Capítulo 11

Hechizo...

Quién la mandaba a casarse…

Bueno, quería casarse, el problema eran sus hermanos y sus amigas.

Estas últimas porque habían tomando en sus manos la tarea de organizar el casamiento. Y sus hermanos, porque no habían cambiado la cara de culo desde que se les comunicara el feliz acontecimiento.

Las chicas corrían cual wedding planners en el casamiento de una estrella de Hollywood, el presupuesto que les había dado Endimion era desorbitado. Y aunque ellas habían prometido sobre las tumbas de sus mascotas de la infancia, que iban a cuidar los gastos, todos los servicios contratados eran de la mejor calidad y el precio más caro.

Ikuko rogaba para que no lloviera, ella quería una boda en el amplio jardín de su casa y había insistido a las chicas para que lo convirtieran en un "bosque encantado". Kenji por su parte insistía en contratar una pequeña orquesta para que tocara en vivo y de esa forma evitar a los dj que arruinaban el ambiente con su música "tecno-moderna". Esa iba a ser la boda de su única hija y nada tenía que salir mal.

Haruka y Michiru estaban recelosas de todo lo que pasaba, por eso mismo habían insistido en adelantar la boda una semana.

Conclusión, el caos había estallado, era IMPOSIBLE preparar una boda en siete días.

Entre tanto Serena había terminado de dictar su curso de verano y buscando su vestido de novia, había recorrido diferentes casa de diseño. El tiempo era un factor con el que no contaban, por lo tanto tenía que elegir un vestido ya hecho, no uno a medida. Cosa que no le quitó el sueño, ya que nunca había soñado con el vestido perfecto.

Endimion a su vez contaba con la ayuda de los hombres Tsukino, ellos rápidamente habían conseguido una casa de alquiler de trajes de novios y para padrinos. Tomadas las medidas, los trajes serían arreglados y entregados en fecha.

La gran vapuleada fue la lista de invitados, que de más de doscientos invitados, se redujo a unos simples treinta, después de la revisión oficial de Serena y de que les prometiera a sus padres una fiesta "post" casamiento. De esa forma amigos, conocidos y políticos no interferirían en medio de la familia.

Una excitante y acogedora marea de sentimientos se percibía cada día, Serena todavía no podía creer que Endimion y ella fueran realmente a contraer nupcias. Y aún así, los sueños la atormentaban cada vez con más frecuencia y con más violencia. No sólo las imágenes de la muerte de Seiya, sino más noches eternas de pasión, deseo y satisfacción. Esas noches despertaba cubierta de sudor, buscando desesperadamente el alivio que encontraba solo cuando Endimion estaba profundamente enterrado en ella.

Endimion también estaba por momentos distraído o en su mundo. Dedicaba horas a la auto observación, o contándole a Serena cosas de su vida pasada, pidiéndole que llevara a papel cada imagen que todavía mantenía fresca en sus recuerdos. Haruka aseguraba que esa era la forma en la que él se despedía de su pasado, y a su vez lo preservaba para el futuro que tendría junto a ella.

Simplemente él dejaba todo, para tener ese todo final junto a ella.

`*´¨`·.…S&E….·´¨`*'

-Me voy a casar, no importa si ustedes se interponen.- retó Endimion a los hombres que lo rodeaban, la situación ya había pasado el límite permitido.

Siempre se había mostrado como un líder seguro de sí mismo, pero siempre alentaba que sus hombres hablaran y así conocer sus diferentes perspectivas. Él era un verdadero Laird, no sólo porque sus capacidades natas hacían que condujera a su clan siempre a la victoria, sobre cualquier situación, sino porque tenía la capacidad de ver a la gente que lo rodeaba. Entendía sus miedos y sus preocupaciones, y se adelantaba a ellas; pero nunca, jamás permitiría que alguien juzgara de más sus decisiones. Los cuatro hermanos Tsukino, lo venían haciendo desde hacía más de una semana y era momento ya de supieran quién seguía a cargo.

