De conejitos y candelabros.
Oficialmente, estaba hecha un lio, confundida, a pesar de creer que lo tenía todo claro, era una especie de paradoja. Lo único que habría deseado apenas dos días atrás había sido que Cedric la besara de aquel modo, volver a experimentar aquella sensación que creía no podría volver a sentir, y ahora que había sucedido no podía dejar de preguntarse qué demonios había despertado Draco Malfoy en su interior que le impedía estar tranquila consigo misma.
Trataba por todos los medios quitárselo de la cabeza, el Slytherin siempre encontraba el medio para volver, cuando no le esperaba, el recuerdo la asaltaba por la noche, a traición y la duda le impedía dormir como debería.
Así iba perdida y dormida por los pasillos de Hogwarts, desorientada en todos los aspectos, evitando, además, toparse con Draco o Cedric, al que tampoco sabía cómo tratar, pues apenas le había besado en el campo de Quidditch había desaparecido, y también parecía evitarla.
Se sentó como autómata en la clase de la profesora McGonagall, que había encontrado siguiendo a Longbottom, en su estado de semiinconsciencia, tampoco se percató de que Draco Malfoy, sentado a su lado, la observaba con actitud curiosa.
-¿Me has estado evitando Cory?-Preguntó, susurrando en su oído.
La chica dio un respingo y abandonó definitivamente sus pensamientos, trató por todos los medios parecer absolutamente indiferente.
-No.-Mintió, segura de sí misma.-¿Qué te hizo pensar eso?
El rubio se encogió de hombros y con provocadora sonrisa apoyó su mano sobre la rodilla de la chica, que, debido a la sensación que provocó el contacto, dio un nuevo respingo, golpeó la mesa con fuerza y miró amenazadoramente a Malfoy, que agachó la cabeza para ocultar la risa, mientras todas las miradas se posaban en la chica.
-¿Algún problema, señorita?-Preguntó McGonagall, nerviosa, pues temía que la situación provocada aquel primer día de clase se repitiera.
Corinne negó con la cabeza, exageradamente y McGonagall prosiguió como si nada hubiese pasado.
-¿Nerviosa?-Se burló Malfoy, en un susurro, subiendo ligeramente la mano por la pierna de Corinne que sintió otro escalofrío.
-¡No! ¿Te has vuelto loco?-Inquirió tomando con mano temblorosa su pluma.-¡Para!
Draco alzó una ceja, en actitud burlesca, y subió algo más la mano. La pluma en la mano de Corinne, aterrizó en el suelo y la chica se mordió el labio inferior, desde luego el desgraciado tenía buenas manos.
Carraspeó y se agachó para recoger la maldita pluma que de milagro consiguió atrapar, al levantarse pudo ver la pálida mano de Draco, haciendo dibujos imaginarios sobre su pierna, y algo extraño sintió en la boca del estomago.
-Por favor, estate quieto.-Suplicó la chica, con voz entrecortada.
El chico rió, parecía disfrutar mucho de la situación, seguramente ella también disfrutaría si no estuvieran en una maldita clase abarrotada.
-Como quieras.-Dijo al fin y la muchacha se sintió contradictoriamente decepcionada.
La mano de Malfoy se detuvo pero no se apartó de donde estaba.
-¡Eres de lo peor!-Le reprendió la chica que ya no pudo ocultar una sonrisa.
Draco sonrió con superioridad.
-Lo sé. Apuesto a que me has echado de menos.
La profesora McGonagall pidió un voluntario para transformar un inocente conejito en candelabro.
Granger levantó la mano y se colocó frente a la clase.
Nadie les prestaba atención.
Corinne se acercó a la oreja del Slytherin.
-No tanto como tú a mi ¿Verdad, Draco?-Ella también sabía jugar. Sonrió al tiempo que deposito un fugaz beso en la mejilla del, repentinamente, confundido muchacho.
-¡Maravilloso señorita Granger!-La felicito McGonagall, entre los vítores de los Gryffindor.-¡Diez puntos más!
La casa de los leones ya iba de nuevo primera en la competición de la Copa de las Casas, y nadie dudaba que la volvieran a ganar.
-¿Algún Slytherin quiere probar?-Preguntó con desdén la profesora.
