Capítulo 1

De lugares indeseados y extrañas bienvenidas.

Odiaba Hogwarts, los recuerdos que traía no eran agradables, la habían mandado allí por orden del Ministerio de Magia, así, decían, podían tenerla controlada.

La hacían sentir como una delincuente, esos dos aurores que la flanqueaban sin quitarle los ojos de encima, ¿No estaban ocupados con el regreso del-que-no-debe-ser-nombrado? Ella era el menor de sus problemas.

CorinneDelors, se acercó de nuevo a la enorme entrada del castillo, en cuya puerta, un anciano alto, de larga barba y grises cabellos, la observaba con gesto algo severo.

-Bienvenida de nuevo, señorita.-La recibió el hombre, Dumbledore, el director, según ella creía recordar.

Corinne le observó y torció el gesto sin responder.

-Señores, no será necesario que la acompañen más, yo me haré cargo de todo.-Aseguró el hombre.-Les mantendré informados.

Uno de los funcionarios del ministerio se acercó al anciano y le miró con gesto poco amigable.

-Disculpe, profesor Dumbledore, pero las ordenes del ministro son más que claras al respecto.-Informó con voz autoritaria.

El director colocó una mano protectora en el hombro de la joven sin apartar la vista del auror.

-Desde luego, estoy informado.-Contestó.-Pero permítame opinar, seguro que el ministro desea que la joven se integre sin levantar ninguna sospecha en sus compañeros, ¿No es así?

Los dos agentes se miraron entre ellos y accedieron al fin. Dándose la vuelta y alejándose de allí, sin más.

-Venga conmigo, señorita Delors, le enseñaré el castillo y el sombrero la ubicará en la casa más conveniente para usted.

Ella asintió con la vista gacha y entró en el castillo, en el enorme Hall, un grupo de alumnos discutían entre ellos, mientras un joven rubio, amenazaba divertido a un niño algo menor.

Cargado con un enorme libro, desvió la vista al ver al director entrar junto a una joven. Era ella, no había ninguna duda.

El niño al que tenía acorralado aprovechó la distracción del chico para salir corriendo, pero éste ni se inmutó, no prestó la más mínima atención a nada que no fuese esa chica, el libro se le resbaló de las manos y golpeó con un ruido sordo el duro suelo de piedra del castillo de Hogwarts.

El ruido llamó la atención de las dos personas que entraban, los ojos de ella, se posaron distraídamente en el chico, y permanecieron allí, durante un tiempo, le resultaba familiar.

Como un relámpago en su memoria, se repitieron los acontecimientos de aquel día, al final del curso pasado, ella corría, alejándose del laberinto, Cedric estaba muerto, golpeó a alguien y cayó al suelo…

-Tenga más cuidado con sus pertenencias señor Malfoy.-Advirtió el director recogiendo el libro del chico y entregándoselo con una cálida sonrisa.

El chico rubio, recogió el pesado tomo de las manos del anciano con un gesto algo brusco, y sin apartar los ojos de la muchacha, la había visto a finales del cuarto curso, el día en que Diggory murió. Corría por los jardines del colegio y se topó contra él, lloraba, él habló, hizo alguno de sus maliciosos comentarios, y la joven se levantó y corrió sin decir nada, no le replicó, se marchó, desapareciendo tal y como había aparecido, despertando la curiosidad de Malfoy, que trataba de atar cabos.

-Claro, profesor Dumbledore, lo que usted diga.-Contestó con su habitual tono de superioridad, arrastrando las palabras.

Era el chico, reconoció su voz fría, la misma que había escuchado aquella noche en su huida hacia el castillo, y sintió un escalofrío al pensar que él podría reconocerla, que podría saber lo que ocurrió aquella noche.

Borró aquel pensamiento de su mente y apartó la mirada del chico rubio que la observaba con curiosidad, demorándose un instante más de lo necesario en sus ojos grises, se alejó por las escaleras siguiendo al director del colegio.

Tras recorrer varios pasillos, se pararon frente a una gárgola que se apartó bruscamente al escuchar unas palabras del anciano. Le siguió a través de la escalera de caracol que daba paso a un amplio y algo sombrío despacho, lleno de objetos extraños que ella jamás había visto antes.

-Señorita Delors-empezó a hablar el hombre.-, me complace recibirla en Hogwarts, aquí podrá aprender a usar correctamente la magia, nos aseguraremos de que su fuerte poder no sea utilizado para romper las normas.

La joven se apretó contra el respaldo de su asiento, había sentido las palabras del director como una advertencia severa, aunque sólo hubiese cortesía en su voz. Asintió débilmente antes de que el hombre volviese a hablar.

-El señor Diggory está aquí. Es de vital importancia que él no sepa lo que ocurrió, sufre de amnesia, usted no puede contarle nada, ¿Lo ha entendido?

Corinne volvió a asentir y posó su mirada en los ojos azules de Dumbledore, no pensaba decirle la verdad a Cedric, de ningún modo, se sentía avergonzada de su reacción, sentía que había decepcionado a mucha gente al actuar como actuó, y el joven Diggory, él único que podría agradecérselo, no lo recordaba.

-Bien, en ese caso, podemos pasar a ubicarla en una de las casas de Hogwarts, el sombrero-Informó Dumbledore, poniéndose en pie y cogiendo el objeto de una estantería.-, verá sus habilidades y su personalidad y la ubicará en la casa donde más encajen sus cualidades.