-Es nuestra hermana y estamos preocupados. ¡No podés decirnos nada!- respondió furioso Jedite.

-Es mi futura esposa, -su voz resonó con acritud, -creo que soy lo suficientemente hombre para saber qué hago. Ninguno de ustedes puede cuestionar mi decisión, tengo algo de respeto hacia mí.-

-Sí, te respetamos porque alguna vez fuiste nuestro Laird y seguís siéndolo.- Se aclaró rápidamente Neflite. –Pero la felicidad de Serena es más importante para nosotros que cualquier juramento que hayamos hecho antaño.-

-¡Sí! Su dicha vale más para nosotros que cualquier amenaza que puedas hacernos.- Ziocite habló suavemente, pero su mirada era dura.

Finalmente Malachite, que como siempre prefería observar antes de lanzarse a la lucha, habló. –Ella es nuestra de una forma que nunca entenderías, porque ella lleva nuestra sangre, forma parte de nosotros. – los otros tres hombres asintieron. –No lo entendés, de la misma forma que no comprendés que ella no es Serenity. Y por mucho que te cueste aceptarlo, la mujer que amabas, está muerta.-

-¡Te creés que no lo sé!- su voz sonó fría y mortal. –Yo tuve que enterrarla, yo fui quien limpió su cuerpo lleno de sangre, yo cavé su tumba y fui quien la tuvo que sepultar. Y como si no fuera suficiente el dolor lacerante que sentía, tuve que asistir a sus respectivos funerales. ¡Alguno de ustedes sabe lo que es perder todo lo que amaban en una sola noche!- Endimion miró a los cuatros hombres y vio reflejado en ellos su dolor.

»Sé mejor que nadie que Serena y Serenity no son la misma mujer, pero sí son el mismo alma. No tengo que demostrarle a nadie qué es lo que siento por ella, ustedes no son mejores que yo, o están más capacitados para ser jueces en un asunto que sólo nos concierne a su hermana y a mí. Lo lamento si ustedes no pueden aprobar nuestra unión y me causará una profunda tristeza no verlos en la boda. Pero si no pueden ser parte de nuestra felicidad, no los queremos ahí.- su voz descendió hasta ser casi un susurro. – Ya suficientes lágrimas fueron derramadas por habernos amado tanto.-

Y por primera vez, desde que se habían reencontrado, todos vieron al verdadero Endimion. Sólo los grandes hombres podían dejarse ser y ver vulnerables cuando lo sentían. Aquel que no conociera el dolor de tener y perder, no sabía más de la vida que un recién nacido.

Ahí frente a ellos, el hombre por el cual habían dado su vida sin dudas, desnudó su alma. Aquel hombre, era íntegro, leal y verdadero y merecía el amor de la pequeña Serena.

Uno a uno los cuatro hombres se acercaron a Endimion, rodeándolo y como lo hicieran quinientos años antes, le juraron fidelidad.

`*´¨`·.…S&E….·´¨`*'

-Residencia Londinense de Lord y Lady Hawkstone, en qué puedo servile.- la voz del pomposo mayordomo de Margaritte Hawkstone hizo reír a Serena. Después de tantos años todavía le costaba reconocer que Colin era parte de la realeza, por título propio, pero en especial por los que había sumado al contraer nupcias con Maggie.

Enseguida pidió gentilmente si mi Lord o mi Lady podían atenderla y quedó colgada al teléfono. Unos segundos después fue Maggie quien atendió.

-Señorita Tsukino, a qué debo el placer de su llamada.- inquirió cortésmente la mujer de Colin.

Serena suspiró juntando fuerzas para no matarla, había días que era mejor no tratar con esa mujer. Todavía no entendía cuál era el verdadero motivo por el que la odiaba.

-Lady Hawkstone, espero que mi llamada la encuentre bien.-

-Así estaba hasta hace unos instantes, ahora dejémonos de tonterías y dígame cuál es verdadero motivo de su llamado.-

Sí, definitivamente no era buen día para llamarla.

