16.-Horario.
Empezó lento pero seguro.
En un principio tuvo dudas, como cualquier otro. Pensó en los pros y contras, en las posibles respuestas y reacciones. Lo meditó mucho y en más de una ocasión lo hizo hasta el amanecer.
Pero valió la pena arriesgarse.
Una a una las barreras fueron cayendo, cediendo ante su irresistible encanto. Al menos eso le gustaba pensar. Si había sido por razones distintas, tales como la resignación o el cansancio, le daba igual. Deidara terminó siendo de su absoluta propiedad y eso es lo único que le importa.
Toma entre sus dedos la mano del ojiazul, que resulta increíblemente suave al tacto. Besa el dorso, para seguidamente repartir ansiosos besos por todo su rostro. Deidara entreabre los ojos, aún reacio a despertar, encontrándose en la penumbra con la penetrante mirada carmín.
—¿No puedes esperar hasta la mañana, uhn?—murmura adormilado.
No, no puede. Madara ríe despacio. Para él no existe un horario fijo en cuanto a muestras de afecto.
