Daba puñetazos a la pared de piedra. Mierda, mierda, ¡mierda!

Un músculo en su cuello se tensaba. Se obligaba a sí mismo a no gritar para que nadie lo descubriera, destrozándose los nudillos contra el muro a falta de otra forma mejor de desahogar la ira.

Se escucharon unos pasos a su espalda y se volvió bruscamente, dispuesto a partirle la cara a quien fuera, por lo menos así soltaría la frustación de no poder hacerlo con...

-Otra vez tu padre ¿no?- la voz salió tranquila de los labios rojos de Harry.

-Piérdete Potter.- contestó de forma despectiva volviendo a darle la cara a la pared.

Pero el moreno se acercó a él sin vacilar, abrazándose a su espalda y pegando la cabeza a la piel de su cuello. Intentó soltarse de ese abrazo demasiado sereno para el mar de emociones que bullían dentro suya, pero el agarre de Harry, aunque tranquilo, era firme.

Por fin dejó de resistirse y casi sin darse cuenta las lágrimas empezaron a correr mejillas abajo. Su propio llanto no le dejaba escuchar lo que fuera que estuviera diciendo el otro, pero la voz era dulce y ronca mientras lo giraba con esa fuerza que sólo salía de él en aquellos momentos.

Atrapado entre la pared y Harry, atrapado entre el desahogo y la vergüenza, se encontró de pronto perdido en el beso entregado y demasiado compasivo del moreno.

-Algún día tendrás que decirle que no eres como él espera que seas...-

-Déjame en paz.- dice mientras lo aprisiona contra la pared intentando que sea Harry el atrapado y él quien maneja la situación.

El moreno gime bajito cuando lo coge del pelo y lo besa de nuevo, quizás demasiado violentamente. Harry se deja hacer, deja que Draco juegue un rato a ser el amo, no importa que los ojos grises sigan bañados en lágrimas.