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Broken promise -Placebo-
El ruido se transformó en una cosa sorda, apagada, lejana, inexistente. Wonderwice, Gin, Kaname, Yamamoto, los shinigamis caídos y heridos, el resto de los Vizards, todo pareció borrarse frente a la odiosa sonrisa.
El largo cabello rubio había desaparecido; la tendencia mod, que lo había hecho un aficionado al jazz hacía cien años y un disfrazado-adaptado al seventylooks el día de hoy, no había cambiado en nada.
Nadie podría decir que Sousuke había sentido alguna vez algo por su capitán. Excepto quizá Urahara, quien siempre lo sospechó y quien no pudo evitar el profundo odio que el moreno no tardó en tenerle...
Dream brother, my killer, my lover…
Hermano de sueños, mi asesino, mi amante…
Aizen despertó, como de un sueño muy largo. El pasado pareció golpearle, una pesada ola de reiatsu y tiempo, produciéndole las cosas que había desaprendido a sentir; esperanza, dolor, amargura, alegría, rencor, un batiburrillo intenso que hizo latir su corazón sólo una vez, pero que bastó para afinar la sonrisa del rubio apenas por dos segundos…
—Eres temible, Sousuke.
El rumor de un beso.
—¿Por qué dice eso, Hirako taichou?
Una risita, por parte del nombrado. Una mano de largos dedos sobre cabello castaño.
—No creas que porque me tienes en este estado, has ganado ni un gramo de mi confianza…
Aizen miró al hombre a su lado, las sienes empapadas aún, jadeando ligeramente por la actividad recién pasada, el largo y hermoso cabello rubio desmelenado, como nadie lo había visto jamás. Se permitió perderse por minutos a la luz de la luna, en sus enormes ojos. Lo besó, después.
No podía lograr que confiara en él ¿Qué había de malo en querer cambiar las cosas? Es verdad, morirían unos cuantos, pero lo cierto era que la situación distaba mucho de ser justa; la división en distritos en el Rukongai no permitía que los mejores consiguieran salvarse. La miseria infectaba la Sociedad de Almas tanto como el Ningenkai. Nada de esto parecía importarle al Gotei 13, al Rey del Cielo, a nadie.
Y Aizen no estaba de acuerdo… pero se había cuidado de siquiera insinuarlo. No le apetecía caer en el Nido de Gusanos y no tener ni siquiera la oportunidad de reencarnar.
Su extraño y anárquico capitán parecía alguien capaz de ir contra todas las reglas y por ello, había escalado hasta lograr ser su teniente. La risa de Shinji, su gusto por el jazz, su irreverencia frente a la solemnidad del Gotei, habían terminado por convencerle de haber dado con el anarquista justo, con quien necesitaba aliarse para cumplir sus objetivos, con quien podría hacer las cosas en equipo. Alguien que soñaba en las mismas cosas. Y, a quien terminó amando irremediablemente.
Sólo que se equivocó de medio a medio, por primera y última vez en su vida.
Shinji podría ser todo lo aparentemente rebelde que quisiera, pero nunca iría contra el Gotei… a menos que tuviera una buena razón para ello. Y Aizen no lo representaba, en ese momento. Y menos su ansiosa insistencia por saltar al futón de su capitán.
Shinji ya lo había advertido. Apenas los anteojos quedaban abandonados, el monstruo que había tras el rostro inocente de Sousuke, aparecía; voraz en su sensualidad, oscuro en su avidez de poder.
No es lo mismo tener a alguien que te caliente la cama que alguien a quien le haces el amor. Y Shinji se cuidó muy bien de hacerle saber la diferencia a Sousuke, desde un principio. Quizá fue que el joven no lo advirtió o, por primera vez, quiso engañarse, así fuera un poco.
Sin embargo, la desconfianza de su capitán era latente incluso en los momentos en que el orgasmo los hacía perderse uno en otro.
Y luego, apareció el rubio, ese apestoso vigilante del Nido de Gusanos, con su simpática sonrisa y su estropajoso cabello, y su geta y sus modos de despistado… un retrato de inocencia. Igual que el mismo Aizen. Con las mismas dudas sobre el Gotei y el régimen imperante. Con la inteligencia metódica del científico, con esa terquedad capaz de buscar y buscar y buscar hasta dar con la Hoygyoku, malditabendita. Urahara Kisuke, de la nobleza media, incapacitado para el mal, hecho sólo para reírse de todo el mundo…
Entre su avidez del arma nueva y del poder absoluto, Aizen no se percató de en qué momento perdió totalmente el mínimo control que le quedaba sobre su capitán y, cuando los sorprendió a ambos -Hirako y Urahara- en la habitación de éste último, tampoco hubo anestesia que limitara o enmascarase su dolor.
En ese momento, pudo haberse convertido en un hollow, por la inmensidad del vacío que Shinji había logrado en él, quitándole hasta el último resto de humanidad.
Se trataba de muy poca cosa para sentir tanto rencor ¿Acaso no había más hombres en éste mundo? ¿Mejores amantes que Hirako Shinji? ¿No lo había comprobado después en brazos de Ulquiorra, o al forzar a Grimmjow, o frente a la fidelidad absoluta e incondicional de Ichimaru Gin?
No era que Hirako fuera excepcional; era que se trataba del único que lo había conocido a fondo… y había temido que se perdiera, el único que en verdad, se había preocupado por él. El único que representaba una promesa, una esperanza. Y así como le había amado, Sousuke Aizen lo sumó al resto de sus pequeños y míseros odios, reciclando éstos en su hambre de poder, licor venenoso de donde había salido su mescolanza ideológica, de la cual la justicia para el resto ya no importaba y sólo el poder más absoluto sobre los demás valdría la pena, valdría la vida misma…
—No tan de prisa…
Los cuantos de espacio tiempo terminaron de deslizarse, "granos de arena en la infinita playa cósmica"
—Aizen —una sonrisa inconfundible, enorme; el cabello rubio, la boina, los snickers—, cuánto tiempo sin vernos…
Si algo quedaba del pasado, había desaparecido en el hollow oscuro de la mascota de Wonderwice. O quizá, como Kira logró percibirlo en ese momento intenso, algo más estaba pasando que era capaz de detener el tiempo entre ellos…
Tu cabello. Entre los dientes. Como ocurría después de que me besabas o después de dormir conmigo ¿Lo hiciste adrede o no? ¿Era tu forma de recordármelo o de burlarte? ¿O jamás te diste cuenta de ello y yo sí y aquilaté ese gesto como cada uno de los tuyos, Hirako taichou, olvidándolos de inmediato, en la ola oscura que ahora tenía por corazón? Pero no voy a perder el tiempo. Éste instante pasará. Éste instante nunca ha ocurrido. Nunca fuiste. Nunca estuviste. Nunca te perdoné. Sólo tú me conociste "desde el vientre de mi madre". Sólo tú.
El brillo en los ojos avellanados de Shinji se sostuvo, riéndose. El resto de los Vizards se acercó, formando un arco.
Kira se asombró de la fuerza del viento.
La lucha no tardaría en arribar.
