Utopía
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Light había estado durmiendo, como siempre, acostado en aquella cama blanca en la habitación de paredes acolchadas. Como siempre.
Y los síntomas de sus recurrentes pesadillas se hicieron ver: agitación, movimiento, sudor. Los ojos que se movían debajo de los párpados, demostrando el viaje onírico. Como siempre.
Pero Light despertó, cayendo de las sábanas al piso, tocando el suelo con las manos rígidas, gritando, gritando con tanta voz. Y sus manos se levantaron, viajaron a su rostro con violencia, hasta acercarse a sus pómulos, hasta acercarse a sus cuencas…
… y, con la misma furia y violencia, los dedos largos se apretaron clavándose en las cavidades, apretándolas hasta que en sus dedos se encontraron los óvalos blancos y sangrantes, hasta que los gritos de agonía se apaciguaron, hasta convertirse en murmullos, hasta descontrolarse en una risa histérica.
Hasta que, cayendo en el frío suelo, con las mejillas sangrantes, con la boca abierta y la respiración entrecortada, Light solo pudo reír.
Y su cara, una cuenca vacía, salvo por el líquido rojo y la oscuridad, mientras que en la otra órbita aún podía verse colgando el ojo con el iris marrón.
Y las manos relajadas, rojas y sudadas, con la izquierda sosteniendo el pequeño nervio ensangrentado.
Cuando L terminó de ver el video, su estómago se apretó y contuvo las nauseas.
Dios.
Light estaba bien. Los episodios psicóticos lo habían abandonado, o por lo menos nunca se había infringido lesiones a sí mismo.
Pero esto…
Sus ojos.
Los doctores pudieron salvarle uno, a costa de perder para siempre la vista. La piel alrededor había quedado rasguñada y rojiza, y la cuenca vacía había sido parchada por vendas blancas. El párpado se había deformado por el tirón, más las pestañas habían quedado pegadas en la sangre viscosa.
Light estaba ciego, para siempre. Y luego de aquellas acciones no había posibilidad remota de alguna cura para él.
Recordar las imágenes, la mueca de completa locura en la cara de Light mientras con sus propias manos se dañaba la vista. Y la sangre corriendo por su rostro….
Sin darse cuenta, había perdido a Light.
Y ya nada podía hacer para encontrarlo de vuelta.
El muchacho, encerrado en el hospital, amarrado a la cama, con imposibilidad de tocarse, no había más que reído sin motivo, sin hablar, sin decir nada, solo proferir carcajadas insanas sin sentido alguno.
Después de la operación, y pasado el tiempo necesario, L entró a verlo, a intentar dialogar. Palabras fuera de shinigami, ojos, Kiras, no sacó de Light, para el joven japonés L Lawliet no estaba ahí.
Y L, ahora, repasando las imágenes del fatal hecho, no podía sino preguntarse en qué momento Light enloqueció de esta forma. Él lo había dejado aún racional, hablando, diciendo que no estaba loco.
Pero horas después Light se había sacado los ojos y se había perdido completamente en la anarquía de su locura.
Dios.
Y L no sabía nada más.
Hubo un humano, que quiso ser dios. Que quiso el poder y el control…
¿Y sabes? , murió. Como un simple humano, rogando por su vida, patético. Tan mortal. Quiso ser dios, reinar por sobre todos.
Pero era nada. Nada más que un hombre insulso.
¿Y sabes?, murió. Fue a la nada.
Y ya nadie lo recuerda, nunca existió más allá de su simple idea.
Y quiso ser dios. ¿No, Light?
¿Pensaste que todo acabaría?
Nada.
¿Eres nada, eh Light?
Los humanos que usan el Death Note no van ni al cielo ni al infierno.
En realidad, solo existe la nada.
¿No es divertido, eh Light?
Y en su ceguera, Light solo pudo reír.
A veces, cuando el dolor provocado por las cuerdas que lo ataban lo hacía racional, Light se dejaba llevar por los caminos de su mente… se dejaba llevar por la voz de aquel ser inexistente que se reía de él y con él.
Hablaba de Kira, de Death Notes y de vidas. Hablaba como si Light supiese de todo eso, el buen Ryuk.
