De tinta y pergamino

-¡Maldita sea, no se puede correr por los pasillos!-Bramó Hermione Granger cuando dos alumnos de Ravenclaw la arrollaron por un pasillo de la tercera planta.

Se alejó refunfuñando hacia las escaleras, de camino a la Sala de los Menesteres, Harry había convocado al ED y ella llegaba tarde, se había retrasado, demasiado tiempo dando vueltas para evitar a los traidores que componían la brigada inquisitorial de Umbridge, con Draco Malfoy a la cabeza, más molesto que nunca.

Pasó frente al despacho de Dumbledore y aguardó con cuidado cuando la puerta se abrió y Cedric Diggory salió con la vista en la nada, sin verla a ella siquiera y una expresión muy azorada en su rostro.

La chica respiró con tranquilidad, aliviada de no encontrarse con ningún profesor, pero al observar con detenimiento el rostro del joven se alarmó de nuevo y en lugar de seguir camino, corrió tras él.

-¡Cedric!-Lo llamó, pero él no se detuvo, caminaba con paso errático, sin más, caminaba- ¡Cedric!-Hermione estaba preocupada, jamás había visto al chico comportarse de aquel modo y se preguntó si esa Delors no tendría algo que ver.

Lo detuvo por el brazo y él se detuvo, volviéndose a mirarla y enarcando una ceja al verla, volviendo a la realidad.

-Hola Hermione-Saludó de un modo natural y la chica lo miró extrañada-, estabas muy guapa en el baile de Navidad, el año pasado, sólo quería que lo supieses-Sonrió.

Hermione se sonrojó, pero enseguida lo miró de nuevo, con una mueca sorprendida.

-¿Lo recuerdas?-Inquirió, esperanzada, encarando al muchacho con una sonrisa.

Cedric asintió, mirando con un extraño brillo a la castaña, su rostro aún conmocionado a pesar de la sonrisa que lucía, toda aquella combinación de emociones denotaba la extraña actitud del muchacho.

-¿Cómo…?-Hermione sonrió feliz, pero miró con preocupación al joven, asustada por su aparente naturalidad- ¿Estás bien?

El joven asintió de nuevo.

-Fui a ver a Dumbledore, usamos un pensadero-Explicó-, ha sido duro, pero un alivio, ahora todo está claro.

-Me alegro mucho-Sonrió Hermione, acercándose para abrazar al joven, Cedric le devolvió el gesto, estrechándola con cariño contra él.

A pesar de las advertencias de Dumbledore, Cedric había decidido arriesgarse, ahora lo recordaba todo, extraño, toda su vida había pasado por sus ojos de un plumazo. Había visto su infancia, con sus padres, su selección en Hogwarts, sus partidos de Quidditch, su relación con una joven Ravenclaw. Hasta llegar al curso pasado, el Torneo, su intensa amistad con Corinne… su muerte, las imágenes turbadoras no le sorprendieron, las había visto una y otra vez en sus pesadillas, y fue una mera remembranza, una triste confirmación, nada más.

-¡Cedric!-Una voz llegó desde la esquina del pasillo y el Hufflepuff soltó a Hermione para ver quien le llamaba, Cossette estaba allí, mirando la escena con una extraña mueca.

Hermione miró a la otra castaña y no dijo nada, maldijo para sus adentros mientras se alejaba, sin despedirse.

-¡Hola, Coss!-El joven se acercó a ella y el rostro de la muchacha se relajó-¿Me guardas rencor por no haberte admitido en el equipo de Quidditch?

Cossette le siguió por el pasillo, sin comprender, lo sostuvo del brazo para que parase.

-No digas tonterías, ¡Eso fue en tercero!-Se escandalizó y después le miró largo rato-¡Merlín!-La muchacha sonrió- ¡Funcionó! ¿Te ha ayudado Dumbledore?

Asintió, relatando a la muchacha la experiencia vivida, Cedric se sentía cómodo con ella, confiaba en la chica, a pesar de que ella no aparecía con asiduidad en los recuerdos que Dumbledore le había mostrado, Cossette le había apoyado siempre, se había mostrado como una estupenda amiga, no le había dejado de lado a pesar de sus múltiples problemas, era una tejona autentica.