-Sólo quería saber cómo se encontraban Colin y Robert, como se fueron tan rápidamente de Japón pensé que tal vez había surgido algún tipo de problema y por eso llamé.-

-Se hubiese ahorrado la llamada, mi marido e hijo se encuentran perfectamente. Le agradezco el llamado.-

De golpe el inconfundible e insoportable sonido de ocupado llenó su audición, ¡la muy desgraciada le había cortado el teléfono! No había cosas que la pusiera de peor humor, Margaritte lo sabía y por eso siempre se lo hacía. Tenía que reconocer que la esposa de Colin tenía una veta cruel.

Respiró profundamente, sabiendo que debía haber llamado primero al número celular de su EX y no a la casa familiar. En momentos como ese, Serena con deliberada intensión, pensaba en Colin como su ex amante. Sólo por el perverso placer de molestar a Maggie, aunque ella nunca se enterara. Pero por más que lo intentara, siempre terminaba en alguna pelea, y por un lado entendía los celos que la mujer sentía, pero por otro lado ya no lo soportaba. Ni Colin ni ella habían traspasado forma alguna de amistad, sí tenían un pasado en común. Pero eran totalmente fieles a las personas que amaban.

Serena levantó la vista y se miró al espejo, su vestido de novia estaba terminado. Era simplemente hermoso, no lo había elegido color blanco puro, no se veía bien con su color de piel. En cambio la delicada calidez que le brindaba ese color marfil, destacaba su figura y la realzaba.

Tomó el velo que estaba sobre la cama y con cuidado se lo colocó en el cabello, tratando de emular el complicado moño que llevaría la noche de la boda. Volvió a mirarse al espejo, sin poder creer cuánto cambiaría su vida en tan poco tiempo. Un escalofrío recorrió su columna y nuevamente las ansias y el miedo la embargaron. ¿Por qué se sentía tan insegura? ¿Qué era eso que la perseguía?

Sus pensamientos se vieron interrumpidos por un llamado que llegaba desde la computadora portátil de Serena. Se acercó y vio al mismísimo Colin saludándola como tonto logrando hacerla reír. Conectó la cámara para que él la viera, y cuando lo hizo, se quedó sin palabras.

-Me gustaría tanto estar ahí, acompañándote de la misma forma en la que me acompañaste vos. Mi lugar está acá, pero sabés que voy a ser el primero que aparezca cuando todo pase. Yo… yo estoy con vos.-

-Si uno mis presentimientos a tus mensajes crípticos Colin, creo que voy a volverme loca.- dijo riendo amargamente.

-Todavía está la opción de fugarnos juntos y que vivamos una vida de excesos sexuales y noches de sabanas húmedas.- sentenció él con un tono de voz desgarradoramente erótico.

-Acabemos siempre Colin, al menos yo…- ronroneó Serena sabiendo cómo le gusta a él cuando lo hacía. – En todo caso podemos usar esa pastillita azul de la que tanto se habla.-

-¿Vos querés matarme de una, no? Acordate que si me muero hereda todo Maggie, así que bancate con todo lo que este cuerpito te pueda dar de pura natura. Vos no vas a querer abandonar esa vida de excesos, "vive rápido, muere joven y deja un cadáver bonita". Yo me prendo si vos te prendés.-

-Conociendo a tu mujer creo que no va a dejarnos llegar al aeropuerto.- rió ella.

-No seas así, ahora cuando seas una mujer casada, vas a ver cómo son los celos reales.-

-Sí.-

De pronto los dos se quedaron en silencio viéndose en la pantalla, aún estando tan lejos, el refugio que le ofrecía la amistad de Colin, nunca era lejano.

-Confiá Serena, todo va a pasar…- suspiró profundamente, como indeciso. –Tengo que irme. ¡Dios, sos tan hermosa! Y te ves tan bonita, sabés que te amo y que haría lo hasta lo imposible para que no sufrieras.-

-Lo sé Colin, y por eso te amo más. Bye…

`*´¨`·.…S&E….·´¨`*'

Serena y Endimion decidieron casarse por la noche, una ceremonia religiosa se oficiaría cuando la luna estuviera cenit.

