Disclaimer: Ningún personaje de HP me pertenece, todos son de JK. Rowling, que aunque destruyó mi ilusión de ver plasmado en sus libros la pareja Harry y Hermione, la admiro.
* Leer Nota de Autor al final
Capitulo 4: Atrapado
La luna brillaba imponente en el cielo, las hojas caían de los árboles debido al aire que corría en aquella noche en la cuál las estrellas se encontraban imponentes en el cielo negro. La mansión de descanso de la familia real se encontraba en un lugar apartado del ruido de la ciudad de Londres y la seguridad de la misma surcaba todo el perímetro para evitar que alguien no autorizado se acercara y quisiera atentar contra los soberanos y su hijo.
En esos momentos una limosina salió de la mansión y la seguridad real supo que el único miembro de la familia se encontraba solo, el Rey James Potter y la reina Lily Potter habían tenido que dirigirse hacia Londres por una cena con los mandatarios de varios países. Desde hacía mucho tiempo que los reyes no dejaban solo al príncipe Harry, pero esa noche habían tenido que hacer una excepción.
Desde la muerte de la novia del príncipe, la familia se había mudado por varios meses a aquella mansión por bienestar del futuro rey de Inglaterra. La seguridad muy poco habían visto al príncipe y si lo veían era cuando lo encontraban sentado en el borde de aquella fuente de agua y miraba absorto en sus pensamientos a la nada.
Por ello aquella noche cuando algunos miembros de la seguridad lo vieron sentado en la misma fuente, decidieron dejarlo solo como todas las veces hacían, sin tan siquiera imaginar la idea que en la mente del príncipe Harry rondaba.
Harry escuchó como las pisadas de los miembros de la seguridad se alejaban y lentamente alargó uno de sus brazos descubiertos hacia el agua de la fuente, sus dedos tocaron la superficie y de sus labios se asomó una sonrisa torcida, sus ojos se desenfocaron y con su otra mano sacó de su bolsillo una navaja que brilló al reflejar la luz de la luna. Sin tan siquiera saber si sentiría dolor dirigió la navaja hacia la mano que tocaba aún el agua y el filo de la navaja cortó sin piedad la piel nívea de su muñeca, ningún tipo de gesto apareció en el rostro del príncipe y solo vio como la sangre salía de sus venas.
Durante un momento sintió y observó como su sangre se combinaba con el agua y tomando la navaja con su mano que ahora sangraba cortó su otra muñeca. Su camisa blanca se tiñó de rojo y poco a poco sintió su cuerpo tambalearse hasta que no tuvo más fuerzas para mantenerse sentado y como si fuera una de las hojas de los árboles que caían a la fuente, el príncipe cayó de espaldas enfocando sus orbes esmeraldas en la luna que brillaba en el cielo y murmurando: "Pronto estaré a tu lado"
Harry Potter despertó sofocado, se incorporó en su cama y trató de volver a respirar normalmente, durante un momento no pensó en nada, hasta que la luz del sol que se filtraba por una abertura de la cortina de la ventana le hice darse cuenta que ya era de día. Torpemente se puso de pie y se dirigió al baño, abrió el grifo y con ambas manos llevó el agua a su rostro.
Sintiendo las gotas frías en su cara alzó la mirada y vio su rostro en el espejo.
- Pronto estaré a tú lado.
Murmuró y sonrió tristemente, desde hacía mucho tiempo aquel sueño que reflejaba todo lo que hacía nueve años había hecho para acabar con su vida, lo visitaba. Al principio le dolía mucho pero al pasar del tiempo se fue acostumbrando, aunque la tristeza que lo embargaba nunca se iba. Miró sus muñecas y los cortes lucían imponentes, muchas veces sus padres le sugirieron que podían visitar a un cirujano plástico, pero él se negó ya que llevaría esas cicatrices de por vida, para así recordarse lo que una vez pudo tener y que perdió por la crueldad de las personas.
