Utopía

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—Por eso lo inicié todo, ¿lo sabes no?

—Pensé que era por el aburrimiento.

—Bueno, sí, pero el motivo, la razón por la que seguí después de verificar que era auténtico fue por esto.

— ¿Limpiar el mundo del mal y salvar a los inocentes?

—No seas cínico, Ryuuzaki. Sabes bien de lo que habló.

—Por supuesto, el convertirte en un sociópata serial.

—No y para con intentar que discutamos, no caeré esta vez.

—Entonces explícame, Light-kun.

—No existía el castigo Ryuuzaki, no había penitencia suficiente para los crímenes cometidos. Podíamos llenar cárceles, implementar mejoras sociales, podíamos rehabilitar delincuentes, podíamos creer que el mundo algún día será mejor. Pero no había castigo suficiente, la ley era débil y cómoda, tan fácil de manipular por el propio sistema de justicia o ser ignorada por beneficios propios. Podrías ver a tu alrededor, las personas ilógicamente encarceladas en sus propias vidas con miedo a lo que otro haría.

"¿Y después qué? ¿El sistema colapsaría demostrando su inutilidad en cuanto al orden y la justicia? ¿Guerras y hambruna caerían a lo largo de todo el mundo?

Pero no era esto lo que pensé en ese momento, lo que pensé era que no existía el castigo L. Podíamos pudrir a un tipo cincuenta años hasta que sus huesos se secaran, y luego lo reemplazaríamos por otro. Era un círculo vicioso, sin salida.

Así que luego de que probara el cuaderno supe lo que tenía que hacer. Supe que nadie más podía. Y me di cuenta de que aunque no existía castigo, yo podía hacer algo, yo podía lograr temor, lograr reformas. No más descomposiciones en las cárceles, no más árboles podridos. Podría deshacerme de lo que estaba fallando. Podría intentar arreglar el error.

Al fin y al cabo, estábamos solos, Ryuuzaki. Sin destino, sin providencia, sin dios alguno que pudiera ver como nos corrompíamos hasta la destrucción. Estábamos solos y nada en el mundo podía cambiarlo. Hasta que llegó el cuaderno".

—Supondré con lo que me has dicho, que también encuentras la ironía de nuestra situación…

— ¿Con deleite enfermo como el tuyo, preguntas?

—Si así lo quieres llamar…

—No, Ryuuzaki, esto no cambia nada. ¿Acaso estamos en el limbo, en el purgatorio? No, y tampoco estamos en el tan afamado infierno.

—Tampoco lo llamaría cielo, Light-kun.

—Es que existía un castigo al fin y al cabo, existía. Y esta es nuestra condena.


¿Puedes decir ese momento en donde te despiertas, aquel instante en que vuelves a sentir tu cuerpo, tu respiración, tu propio latir? ¿Aquel momento en el que sabes que estás vivo?

Bien, L Lawliet no estaba seguro de recordar ese momento.

En realidad tampoco estaba seguro de si se puede recordar algo que nunca se ha vivido.

Dios, hace una semana que había estado en su apartamento, viendo fotos de tiempos pasados, tiempos que recordaba vivir, risas, suspiros…

¿Cómo todo se puede desmoronar en tan poco tiempo?

¿Cómo puede ser que veinticinco años de existencia no sean más que un mero sueño?

Y con el único con quien podía hablar de todo esto, era un esquizofrénico (asesino, en cualquier realidad bastaba más). Si Wammy se enterara siquiera de todo, no contemplaría más que concertarle una cita con él.

Pero no, no estaba loco. Las memorias de otra vida eran mucho más nítidas con el paso del tiempo, las memorias de huérfanos, de casos, de Kira. Las memorias de su muerte…

Porque sí, eran memorias, no imaginación.

¿Era su condena, como había dicho Light, vivir una vida falsa, no existente? ¿O era el recordar una vida real, que existió?

L creía que era ambas. Porque si de algo tenía certeza alguna ahora, era de conocer lo que era la completa falta de libertad.

Estaba encarcelado en este mundo demasiado real para sus sentidos, y demasiado falso para su mente.

¿Por qué?

¿El que su nombre fuese escrito en el cuaderno de la muerte provocaba caer en este vacío?

L no lo sabía. Pero esperaba que su paciente (sospechoso, asesino) tuviese la respuesta.


