Disclaimer: Ni Latin Hetalia ni Hetalia me pertenecen. Saludos a mi amiga (LiberVanAlst) que me ayuda con esto XD
Advertencia: Casi etero XD
Pareja: USAXChile
De vacaciones en Chile
En las tierras de Chile, el castaño y el rubio estaban sentados uno junto al otro mientras miraban atentamente la televisión, con un vaso de cerveza cada uno.
- Hm… tengo hambre –- hizo un puchero Alfred mientras sus manos se posaban en su estomago.
- Em… ¿querí hamburguesas? -– le preguntó sonriente y más animado.
- ¿Eh? ¿Hay un McDonald's cerca de aquí?
- Si, así que si querí nos vamo a comer allá –- respondió simplemente el chileno con simpleza, tocándole el hombro a Alfred quien asintió con los ojos brillosos.
Apagaron el televisor y caminaron hasta el McDonald's, entrando primero Manuel y luego el extranjero.
Manuel se acercó a la caja para pedir una Big Tasty, que era la hamburguesa más grande que tenían, sin embargo cuando Alfred la vio dijo que "eso" no le llenaría.
Chile le pidió unas papas fritas tamaño familiar a la señorita de la caja y esta miro sorprendida al caballero estadounidense.
- Se la comerá, no se preocupe… - le sonrió a la joven y esperó a que le trajeran sus hamburguesas.
Quince minutos estuvieron esperando, y Alfred con una paciencia que poco a poco se agotaba por el calor y el hambre del momento.
Por fin con su hamburguesa en las manos, ambos comenzaron a comer, mientras Manuel miraba fijamente a Alfred, algo calmado y sonriente.
- Oye weon… ¿por qué me elegiste a mi pa' tu mariconá de casarte con un hombre? -– la comida había relajado por completo su molestia.
- Ah, eso es porque me conviene tenerte de aliado, es decir tengo problemas con Bolivia y varios países de Sudamérica… y…
- ¿Y qué tanta wea? –- le miró a los ojos y se encogió de hombro, riendo un poco -– harto weona tu propuesta, si sabi que yo también me llevo mal con estos weones.
- Si, pero… - miró a Manuel a los ojos, ahora serio -– Chile es un país rico en tierras, minerales y vegetación, si tú me apoyas puedo ayudarte en lo que quieras, por eso me he aliado a ti.
- Tomo de su bebida, luego dijo –- ya que wea queri… - lo observo atentamente.
- Control sobre Sudamérica… - sonrió –- control sobre tus hermanos… claro que de forma secreta…
- Ya… ¿y el anillo que wea tiene que ver? –- alzo una ceja.
- Hahahaha~ - comenzó a reír – solo es para molestar a Iggy.
-… - de alguna forma se sintió usado –- bien… entonces, ¿qué pretendes hacer conmigo?
- ¿Qué… pretendo… hacer? -– lo miró confundido - Jejeje… bueno tu cara cuando lo hicimos me ha gus…
- ¡NO HABLO DE ESO CONCHETUMARE! –- respondió agresivo golpeando la mesa mientras le miraba a los ojos.
- ¿E-entonces de qué? –- se echó hacia atrás un tanto asustado del enojo del chileno.
- Lo que pasó entre… entre… nosotros… tenemos que olvidarlo. -– Bajó la mirada sonrojado, el sólo hecho de recordar como lo vio esa mañana era motivo de sentir su cara caliente.
A Alfred eso le dolió porque él esperaba una "segunda ronda" con el chileno, por lo que sólo hizo un puchero. Tomó su vaso con bebida y comenzó a succionar el líquido. El chileno alzó una ceja, ¿acaso estaba casado con un niño?. Alfred era mayor que él por un año, o eso pensaba, pero de alguna forma no podía dejar de mirar sus ojos y cuando ya no pudo mas, su sonrisa la acompañó de un suspiro.
- Puta que eri obstinado weon, te lo juro, eri el weon más molestoso que he conocido en mi vida. –- Rió por lo bajo tomando su bebida y bebiendo también.
Estados Unidos había entendido la mitad de lo que le había dicho el chileno, pero aun así el hecho que le sonriera lo hizo feliz, seguramente ahora tendrían una gran vida de "casados".
- Me quedaré un tiempo en tu casa, ¿puedo? –- le dijo como cual perrito ansioso que acaba de encontrar a su dueño.
- Hem… no… - le dijo mirando a otro lado.
- ¿Por qué? –- hizo otro puchero.
