Hola ^^ aca traigo el 3º cap perdón por demorar, faltaba la inspiración en fin. Muchísimas gracias por los comentarios, los pareció pila y ta mi culpa de que esto se subiera tan tarde. Prefiero subir cada tanto algo que este bueno a que todo el tiempo algo flojo.
Antes de leer ADVERTENCIAS:
GORE o sea violencia, sangre algo de tortura
GRAN SPOILER! De la 4º guerra shinobi sobretodo. Si un te gustan los spoilers un leas. Si tu ente anti spoilers, te hablo a vos! Estas advertido ¿Entendiste? Despues nada de quejas ¿Ok? =^=… Y para los otros entes que no les molesta el spoiler (3) todos mis cariños, lean tranquilitos ^^, igual no voy a decir donde esta jojo (?).. como si fuera necesario decirlo -_-"
En fin, ahroa si el fic!
Disfruten!
"Una ráfaga de viento pareció venir del pasillo y con fuerza abrió la puerta de par en par, dejando ver como aquellas cuencas sin ojos irrumpían en la habitación. A su lado se encontraba el pequeño animal.
-Ku ku ku- Rió con esa sonrisa de oreja a oreja- … Es hora de comenzar a trabajar…- Y a paso lento irrumpió en la habitación, caminando hacia donde se encontraba Deidara."
Aquel cuerpo de madera se acercó hasta quedar a escasos pasos de la cama de Deidara. Volvió a reír y de la misma cómoda del rubio tomó uno de los kunais que allí se encontraban, comenzando a jugar con este, acercándolo hasta la tersa piel del joven, casi rosándola con el filo metálico del arma blanca.
Un golpe seco quebrantó el ambiente nocturno y molesto bajó la mano apartando el arma, miró de reojo la puerta y enfrente de la puerta cerrada apareció el Uchiha
Dio media vuelta quedando enfrente al moreno y de cierta forma infantil ladeó la cabeza y soltó una leve risita enferma que resonó en toda la habitación. El pelinegro acercó su mano hacia la máscara que cubría su rostro y la movió un poco, él dejó de reír y con una mueca sobre su rostro caminó hacia él.
El Uchiha extendió su mano y palpó la pequeña bolsa donde tenía sus kunais, avanzando con uno de ellos sujeto con fuerza en su mano. El ente de madera entrecerró sus ojos y una sonrisita casi burlona se formó en su rostro al tiempo que una fuerte correntada de viento helado atravesaba el pasillo de punta a punta, llegando hasta a la habitación en donde estaban.
Las ventanas se cerraron de golpe. La pesada puerta se abrió con fuerza, volviéndose a cerrar con un violento portazo. Y con aquel fuerte golpe desapareció, como si se hubiera esfumado en el aire.
-…¿mmm?- El rubio se incorporó en la cama y fregó sus ojos aun adormilado, viendo como el pelinegro saltaba de un lado a otro y varias de sus esculturas de arcilla se encontraban regadas por el piso junto con unas cuantas hojas de papel- ¡Tobi! Idiota –gritó furioso- ¿Qué se supone que haces?
-Waa Tobi tiene miedo semapaaaai- Y con fuerza se tiró sobre la cama del artista, enfureciéndolo aun más.
-¡Largo!- Volvió a gritar con fuerza haciendo volar por la habitación al enmascarado tras una pequeña explosión.
- Tobi no quiere, Tobi tiene miedo.
-Tsk, no me importa lo que Tobi quiera, ¡LAR-GO!
Algunos gritos y explosiones más fueron suficientes para que ambos volvieran a dormir, ignorando por completo al pequeño gato que miraba interesado la escena en algún rincón obscuro de la habitación.
….
Sasori ya había perdido la completa noción del tiempo. Podría haber estado allí encerrado tres días o dos semanas, le importaba poco. Ya había sido atrapado por la deliciosa serenidad de los días en su nueva prisión.
A pesar de todo había pasado todo el día con un extraño presentimiento y ya entrada la noche seguía sin poder averiguar que podría ser.
¿Acaso el pequeño animalito quería decirle algo?
Se paró con pereza del banco de piedra y caminó hasta quedar atrás del gato blanco. Este al notar una sombra que cubría su cuerpo levantó la cabeza y con sus ojitos brillosos miró al marionetista.
