Título: Entre Alcohol y Bisturís
Autor: Rodven
Rating: M
Pareja: Harry/Carlisle
Advertencias: Slash, AU, un poco de Gore.
Disclaimer: Nada me pertenece =( Solo la trama
N.A. Este y los próximos capítulos tendrán temas médicos, y les aviso, yo no sé nada de medicina, así que si ven que los casos son imposibles en la vida real no juzguen mucho por favor. Todo lo que sé lo aprendí en ER viendo solo algunos capítulos, ya que no soy fan. Están advertidos!
Entre Alcohol y Bisturís
Capítulo 1: ¡Bienvenido a bordo!
Al entrar al avión se sintió un tanto sofocado por la calefacción que había dentro. Se dirigió a su asiento y acomodó su maleta en los gabinetes superiores, se quitó la gabardina de encima y se sentó. Suspiró. Iban a ser cerca de tres horas de vuelo. Se dirigía al hospital muggle de Seattle, a trabajar en urgencias. Tenía veinticuatro años, luego de terminar la guerra, y terminar sus estudios en Hogwarts, inició su entrenamiento como Auror, sin embargo, un mes después renunció.
No era lo que había imaginado, no le llenaba, simplemente no le llamaba más la atención. Con dieciocho años no sabía qué hacer de su vida, hasta que un día limpiando su baúl, encontró los folletos que alguna vez la profesora McGonagall, ahora directora, le había dado en su quinto curso. Recordaba no haberles puesto mucha atención, ya que Umbridge estaba presente y no le había sido fácil concentrarse en la plática. Eran diez folletos, ojeó los primeros seis y ninguno le llamó mínimamente la atención, pero el séptimo fue al que casi le salían fuegos artificiales. Eso era, medimagia, leyó con atención y sumo cuidado todo lo que decía el papelito. No lo pensó más de un minuto, y dejando todo como estaba, sin siquiera ponerse un atuendo más formal, se dirigió a San Mungo. Se dio cuenta que no había elegido la mejor hora, cuatro de la mañana, casi se da de cabezazos en la pared.
Pero para su suerte, o fue el destino, un sanador pasó por la recepción.
"Señor Potter, ¿se encuentra usted bien?" le preguntó el hombre, si Harry no calculaba mal, tenía cerca de treinta y tantos años.
"Ehh…" ¿A qué había ido exactamente? "Mmm… sí, si, bien."
"En ese caso, ¿puedo ayudarle en algo?" preguntó preocupado el sanador. ¿Qué hacia Harry Potter en San Mungo a las cuatro de la mañana?
"¿Puedo hablar con usted en privado?" le preguntó Harry de improviso después de un largo silencio, dónde el sanador comenzaba a preocuparse por la salud mental del joven.
"Seguro, sígame," le dijo dirigiéndose a la sala de descanso de los trabajadores.
Abrió la puerta y entraron a una estancia, blanca, pareciera que no era suficiente el blanco de fuera. El sanador, que Harry no sabía su nombre, se paró a un lado de un servicio de té que estaba sobre una barra pegada a una pared. "¿Le apetece algo, café, té, jugo?"
"No, gracias, así estoy bien." el sanador le hizo un ademán con la mano para indicarle que tomara asiento en uno de los sillones. Harry se sentó. Y así lo hizo el hombre. "Disculpe, ¿cuál es su nombre?"
"Soy el sanador Agustus Pye, al parecer no me recuerda. Yo era el sanador en práctica cuando fue internado Arthur Weasley, aquel que intentó curarlo con medicina muggle," dijo un poco avergonzado el sanador, en parte porque Harry no le recordaba, y en parte por lo infructuoso de su trabajo.
"Oh, claro, claro. Ahora le recuerdo," y se quedaron en silencio.
"¿Y bien, en qué puedo servirle?"
"Oh, bueno, empezando, dime Harry. Eh… verá, quiero estudiar medimagia."
El sanador lo vio un largo rato, no sabiendo si había oído bien, pero al ver que nadie salía detrás de los sillones y le gritaba "¡caíste!" no tuvo más que creerle al joven.
"Lo primero que debes hacer, es comenzar a tener confianza, y cambiar tu guardarropa, sino, nadie te tomará en serio. Y no vendría nada mal que te arreglaras ese problema de la vista," le dijo, mirándolo con ojo crítico. Harry Potter podía ser el salvador del mundo, pero su forma de vestir dejaba mucho que desear y esos anteojos redondos eran todo, menos favorables.
