V. El Templo.

El templo de Oorín quedaba un poco apartado del pueblo, pero a pesar de ello se notaba que formaba parte del mismo, y la significancia que tenía para la población era primordial. Gohan estaba maravillado durante el camino, no sólo por los paisajes que veía (en cierta manera parecido a la montaña Paoz, al menos en la gran cantidad de vegetación que había), sino también por la manera en que el pueblo era capaz de vivir en armonía con su entorno, sin notarse invasivo frente a la vegetación.

-Krilin, me encanta este lugar- dijo de pronto Gohan, sin dejar de caminar y mirar todo a su alrededor –de verdad, es muy hermoso.

-Sí, lo sé- sonrió Krilin levemente, mirando también el paisaje –aunque ya me acostumbré a vivir en Kame House, en cierta manera tengo que reconocer que siempre he extrañado este lugar…. Más que nada por la playa… es hermosa, pero a ratos prefiero la tranquilidad de la montaña.

-Te encuentro toda la razón- dijo Gohan, sonriendo. Al estar en un bosque siempre se sentía mucho más seguro que en cualquier otro lugar, más que nada porque prácticamente se había criado en uno. Ese era su territorio.

Finalmente llegaron. Krilin se sentía mucho más emocionado que cuando estaban a punto de ver a su padre, y Gohan pudo darse cuenta perfectamente. Se sintió contento por su amigo, ya que al menos estaba teniendo algún reencuentro agradable, aparte del que tuvo con Saki el día anterior. En fin, al llegar al recinto, Gohan pudo observar a un grupo de niños pequeños haciendo una serie de katas, guiados por un monje, al parecer, con experiencia.

-Esto si me trae recuerdos- sonrió Krilin –recuerdo que al comienzo pasaba casi todo el día haciendo eso… eran tiempos decentes- suspiró –ven, el maestro está por acá.

Gohan observaba todo con muchísima curiosidad. Había visto uno que otro documental en algún canal cultural que hablaban sobre las artes marciales que se enseñaban en distintos templos religiosos. Siempre había tenido deseos de conocer alguno, no sólo por lo que ahí enseñaban, sino que por la arquitectura de muchos de esos templos, y la gran cantidad de información que poseían los monjes, especialmente aquellos que eran experimentados.

-Esto es genial- sonreía el niño -¿cuánto tiempo estuviste practicando aquí, Krilin?

-Más o menos seis años, no lo sé- se encogió de hombros el otro –el maestro Kazuo fue quién me inició, y gracias a él aprendí lo básico de las artes marciales, antes que el maestro Roshi me tomara como su pupilo.

-¿Fue él quien te convenció para que fueras con el maestro Roshi a Kame House?- preguntó Gohan, mirando hacia uno de los patios interiores, en los que un grupo de muchachos, lo más seguro que mayores que él, se dedicaban a meditar, todos ordenados en perfecto orden, sentados y con los ojos cerrados. Sin querer se acordó de Piccoro, y sintió una leve nostalgia golpearlo de pronto. Desde que Gokú había decidido no regresar con ellos, las visitas casi diarias por parte del Namekiano le daban a entender perfectamente que se daba cuenta de su estado de ánimo bastante bajo… y del todo el problema emocional que eso estaba acarreando.

-Hum…- Krilin pareció meditar la respuesta, mirando el techo empedrado del pasillo por el cual caminaban, manos en los bolsillos de su polerón –la verdad, te mentiría si te dijera que sí. Siempre se había hablado de la leyenda que era el maestro Roshi, ya sabes, por todo eso que en su momento fue el hombre más fuerte del mundo, así que el ir con él era todo un reto, como también era una manera de demostrarles a todos que casi el dios de las artes marciales me había recibido… ¿entiendes a lo que me refiero?

-Algo…- contestó Gohan –pensé que sólo a tu padre querías demostrarle que podías ser bueno en las artes marciales.

-Era principalmente a él a quien deseaba demostrárselo, pero te estaría mintiendo si te dijera que no deseaba ver las caras de mis compañeros cuando se enteraran- contestó Krilin, y después de unos momentos, continuó hablando –ya sabes cómo es esto, demasiada competencia, nunca faltan los abusadores que se burlan y se aprovechan de los más pequeños y todo eso- se encogió de hombros, en un gesto de resignación. La verdad era que Gohan no tenía idea sobre esos temas donde habían muchos jóvenes y niños reunidos, así como en una escuela –cuando me fui del pueblo también se los dije a ellos, y no muy amablemente…

-Es comprensible- dijo Gohan, como si nada –estoy seguro que tu maestro debe estar muy orgulloso de ti. Debió sentir mucha satisfacción cuando te vio en el Torneo de Cell, dispuesto a luchar para defender la Tierra.

