Across the Universe
Yesterday (682 palabras)
Durante su estadía en Autosam había querido volver a Céfiro muchas veces, más de las que era capaz de contar; pero luego recordaba que si volvía seguramente debería matar a su hermano y algo en su corazón se rompía nuevamente y decidía que no, no volvería a Céfiro mientras la Esmeralda siguiese siendo su princesa. Prefería mil veces no volver a ver a su hermano que a ser su asesino. No podría cargar con esa culpa.
A pesar de que extrañase la gran belleza de su flora y fauna, las tardes de pereza sobre alguna rama del enorme árbol que estaba en el jardín principal del palacio y plena paz y seguridad de estar viviendo en un cuento de hadas donde todo lo malo era ajeno y lejano. Extrañaba a los amigos que había dejado y extrañaba ser el comandante de las fuerzas armadas.
Y más que otra cosa en el mundo extrañaba a su hermano mayor, aquel que le había acogido entre sus sábanas aquellas catastróficas noches antes de que Esmeralda se volviese el pilar de Céfiro cuando tan sólo tenía poco más de cinco años. Aquel hermano que tan sólo hablaba lo justo y preciso, que entendía de silencios y amaba a la naturaleza y la paz tanto como él. Aquel hermano que hubiese dado la vida por proteger a la princesa Esmeralda. "Porque no hay cosa más honorable que servirle al pilar, Latis. Nada nunca podrá acercársele a eso" le había asegurado pocos días después de haber sido nombrado protector personal de la princesa Esmeralda.
Extrañaba los arrullos de su madre y los entrenamientos con su padre. Extrañaba las exquisiteces que su madre cocinaba y las conversaciones cómplices con su padre.
Extrañaba la ausencia de problemas y la plena confianza en un mañana soleado.
Todas esas acumuladas habían hecho que los primeros meses en Autosam hubiesen sido un infierno personalizado; pero la rutina había ayudado a olvidar, el estar totalmente aislado de todas esas cosas le permitía masificarse con facilidad, pretender que su anterior vida jamás había sucedido.
Por eso cuando llegó la noticia a Autosam de que Céfiro ya no tenía pilar y que era la oportunidad perfecta para adueñarse de él, algo se removió en su estómago siendo plenamente consiente de que jamás volverían esas cosas, había desenterrado todos los males de debajo de la alfombra en tan solo un segundo.
Y por momentos había deseado morir, no lo iba a negar. Sin el pilar no había paz, ni su hermano, ni sus padres, ni un mañana asegurado. Se había resistido a volver; pero fue incapaz de no hacerlo, la idea de ser necesitado allí le perseguía día y noche no permitiéndole vivir en paz.
Y ni siquiera de vuelta en Céfiro las heridas habían cicatrizado, porque desde Autosam todo era mucho más ajeno, allí se sentían carne viva el dolor y se oían claramente los gritos de desesperación de la gente que durante mucho tiempo había ayudado a proteger.
Pero casi sin darse cuenta, había comenzado a no pensar tanto en eso como antes porque estaba demasiado distraído en aquella guerrera mágica tan valiente. Había estado demasiado ocupado pensando en la caída de sus pestañas, su sonrisa triste y su cabello tan rojo como el fuego. Había estado demasiado ocupado procurando que nada malo le pasase, de asegurarse que no pensara que tenía intenciones de matarle a ella y a sus amigas, de intentar buscar alguna forma de expresar sus sentimientos.
Y aunque había sufrido en el periodo en el que las guerreras mágicas se había vuelto al mundo místico, había dejado de pensar en el ayer, estando tan concentrado en recuperar el mundo que tanto había amado y devolverle todo lo que antes le había hecho maravilloso pero desde las manos trabajadoras de los habitantes de Céfiro.
Sabía que había logrado gracias a Lucy olvidarse de todo ese pasado y logrado mirar hacia el futuro, porque a pesar de no saber si le volvería a ver, tenía la certeza de que en algún momento todos esos sufrimientos serían recompensados y lograría ser feliz. Algún día.
