De polvo acumulado y copas mal guardadas.
El sábado debería ser el día perfecto, no había clases, por lo tanto uno podía permanecer más tiempo en la cama, no había sensación más gratificante que la de dormir hasta tarde un sábado. Pero lo que hacía especiales los sábados, o eso le habían contado a Corinne, eran las visitas a Hogsmeade.
Pero ella era la única alumna del castillo que parecía haberse quedado. Observó la enorme sala que se suponía debía limpiar durante aquel día y maldijo sus estúpidas ocurrencias y los ojos grises de Malfoy.
McGonagall la miraba con gesto severo, junto a ella, una mujer bajita, vestida de rosa de los pies a la cabeza y con una sonrisa tierna que resultaba aterradora, la miraba con expresión decepcionada.
-Hágalo al estilo muggle, señorita Delors-Advirtió McGonagall, nada contenta.-, tiene hasta el mediodía.
Corinne recorrió la estancia con la mirada, era enorme, no acabaría ni para cuando se volviese a celebrar el Torneo de los Tres Magos, cuya copa observaba ahora con gesto curioso, ¿Por qué no la había retirado Dumbledore?
-Asegúrese de que brilla hasta la última copa.-Apuntilló la jefa de Gryffindor mientras salía de allí seguida de la otra mujer que murmuraba con voz chillona.
-Nadie hubiese dicho que era esa clase de alborotadora...-Fue lo único que llegó a comprender la joven.
Corinne apretó el trapo malhumorada y soltó un bufido frustrado. Agarró la primera copa que había en la enorme sala y empezó a frotar tratando de eliminar el polvo acumulado.
Al cabo de escasos minutos, aunque a Corinne le parecieron horas, volvió a resoplar frustrada, cuanto más frotaba más sucia le parecía la maldita copa. A decir verdad no tenía experiencia en labores del hogar, pues sus padres se habían mostrado permisivos respecto a sus tareas en casa, pero jamás creyó que fuese necesario ser Hermione Granger para saber quitar el polvo.
Sintió la tentación de sacar la varita y usar magia, idea de la que enseguida desistió al comprender que McGonagall lo sabría, así que en lugar de eso, frotó con más fuerza la copa.
Así siguió hasta que escuchó una risita a su espalda, tubo la certeza de que sabía de quien se trataba antes de darse la vuelta.
-¿Qué haces aquí Draco?-Preguntó sin dejar de frotar la copa con tanta fuerza que pensó que podría hacerle un agujero.
El chico se encogió de hombros y esbozó una sonrisa torcida, dio dos pasos más y la contempló con una expresión extraña en el rostro. La joven morena lo miró confundida y cuando una idea sobre semejante actitud cruzó su cabeza, dejó de frotar la copa, violentamente avergonzada.
El rubor en sus mejillas provocó la risa de Malfoy que no tardó en rascarse la nariz debido a la acumulación de polvo.
-Me alegra ver que has encontrado tu vocación, pero no creo que tengas futuro de elfo doméstico.-Rio sarcástico pasando un dedo por la sucia repisa.
Corinne alcanzó la repisa que él contemplaba y depositó allí la dichosa copa, que no había mejorado para nada su aspecto a pesar de los desafortunados intentos de la chica.
-Pues ya que eres en gran parte responsable de mi castigo-Habló Corinne muy molesta con la actitud del chico.-, y pareces tener muy claro lo que hay que hacer, podrías colaborar.
Las carcajadas del chico hicieron eco en la sala y Corinne frunció el ceño.
-Oh, vamos Cory, no esperaras en serio que te ayude ¿Verdad?-Inquirió entre risitas.
A Corinne se le congeló la sonrisa en la cara, pero no por la arrogancia del Slytherin, sino por el modo en que la había llamado "Cory". Así la llamaba Cedric, jamás otra persona la había llamado así, se sintió extraña, el hecho de que hubiese sido Malfoy quien lo hubiese dicho le dejaba un sabor agridulce. Sonaba provocativo en sus labios y dulce en los de Cedric, pero no le era desagradable el modo en que Draco lo había pronunciado.
El rubio por su parte ya no reía, la repentina seriedad de la joven le sorprendió, pues su rostro estaba contraído y parecía mirarle pero sin verle.
-¡No me mires así!-Exclamó el chico, incapaz de sostenerle la mirada.-Lo siento pero tendrás que conformarte con mi maravillosa compañía.
