Disclaimer: Ningún personaje de HP me pertenece, todos son de JK. Rowling, que aunque destruyó mi ilusión de ver plasmado en sus libros la pareja Harry y Hermione, la admiro.

* Leer Nota de Autor al final

Capitulo 7: Recuerdos fragmentados.

Negro, aquellas hebras de cabello negro como la noche más oscura y sin estrellas bailoteaban con la brisa del mar que se colaba por la ventana, él podía escuchar los murmullos y el llanto de una mujer. Muchos pensaban que aún era muy pequeño para comprender que es lo que había ocurrido, tener diez años y haber visto como asesinaban a tus padres, solo iba a pasar como un mal recuerdo.

Todos en aquel salón lo miraban con pena, pero a él no le importaba si sus padres estaban muertos, no es como si los hubiera querido. Realmente nunca los conoció y aquella noche en la que los seguidores de la revolución que se llevaba en Inglaterra - para quitar a los Riddle del trono y colocar a la verdadera familia que merecía ese título – ingresaban a la mansión Riddle que era el refugio del Rey derrocado y lo asesinaban frente a los ojos del bastardo heredero, él no sintió ningún tipo de pena, mucho menos cuando mataban a su madrastra que hasta el final lo miró con repugnancia y odio.

Él miró a aquellos hombres que por un minuto se fijaron en el niño y luego se fueron corriendo, sin darse cuenta de la sonrisa siniestra que se formaba en aquella pálida cara.

Tom Sorvolo Riddle, ex – heredero a la corona de Inglaterra esa noche se sintió dichoso por la muerte de sus padres, pero maldijo a los Potter por haber tomado el trono de Inglaterra y haberlo quitado de la línea de sucesión, aduciendo que él era el hijo bastardo del derrocado rey y su sangre real mezclada con sangre plebeya no era digna para estar en la línea de sucesión.

Desde aquel momento supo que no estaría tranquilo hasta ver al último Potter desaparecer de la faz de la tierra, nadie se atrevería jamás a darle otro premio de consolación, alegando que ahora que no sería Rey se merecía el título de Duque de Devonshire.

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El rostro pálido, los ojos oscuros y la sonrisa sarcástica recorría aquella carta que le había llegado, realmente haber encontrado a aquel bastardo y hacerlo su aliado había sido bastante productivo. Bueno aunque ahora ya no podía contar con sus servicios de manera directa, aún estaba en su memoria presente cada una de las debilidades de la estúpida familia real.

Tuvo que esperar tantos años, hasta que por fin uno de los más condescendientes herederos tomara el trono. Si Charlus Potter aún estuviera vivo, sus planes se hubieran desestabilizado, pero ese no era el caso. Su hijo, James Potter había resultado ser más contemplativo con sus enemigos, seguramente su esposa, lo había abstraído de ser más suspicaz. Por eso aún esos dos creyendo en la redención, habían hecho que solo encerraran en la cárcel a Severus Snape. Dicha "cárcel" no era otra cosa que un lugar de donde no puedes salir, pero por dentro tienes todas las comodidades que afuera pudieras tener.

Había que ser estúpido para encerrar a tú peor enemigo allí, estaba seguro que sus frases fueron: "Perdona al que se equivoca, no odies a tus enemigos, enséñales a ser una mejor persona", la gente con ese tipo de pensamiento era idiota, por eso Severus Snape para él seguía siendo un aliado importante, aunque estuviera encerrado.

Tom Riddle rompió la carta que le había llegado y lanzó los pedazos al fuego, la información que Snape le había brindado era bastante buena. Sus ojos y oídos había sido aquel hombre, cuando Riddle se encontraba fuera de Inglaterra, la conspiración se dio gracias a él y aunque al final casi todo se descubrió, nada de eso fue al azar. Él había movido todas las piezas y todo encajó perfectamente.

Aunque casi al final de todo hubo sorpresas, pero dichas situaciones fueron a su favor y por eso él ahora personalmente movería las piezas desde Inglaterra. Faltaba tan poco para destruir a la absurda y feliz familia real.

Pero aún tenía que esperar, ya estaba por acabar con el eslabón más débil, ese estúpido e idiota príncipe sería el primero en desaparecer, y todo eso vendría de la mano de esas dos gemelas que él entrenó bien.

