dos de cuatro
Mucha agua ha pasado bajo los puentes, Madre y los vientos han cambiado de dirección.
No sé por que te escribo. No sé por qué mantengo este diario, cuando ya casi nada me queda por decir.
Sí, él ha muerto; no en mis brazos y no en mi presencia y siempre pensé que llegado ese momento, me volvería loco y no ocurrió.
Es sólo que ya nada me queda por sentir por él.
Nada.
Lo amé y odié casi en la misma medida.
Marcó mi vida, educándome y malcriándome, seduciéndome y enseñándome cuán torpe, estúpido, cobarde, inteligente y valiente puedo ser.
Me hizo pulir la alabarda de nuestro Escuadrón, La Miseria, hasta dejarla como un verdadero símbolo.
Le dio sentido al significado de mi zampakutou, Wabisuke y me dio sentido a mí, con ello.
¿Lo he perdido? ¿Puede uno perder algo que ya no tiene? No lo creo.
Pero es cierto que la presencia de su reishí no está más, que nunca volveré a ver su sonrisa mas que en sueños y que no habrá nada que me cure de su ausencia, sabiendo ahora que ésta es real y que la esperanza por fin, se me ha terminado.
Agradezco al Rey del Cielo y al resto de los dioses por el tiempo juntos, por cada beso, cada rasguño, cada roce de su piel.
Y los deploro y odio, por haberme dejado conocerlo; mi vida era inocente y calma y mi destino, el de un shinigami con cierto talento, con ciertos atinos.
Después de él, mi futuro tranquilo se desvaneció hasta la sombra, hasta la idea.
Después de él, mi vida anterior pareció insulsa, aburrida, inútil.
He visto y conocido humanos, hollows y otros shinigami, con el mismo tipo de pena en sus corazones, la esperanza ausente, de alguna forma, y no comprendía cómo les era posible vivir.
Creo que sé ahora lo que un hollow siente –o no siente- dado el hueco que llevo donde mi corazón estaba.
Ni siquiera puedo sentir dolor o pena y de sentirla, no sería por mí –no más- ni por él.
Sería por el dolor intenso en el llanto de Rangiku o el silencio absoluto de Toushirou; dos formas de expresar la pena por la pérdida, por la ausencia, de las que yo, en mi Miseria, carezco ya.
'Misery loves company', es decir, 'La Miseria ama la compañía', es una frase que aprendí, de un humano que me tocó hacer pasar al otro lado.
Pero yo, madre, no me siento particularmente miserable como para ser acompañado.
Delegué mi posible ascenso en Abarai y urgí a Kuchiki taichou a recomendarlo con los demás capitanes. Es Renji quien debe dirigir el San Bantai; yo jamás tuve la capacidad.
Solicité al Soutaichou ser enviado fuera del Gotei 13, que al fin y al cabo el Ningenkai no es el único existente en este universo y la muerte y los shinigami son necesarios en éste y otros mundos.
Amé a Ichimaru Gin.
No puedo decir que lo ame todavía. No puedo decir que lo amo. Ya no.
Irónicamente, su presencia, amor y odio por él y de él, fueron todo durante mucho tiempo de mi vida como shinigami, un peso del que habría pagado lo que fuera por deshacerme.
Ahora, en su ausencia, ni siquiera siento dolor o és este tan intenso que no me permite llorar, cuando todos esperaban que lo hiciera.
No soy feliz de haberle perdido y me siento orgulloso de él, por haberle amado, por haber sabido siempre, que su sonrisa no era gratuita y que en el fondo, estaba burlándose de todos nosotros, por creerlo un vil traidor, una mente simple de colores netamente blanco y negro.
Nunca es esa la realidad.
No volveré a la Tierra, al Ningenkai. O no al menos, a éste.
Me esperan mil mundos diferentes y quizá mil rostros diferentes de Gin, bajo pieles de otros colores, en otros idiomas, en identidades distintas.
Tengo en mí la vida suficiente para destruir a millares de hollows, atormentadores de esos otros seres, en esos otros mundos y lo haré, como shinigami, porque es mi trabajo despojar de la miseria a los que sufren y lo acepté con gusto y porque él me enseñó a hacerlo, sin piedad, sin clemencia y de forma libre y elegida.
No puedo esperar a ver su reencarnación; sé que no evitaría la tentación de buscarle, de amarle y de arruinar su nueva existencia y la mía, con ello.
No es esa mi misión; menos en los millares de años que me quedan por vivir, si es que antes un hollow no termina conmigo.
He releído sus cartas, sus mentiras, sus falsas declaraciones de amor y sus abandonos, mil veces, hasta saberme las palabras de memoria y hasta que éstas perdieron sentido.