Harry se observó por última vez al espejo y se dirigió a la ducha para poder así disipar sus ideas, él había decidido tratar de tener un poco de felicidad en su vida, así que esperara que el agua fría que en esos momentos recorría su cuerpo lo ayudara a olvidar aquel recuerdo.
Media hora después el príncipe se encontraba bajando las escaleras dirigiéndose presuroso al comedor del palacio de Buckingham, al ingresar a aquel ambiente del palacio vio que estaba desierto a excepción de la sirvienta que ya se encontraba sirviéndole el desayuno.
- Buenos días príncipe – saludó la criada – Sus padres acaban de ir al parlamento, y dejaron diciendo que lo esperarían allá.
- Muchas gracias, puedes retirarte – habló Harry tomando su tasa con café y viendo a la sirvienta salir del comedor.
Durante un momento el príncipe pudo disfrutar de su desayuno, sin realmente pensar en algo, pero unos pasos que se acercaban lo distrajeron y al subir su mirada pudo ver a un hombre de cabellos rubios mirarlo desde el umbral de la puerta de comedor.
Harry en ese momento, supo que al querer evitar recordar aquel sueño, también había evitado recordar lo que la noche anterior había sucedido entre él y Ginny y fue presenciado por Draco Malfoy, novio de la mujer que lo había besado.
Ambos hombres se miraron, gris y esmeralda se confrontaron por un momento, el príncipe realmente estaba confundido con lo que estaba ocurriendo, él quería mucho a Ginny, pero jamás se le había pasado por la mente que ella lo pudiera querer de otra manera y mucho menos se lo habría dicho en presencia de la persona que en esos momentos lo miraba con resentimiento.
- Draco, siéntate tenemos que conversar.
Draco lo miró por un momento más y sin decir nada se dio media vuelta retirándose del comedor, Harry se puso de pie y lo siguió, pudo ver que el hombre de cabellera rubia caminaba presuroso hacia la puerta principal, lo llamó un par de veces pero él no le hacía caso; el príncipe lo alcanzó antes de que llegara a la salida y lo detuvo.
- Te dije que tenemos que hablar sobre lo que pasó en la noche – habló Harry – Sinceramente no sé qué está ocurriendo con la relación que tienes con Ginny pero…
Harry no pudo continuar hablando porque en un instante estuvo en el suelo y el sabor metálico de la sangre que manaba de su nariz lo sintió en su boca, sus lentes habían caído al suelo haciendo un ruido melodioso al chocar contra las baldosas del suelo.
- ¡De qué demonios quieres hablar Potter! - gritó Malfoy furibundo – ¡Me quieres restregar en la cara que la mujer que yo amo, te quiere a ti!
Draco se agachó hasta donde Harry lo miraba sorprendido y con fuerza lo tomó de las solapas de su traje y le siguió gritando.
- El hecho de que yo aún esté aquí, no significa que sigamos siendo amigos, tus padres me han pedido que me quede para conversar sobre los temas de las relaciones entre mi país y el tuyo – acercándose más al príncipe – Tanto Ginny como tú pueden irse al infierno.
Dicho esto Malfoy soltó a Harry quien aún no podía reaccionar por lo que acababa de ocurrir, vio como el rubio salía del palacio, algunos miembros de la seguridad real se dieron cuenta de lo acontecido y se apresuraron a ayudar al príncipe a ponerse de pie.
- Detengan a la persona que ha atacado al príncipe – exclamó uno de los miembros de la seguridad real.
- No hagan nada – ordenó Harry tratando de hablar normalmente aunque la sangre no dejaba de manar de su nariz – Es mi amigo y solo tuvimos una pequeña disputa.
Los miembros de la seguridad real se miraron entre si y obedecieron al príncipe, quien se puso de pie y sin más se dirigió nuevamente a su habitación, esperando no cruzarse con aquella muchacha de cabellos rojos.
Rápidamente subió las escaleras, le dolía la nariz, esperaba que no se la haya roto, porque sino ahora sí que su madre le preguntaría quien le había golpeado y no podría hacerlo pasar como un "accidente".