Elizabeth y Victoria, seguramente sus padres estarían revolcándose en sus tumbas al ver lo que sus hijas estaban haciendo, su hijo fue tan estúpido de casarse con una plebeya y engendrar dos estorbos más, que jamás pensó que debería de haberlo felicitado, bueno su hijo ahora estaba muerto junto a la escoria que tuvo como esposa, así que solo les haría el favor de encaminar a sus nietas al abismo de su propia destrucción.

Aunque quizás podría conservar a una de ellas, solo una, ya que al inicio de todo siempre existió solo una y la otra tan solo apareció en el camino de toda la telaraña que él desde sus diez años tejió.

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Lily Potter se encontraba con los ojos cerrados, disfrutando de la agradable melodía que su hijo tocaba en el piano en esos momentos –Claro de Luna – a su lado su esposo acariciaba sus manos a la par que escuchaba la melodía.

Su embarazo iba del todo bien y aunque aún faltaban siete meses para que su segundo hijo llegara, ella no veía las horas en tenerlo entre sus brazos. Abrió sus orbes esmeraldas y observó el rostro sereno de Harry, hacía tanto tiempo que no lo veía así y por un momento a su mente vino el recuerdo de aquella noche en la cual casi lo pierde nuevamente.

Esa noche en la cual la luna brillaba en lo alto y la música de Claro de Luna inundaba todo la mansión de descanso. Lily recordaba haberle pedido a James regresar a la mansión porque tenía un mal presentimiento y lo confirmó cuando ingresó hacia el salón principal y vio un estéreo prendido a todo volumen y saliendo aquella melodía que en esos instantes su hijo tocaba.

Recordaba que había subido a la habitación de su hijo y no lo había encontrado, su esposo había ido con la seguridad real para preguntarles si el príncipe había salido, pero su corazón de madre sabía que él aún estaba ahí. Ella bajó corriendo las amplias escaleras y fue hasta el jardín, cuando llegó hasta allí esperaba verlo sentado en aquella fuente, pero sintió como la sangre se le congelaba al no encontrarlo. Ella ya estaba por retroceder, pero su corazón le decía que él estaba ahí, así que caminó lentamente y uno de sus peores miedos se hizo realidad.

Harry estaba en la fuente con los brazos extendidos y el agua en la cual flotaba era roja por la sangre que manaba de sus muñecas laceradas con saña, sus ojos esmeraldas desenfocados observando el cielo y su rostro blanco sin vida.

Su grito fue desgarrador, su hijo, su razón de ser no podía estar muerto, no podía haberse quitado la vida, su mente se nubló y solo cuando James llegó a su lado y sacó a Harry de esa fuente y comprobó que aún tenía pulso, pudo reaccionar y llamar a una ambulancia.

Pero ahora después de tantos años verlo con vida y con ganas de seguir adelante hizo que su corazón se estrujara de felicidad, y lloró en silencio al sentir que realmente ahora las cosas se estaban encaminando y que su Harry iba a ser feliz.

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El Big Ben, aquella gran campana ubicada dentro de la Torre del Palacio de Westminster, en la esquina noroeste, actualmente habitada por el Parlamento Británico el cual está dividido por la cámara de los Lores y la cámara de los comunes, en esa tarde de Domingo se encontraba casi vacía, los parlamentarios ese día se encontraban en sus casas con sus familias y eso era porque el rey, James Potter les ordenó que se marcharan.

Era veinticuatro de Diciembre y la navidad estaba a unas escasas cinco horas, solo algunas personas estaban terminando sus labores y ya se iban a casa, de eso se estaba encargando el príncipe Harry, quien en ese momento se encontraba observando por una de las ventanas la bonita nieve que adornaba la ciudad de Londres.

Harry sonrió de lado al ver como las luces navideñas no habían sufrido daño alguno y en ese momento eran encendidas, una vista maravillosa, así lo describía. Hacía tanto tiempo que no se sentía tan feliz de que la navidad llegara, que no sabía cómo describir todo lo que estaba sintiendo, que no escuchó como un par de tacones resonaban por el pasillo donde él se encontraba enfundado en su gabardina gris oscura y sus manos se encontraban de manera casual en sus bolsillos, su camisa de color negra resaltaba su blanca piel y su cabello negro azabache lucía algo despeinado.