-¿Miau?- Maulló el moviendo sus orejitas.
¿En qué estaba pensando? Era solo un gato. Llevó su mano a la cabeza y revolvió los mechones rojizos que cubrían su frente.
'Es solo un gato' se repitió a si mismo soltando una leve risita por el montón de estupideces que había llegado a pensar. Seguramente el pobre animal tuviera algún tipo de genjutsu extraño por lo que solo él lo podía ver, lo otro simplemente lo atribuyó al cansancio.
Se sentó en el pasto junto al pequeño gatito y miró las copas de los árboles moverse con gracia, guiadas por la suave brisa de otoño. Respiró profundamente lleno de tranquilidad y acarició el pelaje blanco del gato.
-Qué triste… Una noche sin luna- Dijo con sus ojos entreabiertos, encantado por el cielo nocturno.
-Miau- Maulló su acompañante como si intentara afirmar la idea. Se paró de la fría baldosa del suelo y saltó al regazo del pelirrojo comenzando a ronronear tan pronto como sintió la mano del artista recorrer tranquilamente su pelaje.
BAM
El sonido de la puerta de acero al dar con el piso les llamó la atención y con pereza ambos voltearon a ver.
-Enano, vienes conmigo- La profunda y tétrica voz de Kakuzu rompió lo que podía quedar de tranquilidad.
- ¿Qué querés Kakuzu?- Preguntó el más bajo* incorporándose mientras desempolvaba su capa.
-…- Kakuzu se dio vuelta y esperó a que Sasori se acercara para salir y comenzar a caminar por el inmenso pasillo.
Ninguno de los dos hablaba, Kakuzu parecía preocupado y Sasori si bien lo notaba no le importaba en lo mas mínimo, simplemente se dedicaba a contemplar el larguísimo pasillo. Pronto la poca atención que destinaba al moreno se esfumó por completo, algo más llamativo había acaparado todos sus sentidos.
Desde hacia unos minutos podía oír un molesto pero bajo chillido, apenas audible para los oídos del pelirrojo pero a pesar de todo tenía algún tipo de encanto que llamaba su atención. Cerró los ojos deteniéndose por un breve instante e intento concentrarse en el rítmico ruido, que se repetía constante una y otra vez cada vez más fuerte.
Abrió los ojos con lentitud y miró con disimulo a su alrededor. Fuera lo que fuera los estaba siguiendo y parecía estarse acercando.
-¿Escuchaste algo?- Le preguntó al moreno que seguía con su paso apurado.
-No- Contestó escuetamente.
Sasori se detuvo y miró con disimulo a su alrededor dejando que Kakuzu qwu siguiera su camino .Entonces lo vio. En la distancia, entrando a uno de los cuartos y casi sumida entre las sobras, pudo ver como una especie de carretilla se metía en una de las habitaciones.
-Enano- Llamó el pelinegro al darse cuenta que el marionetista daba vuelta y se alejaba por el pasillo –No te pierdas niño- Dijo en tono de advertencia y futuro reproche.
-… No necesito niñera- Reprochó al cavo de unos momentos. Sasori inspeccionó la puerta del cuarto, cerciorándose que estuviese cerrada y volvió donde le mayor, esta vez prestándole más atención.
Parecía en algún sentido un poco más relajado pero su rostro permanecía con un deje de preocupación. Por un momento la idea de preguntar que le pasaba rondó su mente pero pronto se arrepintió y prefirió disfrutar del silencio. Fu entonces que lo notó.
-¿Y Hidan?- Preguntó curioso, a lo que Kakau lo miró por el rabillo del ojo. Había adivinado.
-No lo sé ni me importa, por lo que tengo entendido aun no ha venido del País de la Lluvia ya Zetsu lo anda buscando.
-Pero…
- No tiene nada que ver con esa estupidez de la "tormenta" pinocho, que te quede claro- Habló con tono de amenaza golpeando con fuerza una de las puertas aparentemente a lazar. Esta no tardó en abrirse.
-TARDE- Se escucho la voz de Pein resonando desde la obscura habitación.
Sasori se acercó un poco a la puerta y pudo ver como en el enorme cuarto se encontraban varias y altas montañas de papeles, y entre estas el rostro molesto de Pein.