Unos segundos después llegó a su habitación e ingresó al baño, se lavó el rostro retirando la sangre y agradeció a Dios que no estuviera rota su nariz, después de un momento de estar limpiándose y tratando de que la sangre dejara de salir, observó que su camisa blanca estaba toda manchada, por lo cual se la quitó y regresó a su habitación.
- ¡Harry que te ha ocurrido!
Harry Potter miró hacia su cama y vio a una mujer de cabellos largos rubios sentada.
- Luna – contestó Harry tratando de esconder la camisa ensangrentada que traía en las manos – Buenos días, no pensé que aún estarías en el palacio.
- No me cambies de tema Harry Potter – viendo el vago intento del príncipe de esconder esa camisa-
- ¡Padrino!
Harry se dio por vencido ante la mirada de Luna y sintió con un par de brazos se colgaban de su pierna derecha, bajó la mirada y vio a Edward Weasley, su ahijado sonriéndole ampliamente.
- Eddy me dijo que te había visto entrar a tú habitación e insistió en venir a saludarte – mirándolo preocupadamente – Le dije que no era un buen momento, porque de seguro ya estabas por irte al parlamento, pero en esta ocasión agradezco el temperamento tozudo de mi hijo – acercándose hasta el príncipe y observándolo - ¿Quién te ha golpeado Harry?
Harry la miró dándose por rendido, sabía que iba a tener que contarle a Luna lo que le había ocurrido, si no quería que en esos momentos la mujer de largos cabellos rubios llamara a su madre y entre ambas le "obligaran" a decirles todo.
- Eddy, pequeño – sonrió a su ahijado – ¿Ya saludaste a Lorean y a Susan? – viendo como negaba el pequeño niño – Pues qué esperas pequeño, seguramente estarán felices de verte.
El pequeño Weasley sonrió ampliamente y sin más soltó la pierna de su padrino y salió corriendo de la habitación de Harry, quien esperó que su ahijado estuviera fuera de la habitación para lanzar la camisa ensangrentada en su cama y sentarse junto a Luna.
- Y bien – agregó Luna después de unos momentos de silencio – No me vallas a salir con el cuento de que te golpeaste con una puerta porque no te voy a creer.
Harry sonrió de lado, dejó de observar sus manos y miró a Luna, recordó que ella era una de las personas que quería mucho y también podía considerarla como una hermana, a veces como una hermana mayor aunque en edad tuvieran la misma. Ella a pesar de todo el dolor que sintió al perder a su mejor amiga, no dudo en brindarle su apoyo y ayudarlo a salir de ese hoyo negro en el que por propia voluntad se había confinado.
- Draco se levantó de muy mal humor y descargó toda su furia en mi cara.
- ¿Draco?, ¡Draco Malfoy está en el palacio y lo más grave es que te golpeó! – exclamó Luna sorprendida.
- Si, está en el palacio, al parecer llegó ayer en la noche por solicitud de mis padres, ya sabes que él, como embajador de su país es un hombre ocupado, pero cuando mi madre lo llama para que venga a Inglaterra, él acude rápidamente – rascándose la cabeza – Aún no sé cuál es el motivo de ese lazo sinceramente.
- Harry en estos momentos no estamos hablando del lazo que une a Draco con tu madre, lo que quiero saber es por qué te ha golpeado.
El príncipe observó el rostro preocupado de su amiga, aún no había hablado con Ginny sobre lo sucedido la noche anterior, pero la confusión que sintió en el momento de escuchar que le decía que lo quería aún estaba latente y decidió contárselo a Luna, quien seguramente lo podría aconsejar.
- Antes de contarte lo que ha sucedido, déjame llamar a mis padres para decirles que me ha ocurrido un inconveniente y que no voy a llegar al parlamento.
Luna asintió y vio como el príncipe tomaba su celular para llamar a sus padres, aunque ella se hizo la asombrada al escuchar que Draco lo había golpeado, algo así sabía que ocurriría cuando supiera que Ginny estaba enamorada del príncipe de Inglaterra.