-Gracias por las palabras, niño- sonrió Krilin –pero creo que se hubiera sentido mucho más orgulloso si es que hubiera podido defenderme decentemente de los Cell Juniors, y yo me hubiera sentido mucho más realizado.

Gohan soltó una risita, divertido. Krilin lo quedó mirando unos momentos y luego también lo acompañó. Lo tenía contento el hecho que su amigo se mostrara cada vez más cómo era antes del Torneo de Cell. Habían estado todos bastante preocupados, principalmente porque el niño se negaba a asistir a las reuniones que se organizaban (más que nada para que él asistiera).

Krilin en parte lo entendía… sabía que Gohan no sólo cargaba con el estrés de haber tenido la sobrevivencia de la humanidad sobre sus hombros (y, por tanto, el destino del planeta), sino que también con el trauma de ver a su padre morir, la culpabilidad de saber que si hubiera actuado de otro modo Gokú no hubiera muerto… y también el hecho de que Cell casi logró matarlos a todos. Sin contar que estaba seguro que todas las batallas que había vivido desde los cuatro años también habían influido un tanto.

En un momento, Krilin se detuvo. Miraba divertido cómo un grupo de jóvenes seguía las instrucciones de casi un anciano, sentado sobre una tarima. Gohan lo observó con curiosidad, dándose cuenta del aura positiva y agradable que lo rodeaba, que invitaba a acercarse y compartir con él más que unas pocas palabras.

-Muy bien, jóvenes- dijo el anciano. Gohan supuso que era el maestro de Krilin, ya que éste esperaba pacientemente a que se diera cuenta de su presencia –tendremos un receso de cinco minutos, que es lo que necesito para dar la bienvenida a un viejo amigo, y a un muy buen alumno.

Los jóvenes hicieron una respetuosa reverencia al anciano, y se fueron retirando del lugar, mirando con notable curiosidad a Gohan y a Krilin. El segundo no prestaba mayor atención, mirando agradecido a su maestro. El saiya, por otro lado, miraba hacia cualquier lado, sintiéndose incómodo por ser el centro de mirada por parte de todos esos jóvenes.

Gohan, distraído como estaba, no se dio cuenta que su amigo ya se había adelantado, feliz de ver a su maestro de la niñez.

-Maestro Kazuo- Krilin hizo una respetuosa reverencia –es bueno verle después de todos estos años, y con tanta energía, además.

-Lo mismo digo, muchacho- Kazuo también se inclinó levemente –me alegra mucho que te decidieras a venir, de verdad. Necesitábamos verte de alguna otra manera que no fuera a través de la televisión.

Krilin soltó una carcajada, avergonzado por sus palabras. Esto sacó de sus pensamientos a Gohan, que después de unos momentos confundido, se dio cuenta que estaba solo en medio de un pasillo. Sonrojado por la vergüenza, se acercó a los otros dos, que lo miraban con cierta diversión en sus expresiones.

-Por fin dejaste de soñar despierto- le dijo Krilin en tono de broma, poniendo una de sus manos sobre su hombro –Gohan, él es el maestro Kazuo, mi primer profesor en las artes marciales. Maestro, él es el hijo de mi mejor amigo, Son Gohan.

-Un gusto conocerlo, señor- dijo Gohan respetuosamente e inclinándose.

-El gusto es mío, muchacho- contestó Kazuo –es un honor para mí tener aquí a quien nos salvó realmente de la amenaza de Cell.

La cara de sorpresa que puso Gohan hizo que Krilin riera, divertido. Palideció levemente, abrió sus ojos casi a su completa capacidad, y también su boca, quedándose en silencio durante un buen rato.

-Vamos, Gohan, no pongas esa cara- rió Krilin –te dije que el maestro sabe mucho, y que no se deja influenciar por tarados sedientos de fama.

-Eh… sí, pero…- balbuceó el niño, aún confundido. Kazuo lo miraba con un dejo de diversión, debido a la reacción que había tenido al escuchar sus palabras. Finalmente el anciano se decidió a hablar, dándose cuenta que Gohan no lograba comprender lo que estaba pasando.