-Alguien va a recibir un castigo- Se burló Tobi cerrando la puerta, apareciendo de atrás de esta lanzándose sobre las hojas y tirarlas al suelo- Ups- Y con la sonrisa que probablemente tuviera sobre su rostro, en una especie de accidente planificado terminó de tirar las pocas hojas que quedaban sobre la mesa.
Sasori lo miro con fastidio y se mordió el labio para no matarlo en ese momento, después de todo no había que ser muy inteligente para darse cuenta de esa estrecha afinidad del líder con el nuevo integrante y cualquier cosa que hiciera al despreciable moreno el líder se las cobraría a él.
-Debido a tu última "desaparición" tendrás que entregar mañana por la mañana todo el trabajo atrasado ¿Quedó claro?- A regañadientes el pelirrojo asintió y Pein se levantó del asiento atrás del escritorio saliendo del obscuro cuarto junto con los otros dos.
Miró el reloj que pendía de la pared, eran las 8 de la noche, apenas había anochecido y una larga noche llena de trabajo acababa de empezar.
Doblaba, engrampaba, copiaba, ordenaba y volvía a engrampar. Era increíble que hubiera terminado como el oficinista de Akatsuki, pero esa era la realidad. Tal como estaba su cuerpo solo serbia para eso.
Respiró hondo buscando absorber más energías y miró el reloj. Apenas eran las doce y por lo menos faltaba más de la mitad del trabajo. Resopló un poco y bajó la cabeza estimando que le quedaría otras hermosas tres horas de intenso papeleo. Y no se equivocaba, cerca de las cuatro de la mañana colocó la última hoja en su lugar y con un fuerte resoplo dejó caer su pesado cuerpo sobre la montaña de papeles. Estaba muerto.
Con pereza se paró del escritorio y se acercó a la puerta, tocó el pestillo e inmediatamente pudo sentir como un líquido tibio mojaba su mano y se colaba entre sus dedos.
Levantó su mano un poco asqueado y vio como esta estaba completamente manchada por un color rojo intenso, el olor de la sangre fresca se pudo sentir al instante llamando su atención.
Miró el pestillo de la puerta y al encontrarlo limpio volvió a ver su mano. Tampoco tenía rastro alguno del liquido carmín. Fregó sus ojos y salió al pasillo, la falta de sueño y los cientos de jutsus que había copiado en las últimas ocho horas le estaban afectando.
Bostezó y se desperezó, volviendo a fregar sus ojos. Cuando quitó sus manos Tobi estaba enfrente del.
-¿Qué quieres Tobi?- Preguntó con fastidio
El enmascarado no respondió, en cambio se quitó su típica máscara anaranjada y en uno de sus ojos se activó el sharingan mientras el otro permanecía cerrado. Inmediatamente un nombre acudió a su mente por arte de magia. El otro sonrió con malicia y lentamente abrió el otro ojo que permanecía cerrado, cuando lo abrió por completo como el rinnegan aparecía orgulloso sobre este.
Pronto una nueva mascara había cubierto su rostro. Esta ahora tenía dos pequeños orificios donde se mostraban sus dos ojos. En medio de su frente había un pequeño punto negro, el centro de una serie de círculos y en el segundo se podían ver claramente los tres puntos del sharingan.
Sasori lo miró sin comprender que pasaba, pero inmediatamente pudo sentir un gran poder que sin duda alguna venía de aquel chico que estaba frente a él. De nuevo ese nombre tomó su mente y aquel poder se intensificó, el solo hecho de estar frente a él lo dejó pálido, con la incesante necesidad de salir corriendo.
Él rió casi con locura y sus ojos se posaron en la figura del pelirrojo. Llevó sus manos hasta la altura de su mentón y estas se dispusieron a hacer algún tipo de jutsu.
-Miau- Y con un fuerte tirón en la capa del pelirrojo, el pequeño gatito obtuvo la completa atención por parte del mayor- Miaaaau- llamó y con total parsimonia comenzó a caminar por el pasillo iluminado por antorchas.
Bajó el rostro y sobó sus sienes, temeroso de cerrar sus ojos. Había sido todo una alucinación, que rápidamente atribuyo a la falta de sueño, intentó recordar aquel nombre pero par más que intentaba no lo lograba recordar pareciéndole este cada vez más distante. Como pasaba en todo sueño.