Después de eso, descubrió que Agustus había mejorado bastante con su técnica de medicina muggle combinándola con medicina mágica, tanto que frecuentemente era requerido en varias partes del mundo, ya que nadie se atrevía a experimentar como él lo hacía, también los hospitales muggles le llamaban, no sabían que era mago, pero sí sabían que era bastante bueno.
Harry sintió una pasión inimaginable hacia esa rama de la medicina, claro que con influencia de su mentor, pero aún así, luego de cinco años bajo su tutela, Harry terminó la carrera de medimagia, era bastante bueno, la carrera duraba un par de años más, pero el entusiasmo de Harry, y su habilidad al aprender, fueron capaces de adelantarlo. A sus veintidós, un año antes de graduarse, ya era un practicante en San Mungo, aunque le asignaran casos poco peligrosos, tanto por su bienestar, como el del paciente. Hizo su especialidad en medicina muggle. A sus recién cumplidos veinticuatro años ya era un medico hecho y derecho en la comunidad muggle, y un sanador bastante aceptable en la comunidad mágica.
Agustus lo llevó una vez a una de sus llamadas del mundo muggle, se presentó en la sala que decía Urgencias y presentó a Harry como su asistente. La sorpresa fue que le dejo el trabajo más delicado, dos hombres con heridas de bala, uno en el pecho, y otro en la cabeza, como decían los muggles, milagrosamente seguía vivo. Mientras Agustus atendía al menos grave, Harry atendía al que tenía un pie en el hoyo. Lo salvó, dentro de él algo cálido se extendió por todo su cuerpo, una sensación de felicidad infinita. Fue casi como una epifanía. Eso quería hacer, salvar vidas con sus propias manos, por algo que le llenara, no por un tipo de molde que debía cumplir, o una idiota profecía.
Por el tiempo en que él se dedicaba a estudiar medimagia, Hermione se dedicaba a las leyes protectoras de asuntos sin esperanzas, como todos le llamaban, pero su amiga hacía hasta lo imposible para hacer lo correcto ante sus ojos. A petición de sus padres, después de haberles regresado la memoria, había estudiado una carrera muggle, aunque la ilusión del matrimonio Granger era la de dentista, Hermione se inclinó a la carrera de Derecho. Y como siempre, fue la mejor de su clase. Ahora que trabajaba en un prestigioso buffet, los casos le llegaban como hormigas a la miel. Aunque vivía en el mundo mágico, trabajaba en el mundo muggle.
Ron y ella había comenzado a vivir juntos desde los veinte, y sus futuros planes eran formar una familia. Su amigo sí trabajaba con los aurores, y también como administrador de Sortilegios Weasley junto con George. Comenzaba a pensar muy seriamente en dejar su puesto de jefe de división, y dedicarse por completo al negocio. Ya que adsorbía bastante de su tiempo, así como ingenio y fuerzas, aparte que le dejaba más ganancias que su empleo.
Molly era la causa que no lo había hecho, la señora Weasley estaba orrorizada ante esa idea, así que Ron debía de encontrar un plan adecuado para zafarse del ministerio en cuanto pudiera.
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El hospital de Seattle era un asco para los nuevos. A Harry lo trataban como novato, como si no pudiera diferenciar entre una fractura y una gripe. Una de las enfermeras, la más veterana de todas le dijo que se diera a respetar, que lograra sus méritos con hechos y no palabras. Al ser nuevo, tenía bastante pocas oportunidades de lograrlo, casi nunca le dejaban casos, y si lo hacían, el director le asignaba los menos graves, como torceduras, quemaduras de primer nivel, o heridas profundas de poco riesgo.
Tras una semana, la primera semana de hecho, luego de ser tratado como un tonto, haber conseguido un departamento cerca del hospital, lo suficientemente grande para dos personas, haber buscado una primaria cerca de la zona e inscribir a Teddy, y ubicar los lugares importantes. Regresó a Inglaterra por su ahijado.