-¿Le viste?-Inquirió la Hufflepuff, algo temerosa-, ¿A Vol…?

-No-Diggory la interrumpió, no deseaba escuchar el nombre de aquel que había ordenado su muerte-, no era más que un amasijo de carne, le oí, ordenó que uno de sus secuaces me matase, y… lo hizo.

Cossette se cubrió la boca con las manos, aterrada por la frialdad en las palabras de Cedric, a la joven le dolía verle así, parecía desangelado, desubicado, algo extraño iluminaba sus ojos, difícil de definir.

-¿Y Corinne?-Indagó, sentía la confianza necesaria para preguntar, él iba a responder, necesitaba hablar con alguien, ella siempre había estado allí.

-Fuimos amigos-Murmuró, sin detener su camino, obligando así a la joven a correr tras él-, grandes amigos, pero nada más que amigos-Si quiso fingir indiferencia, no lo logró, Cossette percibió la nota de dolor en su voz.

-Pero ella te quería-Aseguró, quería verle sonreír, infundirle esperanza, a pesar de las mezquinas palabras de los Slytherin con que habló ayer-. Ahora que has recuperado el pasado, deberías hablar con ella, quizá…

-Nada-La calló él, deteniéndose al fin, mirando con infinito pesar a la joven-, se acabó Coss, la perdido, lo acepto, ahora que conozco el pasado, comprendo que tal vez nunca debimos ser otra cosa más que amigos.

La Hufflepuff frunció el ceño, relajando el rostro inmediatamente después, y camino tras Cedric, hasta darle alcance, sonrió y el chico le devolvió la sonrisa, tal vez para demostrar que todo quedaba olvidado, o al menos hacérselo creer a ella.

Era irónico el hecho de que sólo al recordar su pasado junto a Corinne podría olvidarla, camino junto a Cossette, tratando de reponerse de la impresión que le oprimía.

-Necesito descansar-Murmuró, dejándose llevar por la joven castaña rumbo a su sala común, agotado.

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Corinne salió de su sala común, tenía transformaciones, y sus pasos resonaron en el pasillo mientras recorría lo recorría, tendría que ver a Draco y deseó poder evitarle durante algo más de dos horas, pero el horario y el tiempo conspiraban contra ella.

Bajó las escaleras y siguió a una pareja de Slytherin, los había visto junto a Draco, todavía no recordaba donde estaba la maldita clase y cada vez que daba un paso, la ira que albergaba la joven aumentaba, la desesperación la empujaba a golpear a alguien y no dejaba de reprocharse lo estúpida que había sido.

-Mierda-Masculló, sin motivo alguno, frustrada.

La pareja que iba frente a ella miró sobre sus hombros, sorprendiéndose al descubrir allí a Corinne, intercambiaron miradas alarmadas antes de que ella les alcanzara, fulminando a ambos con la mirada sin detenerse a penas.

-¿Corinne?-La chica la llamó y ella se detuvo, mirándoles con recelo, a pesar que ambos sonreían.

-¿Qué demonios queréis?-Masculló, sin respeto.

El pasillo estaba desierto y de pronto la morena se puso en alerta, la pareja seguía allí, mirándola con amabilidad, pero resultaba extraña en esos rostros orgullosos y alarmantes.

-¿Te sientes mejor?-Preguntó la chica, obligando a la morena a suavizar su sonrisa-Draco nos lo contó.

-Sí, mucho mejor, gracias-Contestó con sequedad, volviendo a emprender la marcha.

-Díselo a Draco, le gustará saber que estás bien-Concluyó el castaño, antes de que ambos continuasen caminando, sin volver a mirar a Corinne.

Ella entró en silencio en el aula, con la mirada baja, sabía que él estaba allí, percibióa la mirada de Draco, gris y profunda sobre ella, y avanzó cohibida hasta sentarse junto al chico.

