De rebeldes sin causa y serpientes arrogantes.

Hermione Granger la miraba severamente desde el otro lada de la mesa de Gryffindor, ella le devolvía la mirada enardecida, era normal que para le perfecta Hermione, actuar como ella actuó, fuese más que un pecado, pero no pensaba permitir que la mirada severa y reprobadora que le dedicaba la castaña, la afectase en lo más mínimo.

Llevaban así todo el desayuno, ella sentada entre dos chicas de su mismo curso, gritonas y cotillas, Levendar y Pavati, o algo por el estilo. Enfrente de ella, Potter y su amigo pelirrojo, flanqueaban a Hermione ignorando por completo, la guerra de miradas que ellas habían iniciado nada más verse.

Almorzó lo más rápido que pudo, molesta, mirando a su alrededor, anonadada por lo grande que era aquel castillo, y la inmensa cantidad de estudiantes que había allí, todos de un lado a otro, corriendo ajetreados, o charlando distraídamente en los pasillos.

Salió del Gran Comedor sin esperar a nadie, miró el horario que Hermione le había entregado la noche anterior, primera hora, Transformaciones, profesora McGonagall, al parecer jefa de su casa y debían compartir las clases con Slytherin, entendía que eso no era bueno, porque el pelirrojo había mostrado muy enfáticamente lo poco que le agradaba la idea.

Empezó a caminar por un pasillo, en dirección a su clase, hasta que se dio cuenta de que no sabía dónde estaba la clase y se paró, fastidiada, en mitad de un corredor desierto.

-¿Te has perdido?-Una voz familiar, preguntó a su espalda.

Corinne se encogió ligeramente sobre sí misma, al reconocer la dulce y serena voz de Cedric Diggory.

-No, únicamente…estaba…-Resopló.- Lo cierto es que sí, creo que estoy buscando la clase de Transformaciones.

Cedric sonrió suavemente y el corazón la chica empezó a latir con más fuerza, de nuevo quiso huir.

-Te acompañaré,- Se ofreció de nuevo.-Está en la otra dirección.

Avergonzada empezó a caminar junto al chico, que parecía algo divertido, y pensó que si no decía algo, incluso él podría percibir su pulso acelerado.

-Creo que tenemos clase con Slytherin, ¿Eso es malo? Ayer nadie parecía contento al respecto.-Se interesó la morena, con voz algo queda.

Diggory se encogió de hombros, la vista clavada al frente y la encantadora sonrisa ensanchándose en sus labios.

-No, ¿Por qué debería ser algo malo?-Rió el joven.-Lo que pasa es que los Slytherins son algo… ¿Cómo definirlos? Son egocéntricos, arrogantes, clasistas, manipuladores, mentirosos y desagradecidos, pero si logras obviar eso, no tiene porque ser nada malo.

Corinne percibió un deje sarcástico en la voz del chico, rió con él, y se sonrojó ligeramente cuando sus ojos claros conectaron con los suyos, y no tardó en apartarlos y fijarlos en el suelo del pasillo.

Continuaron caminando un poco más, Corinne sin apartar la vista del pasillo, Cedric observándola cuidadosamente, admirando la belleza de la joven. Como si le hubiese caído un rayo, un extraño flash le atravesó el cerebro y recordó algo, una imagen fugaz le vino a la mente, la vio a ella, la vio con él, en Hogwarts, fue apenas un segundo y no parecía posible, sintió la felicidad como si la hubiese vivido de verdad, y se sintió misteriosamente unido a aquella chica que apenas había conocido ayer.

-Ehm, Corinne, es aquí, hemos llegado.-Informó Cedric algo nervioso de repente, la joven lo percibió y le miró con preocupación.

-¿Estás bien?-Preguntó con voz queda, temiendo que al chico le ocurriese algo malo.

-Oh, sí, claro.-Se apresuró a contestar, forzando una sonrisa.- Es sólo que tengo clase y no puedo llegar tarde, nos vemos luego.

Apenas le dio tiempo a asentir y despedirse de él, que Cedric ya se alejaba por el pasillo a toda velocidad.

La chica entró en la clase, encogiéndose de hombros. El aula ya estaba llena de gente, quedaban pocos huecos libres, fue a sentarse con ese chico torpón de su casa, recorrió el pasillo, cuando una mano la agarró por la muñeca y tiró de ella con fuerza, sin apenas darse cuenta, se vio sentada junto a un joven rubio que la contemplaba con gesto socarrón, bajó su mirada hacia la túnica del chico y se quedó contemplando el escudo que lucía en su pecho: Slytherin, le pareció que quería decir problemas. ¿Sería verdad lo que Cedric decía?

-Buenos días, no nos han presentado, Draco Malfoy, aunque quizás me conozcas.

"Egocéntricos" pensó Corinne con una media sonrisa.

-Nos vimos ayer, Malfoy-Contestó.-, y ya puedes soltarme, aunque debería, no voy a huir.

La mano del chico, que había permanecido alrededor de su muñeca, se soltó bruscamente y Draco dibujó una mueca desdeñosa.