Sus ojos esmeraldas resguardados por sus lentes de montura redonda miraban despreocupados el paisaje sin saber que era observado por dos pares de ojos azules.

- Harry, que alegría verte.

El príncipe de gales se sorprendió al escuchar aquella melodiosa voz a sus espaldas y volteó sin borrar su sonrisa, la cual se congeló al ver frente a él a Victoria Riddle.

- Parece como si hubiera visto un fantasma, príncipe.

- ¿Te encuentras bien Harry?

Desde hace dos semanas Harry no había visto a Victoria Riddle, desde hace dos semanas que en su mente rondaba la imagen difusa de una hermosa mujer bailando sensualmente en medio de la pista de baile de aquel bar al cuál fue con sus tres amigos, hacía dos semanas que aquel beso apasionado que se dieron no se borraba de sus labios.

Y en ese momento no sabía que reacción tener hacia ella. Pero al parecer Victoria no estaba sola y no había sido ella quien lo había llamado por su nombre, sino su hermana gemela, Elizabeth Riddle, que delicadamente tomó su brazo haciéndolo reaccionar.

- ¿Harry?

Harry salió de su ensimismamiento y saludó a ambas.

- Duquesa, buenas tardes – saludó con elegancia – Un gusto verla.

- Buenas tardes, príncipe Harry – contestó ella mirándolo fríamente.

- Eli – exclamó Harry agachándose para darle un beso en la mejilla – Un gusto verte.

- Lo mismo digo Harry, pensé que te habías olvidado de mi – comentó con timidez – Hace mucho que no salimos a tomar algo.

- Si, tienes mucha razón he sido un ingrato.

Victoria escuchó como el príncipe y su hermana reían, se dio cuenta que realmente se habían hecho amigos, pero ella sabía que Elizabeth por ese sentimiento que tenía hacia el príncipe que no solo era de amistad, la haría detenerse al momento de matarlo. Por eso su decisión aún estaba en pie, pero dentro de ella al ver a Harry reír con Elizabeth y hablarle con tanta confianza hizo que sintiera algo extraño y el maldito dolor de cabeza que siempre tenía lo comenzó a sentir fuertemente.

Necesitaba su pastilla y ese estaba en su bolso que dejó en su auto.

- Las invito a ver un festival de patinaje sobre hielo – añadió Harry mirando a las gemelas.

Victoria que estaba concentrada en hacer que la migraña no se acrecentara, miró a su hermana que le contestó al príncipe que si y ella quería mucho a su gemela, por lo cual decidió dejarla ir, por ese día.

- Bueno entonces es hora de irnos.

Comentó Harry al no escuchar negativa de ninguna de las gemelas, esperaba poder conversar con Victoria sobre lo sucedido en el bar hace dos semanas, quería disculparse por haberla besado de esa manera.

- Elizabeth, príncipe – habló Victoria – Discúlpenme pero no puedo ir con ustedes.

- ¿Te encuentras bien Victoria? – comentó Elizabeth viendo el rostro casi inmutable de su gemela.

- No – contestó secamente – Príncipe por favor, lleve a mi hermana a la mansión luego de aquel espectáculo, recuerde que debemos de ir al Palacio de Sandringham para la fiesta navideña a la cual su padre amablemente nos invitó y mi hermana debe de alistarse.

Harry estaba por comentar algo, pero vio como Victoria le hizo una reverencia, miró a su hermana y se fue dejándolos solos, escuchando sus tacones resonar en el pasillo.

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La pareja de bailarines que patinaban daban un espectáculo impresionante y bellísimo, Harry podía ver lo emocionada que estaba Elizabeth y sonrió complacido, sabía que le iba a gustar, al observarla podía reafirmar que se sentía tranquilo y feliz a su lado, su corazón se encontraba en paz, aún se sentía algo confundido por lo que siento al besar a Victoria, pero aquella confusión se iba cuando a su lado estaba Elizabeth Riddle.