-Buenos días, alumnos-Empezó la profesora McGonagall, con su habitual voz severa, cuando Dolores Umbridge entró por la puerta y Corinne dio un respingo, súbitamente temblorosa-, hoy vamos a… ¿Desea algo profesora Umbridge?

La gorda y bajita mujer se situó junto a la jefa de Gryffindor, con su pequeña sonrisa de falsa y siniestra cordialidad.

-Gracias profesora, simplemente voy a evaluar su trabajo-La gélida mirada de la mujer, embutida en un horrendo jersey rosa, se clavó sobre Corinne, que bajó la cabeza, ocurriendo sus horribles horas junto a aquel monstruo rosa.

Una cálida mano tomó la suya y la joven dejó de temblar ligeramente, ¿Era irracional temer a Umbridge? Trataba de decirse que era una Gryffindor, valiente, no debía temer a esa enjuta mejor, pero también era irracional el modo en que Draco Malfoy podía calmarla con un solo gesto, con un firme apretón de manos como el que la tranquilizaba en ese instante, y ella sólo estrechaba la mano de él con fuerza, como el último clavo que la aferraba a la realidad, a pesar de haberse dicho que quería alejarse de él.

-Te lo dije-Susurró el joven Slytherin, acariciando con sus dedos el dorso de la mano de Corinne, mientras McGonagall retomaba con recelo la clase-, te dije que un día desearías que te tomase la mano y ya no te la soltara.

Trató de hacer caso a Diana, esperar, se sentó junto a ella y esperó, a pesar de no soportar la idea de quedarse sentado, mientras Cory y Diggory podían hacer las paces, y no le importaba lo que Theodore hubiese visto o no, porque no podía estar seguro, Draco Malfoy, jamás estaba seguro.

La morena recordó aquel primer día de clase, recordó lo arrogante que resultó Malfoy entonces, el brillo de orgullo en sus ojos grises, todavía le tomaba de la mano, Corinne se atrevió a mirarlo a los ojos, y ya no quedaba orgullo en aquellos orbes plateados como el mercurio, sólo algo parecido a la pena y al dolor, tal vez una leve desesperación, capaz de provocar un vacío en el pecho de la joven, que trató de zafarse de la mano del rubio, sin querer soltarlo en realidad.

-Arrogante-Susurró, pero no llegó a soltarlo, le desconsolaba su expresión, quería consolarlo, calmarlo, y se olvidaba de que debía alejarse de él.

Un golpe seco cruzó el aula, la expresión severa de Umbridge fulminó el lugar donde un Slytherin y una Gryffindor se aferraban el uno al otro como si nada más en la vida pudiese importar.

-¡Silencio durante las clases!-Ordenó la menuda mujer, callando las palabras de la propia McGonagal-¡Usted debería dar ejemplo, señor Malfoy!

El rubio asintió, tomando con más fuerza la mano de Corinne, la chica se estremeció, no soportaría que aquella loca la volviese a castigar, la amarrase de nuevo a la silla con un hechizo inmovilizador, Draco no podría, ni querría, defenderla eternamente.

-Prosiga, por favor-Indicó a McGonagall, con voz dulce y aterciopelada, mientras la jefa de Gryffindor balbuceaba algo contra la señora de rosa, molesta.

-La transformación humana es…-Siguió su monologo, Hermione Granger tomaba notas apresurada y las miradas del trio de oro, fulminaban con recelo a Umbridge, Nott y Diana, tras Malfoy, intercambiaban miradas cómplices, mientras observaban las manos entrelazadas de Malfoy y Corinne.

Fue aquella la clase más tensa e condensada en la que todos los presentes habían estado, Draco se resistió a soltar la mano de la chica cuando McGonagall dio permiso para salir y Umbridge desapareció sin decir nada, con paso presto y balanceante.

-Lo siento, Draco-Se excusó Corinne, poniéndose en pie, pero sin soltar la mano del joven, que ahora ella sostenía entre las suyas-, no debí decir lo que te dije.

Draco sonrió, con sorna, pero de un modo apagado, casi impropio de él.

