12.-No.

Fijó su sharingan en aquella cosa peluda que sostenía tan maternalmente el rubio. Lo inspeccionó por algunos instantes y llegó a la irrefutable conclusión de que:

Deidara se veía encantador.

—No.—dijo firme y claro.

El menor rodó los ojos. No entendía por qué el Uchiha se oponía tanto.

—¿No? Lo conservaré igual, uhn.

—No puedes—recalcó.

—¿Por qué no, uhn?—cuestionó Deidara ligeramente molesto, acunando entre sus brazos al indefenso animal—Yo lo cuidaré.

Madara suspiró malhumorado, cruzándose de brazos. No era si lo cuidaba o no. A él no le parecía la idea de tener que compartir a su rubio con nadie, incluso si de un gato se trataba.