Hace bastantes días atrás, muchos más antes que se besara con Victoria, había estado dándose cuenta que la paz que sentía la estar con Elizabeth lo había ayudado a estabilizar su vida y tomar las riendas de la misma. Si en tan poco tiempo había podido lograr eso en él, quizás ella era la persona a la cual debía de tener a su lado, quizás era ella la que podía apaciguar su soledad, quizás era ella la que haría que él volviera a amar.

Elizabeth se sintió observada y volteó hacia Harry sonriéndole, él la miraba con bastante intensidad que hizo que sus mejillas se colorearan de carmín, el príncipe extendió una de sus manos y acarició la mejilla de la mujer de cabellos cobrizos, ella se sorprendió pero sintió en su corazón aquel sentimiento que creyó perder hace tantos años atrás y cerró sus ojos sonriéndole aún.

Harry la observaba, realmente parecería muy bizarro que él llegara a enamorarse de una mujer que se parecía físicamente a su anterior novia, pero Elizabeth tenía un ángel que era tan distinto al que tenía Hermione, pero que de la misma manera le atraía. Aquella pureza que se vislumbraba en sus ojos azules y aquella dulzura que manaba de cada acción, de cada palabra que ella expresaba. Todo aquello era un imán que lo llamaba a acercarse en ese momento cada vez más a ella.

Elizabeth sintió como el aliento del príncipe estaba cerca a ella y sintió muchos nervios en su interior, ¿la besaría? Se preguntó, pero su respuesta llegó al instante, ya que sintió en su frente como el príncipe depositaba un delicado beso y le decía:

- Eres hermosa Elizabeth, que mi propia oscuridad te lastimaría.

Ella miró a Harry algo desconcertada, pero no pudo hacer ningún comentario, porque un par de flashes la cegaron. Vio como Harry se ponía de pie y miraba como su seguridad trataba de alejar a las paparazzi.

- Harry, ¿Qué hacemos? – preguntó Elizabeth.

Pero vio como él no podía contestarle porque algunos paparazzi gritaban haciéndole preguntas: "¿Príncipe, es ella su novia?, ¿Cuál de las gemelas Riddle es?, ¡Príncipe, contéstenos!

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- Harry, cuando aprenderás a colocarte bien la corbata.

- Pues cuando tú pelirroja me dejes corregir mi error al colocármela.

Ginny quien estaba vestida con un hermoso vestido rojo vino, pellizcó en el hombro al príncipe.

- ¡Auch! – exclamó.

- Eso es por no valorar mi ayuda – contestó la pelirroja sonriendo.

- Pequeña resentida – respondió el príncipe de gales.

Ambos se miraron y rieron, desde hacía varios días, específicamente desde hace dos semanas, Ginny lucía diferente, la mirada melancólica que llevaba había desaparecido casi completamente y las insinuaciones que sutilmente le hacía a Harry habían desaparecido. Ella y Draco aquella noche en el bar habían conversado sin pelearse, y ella aunque aún seguía sintiendo algo de confusión por lo que sentía por el príncipe, decidió darse una última oportunidad de con Draco Malfoy, podía creer que amaba a Harry, pero no podía estar lejos del muchacho de cabello rubio platinado. Se dio cuenta que no era costumbre, era algo más allá del cariño, era algo más allá del querer y aquella noche se sinceró con Draco, quien le dijo que quizás era amor y él le ayudaría a descubrirlo.

Ella al ver a Harry besarse con una muchacha que no reconoció al momento, pero que después se dio cuenta que era aquella duquesa, decidió darse la oportunidad, no por despecho sino por ella intentar ser feliz al lado de alguien que la amaba.

- Bien, ya está – comentó sonriendo satisfecha Ginny.

- Gracias mi Lady, no sé que habría hecho si usted no estaría aquí para ayudarme.

- Seguro que hubieras recorrido todo el mundo para buscarme – comentó Ginny – Oh quizás hubieras llamado a la duquesa de Devonshire para que te ayudara.

Harry se sorprendió al escuchar que Ginny nombraba a Victoria.

- ¿La duquesa? – Arreglándose el cabello frente al espejo – No entiendo porque la tendría que llamar para que me ayudara con algo tan personal.

- Bueno pensé que después de que la besaste había algo más entre ustedes.