-Miaaaau- Oyó un llamado molesto, lo que lo inquietó más al pelirrojo. ¿Si era una alucinación porqué el gato no desaparecía? Levantó la vista y vio como sus pequeños ojos brillantes sobresaltaban entre las penumbras. ¿No se podía estar volviendo loco… O si? –Miau- El maullido lento y profundo del pequeño animal retumbó en las paredes de piedra, y como si leyera sus pensamientos una sonrisa burlona se formó en su rostro antes de que fuera tragado por la obscuridad del pasillo.
Se pegó con fuerza en la cabeza y siguió caminando. Obviamente Itachi tendría que estar muy aburrido como para hacer todo eso. Entreveró un poco más su pelo y fue a su cuarto como si nada hubiese pasado, estaba cansado y si eso era una broma el pelinegro tendría que tener algo mejor que un gato con un genjutsu para asustarlo.
Bostezó de nuevo y abrió la puerta de su cuarto, se tiró en la cama y casi instantáneamente cayó dormido.
De repente sus ojos se abrieron. Una voz ronca poro muy lejos de ser humana se escuchaba a lo lejos, pretendió seguir durmiendo pero ese extraño sonido se volvió a oír. Curioso, salió de la cama y caminó hacia el pasillo y enseguida notó algo extraño.
Las antorchas se encontraban prendidas como siempre, con un potente fuego que normalmente iluminaría todo el pasillo pero ahora a pesar de que estuvieran prendidas el lugar apenas y si se encontraba iluminado.
Afinó un poco su oído y el ruido de una pesada caretilla siendo arrastrada resonó en las gruesas paredes de piedra. Se concentró en el final del pasillo y a lo lejos se encontraba el extraño cuerpo de madera con su característica sonrisa tirando de una carreta como si lo estuviera esperando.
Una extraña corriente de aire frio recorrió el pasillo apagando casi por completo las antorchas.
-Ku ku ku
De inmediato las luces volvieron a iluminando el pasillo, dejando ver como aquel cuerpo de madera estaba mucho más cerca que antes. Lo miró con detenimiento y contempló como dentro de la carretilla se encontraban partes humanas bañadas de sangre, algunas de ellas aun sufriendo los últimos espasmos.
Una nueva brisa se encargó de apagar las antorchas, dejando el pasillo completamente a obscuras dejándolo únicamente con el inquietante ruido de la carretilla que cada vez se hacía más fuerte.
-...Rompiste las reglas del juego- Aquella voz susurraba casi sobre su oído lo había dejado helado, intentó moverse pero su cuerpo no respondía- Ku Ku Ku- su estruendosa voz comenzó a sonar histérica, desquiciad.
De repente la mano de aquel ente de madera dio de lleno contra su rostro tirándolo al suelo. El cuerpo sin ojos se sentó a horcajadas sobre él y acercó sus rostros parando de reír y su rostro dejó de demostrar algún tipo de emoción.
El marionetista intentó moverse, peor el otro aplicó más fuerza hasta el punto que pudo sentir como su cabeza estaba al borde de estallar en pedazos. Ladeó su cabeza un par de veces y una pequeña pero sería sonrisa se formó en su rostro.
Quitó una de las manos de encima del cuerpo del pelirrojo y acercando aun más su rostro al del marionetista volvió a reír con demencia.
Un grito desgarrador y ronco se escapo de la garganta de Sasori tan pronto como sintió aquel trozo de metal hirviendo penetrar una y otra vez sobre su pecho.
Aquel dolor agudo se esparcía como veneno sobre su cuerpo, comenzando desde su pecho, llegando a sus manos y terminando en sus piernas, acentuándose con cada salvaje apuñalada que se enterraba cada vez más profundamente.
Tan pronto como sintió que volvía a tomar el control de su cuerpo y que el brutal agarre sobre su cabeza había desaparecido abrió los ojos de par en par y llevó las manos a su rostro, y con la respiración agitada agradeció que todo hubiera sido un mal sueño.
Buscó con la mirada alguna señal de algo extraño o fuera de lo normal. Y con la tranquilidad de no encontrar nada se dejó caer sobre la cama con intenciones de seguir durmiendo. Ya había tenido pesadillas así antes, no era nada para preocuparse.