-Muchacho, no pongas esa cara- le dijo –sé que es difícil que se te felicite por lo que lograste hacer con Cell, pero eso no significa que tengas que poner ese rostro de miedo cada vez que alguien lo haga…

-Es sólo que no está acostumbrado- sonrió Krilin –como ese desagradable de Satán se llevó todo el mérito de la batalla, creo que a Gohan se le olvidó un tanto qué significa que se le felicite por ganar…

Gohan sonrió con cierta vergüenza, encogiéndose de hombros ligeramente y bajando la mirada. Kazuo lo miraba con cierta diversión, y Krilin también, un poco comprendiendo por qué razón Gohan estaba así.

-Ya no lo moleste, maestro- pidió Krilin –como puede ver, él tiene de modestia todo lo que Míster Satán tiene de mentiroso…

-Ya, Krilin…- murmuró Gohan, sintiéndose incómodo. Su amigo rió un poco.

-¿Hablaste con tu padre?- preguntó Kazúo, ya dándose cuenta que el tema de Satán había pasado –porque supongo que a eso viniste, ¿cierto?

-Saki me dijo que estaba enfermo- contestó Krilin –y que quería verme. Supongo que la segunda parte la inventó, porque yo no lo veo muy contento con mi visita… ni tampoco lo veo tan enfermo, ¿sabe?, quizás Saki tiene un plan medio retorcido para ver si por fin tenemos una conversación decente después de tantos años.

-No sería malo que lo intentaras, muchacho- dijo Kazúo, sentándose. Krilin y Gohan lo imitaron, el segundo mirando distraídamente hacia cualquier parte. Cuando se dio cuenta de eso, el anciano miró al niño –si quieres puedes ir a dar una vuelta por el templo.

-¿De verdad?- preguntó Gohan, animado.

-Claro, chico, no tienes que quedarte aquí escuchando conversaciones que no te importan. Ve tranquilo, quizás encuentras algún compañero para entrenar.

-Sí, gracias- sin que se lo repitieran dos veces, Gohan se puso de pie y se alejó casi corriendo, bastante feliz.

Los dos quedaron mirando al niño, sonriendo. Después de unos momentos ambos volvieron a concentrarse en su conversación.

-Simpático niño… ¿cuántos años tiene?

-Once…- contestó Krilin, con un dejo de tristeza –es un buen niño…- murmuró –lástima que todos nos hayamos olvidado que lo es… creo que el único que lo recordó en el momento crucial fue Piccoro.

-Por lo de Cell, ¿cierto?- preguntó Kazúo, después de unos momentos. Krilin pareció pensar unos momentos en la respuesta.

-No sólo eso… Gohan desde los cuatro años que se ha visto inverso en batallas para salvar al mundo… definitivamente un niño a esa edad debería estar jugando y no matándose entrenando para ayudar a su padre a salvar a todos.

-Concuerdo contigo, Krilin- asintió Kazúo –en fin, ¿cómo ha estado tu visita a tu padre?- preguntó luego, y suficiente respuesta fue la mueca de enfado que hizo Krilin, apoyando sus manos en el piso –no me imaginaba otra cosa.

-Usted sabe cómo es él, maestro- dijo Krilin –por muchas cosas buenas que haga, jamás se dará cuenta de ellas, nunca. Y si le soy sincero, estoy acostumbrado a ello, no esperaba otra cosa de parte de él.

-Bueno, estamos hablando de tu padre, después de todo- suspiró Kazúo –es de los hombres más testarudos que he conocido, de verdad. Tenemos mucho tiempo para conversar, quiero que me cuentes qué fue de tu vida durante todo el tiempo que no has estado aquí…

-Ouh… eso es mucho tiempo- sonrió un poco Krilin –creo que ocuparemos más de los cinco minutos que le dio a sus alumnos.

-Ellos ya lo sabían…


Gohan recorría el lugar, siendo observado por más de un monje, no sólo porque era difícil ver a alguien ajeno dentro del lugar, sino que ni siquiera lo habían visto en el pueblo.

-Ey, chico- un hombre, apoyado en un pilar junto con unos cuantos monjes más, llamó a Gohan. Antes que se decidiera acercarse, Gohan observó a su alrededor, buscando a otro posible personaje que llamara –Tú, chico…

-¿Me habla a mí, señor?- preguntó Gohan, después de unos momentos. Al notar que asentía, se acercó, sintiéndose un tanto nervioso –dígame, ¿qué es lo que quiere?

-¿Quién eres tú y cómo es que llegaste a este lugar?- le preguntó –nunca antes te habíamos visto por estos lados.

-Vine acompañando a un amigo que vino a ver a su maestro- contestó Gohan, simplemente –están conversando ahora, y para que estuvieran tranquilos preferí venir a recorrer el lugar… es muy bonito y fresco.

-¿Cómo se llama tu amigo?

-Krilin.