Harry miró por el espejo a Ginny quien se había sentado en su cama, dejó de arreglarse su cabello, ya que siempre era una batalla perdida, volteó y la miró.

- Ella y yo no tenemos nada.

- Pues esa noche y aquella efusividad con la cual la besaste me dice todo lo contrario.

- Y si te dijera que me he enamorado de ella – cruzándose de brazos - ¿Qué opinarías?

El semblante tranquilo de Ginny cambió a uno de ira al escuchar la pregunta de Harry, se puso de pie y le dijo.

- ¡Tú no te puedes enamorar de ella!

- ¿Por qué no?

- ¡Por qué solo te estarías enamorando de alguien que se parece físicamente a Hermione, esa duquesa ni siquiera se acerca a ser tan buena persona como lo fue Hermione, tú no te puedes enamorar de esa!

- Vaya, veo que no te agrada mucho.

- ¡Claro que no me agrada!, es tan superficial y ese semblante tan serio y sarcástico – cruzándose de brazos – No me gusta para ti, ni ella ni su hermana, ambas son una copia mal hecha de Hermione.

- Tranquila, no me he enamorado de ninguna de las dos – caminando hacia la ventana de su habitación – Ya te dije que nunca más me voy a enamorar, y aunque yo opine que tanto Elizabeth y Victoria son buenas personas, no siento más que amistad por ellas – mirando las luces de colores de la ciudad – Así que tranquila Ginny, el corazón que se podía enamorar ya no se encuentra aquí, se fue junto a Hermione.

Ginny observó a Harry y se recriminó mentalmente por haber hablado de más, por haber hecho que el príncipe se pusiera melancólico al recordar a Hermione, pero la cólera que sintió al escuchar que él se había enamorado de esa dichosa duquesa, hizo que la desconfianza que le daba dicha mujer se saliera de control y ella gritara todo lo que le había dicho al príncipe. Pero realmente las pocas veces que había escuchado a Victoria Riddle hablar, le infundía desconfianza, aquellos ojos azules eran fríos y calculadores, nada que ver con los ojos color miel llenos de amabilidad de su querida amiga Hermione. La que más se parecía a Hermione era Elizabeth, pero también le infundía desconfianza por la misteriosa aparición que había tenido en la vida del príncipe de gales.

Esto se lo había comentado a Draco, quien primero creyó que se debía a los posibles celos que ella sentía, pero cuando aquella noche vio a esas dos gemelas, su sentido de desconfianza se activo y ambos habían decidido investigar a la familia Riddle y aunque aún no habían encontrado nada, sabía que si había algo turbio ellos lo encontrarían.

Ginny se acercó hasta Harry y colocó a su lado, ninguno volvió a mencionar nada respecto a la reciente platica, tan solo miraron en silencio las luces de colores que adornaban las calles de Londres y la nieve que hermosamente se encontraban en las copas de los árboles, como guirnaldas.

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La fiesta por Navidad ya había comenzado hacia más de media hora, aún faltaban dos horas para que llegara el veinticinco de Diciembre, en el salón principal del palacio de Sandringham, que era donde la familia real se trasladaba todas las navidades, se encontraba decorado hermosamente, en cada habitación del palacio había un árbol de navidad plateado y en algunas rincones un muérdago sorprendía a algunos.

La familia real se encontraba conversando amenamente con sus invitados – entre amigos, parlamentarios y familiares – La noche se presentaba con un clima frío pero que dentro de las paredes del salón principal no se sentía, es más el ambiente era acogedor.

Tom Riddle, el duque de Devonshire miró sin ningún atisbo de alegría aquel ambiente, es más odiaba ver tanta gente estúpida sonriendo de felicidad por esa maldita fecha, dirigió su mirada hacia sus dos nietas y con un movimiento les indicó que debían acercarse hacia la familia real.

Regulus Black siguió a la familia Riddle y en el camino se cruzó con la mirada extrañada de su hermano mayor, sin darle mayor importancia siguió su camino mirando atentamente a Elizabeth quien sonreía al observar al príncipe Harry que en ese momento tenía en brazos a un niño de cabello rubio.