Pero la unión debía ser registrada legalmente, por lo tanto la tarde fue el momento cuando una pequeña y distendida boda civil se llevó a cabo.

Endimion no consideraba tal oficio como su boda propiamente dicha, pero una vez explicado la necesidad de hacerlo y que al firmar esos papeles Serena y él se convertirían ante los ojos de la sociedad en marido y mujer, aceptó. Aunque no fue sólo eso lo que lo convenció, el pequeño extra vino post susurro de su futura esposa, prometiéndole una pequeña escapada romántica para "legalizar" su unión.

Así que sin más contratiempos, a las cinco de la tarde ante todos sus familiares y bajo el cielo infinito, Lord Endimion contraía nupcias con su mujer; tras quinientos años de separación.

Durante la corta, pero emotiva ceremonia, Endimion no pudo apartar la vista de Serena. Estaba simplemente hermosa, radiante como nunca. Llevaba un ligero vestido de color verde jade, que dejaba sus hombros al descubierto y terminaba justo sobre sus rodillas, los zapatos eran los favoritos de él, unas delicadas sandalias con tiras a juego con su atuendo.

El centellear del diamante en su mano atraía la mirada de todos los invitados, pero para Endimion, el brillo de la piedra preciosa empalidecía ante la luz que reflejaban los ojos y la sonrisa de su nueva esposa.

¡Dios! Dolía mirarla, la amaba tanto que sentía que el corazón iba a rompérsele en mil pedazos. Era la mujer de su vida, sin importar a qué nombre respondiera. Ahora, antes, después, ella era la otra parte de su alma, y nunca se arrepentiría de haberla elegido ante todo.

Sonrió y miró el cielo, no había una sola nube que empañara su felicidad, y eso lo desconcentró. Todo estaba resultando muy sencillo y no pudo evitar por un momento, sentir temor.

Serena paseó su mirada por el jardín, finalmente era la esposa de Endimion, la satisfacción que sentía al saber que él era sólo suyo era demasiada como para permanecer calma. Estaba eufórica, quería gritar de alegría, bailar y saltar. Pero debía mantener la compostura.

Su visualizó a su marido, había decidido vestirlo con ropa muy cómoda, porque a la noche usaría su esmoquin y se sentiría un tanto acartonado. Pero sus pantalones de lino y saco color arena, caían sobre él moldeando su cuerpo. La camisa de seda opaca blanca atraía la mirada de ella una y otra vez, definitivamente estaba para comérselo.

Le sorprendió verlo con el ceño fruncido, parecía estar absorto en algún problema, allá lejos donde no podía alcanzarlo. No era forma de pasar el día de su boda, sonrió para sí, ya era hora de oficializar su unión de la forma más antigua conocida.

Se acercó hasta él, ganando su atención al instante y le susurró que la siguiera. Primero a caminaron los dos juntos tranquilamente por el jardín, y una vez fuera de la vista de los invitados comenzaron a correr hasta el antiguo cuarto de Serena.

`*´¨`·.…S&E….·´¨`*'

Seiya no iba a hacerlo, tenía razón a pesar de todo. No podía exponerse de aquella manera.

Pero ella si podía contratar a alguien que se pareciera al menos de lejos a él. Sólo había que raptarla, sacarla rápidamente de la casa de sus padres y así dar inicio al gran final del juego.

Zafiro había sido elegido entre un selecto grupo de hombres, él sabía cuál era su trabajo y qué se esperaba de él. Seiya le había taladrado el cerebro una y otra vez, hasta que el mercenario había comprendido que si un solo cabellos de Serena era dañado, lo pagaría con su vida.

Se miró al espejo pensando que algunas cosas no cambiarían nunca, y otras cambiaban para peor.