Si, ella como mejor amiga de la muchacha de cabellos rojos conocía del secreto de Lady Ginevra, mucho antes de que la propia Ginny se diera cuenta, la actitud de su amiga para con el príncipe la delataba, también sabía que la pelirroja quería muchísimo a Draco Malfoy, pero ese querer nunca se había transformado en amor, pero la terquedad de su mejor amiga nunca le permitió en todos esos años darse cuenta que el querer que le tenía al príncipe desde que era una niña, era porque lo amaba. Y ahora que se había dado cuenta, todo iba a ser diferente, porque así como ella estaba segura de que Ginny amaba a Harry, estaba segura de que Harry jamás la amaría, ya que el corazón del príncipe aún estaba junto a Hermione.
- Si mamá, mi informe lo tiene mi asistente, ella puede presentarlo sin ningún problema.
Escuchó Luna como el príncipe se despedía de su madre y volvía a sentarse a su lado colocándose una camisa limpia y le sonreía con confusión.
- Ayer en la noche – jugando con sus manos – Ginny me dijo que me quería.
- Eso es obvio, no veo que tiene de malo – contestó Luna haciéndose la desentendida del tema.
- Lo sé – contestó Harry hablando bastante confundido – Pero ella me quiere de la otra manera, no como a un hermano sino como a un hombre, y Draco ayer escuchó y vio como su novia me besaba.
Terminó de hablar el príncipe y su semblante se llenó de confusión y algo de ¿tristeza?
- Ya se entonces porque Draco te golpeo, él siempre arregla las cosas mediante los golpes y no hablando civilizadamente – suspirando - ¿Y tú como te sientes?
- Me duele la nariz, tuve suerte de que no me la rompiera – contestó acariciando su nariz.
Luna rió ante la acción y la respuesta del príncipe, sinceramente Harry aún continuaba siendo bastante despistado.
- No me refería a eso tonto – contestó Luna – Me refería a cómo te sientes respecto a lo que Ginny te dijo, ¿Qué opinas sobre eso?
El príncipe Harry se quedó callado durante un momento, pensando en la pregunta que su amiga le había hecho ¿Qué opina sobre lo que Ginny le había dicho?, debía ser sincero consigo mismo, por lo cual contestó.
- Hubo un tiempo en el cuál pensé que estaba enamorado de ella – contestó Harry ante la mirada sorprendida de Luna – Pero eso fue antes de que tuviera once años, aún recuerdo que me gustaba mucho, pero fue un enamoramiento de niños, poco después me di cuenta que todo el cariño que le tenía era porque la consideraba y aún la considero como mi hermana, mi pequeña hermanita a la cual debo de cuidar – pasándose la mano por su indomable cabello – Y si me preguntas en este momento que pienso de sus sentimientos, te diré que no lo sé, todo esto ha sido muy sorpresivo e intempestivo para mí.
- Entiendo, entonces te reformulo la pregunta – respondió Luna - ¿Qué piensas hacer respecto a todo esto?
- Yo la quiero mucho – suspirando – Pero tú sabes que no puedo sentir por ella algo más allá del cariño de hermanos que le tengo.
Luna miró el semblante del príncipe, sabía que el día que debía volver hablar con él sobre el tema de Hermione había llegado.
- Harry – llamó cautelosamente Luna – ¿Es por lo que le sucedió a Hermione, por lo cual sientes que no mereces amar a nadie más?
Ella vio como el rostro del príncipe se ensombrecía, sus hombros se tensaban y su mirada perdía el brillo que poco a poco iba recuperando.
- Sabes, yo aún la extraño, tú sabes que ella era como una hermana para mí y por lo tanto todo este tiempo he seguido con mi vida, tratando de ser lo más feliz que pueda, por ella, porque sé que Hermione así lo hubiese querido – añadió Luna – Y sé también que ella querría que tú fueras feliz Harry.
Luna puso su mano delicadamente en el hombro del príncipe, quien no se sobresaltó y aún miraba a la nada, los minutos pasaron y ninguno decía nada, Luna esperaba y tenía fe de que Harry entendiera sus palabras.
