18.- Bastardo.

La respuesta resuena como un molesto eco dentro de las paredes de su atormentada conciencia. Deidara no agrega más y toma asiento a la sombra de un árbol.

Es la primera vez que se lo pregunta y de todas las respuestas que pudo alguna vez haber imaginado, esa realmente lo tomó desprevenido.

"No aprecian mi arte."

Así de simple. Porque su línea hereditaria no aprecia el arte del ojiazul. Casi siente el impulso de soltarle un golpe en la cabeza, pero toda futura acción se ve apagada al percibir la rencorosa sinceridad, impresa en los profundos ojos celestes.

Las sandalias shinobis algo empolvadas y el rubio cabello, ligeramente alborotado como resultado de la reciente misión, le dan un aire vulnerable como si de un niño perdido de mirar triste se tratara.

Siente un nudo en la garganta y traga en seco, mientras que la vertiginosa sensación al pensar con mayor fuerza en Deidara como un imposible se expande por todo su cuerpo, causando estragos en su desempeño como 'Tobi'. No está bromeando ni diciendo comentarios fuera de lugar. Sólo se mantiene callado a una distancia prudente de su 'senpai', mirándolo fijamente.

Pero Deidara no le presta atención. Ni siquiera se molesta en hacer contacto visual o siquiera echarle un vistazo. Está demasiado ocupado, pensando en que le duelen los pies y tiene sed. Todo aquello, con la finalidad de apartar el humillante recuerdo de su derrota. Para sorpresa suya, funciona bien y comienza a molestarle la resequedad en sus labios.

A Madara sólo le toma alrededor de unos dos segundos notar el cambio tan drástico que presenta el rubio. Y como si de magia se tratara, los remordimientos lo abandonan de inmediato. Entonces ríe para sus adentros, etiquetándose como un verdadero bastardo.

—Es suficiente. Andando, uhn.—dice y se levanta, colocándose en el acto el amplio sombrero.

Lo mira un momento y sonríe.

—¡Senpai, soy un Uchiha! Pero no creo que su arte sea pirata.

… un bastardo.

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Nota: No sé ni que coño escribí aquí. Pero escribí el drabble 18 y eso me basta.