Se desperezó un poco y en medio del acto escuchó como la puerta de entrada rechinaba. La miró de reojo pero esta ya estaba levemente abierta. Afiló su mirada y tomó un kunai de su mesa de luz preparándose para la llegada del intruso.
Intentó incorporarse de la cama pero sus piernas no se movieron, incrédulo tiró al suelo la fina tela que cubría su cuerpo y al instante sintió como algo tiraba con brutal fuerza de sus piernas hasta que cayó en el piso.
Levantó de inmediato la vista y allí estaba él, cual cucaracha con sus patas y manos en el suelo, con sus ojos abiertos, su rostro con esa sonrisa macabra de la cual pendían leves hilos de saliva. La marioneta ladeó su rostro y su sonrisa se incremento.
Intentó moverse, más aquella marioneta tiró de su pierna con fuerza sobrehumana como si la quisiera arrancar de su cuerpo.
Ladeó aun más su cabeza y su sonrisa se desvaneció. Frunció el seño y una voz casi como si fuera un rugido se hizo oír. Se paralizó de inmediato e intentó llegar al kunai que yacía en el suelo
-Rompiste las reglas del juego- haló la criatura de forma amenazante y casi de inmediato volvió a mostrar esa enfermiza sonrisa.
Se agazapó un poco más y fijó su mirada en el confundido rostro del pelirrojo. Rió de forma casi desquiciada y como una misma cucaracha avanzó a velocidad alarmante por el cuarto de Sasori, hasta perderse en algún lugar de este mientras una extraña molestia se hacia presenta en la pierna del pelirrojo.
La miró cuidando que no volviera a aparecer aquella cosa y vio con horror como la mano que había jalado de su pierna parecía haberse grabado sobre esta.
La marca parecía profundizarse cada vez más y un calor insoportable comenzó a humanar de ella siendo cada vez más fuerte.
Mordió su labio inferior y frotó con su mano la marca esperando que esta se desvaneciera pero el calor aumentaba cada vez más y amenazaba con consumir su pierna por completo.
La puerta volvió a chillar de forma lenta y aguda, el sonido de pasos firmes contra el frío suelo de piedra parecía una tortuosa y rítmica melodía. Sasori intentó voltear para ver la puerta pero la cama se lo impedía y su pierna le impedía pararse.
-Danna, ¿todo bien?..Pero qué cara-Deidara rió levemente al ver el rostro asustado del mayor- ¿Estás bien?..¿Le pasa algo a su pierna?-Preguntó al ver como este la agarraba con fuerza.
-Nada que te incumba- Contestó con rudeza a lo que el rubio rodó los ojos y tras ayudarlo a subir a la cama se sentó sobre esta- Vete- Dijo sobándose de nuevo la pierna y desviando la mirada.
-Danna…- La puerta se cerró con fuerza y los ojos de Sasori se abrieron como platos clavándose sobre esta- Danna ¿A que le tiene miedo? ¿Qué ocurrió?- Una sonrisa preocupada se formó en su rostro y su mano se poso en el hombro de Sasori.
-…-El marionetista desvió la mirada, concentrándose en su pierna que ahora estaba tapada por la sabana. No podía contarle, seguramente lo trataría de loco. Levantó la mirada y se topó con los ojos azules del rubio que lo miraban con cuidado- No pasa nada Deidara… en serio- Y con esfuerzo hizo una pequeña mueca que simulaba ser una sonrisa. Deidara suspiró cansado.
-Bueno.. como diga danna- Y se paró de la cama yendo hasta la puerta, sabia que si algo le pasaba al pelirrojo era casi imposible que dijera algo. Solo le quedaba resignarse.
-Deidara- Llamó el pelirrojo, deteniendo al rubio que estaba a pocos pasos de la puerta- ¿Puedes quedarte? Preguntó casi en un murmullo.
-Claro Danna
Sasori frotó sus sienes e intentó calmarse un poco más, ya la mera presencia de alguien más lo ayudaba bastante pero no era suficiente. De pronto sintió como uno de los brazos de Deidara rodeaba su cuello, y con pereza volteó a ver a su alumno.