A veces, Light solo reía, en la eterna oscuridad en la que se había sumido por su propia mano. Reía por la situación, por su locura, de su sinsentido en decidir cual era la realidad.
A veces, deseaba estar con L, y se lo imaginaba vestido como aquel detective, se imaginaba pelear con él, discutir, se imaginaba besarlo y follarlo. A veces también escuchaba su voz, pero no sabía si era o no el L que conocía o el de sus fantasías.
En otros momentos, quería llorar, quería gritar y desahogarse en lágrimas. Pero los líquidos no salían, no tenían por donde salir, después de todo. Y aquello, producía más risa en Light, la ironía de su puta situación.
No existía.
Existía.
Daba igual, estaría para siempre en aquel lugar sin vista, sin nada.
Y el shinigami en su cabeza nunca cesaba de hablar. De hablar y reír, quejarse por la falta de manzanas.
L Lawliet seguía visitando periódicamente a Light. A pesar de que el muchacho había retrocedido totalmente en su tratamiento, a pesar de que la locura existente en Light iba más allá de la tratable, L seguía visitándolo.
Le hablaba, le conversaba, claro que Light nunca respondía, salvo una sonrisa y alguna incoherencia trivial.
Watari, cuando le contó, le dijo que tenía una obsesión enferma con el muchacho, que si quería seguir adelante, tenía que darlo por perdido.
Watari no entendía simplemente.
Los sueños, los malditos sueños que lo plagaban, los déjà vu que sentía día y noche, los recuerdos inexistentes más allá de en la mente de un loco, no lo dejaban en paz.
Y el único que podía tener la respuesta era Light Yagami.
Porque L no estaba loco. Y encontraría la respuesta, porque en toda su puta locura, Light aún era un genio…
Y por eso L no lo dejaría, seguiría visitándolo, hasta que Light hablase de algo más que de shinigami, Death Notes y Kiras.
—Los shinigami solo comen manzanas, ¿sabías L?
L resopló en su asiento, fijando su vista en el hombre acostado.
—Y tienen los ojos. Por eso me hice esto, no quería los ojos.
—¿De qué hablas? –preguntó confuso el doctor.
Light rió, soltando sus carcajadas grotescas. Cuando L pensó que simplemente se había ido de nuevo, volvió hablar ―. Los ojos que todo lo ven, con los que matan. No los quería. Mi vida valía más.
—Estás ciego, Light-kun.
—Veo cosas L, te veo a ti, veo-
—¿Al shinigami?, Light-kun aquello no existe.
Y Light guardó silencio, dejando su cara sin rastro de risas, sin muecas. Pálida, con las marcas de sus dedos para siempre. Con su único ojo desorbitado y sin brillo, más el párpado deforme. No dijo nada.
—Tú tampoco existes L.
Y el silencio cerró todo lo demás.
(—¡No soy Kira, Ryuuzaki! –gritó con furia Light, mientras su puño chocaba con la mandíbula del detective.
—Eso es lo que diría Kira, y sabes que el golpe te lo devuelvo –dijo L mientras pateaba a Light en el rostro.
—¡Hijo de puta!
Y la pelea siguió, buscando dañar al otro, romperlo, probarle quien decía la verdad, quien era el más fuerte. Light fijó a L, sentándose a horcajadas sobre él, respirando con dificultad, con la cara sudorosa y el pecho levantado, al igual que el hombre debajo.
—Eres un bastardo, quieres que sea Kira para verme morir, no te importa nada más, ni siquiera la justicia –susurró el japonés, mirando al detective con odio.
—Eres, fuiste, serás Kira. No puedes cambiarlo, Light-kun –dijo L, afirmando las muñecas del japonés-, y sí, quiero que seas Kira.
Quería que fuese Kira, necesitaba que lo fuera. Solo Light podría serlo, ser su enemigo, su igual. Solo quería derrotar a Light.
Chocó sus labios con rudeza con los del menor, apretando el agarre en las muñecas hasta hacerlo casi doloroso. Los ojos marrones de Light se abrieron más, hasta fijarse enangostados en los ojos abiertos de L, aceptando el desafío, abriendo su boca a la lengua, peleando por el dominio con fiereza.