La profesora McGonagall, una mujer anciana, de aspecto severo y exigente, entró en la sala y empezó a dirigirse a sus alumnos.

-Algún día desearas que te coja la mano y no te suelte.-Aseguró el joven, susurrando en su oído.

"Arrogantes"

-En tus sueños, Malfoy.-Replicó centrando la vista en el libro de Transformaciones, evitando mirar al chico para no reír.

-Creo que debo felicitarte-Continuó hablando él- debes haber hecho enfadar mucho a la sangre sucia.-"Clasistas"- ¿Qué le has hecho? Debe ser algo grave, antes sólo me miraba así a mí.

Corinne se giró a mirar a Malfoy, ¿Estaba insinuando algo? No estaba segura de que el chico pudiera saber algo, a fin de cuentas, no la conocía, la había visto aquella noche, sí, pero eso no significaba nada, no indicaba nada. Corinne se devanó los seso, hasta que finalmente lo entendió: "manipuladores", no sabía nada, simplemente jugaba con ella.

Se quedó embobada por un instante, ¿Cómo podía sonreír así?

La profesora McGonagall carraspeó, y la joven volvió a centrar su atención en la clase, o por lo menos, fijo la vista al frente, a su lado Draco Malfoy rió.

Sabía perfectamente que la chica ocultaba algo, y su curiosidad innata le pedía averiguarlo cuanto antes. El Slytherin sospechaba que Cedric Diggory tenía algo que ver, habían sido "amigos" o algo así el curso pasado, pero él no recordaba nada, tal vez eso era bueno, pensó satisfecho, lanzando una mirada para nada discreta a las curvas de la joven Gryffindor.

-¿Qué miras, Malfoy?-Quiso saber Corinne, con tono curioso, y escondiendo una risita tras el libro de texto.

El chico apartó la vista lentamente y pasó una página del libro, fingiendo que leía.

-Constataba la mala calidad de los uniformes Gryffindor.-Murmuró, sonriendo con superioridad.

Corinne no pudo ocultar su risa esta vez: "mentirosos".

Malfoy también reía por lo bajo, ambos ajenos a que la mirada de la profesora McGonagall, se había fijado en ellos.

-Señor Malfoy, ¿Puede decirnos por qué se dedica a distraer a su compañera?

El rubio miró a la jefa de Gryffindor, sin borrar de la cara su gesto de superioridad, esbozando una media sonrisa.

-¿Qué le hace pensar que soy yo quien la distrae, y no al revés?-Preguntó duramente, insinuando que la mujer estaba pecando de favoritismo con una alumna de su casa.

Sus compañeros rieron, los Gryffindor, sin contar a Corinne que lo miraba anonadada, miraban e increpaban a Malfoy con muy poco respeto.

-Teniendo en cuenta sus antecedentes y los de la señorita Delors, no puedo imaginar su hipótesis, señor Malfoy.-Afirmó McGonagall.

A Corinne Delors le pareció ofensiva semejante afirmación, y no por lo que había dicho de Draco, sino por lo que había dicho de ella, ¿Sus antecedentes? ¿Acaso ella no sabía nada? Sus antecedentes no eran nada buenos, en ese momento la invadió una ola de rebeldía que la llevó a cometer una absoluta estupidez.

-Él tiene razón profesora McGonagall.-Afirmó poniéndose enérgicamente en pie.-Fui yo la que le molestaba, no él a mí, no debería sacar conclusiones precipitadas, únicamente por la casa a la que uno pertenezca.-Afirmó mirando significativamente a Potter y compañía, que la miraban con rabia, posiblemente porque defendía a un Slytherin.

Eran los grandes favoritos del castillo, gracias a ello, arrastraban a toda la casa roja, a Corinne le parecía de mal gusto, Potter había sido el responsable de la muerte de Cedric, y nadie le culpaba, más bien era el héroe, siempre el héroe.

-En ese caso, señorita Delors, le pediría que limpiara usted la sala de trofeos.-La mujer la miró con severidad y clavó la mirada en el libro, retomando la clase.

Pero Corinne no había terminado.

-¿No piensa quitarme puntos?-Cuestionó con tono burlón- Seguro que a él se los hubiera quitado.-Señaló a Malfoy que la miraba sorprendido y mordiéndose el labio para no echarse a reír.

-¿Es lo que quiere? Entonces ¡Cien puntos menos para Gryffindor!

Ahora sí, Corinne se sentó y la mujer continuó con su clase, ligeramente enfurecida. Corinne miró a Malfoy a su lado y el chico clavó la mirada en el libro, no volvió a hablar "Desagradecidos" Cedric había calado muy bien a las serpientes.

Hola, como va todo?

la verdad es que me gustó mucho escribir este cap, me divertí...

espero que a vosotros también os guste, de momento vemos que ninguno de los dos chicos es inmune a los encantos de Corinne, ella permanece indiferente a Draco, la pregunta es: por cuanto tiempo?

Descubridlo en el próximo capitulo.

besos y hasta pronto.

PD: Si McGonagall quita cien puntos a Gryffindor el primer día de clases, eso les deja en -100, es la primera vez que una casa debe puntos, jajajaj