El hermano menor de Sirius, aferró más la pequeña mano de James Riddle, quien miraba con algo de asombro la hermosa decoración del palacio. Regulus aún estaba muy molesto, no concebía la idea de ir a esa fiesta de navidad y mucho menos llevar al pequeño James, en toda esa maldita conspiración de venganza no debían de inmiscuir a inocentes. Pero nuevamente su petición no fue escuchada, Tom Riddle lo volvió a amenazar con lastimar a su persona más querida, por lo cual aceptó dejar ir al niño, pero él debía ir también.

La familia Riddle llegó hasta donde la familia real se encontraba, James, Lily y Harry fueron saludados por el duque de Devonshire que llevaba una sonrisa algo sarcástica, pero que no fue percibida por ninguno de los tres, solo un par de ojos grises miraron con desconfianza a esas personas y tomó nota mental de hacerle saber a Ginny que debían apresurar las investigaciones, Draco siempre se movió en el circulo de sus padres que estaban llenos de personas hipócritas y crueles, y la mirada de aquel duque tenía todas las características de aquellas personas. La misma mirada la tenía aquella duquesa, pero lo que le preocupó más es ver la mirada que Harry Potter le dirigía a Elizabeth, ¿una mirada de amor? Se preguntó mentalmente, esa otra gemela lo intrigaba, era la que más se parecía a su difunta amiga, pero en esa bizarra imagen algo era totalmente diferente.

Elizabeth y Victoria, la duquesa y la hermana, dos gemelas, dos misterios que descubrir, el hombre de cabellera rubia tomó otra copa de champagne y sonrió de medio lado al observar como ahora Harry observaba a Victoria y se preguntó si aquella mirada era de ¿deseo? ¿Amor imposible?, realmente Harry lo estaba sorprendiendo, una cosa era que le gustaran dos mujeres, otra muy diferente era que le gustaran dos gemelas que eran tan parecidas a su novia, que hacía más de diez años había muerto.

Hace diez años, cuando Draco escuchó a la policía decirle a la familia real que nadie había sobrevivido a la explosión del avión y que los cuerpos de los tripulantes se habían pulverizado, por llamarlo de alguna forma. Él dudo, si dudó, porque no podía creer que Hermione Granger hubiera muerto y desaparecido de esa manera.

Nunca le mencionó nada a nadie, pero él hizo que su padre contratara a especialistas para que estudiaran la escena del atentado, que buscaran, pero lamentablemente aquellos especialistas le confirmaron que todo se había desintegrado, pudieron obtener muestras orgánicas pero que iba a ser muy difícil determinar a quién pertenecía, pero que si él deseaba podían intentarlo. Pero Draco no resistió querer saber más y dejó todo aquello, debía de dejar descansar en paz a Hermione y ayudar a Harry a sobreponerse.

Pero en la actualidad algo le decía que debía de reabrir aquella investigación, algo en toda esa atmosfera tan tranquila estaba mal, algo en esas dos gemelas estaba totalmente mal y él, que no pertenecía a la familia real lo iba a averiguar.

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Edward Weasley jugaba alegremente en su habitación, ya era la una de la mañana y la cena navideña y los abrazos ya habían pasado, a pesar de su corta edad aún no tenía sueño, por lo cual su mamá le permitió seguir jugando hasta que el sueño viniera por él.

Estaba ensimismado jugando con uno de los carritos de juguete de la colección de autos que su tío Draco le regaló, que no sintió cuando aquel niño que ahora lo observaba había ingresado a su habitación.

- Son muy bonitos.

Eddie, levantó la mirada y observó al niño por un momento, luego le sonrió y le contestó.

- ¿Quieres jugar conmigo?

El otro niño lo observó dudoso, su abuelo siempre había sido bastante estricto con él y jamás le había permitido acercarse a alguien que Tom Riddle no aprobara.

- Soy Edward - añadió el pequeño Weasley tratando de darle más confianza – Juguemos, será divertido – agregó entregándole un carrito de color azul.

- Mi nombre es James – sentándose en el suelo al lado de Edward – gracias por invitarme a jugar.

El pequeño Weasley tan solo se encogió de hombros, ese niño era un poco raro pensó, nunca nadie le había agradecido por él haberle dejado jugar, pero igual se alegró de tener compañía, a veces estar rodeado por personas mayores le resultaba aburrido.