La muchacha asintió algo nerviosa cuando el viejo le colocó el sombrero en la cabeza, éste empezó a murmurar.

-Sin duda, una joven valiente, mostró coraje al romper unas normas tan sagradas y antiguas, se sacrificó por alguien, es sencillo…-El sombrero guardó silencio un momento y alzando la voz, exclamó al fin.-¡Gryffindor!

La joven asintió y el director pareció complacido, ¿Gryffindor? No conocía tanto de Hogwarts como para saber si era algo bueno o algo malo, pero estaba satisfecha, por lo que sabía el famoso Harry Potter era de Gryffindor.

-Desde luego, ha demostrado poseer el coraje propio de un Gryffindor.-Continuó hablando el hombre.-La felicito señorita, puede ir ahora a su sala común, la prefecta le dirá la contraseña y le explicará todo lo que debe saber respecto al curso, ¿De acuerdo?

La muchacha volvió a asentir y se levantó del asiento.

-Muchas gracias, profesor Dumbledore.-Contestó sin poder evitar sentir una oleada de simpatía hacia el hombre.

Después se alejó decidida hacia la puerta y recorrió el mismo camino que había hecho con el hombre.

En el pasillo, fuera del despacho se topó con un chico alto y castaño, al que perfectamente conocía, y supo, cuando él la miró, que ya no podía escabullirse.

-¡Hola!-Saludó el joven, viendo que se sentía algo perdida.-¿Eres nueva? No recuerdo haberte visto por aquí, aunque tu cara…me resulta familiar.

Ella carraspeó y buscó una forma de escabullirse a su alrededor, pero la mirada serena y la sonrisa cariñosa de Cedric Diggory, se lo impidieron, se sintió anclada a él, tal y como lo había estado en cuarto curso.

-Sí, soy nueva, jamás había estado aquí antes.-Mintió.- No creó que pueda resultarte familiar, mi cara es muy común, me ocurre a menudo.

Cedric sonrió, su cara no era en absoluto común, era hermosa, no recordaba haber visto a una joven más hermosa en toda su vida, salvo esa misma cara en algún otro lugar.

-¿Puedo acompañarte a algún sitio?-Preguntó educadamente con una sonrisa.

-Oh, bueno, buscaba la torre de Gryffindor, al parecer el sombrero me colocó allí.-Comentó riendo, leyendo que en la túnica del chico, decía Hufflepuff.

-Te acompañaré-Se ofreció.-, al parecer eres una chica valiente, ¿Eh? Yo estoy en Hufflepuff, casa de los leales y trabajadores.

La chica asintió y le siguió por el pasillo, el pulso le latía nervioso al haberse reencontrado con él. Le siguió a través de innumerables pasillos, incluso por unas escaleras que cambiaban solas, llegaron juntos a una torre, donde el cuadro de una mujer gorda con un vestido rosa, guardaba una puerta.

-¿Conoces la contraseña?-Se interesó Diggory.

Corinne negó con la cabeza, deseosa de poder alejarse de él lo más pronto posible, su proximidad la afectaba más de lo que creía posible.

-¡Hermione!-Gritó Cedric a una chica castaña que pasaba por allí.

Corinne la miró y la reconoció como la amiga de Harry Potter, una mueca disgustada se cruzó en su rostro al ver el modo en que ella sonreía a Cedric.

-Hola, Ced, ¿Qué te trae por aquí?-Sonrió suavemente la castaña.

-Al parecer, una compañera nueva, no conoce la contraseña.-La mano del Hufflepuff, la señaló y la prefecta de la casa roja, la escrutó con la mirada.

-Oh, gracias Ced, yo me ocupo, no pierdas más tiempo.-Se excusó Hermione mirando al chico.

-No ha sido ninguna molestia, ya lo sabes.-Se despidió el muchacho, y posando su vista en la chica recién llegada, añadió.-Soy Cedric Diggory, es un place conocerte, espero volver a verte pronto.

Ella sonrió, nerviosa.

-Me llamó Corinne Delors, lo mismo digo.

El chico se alejo finalmente por el pasillo y las dos Gryffindor se quedaron solas.

-La contraseña es Dulce pastel de Manzanas, pregúntame a mí si no lo recuerdas.-Informó en tono seco, antes de repetir la contraseña al retrato de la mujer.

-Lo recordaré.-Aseguró la otra con tono igualmente tenso, siguiendo a la joven a través del cuadro, viendo ante sus ojos la magnífica Sala Común de Gryffindor.

Una estancia amplia, con una gran chimenea y grandes butacas frente a ella, de tonos rojos y escarlata.

-Soy Hermione Granger, ¿Me recuerdas?-Cuestiono la castaña, cuando se hubo asegurado de que no había nadie más allí.

Corinne asintió nerviosa.

-Yo también te recuerdo, y recuerdo la que hiciste.-La miró con aire acusador.- Se que resucitaste a CedricDiggory.

En un primer instante se asustó, dejó que el pánico corriera por sus venas, pero no permitió que la invadiera, se enderezó, poniéndose tensa frente a ella.

-Sí, lo hice y no me arrepiento, actuaría del mismo modo si tuviera ocasión.-Aseguró con firmeza, ante la mirada reprochadora que Granger le lanzaba.

Hola, aquí está el primer cap de este fic, espero que os guste,

La cosa se pondrá interesante a partir del próximo capítulo

Desde luego agradececeré cualquier comentario que me hagaís llegar y os los contestaré todos,

Besos y gracias

Aivlis Malfoy