, todas y cada una de sus facetas son tan interesantes. Cuando se ruboriza involuntariamente, joder, ¡se ve tan delicioso! y el rojo contrasta tan obscenamente bien con sus ojos claros y esa boca que clama por ser devorada. Ríe ligeramente, caminando a la par del rubio.
—¿Qué es lo gracioso Tobi, uhn?—pregunta frunciendo el ceño.
Y Madara sonríe ampliamente con tanta perversidad que su ojo destella malicioso. Oh, cuando tenga a Deidara bajo él la última expresión que hará será fruncir el entrecejo. Quizá una mueca de dolor al principio, pero sólo eso. Acomoda la mascara y todavía sonriente, responde con la voz fingida, que a todo el mundo ha hecho creer normal.
—Pensaba en el futuro... Senpai, ¿cómo crees que nos veamos en dos semanas?
Deidara levanta una ceja.
—Exactamente igual, uhn.
Sus labios se contraen, en un intento por reprimir la risa llena de gozo que intenta escapar. ¿Igual? No exactamente. Tal vez suene a capricho y quizás lo sea, pero al final de ese lapso de tiempo va a decirle un par de cosas que… le harán cambiar de parecer.