-Tú.-Corinne empujó levemente a Draco que había olvidado donde estaba y seguía mirando a la chica, confundido.
Se levantó velozmente, al hacerlo se vio obligado a retirar la mano de tan preciada posición y Corinne hubo deseado no animarle a ir. El chico avanzó hacia el centro de la clase con la varita en la mano y McGonagall volvió a convertir el candelabro en conejito.
-Adelante señor Malfoy.-Le instó sin entusiasmo.
Malfoy agitó elegantemente la varita y el blanco animal volvió a sufrir una metamorfosis, había un suntuoso candelabro en su lugar, de oro y ornamentos barrocos, con velas blancas y perfectas y llamas de vivo naranja intenso que titilaban grácilmente con el viento, un mohín de arrogancia no tardó en aparecer en los labios de Malfoy, y Corinne no tardó en recordar que era aquel que le hacía malditamente atractivo.
-¡Es pijo hasta en eso!-Oyó decir a Weasley, Potter rió y Granger le indicó que callase. Corinne se limitó a resoplar.
-Bien señor Malfoy.-Anunció McGonagall, los Slytherins también felicitaron con alegría a su líder.-¡Cinco puntos más para Slytherin!
-¡A Granger le dio diez!-Protestó Parkinson, sentada delante de Corinne.
Draco se detuvo en mitad del pasillo cuando regresaba a su sitio.
-Sí señorita Parkinson, pero el señor Malfoy ya vio como se hacía puesto que la señorita Granger lo hizo primero.
-No estaba prestando atención.-Sonrió Corinne a Draco, que le devolvió el gesto con complicidad.
-¿A no? En ese caso enhorabuna señor Malfoy, un encantamiento magnifico para ser tan improvisado ¡Diez puntos más!-Los Slytherin rieron, Draco alcanzó su asiento al fin.-No obstante señor Malfoy le voy a descontar cinco puntos por no prestar atención en clase.
Ahora fueron los Gryffindor quienes rieron, incluyendo a Corinne que encontraba muy gracioso toda aquella competición.
-Lo mismo va para usted señorita Delors, pues apuesto a que el señor Malfoy no era el único que no me escuchaba, ¿Me equivoco?
De nuevo Slytherin ganaba y de nuevo era por su culpa, si Hermione había ganado diez puntos y ella había perdido cinco, tenían cinco puntos, el total de aquella clase para Slytherin era de diez puesto que Draco había conseguido quince en total y le había quitado cinco, las serpientes les sacaban cinco puntos…y aquel debía ser el motivo para que estos estuviesen tan contentos y para que los Gryffindor la mirasen a ella como si quisieran descuartizarla allí mismo.
-Está bien fin de la clase, lean el próximo capítulo del libro para la siguiente clase por favor.-Mandó McGonagall antes de salir de clase a toda velocidad y más molesta que de costumbre.
Los leones enseguida hicieron los propio no demasiado contentos, Corinne se quedó sentada mientras las serpientes se marchaban, no se sentía mal por la pérdida de puntos, semejante competición le daba bastante igual, pero sus compañeros la consideraban algo parecido a una traidora, ninguno apenas cruzaba un saludo con ella, no tenía ningún amigo, ¡Maldita sea! Era muy popular en Beauxbattons.
-El sombrero debió ponerte en Slytherin.-Aseguró Malfoy que se había quedado allí.
-Dijo que era valiente y sacrificada, que era una Gryffindor.-Aseguró sin apenas mirarlo.
Draco le dio un par de palmaditas en el hombro y la chica se pregunto si era su forma de hacerle saber que se preocupaba por ella y que, por tanto, le importaba.
¿Habría alguna forma de averiguarlo?
-¿Por qué estás tan seguro de que debería ser una Slytherin?-Preguntó con curiosidad.
Draco rió y se acercó lentamente a la chica.
-Actúas como una Slytherin-Aseguró.-, fastidias a los Gryffindor, eres hiriente si te lo propones, y atrevida, en todos los sentidos.-Sentenció con un susurro, muy cerca de la boca de ella.
¿Atrevida? Quizá era eso, quizá simplemente tenía que arriesgarse.
Fue ella quien besó a Draco, pero él supo tomar el control de la situación en seguida, volvió a ser apasionado, como sólo Draco Malfoy sabía serlo, la mano de Draco fue a aterrizar en el muslo de Corinne, donde había permanecido casi toda la clase de Transformaciones, provocando la sonrisa de la chica contra los labios de Draco.
Un sonoro carraspeó les hizo separarse, Draco maldijo, Corinne volvió la cabeza para ver de quien se trataba. Dio un bote aún entre los brazos de Malfoy al descubrir a una chica rubia, de saltones ojos azules que les miraba con curiosidad desde muy cerca.
-Disculpad pero tenemos clase aquí.-Informó la muchacha con voz infantil.-¿Qué hacíais? Ese no es el modo de eliminar los Torposoplos.
-¿Qué es un…?
-Déjalo, no te esfuerces.-Contestó Draco resoplando molesto.-Escucha Lunática, ¿Acaso no sabes que este es el mejor método para ahuyentar Torposoplos? Que lo publique tu padre en su revistilla.
Se puso en pie y empezó y Corinne confundida hizo lo mismo.
-Vamonos.-Instó el rubio, no parecía molesto porque les hubiesen descubierto.
Los dos salieron de la clase y caminaron por los pasillos. Corinne se había atrevido, ¿En qué habían cambiado las cosas? Nada había pasado a excepción de que una peculiar chica de Ravenclaw les había descubierto, seguía teniendo dudas, sabía sin saber si todo aquello significaba algo, o simplemente era atracción.
Miró a Draco, un Slytherin, un sangre limpia, tal vez el sangre limpia por excelencia, y se le ocurrió un modo hiriente y atrevido de averiguar lo que el chico sentía en realidad, y que tal vez ayudaba a saber que sentía ella.
-Bueno quizá podemos hablar con Dumbledore y te cambie a Slytherin, todos se quedarán mucho más tranquilos.-El chico bromeaba y Corinne vio clara su oportunidad.
-Yo no puedo ir a Slytherin.-Aseguró muy convencida de lo que decía.
-¿Por qué?-Preguntó el chico sentándose sobre un murete que daba a la arcada de uno de los patios interiores del castillo.
Corinne se sentó a su lado, consciente de que muchas cosas iban a depender de la reacción de Draco.
-Mis padres son muggles.-Soltó, con seriedad, con tranquilidad, observando con atención la reacción del chico.
Draco se quedó estático, tratando de sopesar las palabras de Corinne. Era una broma, ¡Tenía que ser una broma! Sus carcajadas resonaron en todo el pasillo, Draco reía espasmódicamente y lágrimas resbalaban de sus ojos.
-Hablo en serio.-Aseguró Corinne, aliviada y decepcionada a partes iguales.
Dejó de reír, al tiempo que sus ojos grises se clavaban fijos en los de ella, irritados, molestos, casi con odio.
No dijo nada, se puso en pie, sin molestarse en mirarla un minuto más y desapareció por el pasillo, haciendo resonar con fuerza sus pasos, deseando gritar, maldecir y golpear a alguien hasta quedar exhausto.
Por su parte Corinne sintió una desazón terrible, poco le faltó para correr tras él y confesar su engaño, pero se detuvo, a fin de cuantas eso arreglaba las cosas y Draco había salido de la ecuación tan rápido como había entrado. Si a él no le importaba a ella tampoco, se dijo, pero una lágrima solitaria corrió por su mejilla mientras se alejaba por el pasillo.
Bueno aquí el capítulo diez, ya sé que en éste falta nuestro Hufflepuff preferido, pero los capítulos próximos serán única y exclusivamente para él, así que quería darle su momento a Malfoy, que volverá a la carga no os preocupéis, en cuanto se le pase el estado catatónico en que se nos ha quedao volverá, a quien se le ocurre decirle eso…Corinne no aprenderá, jajaj
Espero que os haya gustado y vuestros comentarios son siempre bienvenidos.
Besos Aivlis Malfoy.
Respuesta al comentario de Jazhy-Malfoy:
Holaaaa, me alegra que te haya gustado, si que es verdad que Corinne es una suertuda, y que nadie podría escoger entre ambos, pero quedarse con los dos…no creo que a ellos les parezca bien, claro que si no se enteran, jajaja. Espero que te siga gustando…
Besos
PD: Tienes buenas vibraciones respecto a Hermione.