- ¿Cómo puedo ser feliz acosta de la muerte de la persona que más amaba? – respondió Harry - ¿Cómo puedo pensar siquiera en brindar amor, si mi corazón está destruido aún?
La mujer de cabellos rubios vio como Harry se puso de pie y le daba la espalda, sus hombros aún estaban tensos, ella pensó en que decirle, pero un momento después vio como el príncipe se relajaba, volteaba y por primera vez en muchos años le mostraba una sonrisa genuina.
- Durante todos estos años… – sentándose nuevamente al lado de su amiga – Me hice esas preguntas y muchas más, pero desde hace algún tiempo, también supe que jamás iba a poderme contestar esas preguntas – tomando la mano de Luna quien le sonrió fraternalmente – Mi corazón aún está destruido y jamás me voy a perdonar que Hermione murió por mi culpa.
- Eso no es cierto Harry – refutó Luna – Hermione murió por la maldad de ese hombre.
- Sinceramente no voy a discutir eso Luna – contestó Harry – Es lo que yo siento, pero a lo que quiero llegar es, a que decidí dejar que la memoria de Hermione descanse tranquila, y que voy a tratar de tener un poco de felicidad en mi vida.
-¿Y eso no tendrá que ver con la aparición de aquella mujer que se parece tanto a ella? – preguntó suspicaz Luna.
Harry volvió a esbozar una sonrisa lo cual extrañó a Luna.
- La duquesa de Devonshire, me gustaría conocerla más.
- Harry, no es Hermione, no te dejes llevar porque se parece a ella – respondió inmediatamente.
- No lo digo por eso Luna, sé que no es ella, además te diré que conocí a alguien más.
- ¿A alguien más? – Exclamó curiosa – Príncipe Harry James Potter, te ordeno que me cuentes todo.
- Luna, tranquila – rió el príncipe – La otra persona que conocí se llama Elizabeth Riddle, es la hermana gemela de Victoria, la duquesa de Devonshire.
Luna abrió los ojos sorprendida, ¡No podía ser! Otra mujer que se parecía a su mejor amiga y Harry se lo contaba con una sonrisa "extraña" en el rostro.
- ¿Y te causó alguna impresión?
- Pues si – sonriendo – Toca muy bien el violín y es muy bonita.
Luna miró azorada a Harry, no podía estar hablando en serio. Lo que menos quería era que Harry se enamorara de una mujer que se parecía a su difunta novia, no quería que el príncipe se enamorara de la sombra de un amor del pasado, que terminó en tragedia por la crueldad de una conspiración.
- Harry, no me lo tomes a mal, pero… - suspirando – ella no es Hermione, recuérdalo.
- Luna, sé muy bien que ella no es Hermione – tomando aire – Hermione está muerta, y por más extraño que sea que dos mujeres se parezcan a ella, no estoy viendo en ninguna a la persona que más ame en lo que llevo viviendo, jamás ninguna tendrá ese ángel que tenía ella y sobre enamorarme, es imposible que yo lo haga – abrazándola – Así que no te preocupes, tan solo dije que es bonita al igual que Victoria.
- Preferiría que reconsideraras lo de Ginny, que también es una mujer hermosa, antes de que terminaras por fijarte en esas dos mujeres extrañas – comentó Luna preocupada causando la risa del príncipe.
- No seas paranoica Luna, nada de eso pasará, así que tranquila.
Ambos se mantuvieron abrazados por un momento, cerrando así su conversación sin percatarse que una mujer de cabellos rojos estaba apoyada en la puerta que se encontraba semi abierta y murmuró para si misma.
- Solo su hermana pequeña.
Ginny Weasley se retiró hacia su habitación analizando cada palabra que Harry le había dicho a Luna, ella sabía que con lo que estaba sintiendo hacia el príncipe estaba haciendo daño no solo a Draco sino a ella misma, ya que por más que quisiera no podía engañarse, sabía que Harry nunca la miraría como a una mujer, pero tampoco dejaría que un intrusa o en este caso dos intrusas que se parecían a su querida amiga entraran a la vida del príncipe.