Deidara sonreía, con esa misma sonrisa que sabía que intrigaba a su maestro. El pelirrojo se quedó mirándolo, esa dócil y delicada expresión en el rostro del rubio a veces llegaba a desconcertarlo pero lo que más le intrigaba era la expresión de esos cristalinos ojos azules, tan brillantes, tan tranquilos y a la vez tan enérgicos. Podía perderse en ese mar celeste que eran sus ojos pero incluso en esas aguas sabía que estaba a salvo a pesar de que estos lograban derrumbar cualquier defensa que pudiera tener y lo terminaban haciendo sentir completamente indefenso. Y Deidara eso lo sabía bien.
Deidara lo abrazó con fuerza pegándolo contra su pecho en un gesto que el pelirrojo no dudó en aceptar hasta que volvió a recobrar la calma que tanto necesitaba junto con la fortaleza que el mismo rubio le había quitado.
Con cierta picardía, le revolvió un poco sus mechones de pelo rojizo y antes de que Sasori pudiera reaccionar planto un beso en la mejilla de su maestro.
-Buenas noches Danna.
Con pereza caminó hasta lo que solía ser su cama y tras un bostezo se acostó en esta cayendo dormido casi de inmediato, con una pequeña sonrisa en su rostro.
Sasori lo miró con detenimiento, de cierta forma el rubio era 'extrañable'.
Bostezó cansado y miró por la pequeña ventana no había luna que alumbrara en la completa obscuridad, ni siquiera las estrellas brillaban en el cielo. Lo único que se distinguía entre toda la obscuridad eran los enormes y brillantes ojos del gato blanco, que penetrantes se dedicaban a observar cualquier movimiento, pero sin darle mayor importancia el marionetista se tumbó en la cama y cerró los ojos.
De pronto una extraña luz comenzó a brillar desde afuera de la habitación. Aquel extraño resplandor fue suficiente para que abriera los ojos. Miró a su alrededor y vió como aquella luz se colaba por la puerta entreabierta, se acercó a Deidara pero optó por no despertarlo.
Caminó hacia el pasillo y quedó sorprendido por el caos reinante pero sin embargo pudo notar como aquella luz provenía de su taller.
Se abrió paso entre el mar de sangre y de cuerpos ya sin vida que cubrían el pasillo, invadido por ese olor agrio y amargo de los cadáveres al pudrirse pudiendo llegar a su taller.
Plaf, plaf, plaf. Una y otra vez un pesado martillar se repetía como una siniestra melodía. Afiló la mirada y vio como su silla estaba vacía mas sin embargo los golpes se repetían, uno tras otro. Un escalofrió recorrió su cuerpo.
De pronto el ruido de la silla lo desencadenó todo.
Sentado en el pequeño mueble de madera apareció una persona, con el torso descubierto, martillando sin cesar.
Súbitamente se detuvo.
Estiró la mano y de la carreta que estaba arlado tomó el último manojo de de partes humanas, como si se tratasen de simples juguetes. La sangre comenzó a salpicar con fuerza con cada martillada, comenzando a desmembrarlas, a descuartizarlas.
Cada vez con más ímpetu. De forma más desquiciada.
De repente una risa, una risa cargada de locura y malicia.
Sasori abrió aun los ojos y contemplando inmóvil el brutal acto, hasta que aquel cuerpo de madera se detuvo.
Con la respiración agitada y ya sin tener que más descuartizar se quedó en silencio unos momentos, colocó sus manos sobre el viejo escritorio y sonrió.
-Ku Ku ku- rió volteando la cabeza, mostrando las cuencas vacías de sus ojos junto con esa morbosa sonrisa sobre su rostro. -Ku Ku Ku- volvió a reír, casi de forma forzada.
Sasori intentó moverse, pero cuando quiso darse cuenta estaba atado de manos y pies a su propio escritorio.
Contempló con horror como su propio cuerpo lanzaba con fuerza un martillazo hacia su pecho.
Cerró con fuerza sus ojos y deseo poder despertar de una posible alucinación, más lo único que pudo hacer fue gritar por el desgarrador de aquel martillo que con fuerza había dado de lleno contra la su abdomen. Se fijó con cuidado en las caras del martillo y vio como estas estaban llenas de filosas púas de metal.