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"Y bien, como todos los años el baile por navidad se llevará a cabo, el Rey y la Reina darán la apertura, aplausos por favor"

Todos observaron como Lily y James caminaban hacia el centro del salón y escuchando el vals "El Rey y la Reina" aperturaron el baile, que por tradición constaba de cinco canciones.

Los invitados comenzaron a bailar, cada uno sumido en su propio mundo feliz, disfrutando de la atmosfera navideña.

Elizabeth estaba al lado de Harry, quien sonreía mirando a sus padres bailar y riendo por una de las bromas que seguramente Sirius les estaba haciendo y Remus Lupin lo jalaba fuera de la pista para que los dejara bailar, el príncipe esa noche había tomado varias copas de champagne y sus mejillas sonrosadas delataban que no estaba sobrio pero tampoco estaba borracho.

Ella observó al príncipe y vio que se movía un poco en su silla, estaba bailando sentado al ritmo de aquel vals que sonaba en el palacio, y Elizabeth se sintió triste, ella no podía bailar, aquel accidente había hecho que sus piernas se quedaran paralizadas, en ese momento no podía describir que era exactamente lo que Harry significaba para ella, pero aún no estaba segura que no le haría daño, haría hasta lo imposible por saber porque su abuelo quería destruir a la familia real, Victoria era la que sabía la razón pero no se la querían decir.

Siguió la mirada de Harry y vio que una lágrima escapaba de sus ojos, quiso decirle algo, pero antes de que mencionara algo, él se pudo de pie dirigiéndose hacia las escaleras del segundo piso.

oOoOoOoO * oOoOoOoO

El príncipe caminó por el ala norte del palacio, tarareaba la melodía de aquel vals que seguía sonando en el primer piso. Ese vals había sido el primero y el último que bailo con Hermione, por lo cual hace unos minutos una lágrima se escapó de sus ojos y decidió en ese momento que ya era hora de irse a dormir, el champagne estaba haciéndole perder aquella tranquilidad que ya había obtenido. Ni siquiera estando al lado de Elizabeth pudo recobrar la compostura, mañana ya se disculparía por dejarla sin decirle nada.

Caminó por el amplio pasillo que estaba a oscuras y llegó hasta donde un amplio ventanal le daba una hermosa vista hacia el jardín, que estaba iluminado por luces de colores.

Se quitó el saco lentamente, doblo las mangas de su camisa y estiró sus brazos hacia la luz dejando ver las cicatrices de sus muñecas, durante varios minutos se quedó observando, realmente no podía recordar claramente aquella noche que quiso suicidarse, lo sintió como un sueño, mejor sería describirlo como una pesadilla.

Recordaba solo la imponente y brillante luna de aquella noche, y luego solo el frio del agua de la fuente.

Harry dejó de observar sus cicatrices, se quitó los ojos, cerró sus ojos y se concentró en escuchar la melodía, recordando aquella noche en la cual bailó por última vez con Hermione.

Ambos miraban la luna que brillaba en el cielo e iluminaba la habitación en la que se encontraban conversando, las risas de los demás habían quedado menguadas por una melodía que seguramente Sirius había puesto para que todos pudieran bailar.

- Nunca he bailado contigo este tipo de música ¿verdad? – preguntó Harry escuchando el vals que tocaban en los bailes de gala en el Palacio.

- No y para serte sincera no sé bailar esta música – contestó la muchacha de rizos castaños.

- Pues no se diga más – extendiendo su mano – Acepta bailar conmigo hermosa señorita.

Hermione se sonrojó por el gesto de Harry, pero se negó a bailar.

- No Harry, voy hacer el ridículo, para esta clase de bailes tengo dos pies izquierdos y…

- OH vamos Hermione, yo he bailado las canciones que están de moda en tú país aunque no supiera – añadió Harry.

- Bueno está bien, al menos no tengo público.

Dicho esto Harry rió por el comentario de Hermione y con delicadeza colocó una mano en su cintura y con la otra tomó su mano.

- Solo sígueme – sonriéndole – Uno, dos, tres.