Light podía contar con sus dedos los tiempos en los que había sido humillado.

Ciertamente cuando L decidió poner la vida de Lind L. Taylor frente a él era uno de los más memorables. O cuando decidió que no había mejor estrategia que presentársele como el mismo L…

Pero nada podía superar la humillación actual.

Amarrado a una cama, desfigurado (sin ojos).

Como un loco. Un loco cualquiera.

Y lo peor, lo peor de todo era que él había caído en todo esto. Él había creído que realmente estaba desequilibrado, que había matado a su familia y luego había sido encerrado en este lugar.

Él había creído todo.

Estúpidamente, ilusamente, había creído…

Tal vez había sido más fácil creer en eso que reconocer como perdió ante Near, como perdió humillado ante Ryuk solo para morir cuarenta segundos después. Quizás había sido eso, el último pedazo de su ego herido, no queriendo reconocer su patética derrota.

Ah, pero también debía agradecerle a Ryuk, debía agradecerle al bastardo de shinigami por haberlo despertado nuevamente. Con aquellos jueguitos mentales, dándoselas de existencialista, el shinigami había terminado por lograr que volviera a ser él mismo de nuevo.

Tendría que agradecerle cuando saliera de aquí. Agradecerle no sin antes maldecirlo mil y un veces por el espanto que eran sus ojos (y por el haber escrito su nombre en el cuaderno).

Pensar que aquello fue el detonante para que parara de actuar como un perturbado y volviera a tener control. El que el shinigami cambiara uno de sus básicos recuerdos con algo que nunca ocurrió…

El trato de los ojos.

Ah, pero ahora todo cambiaría. Por las conversaciones que estaba teniendo con L (doctor, detective, o la mierda que fuese), al parecer también él estaba despertando de toda esta falsa realidad.

Y por fin podría volver.

Porque ni siquiera el Mu, podía parar a Light Yagami.


— ¿Porqué estoy aquí?

— ¿Qué te hace pensar que tengo la respuesta, Ryuuzaki?

—Tú lo empezaste todo, eres el eje central de toda esta farsa. Hasta que llegó tu caso, yo vivía tranquilo, un excelente siquiatra, con futuro, con vida…

— ¿Me estás culpando?

—No. En realidad sí, te estoy culpando Light-kun. Al parecer en la realidad que sea, terminas por joderme la vida. Y creo que tú eres el culpable por el que esté aquí. Porque yo soy tu condena.

—Te tienes en bastante estima, Ryuuzaki, tu ego-

—No comiences, sabes de lo que habló. Nunca utilicé el cuaderno-

—No por falta de ganas, así que no intentes verme la cara, que sabes te conozco.

—Pero no lo utilice, si lo que me has dicho de que "los humanos que usan el Death Note no van ni al cielo ni al infierno" yo no debería estar aquí.

—Por favor, L, siempre lo has sabido, quizás mejor que yo. Después de todo, hay solo nada.

—Tú lo has dicho, Light-kun. Nada. Sin embargo estoy aquí, contigo.

—Ah, entiendo, ¿por eso piensas en que tal vez tú eres mi maldición? ¿Mi castigo?

—En simples términos, sí.

—Pero si el tiempo nos ha enseñado algo, Ryuuzaki, es que no podemos pensar en simples términos. ¿Acaso crees que el Mu supondría el darte como mi condena?

— ¿Entonces que es lo que supones?

—Creo que estás medianamente correcto. Creo que el que estés aquí tiene todo que ver conmigo, pero no que sea una condena.

— ¿Y que lo llamas entonces? ¿un premio, recompensa?

—No, simplemente que el Mu tiene un jodido sentido del humor.


Hubo un tiempo en donde tenía la seguridad de saber.

Hubo un tiempo en donde tenía la seguridad de que el bien y el mal existían y de que él, gracias a la fuerza sobrenatural de un simple toque en papel, podría hacerse valer de aquellos conceptos, podía hacerse reconocer y quizás…

… tal vez dominar donde estaba esa seguridad.

Hubo un tiempo en donde la certeza era su sombra, en donde cada paso que daba tenía impreso el cálculo preciso y necesario. En donde sabía de donde venía y a donde iba.

