VI. Control.

El día estaba soleado, perfecto para ir al río y pesar. Gohan seguía a los niños que conversaban alegremente entre ellos, haciendo bromas y jugando. Obviamente no le había costado convencer a Krilin que lo dejara ir, aunque éste lo único que no se metiera en problemas (como si a él le gustara meterse en problemas), y que cualquier cosa que ocurriera, le avisara (Gohan no entendía del todo por qué Krilin le decía esas cosas, ¿quién mejor que él sabe cuidarse solo?)

Iban caminando por un espeso bosque, conversando. Gohan, más que participar en lo que ellos decían, se dedicaba a escuchar, tratando de disimular la sonrisa que luchaba por aparecer en su cara, debido al tema que estaban tratando.

-¡A mí me gustaría ser como míster Satán!- decía Ed, emocionado –poder pelear como él, ser igual de fuerte… ¡el más fuerte del mundo!

-No seas payaso- gruñó Umara, mirándolo con cierta molestia –se ve que estás ciego. Míster Satán no es fuerte, lo es mucho más esos tipos rubios que estaban en el Torneo, ¿es que acaso no estabas viendo la televisión?, míster Satán duró menos de un minuto, igual que sus discípulos.

-Él dijo que todo eso que hacían eran trucos- replicó Amber, que se notaba sorprendida por las palabras de su amiga –tú también lo escuchaste decir eso, estabas con nosotros…

-Sí, y ustedes escucharon al maestro Kazuo decir que estaba mintiendo- dijo Umara, cruzándose de brazos –y ustedes saben que el maestro nunca miente… además, él sabe mucho más de artes marciales que nosotros, quizás todo eso que hacían los tipos rubios que pelearon con Cell es de verdad.

-Pero…- comenzó Nail, que hasta ese momento se había dedicado a escuchar –si son tan fuertes, ¿por qué no van con míster Satán y le reclaman que es un mentiroso? Si él se tomara el crédito por algo que yo hice, no lo dejaría en paz hasta que lo reconozca con todo el mundo.

-No lo sé…- Umara se encogió de hombros -¿qué opinas tú, Gohan?

-Eh… ¿de qué?- preguntó, algo distraído. Había perdido completamente el hilo de la conversación a penas habían hablado de él y Goku, refiriéndose a ellos como los "tipos rubios" que habían estado en el Torneo.

-Según Umara, esos tipos rubios del torneo de Cell son mucho más fuertes que míster Satán- le dijo Ed, a modo de resumen –pero yo le digo que no, que es difícil que alguien sea más fuerte que el Campeón Mundial de Artes Marciales. ¿Qué opinas tú?

-Eh… yo creo que…- Gohan ni siquiera había pensado del todo bien en su respuesta, cuando Nail lo interrumpe.

-¿Tú crees que ellos realmente derrotaron a Cell?- le preguntó –porque la pelea entre ellos y ese monstruo se veía de verdad increíble, ni parecida a la de míster Satán, ahí Cell ni siquiera se movió para sacarlo del ring…

-Bueno, yo… lo siento, pero no vi el torneo, así que no puedo opinar…- todos lo quedaron mirando como si estuviera loco, Gohan enrojeció –lo que pasa es que… estaba… ¡enfermo!, sí, enfermo… así que mi mamá no me dejó verlo por televisión, preocupada de que me pudiera hacer mal- soltó una risita nerviosa, pensando que esa mentirilla era mucho más creíble que la otra que se le había ocurrido primero, que vivía en una aldea tan aislada y pobre, que no tenía idea quién era ese tipo llamado Cell.

-¡Ya sé a quién podemos preguntarle!- dijo Amber, después de unos momentos en que todos se habían quedado mirando a Gohan –Umara, tú tío estuvo en el torneo, ¿no?- Gohan abrió la boca, por la sorpresa ante sus palabras –podemos preguntarle quienes eran esos tipos que estaban ahí, y si de verdad míster Satán le ganó o no a Cell…

-¡Buena idea!- sonrió Umara, mientras Gohan palidecía y comenzaba a sentirse un poco mal. Para su suerte, ninguno se dio cuenta de ello.

El sonido del agua correr les llamó la atención, al menos lo suficiente como para hacer que olvidaran su tema de conversación. Gohan no se negaba a sí mismo que ello le alivió un tanto, pero también comenzó a sentirse incómodo, más que nada por una serie de recuerdos que comenzaron a llegar a él.

La última vez que había ido al río a pescar, había sido unos cuantos días después de la batalla de Cell, y acompañado por su abuelo. Eso fue antes que la tristeza y la culpabilidad comenzara a afectarlo lo suficiente como para evitar ir a ese lugar. Pescar era una de las actividades que más le gustaba, pero estaba en una etapa en que prefería evitar todo aquello que le recordara a su padre.

