19.- Miel.
Al sujetar su mano toda duda se disuelve. La tibia sensación esparciéndose en su pecho acarrea un sin fin de reacciones internas. Desde el rubor en su rostro, pasando por las mariposas, hasta los ligeros temblores. Todo resultado de sujetar esas protectoras y cálidas manos.
Deidara se reprocha el ser tan emocional, esperando sea suficiente para recuperar la postura y dejar de caminar sobre algodón de azúcar, pero nada funciona cuando se encuentra a su lado. Todo es como miel, derritiéndose y endulzando su interior.
Madara aprieta suavemente al tiempo en que señala una pequeña plaza donde venden chocolates, y sonríe distraído, mientras habla sobre el lugar en cuestión y los pastelillos especiales que se pueden conseguir. Pronto, voltea a verlo y luego mira a los alrededores. Entonces vuelve a sonreír y antes de que pueda preguntar por tan extraña actitud, sella sus labios con los suyos, en un breve pero satisfactorio beso.
Sus mejillas se encienden y la suave risa del azabache inunda sus oídos.
"Miel. Eso es…"