- Te lo prometí Hermione – susurró mirándose al espejo – Ninguna Lady "tonta" se acercará a Harry, yo me encargaré de eso.
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Un niño de cabellos negros ondulados y unos bonitos ojos color avellana se encontraba sentado elegantemente en una mesa blanca que estaba ubicada en un amplio jardín, para su edad la elegancia y el porte con el cual se encontraba leyendo un libro de considerable grosor causaría extrañes, ya que cualquier otro pequeño estaría revoloteando y haciendo travesuras en ese amplio jardín que tenía una hermosa vista al mar.
La mansión Riddle después de muchos años de haber estado deshabitada, volvía a tener sirvientes por todos los rincones de la gran casa y también había un niño que aunque no sonriera mucho alegraba ese lugar lúgubre de por si.
- Por hoy la lección terminó – habló la mujer de cabellos negros que se encontraba a su lado – Es hora de que traigan el almuerzo, lleva ese libro a tú habitación y regresas enseguida.
El niño cerró inmediatamente el libro que leía tan atentamente, miró a la mujer que le hablaba y esbozó una sonrisa.
- Si mamá Victoria.
Victoria Riddle observó como el pequeño caminaba hacia la mansión y sin más ordenó a un sirviente que comenzara a llevar el almuerzo al jardín.
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El pequeño niño dejó el libro en su habitación tal y como su mamá lo había ordenado, durante un momento se sentó en su cama y observó un portarretratos donde se encontraban él y las dos personas que amaba con todo su corazón.
Con sus pequeñas manos lo tomó y lo abrazó sintiendo como las lagrimas cubrían su rostro, él debía de ser fuerte, no debía llorar, por lo cual con la manga de su traje se limpió las lagrimas, aunque esto no fue suficiente porque aún esas gotas saladas salían de sus ojos, los cuáles cerró con fuerza esperando que así pararan de salir, pero en eso, sintió como dos cálidas manos tomaban su rostro, abrió sus ojos lentamente y pudo ver la sonrisa amable y amorosa de su "otra" mamá.
- Mamá Elizabeth – logró mencionar entre sollozos.
- Mi pequeño, ¿Por qué lloras? – preguntó preocupada.
- No quiero que les pase nada, ni a ti ni a mamá Victoria – contestó tratando de contener sus lágrimas.
- No te preocupes mi amor, todo está bien, no nos pasará nada, estamos seguros aquí – sonriéndole.
- ¿Me lo prometes? – preguntó el pequeño.
- Si mi pequeño James, te lo prometo – abrazándolo.
Elizabeth y el pequeño James se quedaron así por un momento, hasta que alguien más ingresó a la habitación.
- Sabía que te encontraría aquí, Elizabeth.
La mencionada sonrió y volteó hasta la puerta donde un hombre alto, porte elegante y cabello negro les sonreía al niño y a ella.
- ¡Tío Regulus! – exclamó el niño feliz.
- Bien mi búsqueda terminó, es hora de ir al jardín a almorzar sino Victoria se pondrá algo histérica, ya saben que es muy puntual – acercándose hasta Elizabeth – Vine para ayudarte a bajar.
- Gracias Regulus – contestó Elizabeth sonriéndole.
- Tío yo iba a llevar a mamá – añadió el pequeño.
- Es cierto, olvidaba que James ya no es un niño sino todo un hombre para poder llevar a mamá ¿cierto? – preguntó al pequeño sonriéndole fraternalmente.
- Si – respondió James secándose los rastros de lágrimas de sus mejillas – Yo llevaré a mamá.
Dicho comenzó a empujar la silla de ruedas de Elizabeth quien miró agradecida a Regulus por distraer al pequeño.
Minutos después los tres ya se encontraban en el jardín donde Victoria los recibió con un pequeño regaño por llegar tarde a la hora del almuerzo, ninguno de ellos se dio cuenta que un par de ojos los veían desde la ventana del segundo piso de la mansión.