Teddy vivía con él, y casi todos los días Andrómeda iba a visitarlos, o a cuidar del niño cuando Harry estaba estudiando, o estaba de prácticas. Al aceptar el trabajo que le ofrecían en Seattle, que consiguió gracias a que el doctor del hospital, donde Agustus y él fueron a tratar a los hombres con heridas de bala, tenía un amigo en el hospital de Seattle, de hecho el actual director, y sabía que necesitaban un doctor nuevo. Recomendó a Harry, y él gustosamente aceptó. Habían decidido que Teddy se mudaría con él. Su abuela no tenía el tiempo de poder cuidar a Teddy en tiempo completo, ni de llevarlo a la escuela, o enseñarle ella misma lo que el niño necesitara.
Harry había acomodado su horario en el trabajo de tal manera que pudiera dejar a Teddy en la escuela por las mañanas, y la hora de la comida coincidiera con la salida de su ahijado de la primaria, para que pudiera ir a buscarlo y comer con él, luego regresar al hospital por dos horas más, y estar con Teddy todo el resto del día, hasta la mañana siguiente.
Teddy parecía contento con el cambio, obviamente extrañaba a su familia de Inglaterra, pero si en Inglaterra no iba a estar su padrino Harry, entonces no quería estar haya. Aparte, su abuela le había prometido que lo iría a ver todos los fines de semana. Cosa que Harry agradecía, ya que los sábados él tenía turno en la noche.
Harry le había adquirido a Andrómeda un traslador internacional por un año, y tenía que renovar el contracto anualmente si quería tenerlo vigente. No le gustaba pensar en la pequeña fortuna que eso costaba, pero no iba a negarle a su ahijado el derecho de ver a su abuela, ni a Andrómeda el derecho de ver a su nieto, aparte de que seguramente la vena Black de ella se hubiera hecho presente, y no quería imaginar lo que le hubiera pasado a su persona.
Su oportunidad de que lo tomaran en serio llegó cerca de dos meses después de comenzar a trabajar ahí. Había sido un choque con cuatro autos involucrados, todos graves. No había suficientes doctores como para atenderlos al mismo tiempo, era un sábado por la noche, el turno de Harry estaba a punto de terminar, y en eso llegaron las ambulancias. El director del hospital miro a Harry como esperando a que este se cambiara y saliera por la puerta. Harry nunca vio esa mirada, solo vio a las personas entrando en camillas, con suero y oxígeno. Tan pronto como fueron ordenados de más a graves a graves, los doctores comenzaron a trabajar. Harry como apoyo de los demás.
Mientras ayudaba como enfermero, cuando fue a buscar más gasas a la gaveta, vio a un niño al parecer había llegado lastimado, con huesos rotos, y golpes en el cuerpo, era uno de los que estaban en espera, pero Harry supo que algo no estaba bien, nada bien. El niño no respiraba con normalidad. De hecho estaba bastante pálido. Dejó las gasas a un lado, y llevó al niño al quirófano más cercano, una de las nuevas enfermeras, Arelly, lo vio y comenzó a ayudarle, llevándole todo lo necesario. Ella mantenía al niño despierto, lo anestesiaron, y Harry comenzó con la cirugía. Tenía una costilla rota que le atravesaba el pulmón derecho. Harry no tenía tiempo. Y comenzaba a sentir la adrenalina de la desesperación.
"Vamos doctor Potter, usted puede hacerlo," le dijo la enfermera, no que tuviera mucha fé en él, pero era el único en ese momento que podía ayudar al niño. Harry tomando las palabras de la mejor de las maneras. Pasada una hora desde que había comenzado la cirugía, el doctor Roberts pasó por su lado, anonadado de que el nuevo estuviera operando a un niño con solo una enfermera a su lado. Casi se desmayaba del susto y corrió hacia Potter con el propósito de quitarlo de en medio y evitar que matara al infante. Pero lo que lo recibió fue el joven cirujano con un pulmón salvado, una costilla en su lugar, y un niño con signos vitales bajos, pero estables.
Roberts le habló a Santillán, otro doctor. "Necesito que ayudes a Potter, cierra todas las incisiones, y si el niño no pasa la noche, será tu entera culpa. ¡Eh, Potter, ven acá, necesito tu ayuda! Santillán tomará tu lugar aquí."
Harry atendió a tres personas más, con contusiones cerebrales, y otras dos con derrames internos.
Al final, cuando todos los pacientes estaban estables y en observación, los doctores se reunieron en la recepción. El director, en aquel entonces Roberts, llamó la atención de todos dando dos aplausos fuertes.