Corinne despertó bruscamente de su estupor cuando Draco se apartó de la repisa y empezó a curiosear por toda la sala.
-¡Merlín! No creo que hayan limpiado aquí desde que se fundó esta escuela.-Murmuraba divertido.
Corinne suspiró frustrada y cogió la siguiente copa, reanudando la tarea que le habían asignado, convencida de que al menos la presencia de Draco la divertiría.
Pasados unos minutos le había empezado a cogerle el truco a eso de limpiar, y lo hacía mientras Malfoy explicaba historias de sus años pasados en Hogwarts, verdaderamente divertidas, sin dejar de observarla con atención, Corinne se sonrojaba cada vez que lo miraba y lo encontraba con los ojos clavado en ella, ¿Qué demonios le pasaba?
Por su parte, el rubio trataba de concentrarse en la anécdota que estaba contando, pero era incapaz de apartar la mirada de Corinne que cada vez que se daba la vuelta, para alcanzar otra copa del estante superior, dejaba a la vista sus perfectas piernas y el rubio olvidaba, incluso, lo que había ido a hacer allí.
Haciendo un esfuerzo Malfoy decidió olvidar su anécdota y abordar la cuestión principal de una vez.
-¿Eres amiguita de Diggory?-Preguntó de repente, con tono casual.-Qué curioso lo que ocurrió con él, ¿No crees?-Ahora quiso hacer la pregunta con intención, sonriendo maliciosamente para sí, ella no lo vio pues seguía de espaldas.
La pregunta fue imprevista, tanto que Corinne, que depositaba una al mérito, para un alumno de Ravenclow que había estudiado en Hogwarts hacía medio siglo, dio un respingo y la copa, resbaló de sus manos y fue a estrellarse al suelo, llevándose un par de galardones por el camino.
-¡Por Salazar! Cory, se supone que debes arreglar esto…-Protestó el chico levantándose del suelo y acercándose a ella.
Acababa de confirmar sus sospechas, ella sabía algo de lo que había pasado con Diggory. Mas la chica no había escuchado ni una de las protestas de Malfoy, todavía estaba conmocionada.
¿Qué insinuaba? Si es que insinuaba algo, y estaba segura de que sí. A pesar de no conocer demasiado a Draco, podía decir que era de esa clase de personas que nunca hablaban por hablar, algo sabía, o algo sospechaba.
O a lo mejor era algo mucho más simple que eso, pensó esbozando una sonrisita cuando la palabra "celos" acudió a su mente.
Miró con fastidio los trozos de las copas rotas y después a Draco, que tenía la varita en la mano.
-¿A qué te refieres, Draco?-Preguntó con una sonrisa que trató de disimular.
El rubio alzó las cejas. Y apuntó los trozos rotos con la varita.
-Del Torneo de los Tres Magos. La muerte de Diggory y su misteriosa resurrección.-Contestó el joven sin titubear.-¡Reparo!
Los dos se miraron largo rato, mientras las copas rotas se recomponían rápidamente. Corinne intentando ver la intención en las palabras de Draco, Draco, buscando un secreto en los ojos de Corinne.
Permanecieron así durante un largo rato, en el transcurso del cual, las repentinas dudas de ambos quedaron relegadas momentáneamente al olvido, pues los ojos del otro eran demasiado atrayentes para apartar la vista.
Hasta que…
-¡Ejem!-La voz les sobresaltó a ambos, demasiado concentrados, no habían oído los pasos, ni los golpecitos en la puerta, ni se habían percatado de que había alguien más allí y esa era la tercera vez que carraspeaba.
Ambos dieron un respingo al mismo tiempo y dirigieron la mirada hacia la puerta, Corinne volvió a maldecirse a sí misma y a los ojos grises de Malfoy, cuando comprobó que quien acababa de entrar no era otro que Cedric. Rezó para que no hubiese escuchado nada de lo que Draco había dicho.
-¡Vaya! Venía a ofrecerte mi ayuda, pero…-Empezó algo dudoso el joven, mirando de un modo no muy cordial a Malfoy, que no dudó un instante en devolverle la mirada, con más intensidad.