- Disfruten cuanto puedan su tranquila, las piezas ya están en movimiento y como siempre yo ganaré.
Dijo Tom Riddle sonriendo con malicia tomándose con deleite su vaso con whisky.
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El sol estaba en el horizonte, ocultándose en las aguas del mar que en ese momento se veían tranquilas. Lo cabellos negros y desordenados del príncipe de Inglaterra se agitaban y una brisa cálida envolvió su cuerpo causando que esbozara una sonrisa.
Los acantilados de Dover, a pesar de que ese fue el lugar donde se esparcieron los pétalos de rosas cuando Hermione murió, a Harry le traía mucha paz estar ahí, ese era uno de sus sitios favoritos, por la tranquilidad que le brindaba.
- Sabes Hermione, hoy tuve una conversación bastante larga con Luna – comenzó a hablar Harry mirando hacia el mar – Fue bastante gratificante, porque pude decirle muchas cosas que había estado guardando.
Harry desde hacía mucho tiempo también había tomado la costumbre de ir a los acantilados, sentarse a mirar el mar y "conversar" con Hermione, la seguridad real se quedaba a lo lejos, pero sin quitarle la mirada, quizás creían que el príncipe se lanzaría de ahí, aunque no estaban muy equivocados, porque hubo un tiempo en el cuál, Harry tenía esa idea en la cabeza, aunque de eso ya habían pasado años, en esos momentos todo para él era distinto.
- Ella te extraña mucho, al igual que yo, sabes me gustaría verte, pero sé que eso es imposible – sonriendo – Esta vez ya no me verás llorar, bueno quizás algunas veces, pero como te prometí hace unos días voy a tratar de tener algo de felicidad en mi vida, estoy seguro que tú así lo quieres – poniéndose de pie y tomando las flores blancas que tenía a su lado – Por eso ya no vendré aquí, bueno salvó el día que se cumple un año más de tú muerte, no vendré más, no porque no quiera conversar contigo, solo que quiero dejarte descansar en paz – lanzando una por una las flores – Ya no tienes que preocuparte por mí, ya estoy bien amor mío, a ti no te puedo mentir, mi corazón está destruido, pero ya me siento con las fuerzas necesarias para salir adelante, durante muchos años me encerré en mi soledad, que a decir verdad no es tan mala, pero tampoco es una buena compañía cuando tienes ideas suicidas – sintiendo una lágrima resbalar por su mejilla – Voy a tratar de ser feliz amor mío, por ti y por mí – lanzando la última flor blanca – Por favor cuida de mí desde el cielo, sé que eres un hermoso ángel allá arriba, algún día espero poder estar nuevamente a tú lado, mi amada Hermione.
Dicho esto Harry observó como la última flor volaba hacia el mar y limpió la lágrima rebelde que había resbalado por su rostro, metió sus manos a sus bolsillos y supo que ya era hora de regresar a casa.
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La noche ya había caído y el príncipe ingresó al palacio de Buckingham esperando que la cena ya estuviera lista porque se moría de hambre, llevaba tanta paz en su corazón que se sentía muy bien. Caminó lentamente hacia el ala oeste donde su piano lo esperaba y cuando estaba por entrar por el pasillo que lo llevaría hacia ese lugar, Lorean lo detuvo.
- Majestad, buenas noches.
- Lorean, buenas noches – contestó Harry - ¿Ya está la cena?
- Precisamente de eso quería hablarle – sonriendo – Aún no está lista, porque la reina mandó a cambiar el menú de esta noche, porque usted tiene un invitado el día de hoy.
- ¿Invitado? – preguntó extrañado y curioso Harry.
- Si, aquí viene Susan trayéndola.
Harry observó hacia el lado opuesto del pasillo y observó a Susan quien empujaba con delicadeza la silla de ruedas donde Elizabeth Riddle se encontraba.
- Elizabeth – exclamó Harry acercándose rápidamente – Que alegría volverla a ver.
- Príncipe Harry, el gusto es mío y disculpe mi atrevimiento de haber venido sin siquiera avisarle.