-¿Qué me querías o qué era una tontería plantearse la posibilidad?-Inquirió, tenía razón de estar molesto.

Corinne se mordió el labio, incómoda.

-Ambos-Dijo, y su mentira se destapó cuando empezó a temblar, puesto que quería a Draco Malfoy, lo quería y alejarse de él era el único modo de no repetir el error que cometió con Cedric, y tenía miedo por él, más que por ella misma, sólo podía traerle problemas-, lo siento, Draco-Volvió a repetir-, pero yo… no puedo.

Soltó su mano, y Draco apenas pudo detenerla, a pesar de que intentar mantenerla a su lado, sus ojos parpadearon, con una súplica callada de la que no logró ser consciente, no se movió, no lo hizo mientras ella se alejaba. Contempló su alicaída figura hasta que desapareció por la puerta y cuando estuvo solo, Draco Malfoy golpeó la mesa con ambos puños, con un gruñido furioso, abandonado y vacío, dejó caer la cabeza sobre la mesa, entre sus brazos, un único gemido desesperado escapó de sus labios y su orgullo murió cuando lágrimas silenciosas, mortecinas, desangeladas, brotaron de sus ojos grises.

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-Te sentará bien-Musitó mientras le tendía una taza llena de un líquido morado, con una sonrisa cálida en sus labios.

Cedric la tomó entre sus manos, rozando por descuido la mano de Cossette, ella se sonrojó y aunque él lo vio decidió ignorarlo, excesivamente cansado para darle la importancia que podía tener, sin ánimos para pensar en ello.

-Gracias, Coss-Sonrió, tomando lentamente el dulce líquido que ella había preparado con destreza-, ¿Cómo te lo puedo agradecer?

La joven Hufflepuff le miró con indignación, sentándose junto a él.

-¡De ninguna manera!-Replicó, mirando al joven con los ojos casi llameantes- No tiene ninguna importancia, lo principal es que estés bien y superes lo ocurrido.

Cedric sonrió, mirando a la joven con afecto.

-De verdad eres genial-Murmuró, sonriendo con sinceridad a la joven, único apoyo, maravillosa amiga.

Cossette volvió a sonrojarse, tratando de evitarlo, pero desvió la vista para que él no viese el brillo en sus ojos, lo único que importaba era el bienestar del muchacho, importunarle con sus tontos sentimientos sólo lo confundiría más, era su amiga, podía ser sólo su amiga.

-Debería escribir a mi padre para explicarle lo ocurrido-Opinó Cedric, más para sí que para ella.

La muchacha asintió, saliendo de sus pensamientos, al tiempo que fruncía el ceño con desconcierto, el anciano Amos Diggory iba a recuperar a su hijo, todo volvería a ir bien, sonrió.

-Es buena idea-Aprovó, al tiempo que el Hufflepuff se ponía en pie y se dirigía a su cuarto, en busca de pergamino y tinta e instando a Cosstte a que lo acompañase, no muy seguro de los términos que debía usar con su padre, ahora que lo recordaba todo, no podía asegurar que la suya fuese la mejor relación, aunque había visto sus lágrimas sobre su cadáver.

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Luna Lovegood mojó su pluma en el tintero y pasó el utensilio con cuidad sobre el pergamino, muy concentrada, su lengua acariciaba el labio superior, sumamente inmersa en su tarea, hasta que una mano en su hombro la obligó a darse la vuelta, dando un pequeño respingo que no entorpeció su labor.

-¿Eres amiga de Corinne Delors?-Preguntó Hermione Granger, pasando la vista por la biblioteca.

Luna asintió con una sonrisa, mirando también a su alrededor.

-Cory es muy divertida, aunque está muy confundida-Confesó la muchacha, pasando su vista de Hermione al pergamino.

-¿Confundida?-Inquirió, sin comprender. Hermione había visto a las dos chicas juntas, con Cedric Diggory y a pesar de que nunca le agradó Corinne, estaba preocupada por el Hufflepuff, y hacía tiempo que no les veía juntos a pesar de haber escuchado que salían-¿A qué te refieres?