Evoqué cada noche, cada mirada, cada roce, cada herida, cada beso, hasta que ya no hubo sensación en mí, ni le añoré más ni le esperé más.
Gasté ese amor hasta terminarlo, como se termina una botella de sake especialmente añejado y si acaso, podemos guardar la exquisita botella labrada como un recuerdo, pero nunca como la presencia verdadera.
He terminado, madre.
Fue un privilegio y un honor estar bajo sus órdenes, amarle y sufrir por él. Fue tan hermoso tocarle como perderle.
Y será para mí, inolvidable en más de un sentido y sé que marcó mi vida y más aún, realimentó mi esperanza y mi capacidad de creer, sentir y saber que nosotros, los Dioses de la Muerte, defendemos más a La Vida de lo que los ningen suponen.
Mi anciano mentor actual también perdió a quien amaba, hace mucho tiempo.
Lo evoca en su terquedad de seguir cambiando las cosas, pese a su avanzada edad y, aunque no sonríe jamás –su especie no está hecha a ello- su mirada sí lo hace, tal y como mi hermoso capitán lo hacía.
De él, he reaprendido algo que Gin me dijo hace muchísimo tiempo; que el barro, el lodo, es de donde brota la belleza del loto y és ese barro, la Miseria, lo que se transmuta en algo perfecto, así sea efímero, como lo es la flor del loto.
Un solo día apreciamos su belleza y luego, el estanque queda vacío, el barro anidando las semillas, para permitirnos volver a ver sus flores, otra vez, en un futuro.
Quizá vuelva a ver a Gin.
Quizá y seguramente, no.
Pero llevo en mí cada instante junto a él, como la memoria de un tesoro escandaloso y pleno, que afortunadamente, gasté hasta el último centavo.
No soy feliz por su muerte, pero no estoy perdido por su ausencia.
Permanece en mí desde el toque de campana al amanecer hasta el momento en que parto un hollow a la mitad, en cada sorbo de sake y en la risa de Rangiku –y su llanto, también.
Mi mentor dice que me he hecho sabio; me gustaría tener su edad y sonreír como él lo hace, sin hacerlo, cuando evoca a quien perdió. Él dice que algún dia, si continúo como ahora, podré hacerlo.
Quizá.
Me voy ahora, madre; los portales hacia otros mundos se abren de manera diferente y hay una larga preparación para ello.
Sé que no puedes responderme, puesto que has reencarnado y como eres la única persona de la que estoy seguro, me recuerda así sea en otra vida, te solicito que si llegases a verlo, a hallarlo, no le odies.
El amor tal vez no sea tan misterioso como creemos, sino lógico y obvio y…
Me releo y no puedo evitar reírme; cuando encontré a Ichimaru, era yo un joven inexperto, entusiasta y estúpido. No soy más sabio ahora, excepto que sonrío más y temo menos.
Y basta de palabras necias; ora a los Dioses por mí y no temas. Yo no lo hago.
mi fé primaria fue en mi capitán, en todo lo que él era y ya ves, él jamás me traicionó; fue fiel siempre a lo que era y yo lo amé por eso y nada me hace más feliz.
Sean los Dioses contigo.
Izuru.
El ruido de las botas en el pasillo lo hizo levantar la vista; el ventanal sobre el teleportador dejaba ver la inmensidad de la galaxia al fondo. El oficial se inclinó, cortésmente, frnte al shinigami
-San Bantai Fukutaichou Kira Izuru ¿Está usted listo?
Con una sonrisa, siguió al hombre.
Una estrella, en alguna parte del universo, se apagó, definitivamente.
-0-
Bueno, creo que ésta es la carta más o menos formal que todos esperábais. No voy a negar que lloré cuando la escribí; si no me quedaban razones para continuar leyendo Bleach después de la muerte de Ulquiorra sama, menos me es necesario, ahora que Ichimaru Gin se ha ido.
Gracias a él, purgué el dolor por la pérdida de una parte importante de mi vida.
Le debo muchísimo como escritora y también, a nivel personal. Fui muy feliz cuando lo miré atacar a Aizen; fue como soltar el aliento contenido durante mucho tiempo y repetirme por dentro, infinitas veces 'lo sabía, siempre lo supe'.
Os dejo ahora.
As ever, un fic de premio a quien adivine quién es el mentor de Izuru (hay como tres premios pendientes y nadie ha competido).
Namasté y mil gracias por sus lecturas y reviews.
FantasmaAlineal / Kitsune Gin.
Fecha Estelar; 20100823.12:04:25.
Terra.