En su antigua vida hubiese sido tan fácil matar a alguien y tirarlo por ahí. El clima, las lluvias y los animales se encargarían de los restos de una forma tan perfecta que nunca nadie sabría qué le habría pasado al pobre infeliz.

Nadie tenía que decirle a ella cómo eran esas cosas, lo había sufrido en carne propia y hoy quería su venganza.

Seiya se removió desnudo a su lado, pocas veces conseguía dormir tan profundamente, sólo cuando lo hacía junto a ella él podía descansar. Miró el valle entre sus pechos y la masculina mano reposaba ahí, parecía que él necesitaba sentir el calor de su cuerpo y los latidos de su corazón, para comprobar que ella estaba junto a él todavía viva.

No pudo evitar estremecerse, ya se habían perdido y el dolor había sido desgarrador. Las noches que solía recordarlo ninguno de los dos dormía, la necesidad de demostrarse que ambos estaban vivos y juntos mutaba hasta convertirse en lascivia pura. Sólo cuando sus cuerpos llegan al éxtasis total, podían descansar, pero siempre era de la misma manera. Él, aún dormido, sintiendo el cuerpo de ella vivo a su alrededor.

Lentamente fue rozando su cuerpo al de Seiya, despertándolo y despertando el deseo de ambos.

La tarde daba paso a la noche, y finalmente tanto Endimion como Serenity, comprenderían que algunas penas eran más profundas que la muerte.

`*´¨`·.…S&E….·´¨`*'

Había desaparecido, su esposa no estaba en la residencia Tsukino.

La había dejado hacía un poco más de dos horas en la cama donde oficializaran su matrimonio, y ahora parecía como si la hubiese tragado la tierra.

El cabello de la nuca se le erizó, no había duda de que algo estaba mal y no quedaba mucho tiempo. Siempre había sospechado que el hechizo duraría lo que un ciclo lunar, y no un mes con sus treinta días y noches. Haruka se lo había confesado el día anterior, ingenuamente, habían pensado que un día sería suficiente para conseguirlo.

Y ahora la frustración lo estaba matando, era como si el universo se riera en su cara, los dioses lo habían puesto a prueba, y él estaba fallando sin remedio. Era primario encontrar a Serena y buscar la forma de que recordara todo.

O sería el final de todo.

-La gente de seguridad dice que vio salir a un hombre parecido a Endimion, llevando una extraña alfombra –dijo Neph, con el poco aliento que le quedaba tras recorrer todo el jardín principal buscando algún indicio de su hermana.

Uno a uno los miembros de la familia se fueron reuniendo junto a novio, anonadados por el comportamiento de Serena, ¿ella realmente había escapado en medio de la boda? No era algo que ella haría, mucho menos sabiendo que ella ya estaba vinculada a él por lazos más profundos que un simple papel.

No, éstos no eran miedos pre boda o arrepentimientos de último momento y las palabras de Nephrite lo habían dejado bien claro. Finalmente las "sombras" que los acechaban desde lejos, habían decidido actuar.

-William…- susurró Endimion, el único hombre parecido a él que podría interponerse en su felicidad.

-Tenemos que encontrarlo- sentenció Malachite sabiendo perfectamente lo que pensaba su Laird.

-No perdamos más tiempo, encontremos a ese imbécil, separémonos en grupos y...

-Deténganse todos- interrumpió Kenji a su hijo Jedite. –No sabemos dónde buscarla, todo lo que hagamos va a ser una pérdida de tiempo, al menos hasta que los que la secuestraron se comuniquen con nosotros- un improperio salió de su boca. –Esto no me agrada para nada, pero no podemos más que esperar.

-Sí, esperar… -Endimion miró a su gente, él no tenía el lujo del tiempo y esa era la peor tortura que tendría que soportar.

`*´¨`·.…S&E….·´¨`*'

Serena estaba muy enojada, quería matar al estúpido que la había golpeado, si su amado vestido de novia estaba destrozado… Alguien pagaría muy caro por ese error. No podía negar que estaba completamente enfadada, pero también asustada. Sin saber dónde estaba, por qué habían violado su hogar para llegar hasta ella y qué ganarían con raptarla.