Gohan se quedó un poco más atrás, mientras veía que todos los niños corrían felices al río, acercándose lo suficiente para observarlo con atención. Los observaba sin moverse, pensando que quizás no había sido tan buena idea irse del templo, la verdad era que no había pensado en su posible reacción al llegar a ese lugar. No se había acordado de Goku.

-¡Gohan, ¿qué haces ahí?- le preguntó Umara, desde la orilla -¡ven con nosotros!

-Eh… sí, claro- se acercó con rapidez, más que nada para evitar las posibles preguntas que ellos pudieran hacerle sobre por qué había cambiado su actitud de un momento a otro. Mientras los niños conversaban felices entre ellos y sacaban sus cañas de pescar, Gohan se tendió en el pasto, bastante cerca de ellos, y miró perdidamente el agua correr. El sonido que hacía el río lo distraía mucho, parecía como si lo hipnotizara.


El día estaba fresco, y un Gohan de unos cuatro años estaba sentado ante una mesita que su padre había ubicado a la sombra de un frondoso árbol, para aquellos días en que tuviera que estudiar, y que hacía mucho calor para hacerlo en su habitación. El pequeño, que canturreaba mientras resolvía aquellos ejercicios de matemáticas, de pronto sintió que alguien se acercaba a su espalda. Sonrió.

-¡Hola, papi!- le dijo, feliz y sonriente. Goku lo miró confuso unos momentos antes de hablar, mientras se acercaba más a él.

-¿Cómo supiste que era yo?- le preguntó, y Gohan sólo se encogió de hombros. Goku se sentó a su lado, sobre la hierba, y miró con atención lo que su hijo estaba haciendo.

-No es muy difícil- dijo Gohan, cuando notó la cara de confundido que su padre ponía al ver los ejercicios –si quieres te enseño.

-No, gracias- se negó Goku, riendo –tú sabes que todo eso se me da fatal.

Gohan le sonrió a su padre y continuó estudiando. Deseaba terminar pronto para pedirle a su madre permiso para salir a recorrer y jugar un poco, aunque fuera solo. Podía notar la mirada de Goku sobre él, mirándolo con atención. Lo veía tan fijamente, que el niño comenzó a sentirse nervioso.

-Gohan- dijo de pronto Goku, el niño lo miró -¿a ti te gusta lo que haces?

-¿Eh?

-Sí… ¿te gusta estudiar, entrenar tan duro?- volvió a preguntar Goku, sólo que esta vez le devolvía la mirada un niño de once años –creo que nunca te lo preguntamos con tu mamá, nunca lo he pensado. Recuerdo que cuando era niño me gustaba jugar, siempre lo hacía con mi abuelito, y también entrenaba con él… pero tú… sólo estudias, y nunca te has negado a hacerlo, ni tampoco a entrenar. Pero no puedo dejar de pensar que siempre todo lo has hecho por obligación.

Gohan bajó la mirada, confuso. No sabía qué contestarle a su padre, porque nunca se había puesto a pensar si le gustaba o no estudiar o entrenar. Siempre tenía que hacerlo, y prefería hacer caso que comenzar a cuestionar las razones que los demás le daban para hacerlo. Quizás sí debía hacerlo.

-Recuerdo que cuando eras pequeño, a veces querías entrenar conmigo sólo porque yo lo hacía, por nada más, me imagino que era para tratar de pasar más tiempo conmigo… pero Milk siempre se negó a que te enseñara a luchar, con toda esa historia que tenías que ser un investigador, el mejor de todos. Pero después llegó Raditz, y eso nos cambió la vida a todos…

Sin querer, Gohan tenía el ceño fruncido y sus puños apretados. No sabía del todo la razón, pero todo eso de la "confesión" de su padre lo estaba shockeando, ya que se estaba cuestionando toda su vida. Y eso era algo que de momento, no deseaba hacerlo, porque en parte podía sentir lo que ocurriría con él.

-¿Por qué estás diciendo esto?- lo interrumpió Gohan, deseoso que guardara silencio de una vez -¿no crees que ahora es un poco tarde para pensarlo?- contrario a lo que esperaba, Goku lo quedó mirando con una tranquilidad que lo incomodó. Estuvieron en silencio hasta que el saiya sonrió levemente, acariciando el cabello de su hijo con cariño.

-Tienes razón- le dijo –lo siento… es sólo que a ratos pienso que Milk y yo hemos hecho todo mal contigo, quizás es porque somos padres primerizos, quién sabe…

Gohan abrió la boca, sin saber del todo qué decir. Estaba un tanto sorprendido por las últimas palabras de su padre, que se ponía de pie nuevamente.

-Te dejaré estudiar tranquilo, creo que te lo mereces- continuó hablando Goku –después de todo, has salvado la Tierra y a todos.

-Yo no…- comenzó Gohan, pero Goku lo interrumpió, levantando una de sus manos y demandando silencio. El niño cerró su boca instantáneamente. Goku se hincó en frente de él, mirándolo con atención a los ojos; después de unos momentos Gohan no se sintió capaz de sostener la mirada, así que volvió sus ojos al suelo.

-Te voy a contar una historia antes de irme, pero me gustaría que tú le hicieras el final- le dijo Goku, con un tono de voz alegre –había una vez un niño. Éste era amable, tierno y muy inteligente, y también muy fuerte. Vivía con su familia en un lugar apartado, por lo que difícilmente podía jugar con otros niños, pero aún así, él consideraba que tenía una vida feliz con su familia. Como era obediente, siempre cumplía sin chistar los deseos de sus padres, aunque no quisiera hacer lo que ellos le pedían. Fue así como un día, por azares del destino, el niño se vio obligado a hacer algo que no quería: tuvo que proteger a su familia, y asesinar por ellos, para protegerlos…

Gohan sintió que sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas, y que por más que luchaba para que se quedaran en ese lugar, éstas eran lo bastante fuerte como para comenzar su camino por sus mejillas.

-"Asesinar es feo", pensaba el niño después de lo ocurrido, pero le tranquilizaba el hecho que todos estuvieran bien. Se despertaba en las noches pensando en lo que había hecho, y siempre tenía pesadillas. Sus padres se daban cuenta que algo estaba mal con él, pero aún así estaban tan enfrascados en sus mundos que no se detenían a pensar qué era lo que ocurría con él- Gohan cerró los ojos, mordiéndose el labio. Sintió que le tomaban sus manos –el niño muy pronto comenzó a cambiar su manera de ser, llegando al punto de volverse triste, y de culparse de todo lo malo que ocurría a su alrededor, tenía pesadillas y a penas podía dormir una noche completa. Gohan… si tú fueras ese niño, ¿perdonarías a sus padres por no ser capaces de ayudarlo?

El niño abrió los ojos, pero su padre ya no estaba en frente de él. Se encontraba completamente solo, sin moverse.

-Gohan- sonó la voz de Goku por todas partes -¿tú crees que ese niño sea capaz de perdonarse por sentirse un asesino? ¿Tú crees que se justifique la acción de sus padres, sólo porque era más fuerte?

No contestó, se hincó en el suelo sintiendo sus piernas demasiado débiles como para sostenerlo. No quería seguir escuchando a su padre.

-¿Tú perdonarías a todos, Gohan, por olvidarnos de ti?, ¿por abandonarte?


Gohan abrió los ojos y se encontró en el mismo lugar, al lado del río, cerca de los demás niños, que por suerte, no se habían dado cuenta que se había quedado dormido… ¿en qué momento había cerrado los ojos?, ni siquiera podía recordarlo.

-Gohan, ¿qué tienes?- Umara, que estaba sentada cerca de él, lo miraba con curiosidad –ya te despertaste- le continuó –te vimos durmiendo tan relajado que no quisimos despertarte… ¿qué te pasa?

El saiya se había puesto de pie, pálido. El sueño que había tenido había sido mucho más… "tranquilo" que otros que había tenido de la batalla de Cell, pero definitivamente, le parecía mucho más angustiante. ¿Qué era todo eso del cuento que su padre le había contado?, ¿y las últimas preguntas que le había hecho?

-Gohan- Umara se había acercado lo suficiente como para tomar su brazo. El niño despertó de sus pensamientos y la quedó mirando, dándose cuenta que era el centro de atención de todos los demás -¿te sientes mal?

-No- contestó rápidamente –estoy… bien… sólo… quiero ir a hablar con Krilin, necesito volver- se soltó con suavidad, tratando de no hacerle daño con su exceso de fuerza.

-No puedes volver- replicó Umara, contrariada –te puedes perder, no conoces el camino.

-No importa- dijo Gohan, alejándose –recuerdo el camino, no te preocupes…

-Pero… ¿quieres que te acompañe?

-No, gracias- se negó Gohan, rápidamente. Quería estar solo –quédate con los chicos, nos vemos después.

Salió corriendo, esperando que ninguno de ellos lo siguiera. No tenía idea por qué habían cambiado tanto sus sueños, pero si el fin de ello era que se volviera a sentir mal por todo lo ocurrido, lo habían logrado. Todo lo que su padre le dijo en el sueño, de sólo recordarlo, lo hacía casi temblar.

Encendió su ki casi sin darse cuenta. No se molestó del todo en intentar la cantidad de emociones que estaban dentro de él en esos momentos, sólo no podía dejar de pensar en el sueño que había tenido, tan real, tan dolorosamente real, que hacía que toda su tristeza y frustración volviera a él.


Krilin dio un saltito al sentir el ki de Gohan comenzar a subir, y algo asustado se puso de pie, al notar que continuaba elevándose casi sin control. ¿Qué había ocurrido para que Gohan se descontrolara de esa manera?

-¿Qué ocurre, Krilin?- le preguntó de pronto Kazuo, sacándolo de sus pensamientos. Krilin se dio cuenta que la visita había acabado.

-Es Gohan- contestó, con el ceño fruncido –algo le ocurrió… lo siento, maestro, tengo que irme a ver qué ocurre.

-Ve, no te preocupes- asintió el anciano.

Krilin, después de inclinarse, sonriendo levemente, encendió su ki y se alejó del templo, volando. Kazuo, sorprendido, lo vio con los ojos muy abiertos. Luego, sonrió un poco, sintiéndose orgulloso del que alguna vez fuera su pupilo.

-Debí suponerlo…- murmuró.

Por otro lado, Krilin volaba a la mayor velocidad que podía, tratando de llegar lo más pronto posible al lugar en donde estaba su amigo. Sentía algo de temor por él. Se había dado cuenta de que no estaba del todo bien, por los días que habían estado juntos, pero no había pensado que podría llegar a ser tan serio. Se sintió más tranquilo cuando pudo divisarlo entre los árboles del bosque, pero aquella tranquilidad no duró mucho tiempo, sobre todo cuando lo vio convertido en súper saiyajin.

-¡Gohan!- le gritó, acercándose. El niño parecía no escucharlo, estaba hincado en el suelo, sus codos apoyados sobre la tierra, tomándose la cara con las manos. Por algunos momentos recordó que fue esa su reacción cuando Goku murió durante la batalla contra Cell… y sin querer, se sintió un poco más intranquilo -¡Gohan!

La tierra comenzó a temblar, debido al poder del niño, que continuaba elevándose. Krilin, sin saber cómo hacerlo reaccionar, comenzó a plantearse la posibilidad de dejarlo inconsciente. Gohan no se estaba dando cuenta de lo que estaba ocurriendo por su poder.

-¡Gohan, por favor, reacciona!- le gritó, y se dio cuenta que el niño se movía un poco, levantando su rostro y mirando perdidamente hacia el frente. Krilin lo tomó como una buena señal, y se acercó a él lentamente –tranquilo…

Pudo sentir un sollozo por parte de Gohan, y las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Cuando Krilin llegó con él, puso una de sus manos en su espalda, tratando de llamar su atención.

-¿Qué es lo que pasa, Gohan?- le preguntó suavemente. El saiya no contestó, ni siquiera quiso mirar a su amigo. Continuó llorando, pero Krilin pudo notar que su ki disminuía –sabes que puedes contarme…

No le contestó, aunque la verdad era que Krilin sabía que no lo haría, pero se sintió mucho más tranquilo cuando vio que su cabello volvía a ser negro y que, después de unos momentos, Gohan lo abrazaba, continuando llorando. Krilin esperó a que se calmara, dándose cuenta, momentos después, que perdía el conocimiento. Mientras se ponía de pie, tomándolo en brazos, pudo sentir a alguien cerca de él.

-Hola, Piccoro- lo saludó Krilin, sin mirarlo. El Namekiano salió de su escondite entre los árboles –si quieres saber qué le pasó a Gohan, te puedo decir que no tengo idea.

-Sólo quería asegurarme que podías controlarlo- replicó Piccoro, serio –no tengo intenciones de vigilarlos, o algo así.

-Lo sé, gracias por venir- dijo Krilin –lo llevaré a casa de mi prima, para que descanse. Lo necesita urgentemente.

-Sí… estaré atento, por si acaso…

-Creo que será lo mejor.

Cuando Krilin volvió a la aldea, se encontró que fuera de la casa de Saki estaban todos los niños, y se notaban bastante agitados. Al verlos, se acercaron corriendo a ellos.

-¿Qué le pasó a Gohan?- preguntó Saki, angustiada, haciéndose escuchar por sobre las preguntas de los niños -¿está bien?

-Sí, sólo necesita… dormir- contestó Krilin –lo llevaré al cuarto, y me quedaré con él hasta que despierte.


Hola!

Oh, estoy feliz de haber terminado el capítulo, pensé que no alcanzaba, ¡pero sí lo hice! Espero que a todos los lectores les haya gustado el capítulo.

Agradecimientos a LDGV, a Rous y a todos los que siguen el fic.