Utopía

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Después de alguna sesión junto con L, Light se permitía el preguntarse que sería empezar desde cero; ignorar todos los hechos, sus sueños, sus pesadillas, olvidar aquello de Kiras y shinigami, de muertes, de familias.

Olvidarlo todo y empezar de nuevo.

Y Light se preguntaba, ¿podría hacerlo?, ¿podría inhabilitar su memoria de tal forma?, ¿podría vivir sin los recuerdos?

Las respuestas nunca estaban. Era más fácil intentar no responderlas, vivir solo con los cuestionamientos.

Pero a veces, junto con L, hablando con él, viendo lo mucho que se parecían, queriendo tanto… se preguntaba si algún día se curaría y saldría de aquel lugar, si algún día podría estar libre y que su relación con L no fuese solo de doctor y paciente.

Ahí sí había respuesta. No. Aunque actuase cuerdo y con sensatez, L le había dejado claro hasta donde había mellado su enfermedad mental. La esquizofrenia que tenía, a pesar de haber parado las alucinaciones y no seguir evolucionando, tampoco involucionaba de todos modos. No estaba loco, pero de ninguna forma estaba cuerdo. Y nunca podría ser libre, era al fin y al cabo un asesino.

No podía arrancar del pasado, aquel le perseguiría por siempre, junto con los gritos de Sayu. No podía refugiarse en sus sueños, porque la voz maldita lo cuestionaba con cosas que no existían.

Y aunque quisiera estar junto con L, sabía que tampoco era posible, de la manera en la que quería. Porque la plenitud le estaba negada y para L, él no era nada más que un paciente. No existía más allá de ese concepto.


En la última semana, había soñado con el muchacho. Había soñado caer en sus brazos, mientras decenas de monitores mostraban un mensaje inentendible. Había sido sostenido por Light, visto su rostro hermoso deformado por una sonrisa macabra…

Despertó con extrañeza, recordando el sueño y la sensación persistente del cuerpo de Light rodeándolo. Y podía sentir sus propios músculos fríos, agarrotados.

La extrañeza era la sensación más insulsa que L Lawliet podría sentir. Estaba cerca de la curiosidad, y también de la ignorancia. El no poder entender algo, era una molestia para L.

Y aún más el no poder entenderse. Porque aquel sueño… aquel sueño con Light, había sido demasiado vívido como para ser un producto del mundo onírico.

Así que había escuchado de nuevo cada una de las grabaciones con las palabras de Light sobre sus fantasías; desde que había caído el cuaderno hasta que había matado al detective.

(Rem lo mató. Junto a Watari. Fue tal ve, el mejor momento de mi vida, cuando cayó de la silla, y yo lo sostuve…

y le sonreí. Al bastardo, le di lo que siempre quiso. La respuesta. Era Kira.

Y murió, sin decir nada, en los brazos de su enemigo.

Gané.)

No era posible. No era posible el haber soñado justamente con esa escena. Claro, podía ser que recreara las palabras de Light en su subconsciente. Tan solo era que la escena tenía tanta veracidad, el cuerpo de Light, el calor, el suelo, su corazón latiendo estrepitoso. La mueca de Light…

Era todo demasiado verdadero, aún si nunca había sucedido más que en las fantasías de un esquizofrénico.

Pero la duda, había calado en L desde ese día. Y ahora, en cada sesión, prestaba atención más allá de la profesional a las palabras de Light, preguntándose…


—Light-kun es un mal perdedor.

Light bufó y puso los ojos en blanco –por favor, L, ¿acaso tú no lo eres?

—Por supuesto, pero a diferencia de Light-kun, lo admito –dijo con seriedad infantil el doctor.

—No soy mal perdedor… solo no me gusta la derrota.

—Aquello es una figura de discurso. No creo que haya alguien cuerdo a quién le guste la derrota.

Light rió frente a las palabras. Claro, no había nadie cuerdo a quien le gustase perder, quizás en aquel asilo, si hubiese personas así.

L tomó las pequeñas piezas de go del suelo en el cual se sentaban, y las guardó con lentitud, sin agregar más palabras.

Una conversación trivial nada más, pensó Light frustrado. Quería hablar con L sobre… sobre otras cosas, sobre su libertad, pero no podía, estaba simplemente atrapado.