Y mirándose mutuamente, L soltó su agarre, hasta dejar sus manos en las caderas del japonés, sin romper el beso, sintiendo las propias manos del menor afirmarse de sus hombros.
Soltó los labios, rojos por la succión, para dejar a Light hablar―. Te odio –murmuró Light cerrando los ojos, apretándole los hombros.
—Lo sé –dijo L, mientras volvía a besarlo.)
Te gustaría que eso hubiese pasado, ¿no?
L despertó sudoroso, respirando fuerte y profundo. Despertó, sintiendo en su entrepierna la palpitación de su erección, dura y necesitada.
Respiró intentando calmarse, intentando borrar las imágenes del sueño.
Cuando adolescente, tuvo algunos sueños húmedos, personas sin rostro, orgasmos sin necesidad apremiante. Pero éste, las manos de Light, los labios, los ojos marrones…
Había sido tan lúcido, tanto. L llevó una de sus manos hasta su polla dura, apretándola e iniciando el vaivén.
Light…
Kira…
Pero Light estaba en una habitación, amarrado a una cama, ciego y desfigurado. Pero Light nunca había sido Kira, aquel asesino no existía, pero él no era un detective, pero, pero…
Light. Arriba, sí, sí, fuerte. Y apretó su agarre, imaginándose otras manos, imaginándose otros escenarios, imaginándose con una pollera blanca y pantalones de mezclilla, imaginándose como un detective follando con su sospechoso.
Sí, Light, sí. Y dios, su erección dura y tirante en sus manos sudorosas explotó, con las imágenes del joven japonés, con los ojos claros mirándolo con tanto odio y pasión mezclados.
Descansó, hasta que su corazón volvió a latir normalmente, hasta que su respiración se restableció. Miró el lío que había hecho, con el semen en su estómago y en su mano.
Se daría una ducha, despejaría la mente de aquellos putos pensamientos.
Porque él no estaba loco. Porque simplemente se sentía atraído por su paciente y nada más…
… no habían más posibilidades. Porque Kira, porque todo lo que decía Light no existía.
O eso era lo que quería creer.
La risa de Light lo sacó de su lectura. Era más histérica que otras veces. Se paró hasta estar frente a Light, fijándolo totalmente en su cama, mirando el ojo sin movimiento y sin brillo alguno.
—¿No lo encuentras gracioso, L? –dijo Light con voz seca después de las risas.
—No sé de que hablas –susurró L, sin más, mirando con morbo curioso la cara dañada del muchacho.
—Tú y yo, aquí –respondió Light, sonriendo de nuevo-, estamos malditos, ¿no L?, aquí, allá, dónde sea… tú y yo, L Lawliet –y simplemente volvió a reír.
L calló. Qué podía decir. Parecía como si algo, una fuerza gravitatoria, lo arrastrara hacia el loco delante de él, parecía como si mil secretos se escondiesen detrás de ese ojo muerto.
—¿No es gracioso, que el bastardo al que odio esté aquí? –murmuró entre risas ahogadas Light–, y será así por siempre, ¿no?, aquí y allá y más allá, tú y yo, por siempre. Un puto chiste –y ya no más palabras salieron, dejando fluir libremente las risotadas.
Y L rió, recordando sus sueños endemoniados, recordando el cuerpo de Light tibio en su desnudez, recordando monitores en blanco y una mueca de locura delante de sus ojos. Rió, no eran más que unos Sísifos, y en aquel momento era lo único que podía hacer.
Notas de la autora: Y aquí está la conti D:
Nadie se esperaba que dejara ciego a Light, ni yo xD, pero era necesario muajmuaj (?), además, aún es sexy para mí xDD... y quiero darle todas las gracias del mundo a mi increíble beta -soy tan zalamera xD- Nande-chan que corrigió todos esos fallos técnicos D:
Sobre Sísifo, es un personaje de la mitología griega en el que Albert Camus se basó para hacer su ensayo sobre la filosofía del absurdo, Sísifo está condenado a subir una roca a una montaña y luego a otra y a otra, eternamente. Como la absurdidez de la vida, se nace para morir... etc xD