- No diga eso Elizabeth, usted y Victoria son más que bienvenidas en el palacio – mirando a Susan y a Lorean – Muchas gracias por recibirla, díganle a mi madre que estaré con mi invitada en el salón de música.
- Si príncipe – contestaron al unisonó viendo como Harry llevaba a la mujer hacia el salón de música.
- Realmente se parece mucho – añadió Lorean.
- Así es Susan, pero no es ella, aunque al contrario de su hermana Victoria, esa mujer tiene un semblante mucho más amable y bondadoso.
- Tienes razón.
Dicho esto ambas se dirigieron hacia el salón principal. Mientras tanto en el salón de música, Harry había acomodado a Elizabeth a su lado para que lo acompañara mientras el tocaba el piano.
- Me alegra mucho que esté aquí Elizabeth – sonriéndole.
- Gracias príncipe, vine aquí porque usted es la primera persona fuera de mi familia que conozco en este país, espero no ser inoportuna.
- Ya le dije que no, ¿vino sola?
- Me trajo el chofer de la familia, Victoria no sabe que estoy aquí.
- Bueno, no preguntaré porque tanto misterio, porque igual me alegra que viniera, así podré escucharla tocar el violín nuevamente, claro si está de acuerdo.
Elizabeth vio como Harry se puso de pie y sacó un hermoso violín de su caja y se lo entregó.
- Es precioso – dijo Elizabeth – Por supuesto que tocaré algo para usted.
- Muy bien, entonces yo la acompañaré con el piano.
- Hay una sola melodía que se tocar bien, aún estoy aprendiendo – añadió algo cohibida Elizabeth.
- He de suponer que es la melodía que la escuché tocar la noche pasada, cuando la conocí – dijo el príncipe viendo como la mujer asentía – Bien, no hay problema, yo también conozco esa melodía, así que toquémosla juntos.
Dicho esto ambos se sonrieron y sin más Harry comenzó a tocar la melodía, realmente no sabía que le estaba ocurriendo en esos momentos, pero estar cerca de Elizabeth a quien veía por segunda vez, lo llenaba de un inmensa paz y hasta podías decir que algo de felicidad, ver aquella sonrisa y escuchar como tocaba el violín, lo hacía sentirse muy bien.
La melodía se dejó escuchar por todo el palacio, donde Lily y James Potter se asombraron al escuchar que su hijo después de tanto tiempo tocara el piano y mucho más tocara esa melodía. Ambos se habían asombrado al ver llegar al palacio a aquella mujer que se parecía tanto a Hermione, pero que no era Victoria Riddle, la duquesa de Devonshire, sino su hermana gemela Elizabeth Riddle, en el momento que la vieron no pudieron dejar de sentir la impresión de ver a alguien igual que Hermione, pero cuando habló y trató con ellos, sintieron bastante simpatía, por lo cual la reina la insistió a que se quedara y esperara a su hijo.
- Me alegro de que allá venido – dijo Lily a su esposo – Harry está feliz.
- ¿No estará confundiendo a esa muchacha con Hermione? – preguntó preocupado James Potter.
- No lo sé, solo espero que su felicidad esta vez perdure.
Ambos siguieron escuchando la melodía por mucho tiempo, mientras que en las afueras del palacio una mujer de larga cabellera negra bajaba de una limosina y escuchaba aquella canción.
- Elizabeth, lo hiciste, lograste aprenderla a la perfección.
Victoria Riddle miró hacia el palacio de Buckingham y sonrió de medio lado.
- Ahora si está dentro de esta telaraña, Harry Potter y no te librarás de ella, hasta que tu corazón deje de latir.
Fin del Capitulo
No diré lo siento, porque no sé si me perdonarán por haberlos abandonado durante tanto tiempo. Solo espero que les haya gustado el capitulo y espero traerles otro pronto.
Muchas gracias por aún leer esta historia, y se que tienen muchas preguntas, pero todo tiene un porque en esta historia y pronto se resolverán todos los enigmas.
Cuidense.
Saludos
Usagi