-¡¿Qué cosa?- todos los monjes se sobresaltaron al escuchar el nombre, mirando al niño con ojos casi alarmados -¡¿Dijiste Krilin?

-Eh… sí…- contestó Gohan, mirando con cierta extrañeza a los hombres -¿por qué tanto grito?

Ante la pregunta de Gohan, los hombres de un momento a otro recobraron la compostura, parándose bien, y sin notarse con alguna exaltación. El niño estuvo a punto de soltar una carcajada, por el cambio en ellos.

-Supongo que lo conocen, ¿cierto?- preguntó, con cierta inocencia fingida –aunque hace años que se fue de aquí, ¿saben?

-Sí, lo recordamos- uno de ellos se cruzó de brazos, mirando a un lado con no muy buena cara. Eso le pareció a Gohan de lo más divertido –recuerdo muy bien lo divertido que era verlo llorar cuando perdía en los combates…

-¿En serio?- a pesar que le molestó mucho el comentario, trató de disimularlo –bueno, era sólo un niño… pero sé que a él lo entrenó el maestro Roshi, uno de los mejores profesores del mundo, ¿saben? Él logró sacar todo el talento que Krilin tenía… estoy seguro que en estos momentos él no sería vencido tan fácil.

-No sólo él ha mejorado, eso te lo puedo asegurar- gruñó el hombre, mirando con cierto desdén a Gohan –y conozco muy bien los resultados que tuvo su entrenamiento con ese Roshi, ambos nos enfrentamos en el Torneo de las Artes Marciales.

-¿De verdad?- Gohan se notaba bastante sorprendido -¿y quién ganó?, ¿te enfrentaste a él en las semifinales?

-No…- aunque fue sólo un murmullo, Gohan lo escuchó perfectamente. Antes que pudiera seguir preguntando, el otro cambió el tema drásticamente -¿tú también practicas Artes Marciales, niño?

-Sí, un poco- contestó Gohan, encogiéndose de hombros –suelo practicar de vez en cuando- el niño no deseaba asustarlos diciéndoles que seguramente era el luchador más fuerte del Universo, esos detalles bien podían omitirse -¿por qué?

-Por nada, chiquillo- contestó uno de ellos –estamos seguros que si te llegamos a hacer daño aunque fuera en algún entrenamiento, Krilin no estaría muy contento con ello. Será mejor que lo dejemos hasta ahí.

-Yo creo que no tiene nada de malo entrenar- replicó Gohan, seguro de no haberse divertido tanto hacía un buen tiempo. Estaba a punto de soltar la carcajada, le era difícil incluso disimular la sonrisa que se quería asomar en su rostro -¿Quieren?, ¿o acaso le tienen que pedir permiso a alguien?

Gohan se comenzó a preocupar sobre lo que estaba haciendo. Estaba bien bromear con los monjes que alguna vez fueron compañeros de Krilin, pero de ahí a desafiarlos a tener una lucha con él… distaba mucho de lo que habría esperado de sí mismo. Y aunque lo sabía, continuaba haciéndolo, hasta lograr convencerlos.

-¿De verdad no quieren?- preguntó luego de unos momentos el niño, poniendo sus manos juntas en su espalda, con gesto inocente –uh, bueno, como quieran, seguiré recorriendo el templo. Cuando quieran entrenar, me avisan nada más, ¿bien?, nos vemos.

Continuó caminando por el lugar, sintiendo, en uno de los pasillos, que lo llamaban. Extrañado, miró a su alrededor, en busca de aquella persona. Después de unos momentos se dio cuenta que era Umara, escondida detrás de un pilar.

-¿Qué haces ahí escondida?- le preguntó Gohan, dándose cuenta que en otros pilares estaban los demás niños.

-Vinimos a buscarte- contestó Umara –pensamos que estarías aburrido aquí. ¿Quieres venir con nosotros?, vamos a ir al río.

-Queremos pescar- dijo Amber, animadamente –así en la noche podemos hacer una fogata y asarlos, ¿qué te parece?. La tía Saki dijo que podíamos quedarnos en el patio de su casa en la noche. ¿Te animas?

-Claro- sonrió Gohan –sólo déjenme decirle a Krilin que iré con ustedes, ¿ya?

-Te esperamos aquí escondidos, ¿ya?

-Sí.

En menos de cinco minutos estuvo de vuelta, y todos los niños se dirigieron al río que quedaba cerca del pueblo.


Hola!, espero que les haya gustado el capítulo.

Saludos a Carlypotter, LDGV y a Rous, por sus comentarios en el cap. anterior.