Este, se que me he tardado mucho y lo lamento pero he tenido algunos problemas, de ahi el retraso y el capitulo tan corto, pero es mi primer "sexo explicito", sean comprensivas.


Te odio tanto que solo deseo morir a tu lado.

-vaya, ¿siempre eres tan sutil?- preguntó sin volverse siquiera

-has lo que te digo- ordeno, tenia ese tono de furia que solo los celos le daban, odiaba ese tono.

-tal vez si me lo pides por favor- se burló con una indiferencia que hasta ha él le dolió, incluso ahora, lo único que lo podía lastimar, él único capaz, era ese… remedo de ángel caído.

Tal vez por eso lo trataba así, con gran satisfacción escuchó el crujido de su cuerpo al estrellarse con la pared, pero el moreno no se quejó, bueno él lo haría aullar de dolor "Si no vas a disfrutarlo, vas a sufrirlo" Mientras le arrancaba la ropa, podía escuchar sus palabras, las de ambos "Es de lo único que puedes hacerme aullar, ¿no es cierto?" Besó su cuello, recorrió su columna con la lengua probando su sabor, no sabia si las drogas podían ingerirse a través del sudor, si era posible eso explicaría su creciente adicción y el mareo que sentía cada vez que iba, continuo recorriendo su cuerpo, cubriéndolo de caricias y saliva, buscando una reacción.

No la consiguió.

Entonces los besos se convirtieron en mordidas y las caricias en golpes, pero seguía sin responder, le torció el brazo, hasta el punto de casi romperlo, ahí estaba, un espasmo, un maldito espasmo con efecto retardado con eso bastaba para ponerlo al borde, necesitaba entrar, con una mano separó sus nalgas, guiando su pene hasta la entrada, con la otra recorrió el miembro de Castiel, tuvo que soltarlo, pero su brazo apenas se movió unos centímetros, pero no importaba porque único empalmado en esa habitación.

-que traicionero es el cuerpo humano, ¿verdad?- se burló

-bueno es humano, eso debería decirte algo.

Entró de golpe, sin prepararlo, como siempre, nada cambiaba en eso, luego de los años, seguía siendo tan estrecho como la primera vez, lo estrangula deliciosamente, envolviéndolo en carne caliente y húmeda por la sangre que corría entre ambos ante cada embestida, deslizándose por sus piernas, una vez más, la última quizá. Se separó de él y le obligó a girarse, quería verlo cuando se corriera, lo que recibió fue una ráfaga de saliva. El muy bastardo le escupió.

Hasta ahí llegaba su amabilidad. Golpeo su rostro con el revés de la mano con toda la fuerza que tenia (Mucha, más que la de tu querido Dean) el ángel cayó al suelo, entonces aprovecho para pisarlo, su pierna justo en el esguince de su pie, la cosa con esas heridas es que nunca sanan totalmente, se abren tan fácilmente, se retorció de dolor, no pudo más que sonreír "hay algo roto en ti" pero era mucho más que eso, es que no quedaba nada, primero se fueron sus padres junto con todos los aliados que llego a tener, luego Sam, finalmente Bobby, ¿y Cass? Cass, él que lo mantenía unido desapareció al cabo de los años o eso pensó hasta que apareció ese mocoso llorando por su carrito, entonces sus ojos volvieron a brillar. Lo sujeto por el cabello obligándolo a arrodillarse, se restregó contra él, contra su rostro.

-¡abre la boca!, sabes que te mueres por hacerlo

Hubo una época, que le parecía tan lejana como la prehistoria en que no tenía que obligarlo a nada. Sus ojos se encontraron, como aquella vez, solo que no fue igual, antes sintió un calor que explotar en su pecho y expandirse hasta cada rincón de su cuerpo, parecía que no lo soportaría, tan ardiente como el infierno, pero… diferente, placentero, como si el mundo fuese un cuento de hadas en el que nada puede salir mal, que todo el dolor que había sentía, no era nada comparado, esa era su recompensa. Ahora, solo había frío, que le calaba desde adentro, congelando su alma, convirtiendo cada pedazo en un hielo afilado que lo desgarraba desde su interior, como una ventisca privada, todo congelado excepto su corazón, ese aun ardía, pero esta vez con el fuego del odio.

Siguió follándose su boca, era un gran placer metérselo hasta la garganta, asfixiarlo, humillarlo, aunque sus ojos contaran una historia diferente, un ensayo de mil y una preguntas, en cada ocasión Castiel inventaba una respuesta ingeniosa, fue entonces cuando aprendió que las palabras podían ser mas afiladas que un cuchillo, no recordaba la cantidad de veces, pero todo se resumía en lo mismo, su relación era una rutina desde antes de empezar.

"¿Por qué…?"

"Y… ¿por que no?"