Hermione sintió como Harry la mecía de un lado para el otro con elegancia, la melodía que sonaba la hizo sentirse como si estuviera flotando y junto a ella un príncipe le sonreía, su príncipe.

- Ya ves que sabes bailar – habló después de un momento Harry.

- Es porque tengo un buen profesor – añadió Hermione sonriéndole ampliamente – Realmente bailas muy bien este tipo de música, pero me pregunto porque el otro tipo de canciones no lo haces tan bien como ahora.

- Me parece o eso era un comentario algo burlón, Hermione Granger – paró de bailar Harry sin soltarla.

- Pues tendré que decirle la verdad, Harry Potter – riéndose – Si es eso.

Harry rió junto a Hermione y antes de que ella lo previera, el le dijo:

- Esta es mi parte favorita, así que prepárese señorita.

Hermione escuchó como la melodía se volvía más rápida y Harry la hacía girar junto a él por el espacio entra la terraza y la amplia cama que había en la habitación.

- Uno, dos, tres – reía Harry – Y más rápido.

- Uno, dos, tres.

Harry repetía aquello y escuchando la música comenzó a bailar solo, trataba de imaginarse y sentir que ella estaba con él, durante un momento dio varias vueltas solo, y seguía repitiendo uno, dos, tres, sin abrir los ojos, pero en un momento sintió como un cuerpo delicado se colocaba con él, quiso abrir los ojos pero aquella persona le dijo.

- Sigue bailando, no abras los ojos Harry.

El corazón de Harry latió desaforado y siguió bailando, en ningún momento abrió los ojos, con todas las vueltas que estuvo dando y el champagne, se empezó a sentir mareado, pero no quería parar de bailar, la voz de aquella mujer que estaba a su lado, el aroma que invadía su ser no lo dejaba. Con la mano que estaba tomando la delicada cintura, tomó el cabello y las ondas perfectas de este, hizo que nuevas lágrimas cayeran de sus ojos.

- No llores Harry, nunca más te dejaré solo, nunca más.

Harry tan solo escuchó aquella frase y se aferró mas a aquella delicada cintura, ahora ya no bailaban. Él se dejó llevar y escuchó como la puerta de una de las habitaciones se abría, todo para él era tan irreal, que temía abrir los ojos y encontrarse solo, por lo cual cerró fuertemente los ojos.

- Tú me dejaste Harry, pero yo no lo haré ahora.

El príncipe sintió como era inducido a recostarse en un sillón, ahora ya no podía comprender lo que ella decía, y se aferró más al cuerpo delicado.

- Hermione, te amo.

En ese momento él abrió sus ojos y en toda la oscuridad reinante en aquella habitación, solo vio difusamente la silueta de una mujer y el cabello ondulado.

Harry sonrió y aunque quería levantarse para no dejarla ir, su cuerpo no resistió más y se quedó dormido.

Durante un momento aquella mujer se quedó observándolo, después de unos minutos se puso de pie y cuando estaba en el umbral de la puerta miró al príncipe.

- Yo te odio Harry Potter y claro que no te dejaré solo. Te perseguiré hasta que des tú último respiro y mi rostro será el último que verás – sonriendo – Sigue confundiéndome con Hermione, porque ella aunque ya esté muerta, será tú perdición.

Victoria Riddle dejó al príncipe en aquella habitación y sus tacos resonaron por todo el pasillo, Tom la esperaba en la escalera y sonrió satisfecho al ver a su nieta cumpliendo con su objetivo.

Fin del Capitulo

¡Hola!, pues antes que nada ¡Feliz Navidad!, espero que la hayan pasado bien junto a sus seres queridos.

Bueno este es el último capítulo del año 2009, espero que les haya gustado, y ¡vaya! Espero que sus dudas sigan rondando por sus cabecitas. ¿Quién es Hermione?, ¿Victoria?, ¿Elizabeth?, ¡manden sus apuestas! Jeje.

Si les apetece me mandan sus hipótesis sobre que realmente sucedió y que es lo que piensan que va a suceder. Cuando termine la historia, que serán unos cuantos capítulos más, les diré quie se acercó más.

Ahora si me despido, ¡Feliz Año Nuevo! Y nos leemos en el 2010.

Saludos

Usagi Potter