Sin contar que no había elegido el día optimo para hacerlo, de ninguna manera pensaba perdonar a quien fuera que le estaba haciendo esto. El hermoso y perfecto día de su boda había sido arruinado sin ningún tipo de contemplación, y eso sin duda, era algo que pensaba dejar claro, si alguna vez el responsable daba la cara.

De pronto la puerta de la habitación se abrió, escuchó varios pasos acercándose a ella y con suma torpeza le quitaron la venda que cubría sus ojos.

-¡Sorpresa!

-Seiya-, el miedo y la incredulidad se apoderaron de ella-. ¡La puta madre que te re mil parió!- gritó sin sonrojarse- ¿Qué carajo pensabas conseguir con esto? ¿Joder mi boda?

-Tal vez, tal vez algo más- respondió sonriente.

-¿Qué más, qué más pude haber hecho que tenés que joder sistemáticamente cada momento importante de mi vida?

-Mi vida es más importante que la tuya. Pero eso ya lo sabías, bueno, alguna vez lo supiste. Pero en ese momento tampoco te importó. Arrebataste mi derecho de justicia, algo que era mío por derecho. Y ahora me toca a mí cobrarte, y cobrarle a Endimion por lo que me quitaron.

-¿De qué hablás? Parecés un demente hablando así, yo no te hice nada y no sé qué me vas a cobrar.

-¿Segura? Es increíble lo que el miedo puede tapar, y lo que el miedo puede develar, por eso estás acá, ¿estás segura que no tenés miedo ahora?- él la miró fijamente, sus ojos azules la atravesaron, y en ese segundo Serena supo que él podía verle el alma-. No, ahora no temés, pero sí en tus sueños. En tus sueños no podés controlar tus recuerdos y ellos toman el control.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de ella, era imposible que supiera de sus sueños, no lo había hablado con nadie, sólo con Endimion y su psicóloga.

-Lo sé, lo sé todo, y me sorprende lo testaruda que sos. A estas alturas vos también tendrías que saberlo- y por primera vez cuando él se acercó a ella, tuvo miedo.

-¿Qué tendría que saber?- preguntó con un hilo de voz.

-Que yo… te maté…

Los ojos de Serena se abrieron de par en par y finalmente todo cobró sentido, sus sueños, su amor por Endimion, la extraña relación que había mantenido con Seiya. Estaban unidos por la sangre que manchaba sus manos, en las de él la sangre de ella y en las de Serena la de él.

-Y vos le mataste- una voz surgió detrás de Serena, no podía ser lo que veían sus ojos, era Setsuna.

No, no eran ellos. –Willian… Arabella….

-Y finalmente, las tinieblas que cubrían a mi lady, desaparecieron. ¿Tan difícil fue?

-Sí- dijo Serena en un susurro, mientras los ojos se le llevan de lágrimas-. ¿Por qué?

-Venganza podría decirse, pero no es sólo eso. Queríamos que sintieran el mismo dolor que nosotros, cuando desterraron a Arabella por realizar prácticas oscuras. Ella era mi mujer, la verdadera señora del castillo, pero cuando mi padre se negó a reconocer nuestro vínculo…

-Renunciaste a tu herencia, a tu deber con tu clan, yo lo recuerdo.-

-Recordás lo que querés recodar y no todo, nunca tuviste idea de nada. Pero eso no impidió que te levantaras en armas contra mí.- Sentenció con un grito Seiya. –Me sorprendió ver lo bien que hundías tu sgian dubh en mi vientre

-No fue así, y lo sabés muy bien. Yo…

-Basta, no me interesa escuchar qué fue o qué no fue real,- la interrumpió raudamente Setsuna o Arabella. -Ahora vas a aprender que el tiempo corre, no siempre como queremos. Y que un solo segundo puede significar el fin de todo lo que alguna vez tuvo importancia.- Esta vez, Serena vio el reflejo angustia en la cara de la mujer.