El ente de madera sonrió de forma burlona, y con delicadeza tomó la mano del pelirrojo. Estiró cada uno de sus dedos. Tomó un pequeño clavo el cual incrustó debajo de las uñas y con total calma comenzó a sacarle las uñas, una por una, absorbiendo cada grito del pelirrojo.
Ladeó la cabeza y se acercó al rostro del pelirrojo, volviendo a reír.
Cuando se pudo dar cuenta el martillo ya estaba de nuevo en las manos de su torturador.
Una y otra vez el martillo de púas golpeaba su cuerpo, desgarrándolo y desprendiendo con brutalidad la madera de su cuerpo.
Intentaba con desesperación zafarse de las ataduras pero estas no cedían.
Abrió temeroso los ojos y vio su rostro sonriente. Sus cuencas vacías ahora con pequeños puntitos brillantes parecían mirarlo fijamente, deleitarse con cada marca sobre la madera. Rió con fuerza, martillando esta vez sobre aquella cápsula donde se encontraba su corazón, clavando aquellos filosos pedazos de metal en aquel pequeño núcleo.
De repente todo cesó.
Vio como ese martillo retrocedía tranquilamente de su cuerpo causándole cierto alivio pero pronto vio su rostro. Con una sonrisa tétrica de oreja a oreja que con tan solo verla transmitía la locura que arraigaba su ser, vio sus ojos en los que dándose cuenta que esos dos puntos blancos tomaban colores, una azul y otra marrón.
"El gato" pensó de inmediato, pero ya no podía hacer nada. Su cuerpo se encontraba completamente destrozado. Pequeñas astillas se calvaban con fuerza sobre los escasos pedazos de madera que aun quedaban prendidos del armazón de acero.
-Ku ku ku- volvió a escuchar, apartando su mente de sus pensamientos.
El pesado martillo cruzó la línea del hombro, tomando más fuerza y los pequeños puntos coloridos se posaron con ira sobre su cuerpo deshecho. La risa lunática se volvió a oír, cada vez con mayor histeria.
Con fuerza el martillo golpeó su rostro.
Abrió los ojos asustado y de un salto se incorporó en la cama. Recorrió con la vista la habitación y aun con la respiración agitada llevó las manos a su cabeza.
Inmediatamente quedó helado y las gotas de sudor frió recorrieron su espalda.
Contuvo la respiración y miró horrorizado sus manos, deseando que todo fuera un sueño.
Saltó de la cama y corrió hasta el pequeño baño que tenía el cuarto, prendiendo la luz a su paso.
Se miro en el espejo y con desesperación mojó su rostro, empapando los mechones rojizos que cubrían su rostro.
-¿Pero qué mi… Danna?- Preguntó alarmado el rubio a apareciendo por la puerta del baño, mirando incrédulo la escena- ¿Sa.. Sa-sori?- Tartamudeó.
-VETE- Gritó sobresaltado, asustando más al rubio.
Incluso su voz había cambiado, ya no tenía ese toque metálico que tanto lo caracterizaba.
-Danna.. ¿Qué le paso? ¿Qué es todo esto?
Halaba el menor intentando captar la atención del pelirrojo, pero era inútil. Estaba completamente ido contemplando su cama.
Detrás de Deidara estaba su cama, chorreando sangre. Un par de ojos brillantes lo miraban desde arriba de esta.
El pequeño gatito zarco con sus patitas y su hocico teñidos de rojo abrió su boquita, dejando escapar un maullido, lento, grave, profundo.
Cerró sus ojos con fuerza y se dejó caer en el piso del baño, cerrando los ojos, llevando sus manos a sus oídos-
Una y otra vez, aquel maullido retumbaba dentro de su cabeza; lento, grave, profundo. Una y otra vez…
*Jeje, perdón, pero recién me doy cuenta de la diferencia de altura de esos dos, más si Sasori esta tirado en el suelo tipo "Yey! Sol! Playaaa! Ozomface!". Es como un hobit arlado de un elfo… o sea… es genial! Haces lo que quiera o te caga a palos, es tremendo!
Bueno, perdón la demora, se que me re tarde pero we, cosa que pasan.
En fin la idea era subirlo el 13 pero se me re complico. Como sea perdón por la brutalidad pero ahora comienza lo interesante, muchas gracias por leer cuando tenga el 4º lo subo
Bye