L levantó su vista, hasta fijarla en el menor-. Parece como si estuvieras deprimido, Light-kun.

—Ideas tuyas. Aunque claro, debo decir que este lugar no es exactamente el mundo feliz.

—Es un psiquiátrico, Light-kun, dudo que se tratase de un lugar de diversión.

—Era ironía.

—Lo sé –terminó L, levantando las comisuras de sus labios a modo de sonrisa. Su idea de prestar más atención a las fantasías de Light, estaba siendo destruida por el mismo. El muchacho japonés había dejado de mencionarlas con credibilidad, aceptando totalmente la realidad. Su frustración evidente era por el confinamiento, la cruda verdad de saber que siempre estaría aquí por sus actos.

Y el que le hablara, no sacaba nada. Ni siquiera sabía con certeza que quería de Light. ¿Pruebas?, ¿palabras?, ¿qué el muchacho se opusiera a sus axiomas, y luchara diciendo que lo que decía era cierto?

No lo sabía, pero sus sueños, cada vez más frecuentes junto con personas que no conocía y Light, lo enfermaban, debido a la falta de racionalidad que tenían. Debido a que ponían en duda todo en lo que creía.

O simplemente podía ser que estuviese obsesionado con su paciente, y que aquello ejecutase en su subconsciente la necesidad de representar esas fantasías.

—L –la voz lo sacó de sus pensamientos-, sé que existen otros lugares, puedes ver que no estoy loco, no soy como los otros de aquí. No merezco estar en este lugar.

—¿La prisión, Light-kun?, has asesinado a tres personas, parricidio, ¿prefieras la cárcel a este asilo?

—Sabes que no –habló Light con fastidio-, pero es una humillación que esté aquí. Eso también lo sabes.

Y L lo sabía. Oh, como lo sabía. El potencial de Light Yagami perdiéndose en una prisión de la conciencia…

—No quiero estar en este lugar, L –volvió a decir Light-, ¿cuanto tiempo llevamos?, ya van meses, no quiero estar aquí.

—No puedo hacer nada, Light-kun. Por justicia no puedes quedar en libertad. Y aún cuando parezcas tan bien, sé sobre las pesadillas que tienes. Estás loco, solo que no eres un loco convencional.

La cara de Light pasó por una serie de expresiones, desde una furia hasta finalmente recaer en apatía por las palabras del doctor. Tal vez era verdad. Pero no quería pensar en aquello, y dolía sin motivo el que L dijera eso.

L se paró, tomando sus cosas del suelo, y dejando a Light en la habitación. Ya tendrían otras citas.


¿Dónde?, ¿dónde estoy?

(—Dime pues, ¿cómo podemos saber el nombre de las personas sólo con mirar…?

—… Los ojos de shinigami tienen el poder de reflejar el nombre y la esperanza de vida de un ser humano nada más verlo.

¿El nombre y la esperanza de vida…?

Exacto. Por eso, los shinigami no tenemos problemas por no saber el nombre de quienes tenemos que matar. Sabemos hasta que punto nuestra propia vida se prolongará al acabar con el individuo.

"Existe un trato transmitido desde tiempos inmemoriales según el que, un shinigami respecto únicamente a la persona que haya recogido el cuaderno que ha perdido… puede convertir sus ojos en ojos de shinigami."

un… ¿trato?

El precio del ojo de shinigami es la mitad de la esperanza de vida restante del humano en cuestión.

La mitad de la esperanza de vida restante…)

Ryuk. El shinigami.

El trato. L. Dios del Nuevo Mundo.

Su mundo.

Estaba ahí, recordando los recuerdos no existentes en la realidad.

(Con eso…

Con esa herramienta podría acabar con el que lo seguía. Podría acabar con L, con todos los que se le opusieran.

Podría ser tal como un dios.

Pero tendría que dar a cambio la mitad de lo que le quedara por vivir. La mitad de sus sueños, de sus logros, de sus años.

Claro que podría deshacerse fácilmente de tantos males, sería invencible, no necesitaría de nada ni de nadie más.

Trascendería, costará lo que costará)

Pero había decidido no hacerlo. Su vida importaba más que aquel trato. Además, luego se enteraría que el segundo Kira ya tenía los ojos.

Y de alguna forma irónica y torcida, había vivido solo hasta sus veintitrés años.