-Si pensás que vamos a lastimarte, te vas a sorprender. Estás acá, hasta que sea el momento indicado. El resto no nos interesa, esta vez la venganza está en manos de los FAE…- Seiya la miró viendo el asombro de Serena. –Sólo los fae tienen el poder de conceder el milagro que es hoy Endimion. Los antiguos dioses no responden tan fácilmente las plegarias humanas. Pero las hadas, esos seres eternos, aman jugar con la vida de mortales.

Serena lo sabía, la parte antigua de ella sabía bien de lo que eran capaces las hadas, sólo por divertir sus patéticas y longevas vidas. Con tal de sentir alguna emoción, eran capaces de planear los actos más intrincados y siempre terminaban de la misma manera. Eran los espectadores de un teatro burdo en donde la tragedia reinaba.

El miedo la recorrió y miró desesperada a Seiya. William y él eran la misma persona, pero también eran distintos, no importaba cuantas veces uno renacía, Serena estaba segura que uno podía aprender de los errores y ser un persona distinta. Y Seiya era distinto a William, si bien ellos habían tenido miles de deficiencias como pareja, él no estaba corrompido como su antepasado.

Ella confiaba que todavía había algo bueno dentro de él.

-No me mirés así Serena, el destino está escrito. Y Endimion no está en él, su destino es desaparecer hoy, cuando la luna esté en su cenit, esa es nuestra venganza.-

Y sin decir más, él se dio vuelta tomando la mano de Setsuna, arrastrándola hacia él, como si necesitara sentirla. El pasado que los rodeaba hablaba de pérdida y dolor, todo era demasiado grande y demasiado eterno.

La habitación se quedó a oscuras cuando la pareja salió, dejando a Serena sola con sus recuerdos, con cada precioso momento de su antepasada niñez, juventud y madurez. Todo rodeaba a Endimion, cada recuerdo triste o feliz tenían algo de él. Al igual que ahora, era esencial para su vida, porque ella lo quería a su lado.

No pudo evitar llorar, rezó para que alguien llegara, para que las crípticas palabras de sus captores fuera mentira, para que los fae por una vez no jugaran un juego tan cruel. Y esperó, esperó por un milagro.

La noche ya había caído cuando Seiya regresó, la desató con cuidado de no lastimarla, la ayudó a incorporarse y la miró.

-Llegó el gran acto final Serena, y por alguna extraña razón tiene que ser así. Solos vos y yo- lentamente levantó la mano hasta el rostro de ella y la acarició con suavidad. Esperando que ella se apartara de su toque, mas no lo hizo -, toda nuestra vida está conectada, y sé que no soy el mejor de los hombres. Pero también sé de lo que sos capaz por la gente que amás, te estoy dando minutos de ventaja, ahora dependés de tu propia capacidad para salvar al hombre de tu vida.-

-¿Y qué obtenés a cambio?- preguntó ella en un susurro.

-Aunque ahora no lo creas, tu perdón. Corré, no pierdas tiempo…

Y así lo hizo, sorprendida por la actitud final de Seiya, pero sabiendo que no mentía al decir que estaban conectados. Las lágrimas corrían por su rostro, el pasado y el presente finalmente coexistían en equilibrio. Su alma volvía a ser una, era Serena Tsukino pero antes había sido Serenity la prometida de Endimion, soberana de Cerridwen.

Y si por un momento temió a que el pasado sobrepasara y exigiera sobre su futuro, nada de eso había pasado.

Ahora era más sabia, sabía del dolor, del pesar y de la alegría. Esta vez enfrentaría el futuro con los ojos abiertos…

Eso si había un futuro. Si Seiya y Setsuna estuvieran equivocados, y Endimion no desaparecía en menos de diez minutos.

Siguió corriendo logrando ver a través de las lágrimas, la casa se veía iluminada, el camino de con antorchas centellaba creando una imagen de ensueño. No se había dado cuenta hasta ese momento que su casa estaba decorada de la misma forma que se había adornado en su compromiso siglos atrás.