Pero ya no, aquel mundo de certezas y seguridades lo había abandonado a… esto. A la agonía de vivir cada día sin saber que mierda pasaría, dónde estaba, que provocó que llegara ahí.

¿Era su castigo?

¿Por haber jugado a dios?

¿Por la soberbia con la que vivió?

Estaba seguro de que era su condena. Peor que vivir como un desquiciado, el vivir sabiendo todo. Conociendo el sangriento pasado, al maldito de L y al shinigami.

Era peor, tanto peor. Tan humillante, para él, quien fue dios entre los mortales, quien conocía respuestas, quien quería gobernar la utopía. Tan denigrante esto.

Peor que ser vencido por Near y mutilado a disparos por Matsuda.

¿Estaría Misa igual, cuando muriera?

¿Higuchi llegó también a un lugar así?

Pero no podía ser tan simple, él mismo se lo había dicho a L: "no podemos pensar en simples términos". Y el simple hecho de que L estuviera ahí, sin haber escrito nombre alguno…

Los humanos que usan el Death Note no van ni al cielo ni al infierno.

Y los humanos solo podrían doblegarse ante las reglas del cuaderno, no falsearlas o evitarlas. Nadie podría.

L no podría ser la excepción.


(—China ha dado la autorización.

Bien.

Solo… ¿Estás seguro? Nunca te he dudado, pero, esto es más allá de lo que hemos hecho.

No, no lo es Watari. Hemos llegado lo suficientemente lejos, solo con esta prueba podremos resolver el caso.

Entonces, prepararé todo.)


—Lleva tres meses así, y ya hemos visto que no ha tenido una evolución favorable.

L no dijo nada, solo guardó silencio. El hombre frente a él lo miró serio, compuesto, apretando las manos, casi dudando.

—Si decides continuar con su caso, estarás haciéndolo independiente, privado, no con las facilidades de la institución.

—Él está aquí, director Tamaro —fue la respuesta simple.

Takeshi Tamaro suspiró—, ciertamente, no impediremos que utilices las instalaciones y la habitación, pero si lo tratas será por tu cuenta.

—No me pagará —dijo escueto L—. Sabrá que aquello no me interesa.

—Yagami —Tamaro se paró del asiento, mirando por el ventanal. L recordaba estar pocas veces en la oficina del director—. Yagami —repitió—, no da muestras de mejoras, lleva más de un año aquí, y aún teniéndote a ti, un siquiatra de renombre, no ha podido mejorar. Incluso está peor, su rostro… tú lo has visto con tus propios ojos. Y el chico es un asesino.

Lawliet lo sabía. Light no era fiable, era un sicópata, un completo desquiciado. Y las muertes de su padre, madre y hermana pesaban en el aire a todo momento.

—Este asilo lo seguirá albergando —siguió hablando el director—, pero no continuará su tratamiento.

L se paró, miró al hombre por una brevedad de segundos antes de hablar—, seguiré director. No debe preocuparse de mis remuneraciones.

Tamaro lo observo, dubitativo—, sabrás lo que dices, ¿no?

—Por supuesto —afirmó con una incipiente mueca antes de salir de la habitación.


(Con un simple papel.

Solo empuñando un lápiz y ya está. Una vida terminará. Un destino sellado.

Tan simple gesto.

¿Cuántas veces vio a Light escribir por medio de esas cámaras? ¿Terminar una tarea, resolver una ecuación?

¿Cuántos nombres escribió Kira, sin que él lo supiera?

¿Frente a sus propios ojos?

Zhuo Jun.

Dos palabras. Y repite la acción que cientos – no, que miles de veces hizo Kira a otros criminales…

A los hombres de FBI…

A Higuchi. Y delante de sus narices, piensa frustrado.

Zhuo Jun.

Las cámaras están ahí. El hombre se remueve nervioso en su traje de prisión. El sudor resbala por su sien, mira con duda al espejo frente a él. L lo ve, como su cara palidece, como sus pupilas se dilatan, su mano agarrándose el pecho con dolor…

Y cuarenta segundos después, su destino también está sellado.)


Notas: Después de meses y meses, he actualizado :D, espero ponerme al día con los WIPs que tengo al igual que los reviews que no he contestado...

Saludos a todos los que han seguido este fic fielmente, que si no es por ustedes no hubiese movido mi perezoso trasero para intentar continuarlo xDD.