(—El ojo de shinigami a cambio de la mitad de mi vida restante. Un ojo con el que captas el nombre de alguien con solo verle la cara.

"Qué bien… es un ojo muy práctico. Ryuk, este trato…

"Lo acepto.")

No.

No. no.

Aquello no había sucedido. Él había negado aquella proposición, no encontrándola satisfactoria. Había preferido su mitad de vida, al poder de los ojos.

¿Qué ocurría?

¿Cómo era posible, que existieran errores en su propia mente?

Los ojos él nunca los tuvo.

Nunca.

Y fuera de todo, eso nunca había pasado, eran solo fantasías.

(—Hagamos el trato Ryuk. Dame los ojos.)

Nunca…

Nunca aceptó los ojos, claro que no.

Y dios, dios, dios, la desesperación.

No era posible. Aquello nunca había pasado.

No. No. No.

¿Dónde estaba L, cuando lo necesitaba?

(Hehehe, no existes Light, esa es la verdad?)

Y Light con la desesperación de su alma, clavó sus dedos en las cuencas, gritando, y dejando la sangre escurrir con libertad…

(Después de todo, esto no existe, ¿no?)


L despertó, sintiendo su corazón latir con más fuerza de lo normal. Levantó su mano hasta la frente, para sentir el sudor frío en ella.

Dios. Había sido un sueño tan sentido.

Light…

Kira…

Todo…

Y había muerto, muerto en los brazos de Light. Y a diferencia de tantas otras veces, los pensamientos habían recaído en él. Yo no estaba equivocado, pero yo-

Dios. Se movió hasta sentarse sobre la cama. Había salido aquella tarde luego de la sesión con Light hacia su casa, para descansar. Pasaba la mayor parte de la semana en el asilo, junto a su paciente, pero los fines de semana los dejaba para reponerse.

Y había decidido dormir, intentar relajarse luego de no sacar nada de Light.

Había previsto los sueños… pero no pensó que serían como éste. Nunca como éste.

La muerte de Watari, el Death Note. Y la cara, los ojos de Light, sus ojos marrones tan rojos, y su mueca, su sonrisa torcida, revelándole que tenía razón.

Se paró para ir a buscar un poco de agua. Cuando tuvo el vaso vio con desagrado que las manos le temblaban, tomó el líquido de un trago y fue hasta el ventanal.

No era posible el soñar con las emociones que sentía un personaje irreal como lo era aquel detective. Porque pudo sentir lo que él sintió en los brazos de Kira, el miedo, la angustia, la desesperación.

Tal y como las palabras de Light sobre su muerte, aquella a manos del agente de policía y el shinigami.

¿Cómo podía recordar y sentir algo que nunca vivió?

¿Acaso, él también tenía un desorden mental?

No quería comentarlo ni siquiera con Watari. El asunto era más extraño de lo que pensó al principio, y sin duda iba más allá de los caminos de la racionalidad.

Claro que aún no se permitía pensar la sola posibilidad de que, aquel mundo que inventó Light, fuese real…

La sola idea de aquello, era ridícula por sí sola. Irrisoria y absurda.

Pero L, sintiendo el corazón en su boca, no sabía que pensar.

Obsesión. Sí, estaba obsesionado con Light Yagami, con su paciente. Con un loco, un asesino y un genio excepcional. Y aquel vacío en su estómago, aquella ansiedad cuando estaba con él, solo podía demostrar hasta que punto llegaba.

Sin embargo, estos sueños, no eran simplemente producto de su obsesión enferma, y lo sabía bien. Había algo, un jodido motivo más profundo que no podía entender…

Pero lo haría, tal y como cada otro de sus casos, descubriría lo que se ocultaba tras la locura de Light y sus malditas pesadillas.

Aún si le costase la vida…

… o en último termino su cordura.

El sonido del teléfono interrumpió la corriente de pensamientos. Con pesadez se levantó hasta alcanzar el auricular.

Una llamada del psiquiátrico. Y cuando escuchó las palabras detrás de la línea, con los ojos abiertos dejó caer el aparato.

No.

No.

Light se había auto infringido lesiones, producto de alucinaciones severas…

… Light Yagami se había sacado los ojos.


Notas de la autora: cliffhanger xD. Y no sé porque en todos mis fics, Light sufre tanto Oo