-¡Oh, no!-Se apresuró a decir ella, algo incomoda.-No pasa nada, no molestas, Malfoy sólo estaba…
-Simplemente vine a enmendar la torpeza de Delors.-Interrumpió secamente, dirigiéndose hacia la puerta.-, toda tuya, que os divirtáis.
El Slytherin esbozó una pícara sonrisa, que borró en cuanto hubo salido por la puerta. De pronto se sentía muy molesto, con Diggory, con Corinne, incluso, puede que consigo mismo, aunque no atinaba a comprender por qué. Tras dejar escapar un violento bufido, salió a toda prisa de allí, camino a su Sala Común.
Cedric se había quedado en la habitación, apenas prestando atención a la retirada de Malfoy, o a la nerviosa actitud de Corinne, a la que miraba con gesto nervioso, pero sin verla a ella en realidad, fijando su mirada nerviosa en la repisa que había justo tras su espalda, ocupada casi por entero por una copa cuyo resplandor azul, le atraía familiarmente, como en sus sueños.
-¡Es la copa!-musitó acercándose repentinamente.-La que aparece en mis sueños.
Corinne siguió su mirada hasta posarla en el impresionante trofeo, y apenas pudo reprimir un gritito ahogado. Balbuceó unos instantes antes de poder hablar.
-Es la copa del Torneo de los Tres Magos.-Susurró Corinne, alarmada.
-¿Yo participe en ese torneo? En mi sueño también está Harry, y…
Corinne se acercó temblorosa hasta el Hufflepuff y le miró antes de hablar.
-Ambos participasteis, tú ganaste la copa.-Aseguró, y no mintió, porque eso fue lo que Potter dijo cuando volvió en sí, eso y que estaba muerto.
Cedric se quedó callado un instante, ¿demostraba esa copa qué el sueño era real? En su sueño, él y Harry la tocaban al mismo tiempo, tal vez fue un empate, pero eso no resolvía la cuestión principal, ¿Había muerto? Plantearlo siquiera le sonaba ridículo, era imposible volver de la muerte, pero esa voz aguda y chillona que gritaba la maldición asesina y la sensación de morir, cada noche más nítida en su cabeza, le parecía indiscutible.
-¿Qué pasó después?-Preguntó sin apartar la vista de la copa, hipnotizado.
Corinne, preocupada fijo la vista en él, tentada de decirle la verdad al chico, no podía pasar nada tan grave si se lo contaba, Dumbledore debía exagerar, no podía prohibirle a ella mantener silencio y dejar la copa en la Sala de Trofeos, donde él la podía ver.
No si en el fondo no quería hacerle recordar.
-No lo sé Ced,-Mintió al fin, aterrada y preocupada por la posible reacción del chico.-Me marché entonces.
Cedric empezaba a discernir lo sucedido, saber algo de su pasado, por mínimo que fuese le hizo sentirse algo mejor, reconfortado y completo por una vez. Pero había muchas cosas que aún no encajaban y miles de nuevas preguntas que surgirán en su mente.
-Pero en mi sueño tú…-Quiso contarle a Corinne lo sucedido, su sueño completo, ella era la única que podría comprobar sus sospechas, si ella habías sido en parte responsable de que siguiera vivo, la conexión que había sentido con ella desde hace tanto tiempo, tenía una explicación cara.
Pero la puerta volvió a abrirse y McGonagall irrumpió en la habitación, con un estrepito y gesto amenazador, impidiendo la inminente revelación de Cedric.
-¡Señor Diggory! ¿Qué hace aquí? La señorita Delors debe cumplir su castigo.-Informó molesta.-Déjela trabajar.
Tras disculparse con la mujer, ésta, con cara de pocos amigos, le dejó marchar, cuando salió, avergonzado y sintiéndose culpable por dejarla sola allí dentro, todavía podía oír los gritos enfurecidos de la bruja.
-¡De gracias a Merlín por que la indeseable señora Umbridge no decidiera acompañarme! ¡Dese prisa señorita, esto está peor que antes!
Corinne reprimió un gemido quejumbroso y recogió el trapo que había dejado en un estante, recuperando enseguida el frota que frotarás, ante la atenta mirada de Minerva McGonagall.
Lo siento mucho, se que me he retrasado un montón
El instituto me ha tenido muyyyyyy liada, pero no os preocupeís que no pienso dejar esto, actualizaré más pronto la próxima vez, os lo prometo.
Besos y espero, por favor, vuestros comentarios.
