¡Hola!
MIL GRACIAS A: Kahia, Hino, Ruby, Elendoy, Rachel y Paris por leer. ¡SON TODA! En verdad, me encantaron sus comentarios.
Bueno, en teoría, esta historia está inspirada en Excalibur y el rey Arturo. Espero les entretengan, es la más Shipping que tengo hasta ahora.
Con sus errores, ¡ahí va!
OoOoO
De cuando se encuentra algo más que una espada.
Sokka sentía como sus piernas estaban a punto de caer al suelo una y otra vez, mientras seguí caminando con ese paso vacilante y tembloroso… el dolor que sentía en ellas solo era comparable con el que recorría a todo su cuerpo, una mezcla del producido por los golpes de la batalla, junto a la incomodidad del puro y más grande cansancio y hambre que hubiera sentido alguna vez… el suelo se acercó a sus ojos. Cayó pesadamente y, mientras su mente se alejaba del dolor en el cuerpo, sintió como la humedad de la tierra encharcada, invadía su ropa harapienta, y como la maleza y las irregularidades del terreno pinchaban en su cuerpo…
Lo peor de todo es que había jurado que estaba a pocos metros de la más hermosa laguna que alguna vez hubiera visto. Maldijo a la muerte… como lo había hecho tantas veces que vio ante sus ojos los cuerpos de las personas que se amontonaba, despojos de la guerra. Casi sintió que la sangre de todos ellos escurría en sus manos. No pudo salvarlos y el dar su propia vida en el intento, no era suficiente. Pero no podía enojarse… casi ni podía pensar.
El bosque oscuro y cerrado en que estaba, se desvanecía más allá de su mirada, como si se esfumaran en una nube cada vez más incomprensible de niebla… hasta el charco en que estaba su rostro, con sabor a tierra salada, se desvanecía en su paladar. Supo que tenía que levantarse y seguir caminando, ¡No dejarse vencer tan fácil por la maldita muerte! Pero su cuerpo no le quiso responder y cerró los ojos, mientras se sentía caer, como si la tierra se hubiera abierto para tragárselo.
—Despierta, rey del Sur.
Estaba seguro que había muerto. Había fallado. Una voz tan dulce que parecía entibiar su cuerpo solo con ella, mientras no tenía ni una pizca de dolor en él, no podía ser más que su bienvenida al mundo de los espíritus.
Al menos iba a poder ver a todos los que se habían ido antes que él. Y pedirles perdón por no haber sido tan buen líder como su padre, el rey.
—Vamos, levántate.
Sintió como unas manos acariciaron su rostro. Estaban frías y un poco mojadas. No quería abrir los ojos aún: ¿Cómo sería el mundo de los espíritus?
"Mejor que el mundo que abandoné, al menos". Abrió los ojos. "Bueno, por ahora no lo parece". Frente a él había sola roca mohosa, mojada, fría y oscura. Y la podía ver con la ayuda de unas velas y su luz amarillenta.
Se dio cuenta de que, aunque no le dolía nada en su cuerpo, seguía teniendo hambre y sentía en toda su piel un aire frío y ligeramente líquido que traspasaba su ropa con facilidad. Su pecho y nariz se templaba cada vez que tomaba aire, como si estuviera respirando niebla. Pero respiraba. Y tenía hambre. Por lo tanto, no estaba muerto.
¿Cómo era posible?
—Ya era hora. Vamos, tu sopa espera.
Sokka empezó a mover su rostro hacia un lado con pereza. Cuando llegó a su nariz el olor salado y lleno de especias, con verduras y carne, miró mucho más rápido, salivando casi dolorosamente.
Pero, por increíble que fuera, pudo pasar la vista de la mano morena que le tendía un plato de madera onda con sopa, hacia la mujer que se lo tendía.
Lo primero que pensó fue que su voz no le hacía honor a ella. Era hermosamente perfecta. Solo de esa forma la podía pensar. Su piel era suave y sin ninguna cicatriz o mancha que la acercara a lo medianamente común y real, su cabello largo totalmente suelto, lacio y frondoso y para nada enredado, se adivinaba blanco aunque estaba iluminado de amarillo por las velas. Su rostro, hermoso y perfecto, y esos ojos celestes lo miraban con tanta amabilidad que Sokka quiso creer que llegaba al cariño…
Se sonrojó. Y ella le sonrió mientras movía, tentadoramente, la mano con el plato lleno de sopa.
—Vamos, rey del Sur. Debes comer y estar fuerte para salir de aquí.
—¿Quién eres? ¿Dónde estoy? ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Cómo me curaste? —se debía admirar que pudiera hablar tan rápido y claramente a la vez que tragaba su sopa, con ayuda del cucharón, como si se lo fueran a robar en cualquier momento. Solo se cayó al tener dificultad al comer un pedazo de carne.
—Mmmm, puedes llamarme Yue. Estás en mi cueva. Han pasado tres días desde que te encontré. Te curé con Agua Control. —y le sonrió, algo divertida, mientras le acercaba un cucharón con más sopa.
Él movió su taza sin dilación, arrancando a la vez el pedazo de carne como lo haría cualquier animal carnívoro que no hubiera comido en varios días. Ella le sirvió con otra sonrisa en el rostro. Sokka se sonrojó un poco, nuevamente:
—Gracias, eh… por salvarme y la comida y todo…
—De nada.
Se quedaron en silencio, aunque el sonido de Sokka comiendo parecía que se intensificaba con el eco en el lugar.
Cuando él terminó… su tercer plato seguido… recordó que comer no era su única misión en la vida. Se puso en pie, buscando su armadura de lobo, su boomerang y la espada hecha con roca que había caído del cielo.
Los encontró justo en la periferia del círculo de luz dado por las velas. Mientras iba hacia el lugar, empezó a hablar con una seriedad y propiedad que no parecía acorde a como se comportó hasta ese momento.
—Muchas gracias por su ayuda, señorita Yue. Pero me gustaría saber cómo me encontró y qué tan cerca estamos de ese lugar. También me gustaría saber si estaba cerca de la Laguna de Tui y La.
—La Laguna de Tui y La.
Sokka la volvió a ver, con el ceño fruncido, mientras se ponía su armadura. Creyó haber oído burla en su voz.
—Sé que todos creen que solo es un mito, un cuento de caballeros para los niños pequeños… ¡Pero mi padre me dijo que mi abuelo usó la espada hija de Tui y La! ¡La que puede dominar el agua y el hielo por igual con solo la ayuda del pensamiento del que la blande! ¡No me hubiera dejado esa misión a… —"punto de morir" pensó, pero no lo pudo decir. Recordar el rostro pálido de su padre, mientras se desangraba debajo de las manos de él, no era algo que quisiera ni imaginar de nuevo…
Sokka iba a seguir hablando, pero vio en la mirada de Yue que ella no se había burlado de él. Cerró la boca y ella, mucho más calmada pero seriamente, preguntó:
—¿Para qué buscas esa espada?
—La necesito.
—¿Para qué?
—Para proteger a mi gente.
La hermosa y perfecta muchacha lo miró, se puso en pie y se acercó a él. La luz de la vela pareció opacada por la brillantes de sus profundos ojos celestes. De repente, Sokka sintió algo suave, pero frío, que le tomaba la mano lentamente. Cuando volvió a ver, se dio cuenta de que una mano morena y pequeña tomaba la suya. Luego, siguiendo el brazo, se dio cuenta de que sí, era Yue la que lo hizo.
Le sonrió y ella le devolvió la sonrisa por un hermoso, perfecto y eterno instante que terminó cuando la joven empezó a caminar… Sokka la siguió, con una confianza ciega en su corazón y una comodidad en su mente, al tener su mano entrelazada con la de ella, que no lo hizo pensar en que estaba totalmente oscuro y cada vez hacía más frío.
Fue muy tarde para él cuando oyó ese sonido bajo de la marea, un sonido que le embargaba el cuerpo desde toda la caverna.
Yue dijo de nuevo:
—Toma Aire. —Justo cuando Sokka tomó aire todo lo más que pudo, dio un paso más… y el agua, un agua oscura y fría, lo recibió en todo su cuerpo.
Sokka miró hacia arriba. Yue lo ayuda a subir. Toda ella relucía, mientras su ropa se movía, grácil, pero no tanto como la muchacha en su propio movimiento. Sokka la miraba, extasiado, mientras él mismo nadaba hacia arriba.
Pero él la tuvo que dejar de ver, pues empezó a relucir tanto, tanto que Sokka tuvo que cerrar los ojos, encandilado. Se agarró más fuerte de su mano y, justo cuando sentía que se iba a rendir al dolor e intentaría, inútilmente, de respirar el agua… sintió como el aire le calentaba la cabeza.
Era un día hermoso y soleado, que él no miró por estar maravillado con el aire.
—Yue… ¿Qué fue esa magia? ¿Cómo es que esa cueva no estaba inundada? ¿Yue?
Sintió como el pánico pasó de un escalofrío por su espalda a un vuelco del estómago. No veía por ningún lado. Primero dio una vuelta en su eje, donde solo encontró Agua, y el horizonte de árboles finamente iluminados. Cuando se dio cuenta de que su mano seguía agarrándola muy fuerte, y no la había sacado, levantó su brazo sintiéndose muy idiota.
Pero no era Yue… era una espada de filo blanco, lisa, suave, grande y con una empuñadura celeste, que parecía amoldarse a su mano. Extrañamente, al ver la espada, Sokka se dio cuenta de porqué no se había dado de ese peso antes. Era como si la espada fuera una extensión de él.
Sonrió.
—Se decía que la dama del lago me la daría si me creía digno… ¡Pero no me esperaba esto!
Sin embargo, dejó de sonreír casi al instante: ¿Eso quería decir que nunca más volvería a ver a Yue? Dejó de mirar la hermosa espada. Su corazón se había enfriado hasta dejar un vacío en su pecho que…
—¡Vamos, rey del Sur! —oyó de nuevo esa voz, después de que una luz increíblemente cegadora lo hiciera cerrar de nuevo los ojos. Volvió a ver enseguida. Yue no parecía para nada mojada, ahí, a la par de él, tomando su mano con dulzura—. Juntos, vamos a salvar a tu gente.
Sokka le asintió, ella le tomó por un segundo con más fuerza la mano, viéndolo con decisión, como si con ese gesto le dijera que iba a estar con él hasta el final y que continuaría su lucha, si este le llegaba antes de que él terminara su misión.
Ya no estaba solo. Su gente tampoco.