- Porque no… -– intentó ocultar una maliciosa sonrisa.
- Eso no es una respuesta.
- Porque no… - se llevó la mano a su boca para ahora no dejar que una risa se le escapara.
- Pero dime~
- Porque no quiero… - ahora más cortante.
- Pero, ¿Por queeeee~?
- Cállate weon, estamos en público. –- Se acercó a él y le zapeó en la cabeza.
- Que cruel… - se hecho hacia atrás cual niño amurrado - pero tu si puedes gritar si te da gana y yo no… - bebió nuevamente su coca cola.
- Si, porque yo soy el dueño de esta wea… - sonrió con superioridad, mientras el otro le veía a los ojos como si tuviera que reclamarle algo -– ok, ok… mira weon, anda a buscar ropa y nos vamos a ir al campo, ¿te tinca?
Alfred solo sabía que Manuel lo había invitado a pasar un fin de semana con él, después de todo nunca le dijo el porqué no podían hacer "esas cosas" de nuevo, por lo que un "No" para Manuel, significaría un "Si" para Estados Unidos.
El viernes llegó y había otra junta de países, esta vez con sede en Santiago de Chile. Cada uno llegó a su horario, pero había uno que no había llegado cuando estaban todos.
- ¡Hey! no deben empezar sin el héroe… - dijo entrando al salón con una gran mochila de campamento a cuestas.
- ¿Qué haces trayendo ese bulto a la reunión? -– Arthur pregunto después de haber dado un sorbo a su té.
- Vengo a quedarme aquí unos días con mi esposa… - sonrió - Manuel suspiro, el Argentino presente se exalto, varios de los países latinos y Europeos estaban sin habla y Arthur, bueno el estaba atónito. –- Pero bueno no hablaremos de mi maravillosa vida privada… - tomo asiento.
- Alfred tiene razón –- intervino el Alemán dando comienzo así a la reunión.
Más de tres horas duro, con pequeñas disputas y discusiones sin sentido, ya estaban acostumbrados a ello, ha no llegar a ningún punto.
Procedieron a retirarse todos a sus respectivos lugares, a un rubio de acento argentino hubo que retirarlo a la fuerza, ya que se reusaba a dejar a su Manu a solas con el gringo, finalmente y después de varios minutos de quejas el brasileño logra llevárselo.
Después de tomar algunas de sus cosas, y que el estadounidense se cargara con su gran mochila, ambos procedieron a partir rumbo al "fundo" que el chileno aun conservaba. Al llegar al lugar fueron recibidos por una señora mayor, dos muchachas jóvenes y un capataz.
- Joven Manuel, hace bastante tiempo que no le veíamos por aquí… - sonrió la mujer para abrazarlo afectuosamente.
- Señora Juanita… - respondió amablemente –- vine a pasar unos días aquí… ya sabe descansar un rato… y distraerme… - luego la mujer pregunto por el extranjero tras él –- a si… él es Alfred un amigo…
- No me diga que es aquel gringo del que tanto se queja -– susurro en su oído.
- si pero shhh… - poso un dedo en sus labios en señal de guardar silencio.
- Hey… - inflo sus mejillas -– yo también quiero saber de qué hablan…
- Nada… - respondió Manuel al instante –- mira ellas son sus hijas y el es su esposo… ellos amablemente cuidan de mi fundo ya que su casa está junto a esta…
- Un gusto conocerlos… - sonrió.
- Bueno señora Juanita, me quedare aquí cuatro días o puede que mas, así que no es necesario que venga a la casa… puede descansar todo lo que quiera…
- No se preocupe Manuelito si no nos cuesta nada cuidarle la casa…
- Gracias señora Juana… a verdad… ¿y cómo esta mi Clementina?
- Bien, bien… gordita y poniendo unos huevos oiga… - se dio un pequeño palmazo en la frente –- mire que soy despistada… justamente ayer llamo la señorita Marcela… dijo que cuando le viera por aquí le dijera que fuera a visitarla… que le echaba de menos…
- Supongo que esa Clementina es un ave pero, ¿quién es Marcela, Manuel? -– pregunto una vez quedaron solos en el lugar.
- Va… - lo miro - no teni por que saber…
- ¡Claro que sí!, soy tu esposo…
- Ah wn… es una mina que me agarre…
- No entiendo… - hizo un puchero.
- Hag… el weon… - suspiro –- es una mujer con la que tuve una relación meses atrás…
- Tomo sus hombros para mirarlo a los ojos -– pero ahora no podrás porque eres mi esposa…
Manuel se puso nervioso por la distancia que había entre el norteamericano, y giró la cabeza hacia un lado sonrojado, para alejar a Alfred y darse vuelta, tomando sus bolsos.
- Vamo a la casa weon y deja de wearme… - le dijo sin más entrando a la casa y yendo directamente a su habitación mientras Estados Unidos lo seguía por atrás.
Alfred bajó su mochila viendo la habitación de Manuel, habían muchos retratos, de "una niña" con el cabello castaño, y de varios de los comandantes de ese tiempo. Alfred preguntó quién era la hermosa niña del retrato, pues le parecía familiar esa "linda muchacha".
- Soy yo weon -– respondió echándose en la cama, cansado.
- Espera… ¿¡Ese de ahí no es Arthur! -– chilló apuntando el retrato,
Chile vio el retrato, efectivamente era Arthur, ese maldito ingles que lo había seducido, que en ese tiempo le había robado su primer beso. Suspiró con pesadez, levantándose y alzando sus manos para sacar el cuadro, sin embargo, no alcanzaba.
Alfred se puso por detrás, tomando el cuadro del chileno y luego pasándole la pintura. Manuel la tomó en sus manos y lo metió detrás de un mueble y luego vio a Alfred.
- Voy a ver a la Marce, podí dormir donde querai, nos vemos –- se largó por donde había entrado.
Pensando que el norteamericano lo seguiría por la puerta principal, se fue hasta la trasera, corriendo por el campo y saliendo por la ruta.
La casa de Marcela quedaba solo a unos minutos caminando por el sendero. Cuando llegó era una casa antigua, una casona, y afuera estaba una bella señorita de cabellos castaños claro, con destellos rubios, y orbes verdes. Su tez blanca que se reflejaba en la luz del sol, y un vestido blanco que le cubría hasta las rodillas, con un sombrero del mismo color.
- Ps… Marce… - llamó Manuel a la joven.
- ¡Manuel! -– sonrió y fue corriendo hasta donde estaba el chileno abriendo la reja y cruzando el portal para abrazarlo, besarlo en los labios. - ¿Dónde te habías metido?
Marcela era una chica de unos 20 años de edad, mayor a lo que representaba Manuel, pero eso no le importaba en lo más mínimo, después de todo era su amigo de cama. Ella era una citadina de Santiago, de la comuna de Lo Barnechea, sus padres eran empresarios y tenían un fundo en la región del Biobío. Ahí había conocido a Manuel, sentado frente al rio Biobío, mirando el paisaje perdido hace unos meses atrás.
Aquel chico le había parecido interesante, el castaño de ojos cafés era guapo por donde se le viera, y ella sólo quería una compañía, pues estaba esperando que sus padres llegaran para poder compartir un momento con ellos.
- Flashback –-
Marcela se sentó al lado de Manuel y le sonrió de medio lado, mientras escondía sus manos en los bolsillos de su chaqueta.
- Jamás había conocido a alguien con una cara tan deplorable –- le sonrió de medio lado.
Manuel no dijo nada, simplemente miró a la chica y quedó pasmado en la belleza de ella, sobretodo en su sonrisa. Se sentó recto y se volteó nervioso peinando su cabello.
- Disculpe señorita, no la he visto por estos lugares… - Manuel podía ser un tipo sin remedio, pero cuando se trataba de una chica guapa era todo un caballero.
- Ah… es que mis padres compraron una finca cerca de aquí, entonces ahora estoy esperando a que lleguen de un viaje de negocios… ¿Y tú? ¿Penas de amor?
- A-ah… nooo… ¿Un hombre con penas de amor? ¿Cuándo has visto eso? -– comenzó a reír nervioso y bajo la vista.
- ¿Era una chica guapa? –- le preguntó alzando una ceja sin quitar la sonrisa de sus labios.
Manuel se mordió el labio, pues Arthur era un chico que era muy guapo para él, bueno, la única persona que conocía en "ese sentido", por alguna razón se sintió devastado. Simplemente asintió.
- Ya veo… lo siento mucho… Por cierto, mi nombre es Marcela Schimdt, ¿y tú eres?
- Manuel Gonzales… un gusto –- sonrió y suspiró –- no tienes porque disculparte.
Los días pasaron con lentitud, parecía que no se iban a acabar. Marcela estaba de vacaciones de invierno de la universidad y Manuel simplemente había ido a despejar su mente y su corazón.
Fue una semana maravillosa, donde Marcela iba a la casa de Manuel y Manuel a la casa de ella, En su familia lo conocían como su amigo simplemente, y a pesar de su habla lo aceptaron tal como era, porque al parecer venía de una buena familia, y al final era un "buen chico"
El último día de las vacaciones de invierno, Marcela se había ido a despedir de Manuel y el chileno de alguna manera se había encariñado con la muchacha. Se besaron, se abrazaron y posteriormente se fueron al cuarto del chileno, hasta que la tarde se les fue en la actividad dentro de las sábanas.
Se juraron volver a verse para el verano más próximo y así fue como se encontraron ese día soleado.
- Fin Flashback -
- Estaba trabajando, lo siento –- le sonrió a la joven mientras le daba besos en el cuello.
- ¿Trabajando? Manuel, eres joven, vienes de una familia adinerada, entonces, ¿por qué no estudias?
- Ah… - definitivamente Marcela era muy inteligente - verás, me di un año sabático, y pues, en realidad mi padre me dijo que tenía que ayudarlo en el negocio familiar.
- Oh… ya veo… es interesante… tu padre es político si no me equivoco ¿no?
- Eh… si, si… algo así… pero Marce, ¿por qué no mejor nos vamos al rio? -– Marcela sonrió y negó con la cabeza, abrazándose al brazo del castaño, acercando sus labios al oído.
- ¿Por qué no vamos a tu casa?
Un escalofrió recorrió la espalda de Manuel y un sonrojo se adueñó de sus mejillas, viendo de reojo a Marcela, ya sabía que significaba esa propuesta.
Finalmente accedió a llevar a la chica a su casa, olvidando que cierto norteamericano se encontraba allí.
Habían subido rápidamente las escaleras y en el pasillo comenzaron a besarse. Manuel arrinconando a la chica mientras su mano tanteaba sus largas piernas e iba subiendo poco a poco. Desesperadamente buscaba la manilla de su cuarto, abriéndolo y cerrando la puerta pegando a la otra a la puerta, tomándola por la cintura y luego sus piernas, montándola a su cintura, mientras no paraba de besarla.
De pronto el rubio se despertó, escuchando los ruidos en la habitación, sentándose en la cama y refregando sus ojos con una mano. Vio aquella escena, sorprendiéndose, nunca había visto a Manuel tan desesperado,
- ¿Manuel? –- quería asegurarse de que el chico que veía tan hambriento era él.
"Por la chucha, se me olvidó que este weon estaba aquí"
Suspiró pesadamente, casi tenía a la chica lista para cogerla y Alfred lo había interrumpido, como quería matarlo, como le había molestado.
- ¡Alfred! –- sonrió de medio lado - ¿qué haces tú aquí?
- ¿Eh? pero si tú me trajiste aquí y como no sabía mi habitación simplemente me dormí –- sonrió como si fuese lo más normal del mundo.
- ¿Ah sí? –- alzó una ceja y suspiró -– bueno tu habitación es cualquiera de las que elijas.
- ¡Elijo esta! Verás… la cama es blandita, y tiene una linda vista, así que me quedaré aquí.
Suspiró y se acercó a Marcela que estaba muy sorprendida de la familiaridad con que Manuel trataba a su rubio amigo.
Se iba a llevar a la chica pero su voz la interrumpió.
- Manuel, ¿quién es él?
- Ah… él… es… Alfred… es…mi primo -– dijo no muy seguro de sus palabras.
- Hum… no tienen mucho parecido -– Marcela se acercó a donde Alfred mirándolo de cerca.
- Es que él es… como te diste cuenta, él es extranjero, además somos primos lejanos. -– Respondió fastidiado.
- Ya veo… ¿Se llama Alfred verdad? –- sonrió al rubio.
- ¡Oh! ¡Hello beautiful lady! –- sonrió ampliamente tomando su mano y besándola, mientras la miraba a los ojos.
Lo iba a matar, definitivamente lo mataría, no solo le había cagado la cacha, si no que ahora seducía a su mina.
Como veía a Marcela tan entretenida hablando en un maravilloso inglés británico, simplemente se largó a caminar y a fumar, arreglando sus cabellos y tomando a su caballo Orión, montándolo y pegándole con sus piernas en las costillas del animal, saliendo a galopar por el rio.
N/A: Bueno, pienso que a Alfred le encanta cagarle la onda a Manu XD
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