La puerta de reja que custodiaba la intimidad de su boda parecía tan distante, por mucho que corriera la entrada parecía cada vez alejarse más. Sus fuerzas flaqueaban, hacía ya casi veinte minutos que corría descalza por medio de los diferentes jardines que separaban su casa del lugar en donde la habían mantenido recluida. Lo habían pesando bien, a menos de medio kilometro de su casa estaba ese antiguo templo, nadie los buscaría en un lugar tan cercano, mucho menos sospecharían de un lugar casi demolido. Ellos no habían querido lastimarla de forma física, no sólo quería destruir su alma y sus sueños, también por eso la distancia de la locación. Ellos querían que Serena llegara para ver desvanecerse, o morir a Endimion.

Serena apartó de sus ojos las lágrimas que obstaculizaban su visión, y corrió con más fuerza. Ella podía romper el hechizo, era tan fácil como llegar a tiempo y reconocer al hombre que había sacrificado toda su vida por volver a ella.

Y corrió, llena de una nueva energía sabiendo que lo lograría, que volvería a estar en sus brazos y todo sería un mal sueño.

Sin darse cuenta llegó a la entrada donde varios hombres de seguridad la miraban incrédulos, no todos los días se veía llegar a la novia con el vestido destrozado, sucio, descalza y con el maquillaje corrido por el sudor y las lágrimas. Sin mencionar el pequeño detalle de que a esa hora todos sabrían lo de su rapto, o al menos pensaban que se había arrepentido de la boda.

Unos comenzaron a hablar por handie y otros muy nerviosos se acercaron a ella, con cuidado la subieron a un automóvil y la acercaron a la casa a velocidad, sin decir ni una palabra. Y Serena se los agradeció, las dos cuadras que separaban el puesto de seguridad hasta la entrada de la misma casa, parecían imposibles de correr, al menos en ese momento para ella.

Hasta que vio el reloj, faltaba menos de un minuto para que la luna brillara en su zenit, bajó corriendo del vehículo sin esperar prácticamente a que se detuviera y entró a la casa, atravesándola a velocidad, para llegar cuanto antes al jardín donde Endimion la esperaría.

Las suaves cortinas se corrieron suavemente invitándola a pasar y cuando las cruzó toda su familia estaba ahí.

Él seguía ahí, lo había logrado, sólo tenía que decir su nombre, lo sabía, eso rompería el hechizo y Endimion seguiría junto a ella para siempre.

Su boca se abrió para llamarlo, pero él ya tenía su vista clavada en ella y comprendió. Que él siempre la había reconocido, no como Serenity. Sino también como Serena, él la veía a ella, recordando el pasado que una vez habían tenido, pero sobre todo gozando del futuro que forjarían. Y se sintió insignificante, porque él había comprendido primero que ella, que los dos eran uno. Sin importar el tiempo.

Él le sonrió y su sonrisa calentó el corazón de Serena, quien respondió de la misma manera. Era el momento, tragó saliva y dijo su nombre desde el fondo de su corazón.

-Sean…- y ante los ojos de Serena y de toda su familia.

Lord Endimion, se desvaneció.


FELIZ NAVIDAD!

Guayyy qué final, mirén dónde se los dejo. No me reten el final está a la vuelta de la esquina. Espero que lo disfruten, aprovechen las fiestas para estar con sus familias y nos hablamos prontito.

No voy a responder las reviews anteriores, porque pasó un año y no tiene mucho sentido cronológico. Pero les prometo que en el próximo si van a tener sus respuestas. Dejen review! Yo escribí y publiqué, espero que me regalen 5 segundos de su tiempo y me dejen aunque sea su saludito de fin de año.

En cuanto pueda subo los dos últimos chaps, y espero que me sigan con este final que ya no queda nada!

PS: durante el día voy a subir los nombres de todos los que dejaron sus reviews en el capitúlo anterior, hoy son las 4 de la mañana y no puedo más del sueño.

Besotes!