Luna inclinó la cabeza, pensativa, sus ojos brillaban con inocencia y la varita se meneaba en su oreja, asomando entre sus cabellos rubios.

-Creo que ella no puede estar con quien ama, tiene miedo-La sinceridad de Luna sorprendió a Hermone, que no comprendía a que se refería.

-Hace tiempo que sale con Diggory, así que no creo que tenga mucho impedimento…

-Me refiero a Draco Malfoy-Aclaró Luna, volviendo al pergamino con cuidado, sin dar importancia a la presencia de Hermione.

La castaña se puso en pie de un salto, casi alarmada al escuchar el nombre del príncipe de Slytherin, súbitamente sorprendida y esperanzada respecto a algo. Muchos pensamientos cruzaron su mente al mismo tiempo, pero el primero fue Cedric, entristecido por la marcha de la estúpida de Corinne y dejó a Luna sin apenas despedirse, pero la Ravenclaw ya estaba centrada de nuevo en su pergamino, sin recordar a Hermione Granger siquiera.

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Diana estampó su firma al final de la larga carta que había escrito con cuidado y diligencia, tenía un periódico muggle abierto sobre el escritorio y las manos manchadas de rastros de tinta, pero una sonrisa iluminaba su rostro y esperó con paciencia a que la tinta se secase, pasando la vista por el periódico que releyó con cuidado.

Unos labios besaron su mejilla y los ojos verdes de Theo se fijaron en la mesa sobre la que escribía y en la carta que reposaba sobre con magnificencia.

-¡No lo puedo creer!-Murmuró, con una nota de molestia en su voz, reconociendo el texto en francés- ¿Le has escrito una carta?

La rubia asintió, con una sonrisa, sus ojos vagaron por la estancia hasta posarlos sobre Theo, brillantes.

-Cuando todo acabe bien pienso pedirle a Corinne que se la entregue a su padre para que se la entregue a él-Confesó, con una sonrisa de suficiencia.

Nott resopló, totalmente consternado.

-¡Estás loca!-Arguyó, volviéndose de espaldas a ella, con una media sonrisa de indignación.

Diana es puso en pie, después de guardar la carta en un pulcro sobre donde escribió su nombre y pidió que se entregase a la atención de "Monsieur François Fillon, primer ministro de la república de Francia", tras cerrarlo pulcramente con una lacra verde y volver a estampar su rúbrica.

-Y tú estás celoso-Le recriminó a Theodore, son poder evitar sonar burlona.

-¿De un muggle?-Se burló el castaño, mirando a su novia con diversión, demasiado acostumbrado como para darle importancia, quería a la rubia en lo bueno y en lo malo-Nunca.

Diana rió y le dio un suave beso en los labios, antes de separarse de él que se frotó la barbilla, pensativo.

-¿Has visto a Malfoy?-Inquirió, curioso de repente.

Diana negó con la cabeza, recordando que no había visto el rubio desde la escena en la clase de McGonagall y fijando su vista en Nott, alarmada.

-Quizá deberíamos buscarlo-Sugirió, encaminándose a la sala común, guardando su carta en el bolsillo de su túnica.

-Será lo mejor-Aceptó Nott-, ve hacía el castillo, yo revisaré los terrenos, avisaré a las chicas si las veo, ¿De acuerdo?

Diana asintió, perdiéndose por un pasillo a toda velocidad, preocupada por Malfoy y el hecho de que se hubiese metido en problemas, no lo pasaba bien últimamente. Corrió por donde había venido, decidiendo volver al aula de transformaciones, cuando giró el pomo y entró en el lugar, topándose con la imagen más descorazonadora que jamás hubiese imaginado ver.

Draco Malfoy lloraba, con sufrimiento y amargura, lloraba sobre su pupitre, ajeno a su presencia allí, lloraba y le faltaba el aire, su rostro oculto entre sus brazos, se intuía crispado en una mueca desagradable. Lloraba, y la vergüenza de sus lágrimas mantenía sus puños apretados, al tiempo que sus intentos por respirar con normalidad, se transformaban en sollozos ahogados.