Sus ojos se dirigieron fijamente a Harry. "Potter, bienvenido a bordo." fue todo lo que dijo y le dio un asentimiento de cabeza. Mientras que Arelly comenzaba a aplaudir, y las demás enfermeras la siguieron, y poco a poco, los demás doctores hicieron lo mismo.
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"¡Dr. Potter!," una enfermera de la recepción prácticamente le gritó mientras corría hacia él. "¡Dr. Potter! Un helicóptero está a punto de llegar desde Forks." le dijo desesperada.
Harry casi gruñe desesperado, estaba doblando turno, y si un helicóptero llegaba quería decir que el caso era grave, lo que significaba que serían duras horas de trabajo para su un poco cansado cuerpo.
"Calma Arelly, ¿cuál es la situación?" preguntó sabiendo que aunque se sintiera desfallecer no iba a dejar desamparado a un paciente.
"Un accidente automovilístico. Alguien resultó seriamente lesionado, su estado es grave, lo único que pudieron hacer en Forks fue detener la hemorragia, y arreglar contusiones externas," le explicó la enfermera. Nunca había recibido casos de urgencias desde Forks, según tenía entendido, el doctor del pueblo, Carlos Cullen, si no se equivocaba, era una eminencia, y nadie estaba seguro del porqué trabajaba en un hospital de poca categoría.
"¿Viene alguien con la paciente?"
"Sí, el doctor del pueblo. Forks, no cuenta con buenas máquinas Dr. Potter," dijo Arelly dándole a entender que ese caso llegaba a Seattle solo por eso, y no por la ineficiencia de los trabajadores del pueblo.
"Haz que preparen el quirófano, y que despejen todas las maquinas necesarias para hacer los chequeos internos. Dile a Roberts que lo necesito conmigo, y quiero a Susan contigo en el quirófano, ¿entendido?"
Ese parecía un caso extremadamente delicado, sus colegas le habían contado que en Forks trabajaba el mejor doctor de toda América, y no era broma ni exageración. Y si ese doctor no podía curar a la muchacha entonces tendría que ser algo muy grave. Por eso quería a los mejores a su lado en esos momentos. No quería errores, Arely tal vez no fuera la mejor de las enfermeras, ni la que tuviera más conocimientos, pero era de las más eficaces, y estaba siempre al pendiente de cualquier necesidad que se presentara, aparte que le tenía su entera confianza. En cambio, Susan era una de las mejores, era nueva, apenas tres meses en el hospital, y ya se había ganado su respeto.
Roberts era uno de los doctores que estaban en turno, por lo que sabía, en ese momento no tenía ningún paciente a su cuidado, de hecho, ese día no había muchas emergencias. Las que llegaban eran poco graves, y las enfermeras se encargaban de ellas, supuso que a casi nadie le gustaba salir cuando el tiempo estaba así de frío. La nieve cubría algunas calles, y la lluvia era congelante.
Se dirigió a la azotea, Roberts estaba tras las puertas resguardándose del frío, esperando a que el helicóptero llegara.
"¿Forks, eh? Nunca antes había escuchado un caso así," fue lo primero que le dijo Roberts al llegar junto a él, el otro doctor llevaba cerca de cinco años trabajando en Seattle.
"Entonces es cierto, ¿no? Lo que dicen del doctor Cullen," le respondió Harry.
"¿No lo conoces?" Harry negó con la cabeza. "Bueno, ya lo verás, no es alguien normal," le dijo con una sonrisa, como si le dijera que se preparará para lo que iba a ver. Harry llevaba ya un año en ese hospital, diez meses como doctor reconocido, y cuatro meses conocido internamente como el mejor doctor en el hospital. Su desempeño apuntaba a convertirse en el siguiente director, pero Harry no estaba dispuesto a tomarlo, por lo menos no por ahora.
N/A: ¿Siguen pensando que la historia vale la pena? si no, pues pueden decírmelo, aunque no creo que la deje de publicarla jojo xD
Yue: Gracias por el review! ^^ Espero que la historia te siga gustando! =) Un abrazo! Y vee! actualicé pronto! ;D
Gracias por leer! ^^ Si le dan al botoncito de abajo que dice "Review this chapter" y escriben algo... me harán feliz! (:
