Utopía

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No.

Él no estaba loco.

Era muy consiente de que no había cruzado la fina línea que separaba la genialidad de la locura. Por supuesto que no estaba loco, no era insano.

No podía perder la compostura, los estribos por las palabras de L. No, debía seguir firme en su asunción, hasta que pudiera resolver lo que ocurría, hasta que pudiera llegar a una respuesta racional a todo.

Como si shinigamis y deathnotes fuesen muy racionales, pensó con ironía.

A pesar de ello, estaba seguro de su existencia tanto como estaba seguro de haber conocido a Ryuk y de haber tenido en sus brazos el cuerpo de L. Estaba seguro de cada uno de los hechos que había vivido, hasta ese fatídico ocho de enero en el que todos sus sueños e ideales fueron rotos delante de él.

No importaban las palabras de L, no importaba que le dijera que sufría de esquizofrenia, que había concebido una realidad paralela a la verdadera. Nada de eso importaba, solo le importaba lo que creía, lo que había visto –tocado-, lo que era tan tangible como las propias paredes blancas de la habitación claustrofóbica en la que se encontraba.

No. Estaba. Loco.

Lo último que recordaba era estar en los pies del shinigami, y luego solo oscuridad. El propio Ryuk se lo había dicho; no importaban qué hubiese hecho el humano, todos iban a la nada.

Nada; metafísicamente inconcebible, la ausencia de todo.

Pero el no estaba en la Nada; claro que no, podía sentir muy bien su cuerpo, ver la habitación. Esto, no era la Nada.

¿Entonces qué?, Ryuk no le había mentido, no ganaría nada con haberle dicho una falsedad. Él era Kira, uso un Death Note y murió finalmente, al igual que L, al igual que su padre, al igual que cada uno de las personas que anotó en su cuaderno.

¿Acaso todos ellos también habían llegado a un psiquiátrico?

¿O solo era él?, ¿condenado a pasar como un loco el resto de su vida?

Sería imposible convencer a L de que todo esto era una mentira; ni siquiera él estaba claro totalmente, no dudaba de su cordura ni de lo que había vivido como Kira, pero no hallaba una forma de narrarlo al doctor para que éste le creyera.

Porque su vida, la que recordaba, era demasiado verdadera como para ser producto de su mente; y si ése fuese el caso, si todo hubiese sido solo una fantasía, habría tenido un fin mucho más conveniente con sus intereses. No con su muerte patética.

Su pensamiento de que todo era un juego de Mu, estaba tomando fuerzas. Quizás fuese algún tipo de castigo. Aunque, ¿Qué le importarían a los shinigamis que un humano intentara convertirse en dios?, para ellos, eso no era nada más que intrascendental. La vida humana, sus moralejas y tradiciones no afectaban en nada al mundo de los dioses de la muerte, más allá que escribiendo nombres sus vidas se alargaran.

Sería demasiado egocéntrico pensar que era un castigo en exclusiva por sus actos en vida.

Y siempre estaba la leve posibilidad que L tuviese razón, que todo en lo que creyó no fue más que un producto de su mente, una realidad inventada…

… No. no podía pensar así, debía seguir firme. Además, no recordaba nada de esta supuesta vida, no recordaba algún ataque sicótico, como los que le dijo L, tampoco el ser recluido en un manicomio. Eso era otra prueba de su estabilidad mental; podía admitir que en los últimos años, su mente fue quebrantándose, jugándole malas pasadas, engañándolo y enloqueciéndolo. Pero nunca hasta los límites como para inventarse un mundo propio.

Por eso, si el solipsismo fuese la respuesta, la realidad actual; la habitación, el siquiátrico, L vivo, eran la realidad falsa, y solamente su mente estaba siendo, de eso era lo único que estaba seguro.


—Han pasado cuatro días, ¿piensas que está listo? —preguntó la calmada voz de Wammy. Conocía a L Lawliet desde que éste se hizo un prodigio en medicina; su viejo amigo Roger quién administraba un orfanato fue el que los presentó: Lawliet era huérfano y pasó su vida en aquel orfelinato, demostrando en poco tiempo unas habilidades excepciones y una inteligencia muy por el promedio. Por lo que el joven doctor le contó, antes de decidirse por la rama científica, fue un detective, pero pronto los desafíos le parecieron básicos y sin complejidad. Ahí fue cuando se conocieron por primera vez, dando clases no le duró poco darse cuenta de su alumno extravagante pero brillante, iniciando una amistad fuerte y duradera.

Y era también producto de esa amistad que ahora se encontraba en Tokio, Japón, junto a su ex pupilo. Después de todo, él había sido quién le sugirió el caso de Light Yagami, el joven genio esquizofrénico. Y ahora, viendo a Lawliet podía decir claramente que el hombre delante de él había encontrado su gran desafío.

Las peculiares ojeras debajo de sus ojos se habían acrecentado en los últimos meses, su pésima postura parecía haberse engibado aún más, y cada vez que lo miraba, L presentaba aquella mirada perdida, como si estuviese en profundo pensamiento o simplemente con la mente en blanco. El paciente Yagami parecía estar siendo aún más complejo de lo que pensaron cuando leyeron el historial médico, y si las señas que Lawliet presentaba eran tan visibles, lo más probable era que el joven doctor había desarrollado emociones frente a su paciente. Y por lo que sabía, Lawliet nunca antes había hecho aquello, era demasiado profesional, frío y estoico como para caer en eso.

—Si. Según lo que hemos podido ver anteriormente, siempre el segundo día se quiebra, pero ya lleva cuatro desde haber despertado limpio y nada ha ocurrido. Eso tiene que ser un progreso –respondió L, tomando asiento en el sillón, al lado del hombre mayor.

La habitación de Wammy era por lo demás agradable; había llegado hace aproximadamente una semana para ver como estaba el caso, hospedándose en el Hotel Sakura. L tenía un pequeño apartamento en Kanagaua, pero en los tres últimos meses parecía vivir dentro del siquiátrico en donde trabajaba.

—Claro Yagami aún no reconoce nada; ni siquiera ha admitido la posibilidad de estar sufriendo de una alucinación.

—Lo sé, es solo…

—¿Es solo qué? —cuestionó, viendo la mirada perdida del doctor.

—Es solo que Light es tan lúdico. Es consciente. Quiero decir, él no está insano.

—¿Y los ataques sicóticos?, ya ha intentado atacar a más de una persona, y su familia…

—No es necesario que me lo recuerdes, Wammy –susurró L. Desde que Light había despertado, hace cuatro días diciendo que "había muerto en manos del shinigami", parecía como si las cosas hubiesen vuelto a suceder.

Cuando tomó su caso en enero, se encontró con un paciente estable, confiado, sin rastro alguno de ser aquel muchacho con muestras de locura; aquel joven que habían encontrado en su casa, junto a los cuerpos de sus padre y hermana. No, Light Yagami estaba perfectamente sentado en la misma habitación que hoy se encontraba, mirando hacia nada en particular. Cuando él había entrado, presentándose como su nuevo médico, el adolescente le había dicho lacónicamente que no necesitaba uno, y esa fue la primera oportunidad en que le dijo: él era Kira.

Aquello se sostuvo por dos días, cuando el muchacho sufrió de una hiperventilación, sofocándose y perdiendo el conocimiento. Cuando despertó, cualquier avance que habían logrado en ese par de días había desaparecido, y el chico no lo recordaba. Su mente se había reiniciado, partiendo nuevamente desde encontrar el supuesto cuaderno de la muerte, hasta que el shinigami lo matara, de ahí pasaría dos días, Light racionalizaría su esquizofrenia, recordando el asesinato de su familia y volvería a hiperventilarse. Cuando despertase lo volvería hacer sin recuerdo de nada, volviendo así a vivir una rutina por los próximos diez meses.

Pero ahora sería diferente, pensaba L. Ya llevaban cuatro días, cuatro días y Light no había sufrido alguna descompensación, salvo el mal humor y los ácidos comentarios, el muchacho se encontraba bien. Por eso, como Wammy le decía, tendría que ser él quien le informara sobre la muerte de su familia. Muerte que Light mismo había causado.

Quizás esta vez podría dar con la pieza que faltaba en el rompecabezas. Tal vez podía encontrar aquel desperfecto que tenía la mente brillante de su paciente. Porque aunque solo pudiera hablar durante dos días con Light Yagami, aquellos dos días eran los mejores que podía tener.


Cuatro días. Cuatro días era lo que llevaba en aquella pútrida pieza. Por lo menos tenía sus brazos y piernas libres, no sufriendo de incomodidad física.

L había venido dos veces por día, preguntándole como se sentía e intentando hacer una charla amistosa, el bastardo desagradable. Detective, médico, sacerdote, era igual, L era siempre el mismo tipo molestoso. En cualquier realidad, el hombre insomne era al parecer su dolor de cabeza.

Implícitamente le había vuelto a decir que reconsiderara las cosas, que racionalizara y pensara en la realidad. En la verdadera realidad ahora que había despertado de aquella imaginaria. Pero Light sabía mejor, no era así. Él había caído dormido en esta realidad alterna y desastrosa, en donde no tenía ningún recuerdo. Su realidad era en la que murió, de eso estaba seguro.

Tenía dieciocho años, lo había podido comprobar ayer, cuando L le trajo un espejo para que viera sus facciones. Y si, eran facciones juveniles, sin aquellos rasgos más marcados que tuvo luego. Dieciocho años, veintitrés, aún así seguía siendo Kira. Y si aún estaba en aquel siquiátrico, sería imposible averiguar que era lo que estaba ocurriendo.

Tan pronto terminó su hilo de pensamientos, L entró como los días anteriores, sentándose a su lado. En la habitación no había sillas ni mesas, solo las paredes, techo y suelo acolchados.

—Light-kun –dijo a modo de saludo L.

Light solo guardó silencio, no era necesaria una muestra de reconocimiento, la presencia del detec- doctor era bastante notoria.

—¿Algún pensamiento interesante? –volvió a decir L.

—Si digo que tienes razón, que todo fue parte de mi mente y que ahora he despertado al fin, ¿estaré curado?, ¿me dejarás ir?

L se llevó el pulgar a los labios mientras lo miró atentamente-, creo que tenemos una dificultad. Primero, no puedo dejarte ir, por motivos más allá de tu ruptura mental. Y, no creo que estés curado, dime Light-kun, ¿recuerdas como llegaste aquí?

Light aguantó el impulso de rodar sus ojos. Ya le había dicho al hombre que solo recordaba despertar luego de… morir-. No. –dijo finalmente.

—Veo. Es curioso, Light-kun, te conozco por casi un año, y aunque tu no me reconoces porque siempre todo se vuelve a repetir, pareciera que si lo hicieras. Al igual que yo a ti, aún cuando nunca he hablado continuamente contigo por más de dos días.

Light no contestó. No había comprendido lo que intentaba decir L, y el hombre parecía más hablar hacia si mismo que realmente a él.

—Hoy, hoy puede ser el día pasado que tenga contigo, Light-kun. Antes que vuelvas a irte –murmuró L.

—No entiendo lo que dices, Ryuuzaki.

—Otra cosa curiosa, que me digas Ryuuzaki y a Wammy Watari.

—Bien, eso no quita que no entienda lo que estas diciéndome.

L calló por unos minutos, hasta que finalmente habló-. El cuatro de noviembre del año pasado, Tota Matsuda entró a la residencia Yagami, preocupado por su superior, encontrándose con tres cuerpos. Soichiro Yagami y Sachiko Yagami estaban en su habitación, los dos con un tiro en la sien, Sayu Yagami estaba en su cama, igualmente con un tiro en la sien. El único vivo de la familia Yagami era el primogénito, Light Yagami quien fue encontrado en la ducha con el arma fatal en sus manos. Las pruebas de ADN confirmaron que Light Yagami fue el causante de los asesinatos, pero no pudo cumplir condena, el ataque sicótico que sufrió fue diagnosticado como una severa ruptura esquizofrénica, siendo referido finalmente a este siquiátrico, para poder estudiarlo y analizarlo con mayor detalle.

"Light-kun es un asesino. Y un sicópata."

El silencio cayó en la habitación, solamente oyéndose las respiraciones erráticas de Light. L quedó impasible, sin moverse luego de haber narrado los hechos que confinaron al menor en un siquiátrico de por vida.

La expresión, "espiral de oscuridad" fue una realidad para Light, lo único que podía decir mientras su respiración se sofocaba eran las negaciones de las palabras de L.

—No….no…no. –Light cerró sus puños intentando estabilizarse. Y cuando las imágenes del incidente empezaron bombardear su mente, lo único que podía saber eran los gritos desenfrenados que soltaba su boca.

Su madre…

Su padre…

Sayu…

Y tanta sangre. Sus manos, su cuerpo, sus uñas. Todo rojo, todo. La risa de Sayu, y sus gritos al ver los cuerpos. Calla Sayu-chan, calla, el silencio es perfección. Y todo silencio. Todo. Porque los muertos no hablan, ¿cierto papá?

Todo silencio.

Silencio.

Kira. Sayu. Mamá. Papá. L.

¿Ryuk?

Los shinigami solo comen manzanas.

Rojas, como la sangre, ¿cierto?

Y la sangre de su cuerpo, las heridas de bala. No quiero morir, no quiero morir. Y Sayu llora silenciosa, su madre está acostada y ya no despertara y las lágrimas en la cara de Matsuda ruedan mientras las balas le penetran el cuerpo y Ryuk ríe. Ríe. Ríe.

Nada. Silencio.

Y cuando todo quedó nuevamente en silencio, L Lawliet sabía que había perdido nuevamente a Light.


Notas de la Autora: Me he demorado un tanto en actualizar, pero como he vuelto a estudiar y he tenido unos problemas personales, había perdido la inspiración… y leyendo nuevamente el manga me volvió xDD.

Solipsismo es la creencia en que solo nosotros existimos; es decir, de lo único que estoy completamente segura es de que yo soy y mi mente existe y lo que me rodea es una proyección de la misma, o en último término, no existe en realidad, por eso le puse la frase "solamente su mente estaba siendo" como analogía de la frase de Descartes Pienso luego soyCogito ergo Sum, como se llama el capítulo xD-. Creo que solipsismo es lo que más saldrá en esta historia, con algunas referencias a La Vida es Sueño y a la alegoría de la Caverna.

Y eso sería, espero que el capítulo les gustara.