Diana se acercó a él con cuidado, en silencio y sin hacer ruido al avanzar y dudó antes de apoyar una mano en su hombro, interrumpiendo su llanto solitario. Draco la miró, y su rostro se llenó de ira, para acallar la vergüenza y distraer las lágrimas, Diana no se amilano, se sentó junto a él y abrazó con silencio al chico, apenada por tan penosa imagen.

Trató de zafarse, quiso quitársela de encima, pero Diana lo apretó contra él, con fuerza, hasta que el agotamiento lo obligó a rendirse y se dejó caer entre los brazos de ella, recostando la cabeza en el hombro de ella, retomando su callado llanto.

-Estabas equivocada-Musitó, su voz entrecortada por los sollozos-, ya puedes reírte de mí.

La Slytherin negó con la cabeza, y sus manos acariciaron el cabello sedoso del muchacho, despeinado y sin brillo, tratando de ofrecer consuelo.

-No-Insistió, casi invadida también por las lágrimas, jamás hubiese imaginado ver algo así, jamás se hubiese imaginado consolar a Draco mientras él lloraba por amor, era algo extraño, paradójico-, confía en mí, por favor.

Él no contestó, permaneció en aquella posición, hasta que no pudo desahogarse más, y sus lágrimas se volvieron lentas y silenciosas. Diana se quedó allí, sus ojos brillaban con tristeza y la carta que reposaba en su bolsillo se había humedecido por las lágrimas del rubio, pero ya no le importó, el aliento de Draco se volvió calmo contra su cuello y sus crispados brazos se relajaron con parsimonia, aunque ella siguiese sosteniéndole.

Una pareja cerró la puerta sin hacer ruido, la chica se cubrió la boca con las manos, sumamente entristecida, incrédula por lo que acababa de ver, pero se abstuvo de volver a abrir la puerta, mientras la serena mirada del chico que la había arrastrado hasta allí sin ofrecer motivo alguno, pero ya lo conocía, entendía que quería ver, que debía entender y el daño que hacía por sus estúpidas decisiones sin sentido.

Corinne Delors se volvió alarmada, y se descubrió a sí misma llorando, alejándose de allí sin decir una palabra a Theodore Nott que se quedó allí, esperando con paciencia y un nudo de incomprensión en la garganta.

Holaaa Siento mucho, mucho el retraso, pero la vuelta al cole nos afecta a todos no? Bueno tuve poco tiempo con las clases, aún así prometo actualizar cada fin de semana, ya sabéis que soy regular respecto a eso.

Espero vuestros comentarios

Besos

Aivlis Malfoy

Respuesta al mensaje de Jazhy Malfoy:

Holaaaa Jazhy! Me alegra que te gustase el cap, espero que este también sea de tu agrado, antes que se me olvide: Feliz Año, tampoco está lo que yo quería bajo el árbol, voy a mantener la fe en esos tres únicamente porque los voy a amenazar para que traigan lo que yo quiero, y porque en mi país es tradición y Santa Claus no se estira tanto con los regalos. A riesgo de parecer inculta, esa amalgama con buena pinta que te tomaste seguro que es interesante, pero no tengo ni idea de que es el betabel, debe ser que aquí se dice diferente? Bueno y respecto al fic, siento que Cossette no te guste, pero no querrás que deje solo y abandonado al pobre chico no? Ahora que la posibilidad de Cory queda descartada y que Granger no es digna de él (al menos no como la pinto en este fic, pobre). Yo también me imagino así a Nott, demasiado Suspicaz y observador, y el único que se preocupa de verdad por Malfoy, otra cosa no me cabe en la cabeza respecto a él, aunque le puse una novia muy rara al pobre, jajaja. Para acabar solo decir que: AMO LOS DRAMIONES, ese rollo del odio amor… uff, además que no hay otra chica que me guste para él, (a parte de Cory, xd). Bueno chica besos y hasta pronto, y claro que no me aburren tus comentarios, sólo has de ver las respuestas, ajjaja

Besos

Aivlis Malfoy.